martes, 2 de mayo de 2000

DEI VERBUM (18 DE NOVIEMBRE DE 1965)


CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA

DEI VERBUM 

SOBRE LA DIVINA REVELACIÓN

PROEMIO

1. El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola confiadamente, hace suya la frase de San Juan, cuando dice: "Os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó: lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn., 1,2-3). Por tanto siguiendo las huellas de los Concilios Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la doctrina genuina sobre la divina revelación y sobre su transmisión para que todo el mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame.

CAPÍTULO I

LA REVELACIÓN EN SÍ MISMA

Naturaleza y objeto de la revelación

2. Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación

Preparación de la revelación evangélica

3. Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio. Después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación, con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras. En su tiempo llamó a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo, al que luego instruyó por los Patriarcas, por Moisés y por los Profetas para que lo reconocieran Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al Salvador prometido, y de esta forma, a través de los siglos, fue preparando el camino del Evangelio.

En Cristo culmina la revelación

4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo". Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado, a los hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.

La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).

La revelación hay que recibirla con fe

5. Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.

Las verdades reveladas

6. Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo y los eternos decretos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, "para comunicarles los bienes divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana".

Confiesa el Santo Concilio "que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas"; pero enseña que hay que atribuir a Su revelación "el que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible a la razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la condición presente del género humano.

CAPITULO II

TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN DIVINA

Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio

7. Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.

Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).

La Sagrada Tradición

8. Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree.

Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.

Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16).

Mutua relación entre la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura

9. Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad.

Relación de una y otra con toda la Iglesia y con el Magisterio

10. La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida.

Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer.

Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.

CAPÍTULO III

INSPIRACIÓN DIVINA DE LA SAGRADA ESCRITURA Y SU INTERPRETACIÓN

Se establece el hecho de la inspiración y de la verdad de la Sagrada Escritura

11. Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería.

Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación. Así, pues, "toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2 Tim., 3,16-17).

Cómo hay que interpretar la Sagrada Escritura

12. Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.

Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.

Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.

Condescendencia de Dios

13. En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva siempre la verdad y la santidad de Dios, la admirable "condescendencia" de la sabiduría eterna, "para que conozcamos la inefable benignidad de Dios, y de cuánta adaptación de palabra ha hecho uso teniendo providencia y cuidado de nuestra naturaleza". Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.

CAPÍTULO IV

EL ANTIGUO TESTAMENTO

La historia de la salvación consignada en los libros del Antiguo Testamento

14. Dios amantísimo, buscando y preparando solícitamente la salvación de todo el género humano, con singular favor se eligió un pueblo, a quien confió sus promesas. Hecho, pues, el pacto con Abraham y con el pueblo de Israel por medio de Moisés, de tal forma se reveló con palabras y con obras a su pueblo elegido como el único Dios verdadero y vivo, que Israel experimentó cuáles eran los caminos de Dios con los hombres, y, hablando el mismo Dios por los Profetas, los entendió más hondamente y con más claridad de día en día, y los difundió ampliamente entre las gentes.

La economía, pues, de la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: "Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza, fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la esperanza" (Rom. 15,4).

Importancia del Antiguo Testamento para los cristianos

15. La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. mas los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.

Unidad de ambos Testamentos

16. Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque, aunque Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos íntegramente en la proclamación evangélica, adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo.

CAPÍTULO V

EL NUEVO TESTAMENTO

Excelencia del Nuevo Testamento

17. La palabra divina que es poder de Dios para la salvación de todo el que cree, se presenta y manifiesta su vigor de manera especial en los escritos del Nuevo Testamento. Pues al llegar la plenitud de los tiempos el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Cristo instauró el Reino de Dios en la tierra, manifestó a su Padre y a Sí mismo con obras y palabras y completó su obra con la muerte, resurrección y gloriosa ascensión, y con la misión del Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos a Sí mismo, El, el único que tiene palabras de vida eterna. pero este misterio no fue descubierto a otras generaciones, como es revelado ahora a sus santos Apóstoles y Profetas en el Espíritu Santo, para que predicaran el Evangelio, suscitaran la fe en Jesús, Cristo y Señor, y congregaran la Iglesia. De todo lo cual los escritos del Nuevo Testamento son un testimonio perenne y divino.

Origen apostólico de los Evangelios

18. Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios ocupan, con razón, el lugar preeminente, puesto que son el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Encarnado, nuestro Salvador.

La Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro Evangelios tienen origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Cristo, luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos y los varones apostólicos nos lo transmitieron por escrito, fundamento de la fe, es decir, el Evangelio en cuatro redacciones, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Carácter histórico de los Evangelios

19. La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día que fue levantado al cielo. Los Apóstoles, ciertamente, después de la ascensión del Señor, predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se trasmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de proclamación de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús. Escribieron, pues, sacándolo ya de su memoria o recuerdos, ya del testimonio de quienes "desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra" para que conozcamos "la verdad" de las palabras que nos enseñan (cf. Lc., 1,2-4).

Los restantes escritos del Nuevo Testamento

20. El Canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios, contiene también las cartas de San Pablo y otros libros apostólicos escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, con los cuales, según la sabia disposición de Dios, se confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor, se declara más y más su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra divina de Cristo, y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable difusión, y se anuncia su gloriosa consumación.

El Señor Jesús, pues, estuvo con los Apóstoles como había prometido y les envió el Espíritu Consolador, para que los introdujera en la verdad completa (cf. Jn., 16,13).

CAPÍTULO VI

LA SAGRADA ESCRITURA EN LA VIDA DE LA IGLESIA

La Iglesia venera las Sagradas Escrituras

21. la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles.

Es necesario, por consiguiente, que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella. Porque en los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual. Muy a propósito se aplican a la Sagrada Escritura estas palabras: "Pues la palabra de Dios es viva y eficaz", "que puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados".

Se recomiendan las traducciones bien cuidadas

22. Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso ala Sagrada Escritura. Por ello la Iglesia ya desde sus principios, tomó como suya la antiquísima versión griega del Antiguo Testamento, llamada de los Setenta, y conserva siempre con honor otras traducciones orientales y latinas, sobre todo la que llaman Vulgata. Pero como la palabra de Dios debe estar siempre disponible, la Iglesia procura, con solicitud materna, que se redacten traducciones aptas y fieles en varias lenguas, sobre todo de los textos primitivos de los sagrados libros. Y si estas traducciones, oportunamente y con el beneplácito de la Autoridad de la Iglesia, se llevan a cabo incluso con la colaboración de los hermanos separados, podrán usarse por todos los cristianos.

Deber de los católicos doctos

23. La esposa del Verbo Encarnado, es decir, la Iglesia, enseñada por el Espíritu Santo, se esfuerza en acercarse, de día en día, a la más profunda inteligencia de las Sagradas Escrituras, para alimentar sin desfallecimiento a sus hijos con la divina enseñanzas; por lo cual fomenta también convenientemente el estudio de los Santos Padres, tanto del Oriente como del Occidente, y de las Sagradas Liturgias.

Los exegetas católicos, y demás teólogos deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio, con los instrumentos oportunos, de forma que el mayor número posible de ministros de la palabra puedan repartir fructuosamente al Pueblo de Dios el alimento de las Escrituras, que ilumine la mente, robustezca las voluntades y encienda los corazones de los hombres en el amor de Dios.

El Sagrado Concilio anima a los hijos de la Iglesia dedicados a los estudios bíblicos, para que la obra felizmente comenzada, renovando constantemente las fuerzas, la sigan realizando con todo celo, según el sentir de la Iglesia.

Importancia de la Sagrada Escritura para la Teología

24. La Sagrada Teología se apoya, como en cimientos perpetuos en la palabra escrita de Dios, al mismo tiempo que en la Sagrada Tradición, y con ella se robustece firmemente y se rejuvenece de continuo, investigando a la luz de la fe toda la verdad contenida en el misterio de Cristo. Las Sagradas Escrituras contienen la palabra de Dios y, por ser inspiradas, son en verdad la palabra de Dios; por consiguiente, el estudio de la Sagrada Escritura ha de ser como el alma de la Sagrada Teología. También el ministerio de la palabra, esto es, la predicación pastoral, la catequesis y toda instrucción cristiana, en que es preciso que ocupe un lugar importante la homilía litúrgica, se nutre saludablemente y se vigoriza santamente con la misma palabra de la Escritura.

Se recomienda la lectura asidua de la Sagrada Escritura

25. Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte "predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior", puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina.

De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo". Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por la Sagrada Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por instituciones aptas para ello, y por otros medios, que con la aprobación o el cuidado de los Pastores de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. Pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre; porque "a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos las palabras divinas.

Incumbe a los prelados, "en quienes está la doctrina apostólica, instruir oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos, que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se penetren de su espíritu.

Háganse, además, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas convenientes, para uso también de los no cristianos, y acomodadas a sus condiciones, y procuren los pastores de las almas y los cristianos de cualquier estado divulgarlas como puedan con toda habilidad.

Epílogo

26. Así, pues, con la lectura y el estudio de los Libros Sagrados "la palabra de Dios se difunda y resplandezca" y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los corazones de los hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida veneración de la palabra de Dios que "permanece para siempre" (Is., 40,8; cf. 1 Pe., 1,23-25).

Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Constitución Dogmática han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, 18 de noviembre de 1965.

S.S. PABLO IV, Obispo de la Iglesia católica



lunes, 1 de mayo de 2000

REGIMINI ECCLESIAE UNIVERSAE (15 DE AGOSTO DE 1967)


CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA

REGIMINI ECCLESIAE UNIVERSAE

DE S.S. PABLO VI 

A LA CURIA ROMANA

Los pontífices romanos, sucesores del beato Pedro (1), se encargaron de proporcionar el gobierno de la Iglesia Universal, de acuerdo con las circunstancias y las necesidades de la época, llamando a hombres expertos para colaborar con el consejo y con su ayuda. En este sentido, el Presbiterio de Roma y el Colegio de Cardenales de la Santa Iglesia Romana, que se originó a partir de eso, a lo largo de los siglos, deben ser recordados primero. Grado por grado, como es bien sabido, de la Oficina que surgió por primera vez en el siglo cuarto, que tenía la tarea de preparar las cartas pontificias, se originaron otras oficinas; a lo que se agregó el auditorio que, estando ya en el siglo XIII, era un verdadero tribunal (2), fue organizado más perfectamente por Juan XXII (1316-1334) (3). Pero a medida que los asuntos o comisiones de los cardenales continuaron aumentando de tamaño, fueron nombrados para tratar asuntos particulares y en el siglo XVI comenzaron a ayudar al Sumo Pontífice con un sistema más efectivo; y las Congregaciones de la Curia romana surgieron de ellos. Sixto V, nuestro predecesor, debe ser elogiado porque en la inmensa Constitución Aeterni Dei del 22 de enero de 1558 (4), estableció los Consejos Sagrados en un orden adecuado y trazó providencialmente la estructura de la Curia romana. Con el tiempo, algunos de estos consejos fallaron, otros se unieron, otros finalmente fueron reestructurados. Nuestro predecesor San Pío X se dedicó a este trabajo, publicando la Constitución Sapienti consilio el 29 de junio de 1908 (5). Estas ordenanzas, un documento perenne de la sabiduría y diligencia de ese pastor de la Iglesia, se incorporaron, con pocos cambios, en el CIC.

No se puede negar que las oficinas de la Curia romana, cuyo número a menudo era bastante pequeño, llevaron a cabo un excelente trabajo para los pontífices romanos y para la Iglesia universal, especialmente después de que el Concilio Tridentino dio una nueva fuerza a la familia cristiana.

Ciertamente va a su crédito, y en gran parte, si la autoridad de la Sede Apostólica y de la Iglesia Católica ha aumentado con el tiempo, y si el nombre cristiano en los últimos sesenta años se ha extendido felizmente por todo el mundo, particularmente en países de misión.

Sin embargo, debido a la rapidez de la vida actual y a las condiciones cambiantes de nuestro tiempo y de la Iglesia misma, parecía necesario reformar la Curia romana, digna de elogios claros por su escrupulosa puntualidad, preocupación, actividad y probidad, para que, de una manera totalmente conveniente, que se convierta en un instrumento muy efectivo para quien se le confía la tarea suprema del magisterio y del gobierno. Y, de hecho, no hay nadie que ignore cómo, en un progreso tan rápido de las cosas humanas, las noticias llegan aquí con una velocidad increíble, las herramientas de comunicación social han alcanzado un progreso admirable, la gran facilidad de viaje de la información no es leve ventaja para los obispos.

También debe tenerse en cuenta, como es correcto, el voto de los Padres del Concilio Ecuménico Vaticano II, que se expresa en estas palabras: "A estos Dicasterios, que sin duda han prestado una valiosa ayuda al Romano Pontífice y a los Pastores de la Iglesia, ambos dado un nuevo orden, más acorde con las necesidades de los tiempos, las regiones y los Ritos, especialmente en cuanto al número, la denominación, las competencias, la práctica y la coordinación de su trabajo " (6).

Pero el camino, a través del cual debe proceder la renovación deseada de nuestra Curia romana, creemos que no debe ser diferente de lo que se reconoce como propio de la renovación de las instituciones eclesiásticas. De hecho, como declaramos en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano el 29 de septiembre de 1963: “Por lo tanto, no es la reforma, a lo que aspira el Concilio, una subversión de la vida actual de la Iglesia, o más bien una ruptura con su tradición, en lo que tiene de esencial y venerable, sino más bien un tributo a esta tradición, en el acto mismo que quiere despojarla de toda manifestación transitoria y defectuosa para hacerla genuina y fructífera” (7).

No hay duda sobre la necesidad de la Curia romana. De hecho, ¿cómo podría el Sumo Pontífice, tomado por tantos cuidados, llevar a cabo solo, sin la ayuda de otros, sin consejeros, las cosas relacionadas con la preocupación de todas las Iglesias? Con igual necesidad, debe ser preservado por su vínculo primario y su estrecha relación con el Romano Pontífice, como un instrumento orgánico que utiliza en el ejercicio del poder supremo, que "según la institución de Cristo mismo... le pertenece a él en Iglesia universal" (8). Por lo tanto, creemos que las tres órdenes principales de Dicasterios, es decir, las Sagradas Congregaciones, los Tribunales y las Oficinas, con la incorporación de las Secretarías, establecidas con una motivación válida y sólida, deben mantenerse, incluso si se renuevan en muchos aspectos.

El número de dicasterios sagrados, a pesar de algunas supresiones, aumentó con el establecimiento del Consejo de los laicos, de las Secretarías y de la Oficina de Estadística. De gran importancia es la innovación producida por la competencia Motu Proprio Pro comperto sane hasta el 6 de agosto de 1967, según el cual algunos obispos diocesanos son asignados a las Sagradas Congregaciones individuales como Miembros; Esperamos excelentes resultados de esta innovación. Además, para regular y fomentar las relaciones mutuas entre las Sagradas Congregaciones, queríamos establecer que los llamados asuntos de competencia mixta se tratan de mutuo acuerdo y que, después de la convocatoria del Cardenal Secretario de Estado, todos los Cardenales a cargo de los Dicasterios llevar a cabo sus tareas y trabajos juntos de manera ordenada y consistente.

Además de esto, para proporcionar una manera más adecuada para el cuidado de los asuntos de la Iglesia en todo el mundo, queremos que los que están presentes en la Sede Apostólica la gobiernen, sean llamados desde todas partes del mundo, y esto de acuerdo con la costumbre y las instituciones de los pontífices romanos. Es necesario que los dones particulares de espíritu que brillaron en los hombres de excelentes virtudes establecidos en el tiempo pasado en la Curia misma, incluso hoy y en el futuro en ellos, brillen aún más: la piedad fraterna y la integridad de la vida brillan en ellos; olviden su propia utilidad, dedíquense con ardiente amor solo al bien de la Iglesia y los fieles; no dobleguen el favor de los demás; que la aceptación de regalos no los corrompa; sean conscientes de la seriedad de las cosas que se les confían, consideren que su trabajo puede ser ventajoso o perjudicial para la comunidad cristiana; estén dotados de fuerza de ingenio y sabiduría, sean diligentes en su tarea y señalen su preocupación; estén vertidos profusamente en la doctrina y la práctica pastoral, produzcan los frutos recolectados a través del estudio y la experiencia.

Y aquí se agrega que los Presidentes y Miembros de las Congregaciones, tanto Cardenales como Obispos, así como los Consultores para el futuro, solo serán nombrados por un período de cinco años; sin embargo, su cargo puede extenderse a juicio del Sumo Pontífice.

Por las mismas razones, parecía bueno establecer que los Cardenales que presiden los Departamentos de la Curia romana deberían cesar en su cargo tras la muerte del Sumo Pontífice; el Cardenal Vicario General de Roma, la Cámara de Comercio, el Mayor Penitenciario están exentos de esta ley y continúan ocupándose de asuntos ordinarios que no conciernen al Sumo Pontífice; Las cosas relacionadas con el mismo Pontífice serán sometidas al Sagrado Colegio de Cardenales.

Volviendo nuestros pensamientos a los laicos, nos pareció muy útil utilizar su opinión, siempre que el asunto bajo examen lo requiera y lo aconseje.

Por lo que se refiere, en cambio, a la administración de justicia, hemos establecido proporcionar leyes apropiadas, tanto en lo que respecta a la Sacra Romana Rota, de las cuales ampliamos poderes y competencias en todos los casos habitualmente delegados o de competencia de la Santa Sede con respecto a la nulidad del matrimonio, tanto en lo que respecta a la Signatura Apostólica, a la cual no solo confirmamos completamente la tarea de supervisar e igualmente constituir, cuando sea necesario, nuevos Tribunales Regionales o Interregionales, como ya se ha hecho muy oportunamente en muchas regiones, sino también agregamos una nueva competencia con respecto a las disputas derivadas del ejercicio del poder administrativo eclesiástico, sin perjuicio de los límites establecidos en su lugar.

En cuanto a las Oficinas, nos gustó reordenar la Cancillería Apostólica, para que haya una única Oficina para la preparación de las Cartas Apostólicas.

Además, dadas las necesidades que han crecido recientemente, pensamos en establecer una nueva oficina, que tenga la tarea de supervisar la buena administración de los bienes muebles e inmuebles de la Sede Apostólica, y también asume los deberes de la oficina del censo de ingresos y gastos de la misma Sede Apostólica. También queremos que se confíe a la misma oficina la tarea de supervisar a todas las Administraciones de la Sede Apostólica, incluida la de la Prefectura de la Ciudad del Vaticano, unirlas adecuadamente y, si es necesario, reformarlas.

Y por lo tanto, después de escuchar las opiniones de numerosos cardenales y otros expertos, establecemos y decretamos en particular, en lo que respecta a la Curia romana, lo siguiente.

REGLAS GENERALES

Capítulo I

Reglas Constituyentes

1. § 1. La Curia romana, a través de la cual el Sumo Pontífice maneja los asuntos de la Iglesia universal (9), consiste en Congregaciones, Tribunales, Oficinas y Secretarías.

§ 2. Las Congregaciones son jurídicamente iguales entre sí.

§ 3. Los conflictos de jurisdicción que puedan surgir están sujetos a la Signatura Apostólica.

2. § 1. Las Congregaciones están formadas por cardenales elegidos por el Sumo Pontífice.

§ 2. Sin perjuicio de las reuniones ordinarias de los Cardenales Padres, para tratar asuntos de mayor importancia y de carácter general, los Obispos Diocesanos designados por el Sumo Pontífice asisten a las Reuniones Plenarias, como Miembros de las mismas Congregaciones. La convocatoria de los obispos debe realizarse de acuerdo con el Motu Proprio Pro comperto sane del 6 de agosto de 1967.

En cuanto a la S. Congregación para los Religiosos, la prescripción particular contenida en el n. V del mismo Motu Proprio. En cuanto a la S. Congregación para la Evangelización de los Pueblos, las normas sancionadas en n. 83 §§ 2-3 de esta Constitución.

§ 3. Las Congregaciones están presididas y dirigidas por el Cardenal Prefecto.

§ 4. Ayuda al Cardenal Prefecto, al Secretario, elegido por el Sumo Pontífice, al Subsecretario, también designado por el Sumo Pontífice, y a los demás Oficiales.

§ 5. Los Cardenales, como Miembros de una Congregación, y también los Secretarios de las Congregaciones son nombrados por un período de cinco años y pueden ser confirmados. También se necesita confirmación en el advenimiento de un nuevo Sumo Pontífice, tres meses después de las elecciones. Todos los mencionados en el § 2 son nombrados por un período de cinco años como se prescribe en el n. VI del mencionado Motu Proprio de 6 de agosto de 1967.

3. Los oficiales son elegidos internacionalmente entre aquellos que están verdaderamente preparados y dotados de experiencia pastoral.

4. Los elegidos para un cargo no pueden reclamar por sí mismos el derecho a acceder a cargos superiores.

5. § 1. En todos los Dicasterios hay consultores, elegidos por el Sumo Pontífice durante cinco años de todo el mundo, tanto entre los obispos residenciales o titulares, como entre sacerdotes diocesanos o religiosos verdaderamente expertos con probada prudencia y habilidad, y también, si el tema de un Dicasterio específico lo recomienda, entre los laicos de clara virtud, ciencia y experiencia y, sobre todo, entre los profesores de las Universidades.

§ 2. Los consultores pueden ser confirmados por otros cinco años.

§ 3. La consulta se puede hacer ya sea escribiendo las opiniones que se enviarán a Roma o en reuniones que se celebrarán según la oportunidad.

§ 4. Además, según la variedad de asuntos, se preguntará la palabra de los Consultores, cuya opinión parecía necesaria u oportuna.

§ 5. En casos individuales, otras personas que, aunque no están incluidas en la lista de Consultores, pueden ser llamadas para recibir asesoramiento debido a su competencia particular en el asunto en cuestión.

6. La información sistemática se recopila en cada Dicasterio, para ser enviada a la Oficina de Estadística.

7. Los asuntos a tratar en los tribunales deben remitirse a los tribunales competentes.

8. Considerar los votos expresados ​​por las Conferencias Episcopales y promover oportunamente iniciativas y relaciones con instituciones interdiocesanas o regionales similares. Un recibo de los actos que han transmitido debe enviarse a los Obispos sin demora, y deben ser notificados, en la medida de lo posible, de los Decretos de los Dicasterios, que conciernen a su diócesis en particular, antes de la promulgación.

9. § 1. Los informes, en los tiempos establecidos elaborados por los Obispos y otros que no tienen un Superior que no sea el Sumo Pontífice, sobre el estado y el progreso de la diócesis y otros institutos, los Departamentos de la Curia romana, cada uno dentro límites de su competencia, examínenlos con cuidado y tan pronto como sea posible, de modo que lo que parece necesario o útil para el bien de la Iglesia sea provisto de inmediato.

§ 2. Con este fin, la Oficina de Estadística debe completar cuestionarios breves y claros, se emiten reglas para redactar adecuadamente el informe, y solo, ordenado en partes, se envía cada cinco años a la Sagrada Congregación para los Obispos.

10. Además de la lengua latina oficial, la Curia romana también puede hacer uso de las lenguas ampliamente conocidas hoy en día.

11. § 1. Solo los asuntos más importantes son tratados por los departamentos competentes, excluyendo aquellos que se refieren a la concesión de beneficios u oficinas no consistoriales.

§ 2. Al tratar asuntos menores, los documentos o actos deben redactarse de una forma más simple, es decir, en forma de Breve o epístola, o reescribirse, de acuerdo con su naturaleza diferente, siempre que estén firmados regularmente y que lleven los signos de autenticidad.

§ 3. La Cancillería Apostólica prepara tanto las Bulas como los Escritos de mayor importancia de acuerdo con las normas específicas que se emitirán.

12. Sin perjuicio de las disposiciones de la CIC (10), además de las reglas establecidas anteriormente, deben observarse tanto las normas comunes, es decir, el próximo Reglamento General, como las normas especiales que deben ser establecidas lo antes posible por los Departamentos individuales. después de un intercambio mutuo de opiniones, si esto parece apropiado, y sometido a la aprobación del Sumo Pontífice.

Capítulo II

Reglas relativas a asuntos de competencia mixta


13. Los asuntos mixtos, que están bajo la jurisdicción de varios departamentos y similares, deben examinarse de común acuerdo con los departamentos interesados. Y si el asunto en cuestión así lo requiere, el asunto se remite a la asamblea plenaria; Si el negocio es de menor importancia, tenga en cuenta lo que se prescribe en el próximo n. 16.

14. Para tomar una resolución, la asamblea es convocada por el Cardenal Prefecto, a quien se remitió el asunto por primera vez, ya sea de oficio, a solicitud de otro Dicasterio, o por su propia iniciativa, o a solicitud de la parte interesada.

15. § 1. La Asamblea está presidida por el Cardenal que la convocó.

§ 2. En estas asambleas, el Cardenal Relator es el primero en hablar, si está presente; en su ausencia, el cardenal prefecto que convocó la reunión.

§ 3. El Secretario Prelado del Dicasterio que convocó la reunión actúa como secretario, y será su tarea redactar el acta y presentar la resolución final, o al menos la parte dispositiva, a la aprobación de los Padres, al final de la sesión.

16. Para problemas de menor importancia, los Prefectos Cardenales o los Secretarios también pueden reunirse. En este segundo caso, el Secretario del Dicasterio convocante preside la reunión, actuando como el Secretario más joven, de acuerdo con las normas de los cánones (11).

17. En momentos determinados, los Cardenales Prefectos de las Congregaciones para los Obispos, para el Clero, para la enseñanza religiosa y católica, si es necesario, deben reunirse para coordinar el trabajo y resolver cuestiones relacionadas con todo el clero.

18. Los Cardenales Prefectos de los Dicasterios pueden ser convocados, según la oportunidad, por el Cardenal Secretario de Estado, para coordinar el trabajo de todos, para dar información y recibir sugerencias.

II

SECRETARÍA ESTATAL O PAPAL Y CONSEJO SAGRADO PARA ASUNTOS PÚBLICOS DE LA IGLESIA

Capítulo I

La Secretaría de Estado o Papal

19. § 1. La Secretaría de Estado o Papal, presidida por el Secretario Cardenal asistido por el Sustituto y el Asesor, tiene la tarea de ayudar al Sumo Pontífice de cerca tanto en el cuidado de la Iglesia universal como en las relaciones con los Departamentos de la Curia romana.

§ 2. Cuando la Sede Apostólica está vacante, el Sustituto mantiene la dirección de la Oficina e informa al Colegio de Cardenales.

20. Es deber del propio Cardenal Secretario convocar en los horarios establecidos, como se prescribe en el n. 18, los Cardenales Prefectos de los Dicasterios de la Curia romana, para coordinar el trabajo, dar información y recibir sugerencias.

21. Es deber de la Secretaría de Estado o Papal manejar todos los asuntos que le confía el Sumo Pontífice, tratar todo lo que cae dentro de los asuntos ordinarios fuera de la competencia de los dicasterios de la Curia romana; fomentar las relaciones con este último y también con los obispos, con los delegados de la Santa Sede, con los gobiernos civiles y sus delegados, con personas privadas, siempre sin perjuicio de la competencia del Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia y, en la medida de lo necesario , procediendo de mutuo acuerdo con él.

22. La Secretaría de Estado o Secretaría Papal también incluye:

1) la Oficina de redacción de las cartas apostólicas en latín, las epístolas y los demás documentos que le confió el Sumo Pontífice;

2) la oficina de envío de los escritos menores, que se encarga de preparar y enviar las cartas apostólicas que deben ser enviadas en ejecución por el cardenal vicario y que se refieren a la concesión de dignidades, canónicos y beneficios inferiores tanto en los capítulos patriarcales como en los capítulos patriarcales. colegiata de Roma;

3) la oficina para la recopilación de publicaciones periódicas y revistas, periódicos y otros escritos del mismo tipo, así como para recibir y ordenar información de manera adecuada.

23. La Secretaría de Estado o Papal, junto con el Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia, supervisa en particular la Comisión de Comunicaciones Sociales (12).

24. La Secretaría de Estado también supervisa la Oficina de Estadística.

25. La Gobernación de la Ciudad del Vaticano debe responder al Cardenal Secretario de Estado.

Capítulo II

Consejo Sagrado para los Asuntos Públicos de la Iglesia


26. Aunque la Congregación hasta ahora denominada Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios tendrá que distinguirse y separarse de ella, debe tener relaciones frecuentes con la Secretaría de Estado o Papal, que en el futuro se llamará Consejo Sagrado para los asuntos públicos de la Iglesia.

27. § 1. El S. Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia está presidido por el Cardenal Prefecto, asistido por el Secretario y el Subsecretario.

§ 2. Las oficinas del Prefecto del S. Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia y el Secretario de Estado están a cargo de la misma persona.

28. La tarea de este Consejo Sagrado es ocuparse de todos los asuntos que deben ser tratados por los gobiernos civiles; también debe preocuparse por los asuntos sometidos a su consideración por el Sumo Pontífice, en particular con aquellos que tienen alguna conexión con las leyes civiles; asimismo, aumentar los lazos diplomáticos con las naciones; tratar los problemas relacionados con las Nunciaturas, las Internunciaciones, las Delegaciones Apostólicas, en común acuerdo con la Secretaría de Estado, con la que también está unida por lazos más profundos, siempre que el asunto a tratar también sea de su competencia.

III

LAS SANTAS CONGREGACIONES

Capítulo I

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe

29. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe tiene la tarea de proteger la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el mundo católico (13).

30. El cardenal prefecto preside, asistido por el secretario, el subsecretario y el promotor de justicia.

31. Todos los asuntos relacionados con la doctrina de la fe y las costumbres o que tengan una relación con la misma fe son de su competencia.

32. Examina nuevas doctrinas y nuevas opiniones, en cualquier forma revelada; promueve estudios sobre este tema y promueve conferencias académicas; condena aquellas doctrinas que parecen ser contrarias a los principios de la fe, después de haber escuchado la opinión de los obispos de esas regiones, se han interesado en ellas.

33. Examina diligentemente los libros que se le informan y, si es necesario, los condenará, después de haber escuchado al autor y haberle dado el derecho de defenderse, y no sin haber escuchado lo Ordinario, incluso como ya se ha establecido en la Constitución Sollicita ac provida de Benedicto XIV.

34. Asimismo, es su deber ocuparse legalmente o de hecho de las cuestiones relativas al privilegio de la fe.

35. También le corresponde juzgar sobre los errores relacionados con la fe, de acuerdo con las normas del proceso ordinario.

36. Proporcionará la protección de la dignidad del sacramento de la Penitencia, procediendo de acuerdo con sus normas revisadas y aprobadas, que se comunicarán a los Ordinarios locales, otorgando al delincuente el poder de defenderse o elegir un defensor entre los autorizados por la Congregación.

37. Mantiene relaciones apropiadas con la Pontificia Comisión Bíblica.

38. La Congregación utiliza un grupo de Consultores que el Sumo Pontífice elige en todo el mundo entre personas que se distinguen por la doctrina, la prudencia y la experiencia. Si el tema a tratar así lo requiere, se pueden agregar expertos a los Consultores, elegidos particularmente entre los profesores universitarios.

39. La Congregación procede de dos maneras: administrativa o judicial, de acuerdo con la naturaleza diferente de los temas a tratar.

40. Los reglamentos internos de la Congregación se harán de razón pública con una Instrucción particular.

Capítulo II

La Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales


41. Lo que anteriormente se llamaba la Sagrada Congregación para la Iglesia Oriental, para el futuro se llamará la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales.

42. Esta Congregación, presidida por el Cardenal Prefecto, asistida por el Secretario y el Subsecretario, incluye entre sus Miembros, además de los Cardenales elegidos por el Sumo Pontífice, también los Patriarcas de las Iglesias Orientales y los Arzobispos Mayores equivalentes a ellos, así como el Cardenal Presidente de la Secretaría de Unidad Cristiana, sin perjuicio de lo prescrito por las Normas Generales, n. 2 § 2; además, elige consultores de entre los orientales de los diferentes ritos, y de los latinos, que están preparados para enfrentar los problemas que se le presentan por experiencia y especialización auténticas. El Secretario de la Secretaría para la Unidad de los Cristianos siempre se incluye en el número de Consultores.

43. Esta Congregación está compuesta por tantos oficios como los ritos de las Iglesias orientales que tienen comunión con la Sede Apostólica.

44. La Congregación para las Iglesias orientales toma en consideración todos los asuntos, de cualquier tipo, que conciernen tanto al pueblo como a la disciplina, y los ritos de las Iglesias orientales, incluso si son mixtos, es decir, aquellos asuntos que, ya sean cosas o personas, también se refieren a los latinos; de él solo dependen los territorios en los que los cristianos son principalmente de rito oriental; por el contrario, en los propios territorios latinos, con atención atenta, también por medio de los visitantes, vela por los grupos desorganizados de fieles de los ritos orientales y, en la medida de lo posible, satisface sus necesidades espirituales, incluso constituyendo una jerarquía propia, si el número de fieles y las circunstancias lo exigen.

45. § 1. La Congregación disfruta de todas las facultades, propias de las otras Congregaciones para las Iglesias de Rito Latino, sin embargo, dejando los asuntos de su competencia e intactos a los otros Departamentos, siempre siendo el derecho de la Penitenciaría Apostólica.

§ 2. En cuanto a los religiosos del rito latino, misioneros en las regiones mencionadas en n. 44, esta Congregación tiene jurisdicción sobre lo que les afecta como misioneros, como individuos y como grupo; pero lo que se refiere a ellos como religiosos, tanto individuales como grupales, lo exige o lo deja a la Congregación para los Religiosos.

§ 3. Además, consulta con la Secretaría para la Unidad de los Cristianos, sobre los diversos problemas que afectan a las Iglesias Orientales separadas, así como con la Secretaría para los no cristianos, especialmente en relación con las relaciones con los seguidores de la religión islámica.

Capítulo III

La Sagrada Congregación para los Obispos


46. ​​Lo que hasta ahora se ha llamado la Sagrada Congregación Consistorial, en el futuro se llamará Sagrada Congregación para los Obispos.

47. La Congregación para los Obispos está presidida por el Cardenal Prefecto, asistido por el Secretario y el Subsecretario.

48. Además de los que el Sumo Pontífice ha decidido incluir entre los miembros de esta Congregación, los Cardenales a cargo del Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia, las Congregaciones para la Doctrina de la Fe, para el Clero, forman una oficina para la enseñanza católica entre los consultores de la misma se encuentran el Sustituto de la Secretaría de Estado o Papal, los Secretarios de los Departamentos de Asuntos Públicos de la Iglesia, la Doctrina de la Fe, el Clero, la Enseñanza Católica.

49. § 1. En lugares y para personas no sujetas a la Congregación para las Iglesias Orientales o la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, la Congregación para los Obispos es responsable de establecer nuevas diócesis, provincias y regiones; dividir, unir, revisar los ya establecidos, tanto a propuesta de las Conferencias Episcopales interesadas (14), como después de haber escuchado simplemente su opinión, si el caso lo requiere; erigir Vicariati Castrensi y, después de haber recabado la opinión de las Conferencias Episcopales del territorio, Prelatura para favorecer iniciativas pastorales particulares en beneficio de ciertas regiones o grupos sociales que necesitan ayuda especial (15); también se ocupa de asuntos relacionados con el nombramiento de obispos, administradores apostólicos, coadjutores y auxiliares de obispos, vicario Castrenses y otros vicarios y prelados que gozan de jurisdicción personal.

§ 2. Siempre que sea necesario tratar con gobiernos civiles para la erección, división y provisión de diócesis, los actos son tomados en consideración por el S. Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia (16), a excepción de una condición particular para algunos Estados. (17); pero en ambos casos los dicasterios para obispos y asuntos públicos de la Iglesia proceden de común acuerdo, presentando regularmente el asunto a la asamblea mixta de cardenales, después de la comunicación mutua de los actos; la norma de acordar las modalidades según las cuales se tratarán los problemas de este tipo, que dentro del ámbito de su competencia son tomados en consideración por varios departamentos de la Curia romana, permanece sin cambios.

§ 3. En todos los casos, entonces, corresponde a la Congregación que los Obispos emitan el decreto de erección, división y provisión de las diócesis.

§ 4. Es tarea de la misma Congregación indagar sobre todo lo relacionado con los Obispos, con referencia tanto a las personas y cargos como a la acción pastoral; asimismo, preverlos cuando salgan de la oficina que se les ha confiado (18). Por lo tanto, se refiere a lo que tiene relevancia para el estado de las diócesis y para los comedores episcopales; recibe y examina lo que los obispos han informado por escrito sobre la situación y el progreso de las diócesis; de mutuo acuerdo con los dicasterios interesados, indica las visitas apostólicas y examina las que ya se han completado, transmitiendo en ambos casos a los dicasterios individuales esa información específica sobre ellos.

§ 5. Considere también lo que concierne a los primados y metropolitanos, cuide la concesión de los santos, prepare los temas a tratar en los Consistorios.

50. Corresponde a la Congregación para los Obispos, después de escuchar la opinión de la Congregación para el Clero y, si es necesario, de los otros Dicasterios involucrados, fuera de los lugares sujetos a las Congregaciones para las Iglesias orientales y para la Evangelización de los pueblos, examinar todo esto que tiene relación con la celebración y el reconocimiento de Consejos particulares y con Asambleas o Conferencias Episcopales (19).

51. Depende de él emitir las normas según las cuales, a través de las Conferencias Episcopales, especialmente las nacionales, se satisfacen las necesidades más urgentes de los fieles; asimismo, de acuerdo con los otros Departamentos, redactar directores generales, para uso de los Obispos, en relación con el cuidado de las almas, para ofrecerles indicaciones seguras para facilitar el cumplimiento del cargo pastoral (20).

52. Los Consejos y Secretarías se anexan a la Congregación para los Obispos: para la emigración, para las obras del apostolado del mar, el aire y los nómadas. En estos casos, procede de acuerdo con los dicasterios para el clero y los laicos.

53. El Cardenal Prefecto de esta Congregación es responsable de convocar, en virtud de su oficio o a solicitud de los interesados, los Cardenales a cargo de las Congregaciones para el Clero y para los Religiosos y, si es necesario, para la Enseñanza Católica, a fin de tomar examinar los problemas relacionados con todo el clero y coordinar el trabajo.

Capítulo IV

La Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos


54. La Congregación para la disciplina de los Sacramentos, presidida por el Cardenal Prefecto, asistida por el Secretario y el Subsecretario, se ocupa de todo lo relacionado con la disciplina de los siete Sacramentos, mientras que la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe permanece intacta con respecto a los ritos y ceremonias para celebrar, administrar y recibir los sacramentos; de la Signatura Apostólica, tanto con respecto a las extensiones de jurisdicción en los mismos casos, como con respecto a la oficina de supervisión de acuerdo con la ley sobre la administración de justicia y de la creación de Tribunales Regionales e Interregionales; de la Sacra Romana Rota sobre las causas de nulidad del matrimonio.

55. Todo lo que generalmente se decreta y otorga en la disciplina de los sacramentos y en la celebración del sacrificio eucarístico pertenece a la misma Congregación. Además, la misma Congregación tiene el poder de dar dispensas que exceden la competencia de los Obispos, incluso desde el ayuno eucarístico de los fieles y, si es necesario, de haber escuchado a la Congregación para la Doctrina de la Fe, de los sacerdotes que celebran la Misa.

56. § 1. También, y solo, tiene en cuenta los casos de matrimonio no consumado, incluso entre una parte católica y una parte no católica bautizada, así como entre partes no católicas bautizadas, ya sea que pertenezcan al rito latino o pertenezcan al rito oriental también examina la existencia de las causas para otorgar la dispensación y todo lo que está relacionado con estas causas.

§ 2. En casos de matrimonios no consumados entre cónyuges del rito oriental, prepara, a través de un grupo especial de comisionados expertos en problemas orientales, los actos que se examinarán.

57. Del mismo modo, depende de él considerar las obligaciones adjuntas a las órdenes principales y examinar las cuestiones relacionadas con la validez de la ordenación sagrada, o transmitirlas al Tribunal competente, después de haber escuchado, en la medida de lo necesario, la Sagrada Congregación para la Doctrina. de la fe

Capítulo V

La Sagrada Congregación de Ritos


58. La Sagrada Congregación de Ritos tiene competencia sobre todo lo que directamente y pronto concierne a la adoración divina en el Rito Romano y en los otros Ritos Latinos, sin perjuicio de la competencia de los otros Departamentos en la medida en que sea relevante para la doctrina o la disciplina, o requiere un procedimiento judicial

59. Asimismo, trata todas las preguntas que de alguna manera se refieren a la beatificación y canonización de los Siervos de Dios y las reliquias sagradas.

60. La Congregación, presidida por el Cardenal Prefecto, asistido por el Secretario, se divide en dos secciones: litúrgica o de culto, y judicial o por las causas de los Siervos de Dios.

SECCION I.

61. § 1. La Sección de Culto, que tiene sus propios miembros y consultores, incluye todo lo relacionado con el culto, ya sea litúrgico o no litúrgico, y el subsecretario preside de inmediato.

§ 2. Esta sección está dividida en tres oficinas:

1) Con la Primera Oficina, provee el ordenamiento del culto litúrgico divino bajo el aspecto pastoral y ritual.

2) Con la Segunda Oficina, favorece las relaciones con las Conferencias Episcopales y los Institutos Litúrgicos; recopila y examina información sobre la vida litúrgica en la Iglesia y publicaciones litúrgicas; Sin embargo, las tareas del "Consilium" para la ejecución de la Constitución sobre la sagrada liturgia del Concilio Vaticano II permanecen intactas, hasta que se complete la reforma litúrgica.

3) Con el Tercer Oficio, es decir, la adoración no litúrgica, se ocupa de los ejercicios piadosos y sagrados del pueblo cristiano, sin perjuicio de la competencia de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

§ 3. Esta Sección es asistida tanto por su Consejo de Consultores, quienes son elegidos por el Sumo Pontífice entre los hombres de todo el mundo expertos en asuntos litúrgicos, como por las Comisiones para el estudio de las preguntas más difíciles.

§ 4. La revisión de los libros litúrgicos y la implementación de la reforma litúrgica pertenece al "Consilium" para la ejecución de la Constitución sobre la sagrada Liturgia, del Concilio Vaticano II; sin embargo, las conclusiones finales del Consilium deben presentarse a la Asamblea Plenaria de esta Sección (21).

Además, los Consultores de este "Consilium" son, por el mismo hecho, Peritos de la Sagrada Congregación de Ritos.

SECCION II

62. § 1. La Sección Judicial, es decir, por las causas de los Siervos de Dios, bajo la guía del Secretario y la dirección inmediata del Auditor General, preside todo lo que concierne tanto a la realización de los procesos de beatificación como de canonización de los Siervos de Dios, incluso aquellos que pertenecen a ritos orientales y reliquias sagradas.

§ 2. Esta Sección Judicial se divide en tres subsecciones; cada uno de ellos es asignado por el Sumo Pontífice a un número adecuado de Cardenales, Padres y Consultores.

1) Primera subsección: bajo la guía del Auditor General, examina las preguntas para la introducción de las causas; da las normas para la investigación de procesos canónicos; examina los documentos de la investigación preliminar; ordenar los suplementos de investigación, si el caso lo requiere; sobre todo, considere la oportunidad de presentar la causa, después de escuchar al menos a tres Consultores y examinar la opinión del Promotor General de la fe. La decisión debe ser dada por la Asamblea de los Padres Cardenales a cargo de esta tarea. La misma subsección también considera dudas menores, la validez de los actos y accidentes.

2) Segunda subsección: consiste en un cierto número de Consultores, quienes realizan una tarea como jueces, bajo la guía del Auditor General y presentan y expresan su opinión, además de los Consultores antes mencionados, también los Prelados Oficiales, el Promotor General de la fe y el Sub-promotor , así como el Relator general; examine los escritos de los Siervos de Dios, sus virtudes heroicas, o martirio, o la antigüedad de la adoración.

La decisión de la Asamblea, debidamente validada por los motivos y firmada por todos, junto con las opiniones escritas de cada uno, las discusiones del Promotor General de la fe y las respuestas del defensor, siempre deben ser enviadas por el Auditor General a la Asamblea de los Padres Cardenales, asignado a esta Subsección, y esta Asamblea, bajo la presidencia del Cardenal Prefecto y la asistencia del Secretario de la Congregación, establece si es posible continuar o si es necesario proporcionar una nueva investigación o si la causa debe cerrarse.

3) Tercera Subsección: consiste en un número específico de Consultores, distintos de los consultores mencionados en § 2, 2 ° bajo la guía del Secretario del Prelado de la Congregación y presente y votando al Auditor General, los Prelados Oficiales, el Promotor y el Subpromotor general de la fe o el Relator general, habiendo obtenido previamente el informe del médico, considerando las objeciones del Promotor general de la fe y las respuestas de los protectores, examina los milagros obtenidos por la intercesión del Siervo de Dios.

La decisión, de la misma manera establecido en § 2, 2 °, debe ser presentado a la Asamblea de los Padres Cardenales de este inciso.

§ 3. De las decisiones tomadas por los Cardenales Padres en las tres subsecciones, siempre haga un informe al Sumo Pontífice, de acuerdo con la norma de los cánones sagrados (22).

§ 4. Para las subsecciones segunda y tercera, las congregaciones generales en presencia del Sumo Pontífice, que se mencionan en el Código del CIC, permanecen sin cambios (23); asimismo, los ritos y formalidades, aceptados en la Curia romana, de la canonización de los Bienaventurados, después de haber sido decretados en el Consistorio (24).

§ 5. En la sección judicial se encuentra la distinguida Oficina del Promotor General de la fe que, asistida por el Sub-promotor general, por algunos sub-promotores adjuntos y por un número adecuado de oficiales, presenta las objeciones sobre la validez de los actos y sobre las dudas sobre el virtud heroica, martirio, no adoración, antigüedad de adoración, milagros.

§ 6. La sección judicial tiene su propia Cancillería, que está directamente sujeta al Auditor General, sin embargo, bajo la autoridad del Cardenal Prefecto y el Secretario del Prelado.

§ 7. Finalmente, la sección judicial tiene una lista de abogados, quienes deben tener las habilidades y calificaciones requeridas por la ley (25), así como un colegio de médicos legítimamente elegidos entre los mejor preparados para la ciencia y la probidad.

63. Para ambas secciones, es decir, la de culto y el dicho tribunal para las Causas de los Siervos de Dios, es ayudar a la antigua Oficina hagiográfica, regido por un estatuto especial que se discute en el Motu Proprio de Pío XI ya en algún momento el 6 de febrero de 1930.

64. En asuntos relacionados con las Reliquias Sagradas y la preservación del culto a los Santos de acuerdo con las normas de la doctrina católica, dos Secciones, cada una en el ejercicio de sus propias competencias, proceden de común acuerdo.

Del mismo modo, las dos secciones tienen en común el archivo, la biblioteca, los registros, la administración o el cajero, y otras cosas que pueden ser útiles para la Congregación.

Capítulo VI

La Sagrada Congregación para el Clero


65. Para que el nombre corresponda más adecuadamente a la actividad, la Sagrada Congregación del Consejo en el futuro se llamará la Sagrada Congregación para el Clero.

66. La Congregación para el Clero, presidida por el Cardenal Prefecto, asistida por el Secretario y el Subsecretario, tiene competencia en todos los asuntos relacionados con el clero, que ejerce el apostolado en la diócesis, tanto en lo que respecta a las personas como a los cargos. al ministerio pastoral.

La Congregación está dividida en tres oficinas.

67. § 1. A través del Primer Oficio: la Congregación busca, presenta y recomienda los medios y ayudas que pueden usar los sacerdotes para luchar por la santidad (26); recomienda no descuidar los estudios (27), precisamente porque, cada vez más preparados sobre todo en revelación divina, en ciencia teológica, en artes litúrgicas y en disciplinas humanas, ejercen el ministerio sacerdotal con mayor provecho; promueve institutos pastorales; se encarga del establecimiento de bibliotecas para el clero (28) y el establecimiento, en todas partes en tiempos específicos, de los llamados cursos que están especialmente dirigidos a los nuevos sacerdotes, para que perfeccionen y extiendan el método y el conocimiento pastoral, pueden tener un intercambio mutuo de experiencias apostólicas, coordinar actividades pastorales (29)

§ 2. Recomendará todas estas cosas también para los diáconos, adaptados sin embargo a sus deberes especiales.

68. Además, es responsabilidad de la Congregación, a través de la misma Oficina:

§ 1. Abordar todo lo relacionado con las funciones y la disciplina del clero diocesano, los capítulos, tanto las catedrales como las universidades, los consejos pastorales, los párrocos y los vicarios parroquiales y los demás sacerdotes quienes ejercen el ministerio pastoral, los religiosos mismos, en todo lo que no se refiere a la vida religiosa (30), la celebración de la Misa y la tarifa relativa; el otorgamiento de oficinas y beneficios no consistoriales; las elecciones populares que aún pueden estar vigentes en la concesión de estos beneficios y cargos (31); la obligación de recitar el oficio divino y ejercer piedad.

§ 2. Establecer, a través de un consejo especial, los principios generales por los cuales se regula una distribución más adecuada del clero (32).

§ 3. Examinar las obligaciones del clero y los laicos, manteniendo, en su caso, una relación adecuada con el Consejo de los Laicos.

§ 4. Para asegurarse de que no falte el consejo presbiteral en cada diócesis y, habiendo escuchado la opinión de la Congregación para los Obispos, tome en consideración los medios que aconsejaron, durante el período de la sede episcopal vacante, la confirmación del mismo por el Capítulo Vicario o el Administrador Apostólico (33).

§ 5. Examinar las controversias sobre la precedencia entre el clero, sin perjuicio del derecho de la Prefectura del Palacio Apostólico, así como de la Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares, en cuanto a la precedencia entre los religiosos; Asimismo, examinar las otras controversias, administrativamente, entre el clero o entre el clero y los laicos o entre el clero diocesano y religioso, sin embargo el n. 13 y siguientes

69. A través del Segundo Oficio :

1) Se ocupa de una manera particular de favorecer todo lo relacionado con la predicación de la Palabra de Dios; promueve obras de apostolado adaptadas a las necesidades de los tiempos y las necesidades de los hombres (34); establece normas apropiadas a seguir en la formación religiosa de niños, adolescentes, jóvenes y adultos; redacta las reglas que deben observarse en las lecciones escolares de catecismo, sin embargo, habiendo escuchado las opiniones de la Congregación para la Enseñanza Católica y, si el caso lo requiere, de la Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares; ejerce acciones de supervisión en todo tipo de cursos catequéticos, tanto parroquiales como escolares; asegura que en ningún lugar falten cursos de capacitación tanto antes como después de la boda, y adecuados para los diversos grupos de fieles; se esfuerza por el desarrollo y dirección de las oficinas diocesanas a cargo de la catequesis; También promueve el interés pastoral en aquellos que viajan y cuestiones relacionadas con el turismo (35) En todo esto pide la colaboración de las Conferencias Episcopales.

2) Revisa y aprueba los directores de catequesis, así como los programas y esquemas para predicar la Palabra de Dios, elaborados en las Conferencias Episcopales de acuerdo con las diferentes edades y diferentes necesidades de los fieles; favorece los congresos catequéticos nacionales y aprueba o indexa los internacionales.

3) Se encarga de la redacción de directores pastorales para grupos especiales de fieles, después de escuchar la opinión de los dicasterios involucrados, y sin perjuicio del derecho de los dicasterios que ya tienen el deber de preparar directores especiales en asuntos de su competencia.

70. A través del Tercer Oficio :

1) La Congregación toma en consideración todo lo que concierne a la conservación y administración de los bienes temporales de la Iglesia, mientras que la competencia de las otras Congregaciones permanece intacta con respecto a los bienes temporales bajo su control.

2) Por lo tanto, le corresponde regular la administración de los fundamentos piadosos, los legados piadosos, las obras piadosas, los beneficios, los oratorios, las iglesias, los santuarios, el patrimonio artístico eclesiástico, los bienes inmuebles, a menos que si se trata de bienes religiosos, depósitos monetarios, impuestos, impuestos, pensiones de beneficios, todas las enajenaciones y otros asuntos similares; proporcionar todo lo relacionado con el fondo común diocesano o regional (36), el mantenimiento conveniente del clero y sus pensiones, también reversible; para promover compañías e instituciones de seguros para satisfacer las necesidades del clero debido a la vejez, enfermedad u otro impedimento (37); supervisar tanto las instituciones diocesanas que recogen las ofrendas de los fieles (38) como las oficinas administrativas diocesanas, y dar a los administradores las sugerencias apropiadas; intentar un acuerdo con aquellos que se han apoderado de la propiedad eclesiástica, incluidos los que pertenecen a religiosos; Permitir a los fieles comprar bienes eclesiásticos, de cualquier forma que hayan sido retirados de la Iglesia.

Capítulo VII

La Sagrada Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares


71. La Sagrada Congregación a cargo de los asuntos religiosos cambiará su nombre y se llamará Sagrada Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares.

72. La Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares, presidida por el Cardenal Prefecto, asistida por el Secretario, se divide en dos Secciones, una para religiosos y otra para los Institutos seculares, bajo la dirección inmediata de su subsecretario.

73. § 1. A través de la Primera Sección: la Congregación debe interesarse en los asuntos que afectan a los institutos religiosos del rito latino y sus miembros, sin perjuicio de la competencia de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos y de los tribunales, cuando sea necesario un procedimiento judicial.

§ 2. Por lo tanto, pertenece a todo lo que concierne a la erección, control y supresión de los Institutos; la protección y el desarrollo del propósito apropiado, el gobierno y la disciplina, los bienes, los privilegios, la formación de los miembros y su vida de acuerdo con la naturaleza específica y las constituciones, y las dispensaciones del derecho común, mientras que la competencia del Congregación para la disciplina de los sacramentos con respecto al ayuno eucarístico y teniendo en cuenta la competencia de la Congregación para la enseñanza católica en cuanto al orden científico y académico de los estudios en la Iglesia.

§ 3. Por la misma razón, también es competente en aquellas cosas que tienen relevancia tanto para las sociedades de la vida común, cuyos miembros viven como religiosos, y con las Terceras órdenes como tales, mientras que permanece siempre intacta la competencia de lo Sagrado Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

§ 4. En la aplicación y dispensación de las leyes generales, la Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares siempre tendrá en cuenta el pensamiento y la práctica de los otros Departamentos en aquellos asuntos que, por su naturaleza, se les deben, de acuerdo con la norma establecida en n. 13.

§ 5. Corresponde a la misma Congregación promover una renovación adecuada y un aumento de la vida religiosa, así como erigir consejos o conferencias de Superiores Mayores, cuya actividad procurará aprovechar de la mejor manera (39).

74. A través de la Segunda Sección, la Congregación tiene las mismas facultades, con las adaptaciones necesarias, en relación con los institutos seculares, y esto porque, aunque no son religiosos, viven en el siglo una profesión verdadera y completa que confiere una consagración (40).


Capítulo VIII

La Sagrada Congregación para la Educación Católica


75. Lo que hasta ahora se ha llamado la Sagrada Congregación para Seminarios y Universidades, ahora toma el nombre de la Sagrada Congregación para la Educación Católica.

76. § 1. La Congregación, presidida por el Cardenal Prefecto, asistida por el Secretario y el Subsecretario, tiene competencia en lo que concierne al desarrollo de la formación del clero y la enseñanza científica católica tanto para el clero como para los laicos, intacta mientras permanece competente tanto de la Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares, en lo que respecta a la formación de religiosos como tales, y de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

§ 2. La Congregación está dividida en tres oficinas.

A través de la Primera Oficina toma en consideración:

1) todo lo que se refiere al gobierno, la disciplina, la administración temporal de los seminarios, sin perjuicio de la competencia de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, con la cual uno debe actuar de acuerdo con los puntos de vista y coordinando adecuadamente las cosas;

2) lo que concierne al desarrollo de la educación del clero diocesano y la formación científica de institutos religiosos y seculares; pero, en particular, examina y aprueba los estatutos de los seminarios regionales o interregionales, elaborados por los obispos interesados (41).

78. A través de la Segunda Oficina controla las Universidades o Facultades, las Universidades y cualquier tipo de Institutos o grupos de estudios superiores, que presumen con razón del nombre católico, por mucho que dependan de alguna manera de la autoridad de la Iglesia, sin excluir ser dirigidos por religiosos o laicos; promueve y aprueba instituciones y asociaciones que tienen como objetivo alcanzar estudios; se esfuerza por garantizar que las universidades católicas tengan institutos que, en sí mismos, tienden a promover la investigación científica o artística, y al menos una cátedra de teología sagrada, en la que también se imparten lecciones adecuadas para estudiantes laicos (42); da las normas sobre academias y bibliotecas, excepto la del Vaticano; favorece la cooperación y la ayuda mutua de las universidades católicas y sus asociaciones nacionales e internacionales; le preocupa el establecimiento de internados católicos y universidades en universidades no católicas (43).

79. A través de la Tercera Oficina prevé la construcción de escuelas parroquiales y diocesanas, ejerce una acción de supervisión en todas las escuelas católicas, de cualquier tipo y grado, sin embargo, por debajo de las universidades y facultades, y también en las instituciones educativas o educación dependiente de la autoridad de la Iglesia, a menos que se trate de escuelas cuyo único propósito es prepararse para la vida religiosa, mientras que las prescripciones de 77, 2 ° permanecen sin cambios; su competencia en las escuelas se extiende a todo el mundo católico, a menos que se trate de lugares dependientes de la Congregación para las Iglesias orientales o de la Congregación para la evangelización de los pueblos.

80. Además, la Congregación examina preguntas generales sobre educación y estudios; promueve la cooperación con las Conferencias Episcopales, y también con las autoridades civiles y grupos nacionales e internacionales, respetando la debida coordinación con el Consejo Sagrado para Asuntos Públicos de la Iglesia; coordina las fuerzas y los medios para reclamar los derechos y libertades de la escuela; da su aprobación a las conferencias nacionales e internacionales, donde se abordan estos problemas.


Capítulo IX

La Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos o para la Propagación de la Fe


81. Lo que hasta ahora se llamaba la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, en el futuro se llamará la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos o para la Propagación de la Fe.

82. La Congregación para la Evangelización de los Pueblos o para la Propagación de la Fe, presidida por el Cardenal Prefecto, asistida por el Secretario y el Subsecretario, tiene jurisdicción sobre los asuntos relacionados con todas las Misiones establecidas para difundir el reino de Cristo en todas partes, y por lo tanto en constitución y cambio de ministros necesarios y circunscripciones eclesiásticas; al proponer a las personas que los apoyan; en promover más eficientemente al clero indígena, a quien se le confían gradualmente los cargos más altos y al gobierno; al dirigir y coordinar todas las actividades misioneras en cada parte de la tierra, tanto con respecto a los heraldos del Evangelio como a la cooperación misionera de los fieles.

83. § 1. Los Presidentes de las Secretarías son miembros de esta Congregación, además de los Cardenales que le asignó el Sumo Pontífice: para la Unión de Cristianos, para los no cristianos, para los no creyentes.

§ 2. Para tratar problemas de mayor importancia y de carácter general, las Congregaciones Plenarias participan, como Miembros, también con un voto deliberativo si esto complace al Sumo Pontífice, tanto a los Obispos de las Misiones nombrados por el mismo Sumo Pontífice como a los representantes de los Superiores de los Institutos y Obras Pontificias (44); asegurar que no haya escasez de personas que presenten las necesidades de las llamadas iglesias "jóvenes" o "indígenas".

§ 3. En cuanto al número de los mencionados en el § 2, y las otras adiciones, tenga en cuenta el Motu Proprio Ecclesiae Sanctae del 6 de agosto de 1966, así como las instrucciones especiales que publicará la Sagrada Congregación.

84. Esta Congregación da impulsos misioneros en los lugares sujetos a ella, promueve la vocación misionera y la espiritualidad; ofrece interés y oraciones por las Misiones, y proporciona información auténtica y apropiada sobre ellas (45); asimismo, cumple cuidadosamente el deber de educar a los jóvenes y capacitar a los clérigos; se ocupa de lo que concierne a la celebración de sínodos y consejos y asambleas o conferencias episcopales, revisa, de acuerdo con las prescripciones de la ley, lo que establecen y decretan; indexe las visitas en horarios establecidos, a través de los cuales tiene un conocimiento más profundo sobre las necesidades de las regiones y sobre los problemas más serios.

85. Es tarea de esta misma Congregación despertar y distribuir, de acuerdo con las necesidades más urgentes de las regiones, los misioneros; promover y coordinar la ayuda, especialmente a través de las Obras Misionales Pontificias, y asignarla según la necesidad de plazas (46).

86. En razón de su objetivo definido y frecuente, los institutos religiosos fundados en las Misiones y que, sobre todo, trabajan allí dependen de esta Congregación; las sociedades de eclesiásticos y mujeres sin votos y los seminarios que, según los estatutos, se fundaron con el único propósito de formar misioneros en ellos para misiones en el extranjero, en lo que respecta a sus normas, administración y las concesiones apropiadas requeridas para la ordenación sagrada de los alumnos, sin perjuicio de las normas establecidas por la Congregación para los Religiosos, así como, con respecto a los estudios y la formación científica, por la Congregación para la enseñanza católica.

87. Sin embargo, se le exige que se refiera a los asuntos de las Congregaciones competentes sobre la Fe o los ritos sagrados o los estudios eclesiásticos y las universidades católicas, o las dispensaciones del matrimonio ratificado y no consumado; También transmite casos de matrimonio y otros asuntos que requieren procedimientos judiciales a la Santa Rota Romana.

88. Pero en lo que respecta a otros religiosos, tanto del rito latino como de los ritos orientales, esta Congregación solo tiene competencia en lo que les concierne como misioneros, tanto individuales como grupales, intactos sin dejar de ser el derecho de la Congregación para Iglesias del Este y se refirió a la Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares aquellas cosas que conciernen a los religiosos como tales, como individuos o como grupo, a menos que el Sumo Pontífice prescriba algo especial.

89. Para promover la cooperación misionera, el Consejo Supremo se beneficia de la dirección de las Obras Misionales Pontificias, de las cuales dependen los Consejos Generales de la Unión Misionera del Clero, la Ópera para la Propagación de la Fe, la Opera di San Pietro Apostolo, de la Opera della Santa Infanzia.

90. El Consejo de Consultores, que incluye, entre otros expertos, también los Secretarios de las tres Secretarías, los Directores de los Institutos y Obras Pontificias, así como los representantes de las Obras Misionales Regionales y las Asociaciones Laicas Internacionales, recopila información útil sobre la situación local de las diversas regiones y la mentalidad de los diferentes grupos de hombres, y sobre los métodos de evangelización a adoptar, y luego propone conclusiones científicamente válidas para el trabajo y la cooperación misionera (47).

91. La Oficina Administrativa controla la Tesorería de la Congregación y la administración de bienes bajo la dirección del Cardenal Prefecto, sin perjuicio de la obligación de dar debida cuenta a la Prefectura de la economía de la Santa Sede.

X

SECRETARIOS

Capítulo I

El Secretariado para la Unidad de los Cristianos

92. § 1. La Secretaría de la Unidad de los Cristianos, de la cual son miembros los Cardenales y Obispos nombrados por el Sumo Pontífice, está dirigida por el Cardenal Presidente, asistido por el Secretario y el Subsecretario. Luego dan consejos, según el n. 5 de las Normas Generales, los consultores clericales y laicos, elegidos de todo el mundo, que son verdaderamente expertos en asuntos ecuménicos.

§ 2. Entre los miembros de la Secretaría, por razón de su cargo, se cuentan los Cardenales Prefectos de las Sagradas Congregaciones para las Iglesias Orientales y para la Evangelización de los Pueblos, mientras que entre los Consultores siempre están los Secretarios de las mismas Congregaciones.

§ 3. La Secretaría está dividida en dos Oficinas, bajo la guía inmediata de su Delegado.

93. La Secretaría tiene la competencia y la tarea de promover la unidad de los cristianos. Por lo tanto, después de mencionarlo al Sumo Pontífice, promueve las relaciones con los hermanos de otras comunidades; se preocupa por la interpretación y ejecución exactas de los principios del ecumenismo; reúne o aumenta y coordina grupos católicos, tanto nacionales como internacionales, que promueven la unidad de los cristianos; inicia diálogos sobre cuestiones y actividades ecuménicas con las Iglesias y las comunidades eclesiales separadas de la Sede Apostólica; hace un llamamiento a los observadores católicos para las conferencias cristianas; invita a los observadores de los hermanos separados a conferencias católicas siempre que esto parezca apropiado; implementa las decisiones del consejo que tienen relevancia para el problema ecuménico.

94. También tiene competencia en asuntos que conciernen a los judíos desde un punto de vista religioso.

95. Los asuntos mixtos se tratan de acuerdo con los dicasterios interesados.

Capítulo II

La Secretaría para los no cristianos


96. La Secretaría para los no cristianos, bajo la dirección del Cardenal Presidente asistido por el Secretario y el Subsecretario, llega de manera saludable, con la aprobación del Sumo Pontífice, aquellos que, aunque carecen de la religión cristiana, todavía profesan una religión o poseen un sentimiento religioso.

97. Los miembros de la Secretaría, además del Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, son los elegidos por el Sumo Pontífice, tanto por el Sagrado Colegio de Cardenales, como a propuesta de las Conferencias Episcopales de los territorios de la Misión, etc. otros en cuyas circunscripciones por cualquier causa habitan cierto número de no cristianos, incluso temporalmente. El consejo de expertos, aprobado por el Sumo Pontífice, da las sugerencias apropiadas.

98. Sin perjuicio de la competencia de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, la Secretaría, para lograr su objetivo, no solo promueve estudios, sino que con una caridad viva también favorece las relaciones con los no cristianos, lo que aumenta la estima mutua.

99. Es deber de la misma Secretaría buscar el método y las formas de promover un diálogo apropiado con los no cristianos. Por lo tanto, le preocupa que los no cristianos sean conocidos exactamente y que los cristianos los valoren correctamente, e igualmente que puedan conocer y apreciar la doctrina y la vida cristianas por igual; pregunta y examina los deseos de los ordinarios; brinda capacitación a quienes trabajan para el diálogo; propone, examina, aprueba iniciativas sugeridas por la experiencia.

100. Se adjunta a ella la Oficina para promover las relaciones con los musulmanes.

Capítulo III

La Secretaría para los no creyentes


101. La Secretaría para los no creyentes tiene como Presidente un Cardenal asistido por un Secretario y un Subsecretario y está compuesto por algunos Cardenales y Obispos nombrados por el Sumo Pontífice, a quienes se unen Consultores elegidos de todo el mundo.

102. Con la aprobación del Sumo Pontífice, la Secretaría espera con interés el estudio del ateísmo, para conocer más profundamente sus diferentes aspectos y, en la medida de lo posible, entablar una conversación con los mismos no creyentes, que aceptan sinceramente una colaboración.

V

EL CONSEJO DE LOS LAICOS Y LA COMISIÓN PONTIFICIA DE ESTUDIO "IUSTITIA ET PAX"

103. Se aplican las normas publicadas en el Motu Proprio Catholicam Christi Ecclesiam de 6 de enero de 1967 ( 48 ).

VI

Los tribunales

Capítulo I

El Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica

104. El Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica está formado por algunos cardenales nombrados por el Sumo Pontífice, de los cuales uno, también elegido por el Sumo Pontífice, desempeña el cargo de Prefecto, con la ayuda de un Secretario y un Subsecretario. Tiene dos secciones.

105. A través de la Primera Sección, el Tribunal está interesado en asuntos que, por poder ordinario o por poder delegado, se le atribuyen en el Código de Derecho Canónico (49); extiende la jurisdicción de los tribunales, también establecidos para casos matrimoniales; hasta que se disponga lo contrario, extiende el foro de peregrinos en Roma hasta el proceso de nulidad del matrimonio, solo en circunstancias extraordinarias y por causas muy graves; de acuerdo con las normas de los cánones sagrados, supervisa, de acuerdo con su tarea, la correcta administración de justicia; prevé la creación de tribunales regionales e interregionales; disfruta de los derechos reconocidos en los Concordatos entre la Santa Sede y las diversas naciones.

106. A través de la Segunda Sección, la Signatura Apostólica resuelve los conflictos que surgen de un acto de poder administrativo eclesiástico, y se le presenta mediante una apelación contra la decisión del Dicasterio competente, siempre que se discuta si el acto mismo ha violado o no una ley. En tales casos, tiene en cuenta tanto la admisión de la apelación como la ilegalidad del acto impugnado.

107. Además, a través de la misma Sección juzga los conflictos de competencia entre los Dicasterios de la Sede Apostólica; examina las preguntas administrativas que le presentan las Congregaciones de la Curia romana, considera las preguntas que le confía el Sumo Pontífice.

108. La Signatura Apostólica está regulada por su propia ley.

Capítulo II

La Sacra Romana Rota


109. Sin perjuicio de las prescripciones del CIC (50), la competencia de la Sacra Romana Rota, en casos de nulidad de matrimonio presentada regularmente a la Sede Apostólica, también se extiende a los casos entre los lados católicos y no católicos, y entre los partidos no católicos, ambos de las dos partes, o ambas partes bautizadas pertenecen al rito latino o a los ritos orientales; Sin embargo, las preguntas doctrinales, que tocan la Fe, se pasan a la Congregación para la Doctrina de la Fe, de acuerdo con los nos. 29 y 31 de esta Constitución.

110. La Sacra Romana Rota está regulada por sus propias normas.

Capítulo III

La Sagrada Penitenciaria Apostólica


111. La Sagrada Penitenciaria Apostólica está dirigida por el Cardenal Penitenciario Mayor, a quien ayudan el Regente y los demás Prelados, que conforman el Consejo de la Penitenciaría Mayor (51).

112. La jurisdicción de este tribunal incluye todo lo relacionado con el foro interno, incluido el foro no sacramental; por lo tanto, este tribunal para el foro interno otorga gracias, absoluciones, dispensaciones, conmutaciones, sanciones, exenciones.

113. A la Penitenciaría también solo se le confía lo que se refiere a la concesión y el uso de indulgencias, sin perjuicio del derecho de la Congregación para la Doctrina de la Fe a examinar las cuestiones que afectan la doctrina dogmática en relación con las indulgencias mismas.

VII

Las oficinas

Capítulo I

La Cancillería Apostólica

114. La Cancillería Apostólica, presidida por el Cardenal Canciller, ayudado por el Regente, cumple la tarea de preparar tanto las Cartas Decretales como las Constituciones Apostólicas, y las Cartas Apostólicas en forma de Bula o Breve de mayor importancia, según las cuales se estableció con ley, y esto por encargo del Sumo Pontífice o de los respectivos Dicasterios de la Curia romana.

115. Las cartas, tanto en forma de Bula como en forma de escrito, no se envían excepto por mandato del Sumo Pontífice o algún Dicasterio, observando los términos del mandato punto por punto (52).

116. Es deber de la Cancillería Apostólica mantener el sello de plomo y el anillo de pescador con sumo cuidado.

Capítulo II

La Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede


117. La Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede, encabezada por una Comisión de tres Cardenales, uno de los cuales cumple el cargo de Presidente con la ayuda de un Secretario, coordina todas las administraciones de los bienes de la Santa Sede y ejerce sobre ellas acción de supervisión

118. El contador general y los otros contadores pertenecen a la prefectura, según la necesidad, y el consejo de consultores elegidos por el supremo pontífice entre el clero y los laicos verdaderamente expertos le hacen sugerencias.

119. La Comisión de los Padres Cardenales, el Secretario y los Consultores, después de cinco años de su nombramiento, necesitan confirmación.

120. La Prefectura tiene las siguientes tareas:

1) recibe tanto el informe en el balance general como el estado de resultados, y el informe de ingresos y gastos, así como el presupuesto y el saldo final de los gastos presentados por los Directores de los activos que dependen de la Santa Sede, aunque tienen una autonomía cierta o incluso plena, sin excluir las Comisiones y las Administraciones pontificias, tanto dentro como fuera de Roma, sin perjuicio de la orden especial del Instituto para la protección de las obras religiosas;

2) examina cuidadosamente el informe y la evaluación anteriores, para que en el tiempo establecido por el Cardenal Presidente sea posible presentar el presupuesto final y estimado al Sumo Pontífice para su aprobación;

3) coordina y controla todas las inversiones y operaciones económicas importantes de la Santa Sede, para que cada negocio se desarrolle de manera ordenada hacia su objetivo;

4) examina los proyectos de las obras, tanto preventivas como ejecutivas y, si es necesario, supervisa las obras mismas;

5) gravar los porcentajes, que deben pagarse a la Administración General del Patrimonio de la Sede Apostólica, como contribución para respaldar los cargos;

6) revisa los libros de contabilidad y documentos de respaldo, y examina lo que excede la gestión ordinaria; De todo esto envía, a través del Cardenal Presidente, un informe escrito al Sumo Pontífice.

121. La Prefectura también se informa de quienes, en el desempeño de la oficina que se les ha encomendado, han causado daños al patrimonio de la Santa Sede. Sin embargo, las acciones penales o civiles se remitirán al Tribunal competente o, si este no es el caso, a una Comisión especial que se delegará a tal efecto o, según el mandato del Sumo Pontífice, al Tribunal de la Sagrada Rota Romana.

Capítulo III

La Cámara Apostólica


122. La Cámara Apostólica, encabezada por la Cámara de Diputados Cardenal o, si lo impide, la Cámara de Diputados, mantiene la Oficina de conservación y administración de los bienes y derechos temporales de la Santa Sede, mientras sea vacante (53).

Al llevar a cabo estas tareas, se observan meticulosamente leyes especiales, ya establecidas o por publicar.

Capítulo IV

La Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica


123. La Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, presidida por el Cardenal Presidente, asistida por un Consejo del Cardenal Padres y asistida por un Secretario, tiene dos secciones: ordinaria y extraordinaria.

124. § 1. La Sección Ordinaria cumple las tareas que le son encomendadas en relación con la administración, bajo la guía directa de un Delegado.

§ 2. La Sección Extraordinaria , bajo la dirección de otro Delegado, se ocupa de las tareas que le encomienda el Sumo Pontífice y se rige por sus propias leyes especiales.

Capítulo V

La Prefectura del Palacio Apostólico


125. La Prefectura del Palacio Apostólico, bajo la guía de un Prefecto, asistido por el Regente, gobierna el Palacio Apostólico y el Sumo Pontífice, tanto en el Palacio como en los lugares a donde va.

126. § 1. Es deber de la prefectura misma ordenar las admisiones en presencia del Sumo Pontífice y preparar asuntos relacionados con las ceremonias pontificias sagradas fuera de la esfera estrictamente litúrgica, sin embargo, todo lo que se refiere al Vicario General de la Ciudad del Vaticano queda reservado al cuidado espiritual de quienes viven o trabajan en la Ciudad del Vaticano, de acuerdo con los interesados.

§ 2. Asimismo, corresponde a la Prefectura organizar los preparativos necesarios u oportunos, cada vez que el Sumo Pontífice va del Palacio Apostólico a Roma, y ​​también debe brindar su colaboración y ayuda a la Secretaría de Estado, cuando el Sumo Pontífice esté a punto de hacer viajes apostólicos.

127. La Prefectura también examina el orden de precedencia debido tanto a los Cardenales como a los Legados que las Naciones envían a la Santa Sede (54); asimismo, en unidad de acción con la Secretaría de Estado, observa lo que debe hacerse cuando quienes gobiernan a los pueblos, o están vestidos con alta dignidad, son recibidos solemnemente por el Sumo Pontífice.

128. Se requiere la confirmación del recién elegido Sumo Pontífice para el Prelado Prelado del Palacio Apostólico.

Capítulo VI

La Oficina de Estadística


129. La Oficina de Estadística tiene la tarea de recibir y ordenar sistemáticamente las noticias que parecían necesarias o útiles para conocer mejor el estado de la Iglesia y ayudar a los pastores sagrados.

130. Para que la información pueda obtenerse regularmente, con normas apropiadas y bien definidas, la Oficina garantiza que en las parroquias, diócesis, regiones, institutos religiosos, así como en los dicasterios de la Curia romana, después de indicar las modalidades, los archivos o índices se completan regularmente y se envían a él en horarios establecidos para hacer un resumen coordinado de todas las cosas relacionadas con la vida de la Iglesia.

131. Con la comparación de los datos, la Oficina publica los índices generales y los presenta a las partes interesadas, de modo que la importancia de las indicaciones que se observan se especifica con sumo cuidado, notificando las causas y las consecuencias que de ellas se derivan.

APÉNDICE

132. La respetable Fabbrica di San Pietro sigue interesada en lo que concierne a la Basílica del Príncipe de los Apóstoles, según las prescripciones de la Constitución Sapienti consilio del 29 de junio de 1908, y actuando de acuerdo con el capítulo de la basílica misma.

133. La Biblioteca Apostólica del Vaticano, el Archivo Secreto del Vaticano, la Tipografía y la Biblioteca del Vaticano, la Oficina del Maestro de donaciones o limosnas apostólicas, la Comisión de comunicaciones sociales y otros Consejos pontificios permanentes, así como el Consejo para la implementación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, hasta que haya cumplido su tarea.

134. Lo que luego concierne al hogar papal está regulado por sus propias normas. El Secretario de Escritos de los Principios y el Secretario de Letras Latinas continúan cumpliendo con sus deberes, hasta que se disponga lo contrario.

II

135. El Reglamento General de la Curia Romana debe agregarse a esta Constitución Apostólica, es decir, las normas comunes a partir de las cuales se establecen la disciplina y las modalidades para tratar los asuntos en los Dicasterios de la Santa Sede, mientras que la norma mencionada en el Tit. 1, cap. 1, no. 12.

III

136. Finalmente, en todas las Congregaciones individuales enumeradas, así como en los otros Dicasterios, en primer lugar está claro que no se debe tratar un asunto grave o extraordinario, a menos que los Moderadores respectivos hayan informado previamente al Sumo Pontífice.

Además, se requiere aprobación pontificia para cualquier decisión, excepto aquellas para las cuales se han otorgado facultades especiales a los Directores de los Dicasterios, y excluyendo las sentencias del tribunal de la Sagrada Rota Romana y de la Signatura Apostólica dada dentro de los límites de su competencia.

Declaramos que esta Constitución Apostólica es siempre estable, válida y efectiva, y entra en vigor en todos los aspectos a partir del 10 de enero de 1968, y de aquellos a los que concierne o de cualquier manera que concierna en todos los aspectos se observa plenamente, a pesar de cualquier cosa contraria, incluso digna de mención especial.

Dado en Roma, en San Pedro, el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen María, en el año 1967, quinto de nuestro pontificado.

PABLO VI


Notas:

( 1 ) Cf. Concilio Ecuménico Vaticano I, Sess. IV, Const. Pastor aeternus, cap. 2: Denz. n. 3057; CIC, can. 218, § l; Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, no. 18: AAS 57 (1965), pág. 21; Decr. Christus Dominus, n. 2: AAS 58 (1966), pág. 673

( 2 ) N. DEL RE, La Curia Romana. Rasgos histórico-jurídicos, Roma 1952, pp. 217-218

( 3 ) Cf. Bullarium Romanum, Ed. Romana, T. III, P. II, p. 195 / B. La Constitución Ratio Iuris, que ahora se informa sin fecha, en las ediciones romana y Turín del Roman Bullario se coloca bajo 1326; sin embargo, los autores más recientes, como MICHAËL TANGL ( Die Päpstlichen Kanzleiordnungen von 1200-1500, Oeniponte 1894, p. 83) y EMMANUELE CERCHIARI (Capellani Papae et Apostolicae Sedis auditores Causarum Sacri Palatii Apostolici seu ad adota roma ad adue rata roma 1870 , III, Roma 1919, pp. 69), que una vez más lo excluyó de los códigos, lo coloca bajo el año 1331

( 4 ) Cf. Bullarium Romanum, Ed. Torinese, T. VIII, pp. 985-999

( 5 ) Véase la AAS 1 (1909), pp. 9-135

( 6 ) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Christus Dominus, n. 9: AAS 58 (1966), pág. 576

( 7 ) PABLO VI, Discurso para la apertura del segundo período del Consejo, 29 de septiembre de 1963: AAS 55 (1963), p. 851

( 8 ) Concilio Ecuménico Vaticano I, Sess. IV, Const. Pastor aeternus, cap. 2: Denz. n. 3057

( 9 ) CIC, can. 7

( 10 ) Can. 243, § 2 y can. 244, §§ 1-2

( 11 ) CIC, can. 106

( 12 ) Cfr. Ap. Lett. En fructibus multis, dado en forma de Motu Proprio el 11 de abril de 1964: AAS 56 (1964), pp. 289-292

( 13 ) Cfr. Ap. Lett. Integrae servandae, dado en forma de Motu Proprio el 7 de diciembre de 1965: AAS 57 (1965), p. 952

( 14 ) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Christus Dominus, nn. 22-24; 39-40: AAS 58 (1966), págs. 683 ss; 694

( 15 ) Ibíd ., No. 42; Concilio Ecuménico Vaticano. II, Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 10: AAS 58 (1966), pág. 1007; Motu Proprio Ecclesiae Sanctae de 6 de agosto de 1966, I, 4: AAS 58 (1966), p. 760

( 16 ) CIC, can. 255

( 17 ) Cf. Pío XI, Carta de 5 de julio de 1925; cf también Rescritto ex Audientia SS.mi, 7 de marzo de 1930, para Italia

( 18 ) Concilio Ecuménico Vaticano. II, Decreto Christus Dominus, n. 21: AAS 58 (1966), pág. 683

( 19 ) Ibíd ., Nn. 36-38: AAS 58 (1966), p. 892; cf también Motu proprio Ecclesiae Sanctae, 6 de agosto de 1966, 1, 41, §§ 1-5: AAS 58 (1966), p. 773s.

( 20 ) Ibíd ., No. 44: AAS 58 (1966), pág. 695

( 21 ) CIC, can. 244

( 22 ) CIC, can. 2111

( 23 ) CIC, cann. 2112; 2113; 2123; 2124

( 24 ) CIC, can. 2141

( 25 ) CIC, can. 2018

( 26 ) Concilio Ecuménico Vaticano. II, Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 15: AAS 58 (1966), pág. 1014

( 27 ) Véase ibid ., N. 19: AAS 58 (1966), pág. 1019

( 28 ) Véase ibid .

( 29 ) Véase ibid .

( 30 ) Concilio Ecuménico Vaticano. II, Decreto Christus Dominus, n. 35: AAS 58 (1966), pág. 690

( 31 ) Motu proprio Ecclesiae Sanctae, 6 de agosto de 1966, 1, n. 18, § 1: AAS 58 (1966), pág. 767

( 32 ) Ibíd ., 1, n. 1: AAS 58 (1966), pág. 759

( 33 ) Cfr . Ibid ., 1, 15, §§ 1 y 4: AAS 58 (1966), p. 766

( 34 ) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Christus Dominus, n. 17: AAS 58 (1966), pág. 681

( 35 ) Cfr . Ibid ., N. 18, p. 682

( 36 ) Motu proprio Ecclesiae Sanctae, 6 de agosto de 1966, I, n. 8: AAS 58 (1966), pág. 762

( 37 ) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 21: AAS 58 (1966), pág. 1021

( 38 ) Ibíd ., Nn. 20-21; cf Motu Proprio Ecclesiae Sanctae, 6 de agosto de 1966, 1, n. 8: AAS 58 (1966), pág. 762

( 39 ) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, n. 23: AAS 58 (1966), pág. 711

( 40 ) Ibíd, Núm. 11, p. 707

( 41 ) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Optatam totius, n. 7: AAS 58 (1966), pág. 719

( 42 ) Concilio Ecuménico Vaticano. II, dic. Gravissimum educationis, n. 10: AAS 58 (1966), pág. 736

( 43 ) Ibíd .

( 44 ) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Ad gentes divinitus, cap. V, no. 29: AAS 58 (1966), pág. 979

( 45 ) Ibíd, Cap. V, no. 29

( 46 ) Ibíd, Cap. V, no. 29

( 47 ) Ibíd, Cap. V, no. 29

( 48 ) AAS 59 (1967), pp. 25-28

( 49 ) CIC, cann. 1603, 1604, 1605

( 50 ) CIC, cann. 1598; 1599; cf también CIC, can. 1557, § 2

( 51 ) Pío XI, Const. Quae divinitus Nobis, 25 de marzo de 1935, nn. 2-3; cf AAS 27 (1935), pág. 97SS.

( 52 ) CIC, can. 260

( 53 ) CIC, can. 262

( 54 ) CIC, can. 254