miércoles, 1 de noviembre de 2023

EL FALSO ECUMENISMO DEL VATICANO II

“Esa audaz idea del libre pensamiento, a la que sin duda podemos llamar una revolución, que emana de nuestra logias masónicas, se ha diseminado magníficamente sobre la cúpula de San Pedro” (Yves Marsaudon, masón grado 33, 1965)


Las herejías del Vaticano II

El concilio Vaticano II celebrado entre los años 1962 y 1965 fue un falso concilio que constituyó una revolución contra los 2000 años de Doctrina y Tradición Católicas. Cómo veremos, el Vaticano II contiene varias herejías que fueron directamente condenadas por los Papas y Concilios del pasado.

El Vaticano II intentó dar a los católicos una nueva religión. En el período siguiente al Vaticano II sucedieron cambios masivos en todos los ámbitos de la Fe Católica, incluida la implementación de una “nueva misa”. El Vaticano II también introdujo nuevas prácticas e instauró una nueva visión respecto de las otras religiones. La Iglesia Católica no puede cambiar su Doctrina sobre las otras religiones y la manera como las encara, porque son enseñanzas fundamentadas en verdades de Fe transmitidas por Jesucristo Nuestro Señor.

El Vaticano segundo intentó cambiar esas verdades de la Iglesia Católica.

El Vaticano II fue convocado por Juan XXIII y fue solemnemente promulgado y confirmado por Pablo VI el 8 de diciembre de 1965. El Vaticano II no fue un verdadero concilio general o ecuménico de la Iglesia Católica por porque como veremos en detalles a continuación, fue convocado y confirmado por herejes manifiestos como Juan XXIII y Pablo VI que no eran elegibles para la elección papal.

Los frutos del concilio Vaticano II están a la vista de todos, cualquier católico honesto que haya vivido antes del concilio, lo puede comparar él mismo. La experiencia en las diócesis de hoy puede dar testimonio del hecho de que el Vaticano II inauguró una nueva religión. Este falso concilio emitió 16 documentos en total, pero vamos a analizar los más relevantes. Sin embargo, lo que veremos, será suficiente para convencer a cualquier persona de buena voluntad, de que ningún católico puede aceptar este concilio herético sin negar la fe y no basta simplemente con resistir las herejías del Vaticano II, se debe condenar por completo este concilio no católico y a todos los que obstinadamente adhieren a sus doctrinas, pues si una persona rechaza las herejías del Vaticano II, y aún así se consideran en comunión con aquellos que aceptan las herejías del Vaticano II, entonces esa persona, en verdad, todavía está en comunión con los herejes y por lo tanto, también es un hereje.


Unitatis Redintegratio

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 1:
“Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios”.
En el inicio de su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II enseña que casi todos aspiran por una “verdadera iglesia universal” cuya misión es convertir el mundo al Evangelio. ¿Cuál es la verdadera Iglesia universal cuya misión es convertir al mundo al Evangelio? Es la Iglesia Católica. Evidentemente es la única verdadera Iglesia de Cristo. Pero entonces, lo que el Vaticano II enseña es que casi todos aspiran por una verdadera iglesia universal de Cristo, cuando ya tenemos la respuesta. Y lo que el Vaticano II enseña es los pueblos deben aspirar por un verdadera Iglesia Católica, porque éste enseña que ella aún no existe. Si alguien tiene dudas de que el Vaticano II está aquí para negar que la Iglesia universal de Cristo existe, lea entonces la propia interpretación de Juan Pablo II de este pasaje del documento.

Juan Pablo I, Homilía del 5 de diciembre de 1996, hablando sobre la oración con los no católicos:
Cuando oramos juntos, lo hacemos con la esperanza de que pueda haber una Iglesia de Dios una y visible, que sea verdaderamente universal y enviada al mundo entero, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y así sea salvo, para gloria de Dios” (Unitatis Redintegratio, #1)
Aquí vemos que el propio Juan Pablo II confirma que la aspiración de “una y visible Iglesia de Cristo” es una aspiración de ambos lados, católico y no católico, lo que significa que el Vaticano II en su decreto sobre el ecumenismo, el cual Juan Pablo II estaba citando, estaba de hecho, aspirando por la iglesia universal de Cristo. Luego, el Vaticano II está negando que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo, de acuerdo con Unitatis Redintegratio, la Iglesia universal, es decir, la Iglesia Católica, todavía ni siquiera existe


Unitatis Redintegratio también afirma que “todos los bautizados que profesan ser cristianos están en comunión con la Iglesia y tienen derecho al nombre de cristianos”, y al mismo tiempo, no menciona nada sobre la necesidad de ellos de convertirse a la Fe Católica para su salvación.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio # 3:
“puesto que quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea perfecta, con la Iglesia Católica.

Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia Católica, ya en cuanto a la doctrina, y a veces también en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de la Iglesia, se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar. Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica”.
Note que el Vaticano II enseña que las sectas protestantes y cismáticas están en comunión con la iglesia católica, aunque parcialmente y son “hermanos de la misma iglesia” con derecho al nombre de cristianos. Pero la Verdadera Iglesia Católica enseña que ellos están fuera de la comunión con la Iglesia y son ajenos a sus fieles. Esto contradice directamente la enseñanza del Vaticano II.

Papa León XIII, Satis Cognitum # 17, 29 de junio de 1896:
“Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico”.
La siguiente cita es de un artículo que apareció en una publicación que es ampliamente leída y aprobada por la secta del Vaticano II, St. Anthony Messenger y vamos a ver cómo esta reconocida publicación interpreta el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II.


Renée M. LaReau, “O Vaticano II para Gen-Xers”, St. Anthony Messenger, noviembre de 2005, pág. 25:
Unitatis Redintegratio (el decreto sobre el ecumenismo) y Nostra Aetate (la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas) mostraron cambios significativos en las actitudes de la Iglesia ante las otras religiones. Venida de una antigua Institución de criterios estrictos que insistía con que no hay salvación fuera de la Iglesia y que la Iglesia Católica era la única y verdadera Iglesia de Cristo, la apertura de mente que caracterizó esas enseñanzas fue notable.

Unitatis Redintegratio afirma que la Iglesia incluye todos los cristianos y no se limita exclusivamente a la Iglesia Católica, mientras que Nostra Aetate reconoce que la verdad y santidad de las religiones no cristianas fue obra del mismo único Dios verdadero”.
¿Renée habrá entendido mal el Vaticano II? No, acabamos de mostrar que Unitatis Redintegratio enseña precisamente eso. Ahora veremos que el Vaticano II niega que la Iglesia sea completamente Católica y que afirma que existe salvación en las mencionadas sectas

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, #4:
“Sin embargo, las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud de catolicidad en aquellos hijos que, estando verdaderamente incorporados a ella por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Más aún, a la misma Iglesia le resulta muy difícil expresar, bajo todos los aspectos, en la realidad misma de la vida, la plenitud de la catolicidad”.
En este ítem 4 del mismo decreto sobre el ecumenismo el concilio Vaticano II niega que la Iglesia de Cristo es plenamente Católica. Esto es tan herético que si una persona cree en esto, no puede ni siquiera recitar el credo apostólico “creo en la Santa Iglesia Católica”, tendría que decir “creo en la Iglesia no completamente Católica”.

Pero, ¿por qué el Vaticano II afirmaría una herejía así tan ridícula? Hay una razón: la palabra “Católica” significa universal. Como hemos visto, el Vaticano II rechaza que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo al enseñar que casi todos aspiran por la Iglesia universal como si ella no existiese.

“Cardenal” Ratzinger, Dominus Iesus, #17, aprobada por el Antipapa Juan Pablo II, 6 de agosto de 2000:
“Por eso, también en estas Iglesias está presente y operante la Iglesia de Cristo, si bien falte la plena comunión con la Iglesia católica al rehusar la doctrina católica del Primado, que por voluntad de Dios posee y ejercita objetivamente sobre toda la Iglesia el Obispo de Roma”.
La religión del Vaticano II afirma que la Iglesia de Cristo es mayor que la Iglesia Católica. El decreto del Vaticano II, al negar que la Iglesia Católica es la Iglesia Universal de Cristo, al aspirar por la existencia de tal iglesia, sigue lógicamente que el Vaticano II enseña que la Iglesia, esto es la Iglesia Católica universal, no es capaz de realizar plenamente su catolicidad o universalidad debido a las divisiones entre los cristianos.

En otras palabras, según lo aclara la doctrina del Vaticano II las divisiones entre las incontables sectas protestantes, las sectas cismáticas orientales y la Iglesia Católica, impiden que la Iglesia universal -de la cual somos todos miembros, según el Vaticano II- realice su plena catolicidad y universalidad. 

Todo esto es una evidente confirmación de que el Vaticano II enseña que las sectas heréticas y cismáticas forman la Iglesia de Cristo. Con esa explicación, citaremos al Papa Clemente VI y al Papa León XIII para refutar esa horrible herejía del Vaticano II.

Papa Clemente VI

Papa Clemente VI, Super quibusdam, 20 de septiembre de 1351:
“Preguntamos: Primeramente, si vosotros y la iglesia de los armenios que os obedece, creen que todos aquellos que en el bautismo recibieron la misma Fe Católica y después se apartaron o se apartarán en el futuro de la comunión de la misma fe DE LA IGLESIA ROMANA, QUE ES LA UNICA CATÓLICA, son cismáticos y herejes, si permanecen obstinadamente divididos de la Fe de esta Iglesia romana”.
Papa León XIII, Satis Cognitum, # 17, 29 de junio de 1896:
“Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO”. 
Como podemos ver, cuando los herejes abandonan la Iglesia Católica, ellos no rompen su catolicidad o universalidad; ellos simplemente abandonan la Iglesia Católica. Pero esto no es así de acuerdo con el decreto sobre el ecumenismo de la secta del Vaticano II.

Michael J. Daley, “Los 16 Documentos del Concilio”, St. Anthony Messenger, Noviembre de 2005, pág. 15:
“El decreto sobre el ecumenismo (Unitatis Redintegratio) desea el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos y no simplemente un regreso a Roma. Admite que ambas partes tienen culpa en las divisiones históricas y establece las directrices para las actividades ecuménicas”.
Según este comentarista, el Vaticano II enseña que los protestantes y cismáticos no tuvieron culpa al haber abandonado la Iglesia Católica, que ambas partes fueron culpables. ¿Habrá por parte de él algún error en la comprensión del Vaticano II? No, de hecho, el Vaticano II enseña precisamente eso en esta sorprendente declaración. 

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
Los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”.
Esta declaración debe ser considerada cuidadosamente para que se perciba el impacto total de su malicia, al no dar ninguna clarificación o calificación. 

El Vaticano II emitió una declaración general y perdona el pecado de separación y herejía y el cisma a todos los que, nacidos en las comunidades protestantes o cismáticas, son excluidos de la fe de Cristo.


Un concilio increíblemente herético

Esto significa que no se puede acusar a cualquier protestante de ser un hereje, no importa cuan anticatólico sea, si hubiera nacido en una secta. Esto contradice directamente la Doctrina Católica, como ya vimos con el Papa León XIII. Todo aquel que rechaza un Dogma de Fe Católico es un hereje y culpable de su propia separación de la Verdadera Iglesia.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
“Es más: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia católica: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y algunos dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles”.
En el ítem 3 del decreto sobre el ecumenismo, encontramos más herejía. Éste afirma abiertamente que la vida de la gracia, la gracia santificante y la justificación existen fuera del ámbito visible de la Iglesia Católica. Esto es directamente contrario a la enseñanza solemne del Papa Bonifacio VIII en la bula Unam Sanctam.

Papa Bonifacio VIII

Papa Bonifacio VIII, Unam Samctam, 18 de noviembre de 1302:
“Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta”.
El Vaticano II rechazó el Dogma de que no hay perdón de los pecados fuera de la Iglesia Católica al afirmar que una persona puede poseer la vida de gracia, que incluye la remisión de los pecados, fuera de la Iglesia Católica. Y hay más herejía en la misma sección del decreto sobre el ecumenismo.

El Vaticano II afirma abiertamente que esas comunidades  que describe son medios de salvación

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
“Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia”.
Esta es una de  las peores herejías del Vaticano II: rechaza totalmente el Dogma de que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.

Papa San Pío X, Editae saepe, # 29, 26 de mayo de 1910:
Sólo la Iglesia posee junto con su magisterio el poder de gobernar y santificar la sociedad humana. A través de sus ministros y servidores (cada uno en su propio puesto y oficio), confiere a la humanidad los medios de salvación adecuados y necesarios”.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, 1441, ex Cathedra:
“[La Iglesia Católica] firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está reservado para el diablo y sus ángeles, a no ser que antes de su muerte se uniere con ella”.

Mártires no católicos?

En su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II también enseña que los no católicos dan testimonio de Cristo al derramar su sangre. El siguiente párrafo implica que hay santos y mártires en las iglesias no Católicas, lo que es una pavorosa herejía.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 4:
“Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre”.
Basándose en esta doctrina, el Antipapa Juan Pablo II amplía y repite esta herejía varias veces. 


Juan Pablo II, Ut unum Sint, # 1, 25 de mayo de 1995:
“El valiente testimonio de tantos mártires de nuestro siglo, pertenecientes también a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia católica, infunde nuevo impulso a la llamada conciliar y nos recuerda la obligación de acoger y poner en práctica su exhortación”.
Juan Pablo II, Ut unum Sint, # 84, 25 de mayo de 1995:
“La comunión aún no plena de nuestras comunidades está en verdad cimentada sólidamente, si bien de modo invisible, en la comunión plena de los santos, es decir, de aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso. Estos santos proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comunión de la salvación”.
La Iglesia Católica enseña dogmáticamente que fuera de la Iglesia no hay Mártires cristianos.

Papa Pelagio II, Epístola (2), Dilectionis vestrae, 585:
“Aquellos que no estuvieron dispuestos a estar de acuerdo con la Iglesia de Dios, no pueden mantenerse con Dios, aunque sean arrojados a las llamas y al fuego, ardan o, arrojados a las fieras, den su vida, no habrá para ellos esa corona de la fe, sino el castigo de la infidelidad, no un resultado glorioso (de virtud religiosa), sino la ruina de la desesperación. Tal persona puede ser muerta, mas no puede ser coronada”.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, sesión 11, 4 de febrero de 1442:
“Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica”.
En su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II también enseña que en las sectas orientales heréticas y cismáticas, la Iglesia de Dios es edificada.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 13-15
“Nuestra atención se fija en las dos categorías principales de escisiones que afectan a la túnica inconsútil de Cristo.

Las primeras tuvieron lugar en el Oriente, a resultas de las declaraciones dogmáticas de los concilios de Efeso y de Calcedonia, y en tiempos posteriores por la ruptura de la comunidad eclesiástica entre los patriarcas orientales y la Sede Romana.

Todos conocen con cuánto amor los cristianos orientales celebran el culto litúrgico, sobre todo la celebración eucarística, fuente de la vida de la Iglesia y prenda de la gloria futura, por la cual los fieles unidos a su Obispo, teniendo acogida ante Dios Padre por su Hijo el Verbo encarnado, muerto y glorificado en la efusión del Espíritu Santo, consiguen la comunión con la Santísima Trinidad, hechos "partícipes de la naturaleza divina". Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios, y por la concelebración se manifiesta la comunión entre ellas”.

La Iglesia Católica enseña que los herejes son las puertas del Infierno.

Papa Vigilio

Papa Vigilio, Segundo Concilio de Constantinopla, año 553
“Con estos asuntos, ya exhaustivamente tratados, tenemos en mente lo que fue prometido acerca de la Santa Iglesia y de aquel que dijo: ‘las puertas del infierno no prevalecerán contra ella’ (entendemos que esto son las lenguas mortíferas de los herejes)... por lo que consideramos estar en compañía del diablo, el padre de la mentira, las lenguas incontroladas de los herejes y sus escritos heréticos, junto con los propios herejes que persistieron en su herejía hasta la muerte”.
Papa San León IX, In terra pax hominibus, 2 de septiembre de 1053, al “Padre” de la Ortodoxia Oriental, Miguel Cerulário, cap. 7:
“La Santa Iglesia edificada sobre una piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro o Cefas, el hijo de Jonás, que antes se llamaba Simón, porque de ningún modo será vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen al caos hasta su ruina”.
Otra herejía que ocupa un lugar destacado en el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II es la constante expresión de reverencia por los miembros de las religiones no católicas.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
“En tiempos sucesivos surgieron discrepancias mayores, separándose de la plena comunión de la Iglesia no pocas comunidades, a veces no sin responsabilidad de ambas partes, pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”.
La Iglesia Católica no muestra reverencia a aquellos que niegan su enseñanza. La Iglesia trabaja y espera por su conversión, más denuncia y anatematiza como heréticos a los miembros de las sectas que rechazan la Doctrina Católica.

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, año 1215, Constitución 3, Sobre los Herejes:
Excomulgamos y anatematizamos todas las herejías que se opongan a esta Fe santa, ortodoxa y católica que expusimos anteriormente. Condenamos todos los herejes, se llamen como se llamen. En verdad, sus apariencias pueden ser diversas, pero están enlazados en la medida en que se asemejan por su orgullo”.
Papa Pelagio II, Epístola 1, Quod ad dilectionem, 585:
“Sin embargo, si alguien sugiere, o cree, o presume enseñar algo contrario a esta Fe, que sepa que está condenado y anatematizado según la sentencia de esos mismos Padres”.
Primer Concilio de Constantinopla, 381, Canon 1:
Anatematizamos toda herejía, y en particular a los eumonianos o anomeos, la de los arrianos o eudoxianos, de los semiarrianos o neumatocos, de los sabelianos, marcelianos, fotinianos y apolinaristas”.

El decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II también enseña que “en cuestiones teológicas debemos tratar a los no católicos en pie de igualdad”.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 9:

“Conviene conocer la disposición de ánimo de los hermanos separados ...  ayudan mucho por ambas partes las reuniones destinadas a tratar, sobre todo, cuestiones teológicas, donde cada uno pueda tratar a los demás de igual a igual, con tal que los que toman parte, bajo la vigilancia de los prelados, sean verdaderamente peritos”.

Ahora veamos como el texto del decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II está condenado por el Papa Pío XI en su encíclica Mortalium Animos contra el ecumenismo. 

El Vaticano II recomienda que nos relacionemos con los herejes de igual a igual, sin embargo, el Papa Pío XI advierte que los herejes están dispuestos a tratar con la Iglesia de Roma, pero solo “de igual a igual”. Cuando se lee la increíble especificidad con la cual el Vaticano II contradice la Doctrina pasada del Magisterio, una persona lo menos que puede hacer es preguntarse es si no habrá sido Satanás en persona quien escribió los documentos del Vaticano II.

Papa Pío XI, Mortalium Animos, # 7, 6 de enero de 1928, hablando sobre los herejes:
“Afirman que estarían dispuestos a tratar con la Iglesia de Roma, pero en igualdad de condiciones, es lo mismo que a un igual”.
Como hemos visto, con el documento Unitatis Redintegratio del concilio Vaticano II, podemos confirmar que los enemigos de la Iglesia Católica fundaron otra religión.


Fuente

EL MÉTODO DE OÍR MISA ESPIRITUALMENTE PARA LOS AUSENTES

Sucede a menudo que los católicos que se encuentran lejos de una iglesia, o a causa de una enfermedad o de algún otro impedimento inevitable, no pueden oír Misa los domingos y días de precepto. Las causas pueden excusar la presencia corporal, pero no nos dispensan de unirnos en espíritu a quienes gozan realmente de la dicha de estar en el templo santo de Dios.


De The Key of Heaven (La llave del cielo)

Los domingos y fiestas fueron instituidos por la Iglesia para que rindamos a Dios el culto que le debemos en cada momento de nuestra vida. Este culto es la Misa, que se ofrece por nosotros aunque no estemos presentes. Pero para gozar de los beneficios que procura, debemos, con una comunión espiritual, hacernos partícipes del altar del que estamos temporalmente desterrados. Excitad el deseo de visitar la casa de Dios y que toda la familia se arrodille ante un Crucifijo, una estatua de la Santísima Virgen o un cuadro piadoso. Luego, transportándoos en espíritu ante el altar donde se celebra la Misa, procurad seguir el servicio que allí se realiza.


Forma de hacer una buena intención antes de la Santa Misa

(Para usar cuando, por causa razonable, uno se ve impedido de ir a la iglesia).

Creo, Señor Jesús, que en la Última Cena ofreciste un verdadero Sacrificio; lo creo porque nos lo has dado a conocer por medio de la Iglesia Católica, que desde los tiempos apostólicos nos lo ha enseñado constantemente. Puesto que Tú ordenaste a los Apóstoles y a los sacerdotes ordenados por ellos que hicieran lo mismo hasta el fin de los tiempos, yo, por lo tanto, te ofrezco con el sacerdote este Santo Sacrificio de la Misa (que creo que es uno con el ofrecido en el Monte Calvario) para Tu honor y gloria, en reconocimiento de mi servicio más obligado, en acción de gracias por los innumerables beneficios que me has concedido a mí y al mundo entero, en satisfacción por mis pecados y los de toda la humanidad, y para obtener la gracia de la contrición perfecta por mis pecados. Te ofrezco también esta Santa Misa por mis amigos y bienhechores, y por aquellos por quienes estoy obligado, y por quienes Tú quieres que rece. La ofrezco también por mis enemigos, para que se conviertan, por todos los fieles difuntos, particularmente por mis padres y parientes, y por el bien de toda la cristiandad.


Oraciones durante el tiempo de la Santa Misa


I. Deseo de corazón de participar en el Santo Sacrificio

Santísima Trinidad, Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, fuente todopoderosa de todas las cosas; mi mejor Padre, mi misericordioso Redentor, la Fuente de mi santificación y felicidad, yo, tu indignísima criatura, me atrevo a presentarme ante Ti, para mostrarte a Ti, mi verdadero Dios y Creador, todo honor, adoración y confiada sumisión; para darte gracias por los innumerables beneficios que he recibido de Ti, para alabarte por tu gloria (pues he sido creado para tu alabanza); para implorar tus misericordias y aplacar tu justicia, porque he pecado contra Ti tan a menudo y tan gravemente. Todo esto no puedo hacerlo de manera más digna y perfecta que oyendo, con fe y devoción, la Santa Misa. Porque en ese Santo Sacrificio se te ofrece el más sublime Sacrificio de alabanza y acción de gracias, el más eficaz Sacrificio de súplica y propiciación, el más digno Sacrificio de salvación para vivos y muertos. Pero como hoy no puedo estar presente corporalmente en la Santa Misa, me pondré, al menos en espíritu, ante el altar donde Jesucristo, de manera incruenta, se ofrece, oh Padre celestial, a Ti. A este glorioso Sacrificio uno mi presente oración.

Deseo fervientemente, unido al Hijo de Dios, de la manera más fuerte alabarte, amarte, suplicarte, oh Padre Celestial, que repares todo el mal y la vergüenza que he causado, y que cumplas completamente todo lo que se puede lograr por el Santo Sacrificio de la Misa. Con este fin dame Tu Divina gracia, y concédeme realizar todo esto con sincera devoción. Amén.


II. Contrición de los pecados, con fe y confianza en Jesucristo, y ofrecimiento de sus preciosos méritos

Padre Santo, confieso con dolor que rara vez te he servido con un corazón indiviso, sino que más bien te he ofendido con frecuencia, y con mi pereza y negligencia me he acarreado una culpa infinitamente grande ante Ti. Por lo tanto, me refugio en los méritos de Tu Amado Hijo, ahora presente sobre el altar, Quien tan libremente nos encomienda e imparte Su gracia y favor. En el Santo Sacrificio de la Misa Jesús te ofrece por mí, la más alta veneración y amor, la más perfecta alabanza, la más cordial acción de gracias y la más bondadosa expiación. Por el perfecto perdón de mis pecados, oh Padre celestial, te ofrezco todo el sufrimiento y la muerte de Jesucristo, que ahora, de manera incruenta, se renuevan sobre el altar. Oh Padre benignísimo, tu Hijo ha sufrido y muerto también por mí, pobre pecador. Con amor agradecido traigo ante Ti, como una ofrenda preciosa y agradable, los méritos infinitos de su sufrimiento y muerte. Confío firmemente en que, a causa de este inestimable Sacrificio de tu Hijo, no tendrás en cuenta mi culpa y aumentarás en mí tus gracias. Amén.

Oh Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, a Ti acudo en busca de ayuda y gracia. Mira misericordiosamente mi miseria y mi desdicha, y deja que mis súplicas lleguen ante Ti. Para que me escuches con mayor seguridad, me presento ante el trono de tu gracia, que, para nuestra salvación, está establecido en el Santo Sacrificio de la Misa, donde el inocente Cordero de Dios es misteriosamente ofrecido a Ti, Padre Santo, Dios Todopoderoso, para la remisión de nuestros pecados. Mira, te ruego, la inocencia de este santo Sacrificio, y por él extiende sobre mí tu misericordia. Oh Salvador mío, ¡cuán grande es tu amor por mí que, para obtener la gracia de tu Padre, te impulsó a soportar por mí dolores tan amargos y hasta la misma muerte! ¡Cuán grande es todavía ese amor tuyo por mí, que te hace renovar incruentamente, en cada Santa Misa, tu muerte de propiciación, para aplicarme y comunicarme tus méritos! De todo corazón te doy gracias por éste, tu gran amor, y desde el fondo de mi alma te suplico que me hagas partícipe de sus frutos y me fortalezcas y confirmes con la gracia del Espíritu Santo, para que aborrezca el pecado y toda vida impía, para que crucifique mi carne con todas sus pasiones, me niegue a mí mismo y siga tus huellas, para que todos mis pensamientos y palabras, todo lo que haga o deje de hacer, sea un servicio vivo a Dios y un sacrificio agradable a El.

Como Tú mismo te ofreciste a tu Padre celestial, tómame también en los brazos de tu amor y de tu misericordia, y preséntame a mí, pobre pecador descarriado, como ofrenda a tu Padre, y no me separes más de su amor. Amén.


III. Adoración del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo, bajo la apariencia de Pan y Vino

Oh santísimo Jesús, ante Ti se arrodillan y adoran los coros celestiales; con ellos alzo mi voz y grito: Santo, Santo, Santo eres Tú, Señor de los ejércitos. El cielo y la tierra están llenos de tu gracia y gloria. Tú estás presente, oh Jesús, bajo la apariencia del pan y del vino. Escucha, escucha mi oración. Me golpeo el pecho y confieso mi indignidad; y con firme confianza Te imploro, oh Jesús, ¡ten piedad de mí! ¡Oh benignísimo Jesús, perdona mis pecados! ¡Oh Sangre santa, lávame de mis pecados! ¡Oh Sangre preciosa de Jesús! ¡Oh Sangre de Jesús, rica en gracia, clama al Cielo misericordia para conmigo! Dios santísimo, recibe esta preciosa Sangre, junto con el amor por el que que fue derramada; recíbela como ofrenda de mi amor y agradecimiento, para la mayor gloria de tu Nombre; para el perdón de mis pecados; en satisfacción de los castigos que he merecido; para el lavado de las manchas de mi culpa, como reparación de todas mis negligencias, y como enmienda de todos los pecados que he cometido por ignorancia o fragilidad; recíbela también como sacrificio por el consuelo de los afligidos; por la conversión de los pecadores; por la curación de los enfermos y de los que sufren; por el fortalecimiento de los que se acercan a la muerte; por el refrigerio, la purificación y la liberación de las almas de los difuntos en el Purgatorio. Amén.


IV. Confianza inquebrantable en Jesucristo

A Ti, oh benignísimo Jesús, elevo mis ojos y mi corazón. Oh, vuelve sobre mí Tu bondadoso semblante y Tu verdadero amor. Contempla, Señor, mi manifiesta necesidad y el gran peligro de mi alma. Recíbeme, oh Tú que eres mi único y verdadero mediador y ayudador. Sé Tú, por el Santo Sacrificio de la Misa, mi salvación, y obtén para mí la remisión total de mis pecados. Representa a Tu Padre cuán cruelmente fuiste azotado, coronado, crucificado y condenado a muerte por nosotros, y reconcilia así con la estricta justicia de Dios a mí, miserable pecador. Amén. 

Padre Nuestro. . . 

Dios te salve, María . . .


V. El que pide en el Nombre de Jesús, recibirá

Oh Cordero de Dios, que sufriste por nosotros, 
miserables pecadores, 
ten piedad de mí y ofrece al Padre tu Pasión para el perdón de mis pecados. 
Oh Cordero de Dios, que moriste por nosotros, 
miserables pecadores, 
ten piedad de mí y ofrece a Dios tu muerte en satisfacción por mis pecados. 
Oh Cordero de Dios, que te sacrificaste por nosotros,
miserables pecadores, 
ten piedad de mí y ofrece al Padre tu santa Sangre para la purificación de mi alma.

Padre celestial, te ofrezco esta preciosa y dignísima oblación. Mis pecados son más numerosos que los cabellos de mi cabeza, pero, oh Dios justo y misericordioso, pon esta preciosa ofrenda en una balanza y mis pecados en la otra, y eso compensará con creces mi culpa. 

Oh misericordioso, oh santo Dios, dame tu bendición antes de que termine mi oración, y por medio de esta bendición permíteme obtener gracia de inmediato para comenzar a enmendar mi vida, y renunciar a todo lo que es pecaminoso y desagradable a Ti. Sosténme en mi debilidad; fortaléceme cuando me asalten las tentaciones, y haz que nunca olvide que Tú estás cerca de mí.

¡Oh día precioso, pero tal vez el último de mi vida! 
¡Oh día feliz, si me hace mejor! 
Santa Madre de Dios, María, santos Ángeles y amigos de Dios, 
rogad por mí y conducidme por el camino de la verdad. 
Oh Dios, concede Tu amor a los vivos, y Tu paz a los muertos. 
Amén.


Acto de unión con el Sacrificio de la Misa cuando no podemos asistir a ella

Al no poder gozar hoy de la dicha de asistir a los santos Misterios, ¡oh Dios mío! me transporto en espíritu al pie de tu altar; me uno a la Iglesia que, por manos del sacerdote, te ofrece a tu Hijo adorable; me ofrezco con Él, por Él y en su nombre. Te adoro, Te alabo y Te doy gracias, implorando Tu misericordia, invocando Tu asistencia y presentándote el homenaje que Te debo como mi Creador, el amor que Te debo como mi Salvador. Aplica a mi alma, Te lo suplico, oh Jesús misericordioso, Tus infinitos méritos; aplícalos también a aquellos por quienes deseo orar particularmente. Deseo comunicarme espiritualmente, para que Tu Sangre me purifique, Tu Carne me fortalezca y Tu Espíritu me santifique. Que nunca olvide que Tú, mi Divino Redentor, has muerto por mí; que muera a todo lo que no eres Tú, para que en adelante pueda vivir eternamente contigo. Amén.



martes, 31 de octubre de 2023

RESCATANDO DEL OLVIDO AL PADRE MICHAEL MÜLLER CSSR

El padre Michael Müller CSSR fue un heroico sacerdote del siglo XIX silenciado injustamente por defender la Doctrina Católica.


Su vida

Michael Müller nació el 18 de diciembre de 1825 en Brueck, en la diócesis alemana de Treves. Fue en el Gymnasium de Treves donde oyó hablar por primera vez de la Congregación del Santísimo Redentor y del celo apostólico de sus miembros. Convencido de su vocación apostólica, ingresó en el noviciado redentorista de Bélgica. Emitió sus primeros votos y prosiguió sus estudios en Holanda. Bajo la dirección espiritual personal del Venerable José Passerat, discípulo y sucesor de San Clemente María Hofbauer como Vicario General, Müller se impregnó de la espiritualidad del Fundador de los Redentoristas, San Alfonso.

En 1851, el padre Müller fue uno de los once clérigos y sacerdotes elegidos por el Provincial de los Redentoristas americanos para ser enviados a Estados Unidos. Completó sus estudios teológicos en Cumberland, Maryland, y fue ordenado el 26 de marzo de 1853 por el gran obispo redentorista de Filadelfia, San Juan Nepomuceno Neumann, autor original de lo que se convirtió en el Catecismo de Baltimore y acérrimo enemigo de la herejía.

Tras su ordenación, el padre Müller fue encargado de la atención espiritual de los estudiantes profesos de Cumberland. El nombramiento para tal cargo demuestra la gran confianza que sus superiores depositaron en su sólida piedad y prudencia. Tres años más tarde, fue nombrado Superior y Maestro de Novicios en la fundación de la Congregación en Annapolis, Maryland. (Fue Müller quien reconstruyó el monasterio y el convento que hoy forman una de las principales atracciones de la capital de Maryland). En los años siguientes, sirvió a las comunidades redentoristas de América en diversos cargos, incluido el de Consultor del Provincial. “En todos estos lugares -señala un biógrafo- el Padre Müller mostró un celo incansable por el bienestar de las almas confiadas a su cuidado y por el mantenimiento de una disciplina regular”.

Como se ha dicho, había entrado en la Congregación con el ardiente fervor de un apóstol y un gran celo por la salvación de las almas. Sin embargo, al no estar dotado para la elocuencia de la predicación, tan necesaria para un misionero, ejerció ese fervor con la pluma. A mediados de la década de 1860, comenzó su carrera de escritor con varias obras ascéticas, entre ellas The Blessed Eucharist: Our Greatest Treasure (La Sagrada Eucaristía, nuestro mayor tesoro). Sus escritos dieron a conocer mejor a los Redentoristas y, de hecho, gracias a sus magistrales catecismos y especialmente a su serie de nueve volúmenes titulada God, The Teacher of Mankind (Dios, maestro de la humanidad), el nombre de Michael Müller se convirtió en una palabra familiar en las rectorías parroquiales. Las más de treinta y cinco obras que produjo le convirtieron en uno de los teólogos más destacados y leídos de América.


Su Defensa de la Doctrina

En 1875, Michael Müller publicó un libro de estilo catequético titulado Familiar Explanation of Christian Doctrine (Explicación familiar de la doctrina cristiana), que llevaba el imprimátur del arzobispo Roosevelt Bayley de Baltimore, y que había sido examinado por varios teólogos prominentes. Elogiado por muchos sacerdotes, obispos y laicos, el libro se vendió muy bien.

En él exponía la doctrina fundamental de la fe, extra Ecclesiam nulla salus, con tanta fuerza como lo había hecho el ya fallecido obispo de Filadelfia, San Juan Neumann, en su anterior catecismo:
P. ¿Quién se salvará entonces?

R. Cristo ha declarado solemnemente que sólo se salvarán aquellos que hayan hecho la voluntad de Dios en la tierra, tal como se explica, no por interpretación privada, sino por la enseñanza infalible de la Iglesia Católica Romana.

P. Pero, ¿no es una doctrina muy poco caritativa decir que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia?

A. Por el contrario, es un gran acto de caridad afirmar enfáticamente que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación posible; porque Jesucristo y Sus Apóstoles han enseñado esta Doctrina en un lenguaje muy claro...
Más de ochenta páginas de la Explicación familiar están dedicadas a explicar claramente por qué es imposible salvarse fuera de la Iglesia. Mostrando, por ejemplo, que la Fe Católica está fundada en la autoridad divina, mientras que la fe Protestante está basada solamente en la autoridad humana, el Padre Müller concluye:
P. ¿Tienen los protestantes alguna fe en Cristo?

R. Nunca la han tenido.

P. ¿Por qué?

R. Porque nunca vivió un Cristo como el que ellos imaginan y en el que creen.

P. ¿En qué Cristo creen?

R. En uno a quien pueden hacer mentiroso impunemente, cuyas doctrinas pueden interpretar como les plazca, y a quien no le importa lo que un hombre crea, siempre que sea un hombre honesto ante el público.

P. ¿Salvará a los protestantes tal fe en tal Cristo?

R. Ningún hombre sensato afirmará semejante absurdo.

P. ¿Qué se sigue de esto?

R. Que mueren en sus pecados y se condenan.
En otro lugar, el autor explica que no debemos juzgar quien ha muerto o no en sus pecados, pues nadie sabe lo que pasa entre Dios y las almas de los hombres en el momento de la muerte. Müller insiste también en que si un hombre busca sinceramente la verdad, Dios, en su infinita misericordia, le proporcionará los medios necesarios para salvar su alma, “enviando un ángel si es necesario”. El Padre Müller simplemente estaba reiterando la enseñanza de la Iglesia sobre el asunto, tal como fue definida solemnemente por los papas, que los católicos fieles nunca cuestionaron - hasta el Siglo XIX.


Respecto a la salvación para quienes están fuera de la Iglesia católica , el padre Müller escribió: “La Iglesia, por lo tanto, no es un cuerpo religioso entre muchos; es el único cuerpo religioso, inherente al orden divino de la creación [...] La lección, por lo tanto, sobre la Iglesia debe ser clara y sólida, y profundamente impresa en todos los que desean ser salvados; todos deben aprender y entender que sólo la Iglesia Católica es la Maestra de Dios, y las razones por las que la salvación fuera de ella es imposible.

Escribió sobre el concepto de ignorancia invencible o inculpable: “la ignorancia inculpable de los principios fundamentales de la fe excusa a un pagano del pecado de infidelidad, y a un protestante del pecado de herejía; porque tal ignorancia invencible, siendo sólo una simple privación involuntaria, no es pecado”.

Pero tal ignorancia nunca ha sido medio de salvación. Del hecho de que una persona que vive de acuerdo con los dictados de su conciencia, y que no puede pecar contra la Verdadera Religión a causa de ser ignorante de ella, muchos han sacado la falsa conclusión de que tal persona es salva, o, en otras palabras, está en el estado de gracia santificante, convirtiendo así la ignorancia en un medio de salvación o justificación”. 

La ignorancia inculpable nunca ha sido medio de gracia ni de salvación, ni siquiera para los ignorantes inculpables que viven a la altura de su conciencia. Pero de esta clase de ignorantes decimos, con Santo Tomás de Aquino, que Dios en su misericordia conducirá a estas almas al conocimiento de las verdades necesarias para la salvación, incluso les enviará un ángel, si es necesario, para instruirlas, antes que dejarlas perecer sin culpa. Si aceptan esta gracia, se salvarán como católicos”.


Controversia con los paulistas

La “controversia Müller” se precipitó cuando un obispo protestante anticatólico, Arthur C. Coxe, del oeste de Nueva York, atacó la Explicación familiar como prueba de la “falsa enseñanza de la Iglesia”

El pastor protestante Arthur C. Coxe

Impulsado por el ataque de Coxe, el 26 de enero de 1888 apareció un artículo en el periódico paulista Buffalo Catholic Union and Times. Era un ataque directo al padre Müller, y utilizado por los paulistas como disculpa ante los protestantes por la insistencia de Müller con la Doctrina extra Ecclesiam nulla salus. Su autor acusaba a Müller de “tergiversar la enseñanza de la Iglesia” y afirmaba que “los protestantes creen precisamente lo que la Iglesia Católica enseña sobre Cristo”. Aún más insidioso, el director de este periódico, el padre padre Cronin, C.S.P., al respaldar el artículo, se jacta del autor como “el sacerdote más prominente de los Estados Unidos”. ¿Quién iba a saberlo, ya que este “sacerdote más prominente” se escondía en el anonimato, firmando simplemente como “W”?

Que un clérigo protestante atacara esta Doctrina de la Iglesia era algo de esperar. Pero que un presunto “sacerdote católico” lo hiciera, y que un periódico católico dirigido por una congregación religiosa no sólo publicara, sino que avalara, tal desafiante contradicción del Supremo Magisterio, hasta ahora sería un escándalo impensable. En este caso concreto, sin embargo, no fue del todo sorprendente.

Isaac Hecker, un liberal infiltrado, ordenado sacerdote de la Iglesia Católica el año 1849

La Congregación de San Pablo, más conocida como los “Paulistas”, fue fundada en 1858 por Isaac Hecker, un converso estadounidense. En su libro The Emergence of Liberal Catholicism in America, Robert D. Cross describe así el espíritu de la congregación: “Aún más liberales, y quizá más americanos [que los sulpicianos], eran los paulistas”. El propio Hecker, dice Cross, “había sido el primer heraldo del espíritu liberal” y “fue expulsado de la Orden Redentorista porque estaba demasiado apegado a los principios americanos de indiferentismo religioso”. Resulta especialmente irónico que Hecker, tras completar sus estudios en Holanda en 1851, regresara a América junto con un grupo de redentoristas entre los que se encontraba nuestro héroe Michael Müller.

El 22 de marzo de 1888, el Buffalo Catholic Union and Times publicó otro ataque contra Müller y el Dogma de la Fe. Titulado “¿Tienen los protestantes fe divina?” por el autor paulista, el padre Alfred Young, el artículo afirmaba que la fe real de los protestantes, que son de buena fe, es idéntica a la nuestra en su cualidad esencial. Yo fui una vez protestante -afirmaba- y mi fe era tan verdadera y teológicamente divina como lo es hoy, y al convertirme al catolicismo no sufrió ningún cambio, y claramente no podía sufrir ninguno”. Esto lo decía un “sacerdote converso” que también señaló que había creído como protestante “que la Iglesia Católica Romana era la iglesia del anticristo, que era la mujer escarlata de Babilonia y el Papa el hombre de pecado; que enseñaba falsas doctrinas; que era la gran enemiga de toda verdad cristiana, moralidad y amor a Dios”.

Si un hombre es sincero en sus creencias religiosas, insistió Young, “ese hombre es católico a los ojos de Dios, y es católico a los ojos de la Iglesia, no importa cómo se llame a sí mismo, y aunque uno muera piadosamente como episcopaliano, presbiteriano, metodista, baptista o lo que sea, San Pedro le dejará entrar en el cielo como católico”. En otras palabras, “a Dios no le importa -dice Young- que un hombre profese una herejía que es contraria a Su Verdad revelada y a la autoridad infalible que Él estableció en la tierra. La implicación de Young es que “la sinceridad” es más poderosa incluso que Dios, ¡ya que supuestamente puede hacer que el error sea “idéntico” a la Fe Católica!

De hecho, Young no era un inconformista del espíritu paulista heredado de Isaac Hecker. De nuevo citamos a Cross, un protestante liberal que admiraba ese espíritu: “Aquellos paulistas que eran conversos y sentían la continuidad de sus aspiraciones religiosas resentían cualquier implicación de que en sus días protestantes habían estado más allá de los límites de la salvación. Cuando Hecker se hizo católico, se dijo a sí mismo: 'Mira, Hecker, si alguien dice que es más católico que tú, derríbalo'. Yo he sido católico de corazón toda mi vida y no lo sabía'”. Un “católico” así sólo podría tomarse en serio este absurdo si no creyera que no hay salvación fuera de la Iglesia católica. Pero entonces, puesto que la Iglesia profesa de hecho, que no hay salvación posible fuera de ella, ¿por qué alguien así, descreyendo de ella, querría insistir en llamarse católico?


Su defensa del dogma de la fe

San Pablo enseña que, “sin fe, es imposible agradar a Dios”. ¿Cualquier fe? No, dice el Apóstol: “Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”. La Verdadera Fe, por lo tanto, es una Fe divina, que encarna todas las verdades reveladas por Dios. Esa Fe divina sólo puede existir en la única Iglesia que Él fundó, cuya autoridad docente infalible Él estableció y garantizó, diciendo: “El que a vosotros oye, a Mí me oye”. Pues en materia de Fe y de Moral, la Iglesia sólo puede enseñar lo que Dios ha revelado. Deus revelans et Ecclesia proponens.

“Escuchad a la Iglesia”, ordena Nuestro Señor. Sin embargo, los protestantes desafían a la Iglesia. ¿Puede alguien decir que lo hacen “sinceramente”, sobre todo cuando la gracia del Sacramento del Bautismo, que recibieron, les impulsa siempre a las verdades de la Fe Católica? Si los protestantes llegan a creer ciertos misterios de nuestra Santa Fe Católica, no lo hacen por su creencia en la autoridad infalible de la Iglesia, sino sólo por su propia autoridad humana. Esto no es fe en absoluto; ni puede de ninguna manera llamarse sincera.

En respuesta a la teología herética propugnada por los paulistas, el padre Müller comenzó a preparar un panfleto para refutar sus graves errores.

El resultado fue un libro de gran tamaño titulado The Catholic Dogma: Outside the Church There is Positively no Salvation (El Dogma Católico: Fuera de la Iglesia no hay Positivamente Salvación). Publicado por los Hermanos Benzinger en julio de 1888, su propósito se explicaba en la Introducción de Mueller:
Ahora bien, ¿no es algo muy chocante ver tales errores condenables y opiniones perversas proclamadas como “Doctrina Católica” en un “periódico católico”, y en libros escritos y publicados recientemente por “católicos”?

Por lo tanto, hemos considerado nuestro deber hacer una presentación fuerte, vigorosa e intransigente de la gran y fundamental verdad, la misma valla y barrera de la verdadera religión, “FUERA DE LA IGLESIA POSITIVAMENTE NO HAY SALVACIÓN”, contra esos católicos blandos, débiles, tímidos y liberalizadores, que se esfuerzan por explicar todos los puntos de la Fe Católica “ofensivos para los no católicos”, y hacer parecer que no hay ninguna cuestión de vida y muerte, de cielo e infierno, involucrada en las diferencias entre nosotros y los protestantes.
“Ahora, para mostrar claramente y comprender bien sus graves errores -escribe Müller, refiriéndose a ese anónimo ‘sacerdote más prominente’ de los EE.UU.,- debemos exponer claramente el punto en cuestión. Este punto es: 'Fuera de la Iglesia Católica Romana no hay salvación'. Los herejes están fuera de la Iglesia Católica Romana; por lo tanto, si mueren como herejes, están perdidos para siempre.

El Dogma Católico es un estudio exhaustivo de los escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia sobre la cuestión de la salvación y prueba irrefutablemente que no hay salvación fuera de la unidad de la Iglesia. En el Prefacio, el Padre Müller cita al gran comentarista de las Escrituras, Cornelius a Lapide, sobre cómo los Doctos Teólogos han enseñado ésta y todas las Doctrinas de la Iglesia:
“Proponen cada dogma, especialmente el importantísimo dogma “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, con las palabras de la Iglesia y lo explican tal como ella lo entiende; tienen sumo cuidado en no debilitar en lo más mínimo el significado de este gran dogma, por la vía de proponerlo o explicarlo”.
En el número de agosto de Catholic World, otra publicación paulista, el padre Walter Elliot arremetió contra El Dogma Católico. 

El hereje paulista Walter Elliot

Müller, en respuesta, abordó el escándalo en el mismo foro público presentando un desafío formal a los discípulos liberales de Hecker. Entre el 15 de septiembre y el 1 de diciembre de 1888, se desató un debate sobre el dogma Extra Ecclesiam nulla salus en las páginas del New York Freeman's Journal, con el padre Michael Müller a un lado y los padres Young y Elliot al otro.

A falta de espacio para mostrar los intercambios entre los dos bandos opuestos, bastará con decir que cada uno fue previsiblemente coherente con las mismas posiciones y estrategias respectivas ya vistas. El bando paulista mostró tediosos sofismas sentimentalistas como teología; mientras que el padre Müller invocó inimpugnables enseñanzas de la Iglesia.

En la edición del 29 de septiembre, Müller cortó por lo sano el subterfugio de la calificación paulista que hacía que la Doctrina “significara cualquier otra cosa menos lo que las palabras implican literalmente”, cuando se centró en la verdadera cuestión en discusión: “Fuera de la Iglesia Católica no hay positivamente salvación”. Esta es una verdad revelada por Dios a Su Iglesia como cualquier otro Dogma Católico, y con toda seguridad Él sabe a quién admite y a quién no en el cielo. En nuestra obra [El Dogma Católico], hemos proporcionado a cada católico las mejores armas para defender la gran verdad en cuestión, que nunca fue puesta en duda en ningún siglo excepto en el nuestro, en el que los católicos de mentalidad liberal y los conversos que fueron recibidos en la Iglesia sin tener el don de la fe, han tratado de explicar el gran Dogma, o hacer creer que ciertos hombres pertenecen a la Iglesia que nunca pertenecieron a ella, y se salvan por invencible ignorancia”.

El difunto historiador provincial redentorista, el padre Michael J. Curley, hizo una crónica de esta controversia mucho después de que estallara el caso del padre Feeney en Boston. Obviamente influenciado por la notoriedad de la controversia del Padre Feeney, Curley no mostró ninguna simpatía por la defensa del Dogma de Fe por parte del Padre Müller. Sin embargo, da fe del interés favorable suscitado por la contribución del teólogo redentorista en el Freeman's Journal: “Muchos sacerdotes y otras personas aplaudieron los artículos de Müller creyendo que ya era hora de que alguien hablara en contra de lo que consideraban la creciente ola de liberalismo dentro de la Iglesia”.


Curley añadió que el editor del Freeman's Journal “fue informado de que los artículos de Müller habían hecho mucho bien y que había recibido [muchos] mensajes al respecto”.


El Padre Müller amordazado

“Como la controversia continuaba de manera acalorada”, escribió el padre Curley, “Schauer [el provincial redentorista] puso fin a las polémicas posteriores de su súbdito, el padre Müller, y planeó, o pensó en, enviar el asunto al superior general. Pero incluso antes de enviar el polémico asunto... los Redentoristas habían estado leyendo el Freeman's Journal y no estaban de acuerdo con la teología de Müller”.

El padre Nicholas Mauron, superior general, escribió a Schauer diciendo que “las polémicas personales de Müller no podían permitirse”. Curley escribió que el padre Mauron “deploraba algunas expresiones fuertes en el debate publicado y ordenó que se le prohibiera [a Müller] esta forma de polémica”.

Es cierto que el Padre Müller había utilizado un lenguaje fuerte. Exasperado por la inflexible indiferencia de Young y Elliot hacia las enseñanzas sagradas, el sacerdote les llamó lo que demostrablemente eran: deshonestos, anticatólicos, mentirosos y herejes. Pero el Sumo Sacerdote Eterno, Jesucristo, también utilizó un lenguaje fuerte - “sepulcros blanqueados”, “hipócritas”, “raza de víboras”, etc.- al condenar a los fariseos por sus escándalos. Acusar al Padre Müller de “polémica personal” fue superficial y absurdo. Estaba defendiendo la solemne enseñanza de la Iglesia sobre la cuestión de la salvación contra la negación pública de herejes con alzacuellos romanos.

Como escribió Müller en su artículo del 6 de octubre, titulado “La salvación es imposible fuera de la Iglesia”:

“Es este artículo de fe, no las razones que dimos para su verdad, lo que constituye la principal controversia que [los escritores paulistas] han provocado... Es una verdad revelada por Dios y propuesta por la Iglesia para nuestra fe... y por lo tanto como la Iglesia enseña, Fuera de Ella no hay positivamente salvación para nadie ... Cualquiera que se atreva a pensar en su corazón de otro modo que el que la Iglesia ha definido, debe saber que está condenado por su propio juicio, que ha naufragado en la fe y que se ha apartado de la unidad de la Iglesia”.

Sin embargo, el provincial redentorista Schauer cumplió las órdenes del Superior General, padre Nicholas Mauron de silenciar a Michael Müller y visitó al superior paulista, el padre Deshon. Deshon accedió a interrumpir el debate, pero sólo después de que se publicara un artículo más de Young. A Müller, mientras tanto, se le impidió publicar más artículos. Por lo tanto, con la concesión de Schauer a los paulistas, se les permitió quedarse con la última palabra, que fue el último artículo de Young, el 1 de diciembre. Para añadir insulto a la gran injuria, los paulistas violaron incluso este desafortunado acuerdo, ya que Elliot siguió con una crítica mordaz de “El Dogma Católico” de Müller. Al padre Müller no se le permitió responder.


Estrategias paralelas

Como Cornelius à Lapide afirmó anteriormente, cualquier artículo de la Fe debe ser interpretado en el mismo sentido estricto en que la Iglesia lo ha propuesto. Ciertamente, ningún Doctor de la Iglesia, ningún concilio ecuménico, ningún Santo y ningún Papa ha interpretado jamás esta Doctrina tan estrictamente, tan literalmente, como lo hizo el Padre Müller.

¿Cómo, entonces, se puede justificar lo que el padre Michael Curley relató sobre este caso? Lo que Mauron realmente “deploró” de la exposición del Padre Müller -dejando a un lado toda discusión sobre el “lenguaje fuerte”- fue el hecho de que “Müller había discrepado con el teólogo jesuita Hurter”, no distinguiendo a los herejes que supuestamente eran de “buena fe”? Esto simplemente no es cierto. Müller insistió, como lo hace la Iglesia, en que la ignorancia nunca puede ser un medio de salvación. En cualquier caso, la medida de la ortodoxia del Padre Müller eran los pronunciamientos infalibles de la Iglesia, o al menos los escritos de los Padres y Doctores y Santos de la Iglesia, no la opinión de algún teólogo de hoy en día.

No obstante, Mauron pidió que “teólogos reconocidos” examinaran la cuestión e informaran sobre el fondo del asunto, “no sea que cualquier otra declaración traiga la censura a Müller, e indirectamente la culpa a los Redentoristas”. ¿No traiciona tal pensamiento los prejuicios contra el sacerdote antes del examen e, implícitamente, una falta de fe en la Doctrina tal como ha sido definida?

Curley escribió que “Schauer sometió la doctrina Müller a dos teólogos redentoristas que entonces enseñaban en Ilchester...” (Énfasis añadido.) Aquí tenemos de nuevo otro paralelismo entre los casos Müller y Feeney: En la década de 1950, los opositores al Dogma de Fe lo llamaban la “doctrina Feeney”, dando a entender que era la creencia privada de una persona.

Los teólogos seleccionados para realizar el examen fueron los padres John Saftig y Joseph Henning. Saftig utilizó más de cien páginas de alemán tajante y discursivo para condenar la “teología de Müller”. Henning, que escribió ocho páginas en inglés, fue más moderado.

“Extra Ecclesiam nulla salus”, comienza Henning, “es un dogma definido en el IV Concilio de Letrán (1215) en la Professio Fidei, prescrito por Inocencio III a los valdenses, y en la bula de Eugenio IV Cantate Domino. Cuando el Concilio y los Papas definen que fuera de la Iglesia no hay salvación, sólo pueden querer decir una cosa, y es... que no hay salvación fuera de la sociedad orgánica visible llamada Santa Iglesia Católica Romana. El argumento en su forma más simple es el siguiente:

No hay salvación fuera de la Iglesia de Cristo.

La Iglesia Católica Romana es la Iglesia de Cristo.

Por lo tanto, fuera de la Iglesia Católica Romana no hay salvación.

¿Podría discutirse esta perfecta lógica tomista y la estricta conformidad con la enseñanza infalible de la Iglesia? ¿Y no era esto exactamente lo que el Padre Müller había dicho una y otra vez? Creyendo que las enseñanzas de la Iglesia eran las de Jesucristo mismo, y que todos debían conformar su fe a todas esas enseñanzas, ¿podía un católico por lo tanto, proponer que uno puede salvarse fuera de la Iglesia “orgánica visible”? Obviamente, no sin repudiar la Fe.

Sin embargo, eso es exactamente lo que este teólogo procedió a hacer en las siete páginas restantes de su informe, proponiendo la misma posición expuesta por los paulistas liberales, Young y Elliot - a saber, que si los protestantes son de “buena fe”, Dios los aceptará como católicos. Increíblemente, Henning presenta esta teorización como “Doctrina Católica”. A pesar de que no hay absolutamente ninguna autoridad solemne, o incluso una autoridad relativa (como un Padre o Doctor), en la Iglesia para darle un apoyo precedente. A pesar de que toda esa autoridad, incluida la de los Padres y Doctores de la Iglesia, la contradice claramente. Y aunque Henning expone sus propias dudas al respecto, diciendo: “Si tales casos existen en la realidad o no, ningún hombre puede saberlo, ya que sólo Dios sabe si existen los bona-fides (los de buena fe). Una cosa sigue siendo cierta, y es que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación” (!!).

¿Importaba a los superiores redentoristas que los mismos “teólogos responsables” convocados para juzgar la “teología de Müller” pusieran así en duda la ortodoxia de su propia teología interpretativa? Parecería que la censura del padre Müller era una conclusión predeterminada a pesar del resultado del “examen”.

La orden dada al Padre Müller fue que dejara de escribir artículos; y él la obedeció. Sin embargo, continuó publicando su libro “El Dogma Católico”, inquietando así a algunos en las altas esferas. Según Curley, el Santo Oficio comenzó a investigar el asunto. El resultado fue que, en 1897, el nuevo Superior General de los Redentoristas, el padre Matthias Raus, escribió al padre Müller. A continuación reproducimos la traducción de la mayor parte de la carta, escrita en latín:
Reverendo Padre:

He oído decir al Reverendísimo Padre Visitador que ni él ni el Padre Provincial pueden influir en usted para que se abstenga de publicar sus escritos, en los que sigue defendiendo la tesis que una y otra vez se le ha ordenado que deje de defender. En verdad debo confesar que no creí que fuera usted tan testarudo de mente y espíritu como para estimar tan a la ligera los mandatos de sus Superiores, tantas veces repetidos. Y eso sobre todo después de que (como se le ha indicado) la propia Sagrada Congregación del Santo Oficio le haya dado la misma prohibición.
Como se ha señalado, el padre Curley sí mencionó al Santo Oficio implicándose en este asunto. Pero en ninguna parte de su libro, meticulosamente documentado, se hace referencia a ningún documento específico de la Sagrada Congregación en relación con esta controversia.

La carta continúa:
Y así os ordeno, en virtud de la santa obediencia, que habéis prometido mostrar, habiendo profesado abiertamente vuestros votos entre nosotros, que no difundáis ningún escrito entre el pueblo ni hagáis nada en público; y sabed que, si hacéis lo contrario (lo que Dios no permita) pecaréis gravísimamente, y mereceréis ser expulsado de la Congregación.
La estrategia del caso Müller fue: Invocar la obediencia y amenazar con la expulsión de la comunidad religiosa, para acallar la defensa “obstinada” de un artículo de la Fe.

El principio fundamental es que sólo se debe obediencia en la medida en que la orden sea lícita. Claramente, es ilegal ordenar el silencio de quien defiende la Fe, especialmente cuando está siendo atacada. Asimismo, obedecer tal orden podría ser tan gravemente ofensivo para Dios como la orden misma.


La raíz del mal

¿Es posible que tantos Teólogos, Superiores Religiosos, Prelados y otros puedan estar todos equivocados en un asunto así? En el siglo IV, San Atanasio, Doctor de la Iglesia, se opuso prácticamente solo - Atanasio contra mundum - a la herejía arriana, que la inmensa mayoría de la jerarquía eclesiástica abrazaba, y fue perseguido sin piedad, incluso excomulgado. Por lo demás, cuando los doctos escribas y fariseos condenaban a Nuestro Señor, ¿cuántos de entre ellos defendieron al Salvador?

Pero el misterio persiste: ¿Cómo pudo suceder que la defección de esta Doctrina se convirtiera en pandemia durante los siglos XIX y XX? 


Al menos parte de la respuesta fue dada por la Reina del Cielo en La Sallette, más de cuarenta años antes de la controversia Müller. En el mensaje de Nuestra Señora al mundo, ella reveló:
... un gran número de sacerdotes y miembros de órdenes religiosas se separarán de la verdadera religión; entre estas personas habrá incluso obispos...
En el año 1864, Lucifer junto con un gran número de demonios serán desatados del infierno; acabarán con la fe poco a poco, incluso en aquellos dedicados a Dios. Los cegarán de tal manera que, a menos que sean bendecidos con una gracia especial, estas personas tomarán el espíritu de estos ángeles del infierno; varias instituciones religiosas perderán toda fe y perderán muchas almas...

Habiendo sido olvidada la verdadera fe en el Señor, cada individuo querrá estar por su cuenta...

Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo.
La Santísima Virgen dijo también: 
“Por todas partes habrá prodigios extraordinarios, ya que la verdadera fe se ha desvanecido y la falsa luz ilumina a los pueblos. Ay de los Príncipes de la Iglesia...” 
Melania, la joven vidente a la que se confió este mensaje, comentó en 1899 algunos de los “prodigios” malignos descritos por Nuestra Señora, diciendo que su explicación “algún día saldrá a la luz mediante un examen minucioso de los archivos luciferinos de la masonería (Énfasis añadido.)

La Masonería conspiradora, en su objetivo de destruir la Fe Católica y reemplazarla con los preceptos masónicos de la “Ilustración”, hizo de la erradicación de la Doctrina Extra Ecclesiam nulla salus una alta prioridad

Se sabe que el cardenal Rampolla, Secretario de Estado del Vaticano en la época en que el Santo Oficio se involucró en el caso Müller, era masón. En el Cónclave de 1903, Rampolla, a quien el Papa San Pío X describió más tarde como un “hombre miserable” al enterarse de sus vínculos masónicos, estuvo a pocos votos de ser elegido Papa.

Para una comparación final entre los casos de Müller y Feeney, observamos que, en 1899, el Papa León XIII publicó su encíclica, Testem Benevolentiae, condenando la herejía del americanismo. El Papa se inspiró para publicarla después de leer una biografía elogiosa del fundador paulista, Isaac Hecker, escrita nada menos que por el padre Walter Elliot, uno de los principales antagonistas de Müller. La encíclica condenaba a quienes “sostienen que es oportuno ganar a los que están en desacuerdo, si ciertos temas de Doctrina se pasan por alto como de menor importancia, o se suavizan tanto que no conservan el mismo sentido que la Iglesia siempre sostuvo. Obviamente, se trataba de una defensa del Dogma de Fe tal y como lo presentaba el Padre Müller. Pero el hecho de que el Papa no actuara contra los culpables de esta herejía, y su terminología general, dejaron suficiente ambigüedad para que los “escapistas espirituales” se burlaran impunemente de la condena.

En consecuencia, el padre Müller tuvo que cargar con el estigma de los ultrajes cometidos contra su nombre; y el mundo católico no prestó prácticamente ninguna atención a este tema.


Los últimos días de Mueller

Cuando el padre Müller recibió el interdicto de Raus, su salud ya se estaba debilitando rápidamente. En su quincuagésimo año como miembro de la Congregación del Santísimo Redentor, regresó a Annapolis. Allí fue recibido con una bienvenida que lo conmovió tanto que, cuando intentó expresar su agradecimiento, sólo pudo derramar lágrimas.


Tras soportar una enfermedad debilitante durante varios meses, el fiel y heroico campeón de la fe puso fin a sus días mortales el 28 de agosto de 1899. Era la fiesta del gran Doctor de la Iglesia, San Agustín, que escribió:
Nadie puede tener la salvación sino en la Iglesia Católica. Fuera de la Iglesia Católica se puede tener cualquier cosa menos la salvación. Puede tener el honor, puede tener el bautismo, puede tener el Evangelio, puede creer y predicar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; pero no puede encontrar la salvación en ningún otro lugar que no sea la Iglesia Católica.

Sus Obras 

La Santísima Eucaristía: Nuestro mayor tesoro (1868)

Reglas de oro para dirigir comunidades religiosas, seminarios, colegios, escuelas, familias, etc. (1871)

Oración: la clave de la salvación (1874)

Explicación familiar de la doctrina cristiana (1875)

Devoción del Santo Rosario (1876)

Triunfo del Santísimo Sacramento: o historia de Nicola Aubry (1877)

El hijo pródigo o el regreso del pecador a Dios.

Educación en escuelas públicas

Dios Maestro de la Humanidad (1877) en nueve volúmenes:
Volumen I. La Iglesia y sus enemigos.
Volumen II. El Credo de los Apóstoles.
Volumen III. El primer y mayor mandamiento.
Volumen IV. Continuó la explicación de los Mandamientos.
Volumen V. Dignidad, Autoridad y Deberes de los Padres, Poderes Eclesiásticos y Civiles. Su enemigo.
Volumen VI. Gracia y los Sacramentos.
Volumen VII. El Santo Sacrificio de la Misa.
Volumen VIII. Sagrada Eucaristía y Penitencia.
El dogma católico: Extra Ecclesiam Nullus Omnino Salvatur 1888


HALLOWEEN ESCONDE UNA TRAMPA MORTAL

El vicepresidente de la Asociación Internacional de Exorcistas ha hecho un drástica advertencia.


“Me dirijo en particular a los padres, a los progenitores y a los responsables de la educación de los niños y de los jóvenes, de su formación para la vida. Que sepan que el designio de llevar a sus hijos a los brazos del enemigo de Cristo y de la humanidad en general está siempre al acecho”, señala en carta pública padre Francesco Bamonte.

“Halloween está de nuevo a la vuelta de la esquina, y desde hace algún tiempo la maquinaria comercial y consumista ofrece todo tipo de artilugios para niños y jóvenes. Pero la noche del 31 de octubre es cualquier cosa menos una fiesta o una broma”. Así lo advierte tras años de experiencia el connotado sacerdote italiano Francesco Bamonte, vicepresidente de la Asociación Internacional de Exorcistas.

En un comunicado de prensa que acaba de hacer público, el padre Bamonte es explícito y drástico en la conclusión de su análisis: “Halloween esconde una trampa mortal”, advierte.

El sacerdote identifica cómo algunos sitios web infantiles -donde se describen personajes y escenarios de terror-, tienen incluso enlaces que llevan directamente a páginas de satanismo y magia negra. Y ¿cuál sería la razón de esta perversa práctica? ….

“Se debe a que quienes planifican y difunden socialmente el mal saben que, acostumbrando a los niños a los símbolos y contenidos del lenguaje esotérico y ocultista, cuando se conviertan en jóvenes y adultos se acercarán de forma natural y familiar al ocultismo; visto por los colaboradores del diablo como una alternativa a oponer al cristianismo para las nuevas generaciones”, comenta padre Bamonte.

“Halloween -dice- no es un carnaval de otoño. Recuerda que sigue siendo la representación secularizada y sincretista de una celebración pagana: la fiesta de Samhain, de origen celta, durante la cual -en las noches entre finales de octubre y principios de noviembre, coincidiendo con el Año Nuevo de los celtas- los druidas realizaban sacrificios animales y humanos, así como ritos propiciatorios. Su supuesta cristianización a través del Día de Todos los Santos no sólo es una justificación endeble, sino falsa y peligrosa”, señala el exorcista.

En su comunicado padre Bamonte recuerda que “Halloween también se ha convertido repetidamente en escenario de tragedias y masacres en todo el mundo. Algo que no es un hecho casual. Me gustaría recordar -argumenta Bamonte- los crímenes cometidos en torno a Halloween desde hace al menos medio siglo, como -en años más recientes- el tristemente famoso asesinato de Perugia. También se producen desapariciones de niños en torno a la 'fiesta'. Así como se multiplican los actos de blasfemia y sacrilegio contra la fe y los símbolos cristianos. Todo ello contribuye a definir el marco no sólo ocultista y demoníaco, sino íntimamente violento de Halloween, que deriva de los ritos de Samhain, favorecidos por los satanistas para la celebración y exaltación de las fuerzas del mal enemigas de la humanidad”.

Al respecto, el exorcista trae a colación la masacre ocurrida en Seúl (Corea del Sur) el año pasado. La noche del 29 de octubre de 2022, durante las celebraciones de Halloween en el distrito de Itaewon, al menos 158 personas, en su mayoría jóvenes, murieron aplastadas. Cuatro de las víctimas eran adolescentes, 95 eran veinteañeros, 32 treintañeros y 9 personas de más de cuarenta años. 

“Los satanistas -revela padre Francesco Bamonte- acogieron esta tragedia con gran satisfacción, entre otras cosas porque sabemos que en vísperas de Halloween 'rezan' a Satán para que ocurra algún hecho sangriento en particular. Al mismo tiempo, con esto no pretendemos establecer una correlación directa entre ese trágico suceso y las 'oraciones' diabólicas, pero no podemos dejar de señalar que esa enorme multitud, en un espacio tan reducido, estaba celebrando Halloween”, reflexiona.

El sacerdote italiano recuerda otro dato quizá no muy conocido por algunos… Y es que los devotos del Maligno, en esa noche de Halloween como en las anteriores y posteriores, en el curso de los perversos rituales que realizan en honor de Satán, “le ofrecen los juegos, diversiones y 'energías' de todos aquellos que, al celebrar Halloween, evocan más o menos conscientemente el mundo de las tinieblas. De hecho, están convencidos de que esto refuerza el poder del diablo tanto en la sociedad como en ellos mismos, que lo evocan, ofreciéndole e incluso sacrificándole la vida del prójimo”, denuncia el padre Bamonte.

En su declaración pública, el vicepresidente de la Asociación Internacional de Exorcistas hace un directo llamado a los padres y responsables del cuidado de niños y jóvenes:

“… Nosotros, sacerdotes exorcistas, no nos cansamos de advertir contra esta macabra ocasión, que no sólo está relacionada con conductas inmorales o peligrosas, sino también con la ligereza de diversiones consideradas 'inofensivas', no sólo se puede preparar el terreno para una futura acción extraordinaria del demonio, sino que le permite minar y desfigurar el alma de los jóvenes. Me dirijo en particular a los padres, a los progenitores y a los responsables de la educación de los niños y de los jóvenes, de su formación para la vida. Que sepan que el designio de llevar a sus hijos a los brazos del enemigo de Cristo y de la humanidad en general está siempre al acecho. Especialmente en estos días”.



AIE

¿SE ACABÓ EL AMOR?

Los tiernos gestos que Francisco mostró hacia su ex secretario privado


Las fotos muestran a Bergoglio tomándole tiernamente las manitas en público a Gonzalo e intercambiando “miradas cariñosas” con  el uruguayo. 


Lo que sea que signifique esta muestra pública de afecto queda al discernimiento y al criterio de cada uno. Gonzalo ha dicho en una entrevista que “el papa es un faro para su vida sacerdotal”.


Miradas que hablan. El “padre” Aemilius, de 41 años, conocido del cardenal Jorge Mario Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires, fue invitado por Francisco para ser su “secretario personal”, cargo que ocupó desde el 26 de enero de 2020 hasta julio de 2023.



Pero... el carilindo Gonzalo ya no está

Dicen que Bergoglio (no se sabe porqué causa) prefiere que sus secretarios permanezcan con él sólo cinco años, pero en esta ocasión, el joven Adonis elegido por Bergoglio apenas estuvo a su lado 3 años y medio... ¿qué habrá ocurrido? ¿una ruptura? ¿una traición? Quizás nunca lo sabremos.


Recordemos que su anterior secretario personal fue el argentino “monseñor” Fabián Pedacchio, de 49 años, que ocupó ese cargo desde 2013 hasta que Bergoglio mandó a llamar a Aemilius


A juzgar por el gesto de Bergoglio junto a su nuevo “secretario personal”, el “padre” Daniel Pellizon, de 40 años, ahora no se lo ve muy feliz.