DISCURSO DE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN UNA CONFERENCIA SOBRE EL TEMA
"LAS RELIGIONES Y LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE"
Eminencias, Excelencias,
Estimados responsables de las tradiciones religiosas mundiales,
Representantes de los organismos internacionales,
Ilustres señoras y señores:
Os doy la bienvenida a todos vosotros aquí convocados para esta Conferencia Internacional sobre las religiones y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Sostenibilidad e inclusión
La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por más de 190 naciones en septiembre de 2015, fueron un gran paso adelante para el diálogo mundial, a la enseña de una necesaria “nueva solidaridad universal” (Enc. Laudato si', 14). Diferentes tradiciones religiosas, incluida la católica, han abrazado los objetivos del desarrollo sostenible porque son el resultado de procesos participativos globales que, por un lado, reflejan los valores de las personas y, por el otro, se sustentan en una visión integral del desarrollo.
Desarrollo integral
En realidad, como destacó mi predecesor San Pablo VI, hablar de desarrollo humano significa referirse a todas las personas —no solo a unas pocas— y a toda la persona humana, no solo a la dimensión material (véase Enc. Populorum progressio, 14). Por lo tanto, una discusión fructífera sobre el desarrollo debería ofrecer modelos viables de integración social y de conversión ecológica, porque no podemos desarrollarnos como seres humanos fomentando la desigualdad y la degradación del medio ambiente [1].
Las denuncias de los modelos negativos y las propuestas de rutas alternativas no son válidas solo para los demás, sino también para nosotros. De hecho, todos debemos comprometernos a promover e implementar los objetivos de desarrollo que están respaldados por nuestros valores religiosos y éticos más profundos. El desarrollo humano no es solo una cuestión económica o que concierne solo a los expertos, sino, en primer lugar, una vocación, una llamada que requiere una respuesta libre y responsable (cf. Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 16-17).
Objetivos (diálogo y compromisos)
Todo está conectado
En este sentido, la Agenda de las Naciones Unidas 2030 propone integrar todos los objetivos a través de las cinco P: personas, planeta, prosperidad, paz y partnership [2]. Sé que esta conferencia también se articula en torno a estas cinco P.
Acojo con satisfacción este enfoque unificado de los objetivos; también puede servir para defendernos de una concepción de prosperidad basada en el mito del crecimiento y el consumo ilimitados (ver Enc. Laudato si', 106), para cuya sostenibilidad dependeríamos solo del progreso tecnológico. Todavía podemos encontrar algunos que apoyan obstinadamente este mito, y dicen que los problemas sociales y ecológicos se resuelven simplemente aplicando nuevas tecnologías y sin consideraciones éticas o cambios fundamentales (cf. ibid., 60).
Un enfoque integral nos enseña que esto no es cierto. Si bien es ciertamente necesario apuntar a una serie de objetivos de desarrollo, sin embargo, esto no es suficiente para un orden mundial ecuo y sostenible. Los objetivos económicos y políticos deben estar respaldados por objetivos éticos, que presupongan un cambio de actitud, la Biblia diría un cambio de corazón (cf. ibid., 2). Ya San Juan Pablo II hablaba sobre la necesidad de “alentar y sostener una conversión ecológica” (Catequesis, 17 de enero de 2001). Esta palabra es fuerte: conversión ecológica. Aquí las religiones tienen un papel clave que desempeñar. Para una transición correcta hacia un futuro sostenible, es necesario reconocer “los propios errores, pecados, vicios o negligencias”, “arrepentirse de corazón, cambiar desde adentro”, reconciliarse con los demás, con la creación y con el Creador (ver Enc. Laudato si', 218).
Si queremos dar bases sólidas al trabajo de la Agenda 2030, debemos rechazar la tentación de buscar una respuesta simplemente tecnocrática a los desafíos — así no va— , estar dispuestos a enfrentar las causas profundas y las consecuencias a largo plazo.
Pueblos indígenas
Conclusiones
Los desafíos son complejos y tienen múltiples causas; por lo tanto, la respuesta, a su vez, solo puede ser compleja y articulada, respetuosa de las diferentes riquezas culturales de los pueblos. Si estamos realmente preocupados por desarrollar una ecología capaz de remediar el daño que hemos hecho, ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría deben quedar fuera, y esto incluye las religiones y los lenguajes que les son propios (cf. ibid., 63). Las religiones pueden ayudarnos a caminar por la senda del desarrollo integral real, que es el nuevo nombre de la paz (cf. Pablo VI, Enc. Populorum progressio, 76-77).
Expreso mi sincero agradecimiento por vuestros esfuerzos en el cuidado de nuestra casa común, al servicio de la promoción de un futuro sostenible e inclusivo. Sé que a veces puede parecer una tarea demasiado ardua. Y, sin embargo, “capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse” (Enc. Laudato si', 205). Este es el cambio que requieren las circunstancias actuales, porque la injusticia que hace llorar a la tierra y a los pobres no es invencible. Gracias.
Notas:
[1] Cuando, por ejemplo, debido a las desigualdades en la distribución del poder, el peso de la inmensa deuda se descarga sobre los hombros de los pobres y de los países pobres, cuando el desempleo es generalizado a pesar de la expansión del comercio o cuando las personas simplemente son tratadas como un medio para el crecimiento de otros, necesitamos cuestionar completamente el modelo de desarrollo de referencia. De la misma manera, cuando en nombre del progreso destruimos la fuente del desarrollo, nuestra casa común, entonces el modelo dominante debe ser cuestionado. Al cuestionar este modelo y revisar la economía mundial, los interlocutores de un diálogo sobre desarrollo deberían ser capaces de encontrar un sistema político y económico global alternativo. Sin embargo, para que esto suceda, debemos abordar las causas de la distorsión del desarrollo, o sea lo que en la reciente doctrina social católica se denominan “pecados estructurales”. Denunciar esos pecados ya es una buena contribución que las religiones dan a la discusión sobre el desarrollo del mundo. No obstante, junto con la denuncia, también debemos proponer a las personas y comunidades formas practicables de conversión.
[2] Cfr United Nations, Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development, 2015.
[3] UNESCO, Message from Ms. Irina Bokova, Director-General of UNESCO, on the occasion of the International Day of the World's Indigenous Peoples, 9 August 2017.
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