jueves, 2 de noviembre de 2023

VEINTE MÁRTIRES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA SERÁN BEATIFICADOS ESTE NOVIEMBRE

Veinte mártires asesinados durante la persecución religiosa de la Guerra Civil Española serán beatificados en noviembre en Sevilla, España.


El 22 de junio, Francisco aprobó el decreto del Dicasterio para las Causas de los Santos sobre el martirio de los Siervos de Dios Manuel González-Serna Rodríguez y 19 compañeros: 10 sacerdotes diocesanos, un seminarista y nueve fieles laicos, todos asesinados por odio a la fe en 1936 en Sevilla, España, durante la Guerra Civil Española (1936-1939).

La beatificación tendrá lugar en la catedral de Sevilla el próximo 18 de noviembre y será llevada a cabo por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos que actúa en nombre de Francisco.

En la rueda de prensa para anunciar la beatificación, el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, recordó las palabras del escritor francés Paul Claudel, quien dijo de los más de 10.000 religiosos asesinados en España durante la misma persecución: “¡Tantos mártires y ni un solo caso de apostasía!”

El arzobispo afirmó: El martirio es la mayor prueba de amor, de seguimiento total del Señor, aceptando morir en una prueba suprema de fe y de amor”, añadiendo que “la fuerza de los mártires nace de una unión profunda con Cristo, porque no es el resultado del esfuerzo humano, sino la respuesta a la gracia de Dios, que nos permite ofrecer nuestra vida por amor a Cristo y a la Iglesia”.

“El poder de Dios se manifiesta en la debilidad, en la pequeñez, de quien se encomienda a Él y sólo en Él pone la esperanza. El mártir es una persona libre que, en un acto supremo de fe, esperanza y amor, se abandona en manos de Dios y asocia su vida al sacrificio de Cristo en la Cruz”, agregó el arzobispo.

A José Leonardo Ruiz Sánchez, catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla y encargado de escribir la biografía de los mártires para la Santa Sede, se le preguntó si alguno de sus casos le llamaba especialmente la atención.

“Recordaría particularmente el caso del Saucejo, hermano de un sacerdote, que no es perseguido, pero no abandona a su hermano, que fue perseguido”, dijo Sánchez. “Cuando lo llevan [al sacerdote] al martirio, él [Saucejo] lo acompaña y le fusilan también porque no quiere abandonar al que está sufriendo en ese momento”.

El catedrático agregó que también admira mucho “ese cura que sabe que van a fusilar a todos los que están en la cocina, en el edificio municipal, y cuando le abren la puerta con los rifles se pone la sotana… y se para al frente para ser el primero en morir, tratando de defender y no poner a los demás en primer lugar”.

A continuación, el texto oficial completo del Dicasterio para la Causa de los Santos sobre los mártires de Sevilla:

La situación sociopolítica de España durante la guerra civil (1936-1939) es históricamente bien conocida, así como el clima de persecución que los milicianos republicanos establecieron contra todos aquellos que se profesaban miembros de la Iglesia católica, ya fueran consagrados o laicos.

Esta Causa trata del martirio de veinte Venerables Siervos de Dios, diez sacerdotes y diez seglares, todos ellos asesinados en 1936 y pertenecientes a la Archidiócesis de Sevilla.

Ellos son:

1. Manuel González-Serna Rodríguez. Nacido en Sevilla el 13 de mayo de 1880, fue ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1902 y nombrado párroco de Constantina el 30 de octubre de 1911. Detenido en la noche del 19 de julio de 1936, fue conducido a la iglesia parroquial de Constantina el 23 de julio siguiente y ejecutado en la sacristía.

2. Francisco de Asís Arias Rivas. Nacido en Cantilana (Sevilla) el 30 de enero de 1875, fue ordenado sacerdote el 1 de junio de 1901 y nombrado párroco de Lora del Río el 27 de octubre de 1919. Fue detenido a finales de julio de 1936 y fusilado el 1 de agosto de 1936 en el cementerio de Lora del Río.

3. Miguel Borrero Picón. Nacido en Beas (Huelva) el 6 de diciembre de 1873, fue ordenado sacerdote el 19 de noviembre de 1903 y nombrado vicepárroco de Utrera el 26 de febrero de 1923. Fue detenido en la parroquia el 19 de julio de 1936 y asesinado en la cárcel local el 26 de julio siguiente.

4. Mariano Caballero Rubio. Nacido en Alájar (Huelva) el 28 de octubre de 1895, fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1923 y nombrado vicepárroco de Huelva el 27 de abril de 1934. Presenció el incendio de la iglesia parroquial el 21 de julio de 1936 y se refugió con una familia en Punta Umbría (Huelva), donde fue detenido y llevado a prisión. Recibió un disparo en la espalda durante su traslado a la cárcel y murió de una hemorragia en el hospital el 23 de julio de 1936.

5. Pedro Carballo Corrales. Nacido en Ubrique (Cádiz) el 10 de noviembre de 1886, fue ordenado sacerdote para la diócesis de Sevilla el 18 de diciembre de 1910 y nombrado párroco de Santa María de Guadalcanal el 15 de octubre de 1919. Fue detenido en su parroquia el 20 de julio de 1936 y conducido con otros presos al cementerio de Guadalcanal, donde fue fusilado y enterrado el 6 de agosto de 1936.

6. Juan María Coca Saavedra
. Nacido en Mairena del Alcor (Sevilla) el 24 de diciembre de 1884, fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1909 y nombrado vicepárroco de Lora del Río el 14 de octubre de 1911. Fue fusilado y enterrado en el cementerio de la ciudad el 1 de agosto de 1936.

7. Antonio Jesús Díaz Ramos. Nacido en Bollullos del Condado (Huelva) el 31 de diciembre de 1896, fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1920 y nombrado administrador parroquial de Cazalla de la Sierra (Sevilla) en 1931. Detenido en la noche del 18 de julio de 1936, fue ejecutado en la cárcel de Cazalla de la Sierra el 5 de agosto siguiente.

8. Salvador Lobato Pérez. Nacido en Algodonales (Cádiz) el 31 de diciembre de 1901, fue ordenado sacerdote en Sevilla el 12 de marzo de 1927 y nombrado administrador de la parroquia de El Saucejo en 1933. Detenido junto con su hermano el Venerable Siervo de Dios Rafael Lobato Pérez (nº 20), con quien fue asesinado en El Saucejo el 21 de agosto de 1936.

9. Rafael Machuca Juárez de Negrón. Nacido en Estepa (Sevilla) el 30 de abril de 1881, fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1909 y nombrado vicepárroco el 1 de noviembre de 1912. Detenido en julio de 1936 en el balneario de Carratraca, adonde había acudido por motivos de salud, y enviado a Málaga, fue asesinado el 31 de agosto de 1936.

10. José Vigil Cabrerizo. Nacido en Huétor-Tájar (Granada) el 11 de octubre de 1906, fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1932 en Sevilla. Se le confió la iglesia del barrio de San Girolamo, donde llegaron los revolucionarios el 1 de mayo de 1936. Reconocido sacerdote, fue fusilado el 18 de julio de 1936 en Sevilla y murió en el hospital al día siguiente.

11. Enrique Palacios Monrabá. Nacido en Cazalla de la Sierra (Sevilla) el 3 de abril de 1917, ingresó en el Seminario de Sevilla el 29 de agosto de 1928. Al término de su primer año de estudios de teología, regresó a casa de vacaciones a finales de junio de 1936. Fue detenido y asesinado junto con su padre el Venerable Siervo de Dios Manuel Palacios Rodríguez (nº 17) en el patio de la cárcel de Cazalla de la Sierra el 5 de agosto de 1936.

12. María Dolores Sobrino Cabrera. Nacida en Constantina (Sevilla) el 19 de abril de 1868, contrajo matrimonio con Rafael Cabezas Ruival de Flores el 27 de diciembre de 1891.  Dedicada a labores parroquiales, fue fusilada el 23 de julio de 1936 en la iglesia de Constantina.

13. Agustín Alcalá Henke. Nacido en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) el 7 de junio de 1892, se licenció en Derecho en 1915 y se hizo abogado. Asesinado a tiros en Alcalá de Guadaíra por revolucionarios el 17 de julio de 1936 cuando se dirigía a socorrer a personas necesitadas, falleció en el hospital de Sevilla el 18 de julio de 1936.

14. Mariano López-Cepero y Muru. Nacido el 24 de enero de 1883 en Cazalla de la Sierra (Sevilla), fue teniente de alcalde de su pueblo natal y miembro de la junta parroquial. Fue asesinado el 5 de agosto de 1936 en la cárcel de Cazalla de la Sierra.

15. Gabriel López-Cepero y Muru. Nacido en Sevilla el 22 de agosto de 1874, se casó con María Teresa Ovelar Ovelar, con la que tuvo siete hijos. Miembro del consejo parroquial, fue asesinado, junto con su hermano el Venerable Siervo de Dios Mariano (nº 14), el 5 de agosto de 1936 en la cárcel de Cazalla de la Sierra.

16. Cristóbal Pérez Pascual. Nacido en Alájar (Huelva) el 9 de diciembre de 1887, abrió una farmacia en Cazalla de la Sierra en 1923, a través de la cual realizó también labores asistenciales y benéficas. Miembro de la junta parroquial, fue asesinado en la cárcel de Cazalla el 5 de agosto de 1936.

17. Manuel Palacios Rodríguez. Nacido en Aracena (Huelva) el 1 de agosto de 1877, era terrateniente. El 4 de octubre de 1909 contrajo matrimonio con Luisa Monrabá Canela, con la que tuvo siete hijos, entre ellos el Venerable Siervo de Dios Enrique Palacios Monrabá (nº 11), seminarista. Miembro del consejo parroquial, fue asesinado junto con su hijo y otros presos en el patio de la cárcel de Cazada de la Sierra el 5 de agosto de 1936.

18. José María Rojas Lobo. Nacido en Sevilla el 29 de septiembre de 1910, era abogado. Durante el verano de 1936 se trasladó con su familia a Marchena, donde fue detenido el 20 de julio de 1936. Malherido en el tiroteo de los revolucionarios, murió el 25 de julio de 1936.

19. Manuel Luque Ramos. Nacido en Marchena (Sevilla) el 6 de marzo de 1893, era recadero y sacristán de las monjas clarisas y vivía con su madre viuda cerca del monasterio. El 18 de julio de 1936, se opuso a un grupo de revolucionarios que querían entrar en la iglesia durante la Santa Misa. Detenido al día siguiente y fusilado, murió en el hospital de Marchena el 22 de julio de 1936.

20. Rafael Lobato Pérez. Nacido en Algodonales (Cádiz) el 28 de febrero de 1905, de profesión carpintero, ayudó en el ministerio pastoral al Venerable Siervo de Dios Salvador Lobato Pérez (nº 8). Cuando los revolucionarios vinieron a detener a su hermano sacerdote, no quiso dejarlo solo. Ambos fueron sacados del país y asesinados juntos el 21 de agosto de 1936 en El Saucejo.

Los Venerables Siervos de Dios de la presente Causa no constituyen un grupo homogéneo, ninguno tuvo un juicio regular y casi todos fueron encarcelados con anterioridad.

El martirio material de todos los Venerables Siervos de Dios está suficientemente probado. Para algunos de los Venerables Siervos de Dios, la muerte llegó más tarde que el atentado, pero fue consecuencia directa de ese acto. Ellos son: Agustín Alcalá Henke, José Vigil Cabrerizo, Manuel Luque Ramos y José María Rojas Lobo, Mariano Caballero.

En cuanto al elemento formal ex parte tyranni, el odium fidei fue el motivo predominante que armó a los verdugos. La muerte violenta de los Venerables Siervos de Dios se enmarca en el contexto de la persecución religiosa española que afectó a la zona de Sevilla. Los distintos episodios fueron acompañados de la destrucción de imágenes sagradas y del incendio de iglesias y edificios religiosos. Los testigos relatan que los Venerables Siervos de Dios fueron asesinados por ser sacerdotes o laicos católicos.

En cuanto al elemento formal ex parte victimarum, está suficientemente atestiguada la aceptación de la muerte como expresión de fidelidad a Cristo hasta los momentos previos a la muerte. Algunos Venerables Siervos de Dios durante el cautiverio rezaron, se animaron mutuamente, se confesaron y expresaron palabras de perdón a sus verdugos.

La reputación del martirio ha permanecido constante a lo largo del tiempo.


EL CATOLICISMO GLOBAL ESTÁ EVOLUCIONANDO HACIA ÁFRICA

El arzobispo africano Ignatius Ayau Kaigama ha dicho que los africanos ven el catolicismo de Occidente como una “Iglesia en decadencia”, mientras que en África el cristianismo está floreciendo gracias a una fuerte fe bíblica y convicciones morales tradicionales.

Por Ngala Killian Chimtom


“La comprensión africana de la autoridad bíblica, el sexo, el matrimonio y el pecado puede parecerles retrógrada y supersticiosa a los liberales occidentales”, dijo el arzobispo Ignatius Ayau Kaigama de Abuja, pero insistió en que esas creencias tienen un fuerte atractivo en las culturas africanas.

Kaigama, de 65 años, dijo que el catolicismo a nivel mundial está “evolucionando hacia África”.

Kaigama, quien recientemente participó en el sínodo de sobre la sinodalidad del 4 al 29 de octubre, habló en una entrevista exclusiva con Crux después de que el Vaticano publicara nuevas estadísticas que confirman el crecimiento de la Iglesia en África.

Los datos, publicados el 22 de octubre con motivo del Domingo Mundial de las Misiones por la Agencia de Noticias Fides del Vaticano, cubren el período del 31 de diciembre de 2020 al 31 de diciembre de 2021.

El informe indica que los católicos en todo el mundo aumentaron en 16,2 millones en ese lapso, alcanzando un total de 1.375.852.000 personas, lo que representa el 17,67 por ciento de la población mundial.

Según los datos, África sigue siendo el centro de crecimiento del catolicismo, aumentando en 8,3 millones de personas. Las Américas experimentaron un modesto crecimiento de 6,6 millones. Asia creció en 1,49 millones, mientras que la población católica de Oceanía aumentó en 55.000. Europa volvió a caer, registrando 244.000 católicos menos en 2021.

El informe también muestra que África logró grandes avances en el número de religiosos y religiosas, e indica además que el continente tiene una tasa mucho más alta de asistencia a Misa.

Kaigama citó cinco factores para explicar este “crecimiento notable”.

En primer lugar, dijo, el cristianismo africano encaja con las convicciones y experiencias religiosas tradicionales del continente, incluida “la creencia en los milagros y la curación, el amor por las historias y proverbios bíblicos, una visión holística de uno mismo y la misión de la Iglesia”.

En segundo lugar, Kaigama dijo que el cristianismo africano ha preservado un fuerte sentido de la autoridad de la Biblia.

“La Biblia tiene un estatus muy diferente en las sociedades africanas”, dijo. “Donde el cristianismo se ha vuelto dominante en el último siglo, la Biblia sigue siendo un texto sagrado, relevante y vivo”.

“La Biblia es más que una recopilación de documentos históricos”, dijo Kaigama. “Es, de manera muy significativa, un testamento africano. Para grandes segmentos de las sociedades cristianas africanas, el mundo de la Biblia es contemporáneo. Las narrativas del Antiguo y Nuevo Testamento sobre sacrificios, poligamia, plagas, agricultura, danzas, pastores, tensiones entre el pastoreo nómada y los campesinos, las epidemias y la guerra tienen una relevancia inmediata”.

El tercer factor, dijo Kaigama, es lo que describió como “la importancia duradera de los conceptos tradicionales de familia y moralidad”.

Esto protege en gran medida a los africanos de los trastornos culturales que está sufriendo Occidente, incluidas las redefiniciones de los roles masculino-femenino, la castidad, la santidad, la normalización del sexo homosexual, etc., dijo.

“Mientras muchos en Occidente juzgan cruel la posición africana sobre la homosexualidad, muchos africanos no tienen ningún problema en considerar la homosexualidad un pecado y orar por la redención de todos los pecadores”, dijo Kaigama.

Si bien Kaigama advirtió contra la “homofobia” en la Iglesia africana, también “rechazó cualquier sugerencia de redefinir la Palabra de Dios”

En cuarto lugar, Kaigama dijo que el cristianismo refuerza un instinto africano tradicional de “una fuerte dimensión comunitaria”.

“El pecado no es una realidad individual, privada o meramente interior”, dijo. “La vida es comunitaria y holística, natural y sobrenatural, por lo que el pecado tiene consecuencias sociales, políticas, ambientales e incluso cósmicas”.

“Este sentido de plenitud e interconexión de la vida significa que los individuos son responsables unos de otros, porque, como escribe San Pablo, 'si un miembro sufre, todos sufren juntos, y si un miembro es honrado, todos se regocijan juntos'”.

Señalando el ejemplo del matrimonio, Kaigama dijo que algunos teólogos occidentales liberales pueden considerar la redefinición de ciertos aspectos de las enseñanzas de la Iglesia como ‘un ajuste limitado’, pero para los africanos, revisar una parte es alterar el todo”.

En quinto lugar, Kaigama citó el atractivo que tienen en África algunas creencias y prácticas Tradicionales que han sido minimizadas en otros lugares, como el exorcismo.

“La demonología es creíble para los africanos de una manera que difícilmente puede serlo para la mayoría de los occidentales educados, al igual que las ideas de exorcismo y curación”, dijo.

Kaigama dijo que “la mayoría de los cristianos africanos reconocen a la Iglesia occidental como su ‘Iglesia madre’, pero también la vemos como una Iglesia en declive”.

“El cristianismo puede estar menguando en Europa occidental, pero está en una curva de crecimiento impresionante en otras partes del mundo, especialmente en África, dijo.

“Seguramente los cristianos del norte tienen dones del Espíritu para compartir con los del sur, pero deben aprender a asumir una postura de recepción”, dijo Kaigama. “La Iglesia, como la civilización occidental en su conjunto, está evolucionando hacia África”.

“Podemos avanzar si nos abrimos camino hacia la luz que brilla desde el continente negro”, dijo.


¿POR QUÉ EL 2 DE NOVIEMBRE ES EL DÍA DE LOS DIFUNTOS?

“Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 Mac 12:46).

Por el profesor Felipe Aquino


Es una antigua Tradición de la Iglesia Católica rezar por todos los fieles fallecidos el 2 de noviembre. La Iglesia reserva un lugar importante en la Liturgia a todos los que han muerto “en el signo de la fe”: hay un recuerdo diario en la Misa, el Memento (recuerdo) de los difuntos y en el Oficio Divino.

En el día de Todos los Santos, la Iglesia autoriza a cada sacerdote a celebrar tres Misas en sufragio de las almas de los difuntos, porque la Iglesia celebra el día de Todos los Santos desde los primeros siglos, ya que en la Biblia, en el segundo libro de los Macabeos, encontramos esta recomendación: “Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 Mac 12:46).


La existencia del Purgatorio en la Tradición de la Iglesia

Con el recuerdo de los difuntos, la Iglesia quiere recordar la gran verdad basada en la Revelación: la existencia de la Iglesia triunfante en el Cielo, sufriente en el Purgatorio y militante en la tierra. El Purgatorio es el estado intermedio pero temporal “donde el espíritu humano se purifica y se hace apto para el cielo”.


Así, nuestro Catecismo explica: “Los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no están completamente purificados, aunque su salvación eterna está garantizada, sufren una purificación después de su muerte con el fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del Cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta de las penas de los condenados” (n. 1030 -1031).

Así pues, la Tradición de la Iglesia está llena de enseñanzas sobre la oración por los difuntos. San Juan Crisóstomo (349-407), Obispo y Doctor de la Iglesia en el siglo IV, recomendaba rezar por los difuntos: “Llevémosles socorro y celebremos su memoria... ¿Por qué hemos de dudar de que nuestras ofrendas en favor de los difuntos les traerán algún consuelo? No dudemos en socorrer a los difuntos y en ofrecer nuestras oraciones por ellos” (Hom. 1Cor 41,15).

“Los Apóstoles instituyeron la oración por los difuntos y les es de gran y real ayuda” (In Filip. III 4, PG 62, 204).


¿Qué significa rezar por los difuntos?

Tertuliano (+220) - Obispo de Cartago, dice: “La esposa reza por el alma de su marido y pide por él para que se refresque y se reúna con él en la resurrección; ofrece sufragios cada aniversario de su muerte” (De monogamia, 10).

Dicho esto, el Santo Obispo atestigua el uso de sufragios en la Liturgia oficial de Cartago, que era uno de los principales centros del cristianismo en el siglo III: “Durante la muerte y el entierro de un creyente, éste era beneficiado por la oración del sacerdote de la Iglesia” (De anima 51; PR, ibidem)

San Cipriano (+258), Obispo de Cartago, se refiere a la ofrenda del sacrificio eucarístico en sufragio por los difuntos como una costumbre heredada de sus Obispos predecesores (cf. Epist. 1,2). En sus epístolas es frecuente encontrar la expresión: “ofrecer el sacrificio por alguien o con ocasión del funeral de alguien” (Revista PR, 264, 1982, pp. 50 y 51; PR ibid.)

Otro santo, Cirilo, Obispo de Jerusalén (+386), dice: “Finalmente, rezamos también por los Santos Sacerdotes y Obispos y por los Difuntos y por todos en general que han vivido entre nosotros; creyendo que esto será la mayor ayuda para aquellas almas por las que rezamos, mientras la santa y tremenda víctima yace ante nosotros” (Catecheses. Mistagógicas. 5, 9, 10, Ed. Vozes, 1977, p. 38).


¿Por qué hay un Día de los Difuntos?

En el Día de Todos los Difuntos no celebramos la muerte, sino la vida después de la muerte, la resurrección que Cristo nos ganó con Su muerte y Resurrección. Por eso, el Catecismo de la Iglesia nos recuerda que: “Reconociendo plenamente esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, la Iglesia terrena, desde los primeros tiempos de la Religión cristiana, ha venerado con gran piedad la memoria de los difuntos...” (CIC, § 958)

Como las almas de los difuntos también rezan por nosotros, algo muy importante, el Catecismo afirma: “Nuestra oración por ellas [en el Purgatorio] no sólo puede ayudarlas, sino también hacer eficaz su intercesión por nosotros” (n. 958).

La Iglesia enseña que las almas que se purifican en el Purgatorio ya no pueden hacer nada por sí mismas, entre otras cosas porque la muerte pone fin al tiempo de que disponen para hacer méritos ante Dios. Por lo tanto, son los Santos y los fieles de la tierra quienes las ayudan. Por eso, es una gran obra de caridad hacia las almas ofrecer la Santa Misa, el Rosario, indulgencias, oraciones, penitencias y limosnas para su sufragio.


miércoles, 1 de noviembre de 2023

AD THEOLOGIAM PROMOVENDAM (1 DE NOVIEMBRE DE 2023)


CARTA APOSTOLICA

EN FORMA DE «MOTU PROPRIO»

DEL SUMO PONTIFICE

FRANCISCO

AD THEOLOGIAM PROMOVENDAM

APROBACIÓN

NUEVOS ESTATUTOS DE LA

ACADEMIA PONTIFICIA DE TEOLOGÍA

1. Promover la teología en el futuro no puede limitarse a reproponer abstractamente fórmulas y esquemas del pasado. Llamada a interpretar proféticamente el presente y a discernir nuevos caminos para el futuro, a la luz de la Revelación, la teología deberá afrontar profundas transformaciones culturales, consciente de que: "Lo que estamos viviendo no es simplemente una época de cambios, sino un cambio de época" (Discurso a la Curia Romana, 21 de diciembre de 2013).

2. La Pontificia Academia de Teología, fundada a principios del siglo XVIII bajo los auspicios de mi predecesor Clemente XI, e instituida canónicamente por él con el breve Inscrutabili el 23 de abril de 1718, ha encarnado constantemente en el curso de su existencia secular la necesidad de poner la teología al servicio de la Iglesia y del mundo, modificando su estructura y ampliando sus fines cuando ha sido necesario: de un lugar inicial de formación teológica de clérigos en un contexto en el que faltaban otras instituciones inadecuadas para este fin, a un grupo de estudiosos llamados a investigar y profundizar temas teológicos de especial relevancia. La actualización de los Estatutos, querida por mis Predecesores, marcó y promovió este proceso: se piensa en los Estatutos aprobados por Gregorio XVI el 26 de agosto de 1838 y en los aprobados por san Juan Pablo II con la Carta Apostólica Inter munera Academiarum el 28 de enero de 1999.

3. Después de casi cinco décadas, ha llegado el momento de revisar estas normas, para hacerlas más adecuadas a la misión que nuestro tiempo impone a la teología. Una Iglesia sinodal, misionera y "en salida" sólo puede corresponder a una teología "en salida". Como escribí en mi Carta al Gran Canciller de la Universidad Católica Argentina, dirigiéndome a profesores y estudiantes de teología: "No os contentéis con una teología en la mesa. Que vuestro lugar de reflexión sean las fronteras. [...] También los buenos teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle y, con su reflexión, derraman aceite y vino sobre las heridas de los hombres". Sin embargo, la apertura al mundo, al hombre en la concreción de su situación existencial, con sus problemas, heridas, desafíos y potencialidades, no puede reducirse a una actitud "táctica", adaptando extrínsecamente contenidos ya cristalizados a situaciones nuevas, sino que debe impulsar a la teología a un replanteamiento epistemológico y metodológico, como indica el Proemio de la Constitución apostólica Veritatis gaudium.

4. Por tanto, la reflexión teológica está llamada a un punto de inflexión, a un cambio de paradigma, a una "valiente revolución cultural" (Carta encíclica Laudato si', 114) que la comprometa, ante todo, a ser una teología fundamentalmente contextual, capaz de leer e interpretar el Evangelio en las condiciones en que los hombres y mujeres viven cotidianamente, en distintos ambientes geográficos, sociales y culturales, y teniendo como arquetipo la Encarnación del Logos eterno, su entrada en la cultura, cosmovisión y tradición religiosa de un pueblo. A partir de aquí, la teología no puede sino desarrollarse en una cultura del diálogo y del encuentro entre diferentes tradiciones y diferentes saberes, entre diferentes confesiones cristianas y diferentes religiones, confrontando abiertamente a todos, creyentes y no creyentes. En efecto, la necesidad del diálogo es intrínseca al ser humano y a toda la creación, y es tarea particular de la teología descubrir "la impronta trinitaria que hace del cosmos en el que vivimos 'una red de relaciones' en la que 'es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa'" (Constitución apostólica Veritatis gaudium, Proem, 4a).

5. Esta dimensión relacional connota y define, desde el punto de vista epistémico, el estatuto de la teología, que se ve empujada a no encerrarse en la autorreferencialidad, que conduce al aislamiento y a la insignificancia, sino a verse inserta en una red de relaciones, en primer lugar con otras disciplinas y otros saberes. Este es el enfoque de la transdisciplinariedad, es decir, de la interdisciplinariedad en sentido fuerte, a diferencia de la multidisciplinariedad, entendida como interdisciplinariedad en sentido débil. Esta última favorece ciertamente una mejor comprensión del objeto de estudio al considerarlo desde varios puntos de vista, que sin embargo siguen siendo complementarios y separados. La transdisciplinariedad, en cambio, debe pensarse "como la puesta en común y la fermentación de todos los saberes en el espacio de Luz y de Vida ofrecido por la Sabiduría que emana de la Revelación de Dios" (Constitución apostólica Veritatis gaudium, Proemio, 4c). De ahí la ardua tarea para la teología de ser capaz de servirse de las nuevas categorías elaboradas por otros saberes, para penetrar y comunicar las verdades de fe y transmitir la enseñanza de Jesús en los lenguajes de hoy, con originalidad y conciencia crítica.

6. El diálogo con otras formas de saber presupone evidentemente el diálogo dentro de la comunidad eclesial y la conciencia de la esencial dimensión sinodal y comunitaria del hacer teología: el teólogo no puede dejar de vivir la fraternidad y la comunión en primera persona, al servicio de la evangelización y para llegar al corazón de todos. Como dije a los teólogos en mi Discurso a los miembros de la Comisión Teológica Internacional, el 24 de noviembre de 2022: "La sinodalidad eclesial compromete, pues, a los teólogos a hacer teología de forma sinodal, promoviendo entre ellos la capacidad de escuchar, dialogar, discernir e integrar la multiplicidad y variedad de instancias y aportaciones. Por ello, es importante que existan lugares, incluso institucionales, en los que vivir y experimentar la colegialidad y fraternidad teológica.

7. Por último, la necesaria atención al estatuto científico de la teología no debe oscurecer su dimensión sapiencial, como ya afirmaba claramente Santo Tomás de Aquino (cf. Summa theologiae I, q. 1, a. 6). Por eso, el beato Antonio Rosmini consideraba la teología como expresión sublime de la "caridad intelectual", al tiempo que pedía que la razón crítica de todo saber se orientara hacia la Idea de Sabiduría. Ahora bien, la Idea de Sabiduría mantiene interiormente unidas en un "sólido círculo" la Verdad y la Caridad, de modo que es imposible conocer la verdad sin practicar la caridad: "porque la una está en la otra y ninguna de las dos se encuentra fuera de la otra. Por eso quien tiene esta Verdad tiene consigo la Caridad que la cumple, y quien tiene esta Caridad tiene la Verdad cumplida" (cf. De los estudios del autor, nn. 100-111). La razón científica debe ampliar sus límites en dirección a la sabiduría, para no deshumanizarse y empobrecerse. De este modo, la teología puede contribuir al debate actual de "repensar el pensamiento", mostrándose como un verdadero saber crítico en la medida en que es un saber sapiencial, no abstracto e ideológico, sino espiritual, elaborado de rodillas, preñado de adoración y oración; un saber trascendente y, al mismo tiempo, atento a la voz del pueblo, de ahí que sea una teología "popular", que se dirige misericordiosamente a las heridas abiertas de la humanidad y de la creación y dentro de los pliegues de la historia humana, a la que profetiza la esperanza de un cumplimiento último.

8. Esta es la "impronta" pastoral que la teología en su conjunto, y no sólo en su ámbito particular, debe asumir: sin contraponer teoría y praxis, la reflexión teológica está urgida a desarrollarse con un método inductivo, que parta de los diversos contextos y situaciones concretas en que están insertos los pueblos, dejándose interpelar seriamente por la realidad, para convertirse en discernimiento de los "signos de los tiempos" en el anuncio del acontecimiento salvífico del Dios-ágape, comunicado en Jesucristo. Por tanto, debe privilegiarse ante todo el conocimiento del sentido común del pueblo, que es de hecho el lugar teológico donde habitan tantas imágenes de Dios, que a menudo no corresponden al rostro cristiano de Dios, que es sólo y siempre amor. La teología está al servicio de la evangelización de la Iglesia y de la transmisión de la fe, para que la fe se haga cultura, es decir, ethos sabio del pueblo de Dios, propuesta de belleza humana y humanizadora para todos.

9. Ante esta renovada misión de la teología, la Pontificia Academia de Teología está llamada a desarrollar, en constante atención a la naturaleza científica de la reflexión teológica, el diálogo transdisciplinar con otros saberes científicos, filosóficos, humanísticos y artísticos, con creyentes y no creyentes, con hombres y mujeres de distintas confesiones cristianas y de diferentes religiones. Esto puede tener lugar mediante la creación de una comunidad académica de fe y estudio compartidos, que teja una red de relaciones con otras instituciones formativas, educativas y culturales y sea capaz de penetrar, con originalidad y espíritu de imaginación, en los lugares existenciales de la elaboración del conocimiento, de las profesiones y de las comunidades cristianas.

10. Gracias a los nuevos Estatutos, la Pontificia Academia de Teología podrá así perseguir más fácilmente los objetivos que el tiempo actual requiere. Al acoger los votos que me han sido dirigidos para la aprobación de estas nuevas normas, y al asentir a ellos, deseo que esta insigne sede del saber crezca en calidad, por lo que apruebo, en virtud de esta Carta Apostólica, y a perpetuidad, los Estatutos de la Pontificia Academia de Teología, legítimamente redactados y nuevamente revisados, y les concedo la fuerza de la aprobación Apostólica.

Todo cuanto he decretado en esta Carta Apostólica motu proprio dada, ordeno que tenga fuerza estable y duradera, no obstante cualquier disposición en contrario.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día primero de noviembre del año 2023, solemnidad de Todos los Santos, undécimo de mi Pontificado.

FRANCISCO


Texto original: italiano

1 DE NOVIEMBRE: FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Por la fe conquistaron reinos,
ejercitaron la justicia,
obtuvieron el efecto de las promesas
(Hebreos, 11, 33).


Al comienzo del siglo VII, el santo Papa Bonifacio IV fue autorizado, por el emperador Focas, a cambiar el Panteón, erigido en honor de los falsos dioses a quienes los paganos festejaban juntamente, en iglesia que dedicó a la Santísima Virgen y a todos los mártires. Esta ceremonia tuvo lugar el 13 de mayo, y su aniversario llegó a ser fiesta fija anual, que el Papa Gregorio IV transfirió al 1º de noviembre y extendió a todo el imperio, el año 835, durante el reinado de Luis el Bueno, convirtiéndola en Fiesta de todos los Santos.


MEDITACIÓN LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

I. La vida de los santos ha estado llena de miserias: han sido perseguidos y atormentados por los enemigos de Jesucristo; Dios les ha enviado aflicciones para probarlos y purificarlos; en fin, ellos mismos se rehusaron a los placeres más inocentes y ejercieron sobre sus cuerpos grandísimas austeridades. ¿Quieres ir tú a donde están ellos? He ahí el camino, sigue sus huellas; estos grandes hombres tenían un cuerpo como el tuyo, pero más valor que tú. No han sido de naturaleza superior a la nuestra, sino de mayor vigilancia; no estuvieron exentos de pecados, pero hicieron penitencia (San Ambrosio).

II. Los santos a pesar de sus pruebas, siempre han estado alegres y contentos en esta vida, porque los consuelos que Dios derramaba en sus almas les quitaban todo sentimiento de los dolores del cuerpo. Míralos en el patíbulo y en los yermos: aquí, derraman lágrimas de consuelo, allí, están llenos de gozo en medio de las torturas. Dios es tan generoso que no quiere esperar la otra vida para recompensarlos, hasta lo hace en este mundo.

III. Si fueron consolados en esta vida, que era el lugar de exilio, de sus combates y sufrimientos, ¡de qué gozo no serán colmados en el cielo, su patria y lugar de su triunfo! Allí poseen todos los bienes que su corazón puede desear, porque poseen a Dios; no son afligidos por incomodidad alguna. Escucha lo que te dicen: "Para llegar al cielo no pienses encontrar un camino más cómodo que el que recorrimos nosotros en pos de Jesucristo. No busques aquí abajo lo que ningún santo ha podido encontrar, lo que Cristo mismo no ha encontrado".


ORACIÓN

Omnipotente y eterno Dios, 
que nos concedéis que honremos en una misma solemnidad 
los méritos de todos vuestros santos, 
haced que, asistidos por tan numerosos intercesores, 
obtengamos cada vez más, 
según nuestros deseos, 
la multitud de vuestras gracias. 
Por Jesucristo Nuestro Señor. 
Amén.

EL FALSO ECUMENISMO DEL VATICANO II

“Esa audaz idea del libre pensamiento, a la que sin duda podemos llamar una revolución, que emana de nuestra logias masónicas, se ha diseminado magníficamente sobre la cúpula de San Pedro” (Yves Marsaudon, masón grado 33, 1965)


Las herejías del Vaticano II

El concilio Vaticano II celebrado entre los años 1962 y 1965 fue un falso concilio que constituyó una revolución contra los 2000 años de Doctrina y Tradición Católicas. Cómo veremos, el Vaticano II contiene varias herejías que fueron directamente condenadas por los Papas y Concilios del pasado.

El Vaticano II intentó dar a los católicos una nueva religión. En el período siguiente al Vaticano II sucedieron cambios masivos en todos los ámbitos de la Fe Católica, incluida la implementación de una “nueva misa”. El Vaticano II también introdujo nuevas prácticas e instauró una nueva visión respecto de las otras religiones. La Iglesia Católica no puede cambiar su Doctrina sobre las otras religiones y la manera como las encara, porque son enseñanzas fundamentadas en verdades de Fe transmitidas por Jesucristo Nuestro Señor.

El Vaticano segundo intentó cambiar esas verdades de la Iglesia Católica.

El Vaticano II fue convocado por Juan XXIII y fue solemnemente promulgado y confirmado por Pablo VI el 8 de diciembre de 1965. El Vaticano II no fue un verdadero concilio general o ecuménico de la Iglesia Católica por porque como veremos en detalles a continuación, fue convocado y confirmado por herejes manifiestos como Juan XXIII y Pablo VI que no eran elegibles para la elección papal.

Los frutos del concilio Vaticano II están a la vista de todos, cualquier católico honesto que haya vivido antes del concilio, lo puede comparar él mismo. La experiencia en las diócesis de hoy puede dar testimonio del hecho de que el Vaticano II inauguró una nueva religión. Este falso concilio emitió 16 documentos en total, pero vamos a analizar los más relevantes. Sin embargo, lo que veremos, será suficiente para convencer a cualquier persona de buena voluntad, de que ningún católico puede aceptar este concilio herético sin negar la fe y no basta simplemente con resistir las herejías del Vaticano II, se debe condenar por completo este concilio no católico y a todos los que obstinadamente adhieren a sus doctrinas, pues si una persona rechaza las herejías del Vaticano II, y aún así se consideran en comunión con aquellos que aceptan las herejías del Vaticano II, entonces esa persona, en verdad, todavía está en comunión con los herejes y por lo tanto, también es un hereje.


Unitatis Redintegratio

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 1:
“Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios”.
En el inicio de su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II enseña que casi todos aspiran por una “verdadera iglesia universal” cuya misión es convertir el mundo al Evangelio. ¿Cuál es la verdadera Iglesia universal cuya misión es convertir al mundo al Evangelio? Es la Iglesia Católica. Evidentemente es la única verdadera Iglesia de Cristo. Pero entonces, lo que el Vaticano II enseña es que casi todos aspiran por una verdadera iglesia universal de Cristo, cuando ya tenemos la respuesta. Y lo que el Vaticano II enseña es los pueblos deben aspirar por un verdadera Iglesia Católica, porque éste enseña que ella aún no existe. Si alguien tiene dudas de que el Vaticano II está aquí para negar que la Iglesia universal de Cristo existe, lea entonces la propia interpretación de Juan Pablo II de este pasaje del documento.

Juan Pablo I, Homilía del 5 de diciembre de 1996, hablando sobre la oración con los no católicos:
Cuando oramos juntos, lo hacemos con la esperanza de que pueda haber una Iglesia de Dios una y visible, que sea verdaderamente universal y enviada al mundo entero, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y así sea salvo, para gloria de Dios” (Unitatis Redintegratio, #1)
Aquí vemos que el propio Juan Pablo II confirma que la aspiración de “una y visible Iglesia de Cristo” es una aspiración de ambos lados, católico y no católico, lo que significa que el Vaticano II en su decreto sobre el ecumenismo, el cual Juan Pablo II estaba citando, estaba de hecho, aspirando por la iglesia universal de Cristo. Luego, el Vaticano II está negando que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo, de acuerdo con Unitatis Redintegratio, la Iglesia universal, es decir, la Iglesia Católica, todavía ni siquiera existe


Unitatis Redintegratio también afirma que “todos los bautizados que profesan ser cristianos están en comunión con la Iglesia y tienen derecho al nombre de cristianos”, y al mismo tiempo, no menciona nada sobre la necesidad de ellos de convertirse a la Fe Católica para su salvación.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio # 3:
“puesto que quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea perfecta, con la Iglesia Católica.

Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia Católica, ya en cuanto a la doctrina, y a veces también en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de la Iglesia, se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar. Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica”.
Note que el Vaticano II enseña que las sectas protestantes y cismáticas están en comunión con la iglesia católica, aunque parcialmente y son “hermanos de la misma iglesia” con derecho al nombre de cristianos. Pero la Verdadera Iglesia Católica enseña que ellos están fuera de la comunión con la Iglesia y son ajenos a sus fieles. Esto contradice directamente la enseñanza del Vaticano II.

Papa León XIII, Satis Cognitum # 17, 29 de junio de 1896:
“Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico”.
La siguiente cita es de un artículo que apareció en una publicación que es ampliamente leída y aprobada por la secta del Vaticano II, St. Anthony Messenger y vamos a ver cómo esta reconocida publicación interpreta el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II.


Renée M. LaReau, “O Vaticano II para Gen-Xers”, St. Anthony Messenger, noviembre de 2005, pág. 25:
Unitatis Redintegratio (el decreto sobre el ecumenismo) y Nostra Aetate (la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas) mostraron cambios significativos en las actitudes de la Iglesia ante las otras religiones. Venida de una antigua Institución de criterios estrictos que insistía con que no hay salvación fuera de la Iglesia y que la Iglesia Católica era la única y verdadera Iglesia de Cristo, la apertura de mente que caracterizó esas enseñanzas fue notable.

Unitatis Redintegratio afirma que la Iglesia incluye todos los cristianos y no se limita exclusivamente a la Iglesia Católica, mientras que Nostra Aetate reconoce que la verdad y santidad de las religiones no cristianas fue obra del mismo único Dios verdadero”.
¿Renée habrá entendido mal el Vaticano II? No, acabamos de mostrar que Unitatis Redintegratio enseña precisamente eso. Ahora veremos que el Vaticano II niega que la Iglesia sea completamente Católica y que afirma que existe salvación en las mencionadas sectas

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, #4:
“Sin embargo, las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud de catolicidad en aquellos hijos que, estando verdaderamente incorporados a ella por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Más aún, a la misma Iglesia le resulta muy difícil expresar, bajo todos los aspectos, en la realidad misma de la vida, la plenitud de la catolicidad”.
En este ítem 4 del mismo decreto sobre el ecumenismo el concilio Vaticano II niega que la Iglesia de Cristo es plenamente Católica. Esto es tan herético que si una persona cree en esto, no puede ni siquiera recitar el credo apostólico “creo en la Santa Iglesia Católica”, tendría que decir “creo en la Iglesia no completamente Católica”.

Pero, ¿por qué el Vaticano II afirmaría una herejía así tan ridícula? Hay una razón: la palabra “Católica” significa universal. Como hemos visto, el Vaticano II rechaza que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo al enseñar que casi todos aspiran por la Iglesia universal como si ella no existiese.

“Cardenal” Ratzinger, Dominus Iesus, #17, aprobada por el Antipapa Juan Pablo II, 6 de agosto de 2000:
“Por eso, también en estas Iglesias está presente y operante la Iglesia de Cristo, si bien falte la plena comunión con la Iglesia católica al rehusar la doctrina católica del Primado, que por voluntad de Dios posee y ejercita objetivamente sobre toda la Iglesia el Obispo de Roma”.
La religión del Vaticano II afirma que la Iglesia de Cristo es mayor que la Iglesia Católica. El decreto del Vaticano II, al negar que la Iglesia Católica es la Iglesia Universal de Cristo, al aspirar por la existencia de tal iglesia, sigue lógicamente que el Vaticano II enseña que la Iglesia, esto es la Iglesia Católica universal, no es capaz de realizar plenamente su catolicidad o universalidad debido a las divisiones entre los cristianos.

En otras palabras, según lo aclara la doctrina del Vaticano II las divisiones entre las incontables sectas protestantes, las sectas cismáticas orientales y la Iglesia Católica, impiden que la Iglesia universal -de la cual somos todos miembros, según el Vaticano II- realice su plena catolicidad y universalidad. 

Todo esto es una evidente confirmación de que el Vaticano II enseña que las sectas heréticas y cismáticas forman la Iglesia de Cristo. Con esa explicación, citaremos al Papa Clemente VI y al Papa León XIII para refutar esa horrible herejía del Vaticano II.

Papa Clemente VI

Papa Clemente VI, Super quibusdam, 20 de septiembre de 1351:
“Preguntamos: Primeramente, si vosotros y la iglesia de los armenios que os obedece, creen que todos aquellos que en el bautismo recibieron la misma Fe Católica y después se apartaron o se apartarán en el futuro de la comunión de la misma fe DE LA IGLESIA ROMANA, QUE ES LA UNICA CATÓLICA, son cismáticos y herejes, si permanecen obstinadamente divididos de la Fe de esta Iglesia romana”.
Papa León XIII, Satis Cognitum, # 17, 29 de junio de 1896:
“Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO”. 
Como podemos ver, cuando los herejes abandonan la Iglesia Católica, ellos no rompen su catolicidad o universalidad; ellos simplemente abandonan la Iglesia Católica. Pero esto no es así de acuerdo con el decreto sobre el ecumenismo de la secta del Vaticano II.

Michael J. Daley, “Los 16 Documentos del Concilio”, St. Anthony Messenger, Noviembre de 2005, pág. 15:
“El decreto sobre el ecumenismo (Unitatis Redintegratio) desea el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos y no simplemente un regreso a Roma. Admite que ambas partes tienen culpa en las divisiones históricas y establece las directrices para las actividades ecuménicas”.
Según este comentarista, el Vaticano II enseña que los protestantes y cismáticos no tuvieron culpa al haber abandonado la Iglesia Católica, que ambas partes fueron culpables. ¿Habrá por parte de él algún error en la comprensión del Vaticano II? No, de hecho, el Vaticano II enseña precisamente eso en esta sorprendente declaración. 

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
Los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”.
Esta declaración debe ser considerada cuidadosamente para que se perciba el impacto total de su malicia, al no dar ninguna clarificación o calificación. 

El Vaticano II emitió una declaración general y perdona el pecado de separación y herejía y el cisma a todos los que, nacidos en las comunidades protestantes o cismáticas, son excluidos de la fe de Cristo.


Un concilio increíblemente herético

Esto significa que no se puede acusar a cualquier protestante de ser un hereje, no importa cuan anticatólico sea, si hubiera nacido en una secta. Esto contradice directamente la Doctrina Católica, como ya vimos con el Papa León XIII. Todo aquel que rechaza un Dogma de Fe Católico es un hereje y culpable de su propia separación de la Verdadera Iglesia.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
“Es más: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia católica: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y algunos dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles”.
En el ítem 3 del decreto sobre el ecumenismo, encontramos más herejía. Éste afirma abiertamente que la vida de la gracia, la gracia santificante y la justificación existen fuera del ámbito visible de la Iglesia Católica. Esto es directamente contrario a la enseñanza solemne del Papa Bonifacio VIII en la bula Unam Sanctam.

Papa Bonifacio VIII

Papa Bonifacio VIII, Unam Samctam, 18 de noviembre de 1302:
“Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta”.
El Vaticano II rechazó el Dogma de que no hay perdón de los pecados fuera de la Iglesia Católica al afirmar que una persona puede poseer la vida de gracia, que incluye la remisión de los pecados, fuera de la Iglesia Católica. Y hay más herejía en la misma sección del decreto sobre el ecumenismo.

El Vaticano II afirma abiertamente que esas comunidades  que describe son medios de salvación

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
“Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia”.
Esta es una de  las peores herejías del Vaticano II: rechaza totalmente el Dogma de que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.

Papa San Pío X, Editae saepe, # 29, 26 de mayo de 1910:
Sólo la Iglesia posee junto con su magisterio el poder de gobernar y santificar la sociedad humana. A través de sus ministros y servidores (cada uno en su propio puesto y oficio), confiere a la humanidad los medios de salvación adecuados y necesarios”.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, 1441, ex Cathedra:
“[La Iglesia Católica] firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está reservado para el diablo y sus ángeles, a no ser que antes de su muerte se uniere con ella”.

Mártires no católicos?

En su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II también enseña que los no católicos dan testimonio de Cristo al derramar su sangre. El siguiente párrafo implica que hay santos y mártires en las iglesias no Católicas, lo que es una pavorosa herejía.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 4:
“Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre”.
Basándose en esta doctrina, el Antipapa Juan Pablo II amplía y repite esta herejía varias veces. 


Juan Pablo II, Ut unum Sint, # 1, 25 de mayo de 1995:
“El valiente testimonio de tantos mártires de nuestro siglo, pertenecientes también a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia católica, infunde nuevo impulso a la llamada conciliar y nos recuerda la obligación de acoger y poner en práctica su exhortación”.
Juan Pablo II, Ut unum Sint, # 84, 25 de mayo de 1995:
“La comunión aún no plena de nuestras comunidades está en verdad cimentada sólidamente, si bien de modo invisible, en la comunión plena de los santos, es decir, de aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso. Estos santos proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comunión de la salvación”.
La Iglesia Católica enseña dogmáticamente que fuera de la Iglesia no hay Mártires cristianos.

Papa Pelagio II, Epístola (2), Dilectionis vestrae, 585:
“Aquellos que no estuvieron dispuestos a estar de acuerdo con la Iglesia de Dios, no pueden mantenerse con Dios, aunque sean arrojados a las llamas y al fuego, ardan o, arrojados a las fieras, den su vida, no habrá para ellos esa corona de la fe, sino el castigo de la infidelidad, no un resultado glorioso (de virtud religiosa), sino la ruina de la desesperación. Tal persona puede ser muerta, mas no puede ser coronada”.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, sesión 11, 4 de febrero de 1442:
“Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica”.
En su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II también enseña que en las sectas orientales heréticas y cismáticas, la Iglesia de Dios es edificada.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 13-15
“Nuestra atención se fija en las dos categorías principales de escisiones que afectan a la túnica inconsútil de Cristo.

Las primeras tuvieron lugar en el Oriente, a resultas de las declaraciones dogmáticas de los concilios de Efeso y de Calcedonia, y en tiempos posteriores por la ruptura de la comunidad eclesiástica entre los patriarcas orientales y la Sede Romana.

Todos conocen con cuánto amor los cristianos orientales celebran el culto litúrgico, sobre todo la celebración eucarística, fuente de la vida de la Iglesia y prenda de la gloria futura, por la cual los fieles unidos a su Obispo, teniendo acogida ante Dios Padre por su Hijo el Verbo encarnado, muerto y glorificado en la efusión del Espíritu Santo, consiguen la comunión con la Santísima Trinidad, hechos "partícipes de la naturaleza divina". Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios, y por la concelebración se manifiesta la comunión entre ellas”.

La Iglesia Católica enseña que los herejes son las puertas del Infierno.

Papa Vigilio

Papa Vigilio, Segundo Concilio de Constantinopla, año 553
“Con estos asuntos, ya exhaustivamente tratados, tenemos en mente lo que fue prometido acerca de la Santa Iglesia y de aquel que dijo: ‘las puertas del infierno no prevalecerán contra ella’ (entendemos que esto son las lenguas mortíferas de los herejes)... por lo que consideramos estar en compañía del diablo, el padre de la mentira, las lenguas incontroladas de los herejes y sus escritos heréticos, junto con los propios herejes que persistieron en su herejía hasta la muerte”.
Papa San León IX, In terra pax hominibus, 2 de septiembre de 1053, al “Padre” de la Ortodoxia Oriental, Miguel Cerulário, cap. 7:
“La Santa Iglesia edificada sobre una piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro o Cefas, el hijo de Jonás, que antes se llamaba Simón, porque de ningún modo será vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen al caos hasta su ruina”.
Otra herejía que ocupa un lugar destacado en el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II es la constante expresión de reverencia por los miembros de las religiones no católicas.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 3:
“En tiempos sucesivos surgieron discrepancias mayores, separándose de la plena comunión de la Iglesia no pocas comunidades, a veces no sin responsabilidad de ambas partes, pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”.
La Iglesia Católica no muestra reverencia a aquellos que niegan su enseñanza. La Iglesia trabaja y espera por su conversión, más denuncia y anatematiza como heréticos a los miembros de las sectas que rechazan la Doctrina Católica.

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, año 1215, Constitución 3, Sobre los Herejes:
Excomulgamos y anatematizamos todas las herejías que se opongan a esta Fe santa, ortodoxa y católica que expusimos anteriormente. Condenamos todos los herejes, se llamen como se llamen. En verdad, sus apariencias pueden ser diversas, pero están enlazados en la medida en que se asemejan por su orgullo”.
Papa Pelagio II, Epístola 1, Quod ad dilectionem, 585:
“Sin embargo, si alguien sugiere, o cree, o presume enseñar algo contrario a esta Fe, que sepa que está condenado y anatematizado según la sentencia de esos mismos Padres”.
Primer Concilio de Constantinopla, 381, Canon 1:
Anatematizamos toda herejía, y en particular a los eumonianos o anomeos, la de los arrianos o eudoxianos, de los semiarrianos o neumatocos, de los sabelianos, marcelianos, fotinianos y apolinaristas”.

El decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II también enseña que “en cuestiones teológicas debemos tratar a los no católicos en pie de igualdad”.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio, # 9:

“Conviene conocer la disposición de ánimo de los hermanos separados ...  ayudan mucho por ambas partes las reuniones destinadas a tratar, sobre todo, cuestiones teológicas, donde cada uno pueda tratar a los demás de igual a igual, con tal que los que toman parte, bajo la vigilancia de los prelados, sean verdaderamente peritos”.

Ahora veamos como el texto del decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II está condenado por el Papa Pío XI en su encíclica Mortalium Animos contra el ecumenismo. 

El Vaticano II recomienda que nos relacionemos con los herejes de igual a igual, sin embargo, el Papa Pío XI advierte que los herejes están dispuestos a tratar con la Iglesia de Roma, pero solo “de igual a igual”. Cuando se lee la increíble especificidad con la cual el Vaticano II contradice la Doctrina pasada del Magisterio, una persona lo menos que puede hacer es preguntarse es si no habrá sido Satanás en persona quien escribió los documentos del Vaticano II.

Papa Pío XI, Mortalium Animos, # 7, 6 de enero de 1928, hablando sobre los herejes:
“Afirman que estarían dispuestos a tratar con la Iglesia de Roma, pero en igualdad de condiciones, es lo mismo que a un igual”.
Como hemos visto, con el documento Unitatis Redintegratio del concilio Vaticano II, podemos confirmar que los enemigos de la Iglesia Católica fundaron otra religión.


Fuente

EL MÉTODO DE OÍR MISA ESPIRITUALMENTE PARA LOS AUSENTES

Sucede a menudo que los católicos que se encuentran lejos de una iglesia, o a causa de una enfermedad o de algún otro impedimento inevitable, no pueden oír Misa los domingos y días de precepto. Las causas pueden excusar la presencia corporal, pero no nos dispensan de unirnos en espíritu a quienes gozan realmente de la dicha de estar en el templo santo de Dios.


De The Key of Heaven (La llave del cielo)

Los domingos y fiestas fueron instituidos por la Iglesia para que rindamos a Dios el culto que le debemos en cada momento de nuestra vida. Este culto es la Misa, que se ofrece por nosotros aunque no estemos presentes. Pero para gozar de los beneficios que procura, debemos, con una comunión espiritual, hacernos partícipes del altar del que estamos temporalmente desterrados. Excitad el deseo de visitar la casa de Dios y que toda la familia se arrodille ante un Crucifijo, una estatua de la Santísima Virgen o un cuadro piadoso. Luego, transportándoos en espíritu ante el altar donde se celebra la Misa, procurad seguir el servicio que allí se realiza.


Forma de hacer una buena intención antes de la Santa Misa

(Para usar cuando, por causa razonable, uno se ve impedido de ir a la iglesia).

Creo, Señor Jesús, que en la Última Cena ofreciste un verdadero Sacrificio; lo creo porque nos lo has dado a conocer por medio de la Iglesia Católica, que desde los tiempos apostólicos nos lo ha enseñado constantemente. Puesto que Tú ordenaste a los Apóstoles y a los sacerdotes ordenados por ellos que hicieran lo mismo hasta el fin de los tiempos, yo, por lo tanto, te ofrezco con el sacerdote este Santo Sacrificio de la Misa (que creo que es uno con el ofrecido en el Monte Calvario) para Tu honor y gloria, en reconocimiento de mi servicio más obligado, en acción de gracias por los innumerables beneficios que me has concedido a mí y al mundo entero, en satisfacción por mis pecados y los de toda la humanidad, y para obtener la gracia de la contrición perfecta por mis pecados. Te ofrezco también esta Santa Misa por mis amigos y bienhechores, y por aquellos por quienes estoy obligado, y por quienes Tú quieres que rece. La ofrezco también por mis enemigos, para que se conviertan, por todos los fieles difuntos, particularmente por mis padres y parientes, y por el bien de toda la cristiandad.


Oraciones durante el tiempo de la Santa Misa


I. Deseo de corazón de participar en el Santo Sacrificio

Santísima Trinidad, Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, fuente todopoderosa de todas las cosas; mi mejor Padre, mi misericordioso Redentor, la Fuente de mi santificación y felicidad, yo, tu indignísima criatura, me atrevo a presentarme ante Ti, para mostrarte a Ti, mi verdadero Dios y Creador, todo honor, adoración y confiada sumisión; para darte gracias por los innumerables beneficios que he recibido de Ti, para alabarte por tu gloria (pues he sido creado para tu alabanza); para implorar tus misericordias y aplacar tu justicia, porque he pecado contra Ti tan a menudo y tan gravemente. Todo esto no puedo hacerlo de manera más digna y perfecta que oyendo, con fe y devoción, la Santa Misa. Porque en ese Santo Sacrificio se te ofrece el más sublime Sacrificio de alabanza y acción de gracias, el más eficaz Sacrificio de súplica y propiciación, el más digno Sacrificio de salvación para vivos y muertos. Pero como hoy no puedo estar presente corporalmente en la Santa Misa, me pondré, al menos en espíritu, ante el altar donde Jesucristo, de manera incruenta, se ofrece, oh Padre celestial, a Ti. A este glorioso Sacrificio uno mi presente oración.

Deseo fervientemente, unido al Hijo de Dios, de la manera más fuerte alabarte, amarte, suplicarte, oh Padre Celestial, que repares todo el mal y la vergüenza que he causado, y que cumplas completamente todo lo que se puede lograr por el Santo Sacrificio de la Misa. Con este fin dame Tu Divina gracia, y concédeme realizar todo esto con sincera devoción. Amén.


II. Contrición de los pecados, con fe y confianza en Jesucristo, y ofrecimiento de sus preciosos méritos

Padre Santo, confieso con dolor que rara vez te he servido con un corazón indiviso, sino que más bien te he ofendido con frecuencia, y con mi pereza y negligencia me he acarreado una culpa infinitamente grande ante Ti. Por lo tanto, me refugio en los méritos de Tu Amado Hijo, ahora presente sobre el altar, Quien tan libremente nos encomienda e imparte Su gracia y favor. En el Santo Sacrificio de la Misa Jesús te ofrece por mí, la más alta veneración y amor, la más perfecta alabanza, la más cordial acción de gracias y la más bondadosa expiación. Por el perfecto perdón de mis pecados, oh Padre celestial, te ofrezco todo el sufrimiento y la muerte de Jesucristo, que ahora, de manera incruenta, se renuevan sobre el altar. Oh Padre benignísimo, tu Hijo ha sufrido y muerto también por mí, pobre pecador. Con amor agradecido traigo ante Ti, como una ofrenda preciosa y agradable, los méritos infinitos de su sufrimiento y muerte. Confío firmemente en que, a causa de este inestimable Sacrificio de tu Hijo, no tendrás en cuenta mi culpa y aumentarás en mí tus gracias. Amén.

Oh Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, a Ti acudo en busca de ayuda y gracia. Mira misericordiosamente mi miseria y mi desdicha, y deja que mis súplicas lleguen ante Ti. Para que me escuches con mayor seguridad, me presento ante el trono de tu gracia, que, para nuestra salvación, está establecido en el Santo Sacrificio de la Misa, donde el inocente Cordero de Dios es misteriosamente ofrecido a Ti, Padre Santo, Dios Todopoderoso, para la remisión de nuestros pecados. Mira, te ruego, la inocencia de este santo Sacrificio, y por él extiende sobre mí tu misericordia. Oh Salvador mío, ¡cuán grande es tu amor por mí que, para obtener la gracia de tu Padre, te impulsó a soportar por mí dolores tan amargos y hasta la misma muerte! ¡Cuán grande es todavía ese amor tuyo por mí, que te hace renovar incruentamente, en cada Santa Misa, tu muerte de propiciación, para aplicarme y comunicarme tus méritos! De todo corazón te doy gracias por éste, tu gran amor, y desde el fondo de mi alma te suplico que me hagas partícipe de sus frutos y me fortalezcas y confirmes con la gracia del Espíritu Santo, para que aborrezca el pecado y toda vida impía, para que crucifique mi carne con todas sus pasiones, me niegue a mí mismo y siga tus huellas, para que todos mis pensamientos y palabras, todo lo que haga o deje de hacer, sea un servicio vivo a Dios y un sacrificio agradable a El.

Como Tú mismo te ofreciste a tu Padre celestial, tómame también en los brazos de tu amor y de tu misericordia, y preséntame a mí, pobre pecador descarriado, como ofrenda a tu Padre, y no me separes más de su amor. Amén.


III. Adoración del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo, bajo la apariencia de Pan y Vino

Oh santísimo Jesús, ante Ti se arrodillan y adoran los coros celestiales; con ellos alzo mi voz y grito: Santo, Santo, Santo eres Tú, Señor de los ejércitos. El cielo y la tierra están llenos de tu gracia y gloria. Tú estás presente, oh Jesús, bajo la apariencia del pan y del vino. Escucha, escucha mi oración. Me golpeo el pecho y confieso mi indignidad; y con firme confianza Te imploro, oh Jesús, ¡ten piedad de mí! ¡Oh benignísimo Jesús, perdona mis pecados! ¡Oh Sangre santa, lávame de mis pecados! ¡Oh Sangre preciosa de Jesús! ¡Oh Sangre de Jesús, rica en gracia, clama al Cielo misericordia para conmigo! Dios santísimo, recibe esta preciosa Sangre, junto con el amor por el que que fue derramada; recíbela como ofrenda de mi amor y agradecimiento, para la mayor gloria de tu Nombre; para el perdón de mis pecados; en satisfacción de los castigos que he merecido; para el lavado de las manchas de mi culpa, como reparación de todas mis negligencias, y como enmienda de todos los pecados que he cometido por ignorancia o fragilidad; recíbela también como sacrificio por el consuelo de los afligidos; por la conversión de los pecadores; por la curación de los enfermos y de los que sufren; por el fortalecimiento de los que se acercan a la muerte; por el refrigerio, la purificación y la liberación de las almas de los difuntos en el Purgatorio. Amén.


IV. Confianza inquebrantable en Jesucristo

A Ti, oh benignísimo Jesús, elevo mis ojos y mi corazón. Oh, vuelve sobre mí Tu bondadoso semblante y Tu verdadero amor. Contempla, Señor, mi manifiesta necesidad y el gran peligro de mi alma. Recíbeme, oh Tú que eres mi único y verdadero mediador y ayudador. Sé Tú, por el Santo Sacrificio de la Misa, mi salvación, y obtén para mí la remisión total de mis pecados. Representa a Tu Padre cuán cruelmente fuiste azotado, coronado, crucificado y condenado a muerte por nosotros, y reconcilia así con la estricta justicia de Dios a mí, miserable pecador. Amén. 

Padre Nuestro. . . 

Dios te salve, María . . .


V. El que pide en el Nombre de Jesús, recibirá

Oh Cordero de Dios, que sufriste por nosotros, 
miserables pecadores, 
ten piedad de mí y ofrece al Padre tu Pasión para el perdón de mis pecados. 
Oh Cordero de Dios, que moriste por nosotros, 
miserables pecadores, 
ten piedad de mí y ofrece a Dios tu muerte en satisfacción por mis pecados. 
Oh Cordero de Dios, que te sacrificaste por nosotros,
miserables pecadores, 
ten piedad de mí y ofrece al Padre tu santa Sangre para la purificación de mi alma.

Padre celestial, te ofrezco esta preciosa y dignísima oblación. Mis pecados son más numerosos que los cabellos de mi cabeza, pero, oh Dios justo y misericordioso, pon esta preciosa ofrenda en una balanza y mis pecados en la otra, y eso compensará con creces mi culpa. 

Oh misericordioso, oh santo Dios, dame tu bendición antes de que termine mi oración, y por medio de esta bendición permíteme obtener gracia de inmediato para comenzar a enmendar mi vida, y renunciar a todo lo que es pecaminoso y desagradable a Ti. Sosténme en mi debilidad; fortaléceme cuando me asalten las tentaciones, y haz que nunca olvide que Tú estás cerca de mí.

¡Oh día precioso, pero tal vez el último de mi vida! 
¡Oh día feliz, si me hace mejor! 
Santa Madre de Dios, María, santos Ángeles y amigos de Dios, 
rogad por mí y conducidme por el camino de la verdad. 
Oh Dios, concede Tu amor a los vivos, y Tu paz a los muertos. 
Amén.


Acto de unión con el Sacrificio de la Misa cuando no podemos asistir a ella

Al no poder gozar hoy de la dicha de asistir a los santos Misterios, ¡oh Dios mío! me transporto en espíritu al pie de tu altar; me uno a la Iglesia que, por manos del sacerdote, te ofrece a tu Hijo adorable; me ofrezco con Él, por Él y en su nombre. Te adoro, Te alabo y Te doy gracias, implorando Tu misericordia, invocando Tu asistencia y presentándote el homenaje que Te debo como mi Creador, el amor que Te debo como mi Salvador. Aplica a mi alma, Te lo suplico, oh Jesús misericordioso, Tus infinitos méritos; aplícalos también a aquellos por quienes deseo orar particularmente. Deseo comunicarme espiritualmente, para que Tu Sangre me purifique, Tu Carne me fortalezca y Tu Espíritu me santifique. Que nunca olvide que Tú, mi Divino Redentor, has muerto por mí; que muera a todo lo que no eres Tú, para que en adelante pueda vivir eternamente contigo. Amén.