domingo, 5 de diciembre de 2010

Mons. Juan Rubén Martínez: “Los derechos de los niños y jóvenes”





En el Evangelio de este segundo domingo de Adviento (Mt. 3,1-12), San Juan Bautista aparece proclamando en el desierto de Judea: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los cielos”.



Carta del Obispo de Posadas – 2º domingo de adviento – 05.12.10


“Los derechos de los niños y jóvenes”

Estamos caminando el tiempo del Adviento con el propósito de “volver a Dios” para celebrar bien la Navidad. Pero este camino lo podemos realizar solamente cuando captamos desde la fe que tenemos que convertirnos en pequeños y humildes para comprender el Reino que nos anuncia Jesucristo, el Señor. En el Evangelio de este segundo domingo de Adviento (Mt. 3,1-12), San Juan Bautista aparece proclamando en el desierto de Judea: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los cielos”.

Para “convertirnos” es necesario hacernos pequeños y sabemos que el lenguaje del pesebre es elocuente y nos enseña como ingresar al Reino que anunciaba Jesús. Algunos contemporáneos del Señor recibieron el calificativo de bienaventurados, porque por su situación se encontraban a punto para el encuentro salvífico con Jesús. Paradójicamente su pobre situación los había hecho dichosos, ricos y privilegiados. Ellos son los pobres, los que lloran, los misericordiosos… con los cuales Jesús se identifica plenamente. “Tuve hambre y me dieron de comer, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme… Cuanto hagan a uno de estos hermanos míos más pequeños a mi me lo hacen” (Mt. 25,35-36.40). A este texto de Mateo se le pueden añadir otras situaciones en donde podemos encontrar a Jesús en los pobres.

Al reflexionar sobre el tema de “la vida” durante este adviento hemos hecho referencia a la gravedad que reviste en nuestro tiempo la defensa de los derechos de los “niños por nacer”, considerando que los grupos de militantes en favor del aborto se contradicen al hablar de derechos humanos, y no defender los derechos de los niños a que vivan desde que son concebidos como nos enseña claramente la genética, definiendo científicamente que desde la concepción hay “vida humana”. Lamentablemente los que militan en favor del aborto, sobre este tema deberían justificar la decisión de eliminar una vida humana por nacer, y de esto hacen un profundo silencio y de ese derecho no hablan. Raramente señalan que mueren casi 500.000 niños por año, hablan de “fetos” como si fuesen solo hígados o riñones que sobran en la mujer y no de vidas humanas.

El próximo 8 de diciembre celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, fecha tan querida por el pueblo de Dios. En relación a esa celebración habitualmente he tratado de reflexionar sobre el valor de “la pureza”, especialmente ligada a nuestros niños y jóvenes. Debemos reconocer que teniendo en cuenta los peligros que acechan al tema de la vida en todas sus dimensiones, y el ambiente sobre todo que ofrecen la mayor parte de los medios de comunicación, hablar de “pureza en los niños y jóvenes” parece absurdo. Por un lado nos escandalizamos de la violencia y problemas juveniles, y por otro la comunicación consumista, el alcohol y la droga entre otros, se multiplican descontroladamente.

La droga no es único mal que padecen nuestros jóvenes, hay muchos otros males, el alcoholismo, la promoción de una sexualidad promiscua, incluso en planteos educativos… todo esto es fruto de una visión del hombre (varón y mujer) materialista y sin ninguna dimensión de lo trascendente. Sabemos que el ambiente determina en gran medida la voluntad y la libertad de aquellos que en la adolescencia empiezan a realizar sus primeras opciones fundamentales.

En este contexto tendremos que acentuar con más fuerza el valor de “la pureza”, como clave para “la vida” de nuestros jóvenes y para todas las edades. En nuestras escuelas hoy se ha logrado introducir un poco más el tema de la ecología, de lo natural, pero lamentablemente no se introdujo el valor de “la ecología humana”, del respeto y cuidado de nuestra propia naturaleza humana. Hablar de pureza de vida, como una opción fundamental parece ir a contrapelo del consumismo que con tal de ganar plata, no tiene ningún escrúpulo en destrozar a los niños y jóvenes y el derecho que tienen a ser respetados en su dignidad de personas. Debemos subrayar que los mismos padres y educadores al ser los primeros responsables de nuestros niños y jóvenes necesitan ahondar sobre el valor de la pureza.

La esperanza cristiana, porque tiene a Dios como su meta y absoluto nos compromete a trabajar activamente para mejorar nuestro tiempo. Los niños y jóvenes son el presente y el futuro y todo lo que invirtamos en ellos será un signo de esperanza.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

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