martes, 1 de julio de 2025

CARDENAL AMBONGO: “MUCHOS OBISPOS EUROPEOS APOYAN EL RECHAZO DE ÁFRICA A FIDUCIA SUPLICANS”

El cardenal Fridolin Ambongo Besungu, OFM Cap, arzobispo de Kinshasa y presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), dijo que la postura adoptada por los obispos africanos frente a Fiducia supplicans “también ese la de muchos obispos en Europa”.


El presidente del SECAM señala que la oposición africana a Fiducia Supplicans es un posición compartida en otras regiones del mundo, destacando que la cuestión de la homosexualidad es un problema doctrinal y teológico.

El cardenal, de 65 años, subrayó que “la homosexualidad representa un problema doctrinal y teológico”, y que “la enseñanza moral de la Iglesia al respecto no ha cambiado”.

Tras la publicación de Fiducia supplicans el 18 de diciembre de 2023, Ambongo viajó a Roma para transmitir al entonces “papa Francisco” la preocupación de los obispos africanos ante la autorización de “bendiciones” a “parejas” del mismo sexo.

Según explicó, trabajó conjuntamente con el “cardenal” Tucho Fernández, prefecto del DDF, y con el “papa Francisco” para emitir una declaración que afirmase que dicha autorización no era aplicable en el contexto africano. El comunicado del SECAM del 11 de enero de 2024 citó las prohibiciones bíblicas sobre los actos homosexuales y calificó las uniones entre personas del mismo sexo como “intrínsecamente corruptas”.

Días antes, el 4 de enero, el DDF ya había emitido una nota reconociendo que distintos contextos pastorales podrían requerir una recepción más lenta del documento.

Posteriormente, Bergoglio defendió la declaración y calificó a la Iglesia africana como “un caso aparte”. En una entrevista publicada en el diario italiano La Stampa, el falso “pontífice” afirmó: “Para ellos, la homosexualidad es algo feo desde un punto de vista cultural; no la toleran”.

Ambongo, que intervino en una rueda de prensa vaticana sobre el “cambio climático” y la “conversión ecológica”, manifestó que África recibió la declaración como una imposición ajena a las prioridades del continente. “La prioridad pastoral para nosotros no es el problema de las personas homosexuales, ni el de la homosexualidad. Para nosotros, la prioridad pastoral es la vida: cómo vivir, cómo sobrevivir”, declaró. Temas como la homosexualidad “son para vosotros aquí en Europa, no para nosotros en África”.

FRANCMASONERÍA: ÚLTIMAS PRUEBAS

Ese bobalicón que se ha dejado vendar los ojos... llega por fin a ser iniciado en algo serio: ¡le han enseñado a dar tres pasos en el ángulo de un cuadrilongo!!!

Por Monseñor de Segur (1878)


VII

ÚLTIMAS PRUEBAS

“Profano -exclama el Venerable- habéis sido purificado por la tierra, el aire, el agua y el fuego. No sé con qué palabras alabar vuestro valor; pero que no os abandone, porque tenéis todavía que pasar por algunas pruebas. La sociedad en la que deseáis ser admitido, tal vez os exija que derraméis por ella hasta la última gota de vuestra sangre. ¿Estáis pronto a todo?” 

Es la segunda advertencia de este género que se le hace; pues, para hacer francmasón, hay que comprometerse solemnemente a todo lo que exijan los intereses de la Francmasonería, y estar dispuesto a sacrificar su vida a la primera señal. 

A la respuesta afirmativa del aspirante, el Venerable añade: “Necesitamos convencernos que no es vana esta seguridad que nos dais. ¿Queréis dejaros abrir ahora mismo una vena?” El postulante consiente; le pinchan ligeramente, simulando un chorro de sangre, y se le hace tener el brazo en cabestrillo. 

Luego le propone el Venerable dejarse marcar en el pecho el sello masónico con un hierro candente. El aspirante consiente también, y se le aplica al pecho, o bien un cabo de vela recién apagado, o un pedazo de vidrio calentado en la llama de un papel. Por último, el postulante debe comunicar en voz baja al H∴ Hospitalario la cantidad que quiera destinar como ofrenda para los francmasones pobres.

Aquí concluyen las famosas pruebas. 

El Venerable arenga al aspirante y alaba su valor con aquel estilo enfático y hueco, cuyo secreto conserva fielmente la francmasonería; y como recompensa de su heroísmo, manda al H∴ Maestro de Ceremonias “que lo inicie en el grado de Aprendiz, enseñándole...” a dar el primer paso en el ángulo de un cuadrilongo!!! “Le haréis dar también los otros dos pasos” -añade con gravedad- “y al punto le llevaréis al altar de los juramentos”. En efecto, los tres pasos en el ángulo de un cuadrilongo constituyen la marcha de un Aprendiz-Masón. 

Ese bobalicón que se ha dejado vendar los ojos, pinchar el vientre, tirar a través del papel en la caverna; que ha bebido agua clara, y dado traspiés en sus “tres viajes”; que ha subido la escalera sin fin y se ha precipitado heroicamente a un abismo de tres pies; que ha sido purificado por la llamarada de la pólvora; que advertido su noble sangre, y ha prometido y oído cosas tan bellas... llega por fin a ser iniciado en algo serio: ¡le han enseñado a dar tres pasos en el ángulo de un cuadrilongo!!!


SUICIDIO: LA SALIDA EQUIVOCADA

El suicidio es una excelente manera que tiene Satanás para llevarse un alma al infierno. Nunca dejes que nadie te convenza de lo contrario. 



Con gran pesar escribí esta publicación. Nunca había conocido personalmente a nadie que se hubiera suicidado, hasta el mes pasado. Recibí un mensaje telefónico donde me informaban que mi amigo “Peter” (nombre ficticio) se había quitado la vida trágicamente. Ya había escrito sobre la dolorosa e increíblemente triste vida de Peter. No puedo hacer justicia a su historia en una breve sinopsis, así que les pido que lean la historia completa en la publicación mencionada.

El suicidio es extremadamente trágico. Todavía me estoy recuperando de la conmoción y el dolor posteriores, y me pregunto si podría haber hecho algo más. No mostró signos de suicidio ni dejó ninguna nota. Escribo esta publicación para honrar la memoria de Peter. Expondré las enseñanzas de la Iglesia sobre el tema, explicaré las posibles causas del suicidio y expondré el intento del mundo moderno de hacer que quitarse la vida parezca aceptable (en el mejor de los casos) o incluso noble (en el peor). De esta manera, tal vez pueda evitar que alguien se quite la vida, sin importar cuán malas sean sus circunstancias; y aunque todos debemos dejar este mundo algún día, tal vez se den cuenta de que el suicidio es la salida equivocada.

Enseñanza de la Iglesia sobre el suicidio

El suicidio es directo o indirecto, según la intención y el modo. Quien se suicida por conocimiento y elección realiza el acto de forma directa. El modo es directo si lo que se hace tiende por su propia naturaleza a causar la muerte (p. ej., tomar una dosis letal de cianuro). Alguien con una enfermedad mental solo se suicidaría de forma indirecta. El modo es indirecto si lo que se hace tiende por su naturaleza a otro fin, es decir, a luchar contra un criminal armado con una pistola. Es erróneo asumir que todas las personas padecen enfermedades mentales y que el suicidio es solo indirecto (aunque se puede asumir que la mayoría puede tener trastornos psicológicos). Nota: Si alguien con trastornos mentales se suicida, en la mayoría de los casos no constituye pecado mortal y no puede ser condenado. Para que el pecado sea mortal, el asunto debe ser grave y debe realizarse con pleno conocimiento de que es incorrecto y con pleno consentimiento de la voluntad. Es muy probable que la persona con trastornos mentales carezca del pleno conocimiento y/o pleno consentimiento de la voluntad para pecar mortalmente.

El suicidio directo es siempre un pecado mortal que priva a la persona de sepultura eclesiástica, a menos que haya dado señales de arrepentimiento antes de morir (véase canon 1240, sección 3). Si la persona que intenta suicidarse no lo consigue, está sujeta a diversas penas previstas en el canon 2350, sección 2. Si existe duda de que la persona se haya suicidado, la duda se resuelve a favor del difunto, siempre que no se produzca un escándalo.

El suicidio es un pecado grave por tres (3) razones:


1. Es una ofensa gravísima contra los derechos de Dios. El acto usurpa la autoridad de Dios sobre la vida y la muerte. “Tú, Señor, tienes el poder de la vida y la muerte” (Sabiduría 16:13). La vida humana tiene un valor intrínseco porque proviene de Dios, y Dios quiere la salvación de todos. La Segunda Persona de la Santísima Trinidad asumió la naturaleza humana y murió por la humanidad, para dar a todos la oportunidad de alcanzar el Cielo.

2. Es una grave ofensa contra la sociedad. Una comunidad tiene derecho a beneficiarse de la vida de sus miembros. Tiene un efecto desmoralizador en quienes la amaron. Personas valiosas para la sociedad se suicidarían precipitadamente en un ataque de depresión, pensando que no valen nada. Incluso miembros de la sociedad incapaces de contribuir de manera sustancial y material privarían a otros de un ejemplo de fortaleza o de la oportunidad de mostrar caridad y misericordia a los necesitados.

3. Es una grave ofensa a la ley natural. No se puede amar al prójimo como a uno mismo a menos que exista amor propio (no excesivo). Quienes se suicidan para escapar del dolor y la miseria, incurren en los males mayores de la muerte y la cobardía moral, seguidos de la condenación eterna, el mayor de todos los males y sufrimientos.

(El material anterior ha sido condensado de los teólogos McHugh y Callan, Moral Theology, [1930], 2: 117-123).

Las alarmantes estadísticas

Entre 2020 y 2021, las tasas de suicidio aumentaron de forma alarmante. Según la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio, las estadísticas son alarmantes:

• El suicidio es la undécima causa principal de muerte en Estados Unidos.

• El suicidio es la segunda causa principal de muerte en personas de entre 20 y 34 años.

• Las tasas de suicidio aumentaron un 37 por ciento entre 2000 y 2018 y disminuyeron un 5 por ciento entre 2018 y 2020. Sin embargo, las tasas casi volvieron a su punto máximo en 2021.

• Cada año, casi 48.000 estadounidenses mueren por suicidio, es decir, 132 por día o una muerte cada 11 minutos. 
 
(Ver brownhealth.org/be-well/rise-suicide)

Esas cifras son alarmantes. Consideremos ahora las estadísticas de suicidio entre jóvenes de jasonfoundation.com:

• El suicidio es la SEGUNDA causa principal de muerte en edades de 10 a 24 años.

• El suicidio es la SEGUNDA causa principal de muerte entre los jóvenes en edad universitaria y entre los 12 y los 18 años. 

• Más adolescentes y adultos jóvenes mueren por suicidio que por cáncer, enfermedades cardíacas, SIDA, defectos de nacimiento, accidentes cerebrovasculares, neumonía, influenza y enfermedades pulmonares crónicas, COMBINADOS.

• Cada día en nuestra nación, hay un promedio de más de 5.240 intentos de suicidio por parte de jóvenes de 7.º a 12.º grado.

Causas comunes/factores de riesgo del suicidio

• Condiciones de salud mental

• Afecciones de salud graves o crónicas, en particular dolor crónico

• Lesiones cerebrales traumáticas

•Intentos recientes de suicidio o alta reciente de una unidad psiquiátrica

• Acceso a medios letales

• Exposición prolongada al estrés

• Acontecimientos estresantes de la vida, como una muerte, una ruptura de una relación o la pérdida del trabajo

• Exposición al suicidio de otra persona

• Un historial de intentos de suicidio

• Antecedentes familiares de suicidio

• Haber sufrido abuso, negligencia o trauma infantil
uso de alcohol y/o abuso de drogas

(Véase Op. cit.)

Temas relacionados con el suicidio y casi nunca discutidos

Existen cuatro (4) factores que contribuyen al suicidio en la cultura actual y que casi nunca se mencionan. Se examinarán a continuación. Son:

• Implicación con el ocultismo

• Teología protestante y modernista

• La glorificación del suicidio en los medios de comunicación

• Aceptación del suicidio asistido para enfermos y ancianos

Involucramiento con el Ocultismo


Encontré este artículo, escrito en 2017, que demuestra precisamente este punto. El sitio web que lo contiene no es religioso y vale la pena reproducirlo aquí:

A medida que las prácticas ocultistas aumentan, los teólogos contemporáneos se interesan cada vez más por la psicología y muchos autores cristianos luchan con la cuestión de cómo los demonios pueden influir en los trastornos mentales.

Es justo decir que las personas con problemas psicológicos deberían recibir tratamiento psicológico; de hecho, la mayoría de los terapeutas se niegan rotundamente a vincular la depresión con prácticamente cualquier forma de brujería, magia o involucramiento con el ocultismo. Sin embargo, un número cada vez mayor de teólogos parece menos inclinado a aceptar el ocultismo como un pasatiempo inocuo.

Entonces, la pregunta es: ¿Podemos separar los episodios de enfermedad mental, literalmente, de la obra del diablo?

Si bien muchas formas de depresión son resultado de un desequilibrio químico, suele ser una combinación de eventos y diversos factores personales o a largo plazo, más que un problema inmediato, lo que genera ansiedad y depresión. Y como ocurre con cualquier trastorno mental, serán los médicos y terapeutas quienes administren tratamientos tras identificar la causa raíz del problema.

Si bien puede ser difícil determinar si ciertos patrones de comportamiento depresivo son innatos o hereditarios, el artículo publicado la semana pasada en Open Theology sugiere que el contacto con rituales satánicos y ocultistas puede desencadenar reacciones psicopatológicas. Los psicópatas generalmente son menos propensos a sufrir trastornos depresivos típicos, pero, basándose en una extensa investigación, el Dr. Zlatko Sram, del Centro Croata de Investigación Social Aplicada, argumenta que las personas que practican magia negra o tienen antecedentes de prácticas ocultistas son particularmente susceptibles a la comorbilidad de la depresión y la psicopatía.

El autor realizó una encuesta a más de mil participantes y halló pruebas contundentes de que las personas que padecen depresión y psicopatía simultáneamente se sienten atraídas por las prácticas satánicas como medio para obtener poder mágico y control sobre su destino, independientemente de su sexo u origen étnico. La investigación categorizó diferentes prácticas esotéricas, que abarcaban desde sesiones espiritistas psíquicas, pasando por la magia negra, hasta la participación en sociedades ocultistas o la lectura de libros y revistas sobre temas esotéricos y ocultistas. La psicopatía y la depresión fueron significativamente predictivas del "síndrome satánico" en personas que habían estado involucradas en el ocultismo, sufriendo episodios de depresión y trastornos mentales con casi el doble de frecuencia que el resto de la sociedad. Dada la naturaleza del síndrome satánico, concretamente el hecho de que se mide mediante prácticas ocultistas específicas, el autor sugiere verificar la magnitud del problema en hospitales y clínicas psiquiátricas.

Esta correlación clave ofrece una nueva perspectiva sobre la depresión de inicio temprano. “Este estudio es importante, ya que toma en serio las afirmaciones ontológicas y respalda la posibilidad real de que las formas demoníacas de esclavitud puedan estar vinculadas a la psicopatología, ya que [...] las fuerzas del mal pueden interferir en el comportamiento humano”, comenta el profesor Ralph W. Hood, de la Universidad de Tennessee en Chattanooga.
(Véase medicalxpress.com/news/2017-01-occult-depression-psychopathy.html; énfasis mío).

Teología protestante y modernista

La doctrina protestante de la “salvación solo por la fe” se presta al suicidio. Después de todo, si crees en Cristo y tienes el Cielo garantizado, si tu vida en la Tierra es miserable, ¿por qué no suicidarte e ir al paraíso? La respuesta típica de los protestantes para escapar de esta extensión lógica de su doctrina es decir: “Si REALMENTE creyeras, no te suicidarías” (así que nunca puedes estar seguro de que tu fe sea “real”), o “Una vez que renazcas, no querrás suicidarte”, insinuando así que si te suicidas no has renacido.

La secta del Vaticano II ha eliminado cualquier idea del infierno (o si existe, nadie, o casi nadie, va allí). Peter recibió una doble dosis de herejía: la de la secta del Vaticano II en la que fue criado (y abusado) y la de la herejía de los “renacidos” a la que se convirtió. Esto podría haberlo convencido de que el suicidio lo pondría en un lugar mejor.

La glamorización del suicidio en los medios de comunicación

Aquí doy sólo dos ejemplos:

Entre 2017 y 2020, se emitió la serie de Netflix “Por 13 Razones”, basada en el libro homónimo, éxito de ventas internacional, del autor Jay Asher. Narra la historia de Clay Jenson, quien recibió cintas de casete en un paquete y escuchó la voz de su compañera de clase fallecida, Hannah Baker. 


Es una de las 13 personas que reciben la historia de Hannah, que detalla las circunstancias que la llevaron al suicidio. La serie glorifica el suicidio adolescente. Hannah fue víctima de violación, ciberacoso y otros actos malvados. Se quita la vida para vengarse de las trece personas que la perjudicaron. Esta protagonista femenina se presenta como una "mártir", lo que demuestra la total indiferencia (y una comprensión distorsionada) de la serie respecto al martirio. También idealiza el suicidio como algo "heroico".

La película de 2016, “Yo antes de ti”, es un anuncio de servicio público (PSA) sobre el suicidio asistido. La película cuenta la historia de Will Traynor, un joven atractivo, adinerado e inteligente. Su médula espinal sufre daños irreparables cuando una motocicleta lo atropella mientras cruza la calle persiguiendo un taxi. No puede aceptar su nueva vida como tetrapléjico, con profundas limitaciones físicas, dolor y episodios recurrentes de neumonía que minan sus esfuerzos por rehabilitar lo que le queda de función en la parte superior del cuerpo. Está decidido a quitarse la vida incluso después de conocer y enamorarse de Louisa Clark (Lou), una joven trabajadora y peculiar de su pueblo natal, a quien su madre da trabajo con la esperanza de que su compañía le ayude a encontrar las ganas de vivir. Finalmente, argumenta que su muerte es un regalo a Lou para liberarla de las ataduras que su devoción le impondría. Parece una extraña forma de decir “te quiero”.

Está decidido a morir porque solía ser un jugador atlético, aventurero y sexual, con considerables recursos para disfrutar de emociones fuertes en impresionantes escenarios internacionales. Se podría concluir cínicamente que si Will hubiera sido introvertido, torpe y menos atractivo, la tragedia de su pérdida habría sido más llevadera. Se menciona con frecuencia el dolor que siente, pero es difícil determinar si se trata principalmente de dolor psicológico. En un momento dado, Nathan, el médico a domicilio de Will, ilustra el sufrimiento de Will por Lou, explicando que Will a menudo sueña con ser él mismo esquiando, y luego soporta el dolor de despertar a esta terrible realidad. Esa es razón suficiente para que Nathan exprese su total comprensión de que Will quiera morir.


La principal justificación moral que se ofrece para apoyar la decisión del suicidio es que esta es la decisión de Will, una apelación directa al principio de autonomía. En este sentido, “Yo antes de ti” plantea constantemente la cuestión del suicidio asistido. Todas las protestas se responden con la garantía de que se trata simplemente de la decisión de Will. Ningún personaje es instado a discutir si se trata de una decisión moralmente legítima. No se ofrece ninguna voz alternativa de otras personas que viven con esta misma condición y disfrutan de la vida. La película asume precisamente lo que debe argumentarse al plantear constantemente el tema como una cuestión de autonomía, y usted, el espectador, debería estar de acuerdo.

Aceptación del suicidio asistido

Una forma de eutanasia, el suicidio asistido por un médico, es legal en muchos países y en diez (10) estados de los EE.UU., así como en Washington DC. El término eutanasia activa en esta sección es el mismo que suicidio asistido.

Argumentos más comunes sobre el suicidio asistido:

1. El argumento de la autonomía. Dado que la vida biológica no es la cuestión moral real, la vida no es intrínsecamente valiosa ni sagrada simplemente por ser vida humana. Lo importante es que uno tenga vida biográfica, lo que implica la capacidad de una persona para expresar, formular y perseguir intereses, deseos, etc., elegidos de forma autónoma. Si una persona decide de forma autónoma terminar con su vida o que alguien más la ayude a hacerlo, dicha acción es moralmente permisible. Uno debería ser libre de hacer lo que quiera, siempre y cuando no perjudique a otros.

2. El argumento de la misericordia. Es cruel e inhumano rechazar la petición de una persona con una enfermedad terminal de que se le ponga fin a su vida misericordiosamente para evitarle sufrimiento y dolor innecesarios.

3. El argumento del interés superior. Si una acción promueve el interés superior de todos los involucrados y no viola los derechos de nadie, entonces dicha acción es moralmente aceptable. En algunos casos, la eutanasia activa promueve el interés superior de todos los involucrados y no viola los derechos de nadie. Por lo tanto, en esos casos, la eutanasia activa es moralmente aceptable.

4. El argumento de la regla de oro. Los principios morales deberían universalizarse. Si no quiero que alguien me aplique una regla, no debería aplicársela. De igual manera, si quiero que alguien me aplique una regla, debería estar dispuesto a aplicarla a los demás. Ahora bien, supongamos que me dieran a elegir entre dos maneras de morir. Primero, podría morir tranquilamente y sin dolor, a los ochenta años, por una inyección letal. O segundo, podría elegir morir a los ochenta y pocos días de una aflicción tan dolorosa que durante esos pocos días antes de morir me vería reducido a aullar como un perro, con mi familia a mi lado, impotente. La primera muerte implica la eutanasia activa, y si la eligiera, estaría dispuesto a permitir que otros también la eligieran.

Respuestas a los argumentos más comunes sobre el suicidio asistido:

A) Respuesta al argumento de la autonomía. En primer lugar, se plantea la cuestión de que no existe Dios ni Ley Natural/Ley Divina. Lo mismo podría decirse de los cinco argumentos. Sin embargo, todos fallan también por razones distintas e independientes. En cuanto a este argumento, si solo necesitamos proteger a las personas con “vidas biográficas”, parecería, entonces, que una persona que ya no tiene tal vida, que no tiene punto de vista, ya no está cubierta por el deber de no matar. Sin embargo, si la persona ha perdido el derecho a no ser asesinada, parecería que también se perderían otros derechos, ya que el derecho a la vida es fundamental para otros derechos. En este caso, sería moralmente permisible experimentar con dicha persona o asesinarla brutalmente. ¿Por qué? Porque ya no estamos tratando con un objeto que tiene los derechos pertinentes.


B) Respuesta al argumento de la misericordia. En primer lugar, hay muy pocos casos en los que la medicina moderna no pueda aliviar el sufrimiento y el dolor. Es una metodología ética errónea construir una doctrina ética basándose en unos pocos casos problemáticos. El argumento de la misericordia viola este principio metodológico al dar demasiada importancia a un argumento que solo aplica a un pequeño número de situaciones.

En segundo lugar, aunque se puede abusar de esto, el sufrimiento tiene un propósito. Se puede crecer a través de él; se puede enseñar a otros cómo una persona sabia y virtuosa maneja las adversidades de la vida, incluyendo el sufrimiento y la muerte. Se puede expiar los pecados y ofrecer el sufrimiento en unión con el sufrimiento de Cristo. También se puede demostrar que uno se preocupa por su pertenencia a la comunidad y que no es correcto separarse unos de otros en momentos de necesidad. Además, se puede afirmar que las personas tienen valor y propósito más allá de la felicidad, la ausencia de dolor o la capacidad de perseguir metas elegidas de forma autónoma.

En tercer lugar, la vida es un regalo y no somos los únicos y absolutos dueños de ella. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Él decide la vida y la muerte, no nosotros.

C) Respuesta al argumento del interés superior y al de la regla de oro. Se han ofrecido dos respuestas que se aplican por igual al argumento de la regla de oro y al del interés superior. En primer lugar, los argumentos plantean la cuestión de la visión de la santidad de la vida contra la perspectiva de la calidad de vida. En otras palabras, si la vida es sagrada, o si las personas tienen un valor intrínseco simplemente por ser humanas y, por lo tanto, son fines en sí mismas, entonces la eutanasia activa trata inapropiadamente a la persona como un medio para un fin (una muerte sin dolor). No todo lo que una persona considera que le conviene es moralmente aceptable. De igual manera, no todo lo que una persona desearía que le hicieran es moralmente bueno. Los juicios sobre la calidad de vida suelen ser subjetivos y pueden ser moralmente negativos.

Dicho de otro modo, una persona puede deshumanizarse —y de hecho lo hace— en la eutanasia activa al suicidarse intencionalmente (o si alguien más la mata intencionalmente). Por lo tanto, al practicar la eutanasia activa, se renuncia al privilegio y la responsabilidad de vivir la vida en comunidad con y para los demás. Esto indica un fracaso de la comunidad a la hora de estar presente junto al enfermo de una manera solidaria. También indica un fracaso de la propia persona a la hora de morir, de una manera moralmente adecuada (por ejemplo, para enseñar a demás como sufrir y morir) y de experimentar una forma de morir que no impida que quienes quedan recuerden a la persona de una manera moralmente útil.

Conclusión

Lloro por Peter y rezo por su descanso. Les pido a todos mis lectores que hagan lo mismo. Me pregunto si hice lo suficiente para intentar sacarlo de su departamento y ayudarlo. Si conocen a alguien que parece estar deprimido y pasando por un momento difícil, por favor, escúchenlo y díganle que están ahí para ayudarlos. No duden en preguntar si tienen pensamientos suicidas. Hay líneas directas en cada país a las que pueden llamar. OREN POR ESA PERSONA.

El suicidio es una excelente manera que tiene Satanás para llevarse un alma al infierno. Nunca dejes que nadie te convenza de lo contrario. Invoca a la Santísima Virgen María cuando te sientas solo y deprimido. Dios triunfará al final, no el sufrimiento ni el mal. Sin embargo, debes permanecer cerca de Él y nunca desesperar de su ayuda. “He puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).
 

AVANZANDO HACIA LA RESTAURACIÓN DE LA JUSTICIA PARA LOS SACERDOTES

La Asociación de Sacerdotes Católicos de Estados Unidos (AUSCP) ha publicado un informe en el que alerta sobre las vulneraciones de derechos que sufren clérigos acusados y propone un plan para restaurar la justicia y el debido proceso dentro de la Iglesia.


Publicamos el Documento completo:

AVANZANDO HACIA LA RESTAURACIÓN DE LA JUSTICIA PARA LOS SACERDOTES

Una discusión sobre los derechos de los sacerdotes y el debido proceso y una propuesta de paso hacia la restauración de la justicia

Presentado a la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos
por la Asociación de Sacerdotes Católicos de los Estados Unidos

Preparado por el Grupo de Trabajo de Apoyo Mutuo el 25 de junio de 2025

I. Ayudar a los sacerdotes a comprender sus derechos y el debido proceso: garantizar la justicia para todos

Los derechos de los sacerdotes contenidos en el Derecho Canónico aprobado por San Juan Pablo II.

Si bien reconocemos la responsabilidad de los sacerdotes de ayudar a su obispo a determinar la veracidad de una acusación, hay ciertas cosas que un sacerdote acusado debe hacer al iniciarse una investigación. Si recibe una llamada inesperada de la curia, debe preguntar el motivo de su visita. Si es por alguna acusación o no se lo dicen, SIEMPRE debe llevar consigo a un sacerdote amigo de confianza.

1. Tienes derecho a guardar silencio. Deja que tu amigo haga y responda preguntas. ¡Tú no!

2. Si se te acusa de algún error canónico, solicita a la diócesis que pague un abogado canónico y un abogado civil de su elección para proteger tus derechos en ambos casos.

3. No renuncies a tu pastorado ni a tu cargo. No firmes nada ese día.

4. Haz una pausa, escucha, aclara y pide consejo a los demás. Reflexiona antes de aceptar algo.

5. Pídele a quien te acompaña que tome notas, las firme y las feche con tinta. Sería bueno que la diócesis hiciera lo mismo.

● Todos los derechos de los fieles cristianos pertenecen también a los clérigos. (C208-223)

● Además, los clérigos tienen derechos y obligaciones (C273-289)

● Estos derechos y la mayoría de estas obligaciones continúan vigentes incluso si eres suspendido.

● Si necesitas mudarte, comunícate con tus amigos sacerdotes y pídeles apoyo y comunicaciones frecuentes.

● Tus amigos quieren estar a tu lado. Creen en ti.

Durante los últimos tres años, la Asociación de Sacerdotes Católicos de Estados Unidos (AUSCP) ha dedicado un esfuerzo considerable a informar al clero sobre sus derechos canónicos y civiles, en particular en el contexto de las acusaciones de mala conducta. Una iniciativa central de este esfuerzo consistió en la distribución masiva de tarjetas informativas a sacerdotes de todo Estados Unidos, enfatizando sus derechos canónicos ante una acusación, ya sea creíble o no. Si bien esta iniciativa tuvo buenas intenciones, existió cierta confusión sobre la naturaleza y el propósito de estas iniciativas.

En este artículo, buscamos ofrecer un contexto más claro para nuestras acciones y reafirmar la importancia de estos derechos tanto para los sacerdotes como para las víctimas de mala conducta. Exploraremos tres temas clave: el debido proceso, el debilitamiento del 
debido proceso y los recursos disponibles cuando se deniega el debido proceso. En conclusión, proponemos un enfoque para avanzar hacia un proceso más justo.

1. Comprensión del debido proceso

El debido proceso es un principio jurídico fundamental que garantiza la aplicación justa y coherente de las leyes a todas las personas. No se ocupa de determinar la culpabilidad o la inocencia, sino de garantizar que cada persona reciba un trato equitativo durante todo el proceso judicial.

Este concepto es central tanto para el derecho civil como para el canónico, y es esencial que todos los miembros de la Iglesia, tanto las víctimas como los acusados, sean conscientes de sus derechos al debido proceso.

En el contexto del abuso sexual, la Iglesia está llamada no solo a atender las necesidades de las víctimas y apoyar su acceso a la justicia, sino también a proteger los derechos de los acusados. Los informes indican que más de 16.000 niños han sido víctimas de abuso sexual dentro de la Iglesia; sus denuncias fueron a menudo desestimadas o ignoradas, y sus derechos al debido proceso no fueron plenamente respetados. Estas deficiencias minaron la confianza en la institución y provocaron décadas de sufrimiento.

Igualmente, deben salvaguardarse los derechos de los sacerdotes acusados. Es fundamental reconocer que, al igual que las víctimas, los sacerdotes también tienen derecho a un juicio justo y a la protección de su reputación. Los clérigos inocentes no deben ser sometidos a sanciones injustas ni a la deshonra pública sin el debido proceso. Solo tras una investigación adecuada, que confirme la credibilidad de la acusación, se podrán imponer sanciones, ya sean civiles o canónicas.

2. El debilitamiento del debido proceso

Desafortunadamente, dada la complejidad y volatilidad del asunto, se han dado numerosos casos en los que se ha vulnerado el debido proceso. Esto es particularmente evidente cuando se presentan acusaciones contra sacerdotes. En muchos casos, obispos y superiores religiosos, quizás para evitar el escándalo, han actuado precipitadamente, aceptando las acusaciones sin más, sin una investigación exhaustiva. Esta reacción instintiva ha resultado en que muchos sacerdotes sean sancionados injustamente o destituidos del ministerio con base en acusaciones infundadas, a menudo debido a demoras u otras fallas procesales.

Tales acciones, aunque a menudo bien intencionadas, ignoran el principio fundamental de la presunción de inocencia. Demasiados casos tramitados por obispos y superiores carecen del debido proceso, violando así el Derecho Canónico. Estas infracciones han dañado gravemente la reputación de los sacerdotes, causado profundos daños emocionales y psicológicos, y erosionado la confianza de los fieles en el compromiso de la Iglesia con la justicia y la gestión de un asunto complejo y delicado. Las infracciones citadas incluyen:

● La imposición de sanciones prematuras antes de que un sacerdote haya tenido la oportunidad de defenderse.

● Publicar los nombres de los sacerdotes acusados antes de que se hayan reunido pruebas sustanciales y verificables y se haya completado la investigación, incluido el nombre de sacerdotes fallecidos que no pueden defenderse.

● Continuar la congelación de sacerdotes de su ministerio por largos períodos de tiempo, incluso cuando no hay pruebas creíbles.

La Carta para la Protección de Niños y Jóvenes, adoptada por los obispos estadounidenses en 2002, establece la necesidad de un proceso equitativo para abordar las acusaciones (1). Afirma que los sacerdotes acusados deben ser tratados con la presunción de inocencia durante la investigación y que se deben tomar medidas para proteger su reputación si las acusaciones resultan infundadas. Lamentablemente, la aplicación de esta norma es inconsistente en las distintas diócesis y órdenes religiosas, y con demasiada frecuencia las protecciones procesales descritas en la Carta no se cumplen rigurosamente.

Informes recientes de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) muestran que un gran porcentaje de las acusaciones —a menudo entre el 80 % y el 90 %— son infundadas, no se han comprobado o no se han resuelto (2). Sin embargo, muchos sacerdotes aún enfrentan las consecuencias de estas acusaciones falsas o no resueltas. ¿Es de extrañar, entonces, que el Estudio Nacional de Sacerdotes Católicos de 2022 informara que el 82 % de los sacerdotes teme habitualmente una acusación falsa, y solo el 51 % de los encuestados diocesanos consideró que su obispo los apoyaría si fueran acusados falsamente? (3).

3. Búsqueda de recursos cuando se deniega el debido proceso

En el pasado, los obispos solían basarse en el derecho canónico y trataban la actividad sexual delictiva como un problema pastoral, lo cual resultaba inadecuado para abordar el abuso. Este enfoque reforzó la percepción de que los obispos se preocupaban más por la Iglesia que por las víctimas. Las consecuencias de socavar el debido proceso son de gran alcance tanto para los acusados como para la Iglesia en general.

Al inicio del escándalo de abusos sexuales, padres fieles y cariñosos solicitaron a los obispos el debido proceso para sus denuncias. Las denuncias de sus hijos víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia fueron a menudo desestimadas o ignoradas. Estos padres sabían que esto era incorrecto e inaceptable. Contribuyeron a la concientización nacional sobre el escándalo de abuso y el papel de la Iglesia, lo que dio lugar a investigaciones mediáticas que obligaron a los obispos a actuar con justicia. Sus esfuerzos lograron justicia para sus hijos y para la Iglesia.

Los sacerdotes carecen de la influencia que los padres tenían sobre los obispos. No pueden llevar sus casos a los tribunales civiles debido a limitaciones jurisdiccionales, y los casos presentados ante la Rota Romana pueden tardar años en resolverse, y las decisiones de los obispos rara vez son revocadas. Este arduo proceso requiere abogados canónicos expertos y conocimiento de los derechos de los sacerdotes. Esta situación subraya la importancia de que los sacerdotes conozcan sus derechos y la necesidad de que los obispos respeten el derecho canónico.

Sin un proceso justo, las acusaciones podrían no investigarse adecuadamente, privando a los acusadores de justicia. Los sacerdotes podrían enfrentar sanciones injustas, la destitución del ministerio y una prolongada incertidumbre, lo que pone en peligro su reputación y sustento. La Iglesia debe abordar estas injusticias, garantizando que todos los acusadores y sacerdotes acusados reciban una audiencia justa. Si un caso se considera no creíble o infundado, los sacerdotes acusados deberían tener la oportunidad de limpiar su nombre.

Uno de los subproductos de los esfuerzos de los padres por prestar mayor atención a la investigación y sanción de los delitos condujo a revisiones del Código de Derecho Canónico por parte del Papa Francisco en 2021. Estas reformas abordan la rendición de cuentas entre los líderes de la iglesia y brindan pautas más claras y protecciones más fuertes tanto para los abusados como para los acusados.

Lo más significativo es que los cánones 1395 y 1398 abordan las deficiencias en la gestión del abuso sexual por parte de la Iglesia. Tipifican como delito no denunciar el abuso, consideran el abuso sexual un delito y castigan explícitamente a los culpables, incluyendo sacerdotes, laicos católicos y religiosos.

Además, varios otros nuevos cánones también abordan los derechos al debido proceso de los sacerdotes acusados.

(4) ● El canon 1321 reafirma la presunción de inocencia de los sacerdotes acusados y asegura que nadie puede ser castigado sin una investigación exhaustiva y pruebas claras de culpabilidad.

(5) ● El canon 1341 manda que los obispos y superiores inicien procedimientos judiciales o administrativos apropiados cuando se presenten denuncias, asegurando que los casos no queden sin resolver debido a demoras o falta de acción.

(6) ● El canon 1362 introduce un plazo de prescripción para las acciones penales, estableciendo que las causas deben concluir dentro de los tres años siguientes al inicio del procedimiento, garantizando que la justicia no se retrase indefinidamente.

Estas reformas son esenciales para proteger los derechos de los sacerdotes acusados y garantizar que se haga justicia a todas las partes. Su implementación requiere una aplicación constante y diligente por parte de obispos y superiores religiosos, tanto en los casos nuevos como en aquellos que ya se vieron afectados por la falta del debido proceso.

Muchos sacerdotes fueron injustamente sancionados o destituidos del ministerio con base en acusaciones infundadas debido a fallos procesales. Las reformas al Derecho Canónico buscan prevenir estas injusticias. Según el canon 1313, los cambios que benefician al acusado deben aplicarse retroactivamente (7), lo que brinda a los sacerdotes previamente maltratados la oportunidad de que se revisen sus casos y se restablezca su reputación.

4. Hacia un proceso más justo

Estos problemas son profundamente sentidos por los sacerdotes que ejercen su ministerio en la Iglesia actual. Es abrumador y frustrante presenciar las injusticias que sufren debido a acusaciones infundadas o mal gestionadas. Estas situaciones tienen un impacto emocional y espiritual, dejando a muchos sacerdotes en un limbo, privados de su vocación y sustento. Este es un profundo desafío que debemos afrontar como Iglesia.

La iniciativa de la Asociación de Sacerdotes Católicos de Estados Unidos (AUSCP) para concienciar sobre el debido proceso busca garantizar que todos los sacerdotes, especialmente aquellos acusados de mala conducta, estén plenamente informados de sus derechos canónicos y civiles. Estos derechos son cruciales para proteger la dignidad individual y deben respetarse en todos los procedimientos de la Iglesia para abordar las denuncias de abuso. Todo clérigo acusado debe recibir el debido proceso al que tiene derecho según el Derecho Canónico para fomentar la confianza entre los laicos y el clero.

Reconocemos que los obispos valoran profundamente a sus hermanos sacerdotes y tienen la tarea de equilibrar su responsabilidad pastoral de proteger a su rebaño y, al mismo tiempo, salvaguardar la integridad del sacerdocio. Esta responsabilidad conlleva una enorme presión, especialmente al tratar tanto con las víctimas como con los acusados. Es una tarea ardua y desafiante para los obispos encontrar un camino justo y compasivo para todos los involucrados.

Este problema afecta no solo a las víctimas de abuso, sino también a los obispos y sacerdotes acusados, a sus compañeros, a los feligreses y a la reputación de la Iglesia. Para encarnar el papel de buen pastor, la Iglesia debe considerar las necesidades y perspectivas de todas las personas al abordar las acusaciones de abuso.

Como resultado de nuestras recientes discusiones, nos estamos acercando respetuosamente a Su Santidad el Papa León XVI, a los obispos católicos de los Estados Unidos, a los sacerdotes, a los superiores de las órdenes religiosas y a los institutos seculares y a los laicos con un espíritu abierto a una conversación continua para mejorar las protecciones contra el abuso sexual, al tiempo que garantizamos que cada víctima y cada sacerdote o clérigo nombrado reciba el debido proceso al que tiene derecho.

Si bien el asunto es complejo, establecer directrices que enfaticen el derecho a una buena reputación es crucial. En la siguiente sección, “Un paso hacia la restauración de la justicia”, describimos un primer paso necesario para esta importante labor. Agradecemos su atención a estos delicados asuntos y esperamos sus comentarios. Juntos, podemos lograr avances significativos hacia una resolución justa y compasiva.

II. Un paso hacia la restauración de la justicia para las víctimas y los acusados

El derecho a la buena reputación


INTRODUCCIÓN:

El Derecho Canónico establece directrices específicas sobre los derechos de todos los miembros de la Iglesia Católica Romana, tal como se describe en los cánones 208 a 223. Estos derechos están acompañados de obligaciones correspondientes, todo ello en beneficio de la comunidad eclesial. Entre estos derechos se encuentra el derecho a la buena reputación (canon 220).

PROCESO:

Al abordar las acusaciones de delitos presuntamente cometidos por clérigos, proponemos que los líderes de la Iglesia sigan fielmente los preceptos del Derecho Canónico. El Papa Francisco lo resume así:

Derecho a la defensa: el principio de presunción de inocencia, tanto en el derecho natural como en el canónico, debe salvaguardarse hasta que se demuestre la culpabilidad del acusado. Por lo tanto, es necesario evitar que las listas de acusados se publiquen, incluso por las diócesis, antes de la investigación preliminar y la condena definitiva (8).

Para lograr estos fines, sugerimos el uso de recursos profesionales para investigar cualquier denuncia. Las víctimas deben presentar inicialmente una denuncia policial y dejar que la policía investigue, ya que generalmente son expertos en realizar investigaciones. También se podría considerar la contratación de los servicios de un investigador privado capacitado para los casos en que las fuerzas del orden no estén dispuestas o no puedan investigar. En cualquier caso, una investigación por parte de investigadores competentes debe completarse sin demora para no retrasar la justicia para el acusador o el acusado, de conformidad con el canon 1362. Solo cuando se reúnan pruebas sustanciales y verificables, el clérigo acusado debe ser retirado del ministerio activo para evitar mayores daños potenciales.

La afirmación del papa Francisco, citada anteriormente, de que “las listas de acusados no deben publicarse, ni siquiera por las diócesis, antes de la investigación preliminar y la condena definitiva”, proporciona una base jurídica irrefutable para abandonar la práctica de algunas diócesis de nombrar públicamente a un clérigo acusado basándose en una acusación “creíble”, incluso antes de que la policía o la diócesis hayan iniciado la investigación. Dicha práctica pone en riesgo el derecho a la buena reputación, así como la moral de los sacerdotes dedicados.

Una carta reciente del Dicasterium de Legum Textibus también aborda este tema: “La determinación del fundamento de una acusación a menudo se basa en una base no canónica y requiere un estándar de prueba relativamente bajo, lo que resulta en la publicación del nombre de una persona meramente acusada, pero de una acusación no probada, sin el beneficio de ningún ejercicio del derecho a la defensa” (9).

El respeto al debido proceso, la presunción de inocencia y el derecho a la buena reputación son fundamentales para el logro de la justicia. Igualmente cierto es que una investigación se complete con celeridad y competencia, respetando así el principio legal de que la justicia demorada es justicia denegada. Esto aplica tanto al acusador como al acusado.

Reconocemos que los obispos podrían enfrentarse a un dilema entre acatar las directivas de Roma y garantizar la seguridad de los niños. ¿Acaso no podría solucionarse esto suspendiendo discretamente la labor pastoral de un sacerdote, sin una declaración pública sobre una acusación “creíble” antes de que se complete el resultado de una investigación?

Una vez finalizado, si la policía obtiene pruebas claras y definitivas de un delito y arresta al sacerdote, la diócesis debe retirarlo del ejercicio del ministerio y notificarlo al público. Según el Código Canónico 1321, las medidas disciplinarias solo deben imponerse tras una acusación creíble. Este proceso protege tanto a las presuntas víctimas como a la reputación del acusado, cuya inocencia podría ser finalmente demostrada.

Los casos de bancarrota que involucran a diócesis estadounidenses revelan que muchas acusaciones son infundadas, sin pruebas o no están resueltas. Algunas acusaciones, incluyendo fechas, lugares o incluso los nombres de sacerdotes, han resultado ser falsas. En algunos casos, individuos presentan acusaciones falsas para obtener ganancias económicas. Los casos civiles también han demostrado que se acusa injustamente a miembros del clero.

Por estas razones, instamos a la Conferencia Episcopal a cumplir fielmente la ley. El derecho canónico establece explícitamente cómo los obispos y superiores deben tratar las denuncias de cualquier conducta indebida, no solo el abuso sexual infantil. Cumplir con la ley e implementarla de manera consistente contribuye a preservar la integridad del proceso de investigación y la confianza en el liderazgo de los obispos.

CONCLUSIÓN:

La propuesta que aquí se presenta representa un paso hacia el restablecimiento de la justicia y la equidad. Al garantizar que se lleve a cabo y concluya una investigación competente y honesta antes de que un sacerdote sea acusado o castigado públicamente, protegemos la reputación de todos los involucrados. Las medidas disciplinarias solo deben tomarse después de que se fundamente una acusación creíble y se presente un informe al DDF. Este enfoque será visto tanto por los laicos como por el clero como un paso razonable y sencillo hacia la justicia para todo el pueblo de Dios.

Al defender el estado de derecho y el debido proceso, como se establece en el Derecho Canónico (cánones 1321, 1341 y 1362), la Iglesia puede fomentar un entorno donde las víctimas sientan que su seguridad es prioritaria, mientras que el clero puede confiar en que sus obispos los apoyan y valoran. Los obispos estarán facultados para tomar decisiones informadas y bien fundamentadas. En última instancia, este enfoque busca generar confianza en la comunidad eclesial, garantizando que la Iglesia busque la justicia para todas las personas, manteniendo al mismo tiempo su integridad eclesial.

Notas:

1) Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), Carta para la Protección de Niños y Jóvenes (Washington, DC: USCCB, 2002).

2) Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), Informe anual de 2024 sobre la implementación de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes (Washington, DC: USCCB, 2023), 18. Disponible en línea: https://www.usccb.org/resources/2024%20CYP%20Annual%20Report%20(Digital).pdf

3) The Catholic Project, Estudio Nacional de Sacerdotes Católicos 2022 (Washington, D.C.: The Catholic Project, 2022), pp. 17-18. Disponible en línea: https://catholicproject.nd.edu/

4) Canon 1321 § 1. “Toda persona se considera inocente mientras no se pruebe lo contrario. Nadie puede ser castigado a menos que la comisión de una violación externa de una ley o precepto sea gravemente imputable por dolo o culpabilidad”.

5) Canon 1341 §1. “El Ordinario debe iniciar un procedimiento judicial o administrativo para la imposición o declaración de penas cuando percibe que ni con los métodos de la cura pastoral, especialmente la corrección fraterna, ni con una amonestación o corrección, se puede restablecer suficientemente la justicia, reformar al reo y reparar el escándalo”.

6) Canon 1362 §1. “La acción penal se extingue por prescripción a los tres años. Si bien se permiten excepciones a esta regla, la idea principal de este nuevo canon permite un plazo de tan solo tres años desde el inicio de un proceso canónico formal para que la fiscalía concluya su caso, antes de que se reanude el plazo de prescripción”.

7) Canon 1313 § 1. “Si se modifica una ley después de cometido un delito, se aplicará la ley más favorable al delincuente. Si la ley posterior deroga una ley, o al menos una pena, esta caduca inmediatamente”.

8) “Protección de menores: puntos de reflexión”, Vatican News, 21 de febrero de 2019, https://www.vaticannews.va/en/pope/news/2019-02/protection-minors-points-of-reflection-vatiab.html

lunes, 30 de junio de 2025

MENSAJE DE PREVOST PARA LA “X JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN” (30 DE JUNIO DE 2025)

Mensaje de Robert Prevost para la “X Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación” (1 de septiembre de 2025).


A continuación publicamos el texto del Mensaje de León XIV para la X Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que se celebrará el lunes 1 de septiembre de 2025, sobre el tema “Semillas de paz y esperanza”:


Semillas de paz y esperanza

Queridos hermanos y hermanas:

El tema de esta “Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”, elegido por nuestro querido Papa Francisco, es “Semillas de paz y esperanza”. En el décimo aniversario de la institución de la Jornada, que coincidió con la publicación de la encíclica Laudato si’, nos encontramos en pleno Jubileo, como “peregrinos de esperanza”. Y es precisamente en este contexto donde el tema adquiere todo su significado.

Muchas veces, Jesús, en su predicación, utiliza la imagen de la semilla para hablar del Reino de Dios, y en la víspera de la Pasión la aplica a sí mismo, comparándose con el grano de trigo, que debe morir para dar fruto (cf. Jn 12,24). La semilla se entrega por completo a la tierra y allí, con la fuerza impetuosa de su don, brota la vida, incluso en los lugares más insospechados, con una sorprendente capacidad de generar futuro. Pensemos, por ejemplo, en las flores que crecen al borde de las carreteras: nadie las ha plantado, y sin embargo crecen gracias a semillas que han llegado allí casi por casualidad y logran adornar el gris del asfalto e incluso romper su dura superficie.

Por lo tanto, en Cristo somos semillas. No sólo eso, sino “semillas de paz y esperanza”. Como dice el profeta Isaías, el Espíritu de Dios es capaz de transformar el desierto, árido y reseco, en un jardín, lugar de descanso y serenidad: “hasta que sea infundido en nosotros un espíritu desde lo alto. Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque. En el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel. La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre. Mi pueblo habitará en un lugar de paz, en moradas seguras, en descansos tranquilos” (Is 32,15-18).

Estas palabras proféticas, que del 1 de septiembre al 4 de octubre acompañarán la iniciativa ecuménica del “Tiempo de la Creación”, afirman con fuerza que, junto con la oración, son necesarias la voluntad y las acciones concretas que hacen perceptible esta “caricia de Dios” sobre el mundo (cf. Laudato si’, 84). La justicia y el derecho, en efecto, parecen arreglar la inhóspita naturaleza del desierto. Se trata de un anuncio de extraordinaria actualidad. En diversas partes del mundo es ya evidente que nuestra tierra se está deteriorando. En todas partes, la injusticia, la violación del derecho internacional y de los derechos de los pueblos, las desigualdades y la codicia que de ellas se derivan producen deforestación, contaminación y pérdida de biodiversidad. Aumentan en intensidad y frecuencia los fenómenos naturales extremos causados por el cambio climático inducido por las actividades antrópicas (cf. Exhort. ap. Laudate Deum, 5), sin tener en cuenta los efectos a medio y largo plazo de la devastación humana y ecológica provocada por los conflictos armados.

Parece que aún no se tiene conciencia de que destruir la naturaleza no perjudica a todos del mismo modo: pisotear la justicia y la paz significa afectar sobre todo a los más pobres, a los marginados, a los excluidos. En este contexto, es emblemático el sufrimiento de las comunidades indígenas.

Y eso no es todo: la propia naturaleza se convierte a veces en un instrumento de intercambio, en un bien que se negocia para obtener ventajas económicas o políticas. En estas dinámicas, la creación se transforma en un campo de batalla por el control de los recursos vitales, como lo demuestran las zonas agrícolas y los bosques que se han vuelto peligrosos debido a las minas, la política de la “tierra arrasada” [1], los conflictos que se desatan en torno a las fuentes de agua, la distribución desigual de las materias primas, que penaliza a las poblaciones más débiles y socava su propia estabilidad social.

Estas diversas heridas son consecuencia del pecado. Sin duda, esto no es lo que Dios tenía en mente cuando confió la Tierra al hombre creado a su imagen (cf. Gn 1,24-29). La Biblia no promueve “el dominio despótico del ser humano sobre lo creado” (Laudato si’, 200). Al contrario, es “importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (cf. Gn 2,15). Mientras “labrar” significa cultivar, arar o trabajar, “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza” (ibid., 67).

La justicia ambiental —anunciada implícitamente por los profetas— ya no puede considerarse un concepto abstracto o un objetivo lejano. Representa una necesidad urgente que va más allá de la simple protección del medio ambiente. En realidad, se trata de una cuestión de justicia social, económica y antropológica. Para los creyentes, además, es una exigencia teológica que, para los cristianos, tiene el rostro de Jesucristo, en quien todo ha sido creado y redimido. En un mundo en el que los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores del cambio climático, la deforestación y la contaminación, el cuidado de la creación se convierte en una cuestión de fe y de humanidad.

Es hora de pasar de las palabras a los hechos. “Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” (ibid., 217). Trabajando con dedicación y ternura se pueden hacer germinar muchas semillas de justicia, contribuyendo así a la paz y a la esperanza. A veces se necesitan años para que el árbol dé sus primeros frutos, años que involucran a todo un ecosistema en la continuidad, la fidelidad, la colaboración y el amor, sobre todo si este amor se convierte en espejo del Amor oblativo de Dios.

Entre las iniciativas de la Iglesia que son como semillas esparcidas en este campo, deseo recordar el proyecto “Borgo Laudato si’”, que el Papa Francisco nos ha dejado como herencia en Castel Gandolfo, como semilla que puede dar frutos de justicia y paz. Se trata de un proyecto de educación en ecología integral que quiere ser un ejemplo de cómo se puede vivir, trabajar y formar comunidad aplicando los principios de la encíclica Laudato si’.

Ruego al Todopoderoso que nos envíe en abundancia su “espíritu desde lo alto” (Is 32,15), para que estas semillas y otras parecidas den frutos abundantes de paz y esperanza.

La encíclica Laudato si’ ha acompañado a la Iglesia católica y a muchas personas de buena voluntad durante diez años. Que siga inspirándonos y que la ecología integral sea cada vez más elegida y compartida como camino a seguir. Así se multiplicarán las semillas de esperanza, que debemos “cuidar y cultivar” con la gracia de nuestra gran e inquebrantable Esperanza, Cristo Resucitado. En su nombre, les envío mi bendición a todos.

Vaticano, 30 de junio de 2025, Memoria de los Santos Protomártires de la santa Iglesia Romana.

LEÓN PP. XIV


[1] Cf. Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Tierra y alimento, LEV 2016, 51-53.

MENSAJE DE LEÓN XIV A LOS PARTICIPANTES EN EL XLIV PERÍODO DE SESIONES DE LA CONFERENCIA DE LA FAO


MENSAJE DE LEÓN XIV

A LOS PARTICIPANTES EN EL XLIV PERÍODO 

DE SESIONES DE LA CONFERENCIA DE LA FAO


Señor Presidente,

Señor Director General de la FAO,

Excelencias,

Ilustres señoras y señores:

Agradezco de corazón haberme dado la oportunidad de dirigirme por vez primera a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que este año cumple el octogésimo aniversario de su fundación. Saludo cordialmente a todos los que participan en este cuadragésimo cuarto período de sesiones de la Conferencia, su órgano rector supremo, y, en particular, al Director General, el señor Qu Dongyu, agradeciendo la labor que realiza diariamente la Organización para buscar respuestas adecuadas al problema de la inseguridad alimentaria y la malnutrición, que sigue representando uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

La Iglesia alienta todas las iniciativas para poner fin al escándalo del hambre en el mundo, haciendo suyos los sentimientos de su Señor, Jesús, quien, como narran los Evangelios, al ver que una gran multitud se acercaba a Él para escuchar su palabra, se preocupó ante todo de darles de comer y para ello pidió a los discípulos que se hicieran cargo del problema, bendiciendo con abundancia los esfuerzos realizados (cf. Jn 6,1-13). Sin embargo, cuando leemos la narración de lo que comúnmente se denomina la “multiplicación de los panes” (cf. Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,12-17; Jn 6,1-13), nos damos cuenta de que el verdadero milagro realizado por Cristo consistió en poner de manifiesto que la clave para derrotar el hambre estriba más en el compartir que en el acumular codiciosamente. Algo que quizás hoy hemos olvidado porque, aunque se hayan dado algunos pasos relevantes, la seguridad alimentaria mundial no deja de deteriorarse, lo que vuelve cada vez más improbable la consecución del objetivo de “Hambre cero” de la Agenda 2030. Esto significa que estamos lejos de que se cumpla el mandato que dio origen en 1945 a esta institución intergubernamental.

Hay personas que padecen cruelmente y ansían ver solucionadas sus muchas necesidades. Sabemos bien que por ellas mismas no pueden resolverlas. La tragedia constante del hambre y la malnutrición generalizadas, que persiste en muchos países hoy en día, es aún más triste y vergonzosa cuando nos damos cuenta de que, aunque la tierra es capaz de producir alimentos suficientes para todos los seres humanos, y a pesar de los compromisos internacionales en materia de seguridad alimentaria, es lamentable que tantos pobres del mundo sigan careciendo del pan nuestro de cada día.

Por otra parte, en la actualidad asistimos desolados al inicuo uso del hambre como arma de guerra. Matar de hambre a la población es una forma muy barata de hacer la guerra. Por eso hoy, cuando la mayoría de los conflictos no los libran ejércitos regulares sino grupos de civiles armados con pocos recursos, quemar tierras, robar ganado, bloquear la ayuda son tácticas cada vez más utilizadas por quienes pretenden controlar a poblaciones enteras inermes. Así, en este tipo de conflictos, los primeros objetivos militares pasan a ser las redes de suministro de agua y las vías de comunicación. Los agricultores no pueden vender sus productos en entornos amenazados por la violencia y la inflación se dispara. Esto conduce a que ingentes cantidades de personas sucumban al flagelo de la inanición y perezcan, con el agravante de que, mientras los civiles enflaquecen por la miseria, las cúpulas políticas engordan con la corrupción y la impunidad. Por eso es hora de que el mundo adopte límites claros, reconocibles y consensuados para sancionar estos atropellos y perseguir a los causantes y ejecutores de los mismos.

Postergar una solución a este lacerante panorama no ayudará; al contrario, las angustias y penurias de los menesterosos seguirán acumulándose, haciendo el camino aún más duro e intrincado. Por lo tanto, es perentorio pasar de las palabras a los hechos, poniendo en el centro medidas eficaces que permitan a estas personas mirar su presente y su futuro con confianza y serenidad, y no solo con resignación, dando así por zanjada la época de los eslóganes y las promesas embaucadoras. Al respecto, no debemos olvidar que tarde o temprano tendremos que dar explicaciones a las futuras generaciones, que recibirán una herencia de injusticias y desigualdades si no actuamos ahora con sensatez.

Las crisis políticas, los conflictos armados y las perturbaciones económicas juegan un papel central en el empeoramiento de la crisis alimentaria, dificultando la ayuda humanitaria y comprometiendo la producción agrícola local, negando así no solo el acceso a los alimentos sino también el derecho de llevar una vida digna y llena de oportunidades. Sería un error fatal no curar las heridas y fracturas provocadas por años de egoísmo y superficialidad. Además, sin paz y estabilidad no será posible garantizar sistemas agroalimentarios resilientes, ni asegurar una alimentación saludable, accesible y sostenible para todos. De ahí nace la necesidad de un diálogo, donde las partes implicadas tengan no solo la voluntad de hablarse, sino también de escucharse, de comprenderse mutuamente y de actuar de forma mancomunada. No faltarán los obstáculos, pero con sentido de humanidad y fraternidad, los resultados no podrán ser sino positivos.

Los sistemas alimentarios tienen una gran influencia en el cambio climático, y viceversa. La injusticia social provocada por las catástrofes naturales y la pérdida de biodiversidad debe revertirse para lograr una transición ecológica justa, que ponga en el centro al medio ambiente y a las personas. Para proteger los ecosistemas y a las comunidades menos favorecidas, entre las que se hallan los pueblos indígenas, se necesita una movilización de recursos por parte de los Gobiernos, de entidades públicas y privadas, de organismos nacionales y locales, de manera que se adopten estrategias que prioricen la regeneración de la biodiversidad y la riqueza del suelo. Sin una acción climática decidida y coordinada, será imposible garantizar sistemas agroalimentarios capaces de alimentar a una población mundial en crecimiento. Producir alimentos no es suficiente, también es importante garantizar que los sistemas alimentarios sean sostenibles y proporcionen dietas sanas y asequibles para todos. Se trata, pues, de repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios, en una perspectiva solidaria, superando la lógica de la explotación salvaje de la creación y orientando mejor nuestro compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una nutrición suficiente y saludable para todos.

Señor Presidente, en la hora presente, asistimos a la descomunal polarización de las relaciones internacionales por causa de las crisis y los enfrentamientos existentes. Se desvían recursos financieros y tecnologías innovadoras en aras de la erradicación de la pobreza y el hambre en el mundo para dedicarlos a la fabricación y el comercio de armas. De este modo, se fomentan ideologías cuestionables al tiempo que se registra el enfriamiento de las relaciones humanas, lo cual envilece la comunión y ahuyenta la fraternidad y la amistad social.

Nunca antes ha sido tan inaplazable como ahora que nos convirtamos en artesanos de la paz trabajando para ello por el bien común, por lo que favorece a todos y no solamente a unos pocos, por lo demás siempre los mismos. Para garantizar la paz y el desarrollo, entendido como la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones que sufren el hambre, la guerra y la pobreza, son necesarias acciones concretas, arraigadas en planteamientos serios y con visión de futuro. Por lo tanto, hay que dejar al margen retóricas estériles para, con firme voluntad política, como dijo el Papa Francisco, allanar “las divergencias para favorecer un clima de colaboración y confianza recíprocas para la satisfacción de las necesidades comunes” [1].

Señoras y señores, para alcanzar esta noble causa, deseo asegurar que la Santa Sede estará siempre al servicio de la concordia entre los pueblos y no se cansará de cooperar al bien común de la familia de las naciones, teniendo especialmente en cuenta a los seres humanos más probados, que pasan hambre y sed, y también a aquellas regiones remotas, que no pueden levantarse de su postración debido a la indiferencia de cuantos deberían tener como emblema en su vida el ejercicio de una solidaridad sin fisuras. Con esta esperanza, y haciéndome portavoz de cuantos en el mundo se sienten desgarrados por la indigencia, pido a Dios Todopoderoso que vuestros trabajos se vean colmados de frutos y redunden en beneficio de los desvalidos y de la entera humanidad.

Vaticano, 30 de junio de 2025

LEÓN PP. XIV


[1] Discurso a los miembros del Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede (9 enero 2023).
 

¿POR QUÉ LOS CURAS NOS HABLAN SIEMPRE DE QUE NOS CONFESEMOS?

Déjate atrapar por la policía de Dios, ya que no te ha de llevar a la cárcel, sino al Paraíso

Por Monseñor de Segur (1868)


09. ¿POR QUÉ LOS CURAS NO NOS DEJAN EN PAZ, Y NOS HABLAN SIEMPRE DE QUE NOS CONFESEMOS?

Porque obedecen su consigna, y quieren hacernos mejores hasta a pesar nuestro. Un cura que deja a todo el mundo en paz, que no excita a los pecadores al arrepentimiento, es un cura infiel, un perezoso, un prevaricador. El celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas; tal es en resumen el ministerio sacerdotal.

Los sacerdotes son en la tierra como la policía espiritual de Dios; siguen la pista, persiguen, acosan y se apoderan de los pecadores, a la manera que nuestros agentes de policía y nuestros guardias civiles persiguen y atrapan a los bribones. La policía no siempre atrapa a los que se dan a sí mismos el dictado de hombres de bien; y los curas tampoco, lo cual es un gran mal.

Créeme, pobre hombre honrado; déjate atrapar por la policía de Dios, ya que no te ha de llevar a la cárcel, sino al Paraíso, ni te cargará de cadenas, sino que te dará la más dulce, la más segura de las libertades, la libertad de tu alma actualmente sujeta a la vergonzosa esclavitud del vicio.

¡Benditos sean pues los curas caritativos, concienzudos y vigilantes que no permiten que nadie en torno de ellos se duerma en el mal, ni vegete en el pecado! Semejantes a los médicos, que hacen tragar a sus enfermos pertinaces el remedio que debe sanarlos, los buenos sacerdotes nos salvan a pesar de nuestra absurda resistencia.

¿Qué dirías de un pastor que por temor de cansar a sus corderos y a sus ovejas, les dejase pasearse tranquilamente entre los lobos? ¿No es verdad que dirías que aquel pastor es más animal que sus corderos, y que el día menos pensado su amo le dará con la puerta en las narices? Lo mismo sucedería con el sacerdote sin celo y sin vigilancia. Nuestro Señor que le ha confiado su rebaño, le condenaría sin misericordia. ¡Líbrete Dios de un cura que te dejase tranquilo!

Continúa...