Una mentira puede recorrer el mundo en cuestión de segundos. La verdad a veces tarda años en establecerse, pero al final siempre triunfa para quienes la buscan con sinceridad.
Presentada como testimonio irrefutable, esta historia carece, sin embargo, de fundamento histórico serio. Su origen es tardío, su fuente es sumamente cuestionable, su único testigo es desconocido para los especialistas en el Padre Pío y, sobre todo, el propio arzobispo Lefebvre la negó categóricamente en una carta manuscrita de 1990.
Un encuentro auténtico
El Superior General de la Congregación del Espíritu Santo, el arzobispo Lefebvre, acudió a pedirle al famoso capuchino que rezara por el capítulo general extraordinario que los espiritanos se disponían a celebrar en el contexto de la aplicación de las reformas derivadas del concilio Vaticano II (1). El “aggiornamento” era entonces obligatorio en todos los institutos religiosos y el arzobispo ya temía las graves consecuencias que estas transformaciones podrían acarrear.
Esta preocupación no pasó desapercibida para el Padre Pío. Poco antes, el superior general de los capuchinos también había acudido a pedirle que rezara por el capítulo general de su orden, encargado de redactar nuevas constituciones. Según varios testigos, el santo fraile reaccionó con vehemencia, declarando: “¡Esto no es más que palabrería y ruina!”. Más tarde, al enterarse de que se estaban preparando nuevas constituciones, según se cuenta, volvió a expresar su dolor, exclamando: “¿Pero qué hacéis en Roma? ¿Qué estáis tramando? ¡Queréis cambiar incluso la regla de San Francisco!” (2).
El encuentro entre el arzobispo Lefebvre y el padre Pío fue, sin embargo, sumamente sencillo. El arzobispo estuvo acompañado por el padre Bárbara y el hermano Félin, un fraile espiritano, mientras que el padre Pío, apoyado por dos capuchinos, se dirigía al confesionario. Tras explicar brevemente el motivo de su visita, el arzobispo Lefebvre pidió al santo fraile que rezara por el capítulo espiritano.
Cuando le pidió su bendición, el Padre Pío respondió con profunda humildad: “¡No, monseñor, es usted quien debe bendecirme!”
El arzobispo Lefebvre le impartió entonces su bendición episcopal, el padre Pío besó su anillo y continuó su camino hacia el confesionario.
Una fotografía, ahora famosa, inmortaliza este momento.
Si bien no cabe duda de que la reunión tuvo lugar, el contenido del supuesto “diálogo profético” se basa exclusivamente en un testimonio tardío, no corroborado por otras fuentes y explícitamente contradicho por el propio obispo Lefebvre.
Una historia que surgió dieciséis años después
Sin embargo, ningún documento de 1967 menciona esta conversación, ningún testigo independiente la confirma, ningún allegado conocido del Padre Pío se refiere a ella y, sobre todo, solo salió a la luz cuando la crisis entre el arzobispo Lefebvre y Roma ya era de dominio público. Esta simple observación, por sí sola, justifica la máxima sospecha.
Fuentes poco fiables
El supuesto testigo, Bruno Rabajotti, también plantea muchas preguntas. Los especialistas en el Padre Pío no encuentran rastro de este misterioso “hijo espiritual predilecto” fuera de los libros en los que él mismo relata sus recuerdos, y ninguno de los hijos espirituales más cercanos del Padre Pío parece haber oído hablar jamás de él.
Un testimonio plagado de inverosimilitudes
Rabajotti atribuye al Padre Pío, en particular, que el don de lenguas no es un carisma sobrenatural concedido excepcionalmente por Dios, sino “una capacidad accesible a todos aquellos que saben hablar el lenguaje del espíritu”. También le atribuye al santo capuchino comentarios que sugieren que las personas podrían de alguna manera “salvarse” o “curarse” mediante un simple equilibrio interior.
Los especialistas en la causa de beatificación del Padre Pío no se equivocaban; este “testimonio” nunca se incluyó entre los documentos oficiales del juicio.
Respuesta del arzobispo Lefebvre
Aquí está la carta:
“Esta calumnia, esta invención total, lleva circulando en Italia varios años. Ya la he desmentido, pero las mentiras son difíciles de erradicar. No hay ni una sola palabra de verdad en las páginas de esta revista de la que me enviaste una fotocopia.
El encuentro, que tuvo lugar después de la Pascua de 1967, duró dos minutos. Me acompañaron el padre Bárbara y el hermano Félin, un fraile espiritano. Me encontré con el padre Pío en un pasillo, cuando se dirigía al confesionario, acompañado por dos frailes capuchinos.
Le expliqué en pocas palabras el propósito de mi visita: pedirle que bendijera a la Congregación del Espíritu Santo, que estaba a punto de celebrar un capítulo general extraordinario, como todas las congregaciones religiosas, bajo el signo de “aggiornamento”, un capítulo que temía que causara serias dificultades.
Entonces el Padre Pío exclamó: “¿Yo, bendecir a un arzobispo? ¡No, no! ¡Eres tú quien debe bendecirme a mí!”
Y se inclinó para recibir mi bendición. Lo bendije. Besó mi anillo episcopal y siguió su camino hacia el confesionario.
Ese fue todo el encuentro, ni más ni menos.
Inventar una historia como la que me enviaste requiere una imaginación satánica y una auténtica voluntad de mentir. Su autor es hijo del padre de la mentira.
Gracias por darme la oportunidad de aclarar una vez más la simple verdad.
Con un cordial saludo en Cristo y María.
✠ Marcel Lefebvre”
La claridad de esta negación no deja lugar a ambigüedades; el obispo Lefebvre describe este relato como “calumnia”, “una invención total” y una “mentira”.
Una leyenda perpetuada por la repetición
La canonización del Padre Pío en 2002 dio nueva visibilidad a esta leyenda, que desde entonces se ha difundido regularmente en Internet; las consagraciones del 1 de julio de 2026 le han dado un nuevo resurgimiento en relevancia.
Una mentira puede recorrer el mundo en cuestión de segundos. La verdad a veces tarda años en establecerse, pero al final siempre triunfa para quienes la buscan con sinceridad.
Notas:
1) Bishop Lefebvre – A Life (Obispo Lefebvre - Una vida), Bernard Tissier de Mallerais, Clovis, 2002, págs. 391–392
2) Reacción informada por el P. Jean, capuchino de Morgon, en Letter to the Friends of Saint Francis (Carta a los Amigos de San Francisco) n. 17, 2 de febrero de 1999; Fideliter No. 129, pág. 52.
FSSPX News

No hay comentarios:
Publicar un comentario