miércoles, 29 de agosto de 2001

DECLARACIÓN CONJUNTA DE PABLO VI Y EL ARZOBISPO DE CANTERBURY (23 DE MARZO DE 1966)


DECLARACIÓN CONJUNTA DE SU SANTIDAD PABLO VI

Y SU GRACIA MICHAEL RAMSEY,

ARZOBISPO DE CANTERBURY

Monasterio de San Pablo, jueves 24 de marzo de 1966

En esta ciudad de Roma, desde donde San Agustín fue enviado a Inglaterra por San Gregorio y allí fundó la sede catedralicia de Canterbury, hacia la cual ahora se dirigen las miradas de todos los anglicanos como centro de su Comunión Cristiana, Su Santidad el Papa Pablo VI y Su Gracia Michael Ramsey, Arzobispo de Canterbury, en representación de la Comunión Anglicana, se han reunido para intercambiar saludos fraternos.

Al concluir su encuentro, dan gracias a Dios Todopoderoso, quien, por la acción del Espíritu Santo, ha creado en estos últimos años un nuevo ambiente de comunión cristiana entre la Iglesia Católica Romana y las Iglesias de la Comunión Anglicana.

Este encuentro del 23 de marzo de 1966 marca una nueva etapa en el desarrollo de las relaciones fraternas, basadas en la caridad cristiana, y de los esfuerzos sinceros por eliminar las causas del conflicto y restablecer la unidad.

En obediencia voluntaria al mandato de Cristo, quien mandó a sus discípulos amarse unos a otros, declaran que, con su ayuda, desean dejar en manos del Dios de misericordia todo lo que en el pasado se ha opuesto a este precepto de caridad, y que hacen suya la mente del Apóstol que expresó con estas palabras: “Olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil . 3, 13-14).

Afirman su deseo de que todos los cristianos que pertenecen a estas dos Comuniones se vean animados por estos mismos sentimientos de respeto, estima y amor fraterno, y para ayudar a que estos se desarrollen plenamente, tienen la intención de inaugurar entre la Iglesia Católica Romana y la Comunión Anglicana un diálogo serio que, fundado en los Evangelios y en las antiguas tradiciones comunes, pueda conducir a esa unidad en la verdad por la que Cristo oró.

El diálogo debe abarcar no solo cuestiones teológicas como la Sagrada Escritura, la Tradición y la Liturgia, sino también las dificultades prácticas que ambas partes puedan experimentar. Su Santidad el Papa y Su Gracia el Arzobispo de Canterbury son conscientes de que existen serios obstáculos para la restauración de la plena comunión de fe y la vida sacramental; sin embargo, coinciden en su determinación de promover contactos responsables entre sus Comuniones en todos aquellos ámbitos de la vida eclesial donde la colaboración pueda conducir a una mayor comprensión y una caridad más profunda, y de esforzarse conjuntamente por encontrar soluciones a todos los grandes problemas que afrontan quienes creen en Cristo en el mundo actual.

Mediante esta colaboración, por la gracia de Dios Padre y a la luz del Espíritu Santo, que la oración de Nuestro Señor Jesucristo por la unidad entre sus discípulos se acerque a su cumplimiento, y que con el progreso hacia la unidad se fortalezca la paz en el mundo, la paz que solo Él puede conceder, quien da “la paz que sobrepasa todo entendimiento”, junto con la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que permanezca con todos los hombres para siempre.
 

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