miércoles, 21 de septiembre de 2022

PÍO XII Y EL EPISCOPADO

Debemos al Papa Pío XII algunas aclaraciones cruciales sobre la naturaleza del episcopado.

Por el padre Jean-Michel Gleize


El Motu Proprio Ecclesia Dei Afflicta, emitido por el papa Juan Pablo II el 2 de julio de 1988, caracteriza el acto por el que el arzobispo Lefebvre consagró a cuatro obispos en Ecône el 30 de junio anterior en estos términos (en el párrafo 3): "Ese acto ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia —que lleva consigo un verdadero rechazo del Primado romano— constituye un acto cismático". Este pasaje ha hecho correr mucha tinta en su momento - y todavía lo hace. En particular, está en la raíz profunda de la división que afecta al movimiento llamado "tradicionalista" y, en todo caso, de la divergencia entre la Sociedad de San Pío X y la Sociedad de San Pedro, esta última fundada como reacción contra las consagraciones de Ecône por antiguos miembros de la primera. La correcta comprensión -y el análisis crítico- de esta declaración del papa, tan cargada de consecuencias, requiere un conocimiento preciso de los datos revelados sobre la naturaleza del episcopado en la Iglesia. El presente artículo se propone indicar su contenido a la luz de las enseñanzas tradicionales del Magisterio de la Iglesia, constantemente repetidas hasta las novedades introducidas por el Concilio Vaticano II.

2. Debemos al Papa Pío XII importantes aclaraciones sobre la naturaleza del episcopado y su lugar en la constitución divina de la Iglesia. Estas aclaraciones aparecen en tres grandes textos, tres Encíclicas, que son: la Encíclica Mystici corporis del 29 de junio de 1943 [1]; la Encíclica Ad sinarum gentem del 7 de octubre de 1954 [2]; la Encíclica Ad apostolorum principis del 29 de junio de 1958 [3]. El segundo y el tercero de estos textos se refieren a la doctrina expuesta en el primero y la desarrollan, denunciando las empresas cismáticas de la iglesia patriótica china.


El episcopado in Mystici corporis

3. La Encíclica Mystici corporis trata de la Iglesia, "desarrollando especialmente", dice Pío XII, "lo que se refiere a la Iglesia militante". La idea esencial, que será retomada por Ad sinarum gentem y Ad apostolorum principis, es que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, en el sentido de que Cristo es la cabeza de la sociedad eclesial, es decir, quien la gobierna y le comunica el impulso vital. Pero Cristo ejerce este gobierno invisible a través del gobierno de su vicario, colocado a la cabeza de una jerarquía visible. Esta es la precisión esencial que determina el lugar del episcopado, entendido en el sentido de un poder de jurisdicción, es decir, en el sentido de una autoridad basada en el poder de gobernar la Iglesia, en dependencia de su cabeza suprema, Cristo. Este poder de jurisdicción, como en el vicario de Cristo, es un poder universal y supremo. Este poder es universal porque el Papa lo ejerce para gobernar a todos los miembros de la Iglesia y es supremo porque toda otra autoridad en la Iglesia está subordinada a la del Papa.

5. Estas son las primeras aclaraciones de Pío XII: "No se piense, sin embargo -dice-, que la dirección de Cristo se limita a un modo invisible o extraordinario; por el contrario, el divino Redentor gobierna su Cuerpo Místico visible y ordinariamente a través de su Vicario en la tierra. [...] Se equivocan peligrosamente, pues, quienes creen que pueden adherirse a Cristo, cabeza de la Iglesia, sin adherirse fielmente a su Vicario en la tierra. Porque al suprimir esta Cabeza visible y romper los lazos luminosos de la unidad, oscurecen y deforman el Cuerpo místico del Redentor hasta tal punto que ya no puede ser reconocido ni encontrado por los hombres en busca del puerto de la salvación eterna".

6. Sin embargo, Pío XII da más detalles, ya que Cristo, aunque estableció a San Pedro y a sus sucesores como cabezas visibles de toda la Iglesia, también quiso confiar una parte de la autoridad en su Iglesia a otros que no fueran su vicario. Así, los obispos reciben un poder de jurisdicción, no supremo sino subordinado al del Papa, no universal sino restringido a ciertos límites. Los obispos son, pues, necesariamente parte de la constitución divina de la Iglesia, y Pío XII precisa que la autoridad se distribuye en el Cuerpo Místico de Cristo de manera proporcional entre la del Papa y la de los obispos: "Lo que acabamos de decir de la Iglesia universal debe afirmarse también de las comunidades particulares de cristianos, tanto orientales como latinas, que juntas forman una sola Iglesia católica: es Jesucristo quien las gobierna a través de la voz y la jurisdicción de cada obispo... En cuanto a su propia diócesis, cada uno, como verdadero pastor, apacienta y gobierna en nombre de Cristo el rebaño que le ha sido asignado".

7. Esta complejidad del gobierno de la Iglesia exige una tercera aclaración, y Pío XII se ocupa de explicar cómo se articulan el poder del Papa y el de los obispos. Aquí tienen lugar los importantes datos que serán retomados en Ad sinarum gentem y Ad apostolorum principis, y que deben seguir sirviendo de norma segura y de punto de referencia para los católicos del tiempo presente, enfrentados a un estado de necesidad. Si es cierto que los obispos gobiernan cada uno, en virtud de una potestad ordinaria y propia, la parte de la grey de la Iglesia que les ha sido asignada, ejercen esta potestad en dependencia del primado de jurisdicción del Papa, y ello por dos motivos. En primer lugar, porque en el ejercicio mismo de esta potestad quedan sometidos al Papa. En segundo lugar, porque el propio poder que ejercen les es comunicado por el Papa. La subordinación se explica, pues, no sólo en razón del ejercicio de la potestad, sino más radicalmente aún en razón del ser mismo de esta potestad, que se recibe como participación de la del Papa, es decir, como participación de la potestad del Vicario de Cristo, y por lo tanto, como participación de la potestad misma de Cristo, a través de la del Papa.

8. Esta es la importante aclaración que hace Pío XII: "Sin embargo, en su gobierno, los obispos no son totalmente independientes, sino que están sometidos a la legítima autoridad del Pontífice de Roma, y si gozan de la potestad ordinaria de jurisdicción, ésta les es comunicada inmediatamente por el Sumo Pontífice. La expresión del texto latino es inequívoca: "immediate sibi ab eodem Pontifice impertita". Nótese la presencia del adverbio "inmediato", que significa "inmediatamente" o "sin intermediarios". La idea de esta expresión exige una explicación exhaustiva, que las otras dos Encíclicas de Pío XII nos darán la oportunidad de desarrollar. Por el momento, basta recordar que la articulación de los poderes de gobierno en la Iglesia consiste en que Cristo, habiendo comunicado la esencia misma de su propio poder a su vicario, el Obispo de Roma, comunica también, por su intermedio, una participación en este poder a los demás obispos, cada uno de los cuales gobierna una porción del rebaño en dependencia del Pastor supremo y universal.


El episcopado en Ad sinarum gentem

9. Cuando Pío XII dirigió su Encíclica "al pueblo chino, que nos es tan querido", así como al episcopado y al clero de este pueblo, la Iglesia en China estaba sufriendo una violenta persecución por parte de su gobierno de inspiración comunista. El Papa recuerda que, a pesar de esta persecución, hay que mantener el principio de que "será absolutamente necesario que también la comunidad de cristianos de vuestro país, si quiere formar parte de la sociedad divinamente fundada por nuestro Redentor, esté en todo sujeta al Sumo Pontífice, Vicario de Jesucristo en la tierra, y que esté muy unida a él en materia de fe religiosa y de moral".

10. Pío XII recuerda también en esta ocasión la distinción establecida por la propia voluntad de Cristo, una distinción de derecho divino, entre una doble potestad sagrada, la potestad de orden y la potestad de jurisdicción: "eademque voluntate duplex constituitur sacra potestas, ordinis nempe et jurisdictionis". Y precisa que: "como también ha sido establecido divinamente, el poder de las órdenes (a través del cual la jerarquía eclesiástica está compuesta por obispos, sacerdotes y ministros), proviene de recibir el sacramento del orden sagrado. Así el poder de jurisdicción, que se confiere al Sumo Pontífice directamente por los derechos divinos, fluye a los Obispos por el mismo derecho, pero solo a través del Sucesor de San Pedro". Así pues, se distingue aquí no sólo entre dos poderes de distinta naturaleza, sino también entre dos formas diferentes de comunicar uno y otro poder. La potestad del orden, que en el obispo es la facultad de conferir las órdenes sagradas y de administrar el sacramento de la confirmación, se comunica por la misma recepción del sacramento del orden, como cuando el obispo ordena a un sacerdote o cuando un obispo realiza la consagración episcopal de otro obispo. La potestad de jurisdicción, en cambio, es comunicada al Papa directamente por Cristo, con ocasión de la aceptación de su elección al Soberano Pontificado, y a los obispos es comunicada "sólo por" el sucesor de Pedro, es decir, en la medida en que el Papa comunica al obispo, por un acto de su voluntad, una participación en la potestad de jurisdicción que él mismo tiene en plenitud, como vicario de Cristo.

11. Cabe señalar que aquí Pío XII utiliza una expresión cuyo significado es similar al que hemos destacado en Mystici corporis. El poder de jurisdicción es comunicado "sólo" por el Papa, es decir, "sin intermediarios". Por lo tanto, tal intermediario no puede ser el cumplimiento del rito sagrado, que comunica el poder del orden por sí solo. Los dos poderes sagrados, el orden y la jurisdicción, se comunican cada uno de forma absolutamente propia y específica, de dos maneras mutuamente excluyentes. El poder del orden debe ser comunicado por un rito sagrado, y la sola voluntad del Papa no es suficiente. El poder de jurisdicción debe ser comunicado por la sola voluntad del Papa, y el rito sagrado no es suficiente.

12. Esta es una aclaración importante, que aparece aquí. La idea ya estaba presente en Mystici corporis, pero la Encíclica Ad sinarum gentem, que llegó algo menos de diez años después, tiene la ventaja de hacerla más explícita en relación con las necesidades de la Iglesia en China. Pío XII afirma aquí que la potestad de jurisdicción es comunicada a los obispos por el Papa de un modo distinto a la consagración episcopal. Este último comunica sólo la potestad de orden, de modo que, tomado como tal, un obispo consagrado no goza aún de la potestad de jurisdicción. Esto se comunica por un acto de voluntad del Papa, un acto adicional que debe añadirse al acto de consagración episcopal realizado por un obispo. Esta distinción, ya explicitada por Pío XII en Ad sinarum gentem, se pondría aún más de manifiesto cuatro años más tarde en la Encíclica Ad apostolorum principis.


El episcopado en Ad apostolorum principis

13. Esta Carta Encíclica está dirigida por el Papa a los arzobispos, obispos, sacerdotes y fieles de la Iglesia en China. En él, Pío XII sigue animando a los católicos chinos que se enfrentan a la persecución de las autoridades comunistas. Pero también tuvo que reaccionar contra la iniciativa cismática de una "Asociación Patriótica", fomentada por el gobierno de turno. "El objetivo de esta Asociación [...] sería unir al clero y a los fieles en nombre del amor a la patria y a la religión, propagar el espíritu patriótico, promover la paz entre el pueblo, cooperar en la construcción del socialismo ya establecido en el país, ayudar a las autoridades civiles a defender lo que llaman la política de la libertad religiosa". Pero bajo este vago pretexto, la Asociación quiere llevar a los católicos a dar su apoyo al comunismo. En este contexto, este llamado movimiento patriótico proclama el derecho de los católicos a confiar el gobierno de las diócesis a los obispos, con la aprobación de las autoridades civiles. "A pesar de una advertencia explícita y severa dirigida a los interesados por la Sede Apostólica, se atrevieron incluso a conferir la consagración episcopal a algunos clérigos", dijo el Papa. Pío XII denunció este hecho como un signo de "rebelión contra la Iglesia", así como de "graves ataques a la disciplina y a la unidad de la Iglesia". Y esto le llevó a recordar, esta vez con todo detalle necesario, "la doctrina y los principios que rigen la constitución de la sociedad divinamente fundada por Jesucristo Nuestro Señor", absolutamente opuesta a estas maniobras cismáticas de la Asociación Patriótica.

14. El punto esencial de la enseñanza recordada por Pío XII, y que debemos retener aquí, es el siguiente. Hace referencia explícita a las enseñanzas ya dadas en las dos Encíclicas anteriores. "Los obispos que no han sido nombrados ni confirmados por la Sede Apostólica, pero que, por el contrario, han sido elegidos y consagrados desafiando sus órdenes expresas, no disfrutan de poderes de enseñanza o jurisdicción que pasa a los obispos sólo a través del Romano Pontífice, como lo advertimos en la Carta Encíclica Mystici Corporis en las siguientes palabras: "... lo gobierna en nombre de Cristo. Sin embargo, en el ejercicio de este cargo no son del todo independientes, sino que están subordinados a la autoridad legal del Romano Pontífice, aunque disfrutan del poder ordinario de jurisdicción que reciben directamente del mismo Sumo Pontífice. Y cuando más tarde le dirigimos la carta Ad sinarum gentem, nuevamente nos referimos a esta enseñanza en estas palabras: "El poder de jurisdicción que se confiere directamente por el derecho divino al Sumo Pontífice llega a los obispos por ese mismo derecho, pero solo a través del sucesor de Pedro, a quien no solo los fieles sino también todos los obispos están obligados a estar constantemente sujetos y a adherirse tanto por la reverencia de la obediencia como por el vínculo de la unidad".

15. Pío XII reafirma aquí la doble distinción, ya mencionada anteriormente, entre los dos poderes de orden y jurisdicción, por un lado, y las dos formas diferentes de comunicarlos, por otro. La potestad de jurisdicción es comunicada por el Papa y sólo por él, independientemente de la consagración episcopal, que sólo comunica la potestad de orden. Esto se demuestra aquí, si es necesario, por la expresión utilizada al principio del pasaje citado: "Los obispos que no han sido nombrados ni confirmados por la Sede Apostólica, pero que, por el contrario, han sido elegidos y consagrados desafiando sus órdenes expresas, no disfrutan de poderes de enseñanza o jurisdicción". Aquí se distingue entre, por un lado, los obispos que no han sido nombrados o confirmados por el Papa, sin haber sido consagrados todavía, y, por otro lado, los que no sólo no han sido nombrados o confirmados por el Papa, sino que incluso han sido consagrados contra su decisión. El hecho de conferir la consagración episcopal y de comunicar la potestad de orden contra la voluntad del Papa no hace más que agravar el ataque ya realizado a la unidad de la Iglesia. Lo que provoca es la pretensión de comunicar el poder de jurisdicción confiriendo un nombramiento que pertenece al Papa y sólo a él.

16. En el resto del texto, Pío XII insiste en la ilegitimidad de los actos realizados en virtud de su potestad de orden por los obispos que recibieron su consagración episcopal contra la voluntad de Roma, a instigación del poder comunista. "Los actos que requieren el poder de las órdenes sagradas", dice el Papa, "que realizan los eclesiásticos de este tipo, aunque son válidos siempre y cuando la consagración que se les haya conferido sea válida, aún son gravemente ilícitos, es decir, criminales y sacrílegos". Esto se refiere a los actos resultantes del poder del orden, es decir, la concesión de las órdenes sagradas y la administración del sacramento de la confirmación, realizadas por estos obispos cismáticos. A diferencia de la potestad de jurisdicción, que no han podido recibir, ya que sólo el Papa puede darla, por institución o misión canónica, y que por lo tanto, es en ellos nula, inválida, su potestad de orden es válida, y bastante real, ya que resulta de un rito sagrado, que actúa por sí mismo. Pero el ejercicio de esta potestad de orden es ilícito, ya que el poder que lo origina fue conferido contra la voluntad del Pastor Supremo de la Iglesia.

17. Encontramos aquí la misma distinción, recordada anteriormente, entre una potestad de orden y una potestad de jurisdicción, que no sólo son distintas en su esencia de poder, sino que son separables, de modo que un mismo sujeto, un obispo, puede tener la una sin la otra, ya que la una se confiere de manera distinta a la otra. La consagración episcopal, que comunica la potestad de orden, puede realizarse válidamente sin que se haya realizado la institución canónica del Papa, que comunica la potestad de jurisdicción. El obispo así consagrado estará, por lo tanto, sujeto a la potestad de orden sin estar sujeto a la potestad de jurisdicción. Esta situación puede darse por motivos muy diferentes: bien porque el Papa autorice la consagración episcopal sin dar al obispo consagrado la potestad de jurisdicción, como ocurre con los obispos titulares [5], los obispos ad honores consecrati o los obispos coadjutores; o bien porque, aunque el Papa no haya autorizado la consagración episcopal ni haya dado la potestad de jurisdicción, la consagración se haya realizado. En el primer caso la consagración es legítima, mientras que en el segundo normalmente no lo es. Pero es importante hacer otra distinción aquí.

18. En efecto, si nos situamos en el plano de las posibilidades puras y teóricas, quien consagra a un obispo contra la voluntad del Papa y de manera ilegítima puede proponerse hacerlo con dos intenciones diferentes. En primer lugar, puede proponer comunicar tanto el poder de orden por medio de la consagración como el poder de jurisdicción, por medio de una autoridad que se arroga y que sólo pertenece al Papa. Pero, en segundo lugar, también puede proponer comunicar sólo el poder de orden por medio de la consagración sin comunicar el poder de jurisdicción y sin usurpar la autoridad del Papa. Por supuesto, esta distinción sigue siendo teórica, y en la práctica, la mayoría de las veces, si no siempre, los que consagran a un obispo contra la voluntad del Papa pretenden comunicar no sólo el poder de orden mediante la consagración misma, sino también -y sobre todo- el poder de jurisdicción, usurpando el poder del Papa. Así son los consagradores cismáticos, que desgraciadamente marcan toda la historia de la Iglesia. Sin embargo, la otra alternativa sigue siendo posible: consagrar a un obispo contra la voluntad del Papa puede hacerse sin usurpar el poder del Papa, es decir, sin que el consagrador pretenda comunicar una jurisdicción que sólo el Papa puede comunicar. En tal situación, el consagrador comunica lo que efectivamente puede comunicar, ya que el poder de orden depende como tal de una consagración válida, con o sin la aprobación del Papa.

19. Veamos, pues, dónde se encuentra el "ataque a la unidad de la Iglesia" y, en última instancia, el cisma. El cisma no consiste en negarse a rendir a la autoridad lo que se le debe, ya sea en un acto aislado o raramente, o incluso en la mayoría de los casos. Eso es desobediencia, pero no es cisma. El cisma consiste precisamente en negarse por principio a subordinar las propias acciones al precepto de la autoridad y separarse de ella para erigirse en autoridad competidora. Quien se arroga la autoridad misma del Papa para comunicar una potestad de jurisdicción de la que no es fuente, cumple esta definición de cisma, mientras que quien realiza una consagración episcopal contra la voluntad del Papa, para comunicar la potestad de orden, no cumple esta definición de cisma y sólo comete desobediencia.

20. También vemos lo que precisamente sería contrario al derecho divino y, por lo tanto, una imposibilidad teológica. Comunicar de alguna manera el poder de jurisdicción en la Iglesia contra la voluntad del Papa contradice un principio de derecho divino, y por lo tanto, representa una imposibilidad teológica. Ninguna situación excepcional, ninguna circunstancia extraordinaria podría no sólo legitimar sino incluso hacer posible la comunicación del poder de jurisdicción contra la voluntad del Papa. Por otra parte, comunicar la potestad de orden contra la voluntad del Papa, mediante la realización de una consagración episcopal, no contradice un principio de derecho divino, ya que la Revelación divina no enseña que sólo el Papa pueda proceder a una consagración episcopal. La ley divina enseña que cualquier obispo puede hacerlo, ya que es una posibilidad teológica. Es cierto que el mismo derecho divino enseña también que la comunicación de la potestad del orden, mediante la consagración episcopal, debe hacerse conforme a la voluntad del Papa, pero ya no se trata de una posibilidad o imposibilidad teológica, sino de una necesidad moral, en el plano de la acción. En este plano, pueden darse situaciones excepcionales y las circunstancias, ciertamente extraordinarias, pueden ser tales que el bien común de la Iglesia exija que se lleve a cabo una consagración episcopal contra la voluntad abusiva de un mal Papa.

21. Estas aclaraciones, tomadas del texto del propio Pío XII, arrojan luz sobre el resto de la Encíclica. "De lo que os hemos explicado", dice el Papa, "se deduce que ninguna autoridad, salvo la que es propia del Pastor Supremo, puede anular el nombramiento canónico otorgado a cualquier obispo; que ninguna persona o grupo, ya sea de sacerdotes o de laicos, puede reclamar el derecho de nominar obispos; que nadie puede conferir legalmente la consagración episcopal a menos que haya recibido el mandato de la Sede Apostólica". Hay que señalar la diferencia: nadie más que el Pastor Supremo puede retirar o dar el poder de jurisdicción, mientras que nadie puede conferir legítimamente la consagración episcopal contra la voluntad del Papa. La primera negación se refiere a la posibilidad misma, mientras que la segunda no se refiere a la posibilidad sino a la legitimidad de lo que sigue siendo, en cualquier caso, posible. Por otra parte, cuando Pío XII insiste entonces en la gravedad de la consagración episcopal ilegítima, esta gravedad debe entenderse como el acto que agrava la usurpación de poder por el que se ha comunicado el poder de jurisdicción contra la voluntad del Papa. La misma consagración de la que habla Pío XII en referencia a los sucesos de China no sólo es ilegítima sino cismática, porque el obispo consagrante se arroga el poder de comunicar la jurisdicción. "En consecuencia, si se hace una consagración de este tipo contraria a todos los derechos y leyes, y por este delito se ataca seriamente la unidad de la Iglesia, se establece una excomunión reservada specialissimo modo a la Sede Apostólica, en la que incurre automáticamente el consagrador y cualquier persona que haya recibido la consagración conferida de manera irresponsable".


El episcopado en la Sociedad no es cismático

22. Suponiendo -dato non concesso- que el acto de consagración episcopal del 30 de junio de 1988, realizado por el arzobispo Lefebvre, constituya "una desobediencia al Sumo Pontífice en un asunto gravísimo y de capital importancia para la unidad de la Iglesia" [6], no puede decirse que esta desobediencia "conlleve un rechazo real del primado del Obispo de Roma" y "conlleve, como consecuencia, un acto cismático". El arzobispo Lefebvre no quiso arrogarse la autoridad del Sumo Pontífice para comunicar a los cuatro obispos consagrados por él un poder de jurisdicción. Se contentó con comunicarles el poder del orden, mediante el sagrado rito de la consagración episcopal. Esta distinción es posible desde el punto de vista teológico, como hemos demostrado a la luz de las enseñanzas de Pío XII. La intención del arzobispo Lefebvre no era en absoluto cismática ("lejos de mí erigirme en Papa", exclamó en la homilía que pronunció con motivo de las consagraciones). Las consagraciones de Ecône no son en absoluto comparables a las consagraciones cismáticas realizadas en China a instancias de la Asociación Patriótica. El arzobispo Lefebvre lo explicó en su homilía del 30 de junio de 1988: "No somos cismáticos. Si la excomunión fue pronunciada contra los obispos de China -que se separaron de Roma y se sometieron al gobierno chino- es fácil entender por qué el Papa Pío XII los excomulgó. Pero no se trata de que nos separemos de Roma y nos sometamos a cualquier poder ajeno a Roma y constituyamos una especie de Iglesia paralela, como hicieron los obispos de Palmar de Troya, en España, por ejemplo, nombrando un Papa y creando un colegio de cardenales. No se trata de esas cosas para nosotros. Lejos de nosotros pensar en distanciarnos de Roma". Esta intención del arzobispo Lefebvre no es utópica, y excluye formalmente de su acto cualquier alcance cismático, porque, como enseña Pío XII, tal intención es teológicamente posible y factible.

23. Por lo tanto, la iniciativa del 30 de junio de 1988 debe entenderse y justificarse a la luz de las enseñanzas magisteriales más tradicionales y auténticas, en conformidad con las tres grandes encíclicas del Papa Pío XII.


Notas:

1) AAS, vol. XXXV (1943), pp. 193-248; el pasaje que nos interesa es el que aparece en las pp. 210-212, cuya traducción al francés aparece en Documents pontificaux de Sa Sainteté Pius XII, Editions Saint Augustin, Saint Maurice, 1943, pp. 171-172.

2) AAS, vol. XLVII (1955), pp. 5-14; el pasaje que nos interesa es el que aparece en las pp. 8-9, cuya traducción al francés aparece en los Documents pontificaux de Sa Sainteté Pie XII, Editions Saint Augustin, Saint Maurice, 1954, pp. 410-412.

3) AAS, vol. L (1958), pp. 601-614; el pasaje que nos interesa es el que aparece en las pp. 609-613, cuya traducción al francés aparece en Documents pontificaux de Sa Sainteté Pie XII, Editions Saint Augustin, Saint Maurice, 1958, pp. 334-337.

4) AAS, vol. XLVII (1955), p. 9.

5) Este apelativo de "titular" proviene del hecho de que estos obispos reciben el título simbólico de una antigua diócesis, ahora habitada principalmente por infieles o cismáticos.

6) Hemos demostrado en otro lugar (Verano 88 (II) publicado en la página del 10 de mayo de 2022 del sitio web de La Porte Latine) que aquí no hay desobediencia, sino resistencia legítima a un abuso de poder de la autoridad.


La Porte Latine

FRANCIA: EXPULSAN A CATÓLICOS POR REZAR UN ROSARIO DE REPARACIÓN POR EVENTO BLASFEMO EN LA CATEDRAL

Treinta fieles se reunieron en la catedral de Metz con las banderas de Santa Juana de Arco y San Miguel para rezar el Rosario y realizar un acto de desagravio. El motivo: La catedral fue utilizada el 5 de setiembre como sede de un evento profano de handball.



El “canónigo” Dominique Thiry, sacerdote de la catedral, llamó a la policía para que expulsara a los que rezaban. Thiry fue quien permitió el evento de handball. La policía sacó a los católicos y grabó sus identidades, escribe @jili22 en Gloria.tv .


Esto le parece apropiado al “canónigo” Thiry


Se lo ve muy feliz con el dedo en alto en señal de aprobación, ¡esta todo OK!


Una de las personas que allí se reunieron para rezar un rosario de reparación era la joven Cassandre Fristot, quien fue increpada por Thiry para que se retirara del lugar. ¿Como se le ocurre a esta joven católica hacer semejante barbaridad en la Catedral? ¿Un rosario de reparación? ¡Los jugadores de handball semidesnudos alrededor de la mesa del Novus Ordo no le molestaron en absoluto!.




¿DEBO ASISTIR A UNA MISA QUE NOMBRA AL “PAPA FRANCISCO” EN EL CANON?

Los sedevacantistas deberían ser coherentes, especialmente desde la llegada de Bergoglio.

Por el padre Anthony Cekada (✞)


Un tema actual discutido sin cesar en los foros tradicionalistas en los últimos años es si los católicos tradicionales deberían asistir a una misa en latín tradicional en la que el sacerdote mencionaría el nombre de un papa falso (como Juan Pablo II, Benedicto XVI o, actualmente, Francisco) en la primera oración del Canon.

Estas misas a veces se denominan "misas una cum", porque la frase latina en la que se inserta el nombre de un papa reinante dice: una cum famulo tuo Papa nostro N. ( junto con Tu siervo N., nuestro Papa )

Ahora, aquellos de nosotros que hemos llegado a una comprensión correcta de la situación real en la Iglesia, los llamados "sedevacantistas", afirmamos que Bergoglio/Francisco es un hereje (si no un apóstata) y, por lo tanto, no es un verdadero Papa. Entonces, a primera vista, no tiene ningún sentido para nosotros participar en una misa donde, unos momentos antes de la consagración, el sacerdote proclama que Bergoglio es Papa nostro, “nuestro papa”.

En muchas partes del mundo, sin embargo, la única Misa tradicional en latín disponible puede ser la ofrecida por un sacerdote (Motu Proprio, FSSP, Fraternidad San Pío X o independiente) que pone el nombre del falso Papa en el Canon. Frente a elegir esto o nada, un laico sedevacantista a veces se ve tentado a asistir a la Misa de todos modos. ¿Por qué no podía simplemente pasar por alto el nombre y “simplemente ir a la misa”?

Para responder a esta pregunta, recurrí a los escritos de liturgistas, canonistas y teólogos anteriores al Vaticano II, así como a varios pronunciamientos y decretos papales. Aquí es donde se supone que los sacerdotes debemos buscar respuestas, en lugar de confiar solo en el instinto, la opinión personal y disparar desde la cadera.

Basado en esa investigación, escribí un extenso estudio titulado “El Grano de Incienso: Los Sedevacantistas y las Misas Una Cum” y lo publiqué en 2007.

Mi respuesta (más o menos) fue esta: No, no puedes simplemente “pasar por alto” el nombre de un papa falso en el Canon de una Misa tradicional si eres un sedevacantista. Su nombre allí afirma que él es un verdadero Papa, y al asistir activamente a tal Misa, participas en esa afirmación falsa. Ya que sabes que él no es el Papa, esto es pecaminoso.

Proporcioné toda la documentación teológica para esa respuesta en “Grano de incienso”. Pero dado que leer un artículo largo no es la taza de té de todos los tradicionalistas (incluso si logré deslizar algunas bromas en las notas al pie de página...), decidí escribir un breve resumen de mis argumentos que se publicó en 2008.

Desde entonces, por supuesto, el supuestamente “tradicional” Ratzinger ha sido reemplazado por Bergoglio, y sus locas payasadas han comenzado a hacer que el pensamiento antes impensable del sedevacantismo sea bastante pensable para mucha gente. Pensé que sería una buena idea actualizar el artículo original aquí, para ayudar a estos católicos a razonar las conclusiones prácticas que se derivan de la comprensión de que los papas posteriores al Vaticano II no son verdaderos papas en absoluto.

¡También podría usar ESTO!


I. ¿Qué significa la oración “Una Cum”?

Hay dos formas de ver esta frase: su significado lingüístico (¿Qué significan la gramática, los términos y el contexto?) y su significado teológico (¿Qué doctrinas expresa?).

(a) Lingüísticamente. Desde esta perspectiva, poner el nombre de Bergoglio en una cum en el Canon afirma que él es un verdadero Papa (“nuestro Papa”). Obviamente, los sedevacantistas rechazan eso.

También afirma que Bergoglio es miembro de la verdadera Iglesia, porque su nombre se menciona en la oración por la Iglesia.

Los sedevacantistas también rechazan esto. Porque la base misma de nuestra posición es la enseñanza de los canonistas y teólogos de que la pérdida de la membresía en la Iglesia produce la pérdida automática del pontificado en un papa hereje. La herejía en un papa lo pone fuera de la Iglesia y por lo tanto fuera de su cargo.

(b) Teológicamente (Doctrinalmente). En “Grano de incienso” resumí los significados teológicos estándar que varios teólogos, canonistas y liturgistas asignaron a la frase una cum en el Canon.

Cuando insertamos el nombre de Bergoglio en la oración y aplicamos estos significados a esa frase, esto es lo que resulta:

■ El hereje/falso papa Bergoglio es “la cabeza de la Iglesia, el vicario de Cristo y el sucesor del bienaventurado Pedro”.

■ El reconocimiento del hereje/falso papa Bergoglio en el Canon es “la principal y más gloriosa forma de comunión” con él, “la profesión de una mente y voluntad que abraza firmemente la unidad católica”.

■ La inclusión del nombre del hereje/falso papa Bergoglio en el Canon lo especifica como “el principio de unidad”.

■ Mencionar el nombre del hereje/falso papa Bergoglio en el Canon es una señal de que “no estás separado de la comunión con la iglesia universal”.

■ La mención del nombre del hereje/falso Papa Bergoglio en el Canon “es una prueba de la ortodoxia del oferente”.

■ El hereje/falso papa Bergoglio es el “Pontífice gobernante, el pastor visible y el intermediario autorizado ante Dios todopoderoso para los diversos miembros de su rebaño”.

Dado que los sedevacantistas somos lógicos acerca de la situación en la Iglesia, que Bergoglio es un hereje y no un Papa, estas proposiciones son ridículas.

Sin embargo, son lo que resulta cuando un sacerdote profesa en el Canon que ofrece la Misa tradicional una cum, junto con Tu siervo Francisco, nuestro Papa.

¿El camino de salida?


II. ¿No puedo "retener mi consentimiento"?

El sacerdote en una Misa una cum, por supuesto, es el que pronuncia la frase objetable. ¿No podría el sedevacantista en el banco que se opone a ella simplemente “rehusar su consentimiento” de esa parte del Canon, pero aun así asistir a la Misa de otra manera para cumplir con su obligación u obtener las gracias sacramentales?

Bueno, no. Para cumplir con su obligación dominical u obtener las gracias sacramentales en la Misa, se requiere una asistencia o participación activa. Esta es una propuesta de todo o nada. O ayudas activamente o no lo haces.

En “Grano de incienso”, enumeré al menos nueve formas en las que un católico asiste activamente a una Misa tradicional cuando se celebra. Cada una de estas formas es una verdadera forma de asistencia o participación activa, y según la enseñanza católica constituye “cooperación o acción común con otro en las oraciones y funciones del culto”.

Cité a varios papas y teólogos anteriores al Vaticano II que enseñaron que los laicos que asisten activamente a la Misa, al hacerlo, manifiestan su consentimiento y cooperación moral con el sacerdote cuando ofrece el sacrificio. De hecho, se requiere la unidad moral con el sacerdote para cumplir con la obligación dominical.

Finalmente, demostré que los Padres de la Iglesia, y de hecho el mismo Papa Pío XII en la Encíclica Mediator Dei, enseñan específicamente que los fieles que asisten activamente a la Misa ratifican, asienten y participan en las oraciones del Canon que recita el sacerdote, aunque ellos mismos no recitan vocalmente estas oraciones.

Por lo tanto, no hay forma de que el sedevacantista lo evite. La misma asistencia activa a la Misa requerida para el cumplimiento de vuestra obligación dominical os une también indisolublemente a la acción de un sacerdote en el altar. Entonces, cuando el sacerdote proclama durante el Canon que ofrece el sacrificio junto con Tu siervo Francisco, nuestro Papa, el archi-hereje y falso papa Bergoglio, la oración del sacerdote es tu oración.


III. ¿Qué tiene de malo participar?

En “Grano de incienso”, respondí esta pregunta con gran detalle. Demostré que si te has convertido en un sedevacantista, sabes que Bergoglio no es un verdadero Papa, pero asistes activamente a una misa una cum sin embargo, por ese hecho tú:

1. Dices una mentira perniciosa.

2. Profesas la comunión con los herejes.

3. Reconoces como legítima la Iglesia Ecuménica Mundial

4. Profesas implícitamente una religión falsa.

5. Condonas una violación de la ley de la Iglesia.

6. Participas en un pecado.

7. Ofreces Misa en unión con el hereje/falso papa Bergoglio.

8. Reconoces al usurpador de un cargo eclesiástico.

9. Ofreces una ocasión para el escándalo.

10. En el caso de las Misas ofrecidas por el clero de la “resistencia” (la FSSPX, sus afiliados y muchos clérigos independientes) participas en Misas gravemente ilícitas y perdonas el pecado del cisma.

Esta lista, les aseguro, no es simplemente el producto de mis propios caprichos y cavilaciones personales. Se basa en las enseñanzas de varios canonistas, moralistas, teólogos y decretos aprobados por el papa que cité y mencioné en mi artículo original. Si eres escéptico, léelo.

Tales actos no son los que quieres tener en tu conciencia. Un simple laico de buena fe que tuviera ideas confusas sobre la cuestión del Papa podría no ser subjetivamente culpable. ¿Pero un sedevacantista que se ha dado cuenta de los problemas?

Pero él SIGNIFICA “el bien”...


IV. Objeciones, por favor...

En “Grano de incienso”, enumeré diez (10) objeciones anticipadas a mi argumento y, con base en varias fuentes teológicas, respondí a cada una.

Aquí, recapitularé solo los más comunes y ofreceré una breve respuesta. Para una explicación más completa, una vez más, vea el artículo.

(a) ¿Mi obligación dominical tiene prioridad? Falso. Hay muchas causas legítimas que excusan de esto. La asistencia activa a una Misa una cum implica (entre otras cosas) el reconocimiento de la falsa iglesia y religión del Vaticano II. Obviamente, eso constituye un “daño espiritual notable”, una de las condiciones que excusan a los católicos de la obligación del domingo.

(b) ¿El sacerdote tiene “buenas intenciones”? Irrelevante. Esto no cambia lo que significa una cum o el hecho de que participes en ella. Es posible que el sacerdote no sepa nada mejor, pero como sedevacantista, ciertamente lo sabes mejor .

(c) ¿Los sacerdotes “sedevacantistas” tienen opiniones diferentes? Estas opiniones son tan buenas como las razones detrás de ellas y, por lo que he visto, en su mayoría son reacciones espontáneas. Pero la teología, no las tripas, tiene que ser la base para abordar un tema tan importante.

Si algún sacerdote no está de acuerdo con mis conclusiones en “Grano de incienso”, lo invito a investigar el tema en las diversas fuentes que cité y luego ofrezco una refutación punto por punto de mis argumentos. En los años transcurridos desde que apareció por primera vez “Grano de incienso”, nadie ha intentado esto todavía, así que estoy seguro de que mis argumentos y conclusiones se mantienen.

(d) ¿Mi familia y yo perderemos las gracias de la Misa y por lo tanto la fe misma? Seré franco: no puedes obtener gracias de una Misa en la que participas consciente y activamente en una mentira sacrílega que afirma la legitimidad de la falsa jerarquía y religión del Vaticano II.

Y en cuanto a tus hijos, el cripto-modernismo del clero de la Misa Motu, incluso si obtiene el "buen" copón con las hostias válidamente consagradas, o los errores venenosos de la FSSPX con el papado, eventualmente corromperán la fe de tus hijos. En tres décadas como sacerdote, he visto a muchas familias que alguna vez fueron sólidamente tradicionalistas rendirse paso a paso a la nueva religión debido a la decisión de ir a una Misa una cum “conveniente”.

No des el primer paso en ese camino.

En unión con ESTO???


V. ¿Y ahora, en unión con Bergoglio?

Sospecho que muchas almas dejaron pasar el tema de una cum debido a la percepción general de que Juan Pablo II y Benedicto XVI al menos daban la apariencia de ser de alguna manera más “tradicionales”, y que esto de alguna manera mitigaría el acto de un sacerdote despistado que nombró a Juan Pablo o a Benedicto en el Canon.

En este punto, sin embargo, la elección de Bergoglio cambia las reglas del juego. Es abiertamente modernista y está encaminado a implementar el Vaticano II y destruir los cimientos mismos del magisterio de la Iglesia. Como señalé en un artículo anterior en octubre de 2013, esto se hace evidente cuando agrupas los resúmenes de las escandalosas declaraciones que Bergoglio ha hecho sobre cuestiones de fe y moral:
(a) Fe: No hay un Dios católico, la seguridad doctrinal ya no existe, el que dice tener todas las respuestas no tiene a Dios dentro de sí, el proselitismo es una tontería, los ateos pueden ir al cielo, etc.

Estas declaraciones echan por tierra el significado del Credo, la naturaleza de Dios, la posibilidad de llegar a las verdades doctrinales, la misión divina de convertir a los demás a esas verdades, y la fe como requisito para la salvación eterna.

(b) Moral: Las enseñanzas morales (sobre los mandamientos 6 y 9) son una multitud inconexa de doctrinas que no se pueden imponer con insistencia, no hay que obsesionarse con tales asuntos (aborto, “matrimonio” homosexual y anticoncepción), lo que objetivamente es adulterio admite de una “solución pastoral”, quién soy yo para juzgar, cada uno tiene su propia visión del bien y del mal, la intromisión espiritual en la vida personal es imposible, etc.

Estas declaraciones retratan los pecados mortales como bagatelas, castigan como “obsesionados” a los que dicen lo contrario, banalizan el adulterio, reprueban los juicios morales, entronizan la conciencia como autónoma y suprema, y ​​renuncian efectivamente al derecho del magisterio de decir cualquier cosa a la conciencia individual.
Desde que escribí lo anterior, hemos visto a Bergoglio tergiversar el contenido del (blasfemo) Corán y alentar públicamente a los musulmanes a seguirlo, dirigirse a un laico protestante como su "hermano obispo", caracterizar el pentecostalismo protestante como una manifestación del Espíritu Santo, guiñar un ojo a la anticoncepción y las “uniones civiles” y, más recientemente, elogiar un discurso del cardenal Walter Kasper que allanó el camino para dar sacramentos a los católicos en segundos matrimonios (adúlteros).

¿Podría algún sedevacantista en su sano juicio defender ahora la proposición de que asistir a una Misa en la que un hereje de este tipo es proclamado un verdadero Papa, y de hecho ofrecido en unión con él, no es ofensivo para Dios, y simplemente una cuestión de mera indiferencia?


* * * * *

Mártires de Nicomedia

Para aquellos que aún no han leído nuestro artículo original, su título, “Grano de incienso”, puede parecer un poco desconcertante. Alude a la práctica romana durante las persecuciones de permitir que un cristiano escapara de la muerte si ponía un solo grano de incienso en un fuego encendido para honrar a dioses falsos. Una y otra vez, los cristianos eligieron el martirio en lugar de hacer este pequeño acto de tributo a una religión falsa. Un relato conmovedor se encuentra en el Martirologio Romano y se canta cada año en la Vigilia de Navidad:

En Nicomedia, se sacrificaron muchos miles de santos mártires. En la fiesta del nacimiento de Cristo se habían reunido en la casa del Señor, y el emperador Diocleciano ordenó que se cerraran las puertas de la iglesia y que todo lo que la rodeaba se preparara para el fuego. Luego colocó un trípode e incienso frente a la puerta, y envió un heraldo para proclamar en voz alta que cualquiera que que quisiera escapar de la quema debería presentarse y ofrecer incienso a Júpiter. A lo cual respondieron todos a una voz, que preferirían morir por causa de Cristo; con lo cual encendió el fuego y se consumieron, y nacieron en el cielo el mismo día en que agradó a Cristo nacer en este mundo para salvarlo.

El Vaticano II y los “papas” posconciliares, como sabemos, han buscado crear una religión mundial única, ecuménica y sin dogmas, una gran carpa para todas las religiones, bajo la cual cada una es considerada más o menos buena. Hay un lugar para ti en este circo, incluso si estás “apegado” a la misa tradicional en latín. Todo lo que tienes que hacer es reconocer a Bergoglio como tu maestro de ceremonias.

Esto es lo que haces cuando asistes activamente a una Misa en la que el sacerdote —Motu Proprio, FSSP, FSSPX o independiente— proclama en el Canon que ofrece Misa junto con Tu siervo, Francisco, nuestro Papa y todos los verdaderos creyentes y Doctores de la fe católica y apostólica .

Es mejor no tener Misa en absoluto, que participar en tal blasfemia. Mejor morir que ofrecer este grano de incienso a la religión ecuménica del anticristo.


Father Cekada


BERGOGLIO APARTA A REIG PLÀ AL ACEPTAR SU RENUNCIA

El prelado ha estado en la mira del progresismo por sus opiniones “demasiado católicas” en torno a la homosexualidad y la eutanasia.


Jorge Bergoglio ha aceptado la renuncia del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plà, y ha nombrado administrador apostólico de esta diócesis al hasta ahora obispo auxiliar de Madrid, Jesús Vidal, según ha informado la Conferencia Episcopal Española (CEE) tras la comunicación de la Nunciatura apostólica. 

Reig Plà, rechazado por el liberalismo -dentro y fuera de la Iglesia- decía lo que muchos no quieren escuchar, por ejemplo, lo que la Doctrina Católica dice sobre la homosexualidad (propuso una guía para curarla y la vinculó, acertadamente, con la pederast1a), también opinó sobre la eutanasia (acusó a los partidos que aprobaron la mal llamada “ley de muerte digna” de convertir España en un campo de exterminio); fue directamente “jubilado” por Bergoglio, pasando a ser obispo emérito.

Reig Plà, de 75 años, presentó su renuncia el pasado mes de julio por carta a Jorge Bergoglio. Y éste la ha aceptado rápidamente, pues depende de la “orientación” del renunciante, la respuesta del supuesto “papa”, ya que si le “son de utilidad”, puede llegar a mantenerlos en el cargo, incluso, años después de la obligada renuncia.

Su reemplazo, Jesús Vidal, es muy cercano al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y representa una corriente eclesial “más moderada”, alejada de las posturas de Reig Plà y más alineada con la del modernista Bergoglio. 



martes, 20 de septiembre de 2022

CURA CUBANO A BERGOGLIO: NOS AVERGÜENZA SU SILENCIO ANTE LAS DICTADURAS COMUNISTAS

Publicamos el reproche de un sacerdote cubano que en una dura carta denuncia la “Opción Preferencial por las Dictaduras Comunistas” del “papa” Francisco.


¡Cómo describirle la alegría que nos embargó cuando supimos que un hermano nuestro, un hijo de Hispanoamérica, había sido elegido Pastor Supremo de la Santa Iglesia, sucesor del Apóstol Pedro en Roma! Alegría y admiración que fue creciendo con las primeras decisiones del nuevo Papa: dejar los departamentos apostólicos para mudarse al hotelito de Santa Marta. Hasta el detalle de no aceptar el lujoso calzado rojo para seguir usando los humildes zapatos que vinieron con Usted desde Buenos Aires. ¡Con qué entusiasmo escuchamos que el nuevo Papa quería sacerdotes “con olor a oveja”, sin afanes de lucro o de éxito mundano!

Cuando Su Santidad fue a Río de Janeiro para la Jornada Mundial de la Juventud, unos amigos me pagaron el pasaje y pude compartir aquella experiencia de alegría desbordante y de Fe viva. Después viajé a Buenos Aires para encontrarme con mis hermanos cubanos de Argentina y allí conocí al Padre Pepe, que iba a estar con Usted unos días más tarde. Él casi me obligó a escribirle mi primera carta, un saludo cariñoso de apoyo total. Se la entregó junto con el mate y los tantos regalitos que le enviaban de aquella Villa donde Pepe era “otro Cristo, al servicio de los más pobres y humildes”. En Buenos Aires me entrevistó un periodista de La Nación, para conocer mi opinión sobre el nuevo Papa y le dije: “Francisco muchas veces me ha sorprendido, pero nunca me ha defraudado”.

Le confieso que cada vez se me fue haciendo más difícil afirmar lo mismo. Me resultó simpático que Usted mantuviera una distancia con el presidente Donald Trump —en aquel momento el hombre más poderoso de la tierra—, pero se me hizo muy difícil observar las sonrisas prodigadas a dictadores de izquierda: Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales, entre otros.

Como le expresé en una carta del 2018, comprendo que Usted vivió la traumática experiencia de las dictaduras de derecha: esos Generales que se autoproclamaban cristianos, pero perseguían, encarcelaban, hacían desaparecer y mataban lo mismo a jóvenes que ancianos, a catequistas y activistas misioneros de las comunidades, a sacerdotes, religiosos, religiosas e incluso obispos, como el caso del Monseñor Enrique Ángel Angeleli.

Durante su visita a Cuba en el 2015, fue una sorpresa muy desagradable que se impidiera a disidentes saludar al Papa en la Nunciatura de la Habana, como estaba previsto. Al día siguiente, aunque se repitió la situación en la Catedral habanera, la Santa Sede guardó silencio y no presentó una protesta formal y pública ante el comportamiento del gobierno cubano, cuando menos, descortés con el Papa y abusivo con los disidentes a quienes el Papa quería saludar. Poco después, en el marco del encuentro habanero entre el Patriarca Kiril y su Santidad, Usted afirmó que la Habana estaba en camino de convertirse en la Capital de la reconciliación y la paz, haciendo alusión no sólo al encuentro de los dos líderes religiosos de la cristiandad, sino a las conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las guerrillas marxistas, reunidas en la Habana por ese entonces.

En mi carta a Fidel Castro, leída el 8 de septiembre de 1994 en mi Parroquia de Palma Soriano, en la Fiesta de La Señora de la Caridad, señalé que “Cuba ha estado en el vórtice de la violencia planetaria”. Los acontecimientos recientes en Nicaragua, con el encarcelamiento del Obispo Rolando Álvarez y un grupo de sus colaboradores más cercanos, sacerdotes y laicos, en Matagalpa, ha vuelto a poner sobre el tapete el tema del silencio frente a los abusos de las dictaduras de izquierda. Son sumamente preocupantes el encarcelamiento de los principales candidatos opositores a la presidencia, el acoso brutal de toda la disidencia política y social y la declarada persecución religiosa desatada por el dictador Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. Me viene a la memoria aquella tonada chilena de tiempos de Pinochet: “¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, que le están degollando ya sus palomas?”

Los amigos que me han ayudado con sus consejos y sugerencias a escribir esta carta me han alertado que no toque el tema de los católicos en China y, en especial, de la martirizada Iglesia confesante de ese país. Sin embargo, la reciente visita de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y la publicación de sus conclusiones acerca de la persecución de los pueblos musulmanes en China ha actualizado el tema de las relaciones de la Sede Apostólica con nuestros hermanos chinos. En el informe de la Sra. Bachelet ha quedado en evidencia el brutal acoso que el gobierno comunista de China ejerce sobre los pueblos uigures en la región de Sinkiang y nos alerta sobre la persecución religiosa que han padecido nuestros hermanos de la iglesia subterránea. Para un Papa que viene de la Compañía de Jesús, la conversión de China no es, ni puede ser, tema marginal. La labor de Mateo Ricci y tantos misioneros jesuitas, empezando por San Francisco Javier, que supuso un hito en los esfuerzos inculturadores de la fe, entre los más creativos y fecundos de todos los tiempos, pero que fueron torpedeados desde dentro de la iglesia de aquel tiempo, en parte debido a pequeños y mezquinos intereses entre órdenes religiosas en pugna, y en parte por miopía y estrecheces mentales de la época (siglos XVI al XVIII). El triunfo del comunismo en China inauguró una nueva época de dificultades para los católicos chinos. Una parte de la iglesia China aceptó la intromisión del estado comunista y colaboró con este, convirtiéndose en la Iglesia patriótica. Otra parte, escogió el camino del martirio y el peligro que su fidelidad le representaba, y comenzó a actuar en la clandestinidad. La Iglesia patriótica escogió vivir al margen de Roma, y la iglesia confesante, al margen de la ley impuesta por el poder del Estado comunista. Solo Dios puede juzgar la conciencia y no sabemos a cuanta presión fueron sometidos los católicos de uno y otro bando. Por eso, la decisión de la Santa Sede de regularizar la situación de ambas comunidades (que viene caminando desde antes de Su Pontificado), es tan delicada como importante. En la historia de la Iglesia tenemos, entre otros, un ejemplo precedente: la regularización en Francia de la iglesia nacional y la iglesia tradicional a raíz de la Revolución Francesa. Ambas Iglesias fueron homologadas por el Papa Pío VII que constituyó la nueva jerarquía eclesial con representantes de ambos grupos. Esta fue una auténtica solución salomónica a un espinoso y complejo problema intraeclesial. No estoy al tanto de los protocolos firmados con el gobierno chino (por demás, secretos) pero la impresión de analistas y entendidos es que se ha sacrificado la parte más sufrida la de los católicos confesantes. El tratamiento dado al Cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, llevado a la cárcel y luego a los tribunales, es un ejemplo de ello.

Sabemos bien que cuando la Santa Sede no defiende explícita y firmemente a las víctimas, los gobiernos totalitarios se sienten con las manos libres para obrar a su antojo, en contra de sus víctimas. Hace muchos años, cuando yo estaba en el seminario, vi una película cuyo nombre nunca olvidé: “El Negro y el Escarlata”. Estaba inspirada en la historia de Hugh O’Flaherty, sacerdote irlandés que trabajó en la curia romana durante la Segunda Guerra Mundial. Monseñor O’Flaherty salvó la vida de jóvenes judíos, de partisanos antifascistas, perseguidos por la Gestapo y de toda clase de gente que necesitaba o pedía su ayuda. La Gestapo estaba al tanto de su peligrosa labor hasta el punto de prohibirle salir del Vaticano. Pero O’Flaherty se pasaba la vida burlando a la Gestapo, entrando subrepticiamente en Roma y realizando su encomiable labor. Hasta el Papa sabía de esta labor y en varias ocasiones le conminó a que fuera prudente. En el transcurso de la Guerra y ante el peligro inminente de una invasión al Vaticano por las tropas alemanas, Pío XII se ocupó de tomar medidas para salvaguardar los tesoros artísticos de los museos de la Iglesia. Casi al finalizar la película, se nos muestra a un Pío XII meditabundo que llega a decir: “Me he percatado que los verdaderos tesoros de la Iglesia no son estos maravillosos cuadros de Miguel Ángel y de Da Vinchi. El verdadero tesoro de la Iglesia lo constituyen hombres como Hugh O’Flaherty que arriesgan su vida para salvar a los demás y se enfrentan a la maldad y la injusticia, sin miedo, como nos enseñó el Señor Jesús”.

En mi carta abierta a Fidel Castro, a la que ya hice referencia, indiqué que “utilizar dentro y fuera de nuestro país el odio, la división y la violencia, la sospecha y la enemistad, han sido la causa principal de nuestras pasadas y presentes desgracias. Ahora es cuando lo vemos más claro. La hipertrofia del estado, cada vez más poderoso, dejó a nuestro pueblo en la indefensión y el silencio. La ausencia e inexistencia de espacios de libertad para que surgieran criticas sanas y criterios alternativos nos hizo rodar por la riesgosa cuesta del monolitismo político y la intolerancia social. Sus frutos fueron la hipocresía y el disimulo, la insinceridad y la mentira. Y un estado general de amedrentamiento que afectaba a todos en la isla. Este tipo de política dio al traste con nuestra economía, perdimos el sentido de lo que valen las cosas y lo que es peor, las personas. El deprecio por la vida humana es el resultado de la violencia y la represión. Nos acostumbramos a no ganar el pan con el sudor de nuestra frente y a vivir con la mayor dependencia respecto de la ayuda que nos daban los demás. Hemos vivido en la mentira engañando y engañándonos. Hemos hecho el mal y ese mal se ha volcado contra nosotros, sobre nosotros”.

En el último de mis libros, “Resistencia y sumisión en Cuba”, cito al prestigioso reportero irlandés Fergal Keane, a raíz del genocidio entre Hutus y Tutsis ocurridos en Ruanda y Burundi. “Ahora después de haber pasado revista sobre todas las emociones y los pensamientos que Ruanda me ha inspirado, la respuesta me parece terriblemente simple. Me interesará siempre lo que acontece en los más remotos países africanos, porque Ruanda me enseñó a dar a la vida un valor que no le atribuía. Los campesinos vestidos con trapos que morían, y los que los mataban, pertenecen a la misma especie a la cual pertenezco: la especie humana. Quizás sea un parentesco incomodo, pero no puedo renegar de él. Ser testigo de un genocidio significa confrontarse no solo con el terror de la muerte que nos espera, sino también con la degradación de cada valor humano. Si ignoramos el mal, nos volvemos autores de un silencio cómplice”.

No podemos pasar de largo frente al hombre tirado a la orilla del camino, como hicieron el Sacerdote y el levita en la parábola del Buen Samaritano. Hay que descender de la cabalgadura, hay que lavar y vendar las heridas. Hay que “levantar la voz y advertir el peligro”. Si no, nos hacemos cómplices de un silencio culpable. Santidad, su entrevista en la cadena Univisión con motivo del primer aniversario del levantamiento popular del 11 de julio de 2021 en Cuba, sorprendió a muchos en la Isla y fuera de ella. Santo Padre, los cubanos sentimos vergüenza ajena por Usted.

¿Cómo es posible que el Papa calle frente a una represión brutal contra ciudadanos pacíficos que gritaban “Patria y Vida” y expresaban su enorme anhelo de libertad y de justicia frente a un gobierno que lleva 63 años en el poder conculcando derechos y aplastando a todo un pueblo? Los cerca de mil presos, en su mayoría jóvenes, algunos incluso menores de edad, que llenan desde entonces nuestras cárceles, son un clamor que llega al cielo y que debería conmover los corazones de los dirigentes del mundo, y de los pueblos y naciones de la tierra. Pero, sobre todo, de la Iglesia y del supremo Pastor de la misma, el servidor de los servidores de Dios. Con tristeza le trasmito lo que me dijo un joven y excelente sacerdote: “A veces el Papa me suena más como un ideólogo que como un profeta o un pastor”. Algo más, y terrible, sucedió ese día: El presidente de la nación y primer secretario del Partido Comunista de Cuba, hizo un llamado no a la moderación y la concordia sino a la represión y la violencia contra los reclamantes, a manos de aquellos que contaban con el uso y posesión de las armas, representantes del poder y apoyados por este. Santidad, la palabra del Apóstol de nuestra independencia, José Martí, sigue siendo un paradigma de justicia y equidad para los cubanos de todas las tendencias. Quiero citar a Martí en un texto lapidario: “Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que, so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un cumulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al oído, antes que la dulce platica de amor, el evangelio bárbaro del odio. ¡Reo es de traición a la naturaleza el que impide, en una vía u otra, y en cualquier vía, el libre uso, la aplicación directa y el espontaneo empleo de las facultades magníficas del hombre!” “…Ni la originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste, mientras no se asegure la libertad espiritual”. En la semblanza que escribió a la muerte de ese gran venezolano que fue Cecilio Acosta, jurista, intelectual y político de gran calibre, Martí apuntó: “Quien se da a los hombres, es devorado por ellos, y él se dio entero; pero es ley maravillosa de la naturaleza que solo esté completo el que se da; y no se empieza a poseer la vida hasta que no vaciamos sin reparo y sin tasa, en bien de los demás, la nuestra. Negó muchas veces su defensa a los poderosos; no a los tristes. A sus ojos, el más débil era el más amable. Y el necesitado, era su dueño”. Santidad, si queremos tener un norte claro ante los problemas de este mundo, debemos optar por los más pobres, por los más débiles, por los oprimidos. Como nos dijo el Señor: “los poderosos de la tierra los oprimen, pero quieren que se les llame benefactores de la humanidad y padres de la patria. Pero entre ustedes que no sea así: el que quiera mandar que se ponga a servir y el que quiera ser primero que vaya y tome el último lugar. Porque yo mismo no he venido para ser servido sino para servir y para dar mi vida en rescate de todos”.

Somos servidores de la Verdad, que nos hace libres. El profeta Jeremías nos recuerda cómo el Señor le dijo: “No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos”. En nombre de la Verdad, le pido, Santidad, no se deje envolver en componendas guiadas e inspiradas por los principios del poder o de la “Razón de Estado”. No se deje engatusar y engañar por los grandes de este mundo. Su lugar no está entre ellos, sino al lado del pueblo. Su lógica debe ser la de Jesucristo: despojado de todo rango y categoría, para servir desde la pequeñez y la pobreza. Hay que defender a las ovejas: en Cuba, Nicaragua, Venezuela, China. Siempre con los oprimidos, nunca con los opresores: “no se puede servir a dos señores”. Ambos somos humildes servidores del Señor y de su Pueblo: Usted como Papa y yo como párroco de una pequeña porción del rebaño. Solo cuando los fieles vean que los anteponemos a cualquier otra consideración o interés, encontrarán fuerzas para vencer la indefensión y la desesperanza. Apoyo totalmente la postura del cardenal Gerhard Müller, exprefecto para la Doctrina de la Fe: “Quizás la Iglesia debería ser más libre y menos atada a las lógicas mundanas del poder, en consecuencia, más libre para intervenir y, si es necesario, para criticar a aquellos políticos que acaban suprimiendo los derechos humanos”.

Santidad, no quiero terminar esta carta sin felicitarlo y darle todo mi apoyo en sus esfuerzos para lograr en Ucrania una paz con justicia, una paz con libertad para ese sufrido y valiente pueblo. Que la Virgen Santísima de la Caridad alivie los corazones de los hombres y de los pueblos con el Don del Amor, único remedio para todos nuestros males, como intuyó aquel ermitaño que cuidaba de la pequeña imagen e insistía en llamarla “Virgen de la Caridad y Remedios”. Al final de sus días se le oyó decir: “Señora mía, ya no te llamaré más de los Remedios, pues en tu Caridad lo tengo todo”.


José Conrado Rodríguez Alegre, pbro. párroco de San Francisco de Paula en Trinidad.

InfoVaticana


EL NUEVO CARDENAL ITALIANO JUGÓ UN "PAPEL CLAVE" AL PERMITIR QUE UN SACERDOTE PEDÓFILO ESCAPARA DE LAS PENAS

Según se informa, el obispo Oscar Cantoni impuso sanciones moderadas a un sacerdote pedófilo, lo que llevó a que Cantoni fuera anulado por la Congregación para la Doctrina de la Fe.


Se ha revelado que un cardenal recién nombrado jugó un “papel clave” en el apoyo a un sacerdote pedófilo que servía en su diócesis, e incluso supuestamente presionó al “papa” Francisco para que le aplicara una pena reducida.

El cardenal Oscar Cantoni, actual obispo de la diócesis de Como, fue elevado al cardenalato por el “papa” Francisco en el reciente consistorio de agosto. Recientemente se ha demostrado que intentó proteger al padre Mauro Inzoli, quien fue declarado culpable de abusar sexualmente de niños menores de edad cuando se encontraba en la antigua diócesis de Cantoni.


El “obispo” Cantoni y el “padre” Inzoli

Cantoni fue nombrado obispo de la Diócesis de Crema de 2005 a octubre de 2016. Durante su mandato como jefe de la diócesis, Cantoni recibió acusaciones de abuso sexual de niños cometidos por el padre Mauro Inzoli. El blog católico italiano Silere non possum informa que Cantoni ya había recibido estos informes en 2010.

Apodado "Don Mercedes" por su amor por los coches llamativos y la buena vida, Inzoli fue acusado de abusar sexualmente de niños, incluso en el confesionario. Silere non possum informó que la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) y el obispo Cantoni concluyeron durante una investigación de 2011 sobre Inzoli que existía “la certeza moral necesaria” para declararlo culpable de abuso. Según los informes, el cardenal Gerhard Müller, entonces jefe de la CDF, escribió que había hasta 20 acusaciones diferentes de abusos cometidos por Inzoli contra menores tanto hombres como mujeres.

Cuando Cantoni recibió la responsabilidad de promulgar una pena apropiada contra Inzoli, se limitó a firmar un decreto que expulsaba a Inzoli del ministerio público, ordenándole vivir fuera de la diócesis y celebrar misa en privado, según Silere non possum. Sin embargo, este acto de indulgencia fue anulado por el Vaticano sólo unos meses después, cuando la CDF de Müller ordenó a Cantoni que expulsara a Inzoli del estado clerical.


Inzoli y Cantoni hacen una petición al “papa”

Inzoli respondió apelando a la CDF en enero de 2013, que finalmente fracasó en mayo de ese año, cuando la CDF votó en contra de su petición: 14 en contra, una abstención y uno defendiendo a Inzoli. Pero Silere non possum informa que gracias a “su obispo” – Cantoni – Inzoli pudo llevar su causa al “recién elegido papa Francisco”.

En marcado contraste con su predecesor, Francisco anuló el fallo de la CDF en 2014, permitiendo a Inzoli regresar al sacerdocio. Esta decisión se basó en la presión a favor de Inzoli por parte de amigos influyentes en la curia, a saber, el cardenal Francesco Coccopalmerio y monseñor Vito Pinto. El cardenal Müller advirtió a Francisco que no reinstaurara a Inzoli, una advertencia que luego llevó a su destitución como prefecto de la CDF a manos del “papa”, según una fuente del Vaticano en 2018.

Silere non possum informó que un miembro de la CDF habló del asombro de la Congregación ante la intervención del “papa”: “Evidentemente alguien tuvo acceso privilegiado a Santa Marta”, la residencia elegida por Bergoglio.

A Inzoli se le ordenó vivir “una vida de humildad y oración”, pero aun así asistió a una conferencia italiana sobre la familia en 2015, lo que generó una tormenta mediática en Italia.


La caída de Inzoli y el ascenso de Cantoni

Después de que Cantoni fuera nombrado miembro de la Diócesis de Como en octubre de 2016, Francisco se vio obligado a actuar contra Inzoli, cuando un tribunal civil italiano condenó al sacerdote por ocho cargos de violencia sexual contra niños de 12 a 16 años entre 2004 y 2008. Los fiscales pidieron una sentencia de seis años, pero a Inzoli le impusieron una pena de cárcel de cuatro años y cinco meses.

Inzoli ya había aceptado pagar 25.000 euros como indemnización a las familias de sus víctimas antes de su sentencia.

El fiscal civil Roberto Di Martino sugirió que pudo haber habido más de 100 "incidentes cuestionables" en la conducta de Inzoli hacia menores. También criticó al Vaticano por no facilitar los documentos solicitados por el tribunal.

Ante tales críticas, Bergoglio eliminó las facultades sacerdotales de Inzoli luego de un segundo juicio eclesiástico.

Sin embargo, a pesar de que Cantoni es en gran medida responsable de la rehabilitación de Inzoli, no sufrió una remoción de honores, sino que ha visto su carrera eclesial avanzar rápidamente en los últimos meses. Después de que Francisco anunciara que Cantoni sería nombrado “cardenal” en el reciente consistorio de agosto, el obispo de Como fue designado para unirse al “Dicasterio para obispos”, con la responsabilidad de nombrar a los futuros prelados católicos en todo el mundo.


Life Site News

CISMA, CISMA.... ¿HAS DICHO CISMA?

Asomados al balcón de la Epicura, se ríen de nuestras aflicciones terrenales. Responderán por ello, ¡que no quepa duda!

Por Felipe de Labriolle


El aggiornamento de la Iglesia Católica era el objetivo que el papa Juan XXIII había asignado al Concilio Vaticano II. De hecho, los Padres del Concilio hicieron retroceder los planes preparados por la Curia. La muerte de Juan XXIII y la elección de Pablo VI hicieron del Vaticano II la presa de los innovadores, que compusieron un concilio a imagen y semejanza de su quimera, amparados por el papa que, en su discurso de clausura, proclamó su infame culto al hombre. El terremoto estaba tan extendido y destruía tan rápidamente la práctica católica que, en 1966, el período inmediatamente posterior al Concilio parecía, para los comentaristas ilustrados, conllevar el riesgo de cisma, tan fuera de control parecían estar los innovadores, y el cuerpo de obispos no tenía intención de desautorizarlos. La Iglesia neerlandesa, a la vanguardia en ese momento, fue la más atrevida en su desafío a la Iglesia católica romana. Pero el cardenal Alfrink, como señaló Louis Salleron en su columna del periódico Carrefour el 3 de febrero de 1971, declaró que no tenía la menor intención de separarse de la Iglesia, una Iglesia que le daba prácticamente total libertad. El periodista comentó: la noción de cisma no retrocedió, se evaporó. Y se apoya en el libro del padre Louis Bouyer, "La décomposition du catholicisme" (París, 1968), para señalar: ¿cómo se puede ser cismático en una Iglesia en descomposición?

En 1977, en su libro Rome n'est plus dans Rome, el historiador católico Hubert Montheillet, autor de numerosas novelas policíacas y gran aficionado a desentrañar intrigas, dio a conocer su apoyo sin reservas al Liber accusationis in Paulum sextum que el abate Georges de Nantes había llevado al Vaticano en 1972. El papa Pablo VI es, en efecto, "herético, cismático y escandaloso", a ojos del historiador, que apoya al abad en su argumentación. Pero critica a este último por acusar al arzobispo Lefebvre, que en 1976 anuló la prohibición romana de las ordenaciones en Ecône, de haber cometido un acto cismático. ¿Según qué lógica desobedecer a un papa cismático puede ser una postura cismática?, se pregunta el autor.


"¡Ya no estás en la Iglesia!

En el periodo inmediatamente posterior al Concilio, los fieles de base de una época para recordar, y que dudaban abiertamente de la pertinencia de una novedad teológica o litúrgica, se veían incomodados con una única, pero recurrente, frase: ya no estáis en la Iglesia. Nada menos. Estar bautizado no tenía mucho peso, cuando la adhesión al "espíritu del Concilio" no había regenerado a los miembros de ayer. Estar dentro o fuera era, a juicio exclusivo e incuestionable de un quidam, un autoproclamado magistrado, pasar de la condición de hermano a la de lastre a desechar de nuevo. Por supuesto, en tiempos normales, sólo la autoridad suprema de la Iglesia tiene el derecho teórico de calificar de cismático formal a un grupo de presión eclesiástico que pretenda impugnar el derecho de Roma a oponerse a sus objetivos heterodoxos, que son perturbadores. En la práctica, los que se creen adelantados a su tiempo en la comprensión y formulación de nuevas orientaciones en la Iglesia no pretenden, a priori, abandonarla. Por el contrario, llevando la esperanza de comunicar su convicción ilustrada al mayor número, gracias a la explotación de la maquinaria institucional y del personal complaciente, lanza descaradamente a los reacios al mar, sin temer ninguna coalición de éstos en una supervivencia cismática. Así como no hay fiesta de los disgustados, porque los disgustados se disgustan entre sí, la recolección de los retazos de una tela no hace un vestido. En fin, el que quiere no es cismático...

El individuo y el lobby conllevan riesgos distintivos. Un organismo vivo que ya no sabe identificar la categoría del objeto alimenticio compatible es un organismo enfermo. Una sociedad que ya no puede distinguir entre un amigo que hay que integrar y un enemigo que hay que reducir será rápidamente víctima de esta incompetencia. Y si ya no hay "Doctores de la verdad evangélica", los innovadores pueden hacer gala de su poder, y medir su poder por la aparente desaparición de toda autoridad al servicio de lo verdadero, y de los fieles necesitados de una orientación fiable. Esta autoridad persiste, pero se pone al servicio del silencio en las filas. Repeler a los desviados nombrando sus desviaciones es una exigencia de verdad, incluso más que de orden público. Pero recordar la ley cuando se trata, para el enemigo, de cambiarla, ¿no es, para un obispo, despertar el orden de ayer, sofocar el Espíritu, revelar la estrechez de su pensamiento? Del amor al orden, condición de la paz, al orden del amor, ficción digna de las Nubes de Aristófanes, el resultado, antes de 1968, pero después del Concilio y a causa de él, fue la prohibición de la prohibición.

¿Cómo es que la Institución no reaccionó ante esta desautorización práctica, ante este abandono del cargo episcopal, cuando la consumación dolorosamente obvia de las parroquias fue formulada sólo por personas oscuras y sin rango, a su propio riesgo y peligro, por el honor de Dios? ¿Por qué estratagema demoníaca la Iglesia Católica, madre y señora de la verdad, alma de la cristiandad francesa desde Clodoveo, se dejó corroer hasta la médula sin que la jerarquía reaccionara? Era la misma dignidad que el Vaticano I, interrumpido por las tropas del Risorgimento, sólo había podido ofrecer al Sumo Pontífice. Juan XXIII había pretendido revitalizar la Iglesia. Ciertamente, no vivió para cumplir su promesa. ¿En que momento pues, el "santo concilio ecuménico", hizo de caballo de Troya hasta corromper el gran cuerpo eclesial, el arca de la salvación de las sociedades, el templo de las definiciones del deber, y de nuestros deberes para con Dios en particular? Resulta que el imponente cuerpo de obispos ha sido santuario de "su Concilio" durante los últimos 50 años, el que lo ha alabado como nunca. Intentaremos comprender por qué, cómo y quiénes, de hecho, estaban frenando enérgicamente la autodestrucción de la Iglesia. Pontífices raros, sacerdotes valientes pero acosados, familias numerosas, laicos cultos, fieles de base...

Grandes testigos del Concilio y del post-concilio describieron en tiempo real lo que vieron. Se empeñaron en expresar públicamente su propia consternación, la que se manifestó en una voluminosa carta. Entre los franceses, distingamos algunos olvidados, o en vías de serlo: el dominicano Bruckberger, y su columna en el periódico L'Aurore (1976/1977), Louis Salleron, en Carrefour (1968/1974), Jean Madiran en Itinéraires, creado en 1956, Édith Delamare en Monde et vie, y el atípico Hubert Monteilhet, para quien, en 1977, "Roma ya no está en Roma". Estas plumas incisivas, a veces brutales, intentaron lo imposible: ser escuchadas. Estas bienvenidas recopilaciones nos devuelven estos escritos, más allá de su soporte efímero. El clamor de la época era inequívoco: la Iglesia de Francia se estaba muriendo y los obispos franceses se comportaban como amigos de quienes la estaban destruyendo.


Plenitud del sacerdocio, evanescencia episcopal

La Verdad, que ha hecho de la Iglesia lo que ha llegado a ser, tiene fama de ser insoportable para nuestros contemporáneos, porque es incompatible con la Modernidad. San Pablo nos ayuda a entenderlo, con su famoso aforismo Oportet hæreses esse a los Corintios. Es bueno que el error se exprese, para que los que dicen la verdad sean honrados. ¡Esta es precisamente la escisión que el episcopado se niega a aceptar, uniendo fuerzas con los desviados, con el argumento de no fracturar la Iglesia! Esta es la obstinada observación que, sesenta años después del inicio del Concilio Vaticano II, sigue escandalizando la conciencia católica. Leer o releer los testimonios de la época es constatar que nada ha cambiado, salvo la adopción de un statu quo, en el que todo está permitido salvo denunciar la apostasía. En este sentido, un verdadero cisma "a la antigua" habría sido la expresión de una energía vital, puesta al servicio de una idea fuerte. Por otra parte, la evanescencia episcopal que acompaña al acceso a la "plenitud del sacerdocio" es uno de los fenómenos más desconcertantes del periodo postconciliar. Es demasiado general para dirigirse a individuos, y demasiado duradera para no ser sistémica.

La suposición de que el Concilio no se aplicó correctamente es contradictoria con el hecho de que los obispos encargados de su aplicación eran los que habían aprobado sus esquemas. Los mismos Padres del Concilio estaban, pues, en mejor posición que nadie para realizar, o hacer realizar (Cæsar pontem fecit), la obra práctica que mejor se adaptaba al "espíritu de los nuevos tiempos". Las expulsiones masivas, el descenso inmediato de las vocaciones, los caprichos de los nuevos sacerdotes, la deserción espectacular de los sacerdotes practicantes, todo ello apenas causó alarma en la jerarquía, salvo en el ambiguo Pablo VI, que mostró preocupación pero no gobernó. En cuanto a los obispos franceses, se mostraron intransigentes ante cualquier crítica a la actuación del Concilio y sus consecuencias directas. He aquí un ejemplo bastante crujiente, que nos pondrá en el buen camino:

El Adviento de 2021 vio la reaparición en el texto francés del Credo Católico la expresión "consustancial al Padre", que corresponde exactamente al texto latino "consubstantialem Patri", así traducido y pensado desde Nicea. Sin embargo, en 1964, y hasta el reciente cambio mencionado, los fieles se vieron obligados a traducir consubstantialem Patri como "de la misma naturaleza que el Padre", lo que rompía con el uso anterior, traicionaba el sentido exacto y le añadía un absurdo teológico. Unas 7.000 firmas de católicos cultos, y conocidos como tales, adornaban una petición que exigía la devolución del "consubstancial" a los obispos franceses. En junio de 1967, uno de los más ilustres peticionarios presentó la petición al cardenal Lefebvre, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, y recibió una respuesta negativa, que no carecía de mérito: “Cuando un grupo de personas [¡incluyendo muchos académicos a pesar de todo!] se ocupa de recoger gran número de firmas con el fin de presentar una petición al episcopado y obtener de él que, por una declaración pública, se pronuncie, se parece demasiado a una desconfianza en la rectitud de la jerarquía. Lo parece tanto más cuanto que a lo largo del Concilio, en ciertas reseñas, se sugirió constantemente que ciertos obispos... [...] Si él [el obispo] interviene, parece ceder a la presión y actuar como partidista. Pierde su autoridad”.

La anécdota nos eximirá de largos desarrollos. La Lumen Gentium 20/27, a la que remitimos al lector, elogia el papel del obispo como nunca antes. En beneficio de los fieles que lo consideraban el sucesor de los apóstoles, nombrado por el papa, el párrafo 27 cambia la escala. "Los obispos, como vicarios y delegados de Cristo, gobiernan las Iglesias particulares que les han sido confiadas [...]. Este poder, que ejercen personalmente en nombre de Cristo, es un poder propio, ordinario e inmediato [...]. El oficio pastoral [...] se les confía íntegramente, y no deben ser vistos como vicarios de los Romanos Pontífices, pues ejercen un poder que les es propio, y es en toda verdad que se les llama jefes del pueblo al que dirigen. Por lo tanto, su poder no se ve disminuido por el poder supremo y universal, sino que, por el contrario, es afirmado, fortalecido y defendido por él”.

Evidentemente, "el Santo Concilio Ecuménico", como para enmendar el "trato preferencial" papal del Vaticano I, erige, en una Constitución Dogmática, el sacerdocio plenario de los Ordinarios en un estatus feudal de Derecho Crístico inmediato. Que esto se traduzca en la preservación quisquillosa de una autoridad tanto más olímpica por estar por encima de la contienda, y que un protocolo digno de la Corte española mantenga a raya a los mendigos de un vasto y polvoriento Tercer Estado, está muy lejos de la bondad del obispo Myriel, benefactor de Jean Valjean, o de la pugnacidad realista del obispo Freppel frente a los enemigos de la Iglesia. ¿Qué es lo más valioso para un obispo con sello LG? Por un lado, la santidad de iure ligada al flamante estatus, que ninguna evaluación puede marchitar; por otro lado, el conatus de Spinoza: "Todo ser tiende a perseverar en el ser", especialmente si la sopa es buena...

* * *

¡Cisma, mi hermoso cisma! ¿No ha logrado el cuerpo episcopal, engrandecido por su propio cuidado, sus fines, a saber, en medio siglo, excluir de su comunión a todos aquellos mendigos remachados a la Fe de antaño? Los que temían un cisma geográfico, a priori insignificante por la descomposición del tejido eclesial, ¿han pensado en la verdadera escisión que se ha ejercido ante nuestros ojos, y que una vana deferencia impedía llamar abandono de la paternidad? Ebrios de su flamante dignidad, han soltado sus amarras, accedido al Néctar y a la Ambrosía, liberados por fin de un vano pueblo retrógrado... Asomados al balcón de la Epicura, se ríen de nuestras aflicciones terrenales. Responderán por ello, ¡que no quepa duda!


Paix Liturgique


EL NUEVO ORDEN MUNDIAL, EL PAPA FRANCISCO Y EL OBISPO SCHNEIDER

Hay una fuerza en la tierra solamente capaz de detener el Gran Reinicio demoníaco. Me refiero, por supuesto, al cristianismo auténtico.

Por Michael J. Matt


El Gran Reinicio es ante todo y fundamentalmente anticristiano, porque busca enterrar el viejo orden mundial de Cristo y el cristianismo bajo un nuevo orden mundial del Hombre y la Tecnología.

La verdadera crisis de hoy, sin embargo, es que el cristianismo está tan maltratado, fragmentado e infiltrado que carece de la fuerza necesaria incluso para defenderse, y mucho menos resistir a los constructores globalistas de un Nuevo Orden.

Entonces, ¿qué deben hacer los cristianos en esta situación desesperada?

En primer lugar, si este Gran Reinicio debe detenerse en seco, requerirá mucho más de nosotros que leer la Biblia y hacer ruidos de alegría para el Señor. Va a requerir una proclamación organizada y universal de la Realeza social de Jesucristo.

¿Por qué crees que Klaus Schwab y el Foro Económico Mundial dedican tanto esfuerzo en reclutar a Francisco y sus representantes para que se unan a su revolución verde y transhumanista? Es porque el antiguo orden organizado de la cristiandad, si alguna vez reviviera, se acabaría eficientemente con el Gran Reinicio en un período de tiempo muy corto.

Los globalistas deben asegurarse de que eso nunca suceda, de ahí su impulso febril para cooptar los últimos vestigios del cristianismo organizado. De ahí los frenéticos esfuerzos de Francisco para aplastar la Misa en latín, la piedra fundamental de la civilización cristiana durante casi dos mil años.

Los cristófobos simplemente no pueden lograr esto sin Francisco, razón por la cual los “clanes” cristianos deben unirse contra el diabólico Pacto Davos/Vaticano.

Todos estamos llamados a resistir a Francisco, en otras palabras. De hecho, incluso si no eres católico, debes resistir la agenda globalista del papa Francisco.

Así que te alegrará saber que, la semana pasada en Kazajstán, el mundo fue testigo de un ejemplo de esa resistencia.

Durante el período previo a la visita del papa a Kazajstán para el “7º Congreso Anual de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales”, el obispo Athanasius Schneider de Kazajstán advirtió al mundo sobre el peligro de este tipo de reuniones, diciéndole a los medios que hay “una sola religión verdadera, fundada por Dios mismo, mandada a todos los hombres, a las religiones, a creer y aceptar a su Hijo Jesucristo, el único salvador”.

Seguramente, incluso los no católicos pueden apreciar el significado de la advertencia pública pero caritativa de Schneider (transmitida al mundo por Reuters y Associated Press) en vísperas de la visita del papa a Kazajistán.

El obispo Schneider también advirtió que “tales eventos globales” podrían ser explotados por “las élites políticas” (¿el Foro Económico Mundial?) para “sus propios fines” porque tales eventos “señalan que el catolicismo es una religión entre otras, con igual legitimidad”, lo cual “no es correcto porque solo hay una religión verdadera” (la Iglesia Católica) y “un solo Salvador” (Jesucristo).

¡Se acabó la “equidad” y la “inclusión”, los dogmas gemelos del Gran Reinicio!

Pienso que el obispo está actuando aquí en el espíritu de San Pablo en Gálatas 2:11, cuando "resistió a Pedro en su cara porque Pedro era culpable", un acto honorable que contrasta fuertemente a condenar deshonrosamente a Pedro a sus espaldas.

Dios bendiga al obispo Schneider, oremos por la conversión del papa Francisco y, hasta que eso suceda, por el amor de Dios, resistamos a Francisco en su cara.


Remnant Newspaper