domingo, 23 de mayo de 2010

LA TEOLOGÍA DEL CUERPO (VERSIÓN COMPLETA)


Profundizando en el legado de Juan Pablo II

Publicamos la Lectio magistralis pronunciada por el obispo Jean Laffitte, secretario del Consejo Pontificio para la Familia, en la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, el pasado 22 de abril.


* * *

El cuerpo humano y sus significados

Quisiera comenzar esta intervención mía con una primera observación sobre el título elegido: “Teología del cuerpo”. Verdaderamente la expresión es paradójica. El discurso sobre Dios, teo-logía, se refiere a la persona humana considerada en su totalidad y no sólo en una dimensión de su ser, aquí, el cuerpo. Por tanto, cuando se habla de teología del cuerpo, es necesario entender desde el principio en qué acepción se entiende la palabra cuerpo. Se trata de toda la persona humana, considerada en su dimensión corpórea. Hablamos así de un cuerpo animado, cuyos fenómenos pueden ser estudiados en el campo de varias ciencias: fisiología, anatomía, todos los sectores de las ciencias biomédicas. No es en este restringido sentido fisiológico como la palabra cuerpo debe ser entendida en nuestra perspectiva. De hecho, el cuerpo humano tiene otros significados. En la medida en que hace presente y visible a toda la persona humana, es portador de valores simbólicos: el cuerpo es la modalidad en la que la persona se hace presente. Cada persona se deja contemplar en su cuerpo; el cuerpo es único, singular, personal. Es ciertamente una realidad carnal. Con todo, está animado no de la forma en que un robot estaría animado por movimientos mecánicos y estereotipados, sino de un modo tal que será en seguida identificado como el cuerpo de esta persona precisa. En este sentido, todos los cuerpos son distintos, porque las personas son distintas.

Si nos queremos limitar a la antropología de San Pablo, como la encontramos expresada por ejemplo en la primera carta a los Tesalonicenses, donde el Apóstol se refiere al hombre “todo entero espíritu, alma y cuerpo” (1 Ts 5,23), vemos que una realidad invisible, indicada por los dos términos “alma” y “espíritu”, sobre los que diremos luego algo, se completa con un dato material, visible, expresado por la palabra “cuerpo”. Como lo hizo observar justamente Denis Biju-Duval (Biju-duval D.; La profondità del cuore. Tra psichico e spirituale (Prefacio de J. Laffitte), Effatà Editrice, Cantalupa (To) 2009, pp. 29-41).

], esta antropología no debe oponerse a la clásica distinción entre alma y cuerpo, más familiar a los espíritus occidentales. Según este autor, las dos antropologías (alma-cuerpo y espíritu-alma-cuerpo) han sido opuestas artificialmente, sustantivando los términos semíticos, expresados en la Biblia en forma de adjetivos: lo espiritual (pneumatikos), lo psíquico (psychikos). Las realidades espiritual y psíquica remiten a la interioridad del hombre, al corazón, lugar simbólico tanto de la decisión (espiritual) sea de los sentimientos y de la afectividad (psíquica). La interioridad del hombre se comprende sólo en la tensión con su exterioridad. La carne expresa lo que de algún modo sucede en el corazón del hombre. Esto es tan cierto que, para designar la realidad interior del hombre, se usan a menudo símbolos e imágenes inspiradas en la exterioridad (además del lenguaje espacial, como para el binomio interior-exterior, encontramos elementos orgánicos, el “corazón”, el “aire puro”, las “vísceras”, o incluso elementos naturales, hablando del corazón como de una “tierra fértil” o “estéril”, como de un templo”, de una casa, etc.).

Además de esta función de revelar algo escondido, el cuerpo tiene el papel de mediar entre el hombre y el mundo. Existe una cierta ambigüedad del cuerpo en la medida en que se encuentra por así decirlo a medio camino entre un objeto recibido (Körper) y un hecho asumido (Leib), entre, si queremos, el haber y el ser: “tengo” un cuerpo que me causa sufrimiento o placer, pero al mismo tiempo, “soy” un cuerpo, de forma que quien ataca o hiere mi cuerpo ataca o hiere a toda mi persona. Soy mi cuerpo. Mi cuerpo exige naturalmente respeto.

Me parece que las distinciones hechas ayudan a entender que la palabra “cuerpo” es una realidad compleja. Queda ahora algo que decir sobre el otro término de nuestro título, “teología”.

El cuerpo tiene un valor teológico por tres motivos fundamentales:

– El primero es el hecho de que ha sido querido por Dios y creado por él. Esta observación implica necesariamente que es portador de algunas finalidades intrínsecas.

– El segundo motivo es que Dios ha elegido el cuerpo humano como mediación para revelarse a los hombres: es el dato de la Encarnación. El Verbo se hizo carne.

– A estos dos elementos, Creación y Encarnación, debe añadirse un tercero, la Resurrección, que se refiere al destino final del cuerpo humano; es un dato que especifica la fe cristiana: la resurrección de los cuerpos. A pesar de su crecimiento, sus sufrimientos, su envejecimiento hasta la muerte, y su descomposición orgánica, el cuerpo humano está destinado a resucitar. En una visión de fe, este dato ha sido acreditado por el acontecimiento histórico fundamental que ha sido la resurrección de Jesús de entre los muertos. Es sobre la base d este acontecimiento que el cristiano cree verdaderamente que habrá una resurrección de los muertos; un acontecimiento fundamental para él y para todos los hombres, que serán integrados a la fuerza del Resucitado. Podríamos en otro lugar profundizar en el hecho de que la resurrección del cuerpo, lejos de ser una creencia irracional, se funda al contrario en la eminente coherencia de la fe, expresada en este campo por el destino común entre el cuerpo de cada bautizado y el cuerpo del Señor resucitado.

Es imposible fundar una “teología del cuerpo” sin integrar la certeza de la resurrección. Nos ayuda en este sentido el texto esencial d san Pablo en la primera carta a los Corintios: “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder (1 Cor 6, 13-14). En el contexto d una enseñanza sobre el uso equivocado y pecaminoso del cuerpo que es la fornicación, el Apóstol saca las consecuencias morales de esta forma: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: Los dos se harán una sola carne. Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él (1 Cor 6, 15-17). En verdad, para ser completos, deberíamos prolongar la lectura de san Pablo, en particular recordar estas dos ideas secundarias de que el cuerpo es “templo del Espíritu Santo”, y de que el hombre ya no se pertenece, desde el momento en que ha sido “comprado a caro precio por el Señor”. El caro precio ha sido el del Calvario, de la pasión y de la muerte de Jesús en el leño de la cruz.

Para resumir en pocas palabras estos fundamentos de la “Teología del cuerpo”, es necesario no olvidar ninguno de los elementos apenas evocados: creación del hombre por Dios y por tanto creación de su propio cuerpo, asunción del cuerpo humano del cuerpo humano por el Hijo eterno del Padre, resurrección de Jesús y resurrección de los hombres en su persona, presencia del Espíritu de Dios como en un templo, dando al cuerpo humano una dignidad excelsa.


Elementos estructurales de la teología del cuerpo de Juan Pablo II

Sólo desde esta perspectiva de la fe cristiana se puede comprender la teología del cuerpo de Juan Pablo II. Como se sabe, la teología del cuerpo designa el contenido de las 129 “Catequesis sobre el amor humano” que el Papa pronunció de 1979 a 1984, con motivo de las audiencias públicas del miércoles. Todos conocéis al menos una parte de estos textos que personalmente considero que constituyen una aportación fundamental al magisterio ordinario del pontífice polaco, y estoy convencido de que estamos sólo al inicio de su difusión.

La fecundidad de las Catequesis se debe al hecho de que no sólo integran el conjunto de la visión bíblica y magisterial tradicional de la Iglesia, algo que ya hemos tratado de mostrar brevemente al inicio de esta conversación, sino que además lo explicitan de una manera extraordinariamente original. La originalidad está en la manera de presentar el contenido de la fe sobre la persona humana, en el dinamismo propio del sujeto. De este modo, el auditor o el lector se siente personalmente comprometido en esta visión, que asume un carácter existencial intenso. Me parece que es una clave central para comprender la novedad de la aportación de Juan Pablo II.


a) el carácter concreto de la experiencia

Quisiera ofreceros ahora un primer criterio esencial de la teología del cuerpo según Juan Pablo II, pues le permite evitar desde el inicio todo riesgo de ideología: se trata de su concepto de experiencia. En vez de ser reducida a la observación de fenómenos científicamente observables, la experiencia del amor no descuida ninguna de las dimensiones de la existencia humana. Todos los elementos de la percepción humana y de los dinamismos volitivos del hombre están presentes, así como su capacidad para entrar en relación con Dios. La comunión de personas, según las Catequesis, no se contenta con la aportación del personalismo de Martin Buber o de Max Scheler, sino que le da su auténtico alcance trascendente, después de haber identificado la fuente en Dios: ser en comunión significa estar unidos a Dios, fuente y fin de toda comunión humana auténtica. La experiencia es una vivencia (Erlebnis), lo que significa desde esta perspectiva que Dios no es ajeno a la experiencia: el hombre y la mujer experimentan la presencia y la acción de Dios y Dios les da la capacidad para vivir una comunión de personas que se convierte en mediación de lo absoluto y camino hacia él. En este sentido, la comunión de personas es una vocación y permite a quien ama santificarse verdaderamente. En otras palabras, crecer en la comunión con Dios.

Quiero subrayar que el planteamiento de las Catequesis no es moralista o voluntarista, sino que se trata de una actitud auténticamente mística, en el sentido de que se concentra en el misterio imposible de aferrar de la unión entre Dios y el hombre, en el que se integra la relación nupcial hombre-mujer.


b) la soledad original

La primera parte de las Catequesis está dedicada a la clásica lectura de las dos narraciones de la creación del hombre y de la mujer en los primeros capítulos del libro del Génesis (1, 26-27). “Y dijo Dios: ‘Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra… Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó” (Génesis 1, 26-27). La segunda narración (Génesis 2, 18-25) muestra la creación de la mujer a partir de la costilla de Adán y la aceptación por parte de este último del don del creador: “Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. El Papa no tiene miedo de ofrecer una lectura de carácter filosófico de estas fuentes tradicionales: utiliza un concepto normalmente psicológico, la soledad, y lo transforma en una realidad ontológica de creación. Nace así la genial expresión soledad original que define el estado objetivo en el que fue creado el primer hombre, Adán, que se realiza plenamente en su humanidad, cuando se le ofrece una ayuda adecuada. La segunda narración presenta desde esta perspectiva al hombre bajo el aspecto de su objetividad.

La primera relación que experimenta el hombre es su relación con Dios que le ha creado directamente a partir de arcilla. De Dios recibe la orden de no probar el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Por tanto, esta relación de dependencia fundamental de Dios da a entender la condición ética del hombre, que se encuentra por primera vez ante una opción moral: obedecer o desobedecer.

La soledad original explica la expectativa del hombre de esa ayuda adecuada, que permite integrar de manera coherente el deseo fundamental que siente el hombre de unirse con una mujer. De este modo se integra toda la dimensión del deseo y de su expresión sexual: de este modo, los dos forman una sola carne.

La soledad tiene dos significados esenciales: el hombre descubre que es diferente de todo el mundo que le rodea y experimenta el carácter específico de su ser en relación con todas las criaturas.

El segundo elemento afecta más de cerca a nuestro objetivo. Juan Pablo II se refiere a la relación hombre-mujer cuando habla de soledad original: el hombre experimenta sus propios límites, simbolizados por las fronteras naturales de su propio cuerpo. La contemplación del cuerpo de la mujer le introduce en una experiencia singular, la de la belleza del cuerpo. A través de esta mediación, que involucra a toda su naturaleza, experimenta de manera más fundamental aún la experiencia de la comunión. Como vemos, el cuerpo sirve también para descubrir, a través de la ambigüedad del deseo, la vocación profunda del hombre y de la mujer a la comunión.


c) la communio personarum


Otro ejemplo es el de la comunión de personas (communio personarum). La comunión representa también un dato de experiencia personal: estar en comunión con Dios, estar en comunión con el otro. La segunda originalidad de Juan Pablo II consiste en haber visto en la comunión de personas un dato creatural que ha sido perfectamente ilustrado por un texto del magisterio: Mulieris Dignitatem. Me refiero a los primeros números de la carta apostólica. Cito: “El hecho de que el ser humano, creado como hombre y mujer, sea imagen de Dios no significa solamente que cada uno de ellos individualmente es semejante a Dios como ser racional y libre; significa además que el hombre y la mujer, creados como «unidad de los dos» en su común humanidad, están llamados a vivir una comunión de amor y, de este modo, reflejar en el mundo la comunión de amor que se da en Dios, por la que las tres Personas se aman en el íntimo misterio de la única vida divina”. En este texto, en realidad, encontramos un eco de lo que Juan Pablo II había introducido en una de las Catequesis, ampliando de manera extraordinaria el concepto tradicional de imagen de Dios. Él había escrito con audacia que “el hombre no es tanto imagen de Dios en el momento de la soledad, sino más bien en el momento de la comunión. Desde el inicio, no era sólo una imagen en la que reflejaba la soledad de una Persona que gobierna el mundo, sino también y esencialmente una imagen de una comunión de Personas divina e inescrutable (Juan Pablo II, Catechesi XIX, Ibid., pp.91).

La implicación de esta visión permite a Juan Pablo II subrayar la complementariedad sexual, en la medida en la que expresa precisamente la comunión de personas como un dato original. La novedad absoluta de la Teología del Cuerpo, en este sentido, estriba en el hecho de que, en el acto creativo del hombre por parte de Dios, está inscrita la corporeidad del hombre y de la mujer como una llamada a la comunión.

Permitidme invitaros a meditar en la tendencia que se da hoy a abandonar el criterio absoluto de la comunión para comprender el verdadero sentido de la sexualidad; se da, de hecho, un lazo entre esta tendencia y la ideología actual, que consiste en descuidar la diversidad sexual con la negación explícita de la masculinidad y de la femineidad. Me refiero a la ideología delgender, que no tiene otra opción que reducir miserablemente el misterio de la sexualidad humana a un dato meramente cultural, que fundamentaría el carácter indiferenciado de las opciones de comportamiento en el campo sexual. Es interesante constatar que esta visión ideológica está acompañada por una falta de esperanza en la capacidad del hombre y de la mujer para vivir para siempre una comunión de personas en su forma conyugal, lo que supone respetar los caracteres esenciales de unidad e indisolubilidad.


d) el deseo y el descubrimiento de la dimensión esponsal del cuerpo


Antes hablaba de ambigüedad del deseo en el sentido de que, en su estructura, el deseo sexual, como lo demostrarán algunas Catequesis, implica al mismo tiempo una dimensión gratificante orientada a la dilatación del propio ser en la unión del hombre con la mujer, pero también un cierto pathos, un sufrimiento de quien experimenta que no puede darse a sí mismo la alegría que sólo la comunión con el otro (o la otra) puede suscitar.

La riqueza de este planteamiento me parece evidente. Constatamos que encuentra su origen en una larga contemplación por parte del filósofo Karol Wojtyla del fenómeno del amor, así como de su profundización en su manifestación conyugal en el misterio de la sexualidad. Una lectura de sus obras filosóficas y antropológicas, por ejemplo, “Amor y responsabilidad, persona y acto”, los numerosos artículos publicados en Polonia de los que contamos desde hace unos años con una traducción al italiano, manifiesta la influencia de varios autores pertenecientes a las corrientes fenomenológicas y personalistas. No es posible desarrollar aquí lo que el filósofo Karol Wojtyla debe a cada uno de estos autores de los que sólo podemos citar los principales: Edmund Husserl, Max Scheler, Edith Stein, Dietrich von Hildebrand.

El deseo manifiesta un valor inscrito en el cuerpo: su dimensión esponsal. El cuerpo está orientado al don de la persona. Según las palabras del Papa [Juan Pablo II, Catechesi XIV, XV e XVI, in Uomo e Donna lo creò, Catechesi sull’amore umano, Città Nuova Editrice-Libreria Editrice Vaticana, Roma 1985, pp 74- 83]: “el cuerpo expresa la femineidad a la masculinidad y viceversa la masculinidad a la femineidad, manifiesta la reciprocidad y la comunión de las personas. Precisamente en el amor, la persona se convierte en don. Juan Pablo II se inspira en la antropología desarrollada por la constitución pastoral Gaudium et Spes, según la cual, “el hombre como persona, creatura que Dios ha querido por sí misma, sólo puede encontrarse a sí mismo plenamente en el don de sí” (Ibid., p 80.).

El hombre puro de corazón descubre el significado esponsal del propio cuerpo orientado hacia el don de toda la persona y la recepción de toda la persona de la otra. El amor presupone este doble movimiento, en una reciprocidad del don que los dos cónyuges ofrecen de sí mismos al otro (otra). Esto implica que los dos estén unidos por la conciencia del significado del cuerpo. El respeto del significado del cuerpo determina un ethos del don, que permite integrar los diferentes dinamismos de la persona.


e) El lenguaje del cuerpo

Sabemos que el joven perito, en el Concilio Vaticano II, Karol Wojtyla, había participado en la reflexión y en los debates sobre lo que se convertiría en el contenido de la encíclica Humanae Vitae en 1968. La encíclica de Pablo VI dio pie a una contestación contra la enseñanza y la argumentación de la moral conyugal enseñada en ese texto. El arzobispo de Cracovia había comprendido que el corazón de la argumentación debía fundamentarse sobre la afirmación del carácter inseparable de las dos dimensiones del acto conyugal: unitiva y procreadora. Ya la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II había desarrollado este análisis de la naturaleza del acto sexual, que debía reflejar el sentido completo de la entrega mutua y de la procreación humana. El acto conyugal posee una íntima estructura que debe ser respetada: es al mismo tiempo un acto de profunda unión entre los esposos y un acto que, en la medida en que está abierto a la vida, puede tener como consecuencia la venida a la existencia de una nueva persona humana. Este posible efecto no sólo depende de la voluntad de los esposos, como lo demuestra el hecho de que no todos los actos sexuales dan origen a la concepción. Esta observación nos ayuda a recordar que el verdadero artífice de la vida es Dios creador. Sin embargo, los esposos tienen el poder de hacerse disponibles a la eventual acogida de esta nueva vida, actuando de este modo como colaboradores del Creador. Por este motivo, se les llama procreadores. La transmisión de la vida es, por tanto, una forma de servicio. Las dos dimensiones del acto que une profundamente a los esposos no pueden separarse de un acto deliberado de los cónyuges. En su teología del cuerpo, Juan Pablo II recuerda que la Humanae Vitae hacía referencia a las leyes inscritas en el ser mismo del hombre y de la mujer. La íntima estructura del acto sexual es llamada por el Papa la verdad ontológica del acto. Ahora bien, los actos de los esposos deben expresar esta verdad. Los cónyuges la asumen al quedar abiertos a la transmisión de la vida; es una actitud interior que se hace posible gracias a la virtud de la castidad conyugal. El cuerpo humano es el medio de expresión de todo el hombre, de la persona que se revela a sí misma a través del lenguaje del cuerpo. Este lenguaje, dice Juan Pablo II, tiene un importante significado interpersonal, especialmente cuando se trata de las relaciones recíprocas entre el hombre y la mujer. El Papa añade, sin embargo, que en un determinado nivel el lenguaje del cuerpo debe expresar la verdad del sacramento. La participación en el designio eterno de amor de Dios le permite convertirse en una especie de profecía del cuerpo. Juan Pablo II trata de unir de este modo la dimensión sacramental del don de los esposos con la dimensión personalista. De este modo, nos encontramos ante una auténtica revelación del cuerpo que, en el acto conyugal, no sólo significa el amor sino también la posible fecundidad. No es lícito separar el significado unitivo del significado procreador porque tanto uno como otro pertenecen a la verdad del otro: uno se vive junto al otro y, en cierto sentido, el uno a través del otro. No puedo desarrollar aquí toda la fuerza de argumentos de la encíclica Humanae Vitae releída e interpretada por Juan Pablo II, ni las implicaciones éticas que afectan a la paternidad y a la maternidad responsables y al recurso a los métodos naturales para limitar los nacimientos, cuando hay motivos serios (iustae causae). Para Juan Pablo II, la malicia esencial del acto anticonceptivo, es decir, cuando es deliberadamente infértil, se debe al hecho de que viola el orden interior de la comunión conyugal.


f) El sacramento del cuerpo

La relación nupcial entre los cónyuges es el lugar de la presencia de Cristo. La reflexión de Juan Pablo II sobre la sexualidad siempre ha tenido una perspectiva cristológica. Cristo es fuente y modelo de las relaciones entre los cónyuges. El misterio nupcial de amor entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa fundamenta el misterio del matrimonio cristiano. En una visión de fe, la comunión de amor y de vida entre los cónyuges tiene como misión propia, por su naturaleza profética, expresar y hacer actual la unión entre Cristo y su Iglesia. Deberíamos reflexionar sobre la manera en que la Iglesia es verdaderamente una comunión de vida y de amor. Por una parte, en la Iglesia se transmite la vida eterna, pues está fecundada por el don del Espíritu Santo. Por otra parte, la Iglesia es esencialmente una comunión de amor, en la medida en la que el amor infinito la ha hecho nacer del costado traspasado del Redentor. Es interesante observar que en los escritores sagrados y en la gran tradición de los Padres, la unión entre Dios y la Iglesia siempre ha sido descrita en términos inspirados por el amor nupcial. Por ejemplo, en el contexto de una enseñanza conyugal, Pablo hace referencia al modelo de Cristo que cuida de su Iglesia. La Iglesia se alimenta de la espera escatológica de estar eternamente unida a su Señor. De este modo, la unión entre Cristo y la Iglesia se presenta como la celebración de las bodas eternas del Cordero. La analogía entre el amor del Señor por la Iglesia y el amor del esposo por su esposa es una piedra angular de la teología cristiana del matrimonio en san Pablo. Sin embargo, también en este campo de los sacramentos la aportación de la teología del cuerpo de Juan Pablo II es muy original. Comienza con el lazo que une al cuerpo con el sacramento. Como es sabido, todo sacramento presupone una realidad corporal: el sacramento es signo de algo, es una realidad visible que hace referencia a otra realidad escondida. El Papa medita en la Carta a los Efesios. Observa que la realidad invisible que tiene que significar el sacramento es la caridad de Cristo, su amor infinito. Ahora bien, ¿acaso el signo visible del amor de Cristo no es su cuerpo muerto y resucitado? El cuerpo muerto en la Cruz puede ser interpretado sin dificultad como la consecuencia del amor de quien ha entregado la propia vida por la salvación del mundo. Sin embargo, el hecho de que el mismo cuerpo haya resucitado muestra que es también sacramento del amor del Padre, pues el Hijo se ha ofrecido como sacrificio al Padre. La resurrección de Jesús testimonia que su oración al Padre ha sido escuchada.

El misterio eclesial del amor de los esposos puede ser ampliado, como hace Juan Pablo II, hacia una dirección eucarística. San Pablo recuerda el deber de los maridos de amar a las mujeres como a su propio cuerpo. De este modo, el esposo que ama a su mujer se ama a sí mismo, alimenta su propia carne y, como dice el apóstol, “la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su Cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia” (Efesios, 5 29-32).

En su sentido propio, la palabra cuerpo indica el cuerpo sexuado del hombre y de la mujer, que les permite, al unirse, conformar una sola carne. En sentido metafórico la Iglesia es llamada Cuerpo de Cristo. Esto sugiere el lazo profundo que une a todos los hombres con el Hijo de Dios. Ya hemos evocado cómo la unión sexual entre el hombre y la mujer debe ser entendida como el don recíproco que cada uno de los dos hace al otro. Sin embargo, la frase de Pablo, según la cual, “nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño”, hace referencia implícitamente a la Eucaristía: con su cuerpo Cristo alimenta a la Iglesia. El Papa observa que la analogía entre la relación hombre-mujer y la relación Cristo-Iglesia contribuye a iluminar el misterio divino, en el sentido de que nos enseña algo sobre el amor recíproco que une a Cristo con la Iglesia. Al mismo tiempo, sin embargo, nos enseña también la verdad esencial del matrimonio, cuya vocación consiste en reflejar el don de Cristo a la Iglesia junto al amor de la Iglesia por Cristo. Si el sacramento tiene como fin expresar este misterio divino, tenemos que admitir que no podrá hacerlo nunca completamente. El misterio, de hecho, siempre sobrepasa al sacramento. Pero Juan Pablo II completa su análisis con la observación de que el sacramento, en realidad, va más allá de su significado. No se contenta con proclamar el misterio de manera significativa; está destinado a realizarlo en el hombre. Y de este modo, en virtud del bautismo de los esposos, su íntima comunión de vida y de amor fundada por el Creador, como ha mostrado Juan Pablo II, es elevada y asumida por la caridad nupcial de Cristo que la apoya con su fuerza de redención. La luz de la Redención consiente al Papa dar a la teología del cuerpo su dimensión más profunda. El centro de la atención se concentra aquí en la Última Cena. En el momento de la comunión más intensa con los discípulos, Jesús anticipa la entrega libre que hace de sí mismo. No sólo afirma que el pan y el vino que les da de comer y de beber son su cuerpo y su sangre, sino que expresa el valor de sacrificio, haciéndolo sacramentalmente presente. El cuerpo entregado y la sangre derramada ya no sólo tienen el significado de un símbolo: se ofrecen como comida y bebida para los discípulos que, unidos a Jesús y entre sí, se unen corporalmente con él. Quedar unido corporalmente con Cristo quiere decir estar asociado a su propio sacrificio redentor. La unidad en la caridad es exigida para recibir digna y eficazmente el cuerpo y la sangre de Cristo. Este don se hace a toda la Iglesia, Esposa de Cristo. El Papa muestra de este modo que la esencia de la Eucaristía es nupcial, pues es el don que el esposo hace a su esposa y que la esposa acoge en la fe.

Sin esfuerzo podéis imaginar el interés de esta reflexión para una auténtica espiritualidad conyugal. Sólo presento algunas sendas de exploración: la Eucaristía refuerza y regenera la comunión entre los esposos; revela a los esposos cristianos la verdadera identidad eucarística del matrimonio; es en cierto sentido memoria del don que los esposos se han hecho uno al otro; la luz eucarística permite concebir la unión de los esposos en su dimensión adecuada de entrega total, abierta a una fecundidad que la trasciende.


[Traducción del original italiano realizada por Inma Álvarez y Jesús Colina]

ZENIT.org


domingo, 2 de mayo de 2010

ACTO DE ESPERANZA


Acto de Esperanza

Oh Dios mío, 
confiando en tu poder omnipotente 
e infinita misericordia y promesas, 
espero obtener el perdón de mis pecados, 
la ayuda de tu gracia y la vida eterna, 
por los méritos de Jesucristo, mi Señor y Redentor. 
Amén.


Actus Spei

Domine Deus, 
spero per gratiam tuam remissionem omnium peccatorum, 
et post hanc vitam aeternam felicitatem me esse consecuturum: 
quia tu promisisti, 
qui es infinite potens, fidelis, benignus, et misericors. 
In hac spe vivere et mori statuo. 
Amén.



viernes, 30 de abril de 2010

LOS CRITERIOS MORALES CAMBIANTES DE LA SANTA SEDE

Los teólogos de la Santa Sede se apresuraron a elaborar una “nueva doctrina” para justificar la comunión prohibida del Sr. Berlusconi.

Por Atila Sinke Guimarães


El escándalo de que el Sr. Silvio Berlusconi, Primer Ministro italiano, recibiera la Comunión en una Misa en Milán el pasado 17 de abril y la absolución de facto otorgada por funcionarios del Vaticano me hacen preguntarme qué tipo de ley moral sigue la Santa Sede actual.

Recientemente hemos publicado un artículo que brinda algunos detalles sobre los antecedentes morales del Sr. Berlusconi. Aquí presento solo sus líneas generales:

Se casó con Carla Dall-Oglio por la Iglesia Católica en 1965; en 1980 se divorció de ella por lo civil sin una anulación por parte de la Iglesia. En 1990 se casó con su amante Miriam Bartolini, una bailarina de striptease, quien cambió su nombre a Veronica Lario. Diecinueve años después, en mayo de 2009, Lario anunció a la prensa que se divorciaría de Berlusconi, alegando que ya no podía soportar su constante comportamiento inmoral y, en particular, la relación extramatrimonial que mantenía con una menor, Noemi Letizia, que acababa de cumplir 18 años. Tras este anuncio, se dio por hecho que la pareja dejó de vivir junta.

Nada indica que el Primer Ministro haya cambiado su vida disoluta. Al contrario, la prensa está repleta de supuestas nuevas “aventuras” que mantendría con una u otra mujer.

Por lo tanto, no es difícil concluir que, según la moral católica, el Sr. Berlusconi entra en la categoría de pecador público y escandaloso.

El divorcio que Lario está tramitando ha sido amistoso. Ella no ha presentado ninguna demanda contra él ante un tribunal italiano. Los abogados de ambas partes están negociando la cantidad de dinero que Lario recibirá. Hasta el momento no se ha llegado a ningún acuerdo. Por consiguiente, ante el Estado italiano, la pareja está considerada como un matrimonio.

En resumen, el Sr. Berlusconi es un hombre casado por la Iglesia Católica, divorciado por el Estado italiano y vuelto a casar por el mismo. Además, lleva una vida abiertamente escandalosa.

Sobre la Comunión para personas divorciadas y vueltas a casar

La reciente doctrina vaticana sobre la administración de la Comunión a personas divorciadas y vueltas a casar —como el Primer Ministro— confirma la enseñanza tradicional y fue debidamente expresada en la Exhortación Apostólica posconciliar Sacramentum caritatis.

Como es sabido, una Exhortación Apostólica es un documento elaborado por un Sínodo de Obispos, revisado y ajustado por una comisión en el Vaticano y, posteriormente, firmado por el papa. Este documento es el resultado del Sínodo de Obispos reunido en Roma en octubre de 2005 y Benedicto XVI firmó su versión final el 22 de febrero de 2007.

Sobre la Comunión para personas divorciadas y vueltas a casar Sacramentum caritatis dice:

“El Sínodo de los Obispos ha confirmado la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cf. Mc 10: 2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo, porque su estado y su condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía (n. 29). 

Dado que la Iglesia Católica no admite ni el divorcio ni el nuevo matrimonio, estos términos, tal como se usan en Sacramentum caritatis, obviamente se refieren al divorcio y al nuevo matrimonio realizados en los tribunales civiles de un país.

¿Cuándo termina un nuevo matrimonio de una pareja según el derecho civil? Cuando las partes llegan a un acuerdo de divorcio debidamente aprobado por un juez, o cuando, sin dicho acuerdo, el juez, por su propia autoridad, decide que esa pareja ya no puede vivir junta y pronuncia el divorcio. Sin este acto oficial de una autoridad judicial estatal, el nuevo matrimonio no ha terminado.

Así pues, según la Iglesia y el Estado, la situación jurídica del Sr. Berlusconi es claramente la de un hombre divorciado y vuelto a casar. Por lo tanto, no debería permitírsele recibir la Sagrada Comunión.

El doble lenguaje del Vaticano

Sin embargo, esta sanción no se aplicó al Primer Ministro, ni se castigó al sacerdote que le dio la Comunión. En cambio, los funcionarios de la Santa Sede introdujeron un nuevo concepto de lo que constituye el fin de un nuevo matrimonio. Según ellos, el segundo matrimonio terminaría cuando la pareja dejara de vivir junta.

Esto es lo que el “arzobispo” Rino Fisichella, jefe del Consejo Pontificio para la Vida, declaró al diario italiano Il Messagero:

“Dado que Berlusconi está separado de su segunda esposa, con quien contrajo matrimonio civil, ha regresado, por así decirlo, a su situación anterior. El primer matrimonio fue religioso; fue el segundo el que resultó problemático desde el punto de vista canónico. Solo a los fieles separados y vueltos a casar se les prohíbe la comunión, puesto que permanecerían en estado de pecado. Pero si se elimina el obstáculo, nada impide la comunión”.

El “arzobispo” Giancarlo Girotti, jefe de la Penitenciaría Apostólica, el organismo que se ocupa de los sacrilegios, declaró al Times : 

“Formalmente hablando, el señor Berlusconi podría comulgar porque ya no está con la señora Lario. Sin embargo, debe ser absuelto plenamente de sus pecados en el confesionario” (Times, 22 de abril de 2010).

En ambas declaraciones, vemos que los prelados del Vaticano niegan la existencia de una unión de jure ante el Estado italiano y consideran únicamente una situación de facto, independientemente de si cohabitan o no. Es decir, ignoran el Derecho Civil del Estado italiano.

Esta postura contradice claramente el texto Sacramentum caritatis, que reconoce el Derecho del Estado. Además, ignora toda la realidad jurídico-política-social italiana, puesto que Verónica Lario sigue siendo considerada “la esposa del Primer Ministro italiano”.

Vemos, por lo tanto, que los teólogos de la Santa Sede se apresuraron a elaborar una nueva doctrina para justificar la comunión prohibida del Sr. Berlusconi.

Para proteger al Primer Ministro italiano, simplemente negaron la existencia del Derecho Civil italiano, con la certeza de que no habría ninguna obstáculo por parte del Primer Ministro. Negaron que dar la comunión al Sr. Berlusconi fuera un sacrilegio para complacer servilmente a ese hombre poderoso. 

¿El acuerdo de la mafia? 

¿Eso es todo? No, aún hay más. Dado que Benedicto XVI está en el punto de mira de los medios por su presunto encubrimiento de sacerdotes pedófilos, el Vaticano quería complacer a Berlusconi, propietario de cadenas de televisión, radio, periódicos y revistas. Y, en efecto, lo que hicieron lo dejó muy satisfecho.

El 19 de abril, dos días después de la sacrílega Comunión, el Sr. Berlusconi asistió a una ceremonia en la Embajada de Italia en el Vaticano para conmemorar el quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI. Allí se reunió con el “cardenal” Tarcisio Bertone, y ambos celebraron la victoria del candidato de centroderecha en las elecciones celebradas en Lacio; la Iglesia había instado a los católicos a votar por el candidato de Berlusconi.

Al finalizar el evento, el Primer Ministro transmitió el mensaje de que Benedicto XVI contaría con su firme apoyo en las acusaciones de encubrimiento.

Con esto, se llegó a un acuerdo: la Santa Sede silenció el sacrilegio del Primer Ministro y ofreció falsas excusas. A cambio, Berlusconi prometió brindar su apoyo mediático al papa Ratzinger en el escándalo del encubrimiento. “Hemos puesto fin a su escándalo; ahora, por favor, pongan fin al nuestro”. Fue un cordial acuerdo mafioso.

La única persona olvidada en este caso fue Nuestro Señor Jesucristo, presente en la Eucaristía. Permítanme aquí destacar la gran indignación que este caso suscitó entre la gente común en Italia. Estoy con Él y estoy con ellos.
 

domingo, 18 de abril de 2010

“A BENEDICTO LE FALTA TODO”

El teólogo de la liberación Leonardo Boff una vez se hizo mundialmente famoso por su disputa con el cardenal Ratzinger. Hace 5 años que Ratzinger es Papa, y a los ojos de Boff, ha fracasado completamente como pastor de los católicos.

Por Sebastian Beck


Leonardo Boff, teólogo de la liberación y escritor, es uno de los críticos eclesiásticos más conocidos del mundo. El hombre de 71 años, que estudió en Munich, vive en la ciudad brasileña de Petrópolis.

- Cuando Joseph Ratzinger fue elegido Papa en 2005, usted dijo: ‘Será difícil amar a este Papa’. Cinco años después, ¿hay algo que aprecie de Benedicto XVI?

Boff: ¿Qué puedo admirar? Casi nada. A lo sumo, la terquedad con la que persigue su proyecto de la Restauración del Concilio Vaticano I como más importante que el Concilio Vaticano II. Es decir, coloca al papa en el centro y no coloca a la comunidad cristiana en el centro. El esta muy asustado. Debería creer en el Espíritu más que en las tradiciones y doctrinas. Mi declaración de 2005 sigue siendo válida. Durante sus más de veinte años como jefe de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Ratzinger condenó a más de cien teólogos. Nunca entendió la teología de la liberación, sometió muchas conferencias de obispos a un control estricto.

Los cinco años de su pontificado están marcados por conflictos: con los musulmanes, los judíos, las iglesias no católicas, a las que niega el estatus de iglesia, con la Iglesia Anglicana, los seguidores de Lefebvre, con las mujeres, los homosexuales. Ha cometido muchos errores al gobernar. Según los Evangelios, su trabajo es fortalecer a los hermanos y hermanas fieles. El no tiene éxito.

- Eso suena aniquilador

Boff: Lo escuché en Alemania en la universidad como profesor de teología. Un hombre como él no está hecho para dirigir, coordinar y dar vida a una comunidad de más de mil millones de personas. No logra ser el maestro y comprenderse a sí mismo completamente como un pastor. Le falta casi todo, pero especialmente el carisma. Si hubiera leído un poco de Marx y menos de Agustín y Buenaventura, habría entendido mejor la opresión de los pobres y la teología de la liberación, porque ella escuchó el grito de los oprimidos y el grito de la tierra.

- Debido a sus críticas a la jerarquía de la iglesia, se sentó frente a Ratzinger en 1984 en la misma silla hereje en la que Galileo Galilei tuvo que sentarse. ¿Cuánto soportas esta humillación hasta el día de hoy?


Boff: No le guardo rencor, ni sufrí cicatrices en este triste viaje a la oscura y fea sala de entrevistas. Esta no es una virtud especial. Así es como estoy estructurado. Estaba convencido de que mi solicitud estaba justificada. Y fue la oportunidad de convencerlo de que los oprimidos son un desafío para una nueva proclamación liberadora. Pero todo fue en vano. No ha cambiado, solo ha empeorado.

- De manera irónica, incluso podrías estar agradecido con Ratzinger: la confrontación con él te ha hecho mundialmente famoso

Boff: La fama no trae ventaja, especialmente para personas como yo que odian estar en público. El silencio para trabajar se ha ido, ya sea como escritor que ha escrito 82 libros, ya sea como científico o como maestro. Los premios me han traído más problemas que alegría.

- Eres cofundador de la Teología de la Liberación. ¿Cuánto debería interferir la iglesia en la política?

Boff: La teología de la liberación se ha convertido en una obsesión para este papa. En marzo volvió a criticar a los obispos del sur de Brasil por la teología de la liberación marxista. Pero esta teología existe solo en su cabeza y no en la realidad. Desde la caída del Muro de Berlín, nadie habla del marxismo en la teología de la liberación. Lo peor de todo es que aliena a los pobres de las ‘comunidades de base’ que dicen: ‘El Papa juega el juego de nuestros enemigos que nos oprimen, condena a nuestros aliados, los teólogos de la liberación’.

Creo que la Iglesia siempre ha interferido en la política. Pero debe hacerlo solo por razones éticas. Debe comportarse como una fuerza social entre otros, respetando la separación de la iglesia y el estado, reconociendo la pluralidad de la sociedad, fortaleciendo su espíritu y defendiendo no solo los privilegios. El Vaticano se centra más en la política que en proclamar el mensaje cristiano.

- ¿No muestra la discusión sobre el fundamentalismo religioso que la iglesia debería mantenerse fuera de la política, incluso si actúa con buena intención?

Boff: No, no lo creo. Creo que las fiestas católicas están mal. Los católicos pueden ser miembros de todas las partes donde los valores cristianos están vivos. Pero la iglesia institucional, especialmente bajo este Papa, tiene rasgos fundamentalistas al afirmar que solo es la iglesia de Cristo y niega a otras iglesias el título de Iglesia. Esto expresa que otras religiones no son capaces de redimir al hombre. Es el renacimiento de la idea medieval de que no hay salvación fuera de la iglesia. Esta es una arrogancia insuperable e insulta a todos los demás. Benedicto XVI confundió Baviera con el Vaticano y el Vaticano con el mundo.

- ¿Hasta qué punto se refleja el escándalo del abuso en la crisis de la Iglesia Católica?

Boff: La pedofilia no es solo un pecado, como lo interpretó la iglesia. Un pecado siempre puede ser perdonado, entonces todo comienza de nuevo desde el principio con la transferencia del pecador a otro lugar. Las autoridades eclesiásticas buscan ocultar los hechos para mantener su credibilidad. Esta actitud es incorrecta y farisaica. La pedofilia es un delito que pertenece a los tribunales penales. La iglesia reconoció esto solo debido a la presión del público mundial. La iglesia por lo tanto se ha hecho totalmente increíble.

Los fieles también pierden la fe en los sacerdotes a quienes han confiado a sus hijos a la primera comunión. Pero no solo tiene que ver a los perpetradores, sino también a las víctimas. La cultura moderna presta mucha atención, por ejemplo, cuando se trata del genocidio de los nativos, la prostitución infantil, el tráfico internacional de mujeres, el trabajo esclavo en las grandes granjas de Brasil. Solo pedir perdón y orar no es suficiente. Las víctimas de pedofilia deben ser tratadas con justicia castigando a los sacerdotes criminales. Se necesitan reformas fundamentales para prevenir tales crímenes.


"No puede proponer reformas fundamentales"


- En su opinión, ¿qué pasaría si la Iglesia Católica sale de la crisis?


Boff: El Vaticano y muchos obispos están haciendo todo lo posible para separar la pedofilia del celibato. La pedofilia es una aberración conductual que tiene que ver con una sexualidad pobremente integrada. El Vaticano no quiere ver eso, pero algún día estará obligada a verlo de esa manera. El celibato queda fuera de la discusión porque revela mucho sobre la estructura de la iglesia. Es una comunidad religiosa totalitaria, autoritaria, centralizada y monosexual, porque solo los hombres célibes pueden ingresar a su servicio. Desde el punto de vista de la Iglesia, es muy conveniente poder deshacerse por completo de las personas que aún le entregan todo: la vida, los lazos, la familia.

- ¿Qué debe hacer el Papa?


Boff: El Papa es un rehén de una visión conservadora y doctrinaria del cristianismo, incapaz de proponer reformas fundamentales. Solo un consejo de obispos y representantes de comunidades cristianas de todo el mundo podrán salvar a la Iglesia del deterioro total y la degradación total. El legado de Jesús no merecía este destino.

- La iglesia protestante, por otro lado, no tiene que lidiar con el celibato o un papa infalible. Sin embargo, incluso allí, las iglesias están vacías. ¿Por qué?

Boff: Casi todas las iglesias cristianas tienen tendencias fundamentalistas. Creen que solo ellos tienen la revelación divina. Los protestantes siguen la Biblia, los católicos siguen al Papa. No consideran necesario escuchar a Dios, quien se comunica a sí mismo en la historia y en la vida de las personas.


"Santidad, eres un hombre viejo"

- Especialmente en el mundo occidental, los intelectuales recurren al budismo, pero también al esoterismo. ¿Por qué?

Boff: Todos estamos cansados ​​de una cultura de materialismo y consumo. En la cultura predominante, hay un exceso de intelectualismo. Gobierna la mente analítica instrumental. Pero la existencia humana también incluye la inteligencia emocional, que se asocia con valores, con solidaridad, con dedicación y amor. Pero también hay una inteligencia espiritual basada neurológicamente. Es decir, la existencia humana implica más que el hambre de pan. También hay hambre de belleza, de comunicación libre, de trascendencia. Las iglesias deben alimentar esa mente mística. Pero ellos no lo hacen. En cambio, repiten viejas fórmulas y recitan textos sagrados de la Biblia.

- En su tierra natal brasileña, las personas se sienten atraídas por las comunidades carismáticas. ¿No es esa otra forma de explotación?

Boff: Tienes que ver estas comunidades en el contexto social de Brasil. Una gran parte de la población es pobre y religiosa. La Iglesia católica sufre de debilidad institucional. Para una población de 140 millones de católicos, requeriría al menos 120.000 sacerdotes. Pero solo tiene 17.000, la mitad proviene del extranjero. Hay una brecha institucional. Las Iglesias Libres vienen con su mensaje y llenan este vacío. Esas iglesias son los santuarios de los condenados de la tierra y cumplen una importante función de integración social. Aquellos que no son escuchados son repentinamente escuchados por Dios. Esto crea un espíritu de hermandad y ayuda mutua entre ellos.

Por otro lado, esas iglesias explotan la fe de los fieles, porque para muchos sacerdotes, incluidos los católicos, el dicho es: "Entre deus e dinhero, o segundo e primeiro". En español: "Entre Dios y el dinero, lo segundo es lo primero". Pero eso aún no invalida el aspecto humano de esas iglesias.

- Si tuviera que volver a sentarse en la silla de Galileo Galilei hoy, ¿qué le gustaría decirle al Papa Benedicto?

Boff: Solo diría: ‘Santidad, usted es un hombre viejo, cansado y bastante enfermo. Sirvió a la iglesia con las mejores intenciones, a pesar de las contradicciones que le provocaron. Ha llegado la hora de prepararse para el gran encuentro con Dios. Retírese a un monasterio, cante el canto gregoriano que tanto ama, celebre su misa en latín y siga rezando por la tierra amenazada por el calentamiento global, por la humanidad que puede extinguirse, especialmente por los niños que se han convertido en víctimas de pedofilia en la iglesia y la sociedad. Y rece para que el Espíritu Creador nunca nos abandone’.


Sueddeutsche

sábado, 17 de abril de 2010

ESCÁNDALO EUCARÍSTICO EN ITALIA

El primer ministro italiano Silvio Berlusconi, de 73 años, ha recibido la comunión en una misa fúnebre el 17 de abril de 2010 en Milán. 


La misa fue en memoria de Raimondo Vianello, un célebre personaje de la televisión italiana. El primer ministro Berlusconi es uno de los magnates de los medios de comunicación italianos.

El historial de Berlusconi: en 1965 se casó con Carla Dall-Oglio por la Iglesia. En 1985 se divorció de ella sin obtener la anulación del matrimonio. En 1990 se casó con Veronica Lario, una bailarina de striptease y su amante durante algunos años. 


Hoy, Lario (en la imagen superior), ha presentado la demanda de divorcio, alegando como motivo el comportamiento inmoral de Berlusconi. Afirma estar harta de que él se relacione con menores. Esto alude a una aventura amorosa que Berlusconi tuvo con Noemi Letizia, entonces de 17 años. Dejó de vivir con Lario en mayo de 2009.

La prensa informó frecuentemente sobre las “fiestas” que Berlusconi organizaba en su villa de Cerdeña y en Roma. 


En la imagen superior se puede observar una portada de la revista Oggi de marzo de 2007, titulada “El harén de Berlusconi”, en la cual trata sobre una de estas orgías. No reproduciremos las fotos de otra “fiesta” publicada por el periódico español El País porque son claramente pornográficas.


Además, numerosas prostitutas, escorts, modelos de lencería y actrices de televisión afirman haber tenido “romances” con él, como se expuso en la revista Novella, bajo el título “Diez obstáculos para Lady Veronica” (en referencia al divorcio solicitado por Veronica Lario). Algunas de estas mujeres han ascendido en la arena política, como recompensa por haber otorgado “sus favores” al político italiano. En un video en el que supuestamente solicita trabajo para algunas de ellas, Berlusconi se refirió a esas mujeres como “mis mariposas”.

Así, tenemos la imagen clara de un hombre divorciado, vuelto a casar y que vive una vida pública escandalosa. Uno diría que para recibir la Comunión, este hombre debería terminar oficialmente su relación con Veronica Lario, expresar arrepentimiento por el escándalo que ha dado y hacer una vida de penitencia para cambiar su mala imagen pública. Nada de esto ha sucedido.

Por esta razón, el video de Berlusconi recibiendo la Comunión está sacudiendo Italia en este momento, y los gritos de “sacrilegio” y “escándalo” son comunes entre los fieles católicos.

La Iglesia está dividida sobre este escándalo. Por un lado, está Giuseppe Casale, obispo emérito de Foggia, que acusa a Berlusconi de “un comportamiento que no corresponde al de un cristiano”. Paolo Farinella, de Génova, también es claro al condenar su acción: “Berlusconi ha cometido un sacrilegio, dado que ya está divorciado y en proceso de obtener un segundo divorcio”.

Y por otro lado, está el “arzobispo” Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Vida, quien afirma que, dado que Berlusconi ya no vive con Verónica Lario, “no se le consideraría divorciado y vuelto a casar”. El “arzobispo” Gianfrancesco Girotti, presidente de la Penitenciaría Apostólica, organismo que se ocupa de los “pecados graves”, también respalda esta opinión. Este último declaró: “Esperamos que, al comulgar, Berlusconi estuviera en gracia de Dios, es decir, que hubiera sido absuelto de sus pecados por un confesor. Comulgar sin estar en estado de gracia es un sacrilegio”.

El 19 de abril, Berlusconi asistió a una ceremonia en la embajada italiana ante el Vaticano para conmemorar el quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI, a la que asistió, entre otros, el “cardenal” Bertone, secretario de Estado, siendo muy cordial la relación entre ambos.
 

lunes, 5 de abril de 2010

UNA NUBE OSCURA EN EL CIELO CONCILIAR

En su best seller, “Vaticano II: Una explicación pendiente”, Monseñor Gherardini estudia la cuestión del valor del Magisterio y su interpretación. Si bien su enfoque de los problemas doctrinales difiere del de las publicaciones de la Sociedad, Monseñor prácticamente llega a las mismas conclusiones.

Por Côme de Prévigny

La contribución de Gherardini tiene la ventaja de abrir el debate en el corazón de Roma y, por lo tanto, de la Iglesia.

A finales de enero, las grandes figuras liberales de la “era wojtyliana”, desde el cardenal Martini hasta monseñor Sorrentino, patrocinaron la creación de un nuevo sitio web en Italia: ¡Viva il Concilio! - una aclamación para cantar las maravillas de un “superdogma”, como si fuera necesario cerrar filas para evitar una amenaza ineluctable: el Vaticano II, hoy ve su aura empañada. Al mismo tiempo, después de tres impresiones en el idioma de Dante, uno de los teólogos más eminentes de Letrán, Monseñor Brunero Gherardini, publicó su último trabajo: “Vaticano II: Una explicación pendiente”.


INICIATIVA DE 
MONSEÑOR GHERARDINI

Ni un hombre de poder ni un prelado curial, este profesor toscano, nativo de Prato, ha pasado décadas formando sacerdotes en eclesiología y ecumenismo. Profesor emérito de teología en la Pontificia Universidad Lateranense y canónigo de la Basílica de San Pedro, se ha convertido en un especialista reconocido y consultado en la Reforma Luterana, la eclesiología y la mariología. El libro publicado por este heredero de la Escuela Clásica a la edad de 85 años podría percibirse como una síntesis de los cientos de publicaciones que este eminente académico romano, iniciado en la teología tomista y definiciones bastante tradicionales, había publicado durante su carrera eclesiástica. En el momento en que las discusiones doctrinales entre la Santa Sede y la Sociedad de San Pío X están en marcha, aparecen como una respuesta al famoso discurso del Papa Benedicto XVI a la Curia del 22 de diciembre de 2005. El Papa, en lo que constituía un verdadero programa de apertura para su nuevo pontificado, hizo de la “hermenéutica de la continuidad” su tema clave. Para él, se trataba de poner fin a la crisis post-conciliar y de poner al Consejo a raíz de la Tradición.

Mons. Gherardini manifiesta su voluntad de seguir este enfoque. Además, nos da a entender que esta es la interpretación que ha aplicado pacientemente en su enseñanza al tratar de conciliar los documentos conciliares con el magisterio antecedente. Pero, sin rechazarlo, muestra que tal procedimiento claramente no es evidente. Comparte las dudas acumuladas a las que ha dado lugar la aplicación de este método de interpretación y, con el uso de definiciones precisas, subraya la disonancia real existente entre un gran número de textos, desde Dignitatis Humanae hasta Lumen Gentium y Tradición. Después de 50 años de docencia, afirma:

Sin embargo, debo confesar que el siguiente problema nunca ha dejado de presentarse: a saber, si en realidad la Tradición de la Iglesia se había protegido completamente en el último Concilio y si, por lo tanto, la hermenéutica de la continuidad en desarrollo se podía utilizar y mostrar su innegable valor. (p. 88)

En consecuencia, su estudio, marcado por una gran moderación y una deferencia incomparable, no se convierte en un elogio hueco. Después de cuatro años del pontificado de Benedicto XVI, incluso expresa una sensación de alarma y concluye su libro con un llamamiento al Santo Padre. 

“Después de casi medio siglo de dicho lenguaje, de tal incienso ofrecido con 'tres columpios dobles', de celebraciones tan intemperantes, fuera de lugar y contraproducentes, me parece que finalmente ha llegado el momento de pasar la página” (pág. 22).


UNA RELECTURA DEL CONSEJO

Antes de mirar metódicamente los documentos conciliares que le parecen particularmente problemáticos, Monseñor Gherardini primero se encarga de desmantelar el carácter supuestamente “definitorio” del Concilio Vaticano II que lo convertiría en un tercer Testamento. El prelado recuerda la necesidad de colocar el Concilio en su contexto y de tener en cuenta las intenciones que los Papas Juan XXIII y Pablo VI le habían asignado: un objetivo pastoral que disipó cualquier deseo de proclamar definiciones de fe:

Pero cuando un Concilio se presenta a sí mismo, su contenido y la razón misma de sus documentos bajo la categoría de pastoral, calificándose deliberadamente como de carácter pastoral, excluye de este modo cualquier intento de naturaleza definitoria. Por lo tanto, no puede exigir el estatus de un Consejo dogmático, ni nadie puede conferirle este estatus. Esto es válido incluso si dentro de él resuenan algunos llamamientos a los dogmas del pasado y sus documentos pueden contener ciertas formulaciones teológicas. Teológico no es necesariamente sinónimo de dogmático. (pp. 29-30)

De ahora en adelante, ya no son los miembros de la SSPX quienes promueven el argumento de la pastoral del Consejo, sino uno de los decanos más eminentes de la facultad romana.

De la misma manera, el profesor de eclesiología no quiere distinguir demasiado claramente entre el Consejo y lo que siguió. Según él, el uno alimentó efectivamente al otro por sus omisiones, vacíos y ambigüedades, y por lo que era contrario al Magisterio anterior:

No es por casualidad que se habló del espíritu del Concilio. El Consejo había difundido generosamente este espíritu mediante su confianza en el hombre y su progreso, llamando la atención a la experimentación socio-política-cultural: algo que ya estaba ocurriendo en gran parte de la Iglesia y que estalló de manera casi incontrolable luego de su invitación a dialogar y colaborar con todos para lograr un mundo más adecuado para el hombre, a través de su irenicismo abierto a cada oposición en ciernes, a través de su silencio imponente sobre todos los portadores de malas noticias. (p. 88)

En este punto, Monseñor Gherardini se lanza a un estudio exhaustivo de los principales documentos sobre la liturgia (Sacrosanctum Concilium), la libertad religiosa (Dignitatis Humanae), el ecumenismo (Unitatis Redintegratio) y la definición de la Iglesia (Lumen Gentium). El profesor no hace un juicio. Más bien, enfatiza lo que considera las contribuciones esenciales del Concilio Vaticano II e incluso lo que considera los beneficios (?) De ciertas constituciones como Lumen Gentium. Sin embargo, resalta el papel particularmente devastador de los expertos, en las filas de las cuales nombra a Karl Rahner, quien trajo con ellos lo que él llama las “aspiraciones revolucionarias del Vaticano II”. La conclusión es clara: la Iglesia no puede cumplir. La contradicción flagrante entre los textos magisteriales. El Papa debe organizar conferencias e iniciar un estudio en profundidad del Concilio para poder leerlo de conformidad con la verdadera noción de Tradición, que se toma el tiempo de aclarar haciendo referencia a la definición de San Vicente de Lerins.


SILENCIO SOBRE LA RESISTENCIA

El trabajo es corto, pero aun así, las docenas de páginas históricas y teológicas relativas al Consejo nunca mencionan el Coetus Internationalis Patrum o la Sociedad de San Pío X. El nombre del Arzobispo Lefebvre no se menciona una sola vez. Alguien celoso por la justicia podría ofenderse por tales omisiones. En un momento dado, el lector casi podría percibir una desaprobación, especialmente cuando el autor alude al carácter polémico de ciertas publicaciones del Courrier de Rome, que es ampliamente conocido como el trabajo de un miembro eminente de la fundación Ecône. Sin embargo, esta distancia sigue siendo una postura, y el silencio oculta, me parece, el elogio del teólogo, seguro de que estamos defendiendo la verdad en lugar de una causa particular, no quiso conferir públicamente. Su llamamiento también debe llegar a aquellos que se hubieran enfadado ante la mención de una sociedad valerosa pero oficialmente condenada. Una alusión hábil parece, además, como un guiño al atento lector. En el capítulo sobre la liturgia, una de las referencias que cita el teólogo es una cierta “D. Bonneterre, publicado por "Éditions Fideliter" en 1980 ...

Para el enfoque de Monseñor Gherardini, si no se enfrenta directamente al Vaticano II, y si, en consecuencia, es independiente de la de la Sociedad de San Pío X, llega a las mismas conclusiones: frente a un concilio que no puede anularse ni reducirse fácilmente al nivel de conciliable, es necesario que Roma reapropie su autoridad doctrinal para aclarar, definir e incluso condenar. Es necesario que la autoridad de la Iglesia anote estos documentos con notae previae y posteriorae, según sea necesario, que serán como contrafuertes que estabilizan el desequilibrio de una bóveda que parece desmoronarse. Seguro de su desmantelamiento del carácter dogmático del Concilio Vaticano II, Monseñor 
Gherardini en su apelación, pide franqueza para abordar las contradicciones que surgen en todas partes:

Si la conclusión demuestra que la continuidad, ya sea en parte o en general, no es real, entonces sería necesario decirlo con serenidad y franqueza en respuesta a la necesidad de claridad. Esta necesidad se ha sentido y esta respuesta se ha deseado durante casi medio siglo. (p. 299)

En su prefacio al libro, el Reverendísimo Mario Oliveri, Obispo de Albenga-Imperia, cerca de Génova, corrobora esta idea:

... si surgiera de una hermenéutica católica, teológica, algunos pasajes o algunas declaraciones o afirmaciones del Concilio, no solo dicen cosas que son novela, sino también dicen cosas diferentes con respecto a la tradición perenne de la Iglesia. No se presenta un desarrollo homogéneo del Magisterio: en tal caso habría una enseñanza que no es inmutable, y ciertamente no es infalible. (p. 10)

MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE

En una entrevista de 1987, el arzobispo Lefebvre ya había pedido la corrección de estas contradicciones e incluso errores. Se le hizo esta pregunta:

La única solución al "caso" Lefebvre aceptable para usted parece ser una desaprobación pública del Vaticano II por parte del Soberano Pontífice. Pero, ¿puedes imaginar al Papa un domingo por la mañana apareciendo en la Plaza de San Pedro y anunciando a los fieles que después de más de veinte años, resulta que el Consejo se equivocó y que al menos dos decretos votados por la mayoría de los padres y ratificados por el papa hay que abrogar?
Él respondió:

En Roma, podrían encontrar una manera más discreta de hacerlo... El Papa podría afirmar que algunos documentos del Vaticano II deben interpretarse mejor a la luz de la Tradición, por lo que se ha hecho necesario cambiar algunas Oraciones para hacerlas más en conformidad con el magisterio de los papas precedentes. Habría que decir claramente que el error solo puede ser "tolerado", pero que no puede tener "derechos" y que la neutralidad del Estado sobre asuntos religiosos no puede ni debe existir.

A finales de enero, Monseñor Babini, obispo emérito de Grosseto, no dudó en rendir homenaje al fundador de Ecône:

Monseñor Lefebvre tenía razón en sus elecciones ideológicas. Fue sin duda un gran y sabio hombre de iglesia que siempre me ha gustado. Los "lefebvristas" no son en absoluto cismáticos. Juan Pablo II se vio obligado a excomulgarlos, pero lo hizo con lágrimas en los ojos. Pero, repito, si solo hubiera en la Iglesia católica, hoy en día hombres tan progresistas, serios y valientes como el gran hombre que fue Monseñor Lefebvre... cuya memoria está en proceso de ser reevaluada. Basta con considerar a los que salen de sus seminarios, sacerdotes bien preparados y valientes, mientras que de los nuestros, a menudo vacíos, ¡no siempre [hombres como esos] salen a la luz!


LA TENTACIÓN DE LOS TRADICIONALISTAS

La mera apertura de conversaciones doctrinales y el acuerdo para discutir el Concilio han, al parecer, aflojado las lenguas e iluminado las opiniones privadas. La tentación ocasionada por tal discurso, tan eminente como raro, que rompe el tabú de un concilio divinizado, sería que depositáramos la cruz que nos confió nuestro Señor. Cristo mismo pudo haber interrumpido su camino hacia Gólgota después de la primera caída. Pero, antes de que estas posiciones hayan sido adoptadas por las autoridades de la Iglesia, recordemos que son el fruto de la exactitud de quienes nos han precedido. ¿Qué quedaría en el presente si estuviéramos satisfechos con los escasos compromisos litúrgicos que constituyeron los indultos hace 20 años?

El principio [de "Tradición viva"] no está sujeto a debate. Sin embargo, podría prestarse a una ruptura del depósito sagrado de las verdades contenidas en su Tradición. En el contexto que se vivió durante y después del Concilio Vaticano II, donde solo lo "nuevo" apareció como verdadero y donde lo "nuevo" se presentó y se presentó con el aspecto de la actitud inmanentista y fundamentalmente atea de nuestros tiempos, la doctrina no es nada más que una gran ilusión. La tradición permanece mortalmente herida y agoniza, es decir, si no está ya muerta como consecuencia de posiciones radicalmente incompatibles con su pasado. No es suficiente, por lo tanto, definirlo como “vivir” si ya no tiene vida. (p. 155)


Mons. Bruno Gherardini, de 85 años, renombrado teólogo de la Escuela Romana, reside en el Vaticano como un Canon de la Basílica de San Pedro. Es secretario de la Academia Pontificia de Teología, profesor emérito de la Pontificia Universidad Lateranense y editor deDivinitas , una respetada revista romana de teología.




domingo, 4 de abril de 2010

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!!

Acéptalo a Él y a su Salvación al decir con sinceridad esta oración:

Jesús, creo que eres el Hijo de Dios y que moriste por mí y resucitaste.
Necesito tu Amor para que me limpie de mis pecados y errores.

Santas y Felices Pascuas

Diario 7

viernes, 26 de marzo de 2010

UN NUEVO MODELO DE IGLESIA SE FORJA EN CHIAPAS

Quien no adopte la “opción preferencial por los pobres” según el modelo de la Teología de la Liberación queda excluido de la Iglesia.

Por Atila Sinke Guimarães


Si no queremos llevarnos una desagradable sorpresa —como la que sufrieron los nobles cuando la Revolución Francesa comenzó a diezmarlos o la que experimentó la burguesía rusa cuando el comunismo derribó el antiguo sistema—, debemos prestar mucha atención a lo que preparan los grupos actuales que dan forma al futuro.

¿Qué grupos son estos? Ciertamente no es el centro tradicional, que no es más que un rebaño que sigue a paso lento el estímulo que recibe de la izquierda.

El futuro pertenece a la extrema izquierda o a la auténtica derecha. A la extrema izquierda, porque es la fragua donde la Revolución forja el hierro para moldearlo según sus nuevos experimentos sociales y religiosos. A la auténtica derecha, porque de entre quienes reaccionan contra la Revolución, la Divina Providencia suele elegir a quienes prepararán la realidad del mañana, la cual expresará formas originales de dar gloria a Dios.

Una de estas fraguas de izquierda es Chiapas, en México, más precisamente la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, donde Samuel Ruiz fue obispo durante décadas y estableció algo muy distinto a una Iglesia convencional.

Miembros del Movimiento Zapatista -Comunista- asisten a una misa oficiada por el obispo Ruiz en su catedral
Marzo de 1999

El 25 de enero de 2010, el obispo Ruiz conmemoró el 50 aniversario de su consagración. Unas 30.000 personas se congregaron para el evento y escucharon charlas que ofrecieron una visión general del novedoso proyecto en construcción. Analizándolas, podemos vislumbrar lo que se conoce como la “versión india” de la Teología de la Liberación, un modelo para el futuro.

Samuel Ruiz García fue ordenado obispo a los 35 años y dirigió la Diócesis de San Cristóbal durante 40 años (1959-1999). Aplicó los principios de la Teología de la Liberación sobre la “opción preferencial por los pobres” a los indígenas del sur de México, más específicamente, a los descendientes mayas que viven en esa zona. Esta aplicación generó lo que se ha denominado “teología indígena”.

Opción por los pobres: el nuevo criterio para ser católico

Durante la conmemoración, el actual obispo de San Cristóbal, Felipe Arizmendi, expuso algunos artículos del nuevo “credo” que se está elaborando. Dirigiéndose a su predecesor Samuel Ruiz, Arizmendi dijo:

“La mejor manera de rendirle homenaje es consolidar y continuar la Iglesia que usted inspiró, la cual no podemos perder ni permitir que se derrumbe ni se desvíe de esas opciones fundamentales, la primera de las cuales es la opción preferencial por los pobres. Es una opción que no es meramente circunstancial u opcional, sino que constituye la esencia misma de la Iglesia aquí y en todo el mundo. Si uno no adopta esta opción, no es cristiano, no es miembro de la Iglesia de Cristo”.

“Ser fiel al Evangelio de Jesús es servir fundamentalmente a los pobres, incluso si esto implica persecución e incomprensión, como ustedes han experimentado. Es en nombre de esta fidelidad al Evangelio que nuestra Diócesis confirma el esfuerzo por ser la Iglesia que ustedes han soñado, inspirado, nutrido y promovido: una Iglesia indígena, liberada, evangélica, servidora, en comunión y bajo la guía del Espíritu. Estas son las seis notas de la Iglesia de Chiapa, establecidas por el Tercer Sínodo Diocesano” (Adista-Documenti, 6 de marzo de 2010, p. 5).

Al examinar el núcleo de esta charla, vemos que se expuso claramente una interpretación exclusivista de lo que significa ser miembro de la Iglesia de Cristo. Quien no adopte la “opción preferencial por los pobres” según el modelo de la Teología de la Liberación queda excluido de la Iglesia.

Ceremonia en honor a los zapatistas asesinados por el ejército regular. De izquierda a derecha: los obispos Arizmendi, Ruiz, Enrique Díaz y Raúl Vera
Chiapas, diciembre de 2007

Parece que esta actitud es similar a la que permitió a los guardias rojos rusos perseguir y asesinar a quienes no aceptaban su ideal soviético. En el Brasil actual vemos esta misma “opción preferencial por los pobres” utilizada para invadir y ocupar propiedades rurales y entregarlas a los “sin tierra”.

Seis nuevas marcas de la “iglesia aborigen”

También merecen atención las seis notas de la Iglesia de Chiapas nombradas por Arizmendi. Permítanme explicar su significado:

Indígena: la Iglesia Católica deja de ser romana y de seguir un rito romano. Se convierte en una iglesia local y adopta rituales indígenas en su vida y liturgia. Esto fue respaldado por Juan Pablo II durante la canonización de Juan Diego, por ejemplo. La introducción de prácticas indígenas en la liturgia también se está volviendo cada vez más frecuente en los Estados Unidos.

Liberada: esto significa liberarse de la doctrina católica que nos anima a soportar nuestros sufrimientos con paciencia. En cambio, la nueva iglesia se adentra en la esfera político-social para luchar contra las “injusticias” que sufren los pobres y para “liberarlos” de las “estructuras del pecado”, que es una forma de referirse al capitalismo.

Evangélica: esta iglesia carecería de riquezas, propiedades, edificios majestuosos y ostentación. La iglesia de Chiapas es una iglesia pobre, se podría decir que una iglesia proletaria.

Servidora: la Iglesia Católica no debe imponer sus principios al pueblo ni al ámbito temporal, sino obedecerlos. En el caso de la iglesia de Chiapas, supone que los principios morales y dogmáticos deben adaptarse a las necesidades inmediatas del pueblo, y no al revés.

En comunión, nada debe decidirse a nivel individual, es decir, por una autoridad establecida. La iglesia en comunión permanente es una iglesia comunista donde cada decisión la toma toda la comunidad.

Bajo la guía del Espíritu Santo, ninguna autoridad puede hablar en nombre de Dios; todos los miembros pueden recibir inspiraciones del Espíritu Santo con igual validez. Se trata de una nueva versión de los mismos errores de los Shakers y los Cuáqueros, quienes pretendían ser guiados directamente por Dios. Una vez más, es un pretexto místico para instaurar un igualitarismo absoluto en la doctrina de la Iglesia.

El obispo Arizmendi también mencionó el Tercer Sínodo Diocesano, un concilio regional que se llevó a cabo entre 1995 y 1999 bajo la dirección del obispo Samuel Ruiz. Este sínodo estableció todas las estructuras eclesiásticas necesarias para impulsar la iglesia indígena que nació en Chiapas.

Definiendo esta “nueva iglesia”

Otro orador en el evento fue el teólogo zapoteca Eleazar López, líder del movimiento revolucionario que se extendió por México y Latinoamérica. El título de su charla fue “El nacimiento de una iglesia nativa”.

López enfatizó que el obispo Samuel Ruiz había asumido el verdadero “espíritu” del concilio Vaticano II para renovar las estructuras eclesiásticas. Con base en esas enseñanzas conciliares, su diócesis luchaba contra las “estructuras del pecado” y fomentaba la inculturación. Así, la iglesia de Chiapas se ha convertido en un paradigma para otras, porque es la casa de Dios inculturada en su pueblo. Es la encarnación del Verbo, que estableció su tienda entre los indígenas para asumir su realidad histórica y cultural.

López hizo hincapié en otras nociones fundamentales de esta Iglesia Nativa:

• No pretende ser una Iglesia separada de la Iglesia Universal;

• Se trata de una respuesta teológico-pastoral al concilio Vaticano II que adquiere su forma particular para responder a los desafíos culturales de nuestro tiempo;

• Tiene su propia jerarquía, que forma parte del pueblo, sus propios sacerdotes y su propio ministerio e instituciones.

El defensor de la teología india también delineó los contornos de la filosofía de este experimento:

• El antiguo modelo de la Iglesia como sociedad se ha deteriorado ante la globalización actual y la crisis económica;

• La Iglesia debería abandonar el viejo modelo si no quiere hundirse con él;

• Debería adoptarse un nuevo modelo, más digno y humano, que se haya adaptado a las diferentes culturas provenientes de la vida cotidiana de los pobres;

• La Iglesia Universal ya ha dado algunos pasos importantes en este camino al abrirse a la participación de laicos, mujeres, pobres e indígenas;

• El estímulo para que estas iglesias locales tengan su propia vida proviene del concilio Vaticano II;

• Es urgente inculturar el Evangelio y la Iglesia para que se manifieste una verdadera humanidad en la verdadera Iglesia;

• Estas nuevas realidades emergentes deberían denominarse Iglesias en plural, Iglesias con identidades culturales diversas, pero unidas por la misma fe.

Según López, basándose en estos principios, la Iglesia indígena debería ser un modelo para todos los pueblos. Es hora de acabar con las “iglesias clonadas” modeladas según el modelo europeo y de levantar iglesias indígenas, cada una diferente y moldeada por la cultura de su propio pueblo.

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Concluye con un tono mesiánico, fingiendo que al fundar esta iglesia indígena, la iglesia de Chiapas está reabriendo el camino de los primeros misioneros. Según López, su idea original no era desarrollar un modelo europeo de iglesia, sino uno indígena.

El obispo Samuel Ruiz tomó la palabra para clausurar la conmemoración, enfatizando que “el espíritu del concilio Vaticano II sigue inspirando el largo camino de la construcción de iglesias indígenas donde los valores del Evangelio se encarnan en la cultura” (Adista, 6 de marzo de 2010, pp. 5-8).

Con esto, el lector se hace una idea de las perspectivas de la Teología de la Liberación que ya están establecidas en México, Brasil y toda Latinoamérica. Esta teología ha sido un factor importante en el ascenso de gobiernos socialistas-comunistas en esos países.

A menos que los católicos presten más atención a este movimiento inspirado y promovido por el progresismo, podrían ver cómo la teología de la liberación se aprovecha de millones de inmigrantes. En Estados Unidos, motivados por estos principios de justicia sociopolítica y liderados por defensores de la teología india, los "pobres" ya están reclamando sus "derechos" a poseer gran parte del sur del territorio, tierras que, según ellos, fueron usurpadas injustamente por los estadounidenses imperialistas. Con esta retórica de la teología india, se está preparando un fuerte terremoto político que sacudirá las instituciones estadounidenses.