domingo, 17 de mayo de 2009

LA APOSTASÍA DE RATZINGER

El 12 de mayo de 2009, Benedicto XVI entró descalzo a la Cúpula de la Roca, el tercer lugar más venerado de la religión musulmana. 


La Historia

Cuando Saladino invadió Jerusalén en octubre de 1187, una de sus primeras acciones fue destruir la Cruz que coronaba el edificio y reemplazarla por la Media Luna. Este acto, cargado de simbolismo, demuestra la oposición entre las dos religiones: la fe católica proclama a Jesucristo como verdadero Dios y verdadero Hombre; la religión musulmana lo niega.

Con el simple hecho de entrar a la Cúpula de la Roca, Ratzinger rindió homenaje a la religión musulmana. Además, al hacerlo descalzo y comenzar su discurso con saludos en árabe, reforzó su homenaje. De este modo, transmitió el mensaje de que los dogmas de la Iglesia que afirman que Jesucristo es Dios deben ser ignorados para alcanzar la “unidad humana”.

Esta intención quedó explícita en su discurso cuando invitó a “todos los hombres y mujeres de buena voluntad a superar los malentendidos y conflictos del pasado y emprender el camino de un diálogo sincero orientado a construir un mundo de justicia y paz para las generaciones venideras”.

También consideró ilegítima la gran epopeya de las Cruzadas, que en 1099 recuperó Jerusalén del usurpador musulmán y la estableció como capital del Reino Católico Oriental, incluyendo todos los territorios de Tierra Santa.

En lugar de presentarse como el Vicario de Cristo, cuyo nombre Ratginger evitó cuidadosamente mencionar, se mostró más bien como un seguidor de un Dios vago e indefinido cuya “unidad está inextricablemente ligada a la unidad de la familia humana”.

Por lo tanto, no es la fe en Nuestro Señor Jesucristo la que debe forjar la unidad de la humanidad, como aprendimos en la Iglesia Católica. Por el contrario, es la búsqueda de la unidad la que debe dar forma al concepto de Dios.

Con esto nos alejamos mucho de la fe católica…



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