jueves, 11 de noviembre de 2021

AGUA BENDITA

Entremos en la Tradición y la intención de la Iglesia, evitando tomar el agua bendita mecánicamente.

Por el Abad Lionel Héry


Cuando entramos en una iglesia, nuestro primer gesto es tomar el agua bendita con la que nos hacemos la señal de la cruz. En resumen, nos bendecimos con agua bendita.

El agua bendita es el sacramental básico, por así decirlo. No contiene gracia, como es el caso de los siete Sacramentos, sino la poderosísima oración de la Iglesia. Su efecto principal es expulsar a los demonios gracias a los exorcismos que ha recibido esta agua y a la sal que le añade el sacerdote durante su bendición. El agua bendita elimina así las molestias inmediatas del demonio, como el apego al pecado, las tentaciones y las distracciones.

Por lo tanto, es recomendable tomar agua bendita para estar mejor dispuestos a honrar el lugar santo que es la iglesia, para rezar allí, asistir a los servicios y recibir los Sacramentos. En resumen, el agua bendita nos lleva de lo profano a lo sagrado.

Este rito nos hace obedecer la costumbre de las primeras iglesias cristianas, cuando los fieles recibían agua bendita del mismo celebrante antes de entrar a la iglesia, o bien la tomaban en palanganas o "canthares" colocados en el vestíbulo de la iglesia. Hoy en día son rociados por el celebrante al comienzo de la Misa mayor dominical.

Entremos en la Tradición y la intención de la Iglesia, evitando tomar el agua bendita mecánicamente. Se omite tomarla cuando hay aspersión dominical. No hay razón para tomarla al salir de la iglesia, especialmente después de comulgar. Se debe evitar cualquier otro uso del agua bendita por parte de los fieles en la iglesia.


Fuente: Apostol n ° 156


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