Esta medida solo contribuyó a difundir el error y el mal entre innumerables católicos. Resulta oportuno recordar a nuestros lectores la sabia conducta de la Iglesia antes de dicha abolición, justificada y alentada por el Papa Gregorio XVI.
A continuación, un extracto de la Encíclica Mirari Vos:
A continuación, un extracto de la Encíclica Mirari Vos:
Pero el sistema utilizado por la Iglesia para exterminar la plaga de libros malos desde la época de los Apóstoles fue muy diferente, y mientras leemos, quemaron públicamente grandes cantidades de tales libros (Hechos 19:19).
Baste leer las disposiciones dadas a este respecto en el Concilio V de Letrán, y la Constitución que publicó León X, de feliz memoria, Nuestro Precursor, precisamente porque “esa huella que se descubrió de manera saludable para el aumento de la Fe y para la propagación de las buenas artes, no fue dirigida a fines contrarios y causó daños y perjuicios a la salud de los fieles de Cristo” [Act. Conc. Lateran. V 10].
Esto estaba igualmente en el corazón de los Padres Tridentinos hasta el punto de que para aplicar un remedio adecuado a un inconveniente tan dañino, emitieron ese decreto muy útil sobre la formación del Índice de libros en el que se contenían doctrinas poco saludables.
Clemente XIII, Nuestro predecesor de feliz memoria, en su encíclica sobre la proscripción de libros dañinos [Christianae reipublicae, 25 de noviembre de 1766] declara que “uno debe luchar ferozmente, como lo requiere la circunstancia, con todos los esfuerzos, para erradicar la mortal plaga de libros; de hecho, la cuestión del error no puede ser eliminada hasta que los elementos impuros hayan perecido”.
Por lo tanto, por esta constante solicitud con la que esta Sede Apostólica siempre se ha esforzado por condenar los libros imprudentes y sospechosos, y arrebatarlos de las manos de los fieles en todo momento, se hace muy claro como falso, temerario e indignante para la Sede Apostólica misma, así como un presagio de resúmenes para el pueblo cristiano es la doctrina de aquellos que no solo rechazan la censura de los libros como serios y excesivamente gravosos, sino que alcanzan tal punto de malicia que incluso lo declaran aborrecible por los principios de la ley correcta y se atreven a negar la Autoridad de la Iglesia para ordenarlo y ejecutarlo. (El texto destacado es de Diario7).

1 comentario:
Place recordar aquí que el primer Papa que instituyó la censura de los libros impresos, recién inventada la imprenta, y prohibió la difusión de libros heréticos fue Alejandro VI Borja, para que se vea que aún en un Papa pecador, pero verdadero, resplandece la santidad de la Iglesia.
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