martes, 15 de junio de 2010

CARDENAL ARREPENTIDO RECUERDA LOS FRACASOS EN MATERIA DE ABUSO SEXUAL

El cardenal Cormac Murphy-O'Connor, “arzobispo” retirado de Westminster, dijo que se ha sentido “aislado y avergonzado” por su manejo de un caso que involucraba a un sacerdote abusador en la década de 1990, y quiere enmendar su papel como “visitador apostólico” en Irlanda.


“Las cosas que recuerdo de mi vida como sacerdote no son los éxitos, sino más bien los fracasos, y un fracaso particular y doloroso ocurrió hace 10 años cuando, debido a mi grave mala gestión de un sacerdote que era un abusador, fui atacado y vilipendiado durante casi dos años”, según informó el Catholic News Service el “cardenal” Murphy-O'Connor.

“Pero también empecé a comprender de un modo nuevo, hablando con las víctimas, el dolor y el grave daño que se les había hecho”, dijo. “Yo mismo no estoy libre de culpa, pero he tenido que aprender de los errores para convertirme, como alguien lo describió, en un sanador herido...”.

“De esa experiencia aprendí una vez más a rezar por la perseverancia, la obediencia a mi vocación y el sufrimiento de una manera que no esperaba y que, al final, trajo algún beneficio positivo debido a las políticas, procedimientos y estructuras nacionales de salvaguardia que ahora están en vigor y se utilizan en todas nuestras parroquias y diócesis de Inglaterra y Gales”.

Cardenal Murphy-O 'Connor había designado al “padre” Michael Hill como capellán del aeropuerto de Gatwick, cerca de Londres, a pesar de recibir acusaciones creíbles en su contra, el “padre” Hill volvió a cometer abusos y una de sus víctimas era un niño de 14 años confinado a una silla de ruedas porque padecía parálisis cerebral, según el informe.

Benedicto XVI nombró al “cardenal” de 77 años como uno de los nueve “visitadores apostólicos” a Irlanda por los escándalos de abusos en la Iglesia allí.

Por otra parte, el National Catholic Reporter recogió un estudio del Pew Research Center según el cual Benedicto XVI figuraba en más de la mitad de todas las noticias publicadas en prensa o emitidas por los telediarios a principios de este año en relación con el escándalo de los abusos sexuales del clero.

A diferencia de la avalancha de cobertura de 2002 sobre los abusos sexuales del clero, que tuvo su epicentro en la Arquidiócesis de Boston, la cobertura en las seis semanas de marzo y abril examinadas por el estudio fue mayor en Europa.

Sólo el 12 por ciento de los encuestados dijo que Benedicto había hecho un trabajo bueno o excelente al abordar el escándalo, frente al 39 por ciento en 2008, cuando Ratzinger visitó Estados Unidos y tuvo una reunión no programada en Washington con víctimas de abuso sexual por parte del clero.

Los que dijeron que Ratzinger había hecho un trabajo pobre o regular aumentaron del 48 por ciento en 2008 al 71 por ciento en 2010, según el informe “El papa se encuentra con la prensa: cobertura mediática del escándalo de abuso del clero”.

El grado en que Ratzinger estuvo vinculado por los medios de comunicación con el escándalo y el manejo del mismo por parte de la Iglesia ocupó el sexto lugar entre todos los escándalos seguidos desde 2007, detrás de los asuntos del golfista Tiger Woods y el arresto del director de cine Roman Polanski.


CathNews  /  Bishop-Accountability


domingo, 13 de junio de 2010

CÓRDOBA: SACERDOTES DESOBEDIENTES Y PERIODISTAS RACIONALISTAS


Nuestra lucha es una lucha desigual. El Mundo Moderno, gira en un sentido y nosotros en otro. El matrimonio homosexual será ley, más temprano o más tarde, pero será ley. Las “mayorías” así lo habrán querido, pero la que no podrá ser cambiada es la verdad.


Por Diego García Montaño

En La Voz del Interior en su edición del sábado 5 de junio del 2010, vienen dos artículos pro matrimonio homosexual.

El primero de ellos, titulado: “La Iglesia llamó al orden a varios curas por sus dichos”, hace referencia a la amonestación que les hiciera a un grupo de sacerdotes, el obispo Carlos Ñañez.

El motivo del llamado de atención, fueron las expresiones vertidas unos días antes por los denominados sacerdotes del “Grupo Angelelli”, a través de un comunicado, en el cual señalaban que una eventual aprobación por parte del Congreso de la Nación de una ley que permita a las personas del mismo sexo ser consideradas como matrimonio, debía ser acompañada y aprobada, ya que según su particular interpretación bíblica, esta es la expresión del Evangelio.

Pese a que la reunión fue de carácter privado -al menos para el obispo- trascendieron las respuestas de dos de los presbíteros involucrados.

Nicolás Alesio, autor del comunicado al que hacemos referencia, dijo: “Se nos ha pedido que nos desdigamos de esas declaraciones. Obvio que no lo haremos. Somos personas grandes para que nos anden diciendo qué tenemos que decir o hacer” ¡Qué tal, macho!, ¡eso sí que es obediencia a los superiores!

Por su parte, Víctor Acha, otro de los sacerdotes llamados por el obispo, afirmó que: “…hay cuestiones que se enseñan en la Iglesia que son opinables, que han evolucionado… No puede haber un criterio único en cuestiones que no son dogmáticas… si me dicen que no puede haber amor entre dos homosexuales, yo digo: error, sí puede haber amor”.

Luego de las manifestaciones de estos dos ácratas, pudimos leer otro artículo el mismo día, en el mismo diario y unas dos o tres páginas después, titulado: “La razón del matrimonio homosexual”, firmado por el periodista Claudio Fantini.
En este escrito de tono editorial, lo primero que nos sorprendió fue la novedosa y errónea interpretación de la historia, que hace el mencionado informador.

Sostiene la tesis de que hasta la llegada del racionalismo (siglo XVII, Descartes mediante), “La gente se casaba para procrear y las uniones se acordaban entre clanes, tribus, estados o padres de los cónyuges. Que se amaran o no, sencillamente carecía de importancia”.

Entendemos que el periodista, por los motivos que sean, quiera defender el matrimonio homosexual; pero lo que no nos parece, es que quiera reinterpretar la historia, con hechos que no son ciertos.

¿Acaso Sócrates en los momentos previos a beber la cicuta, no tuvo que pedirles a sus amigos que llevaran a la casa a su esposa, Jantipa, atento a que por nada del mundo quería abandonar a su marido? ¿No es ésta una demostración extrema de amor?

¿No sucedió lo mismo cuando le dictaron sentencia a Tomás Moro y su esposa, Luisa, le rogó entre llantos que cambiara de parecer, para así salvar su vida y poder seguir unos cuántos años más, unidos en matrimonio?

¿Podría decirse que Jantipa o Luisa, no amaron a sus maridos? Y como ellas, cuántos millones de casos más, antes de la llegada del racionalismo.

Para el autor de la nota: “…desde la racionalidad, no puede negarse a los homosexuales el derecho al matrimonio”; acto seguido, nos explica que: “Por mucho que nos cueste entenderlo desde la heterosexualidad, es evidente que las personas del mismo sexo pueden amarse con tanta intensidad como las parejas homosexuales. Que puedan vivir juntos hasta la edad en que se apaga el deseo de la carne prueba que… esa relación trasciende la sexualidad”.

Aquí pueden suceder dos cosas: O tuvo un error de construcción gramatical en el escrito, o el periodista no entiende de preposiciones.

Si dice que pueden vivir juntos hasta que se apaga el deseo de la carne, se está contradiciendo, ya que si los homosexuales se desean hasta que se apaga lo meramente sexual, se desprende que después de ello, no tienen más nada, y cada uno se va por su lado.

En fin, podríamos seguir analizando estos artículos, pero con lo dicho alcanza para darnos cuenta de hacia dónde va el mundo, irremediablemente.

Quienes, siguiendo a Santo Tomás, todavía creemos en el Derecho Natural, aquel que el hombre puede descubrir por su razón y que lo lleva a conocer y entender que existen primeros principios, no podemos estar a favor del matrimonio homosexual. Ya lo decía Lucio Séneca (4-65): “Al comienzo fueron vicios, hoy son costumbres”.

También sabemos que nuestra lucha, es una lucha desigual. El Mundo Moderno, gira en un sentido y nosotros en otro. El matrimonio homosexual será ley, más temprano o más tarde, pero será ley. Las “mayorías” así lo habrán querido, pero la que no podrá ser cambiada es la verdad, porque: “La moralidad de los actos humanos no depende de mayorías o minorías, de lo que cada uno apetece o conviene, sino de lo que objetivamente está ordenado por Dios” (Rivilla citado en Loring).


ACERCA DE LA PROSTITUCIÓN DEL MATRIMONIO Y LA DISOLUCIÓN DE LA NACIÓN

Con la confianza puesta en la Generala de los Ejércitos de San Martín y Belgrano que nos reúne, protege e impulsa a alcanzar nuestro destino como Pueblo y como Nación, es que convocamos a los varones a impedir por todos los medios a nuestro alcance que se apruebe tan ignominiosa ley.


Por Victor E. Vital. B.I.M.5 (V.G.M)

"Honra a tu padre y a tu madre:
así se prolongarán tus días en la tierra,
que el Señor, tu Dios, te va a dar." (Éxodo 20:12)

1.- Con la perversa ley que se pretende legalizar el casamiento entre homosexuales se rompe el orden social y jurídico de la Nación Argentina, ya que la Constitución Nacional se establece: “...en cumplimiento de pactos preexistentes...”. Y la familia es la primera comunidad sobre la cual se fundaron los pueblos que conforman la Nación Argentina. Es anterior a todo ordenamiento social, es el corazón, el núcleo del ordenamiento social. Es la única institución que figura en el Génesis, la única instituida por Dios Padre en el mismo acto creador.

2.- No sólo se pretende romper la última defensa del orden social y jurídico de nuestra Patria, sino que se legisla contra el cuarto mandamiento. “Honra a tu padre y a tu madre, así se prolongarán tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar”. Este mandamiento va dirigido a los hijos y habla de los padres. Establece una estrecha relación entre el territorio que ocupa una nación, el orden social de la familia y la comunión de generaciones que se crea en la estructura familiar. Es decir, vincula la estructura familiar a la existencia del pueblo y de la nación. Con esta pretendida ley se disuelve la Nación Argentina. Los argentinos quedaríamos exiliados en nuestro propio territorio.
Los legisladores que aprobasen esta subversiva ley serán incursos en delito de traición contra la Nación. (art. 119 C.N.)

3.- No es casual que el momento de euforia y distracción generado por el Mundial de Fútbol, sea el elegido para democrática y “consensuadamente” prostituir y liquidar la familia. Es el golpe de gracia de la ininterrumpida y perseverante política de estado de los gobiernos de todo signo –con la complacencia de la oposición- desde la ley de de Patria Potestad Compartida. Divorcio, educación sexual en las escuelas, aborto, prostitución, pornografía y homosexualidad, políticas de género y feminismo, drogas, planes de vacunación masiva, violencia, caos y pestes que generan temor y angustia rompiendo todos los lazos de cohesión social.
Esta es la única Política de Estado gobierne quien gobierne. Las facciones partidarias se pelean solamente para manotear la caja, el presupuesto que surge del trabajo de los argentinos y de la hipoteca de los recursos naturales y ahora del territorio.

4.- Es fundamental señalar que con estas políticas de género se pretende desvirtuar la figura del varón, del padre, eliminando así la figura de Dios Padre, del Padre de la Patria, del padre de familia. Desvirtuando la paternidad se elimina la autoridad, quedando solamente el poder. Poder de destruir, corromper, matar como vemos en la actualidad.

5.- Mediante una verdadera y férrea política de estado, el Gobierno Mundial va imponiendo a los estados nacionales estos planes contra las familias mediante subsidios, créditos, programas, Ongs transnacionales, etc. Y si esto no alcanza: la invasión militar. No es casualidad que para el 25 de Mayo hayan desfilado solamente soldados. La chatarra, el rezago del armamento militar que nos queda lo escondieron. Es la manifestación pública de la Política de Defensa Nacional.

6.- La “desconstrucción” de la familia la provocan en simultáneo con la creación de un estado virtual sobre la Cordillera, donde ya hemos cedido la soberanía a empresas mineras anglo-canadienses, australianas y angloamericanas mediante el Convenio Minero Argentino-Chileno (ley 25.243 del 23/03/2000) y por el Atlántico, con la oficialización operativa del aeropuerto inglés en Río Negro, que funciona como cabecera de playa de los británicos en la Patagonia desde la fortaleza Malvinas. Gente nuestra ha visto aviones y helicópteros militares ingleses aterrizar en dicho aeropuerto.
Esta invasión territorial se complementa con la operación británica de crear Estados Plurinacionales mediante “los Pueblos Originarios” dentro del territorio argentino. De todas estas organizaciones, la más importante es la de los mapuches, que tiene su sede en la ciudad inglesa de Bristol, regenteada por un tal Reynaldo Mariqueo, supuestamente mapuche.
Hace más de 30 años que nuestros gobiernos son simples delegados de la Corona Británica, que sistemáticamente han favorecido la invasión económica, territorial y contracultural.

Con la confianza puesta en la Generala de los Ejércitos de San Martín y Belgrano que nos reúne, protege e impulsa a alcanzar nuestro destino como Pueblo y como Nación, es que convocamos a los varones a impedir por todos los medios a nuestro alcance que se apruebe tan ignominiosa ley.



PARA CONOCER MEJOR A DIOS: EL MISTERIO MÁS GRANDE DE LA FE

  
El fin del hombre es conocer y amar a Dios. De ahí que todo lo que concierna a Dios nos ayudará a amarlo más. Este misterio nos descubre el mismo ser de Dios.


Por el Pbro. José Martínez Colín


1) Para saber

En el mensaje que el Papa Benedicto XVI dirigió el domingo de la Santísima Trinidad, mencionaba que esta fiesta resume la revelación de Dios que tuvo lugar en los misterios pascuales: muerte y resurrección de Cristo, su ascensión a la derecha del Padre y la efusión del Espíritu Santo.

El fin del hombre es conocer y amar a Dios. De ahí que todo lo que concierna a Dios nos ayudará a amarlo más. Este misterio nos descubre el mismo ser de Dios. Por eso el Catecismo de la Iglesia Católica nos afirma que el “misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe” (n.264).

2) Para pensar

Es tan grande el misterio de la Santísima Trinidad que sólo lo conocemos gracias a que nos lo fue revelado por el mismo Dios. Aunque desconocemos mucho de Dios, sabemos algo muy importante de su ser: es un solo Dios en tres Divinas Personas.
Es conocido un suceso atribuido a San Agustín. Un día paseaba el santo por la playa, pensando en el misterio de la Santísima Trinidad, en cómo explicarlo. De súbito, interrumpió su meditación la vista de un niño solitario que jugaba: extraía agua del mar con una concha y la echaba en un hoyo en la arena. Esa operación la hacía una y otra vez: iba al mar, llenaba su concha, luego volvía y echaba el agua en el hoyito en la arena.
“¿Qué haces?” le preguntó el santo. El niño respondió: “Voy a poner dentro toda el agua del mar”. El niño siguió con su ocupación. Sonrió San Agustín ante la ingenuidad del niño, y continuó su camino, pero enseguida cayó en la cuenta de la lección que acababa de recibir, era el Espíritu Santo quien le había hablado a través del niño: él intentaba algo mucho más difícil que meter toda el agua del mar en el hoyo; él quería meter en el mísero agujero del entendimiento humano la inmensidad de Dios.

3) Para vivir

Este misterio se nos ha dado, no para complicarnos, sino para que al conocer algo más de Dios empecemos a conocerlo y a amarlo como es Él. Para tratar a cada divina Persona y así amarlas cada vez más. El Papa recomendaba que, para lograrlo, cada vez que hacemos la señal de la Cruz, recordemos a cada una de las Personas divinas.
La Santísima Virgen puede ayudarnos a tratar mejor a Dios. El Papa aconsejaba invocar a la Virgen María, primera criatura plenamente habitada por la Santísima Trinidad, pidiéndole su protección para continuar nuestra peregrinación terrena. Siguiendo la sugerencia de San Josemaría Escrivá podemos llamarle en su relación con la Trinidad Santísima: “Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!...
–Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole: Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo... Más que tú, sólo Dios!” (Camino 496).


CRISTIANISMO Y UNIDAD NACIONAL

La dura prueba impuesta por el poder político a diversas iglesias cristianas en la década de los 80, lejos de debilitar la religiosidad de nuestro pueblo suscitó una notable profundización y revitalización de la fe.


Por José Esteban González Rappaccioli

La epopeya de heroísmo cívico y religioso de centenares de auténticos mártires está todavía por escribirse.

Nicaragua fue el primer país del mundo en el que, con respaldo de un régimen marxista-leninista, se impulsó el establecimiento de una “iglesia popular” inspirada en la corriente más radical y engañosa de la “teología de la liberación”. No obstante el masivo apoyo económico y logístico recibido del gobierno sandinista y el apoyo de tentáculos seudo-religiosos de otros regímenes comunistas de la época, dicha iglesia “popular” fracasó estrepitosamente en Nicaragua no logrando rebasar un reducido número de centros de culto y de propaganda ubicados casi exclusivamente en Managua. El intenso apoyo internacional a la llamada iglesia “popular” se debilitó aceleradamente a partir del momento en que sus sostenedores y financiadores extranjeros descubrieron, con vergüenza e indignación, el fabuloso enriquecimiento de los nueve Comandantes y la corrupción prevaleciente en las esferas superiores del sandinismo oficial, denunciados con valentía por Ernesto Cardenal – su profeta más caracterizado y aplaudido. En particular, fue motivo de rechazo mundial la desvergonzada “piñata”, sin duda, el mayor y más descarado saqueo de un país pobre y de su gente, perpetrado, después de haber sido expulsados del poder por el voto popular, por militantes del partido que había pretendido liberarlo. De pronto, quedó al descubierto el verdadero rostro del sandinismo orteguista en el que incautos de Norteamérica y Europa habían creído reconocer a un “mesías colectivo” que - comenzando por Nicaragua - redimiría a América Latina de la ignorancia y la pobreza.

Hoy día, sin abatirse por nuevos problemas harto conocidos, la Iglesia Católica ha confirmado y acrecentado su credibilidad. Guiados y alentados por obispos y sacerdotes ilustrados, pero modestos y siempre solidarios, los católicos estamos viviendo nuestra fe de manera más consciente y madura. Miles de jóvenes creyentes de ambos sexos, conscientes de sus derechos y responsabilidades, se lanzan con intrepidez, generosidad y entusiasmo a acciones de solidaridad sincera en favor de nuestros hermanos más pobres y marginados.

Paralelamente, en los últimos decenios, las comunidades de diversas y muy respetables denominaciones protestantes, han crecido hasta alcanzar un elevado porcentaje de la población creyente. Su crecimiento impresionante es en gran parte atribuible a la prioridad que otorgan a la Sagrada Biblia y a un mensaje fácilmente asimilable y claramente eficaz en lo que respecta a la moral y buenas costumbres. Todos los cristianos - protestantes y católicos por igual - debemos reconocer con humildad nuestras carencias y errores y concentrarnos en lo esencial de la fe y de la moral cristianas.

Sin ignorar diferencias teológicas (algunas de ellas explicables por circunstancias culturales, políticas e históricas), quienes reconocemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador coincidimos totalmente en la voluntad de identificarnos con los más pobres y desheredados, no para practicar un asistencialismo oportunista, sino para luchar junto a nuestros hermanos contra las estructuras injustas y deshumanizantes que a todos nos abruman. Luchando unidos por la justicia, los derechos humanos y las libertades democráticas, combatiendo constructivamente la pobreza y la opresión, no podemos equivocarnos porque la “regla de oro” del Evangelio siempre será: “Trata a los demás como quieres que te traten”.

Otro elemento que compartimos todos los nicaragüenses es un profundo nacionalismo. Ambos elementos – nacionalismo y cristianismo - son complementarios e inseparables. Por consiguiente, debemos profundizarlos e interiorizarlos para que nos nutran y fortalezcan como la sangre que nos mantiene en vida.

Para enfrentar las amenazas que actualmente se ciernen sobre nuestra nación, los cristianos debemos realizar un esfuerzo unificado, sin connotaciones partidistas ni exclusiones confesionales, a fin de regirnos con mayor fidelidad y valentía por ambos valores: nacionalismo y cristianismo. Esta decisión debe naturalmente conducirnos a la formulación de una doctrina, de una ética y de una praxis social fundadas en el humanismo cristiano que nos permitirá organizar nuestra convivencia como personas y como nación. Todos los cristianos debemos movilizarnos y hacerlo ¡ya! para defender a nuestra patria de la bestia bíblica que asecha bajo disfraces diversos, y así asegurar para nuestras familias y para nosotros mismos el futuro de paz y prosperidad al que aspiramos. Así sea.


Licenciado en Teología, Candidato a Procurador Nacional de Derechos Humanos.


sábado, 12 de junio de 2010

BENEDICTO XVI: DISCURSO AL BANCO DE DESARROLLO DEL CONSEJO DE EUROPA ( 12 DE JUNIO DE 2010)


DISCURSO DEL SANTO PADRE 

BENEDICTO XVI

AL BANCO DE DESARROLLO DEL CONSEJO DE EUROPA

Sala Clementina

Sábado 12 de junio de 2010

Señoras y señores embajadores;

señoras y señores administradores;

queridos amigos:

La 45ª reunión conjunta del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa os ha traído a Roma y tengo el placer de recibiros esta mañana en el palacio apostólico al término de vuestro encuentro.

Le agradezco, señor gobernador, sus palabras, que subrayan la importancia que la Santa Sede da al Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, del cual es miembro desde 1973. En 1956, el Consejo de Europa fundó un banco con una vocación exclusivamente social, para tener un instrumento cualificado a fin de promover su propia política de solidaridad. Desde sus comienzos, este banco se ha ocupado de los problemas relativos a los refugiados; luego extendió sus competencias a todo el ámbito de la cohesión social. La Santa Sede no puede menos de mirar con interés una institución que sostiene con sus préstamos proyectos sociales, que se preocupa del desarrollo, que responde a situaciones de urgencia y que quiere contribuir a mejorar las condiciones de vida de las personas necesitadas.

Los acontecimientos políticos que tuvieron lugar en Europa a finales del siglo pasado le permitieron respirar por fin con sus dos pulmones, por utilizar de nuevo la expresión de mi venerado predecesor. Todos sabemos que todavía queda un largo camino por recorrer para hacer efectiva esta realidad. En efecto, los intercambios económicos y financieros entre el este y el oeste de Europa se han desarrollado, pero ¿ha habido un progreso humano real? La liberación de las ideologías totalitarias, ¿no se ha usado unilateralmente sólo para el crecimiento económico y en detrimento de un desarrollo más humano que respete la dignidad y la nobleza del hombre?, ¿y no se han desdeñado, a veces, las riquezas espirituales que han modelado la identidad europea? Estoy seguro de que las intervenciones del Banco en favor de los países del este, del centro y del sureste de Europa han permitido corregir los desequilibrios en favor de un proceso basado en la justicia y la solidaridad, elementos indispensables para el presente y el futuro de Europa.

Sabéis tan bien como yo que hoy el mundo y Europa pasan por un momento especialmente grave de crisis económica y financiera. Este tiempo no debe llevar a limitaciones que se basen solamente en un análisis estrictamente financiero. Al contrario, debe permitir al Banco de Desarrollo mostrar su originalidad, reforzando la integración social, la gestión del medio ambiente y el desarrollo de las infraestructuras públicas con vocación social. Animo vivamente el trabajo del Banco en este sentido, así como en el campo de la solidaridad. De este modo será fiel a su vocación.

Frente a los desafíos actuales que el mundo y Europa deben afrontar, en mi última encíclica, Caritas in veritate, llamé la atención sobre la doctrina social de la Iglesia y sobre su aportación positiva a la construcción de la persona humana y de la sociedad. La Iglesia, siguiendo a Cristo, ve el amor a Dios y al prójimo como un motor poderoso capaz de ofrecer auténtica energía, que podrá irrigar el ámbito social, jurídico, cultural, político y económico. Puse de manifiesto que la relación que existe entre el amor y la verdad, si se vive bien, es una fuerza dinámica que regenera todos los vínculos interpersonales y que ofrece una novedad real en la nueva orientación de la vida económica y financiera, que renueva, al servicio del hombre y de su dignidad, para los cuales existen. La economía y las finanzas no existen sólo para sí mismas; son sólo un instrumento, un medio. Su finalidad es únicamente la persona humana y su realización plena en la dignidad. Este es el único capital que conviene salvar. Y en este capital se encuentra la dimensión espiritual de la persona humana. El cristianismo permitió a Europa comprender qué son la libertad, la responsabilidad y la ética que impregnan sus leyes y sus estructuras societarias. Marginar al cristianismo —también excluyendo los símbolos que lo manifiestan— contribuiría a privar a nuestro continente de la fuente fundamental que lo alimenta incansablemente y que contribuye a su verdadera identidad. Efectivamente, el cristianismo está en el origen de los «valores espirituales y morales que son el patrimonio común de los pueblos europeos», valores por los cuales los Estados miembros del Consejo de Europa manifestaron su estima inquebrantable en el preámbulo de los Estatutos del Consejo de Europa. Esta estima, que se reafirmó en la Declaración de Varsovia de 2005, arraiga y garantiza la vitalidad de los principios en los que se funda la vida política y social europea y, especialmente, la actividad del Consejo de Europa.

En este contexto, el Banco de Desarrollo es ciertamente una institución financiera y, por tanto, un instrumento económico. Sin embargo, su creación se realizó para responder a exigencias que superan el ámbito financiero y económico. Su razón de ser es social; por consiguiente, está llamado a ser plenamente aquello para lo que fue instituido: un instrumento técnico que permite la solidaridad. Esta se debe vivir en la fraternidad. La fraternidad es generosa, no calcula. Quizá habría que aplicar estos criterios en mayor medida en las decisiones internas del Banco y en su acción externa. La fraternidad permite espacios de gratuidad que, aun siendo indispensables, es difícil concebirlos o gestionarlos cuando los únicos fines que se persigue son la eficacia y el beneficio. Todos sabemos también que este dualismo no es un determinismo absoluto e insalvable sino que se puede superar. Por esto, la novedad sería introducir una lógica que hiciera de la persona humana, y especialmente de las familias y de quienes pasan por situaciones de grave necesidad, el centro y el objetivo de la economía.

En Europa existe un rico pasado que ha visto cómo se desarrollaban experiencias de economía basadas en la fraternidad. Existen empresas con una finalidad social o mutualista, que han sufrido a causa de las leyes del mercado, pero que desean recobrar la fuerza de la generosidad de los orígenes. Creo también que, para vivir realmente la solidaridad, el Banco de Desarrollo del Consejo de Europa desea responder al ideal de fraternidad que acabo de mencionar, y explorar espacios en los que puedan expresarse la fraternidad y la lógica del don. Se trata de ideales que tienen raíces cristianas y que presidieron, junto al deseo de la paz, el nacimiento del Consejo de Europa.

La medalla que me acaba de regalar, señor gobernador, y que le agradezco, me permitirá recordar nuestro encuentro. Os aseguro, queridos amigos, mi oración y os aliento a seguir trabajando con valentía y lucidez para cumplir el importante deber que se os ha encomendado de contribuir al bien en nuestra querida Europa. Que Dios os bendiga a todos. Muchas gracias.

domingo, 23 de mayo de 2010

LA TEOLOGÍA DEL CUERPO (VERSIÓN COMPLETA)


Profundizando en el legado de Juan Pablo II

Publicamos la Lectio magistralis pronunciada por el obispo Jean Laffitte, secretario del Consejo Pontificio para la Familia, en la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, el pasado 22 de abril.


* * *

El cuerpo humano y sus significados

Quisiera comenzar esta intervención mía con una primera observación sobre el título elegido: “Teología del cuerpo”. Verdaderamente la expresión es paradójica. El discurso sobre Dios, teo-logía, se refiere a la persona humana considerada en su totalidad y no sólo en una dimensión de su ser, aquí, el cuerpo. Por tanto, cuando se habla de teología del cuerpo, es necesario entender desde el principio en qué acepción se entiende la palabra cuerpo. Se trata de toda la persona humana, considerada en su dimensión corpórea. Hablamos así de un cuerpo animado, cuyos fenómenos pueden ser estudiados en el campo de varias ciencias: fisiología, anatomía, todos los sectores de las ciencias biomédicas. No es en este restringido sentido fisiológico como la palabra cuerpo debe ser entendida en nuestra perspectiva. De hecho, el cuerpo humano tiene otros significados. En la medida en que hace presente y visible a toda la persona humana, es portador de valores simbólicos: el cuerpo es la modalidad en la que la persona se hace presente. Cada persona se deja contemplar en su cuerpo; el cuerpo es único, singular, personal. Es ciertamente una realidad carnal. Con todo, está animado no de la forma en que un robot estaría animado por movimientos mecánicos y estereotipados, sino de un modo tal que será en seguida identificado como el cuerpo de esta persona precisa. En este sentido, todos los cuerpos son distintos, porque las personas son distintas.

Si nos queremos limitar a la antropología de San Pablo, como la encontramos expresada por ejemplo en la primera carta a los Tesalonicenses, donde el Apóstol se refiere al hombre “todo entero espíritu, alma y cuerpo” (1 Ts 5,23), vemos que una realidad invisible, indicada por los dos términos “alma” y “espíritu”, sobre los que diremos luego algo, se completa con un dato material, visible, expresado por la palabra “cuerpo”. Como lo hizo observar justamente Denis Biju-Duval (Biju-duval D.; La profondità del cuore. Tra psichico e spirituale (Prefacio de J. Laffitte), Effatà Editrice, Cantalupa (To) 2009, pp. 29-41).

], esta antropología no debe oponerse a la clásica distinción entre alma y cuerpo, más familiar a los espíritus occidentales. Según este autor, las dos antropologías (alma-cuerpo y espíritu-alma-cuerpo) han sido opuestas artificialmente, sustantivando los términos semíticos, expresados en la Biblia en forma de adjetivos: lo espiritual (pneumatikos), lo psíquico (psychikos). Las realidades espiritual y psíquica remiten a la interioridad del hombre, al corazón, lugar simbólico tanto de la decisión (espiritual) sea de los sentimientos y de la afectividad (psíquica). La interioridad del hombre se comprende sólo en la tensión con su exterioridad. La carne expresa lo que de algún modo sucede en el corazón del hombre. Esto es tan cierto que, para designar la realidad interior del hombre, se usan a menudo símbolos e imágenes inspiradas en la exterioridad (además del lenguaje espacial, como para el binomio interior-exterior, encontramos elementos orgánicos, el “corazón”, el “aire puro”, las “vísceras”, o incluso elementos naturales, hablando del corazón como de una “tierra fértil” o “estéril”, como de un templo”, de una casa, etc.).

Además de esta función de revelar algo escondido, el cuerpo tiene el papel de mediar entre el hombre y el mundo. Existe una cierta ambigüedad del cuerpo en la medida en que se encuentra por así decirlo a medio camino entre un objeto recibido (Körper) y un hecho asumido (Leib), entre, si queremos, el haber y el ser: “tengo” un cuerpo que me causa sufrimiento o placer, pero al mismo tiempo, “soy” un cuerpo, de forma que quien ataca o hiere mi cuerpo ataca o hiere a toda mi persona. Soy mi cuerpo. Mi cuerpo exige naturalmente respeto.

Me parece que las distinciones hechas ayudan a entender que la palabra “cuerpo” es una realidad compleja. Queda ahora algo que decir sobre el otro término de nuestro título, “teología”.

El cuerpo tiene un valor teológico por tres motivos fundamentales:

– El primero es el hecho de que ha sido querido por Dios y creado por él. Esta observación implica necesariamente que es portador de algunas finalidades intrínsecas.

– El segundo motivo es que Dios ha elegido el cuerpo humano como mediación para revelarse a los hombres: es el dato de la Encarnación. El Verbo se hizo carne.

– A estos dos elementos, Creación y Encarnación, debe añadirse un tercero, la Resurrección, que se refiere al destino final del cuerpo humano; es un dato que especifica la fe cristiana: la resurrección de los cuerpos. A pesar de su crecimiento, sus sufrimientos, su envejecimiento hasta la muerte, y su descomposición orgánica, el cuerpo humano está destinado a resucitar. En una visión de fe, este dato ha sido acreditado por el acontecimiento histórico fundamental que ha sido la resurrección de Jesús de entre los muertos. Es sobre la base d este acontecimiento que el cristiano cree verdaderamente que habrá una resurrección de los muertos; un acontecimiento fundamental para él y para todos los hombres, que serán integrados a la fuerza del Resucitado. Podríamos en otro lugar profundizar en el hecho de que la resurrección del cuerpo, lejos de ser una creencia irracional, se funda al contrario en la eminente coherencia de la fe, expresada en este campo por el destino común entre el cuerpo de cada bautizado y el cuerpo del Señor resucitado.

Es imposible fundar una “teología del cuerpo” sin integrar la certeza de la resurrección. Nos ayuda en este sentido el texto esencial d san Pablo en la primera carta a los Corintios: “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder (1 Cor 6, 13-14). En el contexto d una enseñanza sobre el uso equivocado y pecaminoso del cuerpo que es la fornicación, el Apóstol saca las consecuencias morales de esta forma: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: Los dos se harán una sola carne. Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él (1 Cor 6, 15-17). En verdad, para ser completos, deberíamos prolongar la lectura de san Pablo, en particular recordar estas dos ideas secundarias de que el cuerpo es “templo del Espíritu Santo”, y de que el hombre ya no se pertenece, desde el momento en que ha sido “comprado a caro precio por el Señor”. El caro precio ha sido el del Calvario, de la pasión y de la muerte de Jesús en el leño de la cruz.

Para resumir en pocas palabras estos fundamentos de la “Teología del cuerpo”, es necesario no olvidar ninguno de los elementos apenas evocados: creación del hombre por Dios y por tanto creación de su propio cuerpo, asunción del cuerpo humano del cuerpo humano por el Hijo eterno del Padre, resurrección de Jesús y resurrección de los hombres en su persona, presencia del Espíritu de Dios como en un templo, dando al cuerpo humano una dignidad excelsa.


Elementos estructurales de la teología del cuerpo de Juan Pablo II

Sólo desde esta perspectiva de la fe cristiana se puede comprender la teología del cuerpo de Juan Pablo II. Como se sabe, la teología del cuerpo designa el contenido de las 129 “Catequesis sobre el amor humano” que el Papa pronunció de 1979 a 1984, con motivo de las audiencias públicas del miércoles. Todos conocéis al menos una parte de estos textos que personalmente considero que constituyen una aportación fundamental al magisterio ordinario del pontífice polaco, y estoy convencido de que estamos sólo al inicio de su difusión.

La fecundidad de las Catequesis se debe al hecho de que no sólo integran el conjunto de la visión bíblica y magisterial tradicional de la Iglesia, algo que ya hemos tratado de mostrar brevemente al inicio de esta conversación, sino que además lo explicitan de una manera extraordinariamente original. La originalidad está en la manera de presentar el contenido de la fe sobre la persona humana, en el dinamismo propio del sujeto. De este modo, el auditor o el lector se siente personalmente comprometido en esta visión, que asume un carácter existencial intenso. Me parece que es una clave central para comprender la novedad de la aportación de Juan Pablo II.


a) el carácter concreto de la experiencia

Quisiera ofreceros ahora un primer criterio esencial de la teología del cuerpo según Juan Pablo II, pues le permite evitar desde el inicio todo riesgo de ideología: se trata de su concepto de experiencia. En vez de ser reducida a la observación de fenómenos científicamente observables, la experiencia del amor no descuida ninguna de las dimensiones de la existencia humana. Todos los elementos de la percepción humana y de los dinamismos volitivos del hombre están presentes, así como su capacidad para entrar en relación con Dios. La comunión de personas, según las Catequesis, no se contenta con la aportación del personalismo de Martin Buber o de Max Scheler, sino que le da su auténtico alcance trascendente, después de haber identificado la fuente en Dios: ser en comunión significa estar unidos a Dios, fuente y fin de toda comunión humana auténtica. La experiencia es una vivencia (Erlebnis), lo que significa desde esta perspectiva que Dios no es ajeno a la experiencia: el hombre y la mujer experimentan la presencia y la acción de Dios y Dios les da la capacidad para vivir una comunión de personas que se convierte en mediación de lo absoluto y camino hacia él. En este sentido, la comunión de personas es una vocación y permite a quien ama santificarse verdaderamente. En otras palabras, crecer en la comunión con Dios.

Quiero subrayar que el planteamiento de las Catequesis no es moralista o voluntarista, sino que se trata de una actitud auténticamente mística, en el sentido de que se concentra en el misterio imposible de aferrar de la unión entre Dios y el hombre, en el que se integra la relación nupcial hombre-mujer.


b) la soledad original

La primera parte de las Catequesis está dedicada a la clásica lectura de las dos narraciones de la creación del hombre y de la mujer en los primeros capítulos del libro del Génesis (1, 26-27). “Y dijo Dios: ‘Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra… Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó” (Génesis 1, 26-27). La segunda narración (Génesis 2, 18-25) muestra la creación de la mujer a partir de la costilla de Adán y la aceptación por parte de este último del don del creador: “Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. El Papa no tiene miedo de ofrecer una lectura de carácter filosófico de estas fuentes tradicionales: utiliza un concepto normalmente psicológico, la soledad, y lo transforma en una realidad ontológica de creación. Nace así la genial expresión soledad original que define el estado objetivo en el que fue creado el primer hombre, Adán, que se realiza plenamente en su humanidad, cuando se le ofrece una ayuda adecuada. La segunda narración presenta desde esta perspectiva al hombre bajo el aspecto de su objetividad.

La primera relación que experimenta el hombre es su relación con Dios que le ha creado directamente a partir de arcilla. De Dios recibe la orden de no probar el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Por tanto, esta relación de dependencia fundamental de Dios da a entender la condición ética del hombre, que se encuentra por primera vez ante una opción moral: obedecer o desobedecer.

La soledad original explica la expectativa del hombre de esa ayuda adecuada, que permite integrar de manera coherente el deseo fundamental que siente el hombre de unirse con una mujer. De este modo se integra toda la dimensión del deseo y de su expresión sexual: de este modo, los dos forman una sola carne.

La soledad tiene dos significados esenciales: el hombre descubre que es diferente de todo el mundo que le rodea y experimenta el carácter específico de su ser en relación con todas las criaturas.

El segundo elemento afecta más de cerca a nuestro objetivo. Juan Pablo II se refiere a la relación hombre-mujer cuando habla de soledad original: el hombre experimenta sus propios límites, simbolizados por las fronteras naturales de su propio cuerpo. La contemplación del cuerpo de la mujer le introduce en una experiencia singular, la de la belleza del cuerpo. A través de esta mediación, que involucra a toda su naturaleza, experimenta de manera más fundamental aún la experiencia de la comunión. Como vemos, el cuerpo sirve también para descubrir, a través de la ambigüedad del deseo, la vocación profunda del hombre y de la mujer a la comunión.


c) la communio personarum


Otro ejemplo es el de la comunión de personas (communio personarum). La comunión representa también un dato de experiencia personal: estar en comunión con Dios, estar en comunión con el otro. La segunda originalidad de Juan Pablo II consiste en haber visto en la comunión de personas un dato creatural que ha sido perfectamente ilustrado por un texto del magisterio: Mulieris Dignitatem. Me refiero a los primeros números de la carta apostólica. Cito: “El hecho de que el ser humano, creado como hombre y mujer, sea imagen de Dios no significa solamente que cada uno de ellos individualmente es semejante a Dios como ser racional y libre; significa además que el hombre y la mujer, creados como «unidad de los dos» en su común humanidad, están llamados a vivir una comunión de amor y, de este modo, reflejar en el mundo la comunión de amor que se da en Dios, por la que las tres Personas se aman en el íntimo misterio de la única vida divina”. En este texto, en realidad, encontramos un eco de lo que Juan Pablo II había introducido en una de las Catequesis, ampliando de manera extraordinaria el concepto tradicional de imagen de Dios. Él había escrito con audacia que “el hombre no es tanto imagen de Dios en el momento de la soledad, sino más bien en el momento de la comunión. Desde el inicio, no era sólo una imagen en la que reflejaba la soledad de una Persona que gobierna el mundo, sino también y esencialmente una imagen de una comunión de Personas divina e inescrutable (Juan Pablo II, Catechesi XIX, Ibid., pp.91).

La implicación de esta visión permite a Juan Pablo II subrayar la complementariedad sexual, en la medida en la que expresa precisamente la comunión de personas como un dato original. La novedad absoluta de la Teología del Cuerpo, en este sentido, estriba en el hecho de que, en el acto creativo del hombre por parte de Dios, está inscrita la corporeidad del hombre y de la mujer como una llamada a la comunión.

Permitidme invitaros a meditar en la tendencia que se da hoy a abandonar el criterio absoluto de la comunión para comprender el verdadero sentido de la sexualidad; se da, de hecho, un lazo entre esta tendencia y la ideología actual, que consiste en descuidar la diversidad sexual con la negación explícita de la masculinidad y de la femineidad. Me refiero a la ideología delgender, que no tiene otra opción que reducir miserablemente el misterio de la sexualidad humana a un dato meramente cultural, que fundamentaría el carácter indiferenciado de las opciones de comportamiento en el campo sexual. Es interesante constatar que esta visión ideológica está acompañada por una falta de esperanza en la capacidad del hombre y de la mujer para vivir para siempre una comunión de personas en su forma conyugal, lo que supone respetar los caracteres esenciales de unidad e indisolubilidad.


d) el deseo y el descubrimiento de la dimensión esponsal del cuerpo


Antes hablaba de ambigüedad del deseo en el sentido de que, en su estructura, el deseo sexual, como lo demostrarán algunas Catequesis, implica al mismo tiempo una dimensión gratificante orientada a la dilatación del propio ser en la unión del hombre con la mujer, pero también un cierto pathos, un sufrimiento de quien experimenta que no puede darse a sí mismo la alegría que sólo la comunión con el otro (o la otra) puede suscitar.

La riqueza de este planteamiento me parece evidente. Constatamos que encuentra su origen en una larga contemplación por parte del filósofo Karol Wojtyla del fenómeno del amor, así como de su profundización en su manifestación conyugal en el misterio de la sexualidad. Una lectura de sus obras filosóficas y antropológicas, por ejemplo, “Amor y responsabilidad, persona y acto”, los numerosos artículos publicados en Polonia de los que contamos desde hace unos años con una traducción al italiano, manifiesta la influencia de varios autores pertenecientes a las corrientes fenomenológicas y personalistas. No es posible desarrollar aquí lo que el filósofo Karol Wojtyla debe a cada uno de estos autores de los que sólo podemos citar los principales: Edmund Husserl, Max Scheler, Edith Stein, Dietrich von Hildebrand.

El deseo manifiesta un valor inscrito en el cuerpo: su dimensión esponsal. El cuerpo está orientado al don de la persona. Según las palabras del Papa [Juan Pablo II, Catechesi XIV, XV e XVI, in Uomo e Donna lo creò, Catechesi sull’amore umano, Città Nuova Editrice-Libreria Editrice Vaticana, Roma 1985, pp 74- 83]: “el cuerpo expresa la femineidad a la masculinidad y viceversa la masculinidad a la femineidad, manifiesta la reciprocidad y la comunión de las personas. Precisamente en el amor, la persona se convierte en don. Juan Pablo II se inspira en la antropología desarrollada por la constitución pastoral Gaudium et Spes, según la cual, “el hombre como persona, creatura que Dios ha querido por sí misma, sólo puede encontrarse a sí mismo plenamente en el don de sí” (Ibid., p 80.).

El hombre puro de corazón descubre el significado esponsal del propio cuerpo orientado hacia el don de toda la persona y la recepción de toda la persona de la otra. El amor presupone este doble movimiento, en una reciprocidad del don que los dos cónyuges ofrecen de sí mismos al otro (otra). Esto implica que los dos estén unidos por la conciencia del significado del cuerpo. El respeto del significado del cuerpo determina un ethos del don, que permite integrar los diferentes dinamismos de la persona.


e) El lenguaje del cuerpo

Sabemos que el joven perito, en el Concilio Vaticano II, Karol Wojtyla, había participado en la reflexión y en los debates sobre lo que se convertiría en el contenido de la encíclica Humanae Vitae en 1968. La encíclica de Pablo VI dio pie a una contestación contra la enseñanza y la argumentación de la moral conyugal enseñada en ese texto. El arzobispo de Cracovia había comprendido que el corazón de la argumentación debía fundamentarse sobre la afirmación del carácter inseparable de las dos dimensiones del acto conyugal: unitiva y procreadora. Ya la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II había desarrollado este análisis de la naturaleza del acto sexual, que debía reflejar el sentido completo de la entrega mutua y de la procreación humana. El acto conyugal posee una íntima estructura que debe ser respetada: es al mismo tiempo un acto de profunda unión entre los esposos y un acto que, en la medida en que está abierto a la vida, puede tener como consecuencia la venida a la existencia de una nueva persona humana. Este posible efecto no sólo depende de la voluntad de los esposos, como lo demuestra el hecho de que no todos los actos sexuales dan origen a la concepción. Esta observación nos ayuda a recordar que el verdadero artífice de la vida es Dios creador. Sin embargo, los esposos tienen el poder de hacerse disponibles a la eventual acogida de esta nueva vida, actuando de este modo como colaboradores del Creador. Por este motivo, se les llama procreadores. La transmisión de la vida es, por tanto, una forma de servicio. Las dos dimensiones del acto que une profundamente a los esposos no pueden separarse de un acto deliberado de los cónyuges. En su teología del cuerpo, Juan Pablo II recuerda que la Humanae Vitae hacía referencia a las leyes inscritas en el ser mismo del hombre y de la mujer. La íntima estructura del acto sexual es llamada por el Papa la verdad ontológica del acto. Ahora bien, los actos de los esposos deben expresar esta verdad. Los cónyuges la asumen al quedar abiertos a la transmisión de la vida; es una actitud interior que se hace posible gracias a la virtud de la castidad conyugal. El cuerpo humano es el medio de expresión de todo el hombre, de la persona que se revela a sí misma a través del lenguaje del cuerpo. Este lenguaje, dice Juan Pablo II, tiene un importante significado interpersonal, especialmente cuando se trata de las relaciones recíprocas entre el hombre y la mujer. El Papa añade, sin embargo, que en un determinado nivel el lenguaje del cuerpo debe expresar la verdad del sacramento. La participación en el designio eterno de amor de Dios le permite convertirse en una especie de profecía del cuerpo. Juan Pablo II trata de unir de este modo la dimensión sacramental del don de los esposos con la dimensión personalista. De este modo, nos encontramos ante una auténtica revelación del cuerpo que, en el acto conyugal, no sólo significa el amor sino también la posible fecundidad. No es lícito separar el significado unitivo del significado procreador porque tanto uno como otro pertenecen a la verdad del otro: uno se vive junto al otro y, en cierto sentido, el uno a través del otro. No puedo desarrollar aquí toda la fuerza de argumentos de la encíclica Humanae Vitae releída e interpretada por Juan Pablo II, ni las implicaciones éticas que afectan a la paternidad y a la maternidad responsables y al recurso a los métodos naturales para limitar los nacimientos, cuando hay motivos serios (iustae causae). Para Juan Pablo II, la malicia esencial del acto anticonceptivo, es decir, cuando es deliberadamente infértil, se debe al hecho de que viola el orden interior de la comunión conyugal.


f) El sacramento del cuerpo

La relación nupcial entre los cónyuges es el lugar de la presencia de Cristo. La reflexión de Juan Pablo II sobre la sexualidad siempre ha tenido una perspectiva cristológica. Cristo es fuente y modelo de las relaciones entre los cónyuges. El misterio nupcial de amor entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa fundamenta el misterio del matrimonio cristiano. En una visión de fe, la comunión de amor y de vida entre los cónyuges tiene como misión propia, por su naturaleza profética, expresar y hacer actual la unión entre Cristo y su Iglesia. Deberíamos reflexionar sobre la manera en que la Iglesia es verdaderamente una comunión de vida y de amor. Por una parte, en la Iglesia se transmite la vida eterna, pues está fecundada por el don del Espíritu Santo. Por otra parte, la Iglesia es esencialmente una comunión de amor, en la medida en la que el amor infinito la ha hecho nacer del costado traspasado del Redentor. Es interesante observar que en los escritores sagrados y en la gran tradición de los Padres, la unión entre Dios y la Iglesia siempre ha sido descrita en términos inspirados por el amor nupcial. Por ejemplo, en el contexto de una enseñanza conyugal, Pablo hace referencia al modelo de Cristo que cuida de su Iglesia. La Iglesia se alimenta de la espera escatológica de estar eternamente unida a su Señor. De este modo, la unión entre Cristo y la Iglesia se presenta como la celebración de las bodas eternas del Cordero. La analogía entre el amor del Señor por la Iglesia y el amor del esposo por su esposa es una piedra angular de la teología cristiana del matrimonio en san Pablo. Sin embargo, también en este campo de los sacramentos la aportación de la teología del cuerpo de Juan Pablo II es muy original. Comienza con el lazo que une al cuerpo con el sacramento. Como es sabido, todo sacramento presupone una realidad corporal: el sacramento es signo de algo, es una realidad visible que hace referencia a otra realidad escondida. El Papa medita en la Carta a los Efesios. Observa que la realidad invisible que tiene que significar el sacramento es la caridad de Cristo, su amor infinito. Ahora bien, ¿acaso el signo visible del amor de Cristo no es su cuerpo muerto y resucitado? El cuerpo muerto en la Cruz puede ser interpretado sin dificultad como la consecuencia del amor de quien ha entregado la propia vida por la salvación del mundo. Sin embargo, el hecho de que el mismo cuerpo haya resucitado muestra que es también sacramento del amor del Padre, pues el Hijo se ha ofrecido como sacrificio al Padre. La resurrección de Jesús testimonia que su oración al Padre ha sido escuchada.

El misterio eclesial del amor de los esposos puede ser ampliado, como hace Juan Pablo II, hacia una dirección eucarística. San Pablo recuerda el deber de los maridos de amar a las mujeres como a su propio cuerpo. De este modo, el esposo que ama a su mujer se ama a sí mismo, alimenta su propia carne y, como dice el apóstol, “la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su Cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia” (Efesios, 5 29-32).

En su sentido propio, la palabra cuerpo indica el cuerpo sexuado del hombre y de la mujer, que les permite, al unirse, conformar una sola carne. En sentido metafórico la Iglesia es llamada Cuerpo de Cristo. Esto sugiere el lazo profundo que une a todos los hombres con el Hijo de Dios. Ya hemos evocado cómo la unión sexual entre el hombre y la mujer debe ser entendida como el don recíproco que cada uno de los dos hace al otro. Sin embargo, la frase de Pablo, según la cual, “nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño”, hace referencia implícitamente a la Eucaristía: con su cuerpo Cristo alimenta a la Iglesia. El Papa observa que la analogía entre la relación hombre-mujer y la relación Cristo-Iglesia contribuye a iluminar el misterio divino, en el sentido de que nos enseña algo sobre el amor recíproco que une a Cristo con la Iglesia. Al mismo tiempo, sin embargo, nos enseña también la verdad esencial del matrimonio, cuya vocación consiste en reflejar el don de Cristo a la Iglesia junto al amor de la Iglesia por Cristo. Si el sacramento tiene como fin expresar este misterio divino, tenemos que admitir que no podrá hacerlo nunca completamente. El misterio, de hecho, siempre sobrepasa al sacramento. Pero Juan Pablo II completa su análisis con la observación de que el sacramento, en realidad, va más allá de su significado. No se contenta con proclamar el misterio de manera significativa; está destinado a realizarlo en el hombre. Y de este modo, en virtud del bautismo de los esposos, su íntima comunión de vida y de amor fundada por el Creador, como ha mostrado Juan Pablo II, es elevada y asumida por la caridad nupcial de Cristo que la apoya con su fuerza de redención. La luz de la Redención consiente al Papa dar a la teología del cuerpo su dimensión más profunda. El centro de la atención se concentra aquí en la Última Cena. En el momento de la comunión más intensa con los discípulos, Jesús anticipa la entrega libre que hace de sí mismo. No sólo afirma que el pan y el vino que les da de comer y de beber son su cuerpo y su sangre, sino que expresa el valor de sacrificio, haciéndolo sacramentalmente presente. El cuerpo entregado y la sangre derramada ya no sólo tienen el significado de un símbolo: se ofrecen como comida y bebida para los discípulos que, unidos a Jesús y entre sí, se unen corporalmente con él. Quedar unido corporalmente con Cristo quiere decir estar asociado a su propio sacrificio redentor. La unidad en la caridad es exigida para recibir digna y eficazmente el cuerpo y la sangre de Cristo. Este don se hace a toda la Iglesia, Esposa de Cristo. El Papa muestra de este modo que la esencia de la Eucaristía es nupcial, pues es el don que el esposo hace a su esposa y que la esposa acoge en la fe.

Sin esfuerzo podéis imaginar el interés de esta reflexión para una auténtica espiritualidad conyugal. Sólo presento algunas sendas de exploración: la Eucaristía refuerza y regenera la comunión entre los esposos; revela a los esposos cristianos la verdadera identidad eucarística del matrimonio; es en cierto sentido memoria del don que los esposos se han hecho uno al otro; la luz eucarística permite concebir la unión de los esposos en su dimensión adecuada de entrega total, abierta a una fecundidad que la trasciende.


[Traducción del original italiano realizada por Inma Álvarez y Jesús Colina]

ZENIT.org


domingo, 2 de mayo de 2010

ACTO DE ESPERANZA


Acto de Esperanza

Oh Dios mío, 
confiando en tu poder omnipotente 
e infinita misericordia y promesas, 
espero obtener el perdón de mis pecados, 
la ayuda de tu gracia y la vida eterna, 
por los méritos de Jesucristo, mi Señor y Redentor. 
Amén.


Actus Spei

Domine Deus, 
spero per gratiam tuam remissionem omnium peccatorum, 
et post hanc vitam aeternam felicitatem me esse consecuturum: 
quia tu promisisti, 
qui es infinite potens, fidelis, benignus, et misericors. 
In hac spe vivere et mori statuo. 
Amén.



viernes, 30 de abril de 2010

LOS CRITERIOS MORALES CAMBIANTES DE LA SANTA SEDE

Los teólogos de la Santa Sede se apresuraron a elaborar una “nueva doctrina” para justificar la comunión prohibida del Sr. Berlusconi.

Por Atila Sinke Guimarães


El escándalo de que el Sr. Silvio Berlusconi, Primer Ministro italiano, recibiera la Comunión en una Misa en Milán el pasado 17 de abril y la absolución de facto otorgada por funcionarios del Vaticano me hacen preguntarme qué tipo de ley moral sigue la Santa Sede actual.

Recientemente hemos publicado un artículo que brinda algunos detalles sobre los antecedentes morales del Sr. Berlusconi. Aquí presento solo sus líneas generales:

Se casó con Carla Dall-Oglio por la Iglesia Católica en 1965; en 1980 se divorció de ella por lo civil sin una anulación por parte de la Iglesia. En 1990 se casó con su amante Miriam Bartolini, una bailarina de striptease, quien cambió su nombre a Veronica Lario. Diecinueve años después, en mayo de 2009, Lario anunció a la prensa que se divorciaría de Berlusconi, alegando que ya no podía soportar su constante comportamiento inmoral y, en particular, la relación extramatrimonial que mantenía con una menor, Noemi Letizia, que acababa de cumplir 18 años. Tras este anuncio, se dio por hecho que la pareja dejó de vivir junta.

Nada indica que el Primer Ministro haya cambiado su vida disoluta. Al contrario, la prensa está repleta de supuestas nuevas “aventuras” que mantendría con una u otra mujer.

Por lo tanto, no es difícil concluir que, según la moral católica, el Sr. Berlusconi entra en la categoría de pecador público y escandaloso.

El divorcio que Lario está tramitando ha sido amistoso. Ella no ha presentado ninguna demanda contra él ante un tribunal italiano. Los abogados de ambas partes están negociando la cantidad de dinero que Lario recibirá. Hasta el momento no se ha llegado a ningún acuerdo. Por consiguiente, ante el Estado italiano, la pareja está considerada como un matrimonio.

En resumen, el Sr. Berlusconi es un hombre casado por la Iglesia Católica, divorciado por el Estado italiano y vuelto a casar por el mismo. Además, lleva una vida abiertamente escandalosa.

Sobre la Comunión para personas divorciadas y vueltas a casar

La reciente doctrina vaticana sobre la administración de la Comunión a personas divorciadas y vueltas a casar —como el Primer Ministro— confirma la enseñanza tradicional y fue debidamente expresada en la Exhortación Apostólica posconciliar Sacramentum caritatis.

Como es sabido, una Exhortación Apostólica es un documento elaborado por un Sínodo de Obispos, revisado y ajustado por una comisión en el Vaticano y, posteriormente, firmado por el papa. Este documento es el resultado del Sínodo de Obispos reunido en Roma en octubre de 2005 y Benedicto XVI firmó su versión final el 22 de febrero de 2007.

Sobre la Comunión para personas divorciadas y vueltas a casar Sacramentum caritatis dice:

“El Sínodo de los Obispos ha confirmado la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cf. Mc 10: 2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo, porque su estado y su condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía (n. 29). 

Dado que la Iglesia Católica no admite ni el divorcio ni el nuevo matrimonio, estos términos, tal como se usan en Sacramentum caritatis, obviamente se refieren al divorcio y al nuevo matrimonio realizados en los tribunales civiles de un país.

¿Cuándo termina un nuevo matrimonio de una pareja según el derecho civil? Cuando las partes llegan a un acuerdo de divorcio debidamente aprobado por un juez, o cuando, sin dicho acuerdo, el juez, por su propia autoridad, decide que esa pareja ya no puede vivir junta y pronuncia el divorcio. Sin este acto oficial de una autoridad judicial estatal, el nuevo matrimonio no ha terminado.

Así pues, según la Iglesia y el Estado, la situación jurídica del Sr. Berlusconi es claramente la de un hombre divorciado y vuelto a casar. Por lo tanto, no debería permitírsele recibir la Sagrada Comunión.

El doble lenguaje del Vaticano

Sin embargo, esta sanción no se aplicó al Primer Ministro, ni se castigó al sacerdote que le dio la Comunión. En cambio, los funcionarios de la Santa Sede introdujeron un nuevo concepto de lo que constituye el fin de un nuevo matrimonio. Según ellos, el segundo matrimonio terminaría cuando la pareja dejara de vivir junta.

Esto es lo que el “arzobispo” Rino Fisichella, jefe del Consejo Pontificio para la Vida, declaró al diario italiano Il Messagero:

“Dado que Berlusconi está separado de su segunda esposa, con quien contrajo matrimonio civil, ha regresado, por así decirlo, a su situación anterior. El primer matrimonio fue religioso; fue el segundo el que resultó problemático desde el punto de vista canónico. Solo a los fieles separados y vueltos a casar se les prohíbe la comunión, puesto que permanecerían en estado de pecado. Pero si se elimina el obstáculo, nada impide la comunión”.

El “arzobispo” Giancarlo Girotti, jefe de la Penitenciaría Apostólica, el organismo que se ocupa de los sacrilegios, declaró al Times : 

“Formalmente hablando, el señor Berlusconi podría comulgar porque ya no está con la señora Lario. Sin embargo, debe ser absuelto plenamente de sus pecados en el confesionario” (Times, 22 de abril de 2010).

En ambas declaraciones, vemos que los prelados del Vaticano niegan la existencia de una unión de jure ante el Estado italiano y consideran únicamente una situación de facto, independientemente de si cohabitan o no. Es decir, ignoran el Derecho Civil del Estado italiano.

Esta postura contradice claramente el texto Sacramentum caritatis, que reconoce el Derecho del Estado. Además, ignora toda la realidad jurídico-política-social italiana, puesto que Verónica Lario sigue siendo considerada “la esposa del Primer Ministro italiano”.

Vemos, por lo tanto, que los teólogos de la Santa Sede se apresuraron a elaborar una nueva doctrina para justificar la comunión prohibida del Sr. Berlusconi.

Para proteger al Primer Ministro italiano, simplemente negaron la existencia del Derecho Civil italiano, con la certeza de que no habría ninguna obstáculo por parte del Primer Ministro. Negaron que dar la comunión al Sr. Berlusconi fuera un sacrilegio para complacer servilmente a ese hombre poderoso. 

¿El acuerdo de la mafia? 

¿Eso es todo? No, aún hay más. Dado que Benedicto XVI está en el punto de mira de los medios por su presunto encubrimiento de sacerdotes pedófilos, el Vaticano quería complacer a Berlusconi, propietario de cadenas de televisión, radio, periódicos y revistas. Y, en efecto, lo que hicieron lo dejó muy satisfecho.

El 19 de abril, dos días después de la sacrílega Comunión, el Sr. Berlusconi asistió a una ceremonia en la Embajada de Italia en el Vaticano para conmemorar el quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI. Allí se reunió con el “cardenal” Tarcisio Bertone, y ambos celebraron la victoria del candidato de centroderecha en las elecciones celebradas en Lacio; la Iglesia había instado a los católicos a votar por el candidato de Berlusconi.

Al finalizar el evento, el Primer Ministro transmitió el mensaje de que Benedicto XVI contaría con su firme apoyo en las acusaciones de encubrimiento.

Con esto, se llegó a un acuerdo: la Santa Sede silenció el sacrilegio del Primer Ministro y ofreció falsas excusas. A cambio, Berlusconi prometió brindar su apoyo mediático al papa Ratzinger en el escándalo del encubrimiento. “Hemos puesto fin a su escándalo; ahora, por favor, pongan fin al nuestro”. Fue un cordial acuerdo mafioso.

La única persona olvidada en este caso fue Nuestro Señor Jesucristo, presente en la Eucaristía. Permítanme aquí destacar la gran indignación que este caso suscitó entre la gente común en Italia. Estoy con Él y estoy con ellos.
 

domingo, 18 de abril de 2010

“A BENEDICTO LE FALTA TODO”

El teólogo de la liberación Leonardo Boff una vez se hizo mundialmente famoso por su disputa con el cardenal Ratzinger. Hace 5 años que Ratzinger es Papa, y a los ojos de Boff, ha fracasado completamente como pastor de los católicos.

Por Sebastian Beck


Leonardo Boff, teólogo de la liberación y escritor, es uno de los críticos eclesiásticos más conocidos del mundo. El hombre de 71 años, que estudió en Munich, vive en la ciudad brasileña de Petrópolis.

- Cuando Joseph Ratzinger fue elegido Papa en 2005, usted dijo: ‘Será difícil amar a este Papa’. Cinco años después, ¿hay algo que aprecie de Benedicto XVI?

Boff: ¿Qué puedo admirar? Casi nada. A lo sumo, la terquedad con la que persigue su proyecto de la Restauración del Concilio Vaticano I como más importante que el Concilio Vaticano II. Es decir, coloca al papa en el centro y no coloca a la comunidad cristiana en el centro. El esta muy asustado. Debería creer en el Espíritu más que en las tradiciones y doctrinas. Mi declaración de 2005 sigue siendo válida. Durante sus más de veinte años como jefe de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Ratzinger condenó a más de cien teólogos. Nunca entendió la teología de la liberación, sometió muchas conferencias de obispos a un control estricto.

Los cinco años de su pontificado están marcados por conflictos: con los musulmanes, los judíos, las iglesias no católicas, a las que niega el estatus de iglesia, con la Iglesia Anglicana, los seguidores de Lefebvre, con las mujeres, los homosexuales. Ha cometido muchos errores al gobernar. Según los Evangelios, su trabajo es fortalecer a los hermanos y hermanas fieles. El no tiene éxito.

- Eso suena aniquilador

Boff: Lo escuché en Alemania en la universidad como profesor de teología. Un hombre como él no está hecho para dirigir, coordinar y dar vida a una comunidad de más de mil millones de personas. No logra ser el maestro y comprenderse a sí mismo completamente como un pastor. Le falta casi todo, pero especialmente el carisma. Si hubiera leído un poco de Marx y menos de Agustín y Buenaventura, habría entendido mejor la opresión de los pobres y la teología de la liberación, porque ella escuchó el grito de los oprimidos y el grito de la tierra.

- Debido a sus críticas a la jerarquía de la iglesia, se sentó frente a Ratzinger en 1984 en la misma silla hereje en la que Galileo Galilei tuvo que sentarse. ¿Cuánto soportas esta humillación hasta el día de hoy?


Boff: No le guardo rencor, ni sufrí cicatrices en este triste viaje a la oscura y fea sala de entrevistas. Esta no es una virtud especial. Así es como estoy estructurado. Estaba convencido de que mi solicitud estaba justificada. Y fue la oportunidad de convencerlo de que los oprimidos son un desafío para una nueva proclamación liberadora. Pero todo fue en vano. No ha cambiado, solo ha empeorado.

- De manera irónica, incluso podrías estar agradecido con Ratzinger: la confrontación con él te ha hecho mundialmente famoso

Boff: La fama no trae ventaja, especialmente para personas como yo que odian estar en público. El silencio para trabajar se ha ido, ya sea como escritor que ha escrito 82 libros, ya sea como científico o como maestro. Los premios me han traído más problemas que alegría.

- Eres cofundador de la Teología de la Liberación. ¿Cuánto debería interferir la iglesia en la política?

Boff: La teología de la liberación se ha convertido en una obsesión para este papa. En marzo volvió a criticar a los obispos del sur de Brasil por la teología de la liberación marxista. Pero esta teología existe solo en su cabeza y no en la realidad. Desde la caída del Muro de Berlín, nadie habla del marxismo en la teología de la liberación. Lo peor de todo es que aliena a los pobres de las ‘comunidades de base’ que dicen: ‘El Papa juega el juego de nuestros enemigos que nos oprimen, condena a nuestros aliados, los teólogos de la liberación’.

Creo que la Iglesia siempre ha interferido en la política. Pero debe hacerlo solo por razones éticas. Debe comportarse como una fuerza social entre otros, respetando la separación de la iglesia y el estado, reconociendo la pluralidad de la sociedad, fortaleciendo su espíritu y defendiendo no solo los privilegios. El Vaticano se centra más en la política que en proclamar el mensaje cristiano.

- ¿No muestra la discusión sobre el fundamentalismo religioso que la iglesia debería mantenerse fuera de la política, incluso si actúa con buena intención?

Boff: No, no lo creo. Creo que las fiestas católicas están mal. Los católicos pueden ser miembros de todas las partes donde los valores cristianos están vivos. Pero la iglesia institucional, especialmente bajo este Papa, tiene rasgos fundamentalistas al afirmar que solo es la iglesia de Cristo y niega a otras iglesias el título de Iglesia. Esto expresa que otras religiones no son capaces de redimir al hombre. Es el renacimiento de la idea medieval de que no hay salvación fuera de la iglesia. Esta es una arrogancia insuperable e insulta a todos los demás. Benedicto XVI confundió Baviera con el Vaticano y el Vaticano con el mundo.

- ¿Hasta qué punto se refleja el escándalo del abuso en la crisis de la Iglesia Católica?

Boff: La pedofilia no es solo un pecado, como lo interpretó la iglesia. Un pecado siempre puede ser perdonado, entonces todo comienza de nuevo desde el principio con la transferencia del pecador a otro lugar. Las autoridades eclesiásticas buscan ocultar los hechos para mantener su credibilidad. Esta actitud es incorrecta y farisaica. La pedofilia es un delito que pertenece a los tribunales penales. La iglesia reconoció esto solo debido a la presión del público mundial. La iglesia por lo tanto se ha hecho totalmente increíble.

Los fieles también pierden la fe en los sacerdotes a quienes han confiado a sus hijos a la primera comunión. Pero no solo tiene que ver a los perpetradores, sino también a las víctimas. La cultura moderna presta mucha atención, por ejemplo, cuando se trata del genocidio de los nativos, la prostitución infantil, el tráfico internacional de mujeres, el trabajo esclavo en las grandes granjas de Brasil. Solo pedir perdón y orar no es suficiente. Las víctimas de pedofilia deben ser tratadas con justicia castigando a los sacerdotes criminales. Se necesitan reformas fundamentales para prevenir tales crímenes.


"No puede proponer reformas fundamentales"


- En su opinión, ¿qué pasaría si la Iglesia Católica sale de la crisis?


Boff: El Vaticano y muchos obispos están haciendo todo lo posible para separar la pedofilia del celibato. La pedofilia es una aberración conductual que tiene que ver con una sexualidad pobremente integrada. El Vaticano no quiere ver eso, pero algún día estará obligada a verlo de esa manera. El celibato queda fuera de la discusión porque revela mucho sobre la estructura de la iglesia. Es una comunidad religiosa totalitaria, autoritaria, centralizada y monosexual, porque solo los hombres célibes pueden ingresar a su servicio. Desde el punto de vista de la Iglesia, es muy conveniente poder deshacerse por completo de las personas que aún le entregan todo: la vida, los lazos, la familia.

- ¿Qué debe hacer el Papa?


Boff: El Papa es un rehén de una visión conservadora y doctrinaria del cristianismo, incapaz de proponer reformas fundamentales. Solo un consejo de obispos y representantes de comunidades cristianas de todo el mundo podrán salvar a la Iglesia del deterioro total y la degradación total. El legado de Jesús no merecía este destino.

- La iglesia protestante, por otro lado, no tiene que lidiar con el celibato o un papa infalible. Sin embargo, incluso allí, las iglesias están vacías. ¿Por qué?

Boff: Casi todas las iglesias cristianas tienen tendencias fundamentalistas. Creen que solo ellos tienen la revelación divina. Los protestantes siguen la Biblia, los católicos siguen al Papa. No consideran necesario escuchar a Dios, quien se comunica a sí mismo en la historia y en la vida de las personas.


"Santidad, eres un hombre viejo"

- Especialmente en el mundo occidental, los intelectuales recurren al budismo, pero también al esoterismo. ¿Por qué?

Boff: Todos estamos cansados ​​de una cultura de materialismo y consumo. En la cultura predominante, hay un exceso de intelectualismo. Gobierna la mente analítica instrumental. Pero la existencia humana también incluye la inteligencia emocional, que se asocia con valores, con solidaridad, con dedicación y amor. Pero también hay una inteligencia espiritual basada neurológicamente. Es decir, la existencia humana implica más que el hambre de pan. También hay hambre de belleza, de comunicación libre, de trascendencia. Las iglesias deben alimentar esa mente mística. Pero ellos no lo hacen. En cambio, repiten viejas fórmulas y recitan textos sagrados de la Biblia.

- En su tierra natal brasileña, las personas se sienten atraídas por las comunidades carismáticas. ¿No es esa otra forma de explotación?

Boff: Tienes que ver estas comunidades en el contexto social de Brasil. Una gran parte de la población es pobre y religiosa. La Iglesia católica sufre de debilidad institucional. Para una población de 140 millones de católicos, requeriría al menos 120.000 sacerdotes. Pero solo tiene 17.000, la mitad proviene del extranjero. Hay una brecha institucional. Las Iglesias Libres vienen con su mensaje y llenan este vacío. Esas iglesias son los santuarios de los condenados de la tierra y cumplen una importante función de integración social. Aquellos que no son escuchados son repentinamente escuchados por Dios. Esto crea un espíritu de hermandad y ayuda mutua entre ellos.

Por otro lado, esas iglesias explotan la fe de los fieles, porque para muchos sacerdotes, incluidos los católicos, el dicho es: "Entre deus e dinhero, o segundo e primeiro". En español: "Entre Dios y el dinero, lo segundo es lo primero". Pero eso aún no invalida el aspecto humano de esas iglesias.

- Si tuviera que volver a sentarse en la silla de Galileo Galilei hoy, ¿qué le gustaría decirle al Papa Benedicto?

Boff: Solo diría: ‘Santidad, usted es un hombre viejo, cansado y bastante enfermo. Sirvió a la iglesia con las mejores intenciones, a pesar de las contradicciones que le provocaron. Ha llegado la hora de prepararse para el gran encuentro con Dios. Retírese a un monasterio, cante el canto gregoriano que tanto ama, celebre su misa en latín y siga rezando por la tierra amenazada por el calentamiento global, por la humanidad que puede extinguirse, especialmente por los niños que se han convertido en víctimas de pedofilia en la iglesia y la sociedad. Y rece para que el Espíritu Creador nunca nos abandone’.


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