Por Novus Ordo Watch
Ha llegado de nuevo esa época del año en que el Vaticano, post-católico, envía saludos a la población hindú de todo el mundo con motivo de la celebración de Diwali. También conocida como Deepavali, significa “serie de luces” y celebra el triunfo de la luz sobre la oscuridad, al menos en teoría.
Es el Dicasterio del Diálogo Interreligioso, actualmente dirigido por el “cardenal” George Koovakad, el que publica comunicaciones periódicas dirigidas a diversos paganos (en inglés aquí).
El 30 de octubre de 2026, la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el mensaje de este año a los hindúes en su diario Bollettino. El título era ominoso: “Hindúes y cristianos: forjando juntos caminos de paz en el espíritu de Asís”.
El Vaticano transmite sus felicitaciones a los hindúes con motivo de Deepavali (Noticias del Vaticano)
En la introducción al mensaje que aparece en el Bollettino del 30 de octubre, se explica que la celebración de Diwali “dura tres días y marca el comienzo de un nuevo año, la reconciliación familiar, especialmente entre hermanos y hermanas, y la adoración a Dios”.
Sí, ¡la “adoración a Dios”! Al parecer, el Vaticano cree que los hindúes adoran a Dios. ¿A qué dios, por cierto? ¿Lakshmi, Ganesha o Krishna? ¿Shiva, Durga o Saraswati? La lista es interminable.
A modo de recordatorio, aquí tienen un ejemplo de hindúes 'adorando a Dios':
¡¿Quién lo hubiera imaginado?!Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza.
(Vaticano II, Declaración Nostra Aetate, n. 2)
La simple verdad es que los hindúes no adoran al Dios verdadero, la Santísima Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ni siquiera adoran al único Dios verdadero tal como se le puede conocer mediante la razón, aparte de la revelación: “El conocimiento de Dios es claro para sus mentes; Dios mismo se lo ha revelado. Desde la fundación del mundo, los hombres han percibido su naturaleza invisible, su eterno poder y su divinidad, tal como se dan a conocer a través de sus criaturas. Así que no tienen excusa” (Romanos 1:19-20; traducción de Knox). Por eso el salmista llama con razón necio al ateo, porque no sigue la razón: “Dijo el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 52:1). En ese sentido, el Concilio Vaticano I declaró: “La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza a partir de las cosas creadas con la luz natural de la razón humana: "porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de lo creado"” (Constitución Dogmática Dei Filius, Capítulo 2, Sobre la Revelación).
El culto hindú abarca una amplia gama de deidades; la deidad a la que se adora puede variar de una persona a otra y depende de diversos factores, como las tradiciones regionales y las preferencias personales. Entre los dioses más populares que veneran muchos hindúes se encuentran Shiva, Ganesha, Vishnu, Hanuman y Durga.
Como señala la Catholic Encyclopedia de 1910:
Aquí también queremos recordar los elogios terriblemente absurdos que el “obispo” Paolo Martinelli hizo al hinduismo el año pasado, cuando afirmó que el mundo “necesita” templos hindúes para recordarle la presencia de Dios.En el panteísta Brahma, que engloba a todos los dioses, se encuentra contenido todo el mundo de deidades, espíritus y demás objetos de culto, de modo que el hinduismo se adapta a cualquier forma de religión, desde el elevado monoteísmo del brahmán culto hasta el degradado culto a la naturaleza del campesino ignorante y casi salvaje. El hinduismo, citando a Monier Williams, “tiene algo que ofrecer que se adapta a todas las mentes. Su fuerza reside precisamente en su infinita adaptabilidad a la infinita diversidad de caracteres y tendencias humanas. Posee un lado profundamente espiritual y abstracto, idóneo para el filósofo metafísico; un lado práctico y concreto, idóneo para el hombre de negocios y el hombre de mundo; un lado estético y ceremonial, idóneo para el hombre de sensibilidad e imaginación poéticas; y un lado sereno y contemplativo, idóneo para el hombre de paz y amante de la soledad. Incluso, tiende la mano en señal de hermandad a los adoradores de la naturaleza, de los demonios, de los animales, de los árboles y de los fetiches. No tiene reparos en permitir las formas más grotescas de idolatría ni las variedades más degradantes de superstición. Y es a este último hecho a lo que se debe principalmente otra peculiaridad notable del hinduismo: que en ningún otro sistema del mundo existe un abismo más profundo que separe la religión de las clases altas, cultas y reflexivas de la de las masas bajas, incultas e irreflexivas” (Brahmanism and Hinduism, 1891, p. 11).
(Catholic Encyclopedia, s.v. “Hinduism”)



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