jueves, 3 de julio de 2025

LA ILUSIÓN DE LA CONVERSIÓN EN EL LECHO DE MUERTE

Las conversiones en el lecho de muerte, aunque son una gracia de Dios y están dentro de los límites de Su misericordia, no son tan comunes como se piensa. 

Por Rob Marco


El sacramento de la reconciliación es la “Clavis David” que abre las puertas del cielo al pecador arrepentido, pero esperar a la hora de la muerte es como jugar a la ruleta rusa con tu alma.

Durante nuestra visita a una gran parroquia para asistir a la misa dominical mientras estábamos en nuestras vacaciones, una mujer se desmayó unos bancos más adelante de donde estábamos sentados. Mi esposa, que es enfermera de urgencias, se apresuró a intervenir y le practicó compresiones torácicas, ya que la mujer no tenía pulso inicialmente. Una vez que la mujer volvió en sí, llegaron los médicos y la sacaron rápidamente de la iglesia para prestarle más atención. La misa no se interrumpió en ningún momento y pronto todo volvió a la normalidad para los que estábamos en los bancos. Nos arrodillamos en familia después de la comunión y rezamos por la mujer. También dimos gracias a Dios por haber decidido asistir a esta misa en particular como visitantes ese día concreto. Si mi esposa no hubiera estado allí, esta mujer podría haber ido ante el Juez Divino antes de lo que esperaba.

Nuestro Señor dejó claro que no sabemos ni el día ni la hora de nuestra muerte (Marcos 13:32), ni nos corresponde saberlo. Las Escrituras están repletas de pasajes que respaldan que la vigilancia —que se encuentra en algún punto entre la paranoia y la negligencia indolente— es lo que se exige a todo hombre preocupado por su posición espiritual ante el Señor. Llevamos un control de nuestras finanzas. Conocemos las estadísticas de nuestro equipo deportivo local. ¿Cuántos de nosotros somos conscientes del estado de nuestras almas?

Tampoco debemos posponer la confesión, no sea que nos encontremos fuera del estado de gracia cuando nuestro aliento nos abandone y seamos llamados a dar cuenta de nuestras vidas. Un solo pecado mortal no confesado es suficiente para enviar a un hombre al infierno. La mayoría de los católicos ortodoxos practicantes lo saben y tratan de vivir de manera que sean siempre conscientes de permanecer en esta corriente de gracia: la alegría del perdón envuelta en el manto sobrio de la conciencia de aquello de lo que hemos sido salvados. Sin embargo, muchos de los que se sientan en los bancos no lo saben, nunca se les ha enseñado o piensan con desdén: “Yo soy bueno”. La confesión está fácilmente disponible en todas partes, a menos que vivas en el monte o en el interior. No hay excusa para no cosechar esta gracia del perdón en el sacramento como un hábito habitual.

Pero el hombre que da por sentada la paciencia de Dios y lo pone a prueba viviendo toda su vida fuera de Su gracia puede despertar horrorizado al otro lado de la vida. Porque las conversiones en el lecho de muerte, aunque son una gracia de Dios y están dentro de los límites de Su misericordia, no son tan comunes como se piensa. 

Por un lado, está el simple pragmatismo de encontrarse ante una muerte repentina en el momento menos esperado. Puede que estés rodeado de transeúntes en el paseo marítimo o de desconocidos en un supermercado, y no de devotos feligreses. Cuando el ángel de la muerte llega rápidamente, la probabilidad de que un cristiano bautice a los no bautizados o de que un sacerdote administre la extremaunción en tales circunstancias no está garantizada en absoluto. O puede que la multitud simplemente dé prioridad a las necesidades médicas de tal emergencia y no a las espirituales.

El pecador puede encontrarse exhalando sus últimos suspiros mientras contempla el principio de la eternidad, preguntándose por qué desperdició toda una vida de oportunidades para hacer balance de su vida y arrepentirse, luchando por su vida en los nanosegundos antes de presentarse ante el Juez y sin tener tiempo para enmendarse. Pospuso para mañana lo que podría haber hecho hoy. ¿Es quizás porque cree que realmente no necesita ese perdón, que está “bien” en su estado actual? ¿Que Dios no podría enviarlo al infierno con “ese tipo de gente” que “se lo merece”?

Por supuesto, existe la oportunidad, que nos brinda la gracia y la enseñanza de la Iglesia, de realizar un acto de contrición perfecta, como hizo San Dimas, que en su última hora se dirigió al Mesías crucificado a su lado y fue acogido con Él en el Paraíso. Pero la contrición perfecta es una gracia sobrenatural y depende del arrepentimiento del pecador por el pecado, amando a Dios por sí mismo, no por miedo al infierno (lo que sería un acto de contrición imperfecto), ¡algo que ni siquiera es fácil para los santos! 

El Señor no es un cobrador de deudas insensible que espera a que “metamos la pata” una vez para arrojarnos a la oscuridad eterna. Él quiere que volvamos a Él y nunca nos alejemos, que nunca volvamos al pecado como un perro que vuelve a su vómito (Proverbios 26:11). Él nos da todas las gracias para ser salvados. 

Para aquellos que confían en las promesas de Cristo y de su Madre y desean alguna garantía adicional (y “segura”, si se quiere), existen las devociones del primer viernes y del primer sábado, que proporcionan al pecador las gracias necesarias para perseverar en la hora de la muerte, para no morir fuera de la aprobación de Dios. También está la promesa de Nuestra Señora del Monte Carmelo a San Simón Stock de que aquellos que mueran llevando el escapulario marrón no sufrirán el fuego eterno. Llevo unos cinco años comprometido con las devociones del primer viernes y el primer sábado, además de haberme inscrito en el escapulario marrón, y confío en las promesas de nuestro Señor y de Nuestra Señora de que me ayudarán en mi hora de necesidad. Si ellos no son dignos de confianza para cumplir esas promesas, ¿quién lo es? 

Para aquellos que se toman en serio las advertencias de nuestro Señor, sería prudente escuchar las palabras de Santiago de no posponer el arrepentimiento para un futuro: “Ahora bien, vosotros que decís: 'Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero', ¿qué sabéis? Ni siquiera sabéis lo que sucederá mañana. ¿Qué es vuestra vida? Sois como el vapor que aparece por un momento y luego se desvanece” (Santiago 4, 13-14). Saber que morirás es lo normal; pensar que no morirás, ni siquiera pensar que no morirás pronto, es una aberración. El simple hecho de ser un católico “que va a misa” no te salvará más que a aquellos fariseos que afirmaban tener a Abraham como padre, a quienes nuestro Señor amonesta (Mateo 3, 9).

Y aquellos de vosotros que no os tomáis en serio esas advertencias, posponiendo vuestra conversión hasta el lecho de muerte, estáis jugando a la ruleta rusa con vuestra alma. El ladrón viene de noche. Al final, vuestra suerte se acabará; y no oiréis el clic de una recámara vacía, sino el sonido de lamentos y crujir de dientes cuando despertéis al otro lado, en una pesadilla de arrepentimiento que nunca terminará.

miércoles, 2 de julio de 2025

INFORME DEL VATICANO EXPONE IMPORTANTES GRIETAS EN LOS CIMIENTOS DE TRADITIONIS CUSTODES

Documentos no revelados previamente plantean serias dudas sobre la justificación declarada del decreto de 2021 de Francisco que restringe la Misa Tradicional en latín.

Por Diane Montagna


Han salido a la luz nuevas evidencias que exponen importantes grietas en los fundamentos de Traditionis Custodes, el decreto de 2021 con el que Francisco que restringió la liturgia tradicional romana.

Esta periodista ha obtenido la evaluación general del Vaticano sobre la “consulta a los obispos” que supuestamente “llevó” a Francisco a revocar Summorum Pontificum, la carta apostólica de 2007 de Benedicto XVI que liberalizó el vetus ordo, más comúnmente conocido como la “Misa Tradicional en latín” y los sacramentos.

El texto no revelado previamente, que forma una parte crucial del informe oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre su “consulta de 2020 a los obispos” sobre Summorum Pontificum, revela que “la mayoría de los obispos que respondieron al cuestionario afirmaron que realizar cambios legislativos en Summorum Pontificum causaría más daño que bien”.

La evaluación general contradice directamente, por lo tanto, la justificación expuesta para la imposición de Traditionis Custodes y plantea serias dudas sobre su credibilidad.

Cuando el 16 de julio de 2021 Francisco promulgó Traditionis Custodes, dijo que las respuestas al cuestionario “revelan una situación que me preocupa y me entristece y me persuade de la necesidad de intervenir”.

“Desgraciadamente -dijo en una carta adjunta a los obispos del mundo- la intención pastoral de mis predecesores … ha sido a menudo gravemente ignorada. Una oportunidad ofrecida por San Juan Pablo II y, con mayor magnanimidad aún, por Benedicto XVI … ha sido aprovechada para aumentar las distancias, endurecer las diferencias y construir posiciones que hieren a la Iglesia,  y dificultan su progreso, exponiéndola al riesgo de la división”.

Dijo a los obispos que “Respondiendo a vuestras peticiones, tomo la firme decisión de derogar todas las normas, instrucciones, concesiones y costumbres anteriores al presente Motu Proprio, y de considerar los libros litúrgicos promulgados por los Santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, como única expresión de la lex orandi del Rito Romano”.

Sin embargo, lo que revela la evaluación general del Vaticano es que las “diferencias”, “divergencias” y “oposiciones” surgen más de un nivel de nesciencia, prejuicio y resistencia de una minoría de obispos a Summorum Pontificum que de cualquier problema originado por los adherentes a la liturgia romana tradicional.

Por el contrario, el informe oficial de la CDF afirma que “la mayoría de los obispos que respondieron al cuestionario, y que han implementado con generosidad e inteligencia el Summorum Pontificum, finalmente expresan su satisfacción con él”. Añade que “en los lugares donde el clero ha cooperado estrechamente con el obispo, la situación se ha calmado por completo”.

La evaluación general, que puede consultarse al final de este artículo en el original en italiano y en una traducción al inglés, confirma también lo que informé en octubre de 2021: que Traditionis Custodes magnificó y proyectó como “un problema importante” lo que era meramente auxiliar en el informe oficial de la CDF (en inglés aquí).

Además, el texto muestra claramente que Traditionis Custodes ignoró y ocultó lo que el informe decía sobre la paz que Summorum Pontificum había restablecido, e hizo la vista gorda ante una “observación constante hecha por los obispos”: que gente más joven estaba siendo atraída a la Iglesia Católica a través de esta forma antigua de la liturgia.

La evaluación general también predijo, basándose en las respuestas de los obispos, lo que sucedería si se suprimía Summorum Pontificum, pronósticos que resultaron ser exactos.

Génesis y Estructura del Informe Oficial

La tarea de preparar el informe oficial se encomendó a la Cuarta Sección de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Hasta Traditionis Custodes, esta entidad, anteriormente conocida como la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, era responsable de supervisar la observancia y aplicación de las disposiciones establecidas en Summorum Pontificum. Por consiguiente, la Cuarta Sección contaba con una amplia experiencia y conocimientos para examinar y analizar los resultados de la encuesta.

En la primavera de 2020, el entonces Prefecto de la CDF, cardenal Luis Ladaria, envió un cuestionario a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para su distribución a los obispos diocesanos; la CDF recibió respuestas hasta enero de 2021. El conjunto del material, presentado en varios idiomas, fue procesado, analizado e incorporado por la Cuarta Sección a sus conclusiones.

Si bien no he visto el informe completo, tengo información fiable de que el informe final de 224 páginas, fechado en febrero de 2021, consta de dos partes principales. La primera parte ofrece un análisis detallado de los resultados y hallazgos de la encuesta, continente por continente y país por país, e incluye gráficos y tablas que ilustran datos y tendencias.

La segunda parte, titulada  “Resumen” [Sintesi], es más breve e incluye una introducción, un resumen por continente, una evaluación general [Giudizio Complessivo] de los resultados de la encuesta y una colección de citas extraídas de las respuestas recibidas de las diócesis, organizadas temáticamente. Esta colección pretendía proporcionar a Francisco una muestra representativa de las respuestas de los obispos.

La evaluación general comienza señalando que Summorum Pontificum desempeñó un papel significativo, aunque relativamente modesto, en la vida de la Iglesia. Para 2021, se había extendido a alrededor del 20 % de las diócesis latinas del mundo, y su implementación fue más serena y pacífica, aunque no en todas partes.

Francisco declaró en Traditionis Custodes que actuó “en vista de los deseos expresados por el episcopado y habiendo escuchado el parecer de la Congregación para la Doctrina de la Fe”. La evaluación general es precisamente la parte del informe que sintetiza e interpreta los resultados de la encuesta, ofreciendo una conclusión evaluativa extraída de la evidencia.

En otras palabras, refleja el juicio u opinión informado de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Francisco no sólo tenía el informe, sino que, según fuentes confiables, literalmente le arrebató una copia de trabajo de las manos al cardenal Ladaria durante una audiencia, diciéndole que la quería inmediatamente porque tenía curiosidad.

Aunque el Vaticano nunca ha publicado el contenido del informe oficial, en octubre de 2021 obtuve y publiqué la colección de citas incluida la Parte II, indicando, sin embargo, únicamente el país o la región de donde provenían. Esta colección puede consultarse completa al final de este artículo en italiano y en una traducción actualizada al inglés.

La evaluación general: 7 conclusiones clave

1. La falta de paz y unidad litúrgica se debe más a la minoría de obispos que a los partidarios de la liturgia romana tradicional.

El informe muestra que cuando falta paz litúrgica, esto se debe más a un nivel de ignorancia, prejuicio y resistencia de una minoría de obispos a Summorum Pontificum que a cualquier problema originado por aquellos que se sienten atraídos por la liturgia romana tradicional.

El informe de la CDF recuerda el deseo de Benedicto XVI de lograr, a través de la aplicación de Summorum Pontificum, una “reconciliación litúrgica interna” en la Iglesia, y su reconocimiento de la necesidad “de proceder no según una hermenéutica de ruptura sino más bien de renovación en continuidad con la tradición”.

“Esta dimensión eclesiológica de la hermenéutica, de continuidad con la tradición y con una renovación y un desarrollo coherentes, aún no ha sido plenamente asumida por algunos obispos”, observa el informe. “Sin embargo, donde se ha recibido e implementado, ya está dando frutos, el más visible de los cuales es en la liturgia”.

Además, el informe lamenta que “en algunas diócesis la Forma Extraordinaria no es considerada una riqueza para la vida de la Iglesia, sino más bien como un elemento inadecuado, perturbador e inútil para la vida pastoral ordinaria, e incluso como ‘peligroso’ y por lo tanto, algo que no debe concederse, o que debe suprimirse, o al menos controlarse estrictamente para que no se difunda, con la esperanza de su eventual desaparición o abrogación”.

Más específicamente, el informe concluyó que los obispos de las regiones hispanohablantes, en general, parecen mostrar poco interés en implementar Summorum Pontificum, a pesar de las solicitudes de los fieles. Asimismo, señaló que las respuestas de los obispos italianos sugieren que, en general, no valoran la Forma Extraordinaria ni sus disposiciones conexas, con algunas excepciones.

Respecto a un malentendido o desconocimiento entre una minoría del episcopado, el informe señaló: “Algunos obispos afirman que Summorum Pontificum ha fracasado en su objetivo de fomentar la reconciliación y, por lo tanto, solicitan su supresión, ya sea porque la reconciliación interna en la Iglesia aún no se ha logrado plenamente, o porque la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no ha recuperado la plena comunión con la Iglesia”. En respuesta, los autores observan que el proceso de reconciliación en la Iglesia suele ser “lento y gradual”, y recuerdan, como el propio Benedicto XVI, que el Summorum Pontificum no estaba destinado a la FSSPX.

Además, el informe señala que algunos obispos temen una división en dos Iglesias y creen que los grupos adscritos a la Forma Extraordinaria rechazan el concilio Vaticano II. El informe reconoce que este último punto es parcialmente cierto, pero afirma que no puede generalizarse. También en este caso, añade, la atención pastoral del obispo ha sido decisiva para calmar los ánimos y clarificar la mentalidad de algunos miembros de los grupos estables.

Por último, el informe señala que “algunos obispos preferirían volver a la situación anterior del indulto para tener un mayor control y gestión de la situación”.

2. La mayoría de los obispos que implementaron Summorum Pontificum expresaron su satisfacción con el mismo.

Por el contrario, el informe concluyó que “la mayoría de los obispos que respondieron al cuestionario y que han implementado con generosidad e inteligencia Summorum Pontificum, finalmente expresan su satisfacción con él”. Añade que “en los lugares donde el clero ha cooperado estrechamente con el obispo, la situación se ha calmado por completo”.

Además, el informe constata que “los obispos más sensibles a esta materia observan que la forma antigua de la liturgia es un tesoro de la Iglesia que debe ser salvaguardado y preservado: constituye un bien para encontrar la unidad con el pasado, para saber avanzar por un camino de desarrollo y progreso coherente, y para satisfacer, en la medida de lo posible, las necesidades de estos fieles”.

Según el informe: “La mayoría de los obispos que respondieron al cuestionario afirman que realizar cambios legislativos a Summorum Pontificum causaría más daño que bien”.

Basándose en sus conclusiones, el informe predijo que “debilitar o suprimir Summorum Pontificum dañaría gravemente la vida de la Iglesia, ya que recrearía las tensiones que el documento había ayudado a resolver”.

Algunos obispos consideraron que un cambio legislativo en Summorum Pontificum “fomentaría la salida de fieles decepcionados de la Iglesia hacia la Fraternidad San Pío X o hacia otros grupos cismáticos”, fomentaría la desconfianza hacia Roma, provocaría un resurgimiento de las guerras litúrgicas e incluso propiciaría el surgimiento de un nuevo cisma. Además, “deslegitimaría a dos pontífices —Juan Pablo II y Benedicto XVI— que se habían comprometido a no abandonar a estos fieles”.

3. Los obispos agradecen la competencia de la Cuarta Sección de la CDF (la disuelta Comisión Pontificia Ecclesia Dei)

El informe destacó la importancia de que los grupos y comunidades estables cuenten con un interlocutor competente a nivel institucional, es decir, la Santa Sede. El informe señala que una supervisión minuciosa por parte de personas con experiencia y conocimientos ayuda a prevenir formas arbitrarias de autogestión y anarquía dentro de los grupos, así como abusos de poder por parte de algunos obispos locales.

Los obispos expresaron “satisfacción y gratitud” a la Cuarta Sección de la CDF (y ex PCED) por su trabajo.

4. El informe confirmó la atracción de los jóvenes hacia la forma antigua de la liturgia.

El informe de la CDF confirmó la intuición de Benedicto XVI, expresada en Summorum Pontificum, de que los jóvenes encontrarían en la liturgia romana tradicional “una forma de encuentro con el misterio de la Sagrada Eucaristía particularmente adecuada para ellos”. Señala:

Una observación constante de los obispos es que son los jóvenes quienes están descubriendo y eligiendo esta forma más tradicional de la liturgia. La mayoría de los grupos estables presentes en el mundo católico están compuestos por jóvenes, a menudo convertidos a la fe católica o que regresan tras un tiempo alejados de la Iglesia y los sacramentos. Se sienten atraídos por la sacralidad, la seriedad y la solemnidad de la liturgia. Lo que más les impacta, incluso en una sociedad excesivamente ruidosa y verborrágica, es el redescubrimiento del silencio en las acciones sagradas, las palabras contenidas y esenciales, la predicación fiel a la doctrina de la Iglesia, la belleza del canto litúrgico y la dignidad de la celebración: un todo integrado y profundamente atractivo.

5. El informe destacó el crecimiento de las vocaciones en las comunidades Ex-Ecclesia Dei desde Summorum Pontificum.

El informe de la CDF destacó el crecimiento de las vocaciones en las antiguas comunidades Ecclesia Dei desde la promulgación de Summorum Pontificum, pero señaló que algunos obispos diocesanos no están del todo satisfechos con esto. “Muchos jóvenes -decía- están optando por ingresar a los institutos Ecclesia Dei para su formación sacerdotal o religiosa en lugar de los seminarios diocesanos, para manifiesto pesar de algunos obispos...”.

6. El informe recomendó estudiar ambas formas del Rito Romano como parte de la formación en el seminario.

Por lo tanto, el informe sugirió, basándose en una idea propuesta por los obispos, que se incorporen “sesiones dedicadas al estudio de ambas formas del Rito Romano” en la formación en el seminario y otras facultades eclesiásticas, como un medio para fomentar una mayor unidad y paz, aumentar las vocaciones diocesanas y preparar “sacerdotes adecuadamente formados” para celebrar el Rito Romano.

7. Informe recomendado: “Dejemos que el pueblo sea libre de elegir”.

Basándose en los resultados de la encuesta al episcopado, y citando a un obispo filipino, el informe de la CDF concluye recomendando: “Que el pueblo sea libre de elegir”. Y recordando el papel y el deber irremplazables, aunque a veces desafiantes, del obispo ante Dios de pastorear el rebaño, el informe termina con las palabras de Benedicto XVI a los obispos de Francia en 2008 sobre Summorum Pontificum:

Conozco sus dificultades, pero no dudo de que, en un plazo razonable, puedan encontrar soluciones satisfactorias para todos, para que la túnica sin costuras de Cristo no se desgarre aún más. Todos tienen un lugar en la Iglesia. Toda persona, sin excepción, debe sentirse en casa y nunca rechazada. Dios, que ama a todos los hombres y mujeres y no quiere que ninguno se pierda, nos confía esta misión al nombrarnos pastores de sus ovejas. Solo podemos agradecerle el honor y la confianza que ha depositado en nosotros. Por lo tanto, esforcémonos siempre por ser servidores de la unidad.

¿Guardianes de la tradición?

La evaluación general sale a la luz después de que la archidiócesis de Detroit (EE. UU.) se convirtiera en la última en sufrir una ofensiva por parte del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (DDW) del Vaticano, el dicasterio encargado de hacer cumplir Traditionis Custodes.

En abril, su arzobispo recién instalado anunció que la Misa Tradicional en latín ya no se permitiría en las iglesias parroquiales a partir del 1 de julio de 2025. Citando un rescripto del Vaticano de 2023 del prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Arthur Roche, el arzobispo informó a sus sacerdotes que los obispos locales ya no poseen la capacidad de permitir la forma antigua de la liturgia en una iglesia parroquial.

En su respuesta a la última pregunta de la encuesta de nueve puntos del Vaticano, que he obtenido, el ex arzobispo de Detroit, Allen Vigneron, resumió lo que -según el informe oficial- la mayoría de los obispos habían realmente solicitado.

La encuesta preguntaba: “Trece años después del motu proprio Summorum Pontificum , ¿cuál es su consejo sobre la Forma Extraordinaria del Rito Romano?”. El arzobispo Vigneron respondió:

Mi consejo es mantener la disciplina y las normas establecidas en Summorum Pontificum y abordar cualquier problema que surja llamando a sacerdotes y feligreses a observarlas. El motu proprio nos ha proporcionado un enfoque notablemente exitoso para resolver la controversia que existía en la Iglesia sobre el estatus de la Forma Extraordinaria. La disciplina que ha establecido está dando muy buenos frutos, especialmente en la vida de los fieles y en el restablecimiento de la paz eclesial. No tengo dudas sobre la legitimidad de la Forma Extraordinaria como extraordinaria. Estas celebraciones ofrecen experiencias válidas de la sagrada liturgia de la Iglesia, pero complementan la Forma Ordinaria. Dichas celebraciones no son en absoluto una amenaza para la Forma Ordinaria establecida después del concilio y, en la Iglesia, la enriquecen en su diversidad. En mi opinión, Summorum Pontificum ha sido un éxito notable.

La justificación moral de Traditionis Custodes siempre fue débil, dados los frutos positivos del rito romano tradicional, su creciente popularidad, especialmente entre los jóvenes, su influencia en la familia como “iglesia doméstica” y su capacidad para atraer vocaciones. Este nuevo descubrimiento de la evaluación general de la CDF sobre su consulta a los obispos en relación con Summorum Pontificum sirve para sembrar aún más dudas sobre el fundamento y la credibilidad de Traditionis Custodes.


Evaluación general de la CDF sobre la encuesta de 2020 a los obispos sobre la implementación de Summorum Pontificum - Inglés
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Giudizio Complessivo della CDF sulla 2020 Consultazione dei Vescovi sull'applicazione di Summorum Pontificum - Italiano
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LA RELIGIÓN NACIONAL DE INGLATERRA ES EL CULTO A LA MUERTE

¿Por qué alguien en su sano juicio querría venir a vivir a este país? Es como subir a un barco que se hunde.

Por Sebastian Morello


Para quienes no viven en estas islas, es muy difícil imaginar cómo es la vida aquí. La depresión, rayana en la desesperación, es casi palpable y se manifiesta por todas partes. Hace poco, charlando con un desconocido en un pub, le comenté que pronto asistiría a la ceremonia de ciudadanía de un amigo que había emigrado desde Europa del Este. “¿Por qué alguien en su sano juicio querría venir a vivir a este país?”, comentó el tipo. “Es como subir a un barco que se hunde”.

El empresario y político británico Cecil Rhodes (1853-1902) dijo: “Nacer inglés es ganar el primer premio en la lotería de la vida”. Poco más de un siglo después, la mayoría de las personas que viven aquí están sumidas en una deuda aplastante. Las hipotecas son casi imposibles de conseguir para cualquier persona menor de treinta y cinco años. Y cualquiera que la consiga la pagará durante el resto de su vida, gastando más de la mitad de sus ingresos anuales solo para disfrutar de un techo que le proteja de las inclemencias del tiempo. Las facturas mensuales, los alimentos y el combustible han subido en las últimas dos décadas, mientras que los salarios se han estancado.

El Servicio Nacional de Salud (NHS) está fallando. Es difícil conseguir cita con el médico de cabecera, y mucho más con el hospital para algo más grave. En lugar de reformar el NHS, el Gobierno se limita a invertir más dinero de los contribuyentes en él. De vez en cuando se revela el destino de este dinero, por ejemplo, cuando el público se enteró de que cantidades astronómicas de fondos de los contribuyentes se destinan a extirpar dos penes al día en cirugías “transgénero”, en su mayoría, a adolescentes vulnerables.

Más allá de lo macabro de tales mutilaciones, estas revelaciones son desalentadoras, dado que los impuestos ya son altísimos. Gran parte de los impuestos también se utilizan para alojar a inmigrantes ilegales en hoteles, una minoría significativa de los cuales se une a inmigrantes naturalizados en bandas de violadores y torturadores para abusar de chicas nativas indefensas. Las ciudades y pueblos de Inglaterra están invadidos por los recién llegados, y la capital del país ya no puede describirse como una ciudad inglesa.

Los ingleses nativos están haciendo lo que hacen los pueblos derrotados: huir a las montañas. Los que pueden, abandonan el país y no miran atrás. Otros se trasladan a zonas rurales, lo que requiere enormes promociones inmobiliarias que, a su vez, están destruyendo rápidamente el campo inglés, antaño admirado universalmente.

Gracias al sistema de prestaciones sociales del Reino Unido, un inmigrante ilegal, o alguien que se niega a trabajar, o que alega fatiga crónica u otra enfermedad conveniente, puede prosperar aquí. Sin embargo, si eres una persona normal, que quiere casarse, tener hijos, criarlos de forma sana y sin ideologías, y adquirir alguna propiedad y seguridad, pasarás tu vida siendo golpeado por el “sistema” estructuralmente injusto.

En esencia, este se ha convertido en un país en el que se castiga la virtud. Si expresas tu descontento en un torpe tuit o en una publicación de Facebook, la policía del pensamiento llamará a tu puerta y podrías acabar con una pena de prisión.

Inglaterra es paradójica. Es la tierra tanto de Darwin como de Newman, de Bentham y Belloc, de la transgresión bohemia y el conservadurismo, del corazón aventurero de la Gran Bretaña imperial y el paraíso rústico del pequeño inglés. Es la tierra de la mecanización, el reduccionismo materialista, el progresismo evolucionista y todos los dogmas nocivos que en conjunto se denominan “modernidad”, y sin embargo es la tierra del segundo renacimiento católico. Inglaterra ha estado en guerra consigo misma desde el traicionero ataque a la integridad de la Iglesia que desde entonces hemos llamado eufemísticamente “Reforma”.

El anglicanismo destila el conflicto interno, en el que el puritanismo y la romanización luchan por los derechos y la representación dentro de una única institución cuyos edificios son robados, cuyas oficinas están ocupadas por decreto del primer ministro y cuyos “obispas” reclaman la sucesión apostólica y se preocupan por el tono de pintalabios que deben usar. Inglaterra está en guerra consigo misma porque Inglaterra es esencialmente un reino católico. Ha rechazado formalmente esa esencia, lo que ha dado lugar a su actual agitación interna.


El contrarrevolucionario Joseph de Maistre (que admiraba profundamente la Constitución inglesa) señaló que la expresión adecuada de la religión natural es el sacrificio, y que el sacrificio más elevado era el sacrificio humano. Para Maistre, la única manera de salir del culto a la muerte que es nuestra religiosidad natural caída, era que la gracia de Dios viniera y transformara ese impulso religioso natural, y al mismo tiempo nos regalara el único sacrificio humano para poner fin a todos los sacrificios humanos.

Así, argumentaba Maistre, el cristianismo es una religión de sacrificio humano, pero en lugar de ofrecer asesinatos a dioses diabólicos, que permanecen insatisfechos, a través de su sacerdocio el cristianismo ofrece un sacrificio puro y sin sangre, de mérito infinito, que hace obsoletos todos los sacrificios humanos. En resumen, el cristianismo erradica el culto universal a la muerte asumiéndolo, suplantándolo y sustituyéndolo.

Maistre pensaba que si el sacrificio puro y perfecto de Jesucristo era rechazado por una nación hasta entonces disciplinada, el culto a la muerte de nuestra naturaleza caída volvería a ella. Pero, al igual que el demonio que regresa con una fuerza siete veces mayor, el culto a la muerte volvería con mucha más malicia que antes (Mateo 12:43-45).

Los diputados votaron recientemente a favor de despenalizar el aborto hasta el momento del nacimiento y aprobaron un proyecto de ley para el asesinato deliberado de los enfermos terminales. Como comentó un amigo periodista, el Servicio Nacional de Salud es ahora un matadero nacional de bebés y ancianos. En Inglaterra, el catolicismo está en auge, con el doble de asistentes a la Santa Misa los domingos que a los servicios de Cranmer, y sin embargo, es un país gobernado simultáneamente por el culto a la muerte.

En esta tierra infeliz, un pueblo abatido que busca a tientas en la oscuridad su identidad, su esencia, debe ahora aceptar un gobierno que quiere su muerte. El culto a la muerte ha vuelto, pero, como predijo Maistre, es diferente. En lugar de asesinar para saciar a los dioses, a partir de ahora se cometerán asesinatos para satisfacer el egoísmo, un mal mucho más agradable al dios de este mundo (2 Corintios 4:4).

Especialmente en el ámbito académico, es habitual que, en las raras ocasiones en que se menciona a Maistre, se le tache de “fanático” o “extremista”. Su sentido de la drástica caída de nuestra naturaleza y el efecto transformador inconmensurable de la gracia en la sanación de nuestra naturaleza le llevaron a ver a la humanidad envuelta en un conflicto entre un culto diabólico a la muerte y el Cuerpo Místico de Cristo. Viviendo en la Inglaterra moderna, viendo la caída de este reino cristiano que una vez fue glorioso, mientras nuestros señores se disputan nuestra sangre, ahora es imposible descartar las afirmaciones de Maistre.
 

EL ESTADO Y LA LIBERTAD

El Estado puede erigirse en una soberanía abusiva, que puede alcanzar la figura de la dictadura y aun la tiranía. Hay ejemplos históricos desde la antigüedad. 

Por monseñor Héctor Agüer


En todo país, la organización social incluye la institución del Estado, que ha de armonizarse con las diversas instituciones constituidas por los ciudadanos. La historia muestra cómo en todos los tiempos se ha verificado esa armonía o su contrario, lo cual identifica las características del Estado en las distintas épocas y regiones del mundo.

El Estado puede erigirse en una soberanía abusiva, que puede alcanzar la figura de la dictadura y aun la tiranía. Hay ejemplos históricos desde la antigüedad. En esos casos, las instituciones, familias e individuos quedan a merced de la omnipotencia estatal, la que puede ejercerse en diversos grados.

Dentro de la estructura del Estado cabe el orden militar, las Fuerzas Armadas, cuyo designio principal es la defensa nacional, y que por la resolución del Estado asumen un rol ofensivo y se entrenan en el arte mortífero de la guerra. Esta es una de las posibilidades humanas.

Guerras Mundiales

Guerra y paz jalonan la historia: en el ámbito interior de cada país, en las relaciones internacionales, y cuando estas son múltiples, en lo que se ha llamado “guerras mundiales”. Así, por ejemplo, hablamos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Los medios de comunicación, desde los más elementales hasta los más sofisticados, y recientes, registran esas situaciones y muchas veces asumen una posición. Detrás de todo esto se mueven el dinero y los más diversos intereses.

Los sucesos mencionados pueden, asimismo, ser interpretados en términos religiosos, ser vistos desde el orden sobrenatural, y en su relación con la vida de la Iglesia. Iglesia y Estado: la relación de estas dos realidades constituye uno de los capítulos más interesantes de la Historia.

El liberalismo, desde sus orígenes modernos, que están en la Revolución Francesa de 1789, se caracteriza por su índole individualista: el individuo es una especie de Dios. El Estado, entonces, se ha visto siempre como opresivo. El liberalismo tiene su historia y sus matices.

El siglo XIX conoció un supuesto “liberalismo católico”, que es una contradicción en sus términos. La doctrina católica es un “tertium quid” por elevación, entre el estatismo –realizado duramente en los regímenes comunistas- y las diversas formas de liberalismo.

En la concepción católica, entonces, el Estado ocupa su lugar en la organización de la sociedad. En cambio, el protestantismo en sus diversas formas y etapas, se encuentra más cerca del liberalismo. De allí el equívoco acerca de la libertad, una bandera agitada especialmente en las revoluciones.

Un caso prototípico es la Revolución Rusa de 1917, de la que surgieron los diversos regímenes comunistas, en los que la libertad es menoscabada y hasta suprimida.

El absolutismo estatista prepara, misteriosamente, la ruina de la libertad. En una recta organización social, el Estado y la persona cumplen con la respectiva función, y se asocian para constituir la prosperidad y la felicidad del pueblo. El liberalismo y su fórmula “neoliberal” pretenden liquidar al Estado. Una utopía dañina.

 

martes, 1 de julio de 2025

INTENCIONES DE ORACIÓN DE LEÓN PARA EL AÑO 2026


INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

CONFIADAS A SU RED MUNDIAL DE ORACIÓN

PARA EL AÑO 2026


ENERO

Para la oración con la Palabra de Dios.


Oremos para que la oración con la Palabra de Dios sea alimento para nuestras vidas y fuente de esperanza en nuestras comunidades, ayudándonos a construir una Iglesia más fraterna y misionera.

FEBRERO

Por los niños con enfermedades incurables.


Oremos para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesarios, sin perder jamás la fuerza ni la esperanza.

MARZO

Por el desarme y la paz.


Oremos para que las naciones avancen hacia un desarme efectivo, en particular el desarme nuclear, y que los líderes mundiales elijan el camino del diálogo y la diplomacia en lugar de la violencia.

ABRIL

Por los sacerdotes en crisis.


Oremos por los sacerdotes que atraviesan momentos de crisis en su vocación, para que encuentren el acompañamiento que necesitan y que las comunidades los apoyen con comprensión y oración.

MAYO

Para que todos tengan alimento.


Oremos para que todos, desde los grandes productores hasta los pequeños consumidores, se comprometan a evitar el desperdicio de alimentos y a garantizar que todos tengan acceso a alimentos de calidad.

JUNIO

Por los valores del deporte.


Oremos para que el deporte sea un instrumento de paz, encuentro y diálogo entre culturas y naciones, y que promueva valores como el respeto, la solidaridad y el crecimiento personal.

JULIO

Por el respeto a la vida humana.


Oremos por el respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas, reconociéndola como un don de Dios.

AGOSTO

Por la evangelización en la ciudad.


Oremos para que en las grandes ciudades, a menudo marcadas por el anonimato y la soledad, encontremos nuevas maneras de proclamar el Evangelio, descubriendo caminos creativos para construir comunidad.

SEPTIEMBRE

Por el cuidado del agua.


Oremos por una gestión justa y sostenible del agua, recurso vital, para que todos tengan igual acceso a ella.

OCTUBRE

Por la atención a la salud mental.


Oremos para que la atención a la salud mental se establezca en toda la Iglesia, ayudando a superar el estigma y la discriminación que sufren las personas con enfermedades mentales.

NOVIEMBRE

Por el uso adecuado de la riqueza.


Oremos por el uso adecuado de la riqueza, para que, sin sucumbir a la tentación del egoísmo, siempre se ponga al servicio del bien común y la solidaridad de los más necesitados.

DICIEMBRE

Por las familias monoparentales.


Oremos por las familias que sufren la ausencia de una madre o un padre, para que encuentren apoyo y acompañamiento en la Iglesia, y ayuda y fortaleza en la fe durante los momentos difíciles.

León XIV

Vaticano, 1 de julio de 2025

[Original: italiano]

LEÓN XIV Y LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES: ¡EL VERDADERO MILAGRO DE CRISTO FUE LA LECCIÓN DE COMPARTIR!

Mientras ciertos blogueros, periodistas y youtubers “católicos tradicionales” se centran en cosas como la belleza con la que León XIV canta el Padrenuestro en latín, el nuevo falso papa de la Iglesia del Vaticano II está ocupado dañando almas.


En un mensaje oficial "papal" publicado para la 44ª sesión de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura que se está celebrando actualmente en Roma, el hombre anteriormente conocido únicamente como Robert Francis Prevost afirma:

La Iglesia alienta todas las iniciativas para poner fin al escándalo del hambre en el mundo, haciendo suyos los sentimientos de su Señor, Jesús, quien, como narran los Evangelios, al ver que una gran multitud se acercaba a Él para escuchar su palabra, se preocupó ante todo de darles de comer y para ello pidió a los discípulos que se hicieran cargo del problema, bendiciendo con abundancia los esfuerzos realizados (cf. Jn 6,1-13). Sin embargo, cuando leemos la narración de lo que comúnmente se denomina la “multiplicación de los panes” (cf. Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,12-17; Jn 6,1-13), nos damos cuenta de que el verdadero milagro realizado por Cristo consistió en poner de manifiesto que la clave para derrotar el hambre estriba más en el compartir que en el acumular codiciosamente. 

(Antipapa León XIV, Mensaje a los participantes en la 44ª sesión de la Conferencia de la FAO, 30 de junio de 2025; subrayado añadido.)

Antes de profundizar en esta ridícula reinterpretación de uno de los milagros más famosos de Cristo, aclaremos algunas cosas: Sí, el hambre es un mal terrible que aflige trágicamente a muchas personas en el mundo. Sí, los católicos tienen el deber de alimentar a los hambrientos. Sí, Nuestro Señor tuvo compasión de sus seguidores cuando tenían hambre y los alimentó. Todo esto es cierto. Pero no justifica lo que dice Prevost sobre el milagro.

En primer lugar, observen que el “papa” no se refiere simplemente al relato de la multiplicación de los panes, sino más bien a su interpretación de lo que comúnmente se llama la 'multiplicación de los panes' (cursiva añadida). La implicación es clara, y a la vez sarcástica: aunque el evento se suele llamar multiplicación, no debería llamarse así porque no lo fue. León insiste: “…el verdadero milagro realizado por Cristo consistió en poner de manifiesto que la clave para derrotar el hambre estriba más en el compartir que en el acumular codiciosamente”.

Ah, entonces ese fue el verdadero milagro, ¿no? Y el aumento milagroso de Cristo en la cantidad de comida disponible fue… ¿qué? ¿Un milagro falso? ¿Una treta exagerada? ¿Un truco como los que usaban los hechiceros del faraón? (véase Éxodo 7:10-12) ¿O no ocurrió en absoluto?

Puede que a León le cueste creerlo, pero hay una razón por la que la Iglesia Católica se ha referido tradicionalmente a esta maravilla obrada por nuestro Bendito Señor como el Milagro de la Multiplicación de los Panes y no como el Milagro del Reparto de los Panes o el Milagro de la Lección sobre el Compartir. De hecho, Cristo señaló a la multitud que lo seguía que el milagro que había obrado no se trataba en absoluto de saciar el hambre terrenal, y los reprendió por buscar solo la gratificación carnal: “Jesús les respondió y dijo: En verdad, en verdad les digo que me buscan, no porque hayan visto milagros, sino porque comieron los panes y se saciaron”(Jn 6,26).

Sabemos por la Sagrada Tradición que la Multiplicación de los Panes fue un anticipo de la Sagrada Eucaristía, y Cristo mismo establece esa conexión en Juan 6. En la Sagrada Comunión, Cristo se entrega como alimento; e independientemente de cuántos participen de este Santísimo Sacramento, todos son alimentados, todos son saciados, pero no en un sentido terrenal y carnal, sino sobrenatural, para la vida eterna: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo” (Jn 6,51-52).

En lugar de tomar el loable objetivo de los participantes de la Conferencia de la FAO de alimentar a los hambrientos como un paso para animarlos a ir más allá (al menos como individuos) y buscar el Pan que les permitirá vivir para siempre, elevándolos así del plano natural al sobrenatural (cf. Col 3:2), Prevost hace lo contrario: toma el milagro sobrenatural del Evangelio y lo rebaja al plano natural, convirtiéndolo en poco más que una buena lección sobre cómo compartir desinteresadamente los recursos de la tierra. ¡Qué reprensible!

Eso es exactamente lo que Francisco hizo una y otra vez: naturalizar lo sobrenatural para neutralizarlo. Siendo fiel discípulo de su predecesor inmediato, no sorprende que León repitiera la herejía de su maestro, quien dijo: “Este es el milagro: más que una multiplicación, es un compartir, inspirado por la fe y la oración” (Antipapa Francisco, Ángelus, 2 de junio de 2013).

Así que Prevost decide seguir los pasos de Bergoglio, si no en lo externo, sí en lo teológico. Los hermosos adornos que usa León solo sirven para ocultar su agenda infernal bajo un barniz tradicional: “Y no es de extrañar, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” (2 Cor 11:14).

Prevost es agustino, es decir, miembro de la Orden de San Agustín (OSA). Esta orden fue fundada por el papa Alejandro IV en 1256 y utiliza la regla de San Agustín de Hipona (354-430), uno de los teólogos más eminentes de la Iglesia. El papa Bonifacio VIII lo declaró Doctor de la Iglesia en 1298.

Poco después de la elección de Prevost como León XIV, empezamos a oír hablar de cómo su herencia agustiniana moldearía su papado y de cómo el nuevo “papa” reflejaba la influencia de Agustín. Según se dice, León se autodenomina “hijo de San Agustín” y cita con frecuencia al santo teólogo en sus discursos y sermones.

Resulta, pues, aún más sorprendente que, al hablar del Milagro de la Multiplicación de los Panes, León XIV de repente no esté interesado en citar a San Agustín. ¿Será porque el santo Doctor de la Iglesia contradice la postura de Prevost al respecto? Veamos:

Porque ciertamente el gobierno del mundo entero es un milagro mayor que satisfacer a cinco mil hombres con cinco panes; y sin embargo, nadie se maravilla del primero; pero del segundo los hombres se maravillan, no porque sea mayor, sino porque es raro. Porque ¿quién alimenta ahora al mundo entero, sino Aquel que crea el campo de trigo con unos pocos granos? Por lo tanto, creó como Dios crea. Porque, de donde multiplica el producto de los campos a partir de unos pocos granos, de la misma fuente multiplicó en Sus manos los cinco panes. El poder, de hecho, estaba en las manos de Cristo; pero esos cinco panes eran como semillas, no ciertamente entregadas a la tierra, sino multiplicadas por Aquel que hizo la tierra. En este milagro, entonces, hay algo que se acerca a los sentidos, por lo que la mente debe despertar a la atención, hay algo que se muestra a los ojos, sobre lo que debe ejercitarse el entendimiento, para que podamos admirar al Dios invisible a través de Sus obras visibles; y elevados a la fe y purificados por la fe, podamos desear contemplarlo incluso de forma invisible a Aquel a quien hemos llegado a conocer de forma invisible a través de las cosas que son visibles.

(San Agustín, Tractates on the Gospel of John, Tractate 24, n. 1; subrayado añadido.)

Explicando el asunto con más detalle, el Santo Doctor escribe:

Andrés dice: “Hay un muchacho aquí que tiene cinco panes y dos peces, pero ¿qué es esto para tantos?”. Cuando Felipe, al ser preguntado, dijo que doscientos denarios de pan no bastarían para saciar a tanta multitud, apareció un muchacho que llevaba cinco panes de cebada y dos peces. Jesús dijo: “Hagan que se sienten. Había mucha hierba, y se sentaron unos cinco mil hombres. El Señor Jesús tomó los panes y dio gracias”. Mandó que los partieran y los pusieran delante de los que estaban sentados. Ya no eran cinco panes, sino lo que Él les había añadido, quien había creado lo que había aumentado. “Y de los peces, todo lo que fuera suficiente”. No bastaba con que la multitud se hubiera saciado, también quedaban fragmentos; y se ordenó que los recogieran para que no se perdieran: “Y llenaron doce cestas con los fragmentos”.

(San Agustín, Tractates on the Gospel of John, Tractate 24, n. 4; subrayado añadido.)

Cabe destacar también que, a diferencia de León XIV, San Agustín no menciona el acaparamiento, la avaricia ni la compartición. En cambio, habla de una multiplicación de panes y peces, de un aumento milagroso de los alimentos.

Además de la clara instrucción del propio San Agustín, veamos otros comentarios de las Escrituras para entender la verdadera interpretación católica del milagro obrado por Cristo:

Los panes aumentaron milagrosamente, en parte en las manos de Cristo al partirlos, y en parte en las manos de los discípulos al distribuirlos. (Witham) —  Él bendijo y partió. De esto, que los cristianos aprendan a dar gracias en sus comidas, rogando a Dios que sus dones sean santificados para su uso. De este milagro se desprende que no es imposible que los cuerpos, incluso en su estado natural, estén en muchos lugares al mismo tiempo; pues, suponiendo que estos panes hubieran sido suficientes para cincuenta personas, dado que había cien grupos de tales personas, los panes debieron haber estado en cien lugares diferentes al mismo tiempo. No se puede decir, como algunos pretenden, que otros panes fueron puestos invisiblemente en las manos de los apóstoles, ya que se dice que llenaron doce canastas con fragmentos de los cinco panes de cebada; y además, repartió los dos peces entre todos.

(Reverendo George Leo Haydock, Haydock’s Catholic Bible Commentary [1859], Note on Matthew 14:19)

Si León XIV simplemente hubiera afirmado que el milagro de la multiplicación implicaba compartir, habría estado bien, ya que la acción de partir y distribuir los panes milagrosos puede considerarse una forma de compartir la comida. Pero no, León niega que existiera una multiplicación genuina; el verdadero milagro, nos asegura, residía en la lección de que al compartir la comida con los demás, en lugar de acapararla codiciosamente, encontramos la clave para vencer el hambre. ¡Quién lo hubiera dicho! (Al parecer, la multitud hambrienta del Evangelio tenía la costumbre de acumular comida).

A continuación, si consultamos el Gran Comentario (Great Commentary) del padre Cornelius à Lapide (1567-1637) sobre el relato del milagro en el Evangelio de San Mateo (14,15-21; 15,32-39), lo encontramos mencionando la idea de la multiplicación con bastante constancia, una y otra vez:

[Capítulo 14] Versículo 18. Quien les dijo: “Traedlos aquí, para que Él los multiplique con su bendición” [pág. 54].

[Versículo 19] …y también bendijo los panes mismos (invocó la gracia divina sobre ellos, por la cual podrían multiplicarse y adquirir fuerza y eficacia para nutrir, fortalecer y alegrar a tan gran multitud abundantemente, como si hubieran sido alimentados con un rico banquete de carne y vino). Por lo tanto, Cristo por esta bendición dotó a estos panes con cierta virtud, no física, sino moral; es decir, los ordenó y designó para la multiplicación milagrosa, por lo cual puso Su mano, por así decirlo, es decir, Su propio poder divino sobre los panes, para que inmediatamente se multiplicaran realmente. Y esto, de hecho, lo hizo convirtiendo la atmósfera circundante, o algún otro material gradualmente, pero imperceptiblemente y continuamente, en pan mientras se distribuían los panes. Porque Dios no crea nada nuevo de la nada, sino que produce y transforma todas las cosas a partir de la materia que fue creada al principio del mundo. De manera similar, multiplicó la harina y el aceite de la viuda de Sarefta, por amor a Elías (3 Reyes 17:14), y de nuevo por amor a Eliseo (4 Reyes 4:5). Que estos panes eran de una excelencia incalculable, dotados de gran poder para nutrir, fortalecer y alegrar a quienes los recibían, se desprende de que eran panes divinos, milagrosamente producidos por Cristo. [p. 55]

[Versículo 20] … Es probable que Cristo partiera primero los cinco panes con sus propias manos, y al partirlos los multiplicara y los colocara en estas canastas para su distribución. Posteriormente, por orden suya, los apóstoles los distribuyeron a las diferentes compañías, y gradualmente se multiplicaron; así, trajeron a Cristo tantas canastas de fragmentos como canastas de panes habían recibido de Él al principio. Así dice Maldonado [pág. 58].

[Capítulo 15, Versículo 36.] …Cristo, siendo Dios, pudo multiplicar los panes por sí mismo, a su voluntad, pero como hombre, suele rogar a Dios que le dé el poder para este milagro. Por lo tanto, parece obvio que Cristo, después de dar gracias, hizo la señal de la cruz sobre los panes y los bendijo, y al bendecirlos, los multiplicó gradual y continuamente entre quienes los partieron y distribuyeron, como lo hizo en el capítulo 14, versículo 19 [p. 94].

(The Great Commentary of Cornelius à Lapide: The Holy Gospel according to Saint Matthew, Vol. II, trad. de Thomas W. Mossman, rev. y compilación de Michael J. Miller [Fitzwilliam, NH: Loreto Publications, 2008]; cursiva incluida; subrayado añadido. Edición alternativa con traducción al inglés alternativa disponible aquí)

Curiosamente, el padre Lapidé desconocía la interpretación de “la clave para vencer el hambre” propuesta por Prevost como el verdadero milagro y, en cambio, se aferró a la tradición heredada de una multiplicación milagrosa de los alimentos. ¡Qué fastidio!

Todo lo anterior demuestra lo absurda que es la postura de León XIV, y esto se hace aún más evidente al considerar Juan 6:14: “Aquellos hombres, al ver la señal que Jesús había hecho, dijeron: 'Este es verdaderamente el profeta que había de venir al mundo'”. ¿Debemos imaginar que el pueblo concluyó que Cristo era el Mesías —o, en todo caso, un verdadero profeta enviado por Dios— porque acababan de presenciar cómo demostraba “que la clave para vencer el hambre reside en compartir, no en acaparar codiciosamente”?

Por supuesto que no.

¿Por qué, entonces, León distorsiona de forma tan ignominiosa la alimentación milagrosa de Cristo a miles de personas? Porque, al igual que Francisco, su objetivo es reducir el catolicismo a un humanitarismo naturalista, totalmente compatible con cualquier religión y con la agenda anticatólica de la “fraternidad humana” de Fratelli Tutti.

Con los últimos vestigios del Evangelio sobrenatural fuera del camino, el camino estará claro para el advenimiento del Anticristo, de quien sabemos por la Sagrada Escritura y la Tradición que debe aparecer y gobernar el mundo antes de que Cristo regrese en gloria y juicio:

Las Sagradas Escrituras nos informan de que el juicio general irá precedido de estos tres signos principales: la predicación del Evangelio en todo el mundo, la caída de la fe y la venida del Anticristo. Este Evangelio del Reino, dice nuestro Señor, será predicado en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá la consumación. El Apóstol nos amonesta también para que no nos dejemos seducir por nadie, como si el día del Señor estuviese cerca; porque si antes no se produce una revuelta y no se revela el hombre de pecado, no vendrá el juicio.

(Catecismo del Concilio de Trento, Credo, Artículo VII)

Es evidente que nadie en la Conferencia de la FAO tendrá problemas con un mensaje de compartir cálido y sentimental como el “verdadero” milagro obrado por Cristo. Esto es mucho más apropiado para los no creyentes que una multiplicación real de panes y peces que exigiría una respuesta a la pregunta: "¿Quién decís que soy yo?" (Mt 16:15).


Novus Ordo Watch

POR QUÉ LA FE SIGUE SIENDO RELEVANTE EN UN MUNDO SECULAR

Un hombre reza a Dios y luego dice que su oración ha sido escuchada. El escéptico pregunta: “¿Puedes demostrarlo?”.

Por monseñor Rob Mutsaerts


Existe un tipo particular de locura moderna que sostiene que nada existe realmente a menos que pueda ser examinado con un microscopio o expresado en una fórmula matemática. Esta visión, que podríamos llamar “reduccionismo científico”, es como un hombre que no cree a su mujer cuando llora, a menos que pueda analizar sus lágrimas en un laboratorio. Esas personas no son sensatas, solo se han vuelto ordenadamente locas.

Es como cualquier niño sabe, hasta que en la escuela le enseñan a pensar de otra manera: que la realidad es demasiado grande para ser capturada en un tubo de ensayo o un modelo informático. Una verdad no tiene por qué ser medible para ser cierta. El amor de una madre, la generosidad de un filántropo, el poder de una oración: todas estas cosas son más reales que lo que nos revela una radiografía y, sin embargo, son difíciles de plasmar en gráficos o números.

El hombre moderno solo confía en lo que “se puede demostrar”. Pero, irónicamente, esta confianza en sí misma no se puede demostrar. El científico cree en la causalidad, en el orden, en la repetibilidad. Pero no sabe por qué la naturaleza es así. Dice: “Porque siempre ha sido así”. Pero eso es un artículo de fe, no una prueba. 

La fe en los milagros no es más irracional que la fe en la lógica: solo depende de lo que se acepte como axioma. Y aquí llegamos al quid de la cuestión: la realidad es fundamentalmente poética. No solo se revela en fórmulas, sino también en fábulas. A veces hay más verdad en los cuentos de hadas que en los periódicos.

Un hombre reza a Dios y luego dice que su oración ha sido escuchada. El escéptico pregunta: “¿Puedes demostrarlo?”. Pero el hombre sabe lo que sabe. No es una ilusión, sino experiencia. Y la experiencia es el comienzo de todo conocimiento, incluso del conocimiento científico. Einstein lo expresó así: “La experiencia es la única fuente real de conocimiento, también científico”. La ciencia puede decirnos cómo funcionan las cosas, pero no por qué son importantes. Puede medir el corazón, pero no el amor. Puede cartografiar el cerebro, pero no la conciencia. Puede incluso datar el universo, pero se queda sin palabras ante la pregunta de por qué existe.

Imaginemos una conversación entre Julián, un hombre moderno que cree que solo la ciencia da acceso a la realidad, y Adrián, un pensador tradicional, con sombrero, bastón y una misteriosa tendencia a hacer preguntas difíciles.

Julián: Todo lo que es real puede demostrarse. La ciencia ha desvelado el velo de la superstición y la ilusión. Lo que no se puede medir, simplemente no existe.

Adrián: (deja su sombrero junto a él en el banco): ¿Entonces el amor de madre no existe?

Julián: (frunciendo el ceño): Eso es sentimentalismo. Por supuesto que el amor existe, pero no es más que una reacción química en el cerebro.

Adrián: Bueno, si mañana por la mañana me despierta el despertador, ¿puedo decir que mi despertar fue solo una reacción electromagnética? ¿O puedo admitir que llegué tarde porque la noche anterior estuve pensando en la luna?

Julián: Eso es poético, pero no exacto. La ciencia es exacta.

Adrián: (con una sonrisa pícara): A veces es precisamente incorrecta. Verás, la ciencia mide el tictac del reloj, pero no la razón por la que un hombre se levanta. Nos dice cuántos gramos pesa un libro y cuántas palabras contiene, pero no nos dice si ese libro es bueno. Puede decir lo que hace el cuerpo, pero no lo que hace el alma.

Julián (indignado): Eso no es justo. ¡La ciencia ha curado a enfermos, ha construido aviones, ha llegado al espacio!

Adrián: Y ninguna de esas cosas ha explicado por qué un niño mira las estrellas y se queda en silencio admirándolas. O por qué alguien muere voluntariamente por alguien que no conoce. O por qué la gente escucha música que no resuelve nada, no explica nada, no prueba nada, pero que lo dice todo.

Julián: Pero no puedes aceptar algo solo porque te hace sentir bien, ¿no?

Adrián (señalando un árbol): Ese árbol no sienta bien. Sin embargo, está ahí. Y nadie lo ha explicado completamente nunca. Crece sin fórmulas. La ciencia describe su corteza, cuenta sus anillos, clasifica sus hojas, pero no sabe por qué tiene ese aspecto y no otro.

Julián (lentamente): ¿Quieres decir que existe una realidad... fuera de la ciencia?

Adrián (sonriendo): Eso es exactamente lo que quiero decir. Al igual que existe algo fuera del reloj, es decir, el tiempo. Y algo fuera del libro, es decir, la historia. Y algo fuera del cuerpo, es decir, el alma.

Julián: Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que esas cosas son reales?

Adrián: No podemos. Solo podemos creer en ellas. Como un niño cree que su madre lo ama, sin que ella se lo demuestre nunca. Como un creyente reza. Como un poeta escribe. Como un hombre se despierta y piensa: “Hoy todo irá bien”. Sin pruebas, solo verdad.

Julián (en voz baja): ¿Y eso es suficiente?

Adrián (se levanta y se pone el sombrero): Es más que suficiente. Es todo.

Se levantan y se alejan caminando, Adrián golpea rítmicamente con su bastón. Julián se detiene un momento y mira al cielo como si hubiera redescubierto algo que siempre supo...