martes, 20 de septiembre de 2016

EL CHINO MAÑARRO: TUFO A OVEJA

Su Excelencia Reverendísima será, de ahora más, un "maestro en la fe" para todos los argentinos. ¿Pero cuál es la fe del Chino Miñarro? 


Hace ya tres años Ludovicus había estudiado una de las notas características de Bergoglio: el “canibalismo institucional”, que consistía en “alimentarse de la mala fama de la institución a la que se pertenece, aceptando las versiones peyorativas, los prejuicios y las calumnias, oponiéndose a ellos y en consecuencia salvar la cara en forma personal. Cuando lo ejerce la persona que ostenta la representación suprema de la institución, puede alcanzar el rango de traición”. El Santo Padre ha dado ya, al menos en lo que respecta a la Iglesia en Argentina, un paso más: la autofagia. Es este un proceso natural que consiste en la nutrición que determinados organismos vivos realizan a expensas de sus órganos menos útiles como medio de supervivencia ante un ayuno prolongado. 

Francisco es un autófago perverso, pues el proceso de canibalismo al que ha sometido a la Iglesia y al episcopado sobre el que se fundan las mismas raíces de nuestra religión, no se origina por una situación de ayuno extremo sino por su simple perversión, o traición.

Durante los años del comunismo en países católicos como Ucrania -años de ayuno-, se justificaba que la jerarquía superviviente confiriera la consagración episcopal clandestinamente a hombres que no tenía la preparación suficiente, al menos en el plano intelectual. En concreto, no sabían teología. Eran, quizás, buenos operarios o buenos ingenieros, católicos piadosos y con vida espiritual, y eso bastaba para conservar la Misa y el sacerdocio en circunstancias tan duras. Pero, cuando esas condiciones pasaron, la Iglesia nuevamente miró a la élite espiritual e intelectual para elegir a sus obispos. Como el organismo que, pasada la temporada de ayuno, deja de comerse a sí mismo para gozar de un buen banquete. Bergoglio, en cambio, se ha decidido por una fagocitosis perversa, o invertida. Si este proceso consiste en que ciertas células y organismos unicelulares capturan y digieren partículas nocivas, el Papa da muestra de querer encumbrar a este tipo de partículas venenosas y, en cambio, capturar y destruir a las mejores que posee su organismo que es la Iglesia.

Ya habíamos hablado en más de una ocasión de La Cámpora de Francisco o la chusma episcopal que estaba siendo “empoderada” por el actual Pontífice. Pero pareciera que esta tendencia ha llegado ya a extremos que no solamente producen bronca y fastidio, sino también asco. La Oficina de Prensa de la Santa Sede informaba ayer: “El Santo Padre ha nombrado al reverendo Oscar Eduardo Miñarro como obispo auxiliar de la diócesis de Merlo-Moreno”. 


¿Quién es la nueva Excelencia Reverendísima? Lo tienen ustedes en la fotografía que inicia este artículo; en la segunda fotografía se lo puede ver a la izquierda, con sus congéneres, el clero de la diócesis de Merlo-Moreno. Las imágenes nos llevan rápidamente a una primera, y apresurada, constatación: Mons. Miñarro es un eximio representante más de la chusma episcopal bergogliana o, más brevemente, un lumpen

Ya sabemos que es ese el tipo de gente con la que el Santo Padre se siente a gusto. No son los pobres de Cristo ni los necesitados. Él se siente a sus anchas con el lumpenaje, los bajos fondos, lo chabacano y lo grosero. Por eso, sus amigos son, por ejemplo, Gustavo Vera y Guillermo Moreno

Bergoglio saluda afectuosamente a Gustavo Vera

Bergoglio mira con complicidad a su "compañero" Guillermo Moreno

Por eso -porque en el fondo de su alma anida un profundo resentimiento- desprecia y se burla de los buenos modales y así, goza dejando plantada una orquesta, vistiendo una sotana transparente y adoptando gestos vulgares. Y porque es justamente esa la calaña que más le simpatiza, nos la está imponiendo a todos los argentinos como obispos.

Desde estas páginas hemos criticado con fuerza y con frecuencia a muchos prelados argentinos, por ejemplo, a Mons. Eduardo Taussig. Debemos reconocer, sin embargo, que al menos cuenta en su haber ser una persona educada -se formó en el que es hoy todavía uno de los mejores colegios de Buenos Aires, el San Pablo-, estudió varios años teología en Roma y conserva modales humanos. El cardenal Poli podrá ser todo los desleído y amargo que queramos, pero es una persona que sabe en serio historia de la Iglesia; Mons. Martín de Elizalde podrá ser culpable de muchas agachadas, pero conoce como pocos en Argentina a los Padres de la Iglesia. La nueva camada episcopal bergogliana sabe, con suerte, usar cuchillo y tenedor para comer.

La semana pasada el papa Francisco advertía que “el mundo está cansado de los obispos de moda”. Por supuesto, él rechaza a los obispos que están de moda en ciertos ámbitos, pero no tiene reparos en elegir para el episcopado a sacerdotes que están de moda en otros. 

Mons. Chino Miñarro es, de hecho, un cura "de moda". El 14 de diciembre pasado, firmaba una carta de despedida a Cristina Kirchner en la que, entre otras cosas, decía: “Pronto todos comenzaremos una nueva etapa. Etapa que muchos vislumbramos dura y triste. Y no quisiéramos que la comiences sin nuestro abrazo”. Y en 2014 se lo nombró "vecino destacado" de la municipalidad de Merlo. 

Pero vayamos a lo importante. Su Excelencia Reverendísima será, de ahora más, un "maestro en la fe" de nuestros padres para todos los argentinos. ¿Pero cuál es la fe del Chino Miñarro? En 2012 concedió una entrevista a un grupo de estudiantes de, nada menos, la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires. Es allí donde aparece en toda su extensión su opera omnia y la profundidad de su pensamiento filosófico y teológico además, claro está, de las condiciones necesarias para apacentar y conservar a su rebaño en la fe. Nos dice que “Para mi no existen las certezas. Yo voy haciendo camino”. Afortunadamente, un poco más abajo, aclara que sí tiene certeza que Dios existe, y afortunadamente también a la entrevistadora no se le ocurrió preguntarle si creía en la Eucaristía o en la virginidad de Nuestra Señora. 

"Monseñor" Chino Miñarro asistiendo a un recital de Roger Waters, uno de los fundadores de Pink Floyd

Sus conocimientos de bioética son asombrosos: “Con el tema de los embriones, estás en un tema filosófico, no meramente científico. Yo creo que si nos planteamos la pregunta de cuándo un embrión tiene vida, estás en un tema filosófico. Lo que podemos plantear es que en filosofía no existe una verdad absoluta. Que lo que existe son preguntas que generan distintas respuestas y que todas pueden ser aceptables en la medida que la justifiques. Pero ¿quién puede decir si el embrión tiene vida o no? Yo creo que ni el religioso ni el científico, queda en una cosa muy compleja”.

Por supuesto, su compromiso con las minorías sexuales es inobjetable: “Sí, estoy a favor [del matrimonio homosexual]. Además, si yo digo que no se promulgue el "matrimonio igualitario", ¿va a dejar de existir por eso? No, va a existir igual. Entonces, si existe la situación, ¿no tengo que favorecer que esa situación sea de dignidad para las personas que la están viviendo? ¿Que favorezcan una inserción mayor en toda la sociedad? Y yo, como Iglesia, ¿no puedo hacer sentir también que Dios acompaña esa situación?

Hace algún tiempo, dirigió una carta a la Conferencia Episcopal Argentina en la que, entre otras cosas, pedía:

“Revisión de los modos de vida que separan a los presbíteros del pueblo, incluyendo trabajo, vestimenta, celibato obligatorio, casa, pobreza...

Revisión de la liturgia a fin de alcanzar la inculturación creativa que permita que el pueblo, y particularmente los pobres, la experimenten como lenguaje propio para acercarse a Dios;

Revisión de lo que se pide principalmente a los presbíteros, recordando que la centralidad debe estar puesta en el reino y la evangelización antes que en el culto;

Revisión de toda espiritualidad que no sea una evasión platónica sino un verdadero caminar según el Espíritu y lleve a poner un oído en el Evangelio y un oído en el corazón del pueblo”.

Resumiendo: Mons. Miñarro considera que los curas deben trabajar, casarse y no distinguirse por una vestimenta en particular; que la liturgia debe ser creativa; que el culto no debe ser el centro de sus vidas y que la espiritualidad no debe consistir en 'evasiones platónicas' -es decir, rezar, meditar, contemplar- sino escuchar a los pobres

Bergoglio clamaba por “obispos con olor a oveja”. Ahora nos está llenando de “obispos con tufo a oveja”. Como dice un cura amigo, “lo peor de Bergoglio no es Bergoglio sino el postberglolismo: esas mil bombas activadas que nos va a dejar al irse”.

Yo soy un bautizado y, como tal, miembro del pueblo elegido de Dios y heredero de las promesas por virtud de la sangre de Nuestro Señor, que es la Iglesia. Y, como tal, participo del sensus fidelium y por eso digo: Mons. Oscar Miñorro no tiene fe católica. Y la prueba está en lo que ha dicho y escrito. Quien consagre a esta persona en el episcopado comete un acto de traición a la fe de la Iglesia como lo ha cometido quien lo eligió para el episcopado.


Wanderer




lunes, 19 de septiembre de 2016

SEMI-TRADICIONALISTAS PUBLICAN LIBRO DE ACUSACIONES: “ACUSAMOS AL PAPA FRANCISCO”

Michael Matt, Christopher Ferrara y John Vennari, después de tres años y medio de abierta apostasía por parte de Jorge Bergoglio han decidido ofrecer un “Libro de Acusaciones” contra el hombre que creen que es el Vicario de Jesucristo en la tierra


Su Santidad:

El siguiente relato, escrito desesperadamente como miembros del laicado, es lo que llamamos una acusación de su pontificado, el cual ha sido una calamidad para la Iglesia, en igual proporción que lo que ha deslumbrado a los poderes de este mundo. El evento culminante que nos impulsó a dar este paso fue la revelación de su carta confidencial a los obispos de Buenos Aires autorizándolos, únicamente en base a sus propias ideas expresadas en Amoris Laetitia, a admitir a ciertos adúlteros públicos en “segundas nupcias” a los sacramentos de la confesión y la sagrada comunión sin un firme propósito de enmendar sus vidas abandonando las relaciones sexuales adúlteras.

De esta manera usted ha desafiado las propias palabras de Nuestro Señor quien condenó el divorcio seguido por nupcias posteriores como adulterio per se sin excepción, la advertencia de san Pablo sobre el castigo divino para quienes reciban indignamente el sagrado sacramento, la enseñanza de sus dos predecesores inmediatos alineados con la doctrina moral y disciplina eucarística de la Iglesia basadas en la revelación divina, el Código de Derecho Canónico y toda la tradición.

Usted ya ha provocado una fractura en la disciplina universal de la Iglesia, donde algunos obispos la mantienen a pesar de Amoris Laetitia mientras que otros, incluyendo aquellos en Buenos Aires, están anunciando un cambio basados únicamente en la autoridad de su escandalosa “exhortación apostólica”. Jamás había sucedido algo así en la historia de la Iglesia.

Y sin embargo, los miembros conservadores de la jerarquía casi sin excepción, conservan un silencio político mientras que los liberales exultan públicamente su triunfo gracias a usted. En la jerarquía, casi ninguno se opone a su imprudente desprecio de la sana doctrina y su práctica, si bien muchos murmuran en privado contra sus depredaciones. Por lo tanto, así como ocurrió durante la crisis arriana, queda en manos de los laicos defender la fe en medio de un abandono casi total del deber por parte de la jerarquía.

Si bien no somos nada en el gran esquema de las cosas, como miembros bautizados del cuerpo místico poseemos el derecho otorgado por Dios, con su consiguiente deber establecido en la ley de la Iglesia (cf. CIC can. 212), de comunicarnos con usted y nuestros hermanos católicos por la grave crisis que su gobierno ha provocado en la Iglesia dentro del estado ya crónico de crisis eclesiástica resultante del concilio Vaticano II.

Dado que las súplicas privadas han resultado totalmente inútiles, tal como relatamos debajo, publicamos este documento para aliviar nuestro cargo de conciencia frente al gran daño que usted ha causado, y amenaza con causar, sobre las almas y el bien de la Iglesia, y para exhortar a nuestros hermanos católicos a oponerse a su continuo abuso del oficio papal, particularmente en cuanto a las enseñanzas infalibles de la Iglesia sobre el adulterio y la profanación de la sagrada comunión.

Al decidir publicar este documento, nos guiamos por la enseñanza del doctor angélico sobre un caso de justicia natural dentro de la Iglesia:

“Hay que tener en cuenta, no obstante, que en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos. Por eso san Pablo, siendo súbdito de san Pedro, le reprendió en público a causa del peligro inminente de escándalo en la fe. Y como dice la Glosa de san Agustín: “Pedro mismo dio a los mayores ejemplo de que, en el caso de apartarse del camino recto, no desdeñen verse corregidos hasta por los inferiores”.
[Summa Theologiae, II-II, Q. 33, Art 4]

También nos guiamos por la enseñanza de san Roberto Belarmino, doctor de la Iglesia, respecto a la Resistencia lícita de un romano pontífice descarriado:

Así como es lícito resistir al Pontífice que ataca al cuerpo, es también lícito resistir al Papa, que ataca a las almas o que perturba el orden civil, y, a fortiori, al Papa que intenta destruir la Iglesia. Yo digo que es lícito resistirle no haciendo lo que él ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad… [De Controversiis sobre el Romano Pontífice, libro 2, Cap. 29].

Los católicos de todo el mundo, y no sólo los “tradicionalistas”, están convencidos que la situación imaginada por Belarmino es hoy una realidad. Esa convicción es el motivo de este documento.

Que Dios sea el juez de la rectitud de nuestras intenciones.

Christopher A. Ferrara
Columnista Jefe, The Remnant

Michael J. Matt
Editor, The Remnant

John Vennari
Editor, Catholic Family News


LIBRO DE ACUSACIONES

Por la gracia de Dios y la ley de la Iglesia, una denuncia contra Francisco, Romano Pontífice, por el peligro a la fe y el gran daño a las almas y al bien común de la santa Iglesia católica.

¿Qué clase de humildad es esta?

En la noche de su elección, al hablar desde el balcón de la Basílica de San Pedro, usted declaró: “el deber del cónclave es dar un obispo a Roma”. Si bien el público frente a usted provenía de todo el mundo, como miembros de la Iglesia universal, usted sólo dio las gracias porque “la comunidad diocesana de Roma tiene a su obispo”. También expresó su deseo que “este camino de Iglesia, que hoy comenzamos” resulte “fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella”. Pidió a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro que oren, no por el Papa, sino “por su obispo” y usted dijo que al día siguiente iría “a rezar a la Virgen para que custodie a toda Roma”.

Sus comentarios extraños en aquella ocasión histórica comenzaron con la banal exclamación “¡Hermanos y hermanas, buenas noches!” y terminaron con una intención igualmente banal: “Buenas noches y buen descanso”. Ni una vez, durante su primer discurso, se refirió a sí mismo como Papa ni se refirió a la dignidad suprema del oficio para el cual había sido elegido: el del Vicario de Cristo, cuyo mandato divino es enseñar, gobernar y santificar la Iglesia universal y liderar su misión, la de hacer discípulos a todas las naciones.

Casi desde el momento de su elección comenzó una especial campaña interminable de relaciones públicas cuya temática fue su singular humildad frente a los demás Papas, un simple “Obispo de Roma” en contraste a las supuestas pretensiones monárquicas de sus predecesores y sus elaboradas vestimentas y zapatos rojos que usted rechazó. Usted dio indicaciones tempranas de una descentralización radical de la autoridad papal en favor de una “Iglesia sinodal” tomando el ejemplo de la visión ortodoxa del “significado de la colegialidad episcopal y su experiencia de sinodalidad”. Los exultantes medios de comunicación aclamaron inmediatamente “la revolución de Francisco”.

Sin embargo esta ostentosa demostración de humildad ha sido acompañada por un abuso de poder del oficio papal, sin precedentes en la historia de la Iglesia. Durante los últimos tres años y medio usted ha promovido incesantemente sus propias opiniones y deseos, sin el más mínimo respecto o consideración por la enseñanza de sus predecesores, las tradiciones milenarias de la Iglesia, o los enormes escándalos que usted ha causado. En incontables ocasiones, usted ha conmocionado y confundido a los fieles y ha alegrado a los enemigos de la Iglesia con afirmaciones heterodoxas incluso sin sentido, mientras apilaba insulto tras insulto sobre los católicos practicantes, a quienes ridiculiza continuamente como “fariseos actuales” y “rigoristas”. Su comportamiento personal se ha rebajado frecuentemente en actos y payasadas para quedar bien con el público.

Usted ha ignorado consistentemente la beneficiosa advertencia de su predecesor inmediato, quien renunció bajo circunstancias misteriosas ocho años después de haber pedido a los obispos reunidos con él al comienzo de su pontificado “rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos”. Para citar a su predecesor en su primera homilía como Papa:

El Papa no es un monarca absoluto cuya voluntad sea ley, sino el custodio de la tradición auténtica y, con ello, el primer garante de la obediencia. Él no puede hacer lo que quiera, y por eso puede también oponerse a quienes quieren hacer lo que se les ocurre. Su ley no es la arbitrariedad, sino la obediencia de la fe.

Una intromisión selectiva en la política, siempre políticamente correcto

Durante su puesto como “Obispo de Roma” usted ha mostrado escaso respeto por las limitaciones de la autoridad papal y su competencia. Se ha entrometido en asuntos políticos tales como las políticas inmigratorias, la ley penal, el medioambiente, la restauración de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba (ignorando la lucha de los católicos bajo la dictadura de Castro) e incluso oponiéndose al movimiento independentista de Escocia. Sin embargo, se niega a oponerse a los gobiernos secularistas cuando desafían la ley divina y natural con medidas tales como la legalización de las “uniones homosexuales”, una cuestión de derecho divino y natural en la cual un Papa puede y debe intervenir.

De hecho, sus numerosas acusaciones a los males sociales—todos ellos políticamente seguros—contradicen sus propias acciones, las cuales comprometen a la Iglesia como testigo contra los diversos errores de la modernidad:

Contrario a la enseñanza inmutable de la Iglesia basada en la Revelación, usted demanda la abolición total global de la pena de muerte, sin importar la gravedad del crimen, e incluso la abolición de las sentencias de muerte, y sin embargo usted jamás ha hecho un llamamiento a la abolición del aborto legalizado, el que ha sido condenado constantemente por la Iglesia como asesinato masivo de inocentes.

Usted declara que un simple fiel peca gravemente si no recicla los desechos de su hogar o no apaga las luces innecesarias, y al mismo tiempo usted gasta millones de dólares en eventos masivos vulgares centrados en su persona, en países a los que viaja con grandes comitivas en aeronaves alquiladas que despiden vastas cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera.

Usted demanda fronteras abiertas en Europa para los “refugiados” musulmanes, que son predominantemente hombres en edad militar, mientras que usted vive tras los muros de la ciudad del Vaticano que excluye estrictamente a los no residentes—muros construidos por León IV para prevenir el segundo saqueo musulmán de Roma.

Usted habla incesantemente de los pobres y las “periferias” de la sociedad pero se alía con la jerarquía rica y corrupta de Alemania y con celebridades y potentados del globalismo que están a favor del aborto, la anticoncepción y la homosexualidad.

Usted desprecia las ambiciones de ganancia de las corporaciones y “la economía que mata” mientras honra en sus audiencias privadas y recibe generosas donaciones de los tecnócratas y líderes de corporaciones más importantes del mundo, permitiéndole incluso a Porsche alquilar la Capilla Sixtina para un “concierto magnífico…organizado exclusivamente para los participantes” que pagaron $6.000 cada uno por un tour de Roma—la primera vez que un Papa permite que este espacio sagrado se utilice para un evento corporativo.

Usted demanda el fin de la “desigualdad” mientras abraza dictadores comunistas y socialistas que viven lujosamente mientras las masas sufren bajo sus yugos.

Usted condena a un candidato para la presidencia norteamericana como “no cristiano” porque busca prevenir la inmigración ilegal, pero no dice nada contra los dictadores ateos a los que usted abraza, que han cometido asesinatos masivos, persiguieron a la Iglesia y encarcelaron cristianos en estados policiales.

Al promover su opinión personal sobre la política y las políticas públicas como si fueran doctrina católica, usted no ha dudado en abusar incluso de la dignidad de una encíclica papal, usándola para respaldar declaraciones científicas debatibles e incluso demostrablemente fraudulentas respecto al “cambio climático”, “el ciclo de carbono”, “la contaminación de dióxido de carbono” y la “acidificación de los océanos”. El mismo documento demanda también que los fieles respondan a una supuesta “crisis ecológica” apoyando programas medioambientales seculares tales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que usted ha elogiado, si bien llaman a un “acceso universal a la salud sexual y reproductiva”, refiriéndose a la anticoncepción y el aborto.

Un indiferentismo rampante

Si bien difícilmente sea un pionero respecto a las novedades post-conciliares destructivas como el “ecumenismo” y el “diálogo inter-religioso”, usted ha promovido en un grado no visto ni siquiera en los peores años de la crisis post-conciliar un indiferentismo religioso específico que prácticamente deja de lado la misión de la Iglesia como arca de salvación.

Respecto a los protestantes, usted declara que todos ellos son miembros de la misma “Iglesia de Cristo” como católicos, sin importar sus creencias, y que las diferencias doctrinales entre católicos y protestantes son, comparativamente, asuntos triviales a ser acordados entre teólogos.

Siguiendo esa opinión, usted ha desalentado la conversión de los protestantes, incluyendo el “obispo” Tony Palmer, quien pertenecía a una secta anglicana que pretende ordenar mujeres. Tal como comentó Palmer, cuando habló de “volver a casa a la Iglesia Católica” usted le dio una respuesta espantosa: “Nadie vuelve a casa. Ustedes viajan hacia nosotros y nosotros hacia ustedes, y nos encontraremos en el medio”. ¿En el medio de qué? Al poco tiempo, Palmer murió en un accidente de motocicleta. Sin embargo, por su insistencia, el hombre cuya conversión usted impidió deliberadamente fue enterrado como obispo católico—una burla, contraria a la enseñanza inmutable de su predecesor que sostiene que “las ordenaciones realizadas con el rito anglicano son nulas e inválidas.” [León XIII, Apostolicae curae (1896), DZ 3315]

Respecto a las demás religiones en general, usted ha adoptado como programa virtual el mismo error condenado por el papa Pío XI tan solo 34 años antes del Vaticano II: “la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio”. Usted ha ignorado completamente la advertencia de Pío XI que dice que “cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios”. Al respecto, usted ha sugerido incluso que hasta los ateos pueden salvarse meramente haciendo el bien, provocando de esta manera el aplauso de los medios de comunicación masiva.

Pareciera que en su visión, la tesis herética de Rahner sobre el “cristiano anónimo” que abraza virtualmente a toda la humanidad suponiendo la salvación universal ha reemplazado definitivamente la enseñanza de Nuestro Señor al contrario: “Quien creyere y fuere bautizado, será salvo; más, quien no creyere, será condenado (Mc 16 16).”

Un absurdo lavado de la imagen del islam

Asumiendo el rol de exégeta del Corán para liberar de culpa el culto de Mohammed y su ininterrumpida conexión histórica con la conquista y la persecución brutal de cristianos, usted declara: “Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia” [Evangelii gaudium, 253].

Usted ignora la historia de la guerra islámica contra el cristianismo, que continúa hasta el día de hoy, así como los códigos legales bárbaros del tiempo actual y la persecución de cristianos en las repúblicas islámicas, incluyendo Afganistán, Irán, Malasia, Maldivas, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Qatar, Arabia Saudita, Somalia, Sudán, Emiratos Árabes y Yemen. Estos son regímenes de opresión intrínseca a la ley de la sharía, que los musulmanes consideran una orden de Alá para el mundo entero y que ellos intentan establecer donde sea que obtienen un porcentaje de población significativo. Sin embargo, para usted, ¡las repúblicas musulmanas carecen de una comprensión “auténtica” del Corán!

Usted incluso intenta minimizar el terrorismo islámico en Oriente Medio, África y el corazón mismo de Europa, osando proponer una equivalencia moral entre los fanáticos musulmanes que libran la yihad—como lo han hecho desde el surgimiento del islam—y el “fundamentalismo” imaginario de católicos practicantes que usted nunca deja de condenar e insultar públicamente. Durante una de sus palabrerías en conferencia de prensa durante un vuelo, en las que frecuentemente avergüenza a la Iglesia y socava la doctrina católica, usted pronunció esta infame opinión, típica de su absurda insistencia con que la religión fundada por el Dios encarnado y el violento culto perenne fundado por el degenerado Mohammed se encuentran en igualdad moral:

No me gusta hablar de violencia islámica, porque todos los días cuando leo los diarios, veo violencia, aquí en Italia, alguien que mata a la novia, otro que mata a la suegra. Y estos son católicos bautizados, son católicos violentos. Si yo hablo de violencia islámica, debo hablar de violencia católica…creo que en casi todas las religiones hay un pequeño grupo fundamentalista Nosotros lo tenemos. Cuando el fundamentalismo llega a matar, también se puede matar con la lengua -esto lo dice el apóstol Santiago- y también con el cuchillo. Creo que no es justo identificar al islam con la violencia.

Es de no creer que un Romano Pontífice declare que unos actos de violencia aleatorios cometidos por católicos, y sus meras palabras, sean un equivalente moral de la campaña mundial de actos terroristas del islamismo radical, el asesinato masivo, la tortura, la esclavitud y la violación en nombre de Alá. Parece que usted es más rápido para defender el culto ridículo y asesino de Mohammed contra sus oponentes que a la verdadera Iglesia contra sus innumerables acusadores falsos. Quedó lejos de su pensamiento la visión inmutable de la Iglesia sobre el islam, expresada por el papa Pío XI en su Acto de Consagración del género humano al Sagrado Corazón: “Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo. A todos dígnate atraerlos a la luz de tu Reino”.

Un “sueño” reformador, protegido por un puño de acero

En definitiva, usted parece estar afectado por una manía reformadora que no conoce límites a su “sueño” de cómo debiera ser la Iglesia. Como declara en su manifiesto papal sin precedentes, Evangelii gaudium (nn. 27, 49):

Sueño con una “opción misionera” capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación…Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37)

Por increíble que parezca, usted profesa que las “estructuras” y “reglas” inmemoriales de la santa Iglesia católica infligían un hambre cruel y muerte espiritual antes de que usted llegara de Buenos Aires, y que ahora usted desea cambiar literalmente todo en la Iglesia para hacerla más misericordiosa. ¿Cómo debieran ver esto los fieles, sino como una terrorífica megalomanía? Usted declara incluso que en su opinión la evangelización no debe estar limitada por miedo a la autopreservación de la Iglesia—¡como si de alguna manera ambas cosas estuvieran contrapuestas!

Su diáfano sueño de reformar todo está acompañado por un puño de acero que aplasta cualquier intento de restaurar la viña devastada durante medio siglo de reformas “imprudentes”. Según lo revelado en su manifiesto (Evangelii gaudium, 94), usted está lleno de desprecio por los católicos tradicionalistas, a quienes acusa precipitadamente de “ensimismados Prometeo neopelagianos” que se “sienten superiores a los demás porque ellos observan ciertas reglas o se mantienen intransigentemente fieles a un estilo particular de catolicismo del pasado”.

Usted ridiculiza incluso una “supuesta solidez doctrinal o disciplina” porque, en su opinión, “lleva en cambio a un elitismo narcisista y autoritario, en el que en lugar de evangelizar, se analiza y clasifica a los demás…” Pero es usted quien clasifica constantemente y analiza a otros con una interminable sarta de términos peyorativos, caricaturas, insultos y condenaciones de los católicos practicantes a quienes considera insuficientemente receptivos al “Dios de las sorpresas” que usted presentó durante el Sínodo.

De ahí su brutal destrucción de los pujantes Frailes Franciscanos de la Inmaculada, por su “tendencia definitivamente tradicionalista”. Esto fue seguido por su decreto que establece que cualquier intento por erigir un nuevo instituto diocesano para la vida consagrada (por ejemplo, para recibir a los desplazados miembros de los Frailes) será nulo e inválido faltando previa “consulta” con la Santa Sede (es decir, un permiso de facto que puede ser y será retenido indefinidamente). Usted reduce así la inmutable autonomía de los obispos en sus propias diócesis mientras predica una nueva etapa de “colegialidad” y “sinodalidad”.

Al apuntar contra los conventos de clausura, avanzó con medidas decretadas para forzar la entrega de su autoridad local a federaciones gobernadas por burócratas eclesiales, romper la rutina del claustro para “formarse” en el exterior, el mandato de intrusión del laicado dentro del convento para la adoración eucarística, la increíble descalificación de las mayorías electorales del convento en caso de ser “ancianos”, y el requisito universal de nueve años de “formación” antes de tomar los votos decisivos, cosa que ciertamente sofocará las nuevas vocaciones y asegurará la extinción de muchos de los claustros restantes.

¡Ayúdanos Señor!

Un incansable deseo de acomodar la inmoralidad sexual dentro de la Iglesia

Pero nada supera la arrogancia y audacia con la que ha buscado imponer sobre la Iglesia universal la misma práctica maligna que usted autorizó como arzobispo de Buenos Aires: la administración sacrílega del sagrado sacramento a personas viviendo en adulterio y “segundas nupcias” o que conviven sin ni siquiera haberse casado por civil.

Casi desde el momento de su elección usted ha promovido la “propuesta Kasper”—rechazada repetidamente por el Vaticano en la época de Juan Pablo II. El cardenal Walter Kasper, un archi-liberal incluso para la jerarquía liberal alemana, hacía tiempo había insistido para la admisión de los divorciados “vueltos a casar” a la sagrada comunión en “ciertos casos” según el falso “camino penitencial” que los habilitaría para recibir el sacramento mientras continúan con las relaciones sexuales adúlteras. Kasper pertenecía al “grupo de San Galo” que hizo lobby para su elección, y luego usted premió su persistencia en el error con ayuda de la prensa que lo presentó felizmente como “el teólogo del Papa.”

Usted comenzó a preparar el camino para su destructiva innovación recurriendo a lo que solo podría llamarse un lanzamiento desenfrenado de eslóganes demagógicos. Tal como declara su manifiesto (Evangelii gaudium, 47) en noviembre de 2013: 

“La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores”.

Este desvergonzado recurso a la emoción, parodia la digna recepción del sagrado sacramento en estado de gracia como “un premio para los perfectos” mientras insinúa sediciosamente que la Iglesia negó el alimento eucarístico a “los débiles” durante demasiado tiempo. De ahí su acusación igualmente demagógica que los ministros de la Iglesia han actuado cruelmente como “controladores de la gracia y no como facilitadores” rechazando la sagrada comunión a “los débiles” en oposición a “los perfectos”, y que usted debe remediar esta injusticia con “valentía”.

Por supuesto que la sagrada comunión no es “alimento” o “medicina” para obviar el pecado mortal. Al contrario, se sabe que recibirla en ese estado es profanación que mata el alma y provoca la condenación: “De modo que quien comiere el pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Pero pruébese cada uno a sí mismo, y así coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe, no haciendo distinción del Cuerpo (del Señor), come y bebe su propia condenación. (1 Cor. 11 27-29).”

Como sabe todo niño bien catequizado, la confesión es la medicina por la cual el pecado mortal es remediado, mientras que la Eucaristía (asistida por el recurso regular a la confesión) es el alimento espiritual para mantener e incrementar el estado de gracia que procede de la absolución, para que nadie caiga nuevamente en pecado mortal sino que crezca en comunión con Dios. Pero parece que el mismo concepto de pecado mortal está ausente en sus documentos formales, discursos, afirmaciones y pronunciamientos.

Sin dejar lugar a dudas sobre su plan, unos meses después, en el “consistorio extraordinario de la familia”, planeó los eventos de tal manera que sólo el cardenal Kasper fue el único orador oficial. Durante su discurso de dos horas del 20 de febrero de 2014—el que usted deseó se mantuviera en secreto pero fue filtrado a la prensa italiana como un “secreto” y documento “exclusivo”—Kasper presentó la demente propuesta de admitir a ciertos adúlteros públicos a la sagrada comunión mientras aludía directamente a su eslogan: “Los sacramentos no son un premio para quien se comporta bien y para una élite, excluyendo a aquellos que más los necesitan [EG 47].” Desde entonces, usted no ha titubeado en su determinación de institucionalizar en la Iglesia el grave abuso de la Eucaristía que había permitido en Buenos Aires.

Al respecto, parece que usted tiene poco respeto por el matrimonio sacramental como hecho objetivo en oposición a lo que la gente siente subjetivamente sobre el estatus de las relaciones inmorales que la Iglesia jamás puede reconocer como matrimonio. En comentarios que por sí solos desacreditarán su extraño pontificado hasta el fin de los tiempos, usted declara que “la gran mayoría de matrimonios católicos son nulos” mientras que algunas personas que conviven sin haberse casado pueden tener un “matrimonio verdadero” debido a su “fidelidad”. ¿Acaso estos comentarios reflejan la situación de su hermana divorciada “vuelta a casar” y de su sobrino que convive?

Esta opinión, que un reconocido canonista llamó “absurda”, provocó una protesta por parte de los fieles del mundo entero. En un esfuerzo por minimizar el escándalo, la “transcripción oficial” del Vaticano cambió sus palabras “la gran mayoría de nuestros matrimonios sacramentales” por “una parte de nuestros matrimonios sacramentales” pero dejó intacta su aprobación de la cohabitación inmoral como “matrimonio verdadero”.

Tampoco parece usted preocupado con el sacrilegio involucrado en la recepción del Cuerpo, Sangre y Divinidad de Jesucristo en la sagrada Eucaristía por parte de los adúlteros públicos y los que conviven. Tal como le dijo a la mujer argentina a la que dio “permiso” telefónico para comulgar mientras vive en adulterio con un hombre divorciado: “un poco de pan y vino no hacen daño.” Usted jamás ha negado los dichos de esta mujer, y son consistentes con su rechazo a arrodillarse durante la consagración o frente a la exposición del Santísimo Sacramento mientras que no tiene dificultad para arrodillarse a besar los pies de los musulmanes durante su grotesca parodia del mandato tradicional del Jueves Santo, que usted abandonó. También se alinean con sus comentarios a la mujer luterana en la iglesia luterana a la que asistió un domingo, que el dogma de la transubstanciación es una mera “interpretación”, que la “vida es más grande que las explicaciones e interpretaciones” y que ella debería “hablar con el Señor” para saber si debiera recibir la comunión en la Iglesia católica—cosa que luego hizo gracias a su evidente apoyo.

Su precipitada y secreta “reforma” del proceso de nulidades está alineada con su escasa consideración del matrimonio sacramental, dado que la impuso sobre la Iglesia sin consultar a ninguno de los dicasterios competentes del Vaticano. Su motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus establece el marco para una verdadera fábrica de nulidades a nivel mundial, con una “vía rápida” y una nueva base nebulosa de procedimientos para la nulidad acelerada. Tal como explicó luego el jefe de esta reforma tramada de forma clandestina, su intención expresa es promover entre los obispos “una ‘conversión’, un cambio de mentalidad que los convenza y sostenga en el seguimiento de Cristo, presente en su hermano, el Obispo de Roma, del número restringido de unos pocos miles de anulaciones al inconmensurable [número] de desafortunados que podría tener una declaración de nulidad …”

¡Así, “el obispo de Roma” demanda de sus hermanos obispos un vasto incremento en el número de nulidades! Un distinguido periodista católico reportó luego la aparición de un dossier de siete páginas en el que oficiales de la curia “‘desacreditaron’ jurídicamente el motu proprio del Papa… acusan al Santo Padre de desechar un dogma importante, y aseveran que ha introducido el ‘divorcio católico’ de facto”. Estos oficiales condenaron lo que el reportero llama “un ‘Führerprinzip’ eclesial, ordenando de arriba hacia abajo, por decreto y sin ninguna consulta o control”. Los mismos oficiales temen que “el motu proprio provoque una avalancha de nulidades y que de ahora en más, las parejas puedan abandonar sus matrimonies católicos sin problemas.” Se sienten “‘fuera de sí’ y obligados a ‘alzar la voz’…”

Pero usted no es más que consistente en la persecución de sus objetivos. Al comienzo de su pontificado, durante una de las conferencias de prensa en un vuelo en la que reveló por primera vez sus planes, usted dijo: “los ortodoxos siguen lo que ellos llaman la teología de la economía y dan una segunda posibilidad [de matrimonio], lo permiten. Creo que este problema debe estudiarse.” Para usted, la falta de una “segunda oportunidad de matrimonio” en la Iglesia católica es un problema a ser estudiado. Claramente, usted ha pasado los últimos tres años y medio planeando imponer en la Iglesia algo que se aproxima a la práctica ortodoxa.

Un distinguido canonista, consultor de la Signatura Apostólica ha advertido que como resultado de su descuida falta de consideración de la realidad del matrimonio sacramental:

“Se está desarrollando una crisis (en el sentido griego de la palabra) en la Iglesia, sobre el matrimonio, y es una crisis que, considero, alcanzará un punto crítico sobre la disciplina y ley matrimoniales…. Creo que la crisis del matrimonio que él [Francisco] está provocando culminará en si la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio, que todos dicen honrar, será protegida concreta y efectivamente en la ley de la Iglesia, o si las categorías canónicas sobre la doctrina del matrimonio se distorsionarán (o simplemente dejarán de considerarse) para abandonar esencialmente el matrimonio y la vida matrimonial en el reino de la opinión personal y la consciencia individual”.

Amoris Laetitia: El verdadero motivo para la farsa del sínodo

Dicha crisis alcanzo su punto más álgido luego de la conclusión de su desastroso “Sínodo de la Familia”. Si bien usted manipuló el evento de principio a fin para conseguir el resultado que deseaba—la sagrada comunión para los adúlteros públicos en “ciertos casos”—no alcanzó sus expectativas gracias a la oposición de los padres sinodales conservadores que usted mismo denunció demagógicamente por sus “corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”.

En un abuso brutal de la retórica, usted equiparó a sus oponentes episcopales ortodoxos con los fariseos que practicaban el divorcio con subsiguientes matrimonios según la dispensa mosaica. Estos eran los mismos obispos que defendieron la enseñanza de Jesús contra los fariseos—¡y sus propios planes! Ciertamente, usted parece intentar revivir la aceptación farisaica del divorcio por medio de una “práctica neo-mosaica”. Un periodista católico de renombre, conocido por su enfoque moderado sobre los asuntos de la Iglesia, criticó su comportamiento reprensible: “Que un Papa critique a quienes permanecen fieles a la tradición y los caracterice como inmisericordes alineándolos con los fariseos duros de corazón contra el misericordioso Jesús, es extraño.”

Al final, el “viaje sinodal” que usted elogió fue revelado nada más y nada menos que como una farsa para ocultar las conclusiones predeterminadas de su patética “Exhortación Apostólica”, Amoris Laetitia. En ella, principalmente en el capítulo ocho, sus escritores fantasma utilizan una ambigüedad astuta para abrir la puerta de la sagrada comunión de par en par para los adúlteros públicos, reduciendo la ley natural que prohíbe el adulterio a una mera “regla general” para la cual pueden haber excepciones en caso de personas con “una gran dificultad para comprender “los valores inherentes a la norma” o puede estar en condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente… (¶¶ 2, 301, 304)”. Amoris es un intento transparente de contrabandear una forma mitigada de ética casuística en asuntos de moralidad sexual, como si así el error pudiera ser confinado.

Su evidente obsesión por legitimar la sagrada comunión para los adúlteros públicos lo ha llevado a desafiar la enseñanza moral inmutable y la disciplina sacramental de la Iglesia intrínsecamente relacionada con ella, afirmada por sus dos predecesores inmediatos. Dicha disciplina está basada en la enseñanza de Nuestro Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio así como también la enseñanza de san Pablo sobre el castigo divino por la recepción indigna de la sagrada comunión. Para citar a Juan Pablo II al respecto:

“La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.

La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos”
[Familiaris consortio, n. 84]

Usted ha ignorado las súplicas de sacerdotes, teólogos y filósofos de la moral de todo el mundo, asociaciones católicas y periodistas, e incluso de algunos valientes prelados en medio de una jerarquía silenciosa, de retractarse o “clarificar” las ambigüedades tendenciosas y los errores de Amoris, en particular los del capítulo ocho.

Un error moral grave aprobado ahora explícitamente

Y ahora, habiendo sobrepasado el uso retorcido de las ambigüedades, autorizó explícitamente tras bambalinas lo que en público consintió ambiguamente. La conspiración salió a la luz al filtrarse su carta “confidencial” a los obispos de la región pastoral de Buenos Aires—lugar donde, como arzobispo, ya había autorizado el sacrilegio masivo en las villas.

En dicha carta usted elogia el documento de los obispos sobre los “Criterios Básicos para la Aplicación del Capítulo Ocho de Amoris Laetitia”—como si fuera un deber “aplicar” el documento para producir un cambio en la disciplina sacramental de dos mil años de Iglesia. Usted escribe: “es muy bueno y explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII de “Amoris laetitia”. No hay otras interpretaciones.” ¿Es una coincidencia que este documento provenga de la misma archidiócesis donde, hace tiempo como arzobispo, usted había autorizado la admisión de los adúlteros públicos y los que conviven a la sagrada comunión?

Lo que antes sólo se sugería, ahora se tornó explícito, y quienes insistían con que Amoris no cambia nada han quedado como tontos. El documento que usted ahora elogia como única interpretación correcta de Amoris, socava radicalmente la doctrina y la práctica de la Iglesia que sus predecesores defendieron. En primer lugar, reduce a una “opción” el mandato moral para los divorciados “vueltos a casar” de “vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos.” Según los obispos de Buenos Aires—con su aprobación—es sencillamente “posible plantear que hacen el esfuerzo de vivir en continencia. Amoris Laetitia no ignora las dificultades de esta opción”.

Tal como la Congregación para la Doctrina de la Fe declaró de manera definitiva hace tan solo 18 años, durante el reinado del mismo Papa que usted canonizó: “si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conformé al derecho; por lo tanto, por motivos intrínsecos, es imposible que reciban los sacramentos. La conciencia de cada uno está vinculada, sin excepción, a esta norma”.  Esta es la enseñanza inmutable de la Iglesia católica desde hace dos mil años.

Más aún, ningún sacerdote parroquial o incluso obispo tiene el poder de honrar en el “foro interno” la afirmación de una persona viviendo en adulterio que dice que según su “conciencia” su matrimonio sacramental era en realidad inválido, porque como advirtió la CDF, “el matrimonio tiene esencialmente un carácter público-eclesial y está regido por el principio fundamental nemo iudex in propria causa (“nadie es juez en causa propia”). Por eso, si unos fieles divorciados y vueltos a casar consideran que es inválido su matrimonio anterior, están obligados a dirigirse al tribunal eclesiástico competente, que deberá examinar objetivamente el problema y aplicar todas las posibilidades jurídicas disponibles”.

Habiendo reducido a una opción una norma moral que no aceptaba excepciones, enraizada en la revelación divina, los obispos de Buenos Aires, citando a Amoris como única autoridad en 2000 años de enseñanzas en la Iglesia, luego declaran: “En otras circunstancias más complejas, y cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción mencionada puede no ser de hecho factible”. Una norma moral universal queda relegada a la categoría de una mera guía a ser ignorada si el sacerdote local la considera “no factible” bajo ciertas “circunstancias complejas” indefinidas. ¿Cuáles son exactamente estas “circunstancias complejas” y qué tiene que ver la “complejidad” con las normas morales que no contemplan excepciones y están fundadas en la revelación?

Finalmente, los obispos llegan a la espantosa conclusión que usted había planeado imponer sobre la Iglesia desde el comienzo del “viaje sinodal”:

No obstante, igualmente es posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris Laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía (cf. notas 336 y 351). Estos a su vez disponen a la persona a seguir madurando y creciendo con la fuerza de la gracia.

Con su elogio y aprobación, los obispos de Buenos Aires declaran por primera vez en la historia de la Iglesia que una indefinida clase de personas viviendo en adulterio pueden ser absueltas y recibir la comunión si bien permanecen en ese estado. Las consecuencias son catastróficas.

Por favor, oren por el Santo Padre

viernes, 16 de septiembre de 2016

AZTECAS E INCAS EMPARENTADOS GENÉTICAMENTE CON PUEBLOS DE RUSIA

Un grupo internacional de genetistas ha demostrado que los aztecas, los incas y los iroqueses son parientes cercanos de los pueblos de Altái, una región de Rusia situada entre Siberia Central, China y Mongolia.

Por Aram Ter-Gazarián

Hace tiempo que los científicos sabían que los indios americanos tienen un parentesco cercano con los pueblos de Altái. La hipótesis sobre la migración de los pueblos altaicos desde Siberia a través de Chukotka, en el noreste de Rusia, y Alaska continuando hacia el sur hasta llegar a la Tierra del Fuego apareció hace un siglo. Desde entonces, investigadores de distintas universidades del mundo han intentado demostrarla.

A finales de 2015, el genetista ruso Oleg Balanovski puso punto final a esta cuestión.

La búsqueda de genes siberianos entre los indios

En 2013, las dos revistas científicas más prestigiosas del mundo, Nature y Science, publicaron artículos sobre el análisis del genoma completo de los indios americanos y de sus antepasados siberianos. Estos se compararon con los de la población de todas las regiones del mundo.

En la primera investigación se estudiaron los genomas de 48 personas de Brasil. En la segunda, 31 genomas de población procedente de toda América y de Siberia.

En ambas investigaciones se confirmó que los antepasados de los indios americanos llegaron al continente hace unos 20.000-30.000 años desde Siberia.

Después de la publicación de estos artículos, Balanovski decidió llevar a cabo un estudio a mayor escala.

El biobanco: 25.000 muestras del ADN de 90 etnias

Durante la primera etapa de la investigación, los científicos analizaron muestras de ADN. “En nuestro biobanco tenemos más de 25.000 muestras de miembros de 90 grupos étnicos de Rusia y los países vecinos”, comenta Balanovski a RBTH.

En la segunda etapa se analizaron distintos marcadores del ADN obtenido de las muestras de sangre: el cromosoma Y, que se hereda por línea masculina, el ADN mitocondrial, que se transmite por línea femenina, y otros cromosomas que se combinan entre los dos progenitores.

Como resultado, los científicos han podido asegurar que los indios americanos están relacionados genéticamente con los pueblos de Altái. Pero durante la investigación se ha realizado otro descubrimiento. “Además de los antepasados siberianos, en algunos indios hemos encontrado una misteriosa relación con la población de Australia y la Melanesia, islas que se encuentran en el océano Pacífico. Es algo sorprendente, ya que estas regiones se encuentran prácticamente en las antípodas”, aclara Balanovski.

¿Cómo llegaron los indios a América?

Los científicos ya han averiguado cuál fue la ruta por la que los indios llegaron a América desde Altái. “El lugar que ahora ocupa el estrecho de Bering antes podía cruzarse a pie. Durante la glaciación, el agua se convirtió en hielo y el nivel del océano mundial descendió”, explica Balanovski.

El experto añade que por ahora no queda claro si la migración desde Australia y la Melanesia se produjo por mar o por tierra a través de la cadena de las islas Aleutianas. Los arqueólogos siguen intentando desvelar esta cuestión.

“Esta investigación confirma la hipótesis de que los pueblos de Altái son parientes de los indios americanos. Hemos conseguido dar con una prueba irrefutable de ello”, comenta el genetista Valeri Ilinski, investigador del Instituto de Genética General de la Academia Rusa de Ciencias.

RBTH/Fuente:Alamy/Legion Media


PIDEN QUE SE PROHÍBA EL MISOPROSTOL

Después de que las militantes de Nuevo Encuentro les enseñaron a los alumnos del colegio Pellegrini a abortar con pastillas, un par de diputadas insistieron con la necesidad de prohibir este fármaco abortivo para proteger la salud de todos los argentinos.

El proyecto de ley (expte. 122/2016) que intenta prohibir la “producción, distribución, comercialización y venta” del misoprostol, sigue durmiendo en la Comisión de Salud de la cámara de diputados a pesar de que las puntanas Ivana Bianchi y Berta Arenas lo presentaron este año por quinta vez.

Tras el escándalo en el Pellegrini las diputadas de Compromiso Federal enviaron una nota a la presidente de Salud, la abortista Carolina Gaillard, para que ponga en tratamiento su proyecto. Le pidieron, además, que convoque a especialistas para que expongan sobre las consecuencias de utilizar esta droga.

En la carta dirigida a Gaillard las legisladoras destacan que este medicamento usado como abortivo “puede generar hemorragias letales”.

La medicación, sugerida con ligereza a los alumnos del Pellegrini, puede producir un aborto incompleto con serias complicaciones para la gestante que requerirá hospitalización y cirugía, y arriesgará, cuando menos, su fertilidad. Si el intento de aborto falla, es muy probable que el bebé nazca con malformaciones severas. Por ello y “atendiendo a la necesidad de proteger la salud de los habitantes de nuestro país”, como señala en los fundamentos de su proyecto, Bianchi viene pidiendo desde el 2008 su prohibición.

Ahora espera que la entrerriana Carolina Gaillard lo saque del cajón.

NOTIVIDA
Editores: Lic. Mónica del Río y Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja


15 CLAUSTROS DISUELTOS: ¿QUÉ QUEDA DE LA ORDEN DE LOS FRANCISCANOS DE LA INMACULADA?

¿Hasta dónde ha avanzado la destrucción de la Orden de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada ? Esta es la actualización de un capítulo que es como una sombra oscura sobre el pontificado del papa Francisco.

Por Giuseppe Nardi


En 1969 dos Padres Menores, Stefano Maria Manelli y Gabriele Maria Pellettieri, pidieron al Padre General de la Orden, después de un profundo estudio de Fontes Franciscani, que se les permitiera iniciar una "nueva experiencia de la vida franciscana" de regreso a su rigor original. 

En 1970 se les puso a disposición un monasterio abandonado de la Orden donde se reunieron más hombres con el tiempo, y con el establecimiento de una rama femenina, también se unieron mujeres. En 1990, la Comunidad fue reconocida canónicamente como una Orden separada.


La peculiaridad de la Orden Joven

La Orden representó una anomalía de las Órdenes Católicas hasta julio de 2013. Mientras las antiguas Órdenes Religiosas impregnadas de tradición sufren declive y se consumen, la joven Orden Franciscana vio un verdadero florecimiento de vocaciones.

Su peculiaridad fue que los fundadores no se volvieron hacia las aperturas liberales después del Concilio, sino que volvieron al rigor del ideal franciscano. La sensibilidad que se desarrolló allí llevó a un retorno al rito tradicional bajo el papa Benedicto XVI. Los Frailes Franciscanos de la Inmaculada fueron así la única nueva Orden de rito, que se trasladó a la forma tradicional del rito romano y el rigor de su vida atrajo a muchos jóvenes, mientras que otras Órdenes pasaban hambre.

La particularidad que definía a esta Orden como comunidad del antiguo rito, es que no pertenecía a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, sino a la Congregación para los Religiosos, que por lo demás, sólo se ocupa del nuevo rito.

Los dos fundadores de la Orden: Padre Stefano Maria Manelli (izquierda) y el padre Gabriele Maria Pellettieri

Otra peculiaridad distinguía a la joven y floreciente Orden de las comunidades Ecclesia Dei. Además del carisma de la Orden, el ideal franciscano de la Devoción Mariana, el amor a la Tradición y el Rito Tradicional, había un celo misionero.

Mientras que las comunidades de Ecclesia Dei están encerradas en jardines, donde en algunas diócesis son más toleradas que aceptadas, los Franciscanos de la Inmaculada tenían la libertad de las comunidades de nuevos ritos para desarrollar abiertamente sus apostolados libremente y ser especialmente activos en la misión.

Con su giro hacia el antiguo rito, las primeras dificultades comenzaron con los obispos diocesanos. De los tres frailes conocidos establecidos en países de habla alemana, solo Kitzbühel (Arquidiócesis de Salzburgo), establecido en 2002, tuvo éxito. Los otros dos intentos más recientes (la diócesis de Bolzano-Brixen y la diócesis de Linz) fueron rechazados.


La reversión de la elección del papa Francisco

La joven Orden Religiosa disfrutó de la benevolencia papal bajo Benedicto XVI, que cambió repentinamente bajo Francisco. 

En julio de 2013, solo cuatro meses después de su elección, la Congregación para los Religiosos anuló por completo el liderazgo de la Orden con la aprobación papal. La Orden fue puesta bajo administración provisional. El comisario, padre capuchino, Fidenzio Volpi, que no simpatizaba con el Rito Tradicional, inició una verdadera destrucción. El padre Volpi, fallecido en junio de 2015, fue sustituido por el abogado salesiano y canónico Sabino Ardito. Sin embargo, la destrucción de la Orden continuaba sin cesar.

Aún se desconocen las razones de la intervención radical en la floreciente Orden Religiosa. A puerta cerrada, el Comisario y el jefe de la Congregación para los Religiosos confirmaron lo que los observadores habían sospechado desde el principio: la razón era la característica de la Orden antes mencionada. Una nueva Orden que se había trasladado al Rito Tradicional, que atrajo numerosas vocaciones de jóvenes y despertó una atención creciente de otras nuevas Órdenes, que comenzaron a interesarse por esta “historia de éxito”, no podía existir.

El decreto por el que se estableció el gobierno provisional sólo contenía una determinación detallada. Pero reveló el impulso de la acción: a pesar de todo lo contrario que había sido emitido por Benedicto XVI con el Motu Proprio Summorum Pontificum, se determinó que ningún sacerdote de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada pudiera seguir celebrando el Rito Tradicional. Cualquiera que quisiera celebrar el antiguo rito tenía que hacer una solicitud privada, que debía ser aprobada por el Comisionado. No se podía demostrar más desprecio por el Rito Tradicional.

Bajo el Papa Benedicto XVI las fuerzas hostiles no pudieron actuar contra la Orden. Pero con la elección de Bergoglio, quien comentó despectivamente en junio de 2013 sobre los círculos tradicionales, la situación había cambiado de golpe.

Con su poder, el papa Francisco impidió que la dirección de la Orden pudiera volverse hacia la Signatura Apostólica contra las acciones de la Congregación para los Religiosos. La Orden no tenía recursos legales. Tenía que aguantar.


Ningún padre benévolo

Desde el inicio de los actos de desmembramiento, los comisionados disolvieron 14 monasterios. Actualmente, incluso se está preparando la disolución del monasterio de Florencia, que fue un centro de la Orden antes de la administración provisional. Será el cierre del 15° Monasterio desde el inicio de la administración provisional. Los comisarios han demostrado estar empleados contra la Orden no como padres benevolentes, como lo fue el cardenal De Paolis, a quien Benedicto XVI colocado en la cima de la Legión de Cristo en 2010 cuando la Orden había caído en una espiral al descubrir la doble vida de su fundador.

Los comisionados de los Franciscanos de la Inmaculada estaban empleados, más bien como liquidadores. Tres años y medio después de su establecimiento en la Legión de Cristo, el cardenal De Paolis terminó su administración con la elección de un nuevo liderazgo para la Orden. La administración apostólica no tiene fin para los Franciscanos de la Inmaculada. Surge ahora la conmovedora pregunta: ¿qué quedará entonces del Orden anterior?


Alfonso Bruno y su campaña

Con la muerte del primer comisario, al menos, la influencia del padre Alfonso Bruno parece haber decaído. Alfonso Bruno fue el Representante de Medios de la dirección anterior de la Orden. Se le considera el verdadero cerebro detrás de la rebelión contra los fundadores y el carisma de la Orden. Oficialmente, no parece estar entre los cinco hermanos, que se habían dirigido a la Congregación para los Religiosos con una carta para quejarse del uso exclusivo del rito tradicional en la Orden

Sin embargo, la carta fue el incentivo para la intervención en la Congregación para los Religiosos.

El comisario Volpi nombró secretario general a Alfonso Bruno y fue influenciado por él. De lo contrario, el Comisionado tenía locas acusaciones falsas contra el Fundador Stefano Maria Manelli, ya que fue condenado por difamación en una sentencia de un tribunal estatal. La ejecución del castigo fue impedida sólo por su muerte inesperada. El nuevo comisario, Ardito, no cometió el mismo error obviamente. Mientras Volpi era el único comisionado, el padre Ardito contrató a un jesuita y a un capuchino como asistentes. Así ha prescindido de un secretario general y envió a Alfonso Bruno en septiembre de 2015 para ser el jefe de una casa religiosa en Messina, Sicilia. Sin embargo, estaba listo para continuar su campaña contra el ex Superior General, el Padre Manelli, quien fue depuesto en 2013. Según los rumores, está detrás de un blog que se llama "La Verdad sobre la Administración Provisional de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada" que solo está repleto de artículos maliciosos.


Abolición del cuarto voto mariano

Mientras tanto, los primeros votos se realizaron sin la típica consagración al Inmaculado Corazón de María en Brasil y Filipinas, siendo reemplazada por una simple expresión de voluntad de ir en misión. La consagración a María es el cuarto voto característico de la Orden. Además de los tres consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, común a todas las comunidades religiosas, los Frailes Franciscanos de la Inmaculada hacen un cuarto voto mariano que precede a los demás.

La abolición de la consagración a María es la segunda imposición concreta al carisma de la Orden. “Surge la pregunta: ¿Fue esta consagración el problema? Y si no: ¿Por qué imponen a la orden un cambio tan grande de su carisma original”, escribió Libertà e Persona.

El canonista seguía debatiendo si el Decreto de la Congregación para los Religiosos de julio de 2013 era lícito o no. Las opiniones variaban. Lo mismo se aplicó a intervenciones específicas como la abolición de la Consagración a María. Algunos canonistas pensaron que tal intervención podría ser resuelta legalmente solo por el Capítulo General de la Orden. Nuevamente, las opiniones diferían. Dado que Bergoglio prohibió a los tribunales escuchar las discusiones de los canonistas, las conclusiones a las que llegasen no tenían un impacto real.


Restablecimiento prohibido

Desde la administración provisional, numerosos Hermanos quisieron dejar la Orden. Querían mantener el estilo de vida con el que se habían comprometido a través de sus votos. La puesta en marcha prevista de una Orden del Rito Antiguo fue prohibida por la Congregación para los Religiosos. Es otro indicio de que se opone a la Tradición y al Rito Tradicional. El comisario Volpi amenazó a los obispos para que no permitieran que los Frailes Franciscanos de la Inmaculada abandonaran su Orden. Al mismo tiempo  acusó ​​a los "encomendados" a él, de "querer derrocar al papa Francisco".

Los hermanos quieren permanecer fieles a su consagración a María, la plena devoción a la Inmaculada. Su abolición representa una grave intromisión en la identidad de la Orden. Es motivo de incertidumbre y enfado que no exista una conexión reconocible entre la abolición y la introducción de la administración provisional.

Esta intervención se extendería a la rama femenina y, por lo tanto, también a las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada para situarlas en un dilema moral, ya que habían jurado fidelidad a un carisma particular que fue aceptado y confirmado por el Papa Juan Pablo II en 1998. Los medios de comunicación siempre encuentran nuevas historias de terror que publicar sobre la Orden. 
Las paredes del monasterio parecen inspirar fantasías extravagantes no solo para los periodistas.


Centralismo papal

Con un Rescript ex audientia del 4 de abril de 2016, que se hizo público el pasado 11 de mayo, el papa Francisco ha revocado el derecho de los obispos diocesanos a reconocer nuevas comunidades religiosas. Con este Rescript, Francisco señaló que el establecimiento de una Orden por un obispo diocesano sin el consentimiento de Roma es nulo y sin valor.

La centralización ordenada por Francisco es exactamente lo opuesto a la otra "descentralización" que él representa para la Iglesia, tal como se llevó a cabo en relación con la nulidad del matrimonio, donde el Obispo diocesano puede decidir la admisión de divorciados vueltos a casar a la sagrada Comunión.

Los obispos cercanos a Francisco confirman, como informa la revista progresista Il Regno, que aunque se habla mucho de “colegialidad” y “sinodalidad”, que la concentración de poder en manos del papa nunca fue tan grande en la historia de la Iglesia.

Libertà e Persona planteó la pregunta en este contexto: “¿La Congregación para los Religiosos prepara una formación común para todas las Órdenes Religiosas con sus diferentes carismas? ¿Es una nivelación de todos los carismas en una especie de sincretismo de vida religiosa lo que se desea?



ALZHEIMER Y DEPRESIÓN, LAS ENFERMEDADES MÁS FRECUENTES EN ADULTOS MAYORES


Si bien es más frecuente después de los 65 años, hay Alzheimer de inicio temprano (40 - 50 años) que con frecuencia debuta con depresión de inicio tardío y problemas del lenguaje.

Setiembre ha sido declarado internacionalmente como el "mes del Alzheimer" y su día central es el 21. Bajo el slogan de "Acuérdate de mí", las 80 asociaciones internacionales involucradas en la investigación y tratamiento del Alzheimer (ADI), se han propuesto incrementar la conciencia de lo que significa la enfermedad de Alzheimer y tomar acciones en el tema; conocer la enfermedad; cambiar el estigma, con la finalidad de que cada vez, más personas sepan reconocer la enfermedad y que no se olviden de aquellos que la padecen.

LA DEMENCIA MÁS FRECUENTE

Actualmente, el Alzheimer es considerado internacionalmente como un problema de salud pública. Se calcula que en el mundo hay cerca de 50 millones de personas con demencia, cifra que se incrementará a 130 millones en el 2050. La mayoría de ellas estarán en Asia y Latinoamérica, dado el incremento de la población adulta mayor.

El Instituto de la Memoria Depresión y Enfermedades de Riesgo que dirige la psicogeriatra Mariella Guerra nos proporciona datos sobre el Alzheimer:

a) Cada 3 segundos se diagnostica una persona con demencia en alguna parte del mundo.

b) Una de cada 3 personas de 80 años y mayores tienen demencia - la más frecuente Alzheimer.

c) No hay tratamiento curativo pero existen fármacos que mejoran el rendimiento de las funciones cognitivas (intelectuales superiores), corrigen los problemas emocionales y de conducta.

d) Hay fármacos prometedores, uno de ellos cuya evaluación es prometedora sobre todo en estadios iniciales es Aducanumab.

e) El Alzheimer no se produce de un día para otro, hay un estadio intermedio llamado "deterioro cognitivo leve", es el momento ideal para diagnosticar y tratar antes de que debute totalmente Alzheimer.

f) Existen factores de riesgo que si se controlan desde la adultez temprana pueden disminuir la incidencia de Alzheimer en la adultez mayor: hipertensión, diabetes, enfermedad cerebro vascular, estrés permanente, depresión de inicio tardío, falta de estimulación cognitiva, sedentario, hipercolesterolemia.

g) El envejecimiento cerebral se inicia entre los 30 y 40 años de edad. a partir debería hacerse un despistaje cognitivo (memoria y otras funciones) con la finalidad de saber si están desarrollando envejecimiento cerebral normal o están iniciando algún deterioro. Es como sacarse una muestra de sangre para saber si estamos anémicos o tenemos la glucosa alta.

h) ¿ Qué médico debe de atender los casos de Alzheimer? (es una pregunta frecuente): Psiquiatra, geriatra, neurólogo, internista... el requisito es que esté entrenado en el tema y tenga experiencia.

• El problema no solo es el portador del mal sino el cuidador a quien se le debe de dedicar un tiempo y cuidado así como capacitación


RADIOACTIVIDAD, UN DESCUBRIMIENTO CASUAL QUE CAMBIO LA HUMANIDAD

Por Andréi Retinger

El estudio de la energía del núcleo atómico comenzó hace más de un siglo. En la actualidad las aplicaciones derivadas de aquellos experimentos abarcan ámbitos de lo más diverso, desde la medicina, hasta la electricidad pasando por el estudio del cosmos.

Antoine Becquerel descubrió la radioactividad hace 120 años y entonces la humanidad comenzó un fascinante viaje: el estudio la energía del núcleo del átomo.

Hay quien asegura que este importante descubrimiento fue obra de la casualidad, aunque en realidad se produjo durante un interesante experimento. El abuelo y el padre de Becquerel estaban estudiando la fosforescencia, y para ello reunían minerales brillantes. Trataban de ver la acción que producía el mineral de uranio en una placa fotográfica cubierta de papel negro. Antoine Becquerel intentaba demostrar que cuando un mineral se exponía al sol comenzaba a emitir rayos X, recién descubiertos por Röntgen.

Pero el día del experimento el cielo de París amaneció cubierto y cuando el científico reveló la placa para examinar la calidad de la emulsión, descubrió con sorpresa que había siluetas de muestras de uranio. Los minerales habían emitido rayos (radiación) de forma independiente, sin la acción del sol. Fue así como se descubrió la radioactividad.

Los rayos de uranio interesaron a dos conocidos científicos Marie Skłodowska-Curie y a su esposo Pierre Curie que descubrieron que la radioactividad es propia del átomo de uranio. Resulta interesante el hecho de que durante la búsqueda de materiales radioactivos Marie procesara en su propio cobertizo, a mano y utilizando métodos químicos, varias toneladas de residuos para obtener la cantidad mínima de cloruro de radio radiactivo. El matrimonio soldó la sustancia en una ampolla y por las tardes se metía en el cobertizo para admirar su misteriosa luminiscencia. Poco después descubrieron que la radiación del radio era capaz de quemar la piel, así como de curar tumores malignos y ciertas enfermedades cancerígenas de la piel.

El descubrimiento de este fenómeno fue una auténtica revolución para el mundo científico, ya que echaba por tierra las ideas inamovibles sobre la indivisibilidad del átomo. Las palabras del científico Ernest Rutherford, que contribuyó más que nadie a la física nuclear, ayudan a comprender la profundidad de la confusión que se adueñó de la mayoría de los científicos de la época. En una intervención en público sobre sus experimentos de división del núcleo del átomo, declaró: “¡la división del átomo es el experimento más elegante que hay y su elegancia consiste en que no tiene ninguna aplicación práctica!” Poco antes de morir le hicieron la siguiente pregunta: “¿Cuándo cree que la energía nuclear descubierta por usted tendrá una aplicación práctica?” Rutherford respondió brevemente: “¡Nunca!”. Tras pensar unos segundos, añadió: “Al menos no durante los próximos 200 o 300 años”.

Esto ocurrió tan solo cinco años antes de la aparición del primer reactor nuclear, que tuvo lugar en EE UU en 1942, bajo las turbinas del estadio de fútbol de la Universidad de Chicago. En aquel momento este tipo de máquinas únicamente se destinaban a la producción de plutonio, el principal ingrediente de las bombas nucleares.

Poco después se pensó en utilizar el calor que se desprendía durante la reacción nuclear para producir electricidad. Por ejemplo, si se deja pasar agua a través de un reactor en marcha, esta alcanza unas temperaturas muy altas y se evapora, y este vapor puede canalizarse hacia un turbogenerador. Esta idea fue rápidamente llevada a la práctica por la Unión Soviética. Los trabajos para la construcción de una planta nuclear comenzaron en 1948 y el 27 de junio de 1954 la URSS anunció el lanzamiento de la primera central nuclear del mundo en la ciudad de Óbninsk, cerca de Moscú. Tenía una potencia de 5 MW, un volumen más que suficiente para satisfacer las necesidades de la ciudad, y dejó de funcionar el 29 de abril de 2002, después de 48 años sin un solo accidente.

En 1956 en Gran Bretaña comenzó a funcionar la primera central nuclear de uso industrial con una potencia de 46 MW y un año después se estrenó la primera central nuclear del continente americano en EE UU.

Hoy en día en el mundo existen 450 generadores en centrales nucleares de distintas potencias y se están construyendo otros 60. En las centrales nucleares se procesa alrededor del 11 % de la electricidad producida por siete países del mundo.

Solo en Argentina y Brasil se encuentran en marcha cinco reactores nucleares de generación de electricidad y se están construyendo dos más.

La corporación estatal rusa de energía nuclear Rosatom y el Ministerio de Hidrocarburos y Energía de Bolivia firmaron en 2015 un acuerdo sobre la cooperación en el ámbito del uso pacífico de la energía nuclear. La cooperación incluirá el uso de radioisótopos y de tecnologías de radiación en la industria, la preparación profesional y la formación de personal, la ayuda en la creación y el desarrollo de infraestructura para la administración, la regulación del programa energético nuclear de Bolivia y la construcción de un centro tecnológico de ciencia nuclear.

Se han puesto grandes esperanzas en este centro de ciencia nuclear, que se planea construir a una altitud de más de 4.000 metros, en El Alto. Este centro será un punto de partida del programa nuclear nacional de Bolivia y ayudará a desarrollar la ciencia, la medicina y la agricultura. Y si el descubrimiento de la radioactividad fue en cierto modo un hecho casual, el uso por parte de la humanidad de la energía del núcleo del átomo es un proceso deliberado y sistemático.

RBTH


jueves, 15 de septiembre de 2016

TÁPENSE LOS OÍDOS...

“El vídeo del papa” del mes de septiembre constituye una clara renuncia pública a la fe católica… por acción y por omisión.

Se sabe que este emprendimiento audiovisual lo promueve el publicista argentino Juan Della Torre junto con los jesuitas y otros organismos humanitarios. ¿Qué amplitud de difusión tiene y qué repercusiones recoge? ¿Será del tipo de los millones que siguen a Bergoglio por twitter o instagram? No se sabe; y si algún día nos lo dicen, probablemente será inflado. Porque no se mide con precisión si esos “seguidores” son favorables, neutrales u opositores.

El tono del vídeo no es propio a amonestar a fieles católicos sino más bien a satisfacer a personas mundanas que no viven en los horizontes de la fe. En todo caso, por las particularidades de su presentación, el lanzamiento de un tal mensaje no parece venir de quién se dice el Vicario de Cristo en la Tierra sino de otra galaxia. Sí, y veamos por qué.

En el texto, el sonido y las imágenes, Dios y su Iglesia están totalmente ausentes. Como en videos de meses anteriores, no aparece ningún símbolo religioso. ¿Es el Sucesor de San Pedro que está hablando? La cruz pectoral está cuidadosamente escondida; la sustituye un micrófono.

La figura de Francisco no es la de un padre ni la de un pastor. El tono de voz es monótono. La expresión del rostro es sombría y antipática. La música por momentos toma aires patéticos, sin una nota de esperanza que levante el ánimo. Es una música de esas películas que en su día fueron de vanguardia pero que ya se volvió anticuada.

Las imágenes que ilustran el mensaje ateo son lo más vulgares que se pueda suponer: máquinas, fábricas, movimientos mecánicos y obreros que esbozan sonrisas forzadas de actores, hechas para las cámaras. Es un mensaje reduccionista, como si la crisis a que apuntan las palabras no abarcase todos los campos de la vida humana. Aquí solo se patentiza el trabajo industrial, nada de la vida de campo, de la familia, ¡de la vida de la Iglesia o de la parroquia! Nada. Es una filmación de tipo sindicalista ideada por una mentalidad peronista que es, como se sabe, el credo político del disertante.

Evidentemente a las personas de mentalidad bergogliana nada de esto les choca y les parece normal. Gracias a Dios, no todas las personas son iguales ni piensan del mismo modo. Francisco, como Obispo de Roma, debería hablar a todas las iglesias, y no tan solo a la de los padres villeros del conurbano bonaerense.

Lo peor, hay que decirlo con dolor, es la “enseñanza” que trasmite y el apelo que se hace. Se diría que aquí ya no nos habla tanto un sindicalista sino más bien un rotario, que, además, lo es, según el propio Rotary Club de Buenos Aires.
“La humanidad vive una crisis (….) humana”.

Esta “evidencia” omite la causa principal de la crisis que debería ser apuntada y no lo es: el vacío de Dios. O, en otras palabras, la generalización del pecado.

“Cuando hablamos de crisis, hablamos de peligros pero también de oportunidades”.

Peligros y oportunidades que dejan de lado, una vez más, a la causa que genera la crisis y a la solución que la repara. Es otra banalidad sin consecuencia.

“La oportunidad es la de ser solidarios”.

En la cosmovisión cristiana de la crisis actual, la oportunidad es a rectificarse de los errores e iniciar un camino de conversión, mediante la oración y la frecuencia de los sacramentos; eso es lo que siempre aprendimos y que estas aseveraciones políticamente correctas no nos harán renunciar. Francisco nos propone como remedio otra cosa, la solidaridad, un valor al fin y al cabo humano, sí, pero aconfesional y del gusto de todo el mundo, como los principios de libertad, igualdad y fraternidad que, en la práctica, fueron tan antisolidarios.

“Vení, ayudame… para construir una sociedad que ponga al centro la persona humana”.

El argentinismo “vení, ayudame” puede llegar a pasar, pero su concepción personalista no. Aquí no escuchamos más a un sindicalista ni a un rotario sino a un filósofo que, contrariamente a lo que predica, transforma la religión en ideología.

Es la civilización del hombre la que Francisco quiere construir con su vídeo. Pues bien, el hombre no es la causa ni el fin de la creación. ¡Sólo nos faltaba un obispo de Roma antropocéntrico que empuja a Dios de su lugar y se sienta en su trono! El humanismo de hace quinientos años desplazó, tristemente con el apoyo de algunos papas, el pensamiento medieval y la concepción escolástica de la sociedad. El personalismo presentado sin matices en este vídeo por Francisco, contesta lo que la doctrina católica, inclusive en su vertiente social, nos viene enseñando desde hace más de un siglo.

Al ver un video demoledor como este, uno se pregunta ¿qué quedará de pie cuando Francisco pase a mejor (o a peor) vida?

Un sacerdote argentino, para el Denzinger-Bergoglio


https://denzingerbergoglio.com/2016/09/12/tapense-los-oidos/