viernes, 21 de abril de 2006

EL CARDENAL RETIRADO MARTINI, DICE QUE EL ABORTO LEGAL ES "POSITIVO"

El polémico cardenal Carlo Maria Martini, favorito de los disidentes liberales dentro de la Iglesia católica, muchos de los cuales esperaban que fuera elegido Papa, ofreció una entrevista sobre el aborto, la investigación con embriones, el SIDA y el uso de condones para el semanario italiano L'Espresso. 

La entrevista, un diálogo con el experto en bioética italiano Ignazio Marino, revela públicamente la opinión divergente del Cardenal sobre asuntos de sexualidad con la Iglesia Católica. Aunque se retiró a la edad 75 en 2002, el ex arzobispo de Milán sigue siendo un favorito de los medios liberales.

La entrevista completa publicada hoy en italiano (aquí:http://www.espressonline.it/eol/free/jsp/detail.jsp?type=cs ) no ha sido comentada por el Vaticano. El Presidente de la Academia Pontificia para la vida, el obispo Elio Sgreccia dijo que comentaría sobre ella una vez que lo haya revisado.

En la ruptura más grande y obvia con la enseñanza de la Iglesia, el Cardenal se refiere al aborto legal como "positivo" en la medida en que "ha contribuido a reducir y eliminar los abortos ilegales".

En la entrevista, el Cardenal recomienda despenalizar el aborto. Lamenta el hecho de que el estado no puede diferenciar entre los delitos punibles y los que no es conveniente perseguir con la sanción penal. "Eso no significa una 'licencia para matar'", dijo. Agregó rápidamente que el estado debería concentrarse en disminuir el aborto, sobre todo en embarazos posteriores. Sus declaraciones más fuertes contra el aborto se produjeron cuando dijo que "de ninguna manera se debe usar como un remedio para la sobrepoblación", como ocurre en algunos países .

Con respecto al uso de condones en el contexto de una discusión sobre el VIH / SIDA, dijo: “Ciertamente, el uso de condones puede, en ciertas circunstancias, constituir un mal menor. La pregunta es si las autoridades religiosas deberían anunciar este tipo de medios de protección”.

En la investigación con embriones, el Cardenal presume que tiene ciencia de su lado, ya que sugiere que después de la fertilización, pero antes de la unión de los dos pronúcleos (syngamia), la investigación destructiva sobre el embrión (que el Cardenal no considera como tal) no es objetable. Argumenta a favor de “dejar las decisiones sobre la realización de tales investigaciones a las conciencias de los investigadores”.

Con respecto a la procreación artificial, el Cardenal está abierto a ello. Sugiere, falsamente, que “el rechazo absoluto de la Iglesia a la fertilización in vitro estaba basado sobre todo en el problema del destino de los embriones”, y como tales problemas, afirma, “se puede superar actualmente con la ciencia, la objeción total a la FIV podría ser eliminada”.
Sin embargo, la Iglesia Católica se opone a la FIV y técnicas similares de procreación artificial principalmente porque privan al niño concebido del derecho a ser concebido en la unión amorosa de un esposo y una esposa en el acto matrimonial. La muerte de los embriones que es incidental a la FIV. Es una razón más para estar en contra de tales procedimientos, como lo son las indignidades y los peligros asociados con la procreación artificial. Esa enseñanza se presentó más recientemente en 1987 en un documento llamado Donum Vitae que, aunque aprobado por el entonces Papa Juan Pablo II, fue preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y firmada por el ex jefe de esa Congregación, el entonces cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI. (vea Donum Vitae aquí: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19870222_respect-for-human-life_en.html )


LifeSiteNews


sábado, 15 de abril de 2006

HOMILÍA DE BENEDICTO XVI DURANTE LA VIGILIA PASCUAL


HOMILÍA DE BENEDICTO XVI

DURANTE LA 

VIGILIA PASCUAL

“¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado” (Mc 16, 6). Así dijo el mensajero de Dios, vestido de blanco, a las mujeres que buscaban el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Y lo mismo nos dice también a nosotros el evangelista en esta noche santa: Jesús no es un personaje del pasado. Él vive y, como ser viviente, camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo a Él, el viviente, y a encontrar así también nosotros el camino de la vida.

“Ha resucitado..., no está aquí”. Cuando Jesús habló por primera vez a los discípulos sobre la cruz y la resurrección, estos, mientras bajaban del monte de la Transfiguración, se preguntaban qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos” (Mc 9, 10). En Pascua nos alegramos porque Cristo no ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha conocido la corrupción; pertenece al mundo de los vivos, no al de los muertos; nos alegramos porque Él es –como proclamamos en el rito del cirio pascual– Alfa y al mismo tiempo Omega, y existe por lo tanto, no sólo ayer, sino también hoy y por la eternidad (cf. Hb 13, 8). Pero, en cierto modo, vemos la resurrección tan fuera de nuestro horizonte, tan extraña a todas nuestras experiencias, que, entrando en nosotros mismos, continuamos con la discusión de los discípulos: ¿En qué consiste propiamente eso de “resucitar”? ¿Qué significa para nosotros? ¿Y para el mundo y la historia en su conjunto? Un teólogo alemán dijo una vez con ironía que el milagro de un cadáver reanimado –si es que eso hubiera ocurrido verdaderamente, algo en lo que no creía– sería a fin de cuentas irrelevante para nosotros porque, justamente, no nos concierne. En efecto, el que solamente una vez alguien haya sido reanimado, y nada más, ¿de qué modo debería afectarnos? Pero la resurrección de Cristo es precisamente algo más, una cosa distinta. Es –si podemos usar por una vez el lenguaje de la teoría de la evolución– la mayor “mutación”, el salto más decisivo en absoluto hacia una dimensión totalmente nueva, que se haya producido jamás en la larga historia de la vida y de sus desarrollos: un salto de un orden completamente nuevo, que nos afecta y que atañe a toda la historia.

Por lo tanto, la discusión comenzada con los discípulos comprendería las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que sucedió allí? ¿Qué significa eso para nosotros, para el mundo en su conjunto y para mí personalmente? Ante todo: ¿Qué sucedió? Jesús ya no está en el sepulcro. Está en una vida nueva del todo. Pero, ¿cómo pudo ocurrir eso? ¿Qué fuerzas han intervenido? Es decisivo que este hombre Jesús no estuviera solo, no fuera un Yo cerrado en sí mismo. Él era uno con el Dios vivo, unido talmente a Él que formaba con Él una sola persona. Se encontraba, por así decir, en un mismo abrazo con Aquél que es la vida misma, un abrazo no solamente emotivo, sino que abarcaba y penetraba su ser. Su propia vida no era solamente suya, era una comunión existencial con Dios y un estar insertado en Dios, y por eso no se le podía quitar realmente. Él pudo dejarse matar por amor, pero justamente así destruyó el carácter definitivo de la muerte, porque en Él estaba presente el carácter definitivo de la vida. Él era una cosa sola con la vida indestructible, de manera que ésta brotó de nuevo a través de la muerte. Expresemos una vez más lo mismo desde otro punto de vista.

Su muerte fue un acto de amor. En la última Cena, Él anticipó la muerte y la transformó en el don de sí mismo. Su comunión existencial con Dios era concretamente una comunión existencial con el amor de Dios, y este amor es la verdadera potencia contra la muerte, es más fuerte que la muerte. La resurrección fue como un estallido de luz, una explosión del amor que desató el vínculo hasta entonces indisoluble del “morir y devenir”. Inauguró una nueva dimensión del ser, de la vida, en la que también ha sido integrada la materia, de manera transformada, y a través de la cual surge un mundo nuevo.

Está claro que este acontecimiento no es un milagro cualquiera del pasado, cuya realización podría ser en el fondo indiferente para nosotros. Es un salto cualitativo en la historia de la “evolución” y de la vida en general hacia una nueva vida futura, hacia un mundo nuevo que, partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo nuestro, lo transforma y lo atrae hacia sí. Pero, ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo puede llegar efectivamente este acontecimiento hasta mí y atraer mi vida hacia Él y hacia lo alto? La respuesta, en un primer momento quizás sorprendente pero completamente real, es la siguiente: dicho acontecimiento me llega mediante la fe y el bautismo. Por eso el Bautismo es parte de la Vigilia pascual, como se subraya también en esta celebración con la administración de los sacramentos de la iniciación cristiana a algunos adultos de diversos países. El Bautismo significa precisamente que no es un asunto del pasado, sino un salto cualitativo de la historia universal que llega hasta mí, tomándome para atraerme. El Bautismo es algo muy diverso de un acto de socialización eclesial, de un ritual un poco fuera de moda y complicado para acoger a las personas en la Iglesia. También es más que una simple limpieza, una especie de purificación y embellecimiento del alma. Es realmente muerte y resurrección, renacimiento, transformación en una nueva vida.

¿Cómo lo podemos entender? Pienso que lo que ocurre en el Bautismo se puede aclarar más fácilmente para nosotros si nos fijamos en la parte final de la pequeña autobiografía espiritual que san Pablo nos ha dejado en su Carta a los Gálatas. Concluye con las palabras que contienen también el núcleo de dicha biografía: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (2, 20). Vivo, pero ya no soy yo. El yo mismo, la identidad esencial del hombre –de este hombre, Pablo– ha cambiado. Él todavía existe y ya no existe. Ha atravesado un “no” y sigue encontrándose en este “no”: Yo, pero “no” más yo. Con estas palabras, Pablo no describe una experiencia mística cualquiera, que tal vez podía habérsele concedido y, si acaso, podría interesarnos desde el punto de vista histórico. No, esta frase es la expresión de lo que ha ocurrido en el Bautismo. Se me quita el propio yo y es insertado en un nuevo sujeto más grande. Así, pues, está de nuevo mi yo, pero precisamente transformado, bruñido, abierto por la inserción en el otro, en el que adquiere su nuevo espacio de existencia. Pablo nos explica lo mismo una vez más bajo otro aspecto cuando, en el tercer capítulo de la Carta a los Gálatas, habla de la “promesa” diciendo que ésta se dio en singular, a uno solo: a Cristo. Sólo él lleva en sí toda la “promesa”.

Pero, ¿qué sucede entonces con nosotros? Vosotros habéis llegado a ser uno en Cristo, responde Pablo (cf. Ga 3, 28). No sólo una cosa, sino uno, un único, un único sujeto nuevo. Esta liberación de nuestro yo de su aislamiento, este encontrarse en un nuevo sujeto es un encontrarse en la inmensidad de Dios y ser trasladados a una vida que ha salido ahora ya del contexto del “morir y devenir”. El gran estallido de la resurrección nos ha alcanzado en el Bautismo para atraernos.

Quedamos así asociados a una nueva dimensión de la vida en la que, en medio de las tribulaciones de nuestro tiempo, estamos ya de algún modo inmersos. Vivir la propia vida como un continuo entrar en este espacio abierto: éste es el sentido del ser bautizado, del ser cristiano. Ésta es la alegría de la Vigilia pascual. La resurrección no ha pasado, la resurrección nos ha alcanzado e impregnado. A ella, es decir al Señor resucitado, nos sujetamos, y sabemos que también Él nos sostiene firmemente cuando nuestras manos se debilitan. Nos agarramos a su mano, y así nos damos la mano unos a otros, nos convertimos en un sujeto único y no solamente en una sola cosa. Yo, pero no más yo: ésta es la fórmula de la existencia cristiana fundada en el bautismo, la fórmula de la resurrección en el tiempo. Yo, pero no más yo: si vivimos de este modo transformamos el mundo. Es la fórmula de contraste con todas las ideologías de la violencia y el programa que se opone a la corrupción y a las aspiraciones del poder y del poseer.

“Viviréis, porque yo sigo viviendo”, dice Jesús en el Evangelio de San Juan (14, 19) a sus discípulos, es decir, a nosotros. Viviremos mediante la comunión existencial con Él, por estar insertos en Él, que es la vida misma. La vida eterna, la inmortalidad beatífica, no la tenemos por nosotros mismos ni en nosotros mismos, sino por una relación, mediante la comunión existencial con Aquél que es la Verdad y el Amor y, por lo tanto, es eterno, es Dios mismo. La mera indestructibilidad del alma, por sí sola, no podría dar un sentido a una vida eterna, no podría hacerla una vida verdadera. La vida nos llega del ser amados por Aquél que es la Vida; nos viene del vivir con Él y del amar con Él. Yo, pero no más yo: ésta es la vía de la Cruz, la vía que “cruza” una existencia encerrada solamente en el yo, abriendo precisamente así el camino a la alegría verdadera y duradera.

De este modo, llenos de gozo, podemos cantar con la Iglesia en el Exultet: “Exulten por fin los coros de los ángeles... Goce también la tierra”. La resurrección es un acontecimiento cósmico, que comprende cielo y tierra, y asocia el uno con la otra. Y podemos proclamar también con el Exultet: “Cristo, tu hijo resucitado... brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos”. Amén.
 

viernes, 7 de abril de 2006

RADCLIFFE: LA IGLESIA DEBE APOYAR A LOS HOMOSEXUALES

El sábado por la mañana, en Los Ángeles, el “padre” Timothy Radcliffe, maestro general de la orden dominica mundial de 1992 a 2001, pronunció una conferencia sobre “La Iglesia como signo de esperanza y libertad”.


Sobre el tema de la iglesia y la homosexualidad, Radcliffe pidió que la iglesia “apoye” a los homosexuales.

“Debemos 'acompañarlos' mientras 'disciernen' lo que esto significa, permitiendo que nuestras imágenes se abran”, dijo. “Esto significa ver 'Brokeback Mountain' [Nota: una película sobre un “romance” homosexual], leer novelas gay, vivir con nuestros amigos gays y escuchar con ellos mientras ellos escuchan al Señor”.

“Incluso cuando sentimos que los homosexuales están yendo en la dirección equivocada, debemos 'caminar con ellos'”.

Radcliffe abordó más tarde lo que llamó las “divisiones ideológicas en la iglesia en los Estados Unidos”, diciendo que le parecían “más profundas que en cualquier otro lugar del mundo”.

“No seremos un signo de la libertad de Dios hasta que podamos atrevernos a pertenecer unos a otros más allá de todas las fronteras teológicas”, dijo Radcliffe en el estadio de Anaheim.

Radcliffe pidió compasión para varios grupos, incluidos los sacerdotes depredadores sexuales, a quienes describió como “los leprosos de la iglesia moderna, los impuros a quienes tememos tocar”.




lunes, 6 de marzo de 2006

POR QUÉ LOS NUEVOS OBISPOS NO SON VERDADEROS OBISPOS

Resumen del artículo del padre Cekada que refuta la afirmación de la FSSPX de que los obispos del Novus Ordo son obispos válidos.


LOS LECTORES de The Angelus probablemente se sorprendieron el año pasado cuando recibieron el número de diciembre de 2005 con su artículo principal titulado "Por qué es válido el nuevo rito de consagración episcopal". ¿De qué  se trataba? ¿Y por qué una revista tradicionalista publicada por la FSSPX puso en su portada a obispos concelebrantes del Novus Ordo?

Por el padre Anthony Cekada


Los tradicionalistas siempre se han preocupado sobre la validez de la Nueva Misa. Pero la cuestión de si las Órdenes Sagradas conferidas con los ritos posteriores al Vaticano II son válidas apenas se ha discutido, a pesar de que el clero ordenado por obispos consagrados en el nuevo rito -sacerdotes diocesanos, miembros de la Fraternidad de San Pedro, Instituto de Cristo Rey, etc.- ofrecen ahora Misas tradicionales en todas partes. Si los obispos que ordenaron a estos sacerdotes no eran verdaderos obispos, obviamente, las personas que asisten a tales misas adoran y reciben sólo pan.

Tras la elección de Benedicto XVI en 2005, el tema empezó a surgir cada vez más. Joseph Ratzinger había sido consagrado con el nuevo rito el 28 de mayo de 1977. ¿Era él, aparte de la cuestión de si es o no un verdadero verdadero Papa, un verdadero obispo?

En el verano de 2005, un grupo de tradicionalistas franceses publicó el primer volumen de Rore Sanctifica, un libro de documentación y comentarios sobre el Rito de Consagración Episcopal de Pablo VI (rore-sanctifica.org).

El estudio, en cuya portada aparecen fotos de Ratzinger y del Superior General de la FSSPX, Mons. Bernard Fellay, concluye que el nuevo rito no es válido. (Desde entonces han aparecido otros tres volúmenes).

Esto llamó la atención de los altos mandos de la FSSPX en Europa, que para entonces estaban negociando con Benedicto XVI para obtener un estatus especial en la Iglesia del Vaticano II.

¿Cómo podrían los superiores de la FSSPX vender a los tradicionalistas la idea de unirse a un Papa que tal vez ni siquiera sea un verdadero obispo?

Cuando estuve en la FSSPX hace más de dos décadas, el padre Franz Schmidberger promovía ya entonces la idea de que el nuevo rito de consagración episcopal era válido. Ahora, sin embargo, tal vez se pensó que era impolítico que un miembro tan prominente de la FSSPX expusiera este caso directamente, no fuera a ser rechazado sumariamente o, peor aún, provocara una reacción violenta entre los fieles.

En cambio, los dominicos de Avrillé, Francia, una Orden Religiosa tradicionalista en la órbita de la FSSPX, fueron designados para tratar de hacer un caso convincente de validez, proporcionando así a los superiores de la FSSPX un poco de margen de maniobra para la "negabilidad plausible".
El padre Pierre-Marie OP produjo debidamente un extenso artículo argumentando la validez del nuevo rito. Esto apareció el año pasado en la revista trimestral de los dominicos, Sel de la Terre.

Los superiores europeos de la FSSPX siempre han considerado América como la tierra de los "duros" de mentalidad independiente, por lo que el artículo del padre Pierre-Marie fue traducido inmediatamente al inglés y publicado en The Angelus con un diseño elaborado y llamativo.

El artículo contiene cuadros comparativos con textos latinos y está repleto de notas a pie de página. Una nota editorial destaca su estilo "tomista", y el autor nos asegura que "procederá según el método escolástico para tratar el tema con el mayor rigor posible".

Todo esto podría intimidar al lector para que acepte la validez del nuevo rito, o al menos aturdirlo para que guarde silencio.

Pero las cosas no son lo que parecen. Las columnas del padre Pierre-Marie, si se examinan con detenimiento, resultan ser comparaciones de textos de manzanas y naranjas. Sus notas a pie de página no citan ninguna obra de teología moral sacramental - la disciplina que se ocupa de la validez de los sacramentos. Y a pesar de su supuesto estilo "tomista", el padre Pierre-Marie nunca logró centrarse en las dos cuestiones centrales:

(1) ¿Qué principios emplea la teología católica para determinar si una forma sacramental (la fórmula esencial de un rito sacramental) es válida o inválida?

(2) ¿Cómo se aplican esos principios al el nuevo rito de consagración episcopal?

Con estos dos puntos en mente, me senté a escribir un estudio propio sobre el nuevo rito. Durante muchos años, había esperado encontrar tiempo para abordar este tema y ya había recopilado una gran cantidad de material de investigación.

El artículo resultante se titula "Absolutamente Nulo y Totalmente Vacío" (una frase del pronunciamiento del Papa León XIII sobre la invalidez de las órdenes anglicanas).

Completé el artículo el 25 de marzo de 2006. Más tarde noté que esta fecha era el decimoquinto aniversario de la muerte de monseñor Lefebvre. Esto lo consideré providencial, porque el mismo Arzobispo me había dicho personalmente en la década de 1970 que consideraba inválido el nuevo rito de consagración episcopal.

A continuación se presenta un breve resumen del artículo. Invito a los lectores a consultar el original para más detalles.


I. Principios generales

(1) Cada sacramento tiene una forma (fórmula esencial) que produce su efecto sacramental. Cuando se introduce un cambio sustancial de significado en la forma sacramental mediante la corrupción u omisión de palabras esenciales, el sacramento se invalida (=no "funciona", o no produce el efecto sacramental).

(2) Las formas sacramentales aprobadas para su uso en los ritos orientales de la Iglesia católica a veces tienen una redacción diferente de las formas del rito latino. Sin embargo, son los mismos en sustancia, y son válidos.

(3) Pío XII declaró que la forma de las Órdenes Sagradas (es decir, para el diaconado, el sacerdocio y el episcopado) debe significar unívocamente (=inequívocamente) los efectos sacramentales: el poder del Orden y la gracia del Espíritu Santo.

(4) Para conferir el episcopado, Pío XII designó como forma sacramental una oración en el Rito tradicional de la Consagración Episcopal que expresa unívocamente (a) el poder de la Orden que recibe un obispo y (b) la gracia del Espíritu Santo.


II. Aplicación al Nuevo Formulario

(1) El formulario de Pablo VI para la consagración episcopal aparece en un Prefacio especial en el rito, y el texto completo del formulario es el siguiente:

“Así que ahora derrama sobre este elegido el poder que viene de ti, el Espíritu rector que diste a los tu Hijo amado, Jesucristo, el Espíritu dado por él a los santos apóstoles, que fundaron la Iglesia en todo lugar para ser tu templo para gloria y alabanza incesantes de tu nombre”.

Otra traducción sería:

“Infunde ahora sobre este, tu elegido, la fuerza que de ti procede, el Espíritu de gobierno que diste a tu amado Hijo, Jesucristo, y él, a su vez, comunicó a los santos apóstoles, quienes establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar, para gloria y alabanza incesante de tu nombre”

Aunque parece mencionar la gracia del Espíritu Santo, el nuevo formulario no parece especificar el poder del Orden supuestamente conferido. ¿Puede conferir el episcopado? Para responder a esta pregunta aplicamos los principios expuestos en la sección I.

(2) El breve formulario Pablo VI para la consagración episcopal no es idéntico a los largos formularios del rito oriental y, a diferencia de ellos, no menciona los poderes sacramentales propios solo de un obispo (por ejemplo, ordenar). Además, las oraciones del Rito Oriental a las que más se parece el Prefacio de consagración de Pablo VI son oraciones no sacramentales para las instalaciones de los Patriarcas Maronitas y Sirios, que ya eran obispos cuando fueron nombrados. En resumen, no se puede argumentar (como hace el artículo de The Angelus) que el formulario de Pablo VI está "en uso en dos ritos orientales ciertamente válidos" y que, por lo tanto, es válido.

(3) Varios textos antiguos (Hipólito, las Constituciones Apostólicas y el Testamento de Nuestro Señor) comparten algunos elementos comunes con el Prefacio de consagración de Pablo VI que rodea la nueva forma, y ​​el artículo de The Angelus los cita como evidencia para apoyar el argumento de que el nuevo rito es válido. Pero todos estos textos han sido "reconstruidos", son de origen cuestionable, pueden no representar un uso litúrgico real o plantear otros problemas. No hay evidencia de que fueran formas sacramentales "aceptadas y usadas por la Iglesia como tal", un criterio que establece la constitución de Pío XII sobre las Órdenes Sagradas. Por lo tanto, estos textos no brindan evidencia confiable para respaldar el argumento de la validez de la forma de Pablo VI.

(4) El problema clave del nuevo formulario gira en torno a la expresión Espíritu rector (Spiritus principalis en latín). Antes y después de la promulgación del Rito de Consagración Episcopal de 1968, el significado de esta expresión provocó preocupaciones sobre si significaba suficientemente el sacramento. Incluso un obispo de la comisión Vaticana que creó el nuevo rito planteó esta cuestión.

(5) Dom Bernard Botte, el modernista que fue el principal creador del nuevo rito, sostenía que, para el cristiano del siglo III, Espíritu rector connotaba el episcopado, porque los obispos tienen "el espíritu de autoridad" como "gobernantes de la Iglesia". Spiritus principalis significa "el don de un Espíritu propio de un líder".

(6) Esta explicación es falsa y engañosa. La referencia a diccionarios, un comentario de las Escrituras, los Padres de la Iglesia, un tratado dogmático y ceremonias de investidura no sacramentales del Rito Oriental revela que, entre una docena de significados diferentes y a veces contradictorios, Espíritu rector no significa específicamente ni el episcopado en general ni la plenitud del Orden Sagrado que posee el obispo.

(7) Antes de que surgiera la controversia al respecto, Dom Botte incluso dijo que no veía cómo la omisión de la expresión Espíritu rector cambiaría la validez del rito de consagración.

(8) La nueva forma no cumple con dos criterios para la forma de las Órdenes Sagradas establecidas por Pío XII. (a) Debido a que el término Espíritu rector es capaz de significar muchas cosas y personas diferentes, no significa unívocamente el efecto sacramental. (b) La nueva forma carece de cualquier término que incluso equívocamente connote el poder de Orden que posee un obispo: la "plenitud del sacerdocio de Cristo en el oficio y orden episcopal", o "la plenitud o totalidad del ministerio sacerdotal".

(9) Por estas razones, la nueva forma constituye un cambio sustancial en el significado de la forma sacramental para conferir el episcopado.

(10) Un cambio sustancial en el significado de una forma sacramental, de acuerdo con los principios de la teología moral sacramental, hace que un sacramento sea inválido.


III. Conclusión: es un sacramento inválido

En consecuencia, una consagración episcopal conferida con la forma sacramental promulgada por Pablo VI en 1968 es inválida, es decir, no puede crear un obispo real.

Los sacerdotes y otros obispos que derivan sus órdenes de tales obispos son, entonces, también inválidamente ordenados y consagrados. En consecuencia, son igualmente inválidos los sacramentos que confieran o confeccionen que dependan del carácter sacerdotal o episcopal (Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción, Orden Sagrado).


IV. Respuestas a las Objeciones

(1) “El contexto hace que la forma sea válida”. El lenguaje en otras partes del rito no puede curar este defecto, porque un elemento esencial de la forma (el poder del Orden) no solo es ambiguo, sino que falta por completo.

(2) “El formulario fue aprobado por el Papa”. Según Trento y Pío XII, la Iglesia no tiene el poder de cambiar la sustancia de un sacramento. La omisión del poder de Orden de la nueva forma cambia la sustancia de un sacramento, por lo que incluso si Pablo VI hubiera sido un verdadero Papa, no habría tenido el poder de hacer tal cambio. En todo caso, su intento de hacerlo demuestra que no fue un verdadero Papa.

* * * * *

LA RAZÓN por la que el rito Novus Ordo para nombrar obispos no es válido se puede resumir en una frase: Los modernistas cambiaron las palabras esenciales eliminando la idea de la plenitud del sacerdocio.

Invito a los lectores a imprimir, fotocopiar y distribuir mi artículo “Absolutamente nulo y completamente vacío” a otros católicos tradicionales, especialmente a clérigos y laicos afiliados a la FSSPX, muchos de los cuales tal vez ya tengan serias reservas sobre la validez del nuevo rito.




lunes, 27 de febrero de 2006

¿POR QUÉ EL SACERDOCIO SEGUIRÁ CONVIRTIÉNDOSE EN UNA PROFESIÓN "GAY"?

Un análisis de nuevo documento Vaticano sobre la admisión de homosexuales en los seminarios.

Por Dale Vree


Llevamos nueve largos años esperando este documento sobre la homosexualidad en los seminarios. Su título es extenso: “Instrucción sobre los criterios para el discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las Órdenes Sagradas” (en adelante, “Sobre la homosexualidad”).

Obviamente, el documento fue redactado por un comité —o varios— con la intención de complacer a la mayor cantidad de personas posible. Pero nosotros no estamos satisfechos, ni un ápice.

Tengamos en cuenta que este documento trata sobre “disciplina” (o, mejor dicho, indisciplina).

La frase más indignante es “respetando profundamente” a quienes “practican la homosexualidad”. Así pues, deberíamos tener un profundo respeto por quienes cometen actos homosexuales, que son pecados mortales. Siguiendo esa lógica, deberíamos tener un profundo respeto por los fornicadores, adúlteros y pedófilos.

El documento de 1961

El 2 de febrero de 1961, la Santa Sede promulgó un documento titulado “Cuidadosa selección y formación de candidatos para los estados de perfección y las órdenes sagradas”, firmado por Juan XXIII. La sección pertinente contenía una sola frase sobre la homosexualidad: “Se debería prohibir el acceso a los votos religiosos y a la ordenación a quienes padecen tendencias malignas hacia la homosexualidad o la pederastia, ya que para ellos la vida en común y el ministerio sacerdotal constituirían graves peligros” (n° 30; cursiva añadida). Eso era todo lo que el nuevo documento, “Sobre la homosexualidad”, necesitaba reafirmar.

Entonces, ¿cómo pasamos de las “tendencias malignas” (es decir, solo la orientación) a tener un “respetar profundamente” los actos homosexuales en el documento “Sobre la homosexualidad”?

Hasta la publicación de “Sobre la homosexualidad”, el documento de 1961 nunca fue abrogado y seguía vigente. De hecho, el 16 de mayo de 2002, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano reiteró la política: “La ordenación al diaconado y al sacerdocio de hombres homosexuales o con tendencias homosexuales es absolutamente desaconsejable e imprudente y, desde el punto de vista pastoral, muy arriesgada. Por lo tanto, una persona homosexual, o con tendencia homosexual, no es apta para recibir el sacramento del Orden Sagrado”. Fue publicada en el número de noviembre-diciembre de Notitiae, lo que significa que era la posición de la Santa Sede. Por supuesto, esta política había sido y seguía siendo violada por muchos “obispos”, “superiores mayores”, “rectores” de seminarios y “directores de vocaciones”.

A principios de 1997, la Congregación para el Culto Divino emitió una carta a los obispos de todo el mundo con directrices para los candidatos al seminario. Una de las condiciones era “suficiente madurez afectiva y una identidad sexual claramente masculina”. En el documento publicado recientemente, “Sobre la homosexualidad”, el candidato “debe alcanzar la madurez afectiva” pero no se menciona la necesidad de tener una identidad sexual claramente masculina.

“Sobre la homosexualidad” derogando la política anterior

“Sobre la homosexualidad” se refiere a “tendencias homosexuales profundamente arraigadas” que supuestamente impedirían el ingreso al seminario. Se ha expresado mucha consternación sobre qué se entiende por “tendencias homosexuales profundamente arraigadas”. 

Pero “Sobre la homosexualidad” ofrece un contraste con estas tendencias: se refiere a “tendencias homosexuales que fuesen sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada”. En estos casos, un homosexual cuya homosexualidad aún no ha sido superada puede ser admitido en el seminario. El contraste entre “tendencias homosexuales profundamente arraigadas” y “un problema transitorio... por una adolescencia todavía no terminada”, es bastante confuso.

El Catecismo (n° 2357-2359) distingue claramente entre “actos” homosexuales y “tendencias homosexuales arraigadas” (también denominadas “inclinación” o “condición”, que en Estados Unidos se suele llamar “orientación”). Sin embargo, el Catecismo no habla de “un problema transitorio”. Entonces, ¿qué es un “problema transitorio”?

Resulta que ahora, un “problema transitorio” puede incluir los actos homosexuales. El “cardenal” Zenón Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica, que publicó la circular “Sobre la homosexualidad” y es responsable de su aplicación, concedió una entrevista a Radio Vaticana el 29 de noviembre de 2005. 

Zenón Grocholewski

Grocholewski, hablando de “problemas transitorios”, dijo: “Por ejemplo, una adolescencia incompleta, algún tipo de curiosidad; o quizás circunstancias accidentales, un estado de embriaguez, tal vez circunstancias particulares como una persona que estuvo encarcelada durante muchos años. En estos casos, los actos homosexuales no provienen de una tendencia [profundamente] arraigada... Estos actos se realizan porque se quiere obtener algún tipo de ventaja... Estos actos ... no constituyen un obstáculo para el ingreso al seminario ni para las órdenes sagradas”.

El National Catholic Register publicó una entrevista con el “cardenal” Grocholewski (11-17 de diciembre de 2005), donde explicó qué son los “problemas transitorios”. Básicamente dijo lo mismo que en la entrevista con Radio Vaticana, pero añadió: “Puede que se tratara de complacer a un superior o a alguien conocido, o de ganar dinero”. Además agregó que “los problemas transitorios” podrían implicar “experiencias ocurridas bajo la influencia del alcohol, las drogas o la coacción”. El periódico neoconservador Register no presentó ninguna objeción a nada de esto, ni siquiera en su editorial del mismo número.

Esto sin duda abre la caja de Pandora. Así que puedes estar en la cárcel durante “muchos años” y cometer actos homosexuales, y aun así ser admitido en el seminario. Puedes cometer actos homosexuales en estado de embriaguez o bajo la influencia de drogas ilegales, y eso está bien. Puedes cometer actos homosexuales para obtener algún tipo de ventaja, y eso está bien. Puedes complacer a un superior o a otra persona, y eso está bien. Puedes cometer actos homosexuales para ganar dinero —lo que incluiría ser un prostituto gay— y eso está bien. ¡Dios mío, esto es un descontrol total!

Dejando de lado los actos homosexuales, ¿queremos sacerdotes que hayan estado encarcelados durante muchos años, que sean drogadictos, que vendan sus cuerpos (y sus almas) por dinero? Esto es horrible en sí mismo.

Además, cualquier candidato al seminario podría decir que su problema con la homosexualidad no es profundo, sino solo transitorio. Nada cambiará con respecto a la admisión de homosexuales en el seminario.

Incluso si la homosexualidad de un seminarista no es “profundamente arraigada”, probablemente lo será al ser colocado en un entorno exclusivamente masculino durante cinco a ocho años, durmiendo en habitaciones con hombres. Colocar a homosexuales en un entorno masculino es lo que se denomina “ocasión de pecado”, es decir, conduce a tentaciones profundas. Sería lo mismo que colocar a hombres heterosexuales en un convento o un monasterio durante cinco a ocho años, dejarlos dormir en habitaciones con jovencitas y mujeres, y ver cuánto tiempo permanecen castos.

Incluso las tendencias homosexuales (sin cometer el acto) son consideradas por la Iglesia como “objetivamente desordenadas” (Catecismo, n° 2358). Lo que es objetivamente desordenado inclina a cometer un mal moral intrínseco, en el caso de la homosexualidad, un pecado mortal. Un solo desliz por parte de un seminarista o sacerdote, y queda expuesto al chantaje para siempre. Al igual que muchos “obispos” y “cardenales” ahora, lo que explica en gran medida por qué tenemos este ridículo documento “Sobre la homosexualidad”. Al menos nueve “obispos” han tenido que retirarse debido a actos homosexuales, y no fue porque sus “hermanos obispos” los expusieron.

Bajo un “problema transitorio”, el nuevo documento, “Sobre la homosexualidad”, dice que el problema “deberá ser claramente superado al menos tres años antes de la Ordenación diaconal” [que precede a ser sacerdote por aproximadamente un año]". Y el “cardenal” Grocholewski reiteró esto. Entonces, ¿cómo se asegura un seminario de eso? ¿Pone a los seminaristas bajo arresto domiciliario o en confinamiento solitario durante tres años? Por supuesto que no. Esta regla de tres años sería muy fácil de falsificar.

El documento de 1961 fue firmado por el “liberal” Juan XXIII. “Sobre la homosexualidad” fue firmado por Benedicto XVI, supuestamente un “conservador”. Con sus nuevas políticas, Benedicto ha perdido su credibilidad como conservador. Benedicto ha regalado todo.

Además, “Sobre la homosexualidad” dice: “La llamada a las Órdenes es responsabilidad personal del Obispo o del Superior Mayor”. Es obvio que nada cambiará, ya que muchos “obispos” y muchos “superiores mayores” (junto con sus “rectores” y “directores de vocaciones”) son el problema en primer lugar. Son ellos quienes han estado admitiendo homosexuales en el seminario. Los homosexuales representan alrededor del 2 % de la población masculina y se estima que entre el 25 y el 50 % de los seminaristas son homosexuales, y en ciertos seminarios la población rosa el porcentaje es mucho mayor.

George Niederauer

En respuesta a “Sobre la homosexualidad”, numerosos “obispos” (incluido el “obispo” George Niederauer, de quien hablaremos más adelante) y numerosos “superiores mayores” y “rectores” de seminarios han declarado que continuarán haciendo lo que han estado haciendo, es decir, admitiendo homosexuales. ¿Y quién puede culparlos? Porque “Sobre la homosexualidad” no tiene fuerza. Como dijo Mao, es un “tigre de papel”.

Según una noticia en The New York Times (15 de septiembre de 2005), el “padre” Thomas Reese, SJ, ex editor jefe de America, afirmó que “con la escasez de sacerdotes, la Iglesia difícilmente puede permitirse el lujo de expulsar a seminaristas homosexuales”. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. El “padre” Donald Cozzens, ex rector de un seminario, declaró en The Changing Face of the Priesthood que “el sacerdocio es, o se está convirtiendo en, una profesión para homosexuales”. Y seguirá siéndolo, o se convertirá en una profesión para homosexuales, gracias a “Sobre la homosexualidad”.

El Vaticano olvidó —o tal vez no le importó— que con tantos seminaristas homosexuales (incluso en algunas órdenes conservadoras), muchos hombres heterosexuales y viriles no solicitarán ingreso al seminario. Y quienes sí ingresan, a menudo lo abandonan, o, si no guardan silencio sobre la cultura “gay” en el seminario, son expulsados.

Además, un sacerdote heterosexual célibe y casto renuncia al matrimonio y la familia, lo cual es un enorme sacrificio, mientras que un sacerdote homosexual célibe y casto renuncia a lo que es “objetivamente desordenado”, lo que lo inclina a cometer un pecado mortal.

Luego está la cuestión de la pedofilia. Según el Informe John Jay, el 81 % de las víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes eran niños. Hasta junio de 2005, las indemnizaciones conocidas por pedofilia (la gran mayoría de los casos eran pederastia) ascendían a 1.060 millones de dólares. Se han vendido propiedades de la Iglesia para pagar las indemnizaciones. Las diócesis se han declarado en bancarrota. Y las víctimas se han suicidado o han visto sus vidas arruinadas de otras maneras.

Brian W. Clowes y David L. Sonnier realizaron un estudio exhaustivo titulado Child Molestation by Homosexuals and Heterosexuals (Abuso sexual infantil por homosexuales y heterosexuales) (Homiletic & Pastoral Review, mayo de 2005). Entre otras cosas, informan que: 

(1) “Los activistas homosexuales Karla Jay y Allen Young revelaron en su ‘Informe Gay’ de 1979 [Simon and Schuster] que el 73% de todos los homosexuales... abusaban de adolescentes o niños más pequeños”, y 

(2) si bien los homosexuales representan alrededor del dos por ciento de la población masculina, según Archives of Sexual Behavior (vol. 29, n° 5, 2000), “entre el 25 y el 40% de los hombres [que] se sienten atraídos por los niños prefieren a los varones”. 

Si se quiere que la pedofilia, especialmente la pederastia, continúe en el sacerdocio, hay que seguir ordenando homosexuales.

Según el Washington Post (23 de noviembre de 2005), el neoconservador Brian Saint-Paul, nuevo editor de Crisis, recibió con satisfacción el nuevo documento “Sobre la homosexualidad”. El Post lo citó: “El Vaticano ha tomado una sabia decisión al adoptar una postura intermedia en esta disputa”. ¿Es en serio?

William Donohue, de la Liga Católica, también neoconservador, recibió con satisfacción “Sobre la homosexualidad”. Según el artículo en línea de John L. Allen Jr., “The Word From Rome” (25 de noviembre de 2005), Donohue “agradeció los matices del documento”. Donohue afirmó: “El Vaticano actúa con prudencia al no prohibir absolutamente la admisión de homosexuales al sacerdocio...” (Esto no sorprende, ya que Donohue parece tener una postura indulgente respecto a la homosexualidad. Donohue también ha defendido al “padre” Marcial Maciel, de los Legionarios de Cristo, de las acusaciones de pederastia).

Este documento “Sobre la homosexualidad”, era el momento decisivo de Benedicto XVI, pero fracasó. De igual modo, el nombramiento de William Levada como “prefecto” de la Congregación para la Doctrina de la Fe fue el nombramiento más importante que Benedicto XVI realizaría, y también fracasó en ese caso. Luego estuvo la cordial y destacada reunión de Benedicto XVI, de cuatro horas de duración, con el teólogo disidente Hans Küng. 

Hans Küng - Joseph Ratzinger

Los editoriales del National Catholic Reporter (14 de octubre de 2005) elogiaron esta reunión como “verdaderamente refrescante”, “la importancia de [este] símbolo no puede estar lejos de la imaginación de nadie”, y “establece un ejemplo positivo sobre cómo los líderes pueden enfatizar las cosas que nos unen…”. Un editorial de Our Sunday Visitor (20 de noviembre de 2005) añadió: “El Papa Benedicto XVI ha demostrado ser un unificador en lugar de un divisor”. Pero, ¿cómo se reconcilia lo irreconciliable? Preferimos lo que dijo Jesús: “¿Creen que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, sino la división” (Lc. 12:51).

Colleen Carroll Campbell, del Centro de Ética y Políticas Públicas neoconservador, elogió la imagen amable de Benedicto XVI en Our Sunday Visitor (23 de octubre de 2005). Dijo que se predijo que habría “represión teológica” bajo el pontificado de Benedicto XVI. Sin embargo, se complace en decir: “Su lado pastoral ha salido a la luz al tender rápidamente la mano al clero protestante, ortodoxo, judío y musulmán... y al recibir a su archirrival, el padre Küng, en Castel Gandolfo para una charla amistosa en septiembre... A través de su portavoz, el Papa Benedicto XVI elogió los esfuerzos del padre Küng por promover el diálogo con otras religiones...”.

En el editorial de NOR de junio de 2005, elogiaron efusivamente a Benedicto XVI. Hasta ahora, ese editorial ha resultado ser un bochorno. Si el “papa” puede “dialogar” con el archidisidente Küng, entonces parecería que la disidencia ahora es legítima.

El último escándalo fue el nombramiento del “obispo” George Niederauer como “arzobispo” de San Francisco por parte de Benedicto XVI. Niederauer es claramente un defensor de los “derechos” de los homosexuales. Fue pastor de una parroquia en West Hollywood con una gran congregación “gay”, donde afirmó que “los homosexuales son maravillosos”. Como “obispo” de Salt Lake City, se opuso a la prohibición constitucional del “matrimonio” entre personas del mismo sexo. Niega que exista un vínculo entre los sacerdotes homosexuales y el abuso sexual de menores. Ayudó a fundar la Coalición de Líderes Religiosos Preocupados en Utah, que apoya la “tolerancia” hacia los homosexuales. Para colmo, ha recibido elogios de Sam Sinnett, director de Dignity-USA, y Francis DeBernardo, director de New Ways Ministry, ambos grupos integrados por “católicos” abiertamente homosexuales.

Marcial Maciel

A este ritmo, la investigación de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el “padre” Maciel por múltiples actos de pederastia con sus seminaristas probablemente se desvanecerá en el aire. Con Levada, el “encubridor”, al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y con Benedicto XVI sin respetar el documento de 1961 y básicamente respaldando el statu quo respecto a los homosexuales en el sacerdocio, no podemos esperar que el Vaticano haga algo al respecto del caso Maciel.

En su carta electrónica del 8 de marzo de 2005, Karl Keating señaló que durante los 26 años del “papado” de Juan Pablo II, de los cuales Ratzinger fue el guardián doctrinal durante 24 años, solo 24 personas fueron sancionadas. Keating comenta: “¡Eso es menos de uno por año!... La Iglesia Católica cuenta con 1.100 millones de miembros. Esto significa que, en promedio, durante el último cuarto de siglo, el Vaticano ha disciplinado solo a uno de cada mil millones de miembros por año. Esto es lo más cercano a cero que se puede conseguir. ¿Existe alguna organización social, comercial o gubernamental que discipline a un porcentaje tan pequeño de sus miembros?... Si la Iglesia tuviera el tipo de burocracia inquisitorial que imaginan sus críticos, el Vaticano estaría disciplinando a 24 personas cada semana... Sea como sea, 24 casos en 26 años es... ridículo”. Parece que Ratzinger (ahora Benedicto) no es el Panzerkardinal después de todo, no es “el Rottweiler de Dios”.
 
Sí, existe una mafia lavanda en la Iglesia, que llega hasta el Vaticano, y el “papa” Benedicto no hará nada al respecto.


Dale Vree es editor de la
New Oxford Review.
 

sábado, 11 de febrero de 2006

DE LUBAC: RATZINGER DESTRUYÓ EL SANTO OFICIO

En un libro sobre el Vaticano II, el Cardenal Henri de Lubac informa que el autor de la intervención de Fring -que tanto revuelo causó- no fue otro que el padre Joseph Ratzinger, su secretario personal.


Una de las intervenciones más importantes en el Concilio Vaticano II, realizada ante la asamblea de más de 3.000 obispos, fue la del Card. Joseph Frings, Arzobispo de Colonia. En él, criticó duramente los métodos de la Suprema Congregación del Santo Oficio, rebautizada después del Vaticano II como Congregación para la Doctrina de la Fe. La intervención del cardenal Frings recibió una ovación de pie por parte de la mayoría de la asamblea, preparada para dar esta respuesta.

Se ha dicho que ese día, el 8 de noviembre de 1963, el Santo Oficio prácticamente moría. El tiempo confirmó este veredicto.

En un libro sobre el Vaticano II, el Card. Henri de Lubac informa que el autor de la intervención de Fring no fue otro que el padre Joseph Ratzinger, su secretario personal.

Entonces, la elección de Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe habría sido para llevar a cabo la destrucción que él inició en aquella intervención.

En su libro, el Cardenal de Lubac describe lo que sucedió.

una fotocopia del texto en francés


Nuestra traducción del párrafo resaltado en amarillo:

Permítanme recordar algo que sucedió. Joseph Ratzinger, experto en el Concilio, era también secretario particular del Card. Frings, arzobispo de Colonia. Ciego, el anciano cardenal recurría en gran medida a su secretario para redactar sus intervenciones. Ahora bien, una de estas intervenciones se hizo memorable: se trataba de una crítica radical a los métodos del Santo Oficio. A pesar de una réplica del Cardenal Ottaviani, Frings mantuvo su crítica.

No es exagerado decir que aquel día el antiguo Santo Oficio, tal como se presentaba entonces, fue destruido por Ratzinger en unión con su arzobispo.

El cardenal Seper, un hombre lleno de bondad, inició la renovación. Ratzinger, que no cambió, la continúa.

Sería bueno tener presente este episodio.

(Henri de Lubac, Diálogo sobre el Vaticano II, París: Cerf, 1985, p. 123).


Tradition in Action


martes, 31 de enero de 2006

OBISPOS ESTADOUNIDENSES EN LA MIRA

El cardenal Edward Egan, jefe de la arquidiócesis de Nueva York tendría muchos motivos para estar inquieto tras la reciente aparición de una demanda que pasó desapercibida.

Por Kristen Lombardi


La demanda, ahora pendiente en el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Manhattan, fue presentada el 13 de diciembre por Bob (Robert) Hoatson, un sacerdote de Nueva Jersey de 53 años considerado un aliado incondicional entre los sobrevivientes de abuso sexual por parte del clero. Hoatson, el ahora suspendido capellán de Caridades Católicas en Newark, está demandando a Egan y otros nueve funcionarios e instituciones católicas, alegando un patrón de “represalias y acoso” que comenzó después de que Hoatson denunciara el encubrimiento de abusos por parte del clero en Nueva York y comenzara a ayudar a las víctimas.

Pero eso no es todo lo que afirma su demanda. A mitad de la denuncia de 44 páginas, el sacerdote convertido en abogado lanza una bomba contra el cardenal: alega que Egan es “activamente homosexual” y que tiene “conocimiento personal de esto”. Su demanda nombra a otros dos importantes clérigos católicos de la región como activamente homosexuales: el obispo de Albany, Howard Hubbard, y el arzobispo de Newark, John Myers.

No se trata de que Hoatson tenga un problema con, como dice la demanda, “el comportamiento sexual privado y consensual de estos acusados”.

No, lo que Hoatson afirma es que, como líderes de una iglesia que exige el celibato y condena la homosexualidad, los obispos homosexuales activos tienen demasiado miedo de exponerse como para entregar a sacerdotes pedófilos. La homosexualidad encubierta de los obispos, como afirma la demanda, “ha comprometido la capacidad de los acusados ​​para supervisar y controlar a los depredadores, y ha servido como motivo para las represalias”.

Hoatson se da cuenta de a qué se está enfrentando. “Me detuve y pensé detenidamente en estas acusaciones”, dice. “Es hora de que la iglesia enfrente esta disfunción. No podría hacer esto sin presentar una demanda. Lo único a lo que responde la iglesia es a la publicidad negativa o a una demanda. Si siguiera intentando hacer esto dentro del sistema, desaparecería”.

El padre Hoatson

El caso gira en torno a varias reclamaciones legales y estatutarias. Sostiene que Egan y los otros obispos tomaron represalias contra Hoatson por ser un denunciante, que tenían la intención de dañarlo a él y a su carrera, y que participaron en una conspiración para hacerlo.

Joseph Zwilling, portavoz del cardenal Egan, niega las acusaciones y dice: “No hay verdad en ninguna de las declaraciones que ha hecho sobre el cardenal Egan”. Su homólogo en la arquidiócesis de Newark, James Goodness, califica las acusaciones de “evidentemente falsas”. Goodness ha publicado una declaración de cuatro páginas que describe a Hoatson, un sacerdote arquidiocesano con buena reputación hasta que fue puesto en licencia administrativa, como “un individuo con problemas” que cumplió con sus deberes parroquiales para atender a las víctimas.

“Si alguien debería haber sido compadecido durante las asignaciones parroquiales del padre Hoatson -escribe Goodness en la declaración del 14 de diciembre-probablemente tendrían que ser los párrocos que tuvieron que aguantar... las falsedades del padre Hoatson”

El portavoz de Hubbard, Kenneth Goldfarb, arremetió contra el abogado del sacerdote en Manhattan, John Aretakis, un importante enemigo del obispo que ha representado a unas 100 personas que afirman haber sido abusadas sexualmente por clérigos de Albany. “Ésta no es la primera vez que el señor Aretakis hace esas acusaciones”, dijo Goldfarb, atribuyendo la acusación de la supuesta homosexualidad de Hubbard al abogado, no a su cliente. “Todo esto está orquestado por el señor Aretakis. Tiene un largo historial de presentar afirmaciones que no tienen base alguna en los hechos”.

El abogado John Aretakis, representante de las víctimas

Hace dos años, una avalancha de acusaciones de que Hubbard tuvo relaciones sexuales con varios hombres, incluido un estafador callejero adolescente y tres sacerdotes diocesanos, sacudió a las iglesias locales. Hubbard, quien negó los cargos, pidió una investigación y su junta de revisión laica cuidadosamente seleccionada contrató a Mary Jo White, una respetada ex fiscal federal en Manhattan. White recibió 2,2 millones de dólares por una investigación de cuatro meses que terminó eximiendo a Hubbard de todas las acusaciones. Aretakis representó a los dos principales acusadores.

Aretakis le da poco crédito a la investigación y la califica como “la pieza de ficción más cara jamás producida”. Denunció a White por investigar esencialmente a su propio cliente, y él y sus clientes se negaron a cooperar.

Ahora que acusaciones similares están escritas en una demanda, el panorama ha cambiado, ya que Aretakis tiene la plataforma para intentar demostrarlo y dice que está preparado para hacerlo. Dice que ha acumulado una lista de sacerdotes y testigos que han aceptado proporcionar “pruebas de primera mano de las inclinaciones sexuales” de Egan, Hubbard y Myers, si son citados. Algunos han escrito declaraciones que relatan “relaciones homosexuales con estos obispos”, sostiene; y otros conocen personas que han tenido aventuras con los acusados.

Aretakis se negó a mostrarle a Voice cualquier documentación escrita sobre los tres obispos, diciendo: “No quiero mostrar mi mano en un momento en el que no es necesario”. Describió que las pruebas contra Egan y Myers implican contacto consensual con hombres adultos. Egan tiene un historial esporádico de aventuras homosexuales, afirma Aretakis, y la mayoría de ellas se remontan a su época como seminarista. El abogado alega que Myers ha tenido aventuras homosexuales más recientemente, algunas en los últimos cinco años.

Para Hubbard, es una historia diferente. Con la condición de que se protegieran las identidades de sus clientes, Aretakis permitió que Voice viera entrevistas grabadas en video con dos hombres que alegan haber tenido relaciones sexuales con Hubbard por dinero cuando eran adolescentes con problemas, uno en los años 1970 y otro a principios de los 1980. Ninguno de los dos fue incluido en la investigación de White, aunque sus acusaciones se parecen a aquellas que ésta consideró infundadas.

Uno de los hombres está ahora en prisión y no fue posible localizarlo antes del cierre de esta edición. El otro, contactado a través de Aretakis, dijo a The Voice de forma independiente que los detalles de la cinta son ciertos y que dio el testimonio por su propia voluntad. Ahora casado y viviendo en el norte del estado, buscó ayuda de Aretakis para un posible caso de abuso contra un sacerdote de Albany quien, según él, también le pagó por sexo y le presentó a Hubbard. Dice que también podría demandar a Hubbard.

Howard Hubbard (Albany)

Goldfarb, el portavoz de Hubbard, se negó a permitir que The Voice hablara con el obispo sobre las cintas. “Ya ha pasado por esto y no hay razón para pasar por esto otra vez”, dijo. Goldfarb volvió a citar el informe de White, que, según dijo, absolvió completamente al obispo Hubbard. “Acusaciones como estas no son inesperadas -dijo- de hecho, el informe predijo que 'habría más' y recomendó 'verlas con considerable escepticismo'”.

Son personas como estos dos hombres, víctimas que luchan por buscar justicia de la Iglesia Católica, a quienes el padre Hoatson dice que pretende ayudar con su demanda. Él está pidiendo a los tribunales cinco millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, que, según dice, utilizaría para un ministerio para las víctimas de 24 horas. La demanda gira en torno al daño que se le hizo como denunciante.

“Tengo que decir la verdad -dijo- He obtenido suficiente información para indicar que la promiscuidad por parte de estos obispos es la razón por la que encubren los abusos del clero”.

Independientemente de que sus afirmaciones sean ciertas o no, Hoatson está haciendo historia. Richard Sipe, un ex sacerdote y académico que ha escrito sobre el abuso sexual del clero y la homosexualidad en la Iglesia católica, explica que es raro que un sacerdote demande a un obispo en los tribunales por represalias; sólo ha oído hablar de un caso antes de este. Es casi impensable que un sacerdote diga en los registros judiciales que tres de los principales obispos de su área son activamente homosexuales.

“Ese es un paso muy significativo”, dice Sipe- tales acusaciones pueden ser casi imposibles de probar en cualquier caso, y mucho menos cuando los sujetos son líderes eclesiásticos poderosos y respetados”. Pero, añade: “incluso decirlo en una demanda obligará a que el tema de la sexualidad de los obispos salga a la luz pública”.

Y eso podría provocar una especie de revolución. Sipe dice: “Esta demanda podría ser el comienzo de un movimiento”.

El padre Hoatson parece un revolucionario insólito. No se parece en nada a un sacerdote católico, vestido con vaqueros y jersey. El vestuario no es una elección. Cuatro días después de presentar la demanda, los funcionarios de la arquidiócesis de Newark lo dieron de baja. Aunque sigue recibiendo su estipendio mensual de 1.700 dólares, tiene prohibido presentarse públicamente como sacerdote, tal como establece el decreto del 20 de diciembre. Ya no puede llevar su alzacuellos ni decir misa en las dos parroquias donde trabaja.

Sentado en una cafetería de Astor Place, habla durante horas sobre la forma en que la religión ha influido en su vida: la forma en que tuvo una “experiencia mística” a los 13 años en la que se vio a sí mismo como un sacerdote, por ejemplo. A los 18 años, ingresó en la Orden de monjes de los Hermanos Cristianos, donde enseñaría en escuelas parroquiales durante dos décadas. Se sintió tan atraído por el sacerdocio que se matriculó en el seminario en 1994, a los 42 años.

“Fui llamado al sacerdocio por Dios” -explica- Nunca entendí realmente por qué”.

Bob Hoatson, vistiendo ropa como un laico

Hoatson cree que entendió esa razón en el invierno de 2002, cuando el escándalo de abuso del clero estalló en Boston y en todo el país, desde la diócesis de California hasta Kentucky, desde New Hampshire hasta Iowa. En aquel entonces, Hoatson se desempeñaba como director de la escuela en la parroquia Our Lady of Good Counsel, en Newark, y observaba cómo se desarrollaba la crisis por televisión. Se enteró de que una víctima había hecho públicos los cargos de que un monseñor de Boston había abusado sexualmente de él en los años '80. La víctima resultó ser un ex alumno de Hoatson cuando era capellán de la escuela.

Hoatson llamó a su antiguo alumno y pronto hizo viajes regulares de Newark a Boston, ayudando al hombre a enfrentar el trauma del abuso. Cuando otras víctimas se presentaron, las puso en contacto con abogados o las acompañó a enfrentarse a las diócesis. Se corrió la voz entre los sobrevivientes en Nueva York y Nueva Jersey sobre el generoso sacerdote. Hoatson ha rescatado a víctimas de la heroína, las ha visitado en la cárcel, las ha recogido en centros de acogida y les ha pagado el alquiler. El año pasado creó un ministerio llamado Rescue and Recovery International en su apartamento de Rockaway Park, Queens.

“Es como una luz que guía” -dice Richard Regan, de Rochester, Nueva York, quien dice que un sacerdote de Queens, ahora fallecido, abusó sexualmente de él y de sus cinco hermanos en los años 50. Ken Lasch, un sacerdote jubilado de la diócesis de Patterson, Nueva Jersey, llama a Hoatson “una locomotora, a la cabeza y a toda velocidad. A Hoatson no se le ocurriría hacer saber a los curas depredadores que los está vigilando. Bob es ese tipo de persona. Cuando ve corrupción, la persigue”.

Hoatson lo expresa de otra manera: “Esto se ha convertido en una misión para mí”.

Su trabajo lo ha hecho luchar con sus propias experiencias de abuso sexual. Cuando era seminarista de 22 años en Christian Brothers, dice, otro hermano abusó sexualmente de él repetidamente durante un período de cuatro años. Varios años más tarde, confió en su superior, quien, según Hoatson, también lo abusó. “Sabía que era abuso”, afirma, pero nunca lo identificó como tal hasta años después. Ahora, se cuenta entre un puñado de sacerdotes que han denunciado a sus abusadores. Su demanda relata los abusos que sufrió a manos de esos dos hermanos en los años setenta y ochenta.

Lo que finalmente desencadenó su demanda fue su temor de que le impidieran trabajar con las víctimas. El 20 de mayo de 2003, según la demanda, testificó en una audiencia en Albany patrocinada por el Senado del estado de Nueva York. Allí criticó a los obispos católicos por lproteger a los sacerdotes depredadores. Eso es exactamente lo que sucedió en Boston, donde la publicación de documentos internos de la iglesia reveló cómo el cardenal Bernard Law y sus subordinados habían arrastrado a los pedófilos de una parroquia a otra durante décadas, encubriendo abusos y poniendo a los niños en riesgo. Los obispos que practicaban esta práctica, testificó Hoatson ese día, habían “escogido el mal sobre el bien, la negación sobre la admisión, la mentira sobre la verdad”.

“cardenal” Bernard Law

Tres días después, fue relevado de sus funciones como director de la escuela Good Counsel Parish. Hoatson sostiene que los funcionarios de Newark le dijeron: “el arzobispo [Myers] le ha pedido que baje el tono de su lenguaje”. Y le entregaron una carta de despido.

Su demanda afirmaba que Hubbard llamó al jefe de Hoatson para quejarse e “hizo que despidieran al demandante de su puesto”. Acusó también a Egan y a sus representantes de “contribuir e implicarse en las represalias”.

Los funcionarios de la iglesia niegan estas acusaciones. “Ni el cardenal Egan ni nadie que represente a la arquidiócesis de Nueva York se puso en contacto con la arquidiócesis de Newark por el tema del padre Hoatson”, dijo Zwilling. 

Goodness, el portavoz de Myers, sostuvo que Hoatson fue destituido de su puesto escolar únicamente porque había pedido ser transferido siete meses antes. En febrero, la arquidiócesis había aceptado su solicitud. “Esto precedió durante meses a cualquier comentario que hiciera en la legislatura de Nueva York”, argumenta Goodness.

Sin embargo, sólo después del testimonio en Albany, Hoatson recibió una carta formal dejándolo ir, “con efecto inmediato”. Pasarían otros ocho meses antes de que Myers reasignara al sacerdote a la capellanía de Caridades Católicas, a principios de 2004.

La pausa permitió a Hoatson continuar su trabajo con las víctimas a tiempo completo y defendió su causa en manifestaciones, en cartas al editor y ante los obispos del área. En Caridades Católicas, ofició misa para los empleados y realizó trabajos parroquiales de rutina, todo ello mientras continuaba con su cruzada. Dijo que había logrado cumplir su ministerio sin mucha interferencia de la arquidiócesis hasta noviembre de 2005, cuando Myers emitió un “precepto” que obligaba a Hoatson a ciertas condiciones. El documento le ordenaba “cesar la actividad en su propio negocio” -el ministerio de sus víctimas- y “mostrar la debida reverencia y obediencia a su ordinario”.

John Myers, el 'ordinario' a quien debía mostrar la debida reverencia y obediencia

El portavoz de Myers, James Goodness dijo que el arzobispo “dictó el precepto porque el padre Hoatson no había estado cumpliendo las condiciones del sacerdocio”. El sacerdote, señala, reside en Queens a pesar de que está obligado a vivir dentro del distrito de la archidiócesis. Hoatson dice que no se siente seguro en la residencia que le han asignado a causa del supuesto acoso.

No es el único que cree que se le trata de forma diferente. Lasch, un abogado formado en derecho canónico eclesiástico que ha asesorado a su compañero sacerdote, dice: “La diócesis ha mostrado un patrón de trato prejuicioso contra Bob”. Y añade: “Veo que le dificulta hacer su trabajo”.

De cualquier manera, Hoatson cree que sabe lo que está pasando. “Hay que deshacerse de mí porque estoy tratando de romper el ciclo del desorden sexual en la iglesia”, explica. El desorden incluye lo que él describe como “una cultura homosexual promiscua” que perpetúa el encubrimiento de los abusos sexuales del clero. Egan, Hubbard y Myers han escondido a sacerdotes depredadores porque ocultan sus propias actividades homosexuales -acusa.

Para detener el abuso, dice, “hay que admitir lo que está pasando en la iglesia con su cultura homosexual”.

Lo que dice Hoatson no es, en muchos sentidos, nada nuevo. Las especulaciones sobre los obispos homosexuales han circulado entre los fieles católicos durante décadas.

El tema permaneció en gran medida fuera de los límites, hasta la crisis de los abusos por parte del clero. Fue entonces cuando surgió una amplia red de grupos de defensa de las víctimas y de reforma de la Iglesia, que exigían responsabilidades y presionaban para que se produjera un cambio. Este movimiento de supervivientes no sólo ha animado a la gente a dar la cara y contar sus historias, sino que también ha empujado a la Iglesia a reconocer la magnitud de los abusos sexuales del clero. Hasta la fecha, según las propias cifras de los obispos católicos, 9.660 personas han acusado a 4.089 sacerdotes de abusos sexuales en todo el país desde 1950. En Nueva York, 140 víctimas han denunciado a 49 sacerdotes abusadores; en Albany, son 141 y 69 respectivamente.

Entre quienes han seguido la crisis, no es difícil encontrar personas que creen que la razón por la que algunos obispos han protegido a sacerdotes depredadores es que temen exponer sus propias actividades sexuales. Anne Barrett Doyle, de BishopAccountability.org, una organización sin fines de lucro que documenta la crisis del abuso del clero, explica que esta creencia “es ampliamente aceptada por activistas y académicos y por buenas razones. Casos recientes han arrojado luz sobre obispos abusivos que, a su vez, encubrieron a otros” -señala.

Consideremos, por ejemplo, el caso del obispo Thomas Dupre, de Springfield, Massachusetts. En marzo de 2004, se retiró abruptamente y huyó de su diócesis cuando se enfrentó a acusaciones de que había abusado sexualmente de dos hombres décadas antes. Hasta entonces, Dupre había sido blanco de duras críticas por su manejo de unos 14 sacerdotes acusados, muchos de los cuales ocupaban posiciones poderosas como sus subordinados.

Los partidarios de Hoatson consideran que su demanda (y su denuncia de obispos “supuestamente” homosexuales) es un paso lógico en la lucha por la rendición de cuentas. Porque es posible que los líderes católicos hayan reconocido que sacerdotes abusivos se aprovecharon de los niños durante décadas, pero no han reconocido su complicidad. “Personalmente -dice María Cleary, de New Jersey Voice of the Faithful, un grupo de reforma de la iglesia que ha trabajado con Hoatson- siento que algunas cosas necesitan decirse en este momento. Llega un punto en cualquier proceso de cambio en el que hay que empezar a ir más allá”.

Pat Serrano, de la Red de Sobrevivientes de Abusos por Sacerdotes, respalda que: “Es necesario expresarse en voz alta para llamar la atención de la iglesia”.

Si las víctimas y sus aliados se sienten más envalentonados para cuestionar la sexualidad de los obispos, puede ser porque la iglesia ha planteado el tema por sí sola. En noviembre pasado, el Vaticano emitió un documento conocido como “Congregación para la Educación Católica”, en el que denunciaba la homosexualidad como “intrínsecamente inmoral” y “desordenada”. Sugirió que los hombres homosexuales no pueden ser célibes y prohibió la ordenación a los seminaristas homosexuales activos.

Sipe, el autor y académico, dice que el documento del Vaticano “ha abierto la cuestión de la orientación sexual entre el sacerdocio”, incluida la jerarquía. Y ha preparado el escenario para una posible reacción violenta, indignando a los sacerdotes homosexuales y provocando que los fieles católicos piensen dos veces sobre la hipocresía de la Iglesia. Durante años, grupos “católicos homosexuales” como Dignity USA se han negado a llamar la atención a los obispos homosexuales, manteniendo una política contraria a la delación.

“Existe un conflicto en la comunidad homosexual con la idea de denunciar a un obispo” -afirma. De hecho, afirma que un dirigente de Dignity le mostró una lista privada de 142 obispos “supuestamente” homosexuales. Algunos son célibes, otros no. Pero nunca se ha hecho nada al respecto.

Michael Mendola, de Dignity New York, dice que los sacerdotes homosexuales han mantenido la boca cerrada sobre la vida sexual de los obispos porque “no quieren poner en peligro sus relaciones con las diócesis”. 

Pero algunos pueden cansarse de ser tan perseguidos que podrían romper el velo del silencio. Una vez que se conozca la noticia de la demanda de Hoatson, Sipe predice: “Creo que otros podrían continuarla”.

Queda por ver si eso sucede, por supuesto. Mientras tanto, la demanda de Hoatson debe llegar a los tribunales. Los abogados de Egan, Hubbard y Myers no respondieron una llamada telefónica del Voice en busca de comentarios para este artículo. Pero las cartas que enviaron al juez del Tribunal de Distrito de Estados Unidos, Paul Crotty, que preside el caso, sugieren que pretenden intentar desestimarlo por motivos legales. Como escribe Daniel Alonso, el abogado de Manhattan que representa a Egan y la arquidiócesis de Nueva York, en su carta del 19 de enero: “Proponemos tomar medidas para desestimar la demanda por no presentar un reclamo sobre el cual se pueda otorgar reparación”.

La demanda de Hoatson bien podría ser anulada antes de que llegue a una sala pública. Sin embargo, en el tribunal de la opinión pública, es posible que ya esté ganando. Los sobrevivientes, al menos, están apoyando al sacerdote, animándolo en listas de correo y foros de discusión en Internet, elogiándolo por su valentía más allá de lo imaginable. “El padre Bob no es ningún tonto -dice Regan- Es un sacerdote que tiene mucho que perder si presenta esta demanda”.

Y eso es justo lo que preocupa a algunos de sus aliados que piensan que ha cruzado la línea. Temen que sus acusaciones contra los obispos puedan resultar contraproducentes, socavando su credibilidad y, peor aún, el ministerio de sus víctimas. Un colega clérigo no duda de que los obispos han apuntado a Hoatson por denunciar irregularidades. Pero no logra entender por qué el sacerdote decidió incluir la sexualidad de los obispos en el asunto. “Una vez que haces esas afirmaciones, no hay vuelta atrás” -dijo el clérigo.

Para Hoatson, sin embargo, “todo se reduce a la verdad. Todo lo que quiere es salvar su iglesia -dice- y a veces hay que destruir algo para poder reconstruirla”.

“Respondo ante una autoridad superior, y esto es lo que Dios me ha pedido que haga -dijo- Dios me está llamando a desmantelar la locura y la corrupción”.


The Village Voice


domingo, 15 de enero de 2006

RATZINGER, EL HERALDO DEL JUDAÍSMO

19 de agosto de 2005 - Durante su visita a la sinagoga de Colonia, Benedicto XVI recibió el regalo de un shofar, el cuerno ceremonial que se toca para anunciar el Año Nuevo y llamar a los judíos a la oración.

Dado que Ratzinger ha sido un defensor de los errores del judaísmo y de su supuesto mesías, y sigue su método de interpretación de las Escrituras, en muchos sentidos puede ser considerado un heraldo de la religión judía. 

Por lo tanto, parece apropiado que reciba un shofar de los judíos como símbolo de su ayuda pasada y de la expectativa del “año nuevo” que puede traerles.