jueves, 31 de marzo de 2011

La generación del Twitter





Ni soñaban nuestros abuelos con el modo de comunicarnos hoy. Les oímos contar que los miembros de la familia no se sentaban a la mesa, sin que estuvieran el padre y de la madre. Los niños no podían intervenir sin permiso en las conversaciones de los mayores.

Por Oswaldo Pulgar Pérez
 



Si nos fijamos en los trajes de las personas en el siglo XIX, seguramente nos reiríamos, pues los de hoy son muy distintos. Generación tras generación, llegan las modas que en poco tiempo cambiarán.

Ni soñaban nuestros abuelos con el modo de comunicarnos hoy. Les oímos contar que los miembros de la familia no se sentaban a la mesa, sin que estuvieran el padre y de la madre. Los niños no podían intervenir sin permiso en las conversaciones de los mayores.

En las “Memorias de Mamá Blanca” de Teresa de la Parra, encontramos la descripción de lo que era un hogar de esa época. Las niñas se vestían con recato. Las visitas de novios no se hacían sin que la mamá u otra persona mayor estuviese presente.

Nadie duda de que el progreso trae nuevos estilos, más recursos tecnológicos que facilitan la vida. Por eso hay que estar atentos para que los adelantos no afecten sino que refuercen las relaciones humanas.

Me contaron un diálogo por teléfono entre dos empresarios: -¡Hola! ¿Cómo estás? -¿Qué me lo envías por e-mail? –Pues francamente, no recuerdo cuál es mi correo. –A ver, un momento que consulto mi agenda de e-mails.

-¡Ceciliaaaaa! : ¿Cuál es mi e-mail? -¿Qué no te lo he dado? –Oye, no lo sé. Si te parece lo averiguo y te llamo. ¡Ah! Que no vas a estar… bueno, pues lo busco y te lo envío por fax. –Así, cuando regreses ya lo tendrás. ¿De acuerdo? –Dame tu número de fax.

¿Cómo? ¿No lo sabes? –Bueno, vamos a hacer una cosa. –Tú me envías tu número de fax por e-mail y yo te envío mi e-mail por fax. -No. Puede ser que no funcione. –A ver, que estoy perdido. –Déjame pensar…

-¡Oye! ¿Tú tienes celular? –Ya. Sin baterías como el mío. –Pero bueno, mira, vamos a hacer una cosa. –Tú pones a cargar tu celular, yo llamo dentro de un rato a tu celular y grabo me e-mail en tu buzón de voz. –Entonces tú luego recoges mi voz y me reenvías tu número de fax por e-mail. –De este modo, yo podré enviarte mi e-mail. –Ese sería el plan A. –Plan B: Yo me reenvío a mí mismo mi e-mail, para ver cuál es y grabo en mi buzón de voz un mensaje para ti.

-En cuanto tú lo oigas, me envías respuesta al beeper. –Entonces yo te envío un fax con mi e-mail. -¿Complicado? –En absoluto. –Lo único que necesitamos es un poco de coordinación, un intermediario que nos ayude y un par de reuniones.

–Podríamos instrumentar si fuera necesario un plan C: -Que me lo envíes directamente con tu mensajero, en bicicleta. –Es una buena estrategia. –Lo que ocurre es que ahora yo tengo una duda… -¿Qué es lo que debía enviarte? -¡Ah! Tú tampoco te acuerdas. No estaría de más reunirnos de vez en cuando, para que no olvidemos estos detalles.

¡Bienvenido sea el progreso! Pienso que debemos agradecer a la ciencia y a la tecnología, todos los inventos recientes y los que vendrán. Pero no nos esclavicemos a ellos. No podemos comer y a la vez manipular el Twitter. Hay un dicho que afirma que el hombre es el único ser que sacrifica su libertad, escogiendo sus esclavitudes.

No perdamos el lado humano de la vida. Todo aquello que la hace agradable. El calor del hogar, la conversa, el pluscafé. Antes incluíamos el cigarrito, pero hoy día, los fumadores son una especie en extinción.

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