viernes, 26 de marzo de 2010

UN NUEVO MODELO DE IGLESIA SE FORJA EN CHIAPAS

Quien no adopte la “opción preferencial por los pobres” según el modelo de la Teología de la Liberación queda excluido de la Iglesia.

Por Atila Sinke Guimarães


Si no queremos llevarnos una desagradable sorpresa —como la que sufrieron los nobles cuando la Revolución Francesa comenzó a diezmarlos o la que experimentó la burguesía rusa cuando el comunismo derribó el antiguo sistema—, debemos prestar mucha atención a lo que preparan los grupos actuales que dan forma al futuro.

¿Qué grupos son estos? Ciertamente no es el centro tradicional, que no es más que un rebaño que sigue a paso lento el estímulo que recibe de la izquierda.

El futuro pertenece a la extrema izquierda o a la auténtica derecha. A la extrema izquierda, porque es la fragua donde la Revolución forja el hierro para moldearlo según sus nuevos experimentos sociales y religiosos. A la auténtica derecha, porque de entre quienes reaccionan contra la Revolución, la Divina Providencia suele elegir a quienes prepararán la realidad del mañana, la cual expresará formas originales de dar gloria a Dios.

Una de estas fraguas de izquierda es Chiapas, en México, más precisamente la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, donde Samuel Ruiz fue obispo durante décadas y estableció algo muy distinto a una Iglesia convencional.

Miembros del Movimiento Zapatista -Comunista- asisten a una misa oficiada por el obispo Ruiz en su catedral
Marzo de 1999

El 25 de enero de 2010, el obispo Ruiz conmemoró el 50 aniversario de su consagración. Unas 30.000 personas se congregaron para el evento y escucharon charlas que ofrecieron una visión general del novedoso proyecto en construcción. Analizándolas, podemos vislumbrar lo que se conoce como la “versión india” de la Teología de la Liberación, un modelo para el futuro.

Samuel Ruiz García fue ordenado obispo a los 35 años y dirigió la Diócesis de San Cristóbal durante 40 años (1959-1999). Aplicó los principios de la Teología de la Liberación sobre la “opción preferencial por los pobres” a los indígenas del sur de México, más específicamente, a los descendientes mayas que viven en esa zona. Esta aplicación generó lo que se ha denominado “teología indígena”.

Opción por los pobres: el nuevo criterio para ser católico

Durante la conmemoración, el actual obispo de San Cristóbal, Felipe Arizmendi, expuso algunos artículos del nuevo “credo” que se está elaborando. Dirigiéndose a su predecesor Samuel Ruiz, Arizmendi dijo:

“La mejor manera de rendirle homenaje es consolidar y continuar la Iglesia que usted inspiró, la cual no podemos perder ni permitir que se derrumbe ni se desvíe de esas opciones fundamentales, la primera de las cuales es la opción preferencial por los pobres. Es una opción que no es meramente circunstancial u opcional, sino que constituye la esencia misma de la Iglesia aquí y en todo el mundo. Si uno no adopta esta opción, no es cristiano, no es miembro de la Iglesia de Cristo”.

“Ser fiel al Evangelio de Jesús es servir fundamentalmente a los pobres, incluso si esto implica persecución e incomprensión, como ustedes han experimentado. Es en nombre de esta fidelidad al Evangelio que nuestra Diócesis confirma el esfuerzo por ser la Iglesia que ustedes han soñado, inspirado, nutrido y promovido: una Iglesia indígena, liberada, evangélica, servidora, en comunión y bajo la guía del Espíritu. Estas son las seis notas de la Iglesia de Chiapa, establecidas por el Tercer Sínodo Diocesano” (Adista-Documenti, 6 de marzo de 2010, p. 5).

Al examinar el núcleo de esta charla, vemos que se expuso claramente una interpretación exclusivista de lo que significa ser miembro de la Iglesia de Cristo. Quien no adopte la “opción preferencial por los pobres” según el modelo de la Teología de la Liberación queda excluido de la Iglesia.

Ceremonia en honor a los zapatistas asesinados por el ejército regular. De izquierda a derecha: los obispos Arizmendi, Ruiz, Enrique Díaz y Raúl Vera
Chiapas, diciembre de 2007

Parece que esta actitud es similar a la que permitió a los guardias rojos rusos perseguir y asesinar a quienes no aceptaban su ideal soviético. En el Brasil actual vemos esta misma “opción preferencial por los pobres” utilizada para invadir y ocupar propiedades rurales y entregarlas a los “sin tierra”.

Seis nuevas marcas de la “iglesia aborigen”

También merecen atención las seis notas de la Iglesia de Chiapas nombradas por Arizmendi. Permítanme explicar su significado:

Indígena: la Iglesia Católica deja de ser romana y de seguir un rito romano. Se convierte en una iglesia local y adopta rituales indígenas en su vida y liturgia. Esto fue respaldado por Juan Pablo II durante la canonización de Juan Diego, por ejemplo. La introducción de prácticas indígenas en la liturgia también se está volviendo cada vez más frecuente en los Estados Unidos.

Liberada: esto significa liberarse de la doctrina católica que nos anima a soportar nuestros sufrimientos con paciencia. En cambio, la nueva iglesia se adentra en la esfera político-social para luchar contra las “injusticias” que sufren los pobres y para “liberarlos” de las “estructuras del pecado”, que es una forma de referirse al capitalismo.

Evangélica: esta iglesia carecería de riquezas, propiedades, edificios majestuosos y ostentación. La iglesia de Chiapas es una iglesia pobre, se podría decir que una iglesia proletaria.

Servidora: la Iglesia Católica no debe imponer sus principios al pueblo ni al ámbito temporal, sino obedecerlos. En el caso de la iglesia de Chiapas, supone que los principios morales y dogmáticos deben adaptarse a las necesidades inmediatas del pueblo, y no al revés.

En comunión, nada debe decidirse a nivel individual, es decir, por una autoridad establecida. La iglesia en comunión permanente es una iglesia comunista donde cada decisión la toma toda la comunidad.

Bajo la guía del Espíritu Santo, ninguna autoridad puede hablar en nombre de Dios; todos los miembros pueden recibir inspiraciones del Espíritu Santo con igual validez. Se trata de una nueva versión de los mismos errores de los Shakers y los Cuáqueros, quienes pretendían ser guiados directamente por Dios. Una vez más, es un pretexto místico para instaurar un igualitarismo absoluto en la doctrina de la Iglesia.

El obispo Arizmendi también mencionó el Tercer Sínodo Diocesano, un concilio regional que se llevó a cabo entre 1995 y 1999 bajo la dirección del obispo Samuel Ruiz. Este sínodo estableció todas las estructuras eclesiásticas necesarias para impulsar la iglesia indígena que nació en Chiapas.

Definiendo esta “nueva iglesia”

Otro orador en el evento fue el teólogo zapoteca Eleazar López, líder del movimiento revolucionario que se extendió por México y Latinoamérica. El título de su charla fue “El nacimiento de una iglesia nativa”.

López enfatizó que el obispo Samuel Ruiz había asumido el verdadero “espíritu” del concilio Vaticano II para renovar las estructuras eclesiásticas. Con base en esas enseñanzas conciliares, su diócesis luchaba contra las “estructuras del pecado” y fomentaba la inculturación. Así, la iglesia de Chiapas se ha convertido en un paradigma para otras, porque es la casa de Dios inculturada en su pueblo. Es la encarnación del Verbo, que estableció su tienda entre los indígenas para asumir su realidad histórica y cultural.

López hizo hincapié en otras nociones fundamentales de esta Iglesia Nativa:

• No pretende ser una Iglesia separada de la Iglesia Universal;

• Se trata de una respuesta teológico-pastoral al concilio Vaticano II que adquiere su forma particular para responder a los desafíos culturales de nuestro tiempo;

• Tiene su propia jerarquía, que forma parte del pueblo, sus propios sacerdotes y su propio ministerio e instituciones.

El defensor de la teología india también delineó los contornos de la filosofía de este experimento:

• El antiguo modelo de la Iglesia como sociedad se ha deteriorado ante la globalización actual y la crisis económica;

• La Iglesia debería abandonar el viejo modelo si no quiere hundirse con él;

• Debería adoptarse un nuevo modelo, más digno y humano, que se haya adaptado a las diferentes culturas provenientes de la vida cotidiana de los pobres;

• La Iglesia Universal ya ha dado algunos pasos importantes en este camino al abrirse a la participación de laicos, mujeres, pobres e indígenas;

• El estímulo para que estas iglesias locales tengan su propia vida proviene del concilio Vaticano II;

• Es urgente inculturar el Evangelio y la Iglesia para que se manifieste una verdadera humanidad en la verdadera Iglesia;

• Estas nuevas realidades emergentes deberían denominarse Iglesias en plural, Iglesias con identidades culturales diversas, pero unidas por la misma fe.

Según López, basándose en estos principios, la Iglesia indígena debería ser un modelo para todos los pueblos. Es hora de acabar con las “iglesias clonadas” modeladas según el modelo europeo y de levantar iglesias indígenas, cada una diferente y moldeada por la cultura de su propio pueblo.

Wojtyla respaldando el topless en Papua Nueva Guinea

Concluye con un tono mesiánico, fingiendo que al fundar esta iglesia indígena, la iglesia de Chiapas está reabriendo el camino de los primeros misioneros. Según López, su idea original no era desarrollar un modelo europeo de iglesia, sino uno indígena.

El obispo Samuel Ruiz tomó la palabra para clausurar la conmemoración, enfatizando que “el espíritu del concilio Vaticano II sigue inspirando el largo camino de la construcción de iglesias indígenas donde los valores del Evangelio se encarnan en la cultura” (Adista, 6 de marzo de 2010, pp. 5-8).

Con esto, el lector se hace una idea de las perspectivas de la Teología de la Liberación que ya están establecidas en México, Brasil y toda Latinoamérica. Esta teología ha sido un factor importante en el ascenso de gobiernos socialistas-comunistas en esos países.

A menos que los católicos presten más atención a este movimiento inspirado y promovido por el progresismo, podrían ver cómo la teología de la liberación se aprovecha de millones de inmigrantes. En Estados Unidos, motivados por estos principios de justicia sociopolítica y liderados por defensores de la teología india, los "pobres" ya están reclamando sus "derechos" a poseer gran parte del sur del territorio, tierras que, según ellos, fueron usurpadas injustamente por los estadounidenses imperialistas. Con esta retórica de la teología india, se está preparando un fuerte terremoto político que sacudirá las instituciones estadounidenses.
 

sábado, 20 de marzo de 2010

EL PAPA RATZINGER EN EL TEMPLO LUTERANO DE ROMA

Benedicto XVI eligió la fecha del 10° aniversario de una declaración conjunta entre católicos y protestantes sobre la doctrina de la justificación para visitar la Christuskirche (Iglesia de Cristo), el templo luterano de la comunidad alemana en Roma.


El borrador final de dicho “documento sobre la justificación” fue redactado por el entonces “cardenal” Ratzinger. Su contenido constituye una negación virtual de las conclusiones del Concilio de Trento sobre la justificación. No se ha mencionado que Ratzinger fuera el autor del documento para evitar la impresión de que un “papa” celebra su propia obra.

Al visitar ese centro herético, Benedicto XVI siguió los pasos de Juan Pablo II, quien acudió al mismo templo protestante en 1983 como parte de las conmemoraciones del 500 aniversario del nacimiento de Lutero.

Hay un simbolismo significativo en la acción de un “papa”, que supuestamente es “cabeza” de la Iglesia Católica, vaya a un lugar que niega abiertamente el Papado y protesta descaradamente contra la Iglesia Católica. Con su acción y palabras buscando la unidad con los seguidores de esa falsa religión, Benedicto XVI afirmó implícitamente la intención de cambiar el Papado y reformar la Iglesia para complacer a los protestantes.

El contenido de las dos homilías fue bastante insípido. Los únicos puntos interesantes fueron que el pastor Jens Martin Kruse enfatizó la “profunda familiaridad del papa con la teología y la espiritualidad luteranas”, y Benedicto tuvo que reafirmar que “el ecumenismo no está muerto”.

Joseph Ratzinger pronunciando sus palabras a los protestantes de Roma el 14 de marzo de 2010. 

Ratzinger camina hacia el centro del edificio

Ratzinger se inclina ante un altar vacío sin el Santísimo Sacramento.

Este evento marcó otro paso importante hacia la panreligión soñada por las fuerzas oscuras que hoy dominan el mundo.

martes, 23 de febrero de 2010

HALLAN PIEDRA EN EL MAR MUERTO CON INSCRIPCIONES EN HEBREO QUE CONFIRMAN QUE CRISTO FUE EL MESÍAS

Científicos israelíes analizaron cuidadosamente una losa de piedra (foto), con cerca de 100 centímetros de altura con 87 líneas en hebreo. Data de varios lustros antes del nacimiento de Jesucristo.

El descubrimiento sacudió los círculos de la arqueología bíblica hebrea porque prueba que los judíos alimentaban la esperanza de que el Mesías que vendría, resucitaría después de tres días de muerto.

La placa fue encontrada cerca del Mar Muerto y es un raro ejemplo de una inscripción en piedra de tinta en dos columnas, como en la Torah (el equivalente en hebreo a las Escrituras Pentateuco, es decir, los cinco primeros libros de la Biblia).

Para Daniel Boyarin, profesor de Talmud en la Universidad de Berkeley, la pieza es una prueba más de que Cristo Jesús es el Mesías tradicionalmente esperado por los judíos. Ada Yardeni y Binyamin Elitzur, expertos israelíes en escritura en hebreo, después de un análisis detallado, concluyen que data de fin del primer siglo antes de Cristo. El profesor de arqueología en la Universidad de Tel Aviv, Yuval Goren hizo un análisis químico y considera que no se puede dudar de su autenticidad.

Israel Knohl, profesor de estudios bíblicos de la Universidad Hebrea, sostiene que la piedra demuestra que "la resurrección después de tres días es una idea anterior (a la llegada) de Jesús, que contradice practicamente casi toda la visión académica actual".

Desde el punto de vista católico, estos datos científicos confirman la fe en las Escrituras.

Se comprende que entre los judíos haya sido causa de controversia, ya que simplemente apunta a la divinidad de nuestro Señor Jesucristo y deja en incómoda situación a la sinagoga que lo crucificó y a quienes aprueben el deicidio.


sábado, 13 de febrero de 2010

BENEDICTO XVI: DISCURSO A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA (13 DE FEBRERO DE 2010)


DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA GENERAL

DE LA ACADEMIA PONTIFICIA PARA LA VIDA

Sábado 13 de febrero de 2010

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,

ilustres miembros de la Pontificia Academia Pro Vita,

estimadas señoras y señores:

Me alegra acogeros y saludaros cordialmente con ocasión de la asamblea general de la Academia pontificia para la vida, llamada a reflexionar sobre temas concernientes a la relación entre bioética y ley moral y natural, que se presentan cada vez con mayor relevancia en el contexto actual dados los constantes desarrollos en ese ámbito científico. Dirijo un especial saludo a monseñor Rino Fisichella, presidente de esta Academia, agradeciéndole las amables palabras que ha querido dirigirme en nombre de los presentes. Deseo igualmente extender mi gratitud personal a cada uno de vosotros por vuestro precioso e insustituible compromiso a favor de la vida, en los diversos contextos de procedencia.

Las problemáticas relativos al tema de la bioética permiten verificar hasta qué punto las cuestiones que abarca sitúan en primer plano la cuestión antropológica. Como afirmo en mi última carta encíclica Caritas in veritate: "En la actualidad, la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios. Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de una intervención técnica han crecido tanto que parecen imponer la elección entre estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia o una razón encerrada en la inmanencia" (n. 74). Ante semejantes cuestiones, que afectan de manera tan decisiva a la vida humana en su perenne tensión entre inmanencia y trascendencia, y que tienen gran relevancia para la cultura de las futuras generaciones, es necesario hacer realidad un proyecto pedagógico integral que permita afrontar estas temáticas en una visión positiva, equilibrada y constructiva, sobre todo en la relación entre la fe y la razón.

Las cuestiones de bioética frecuentemente sitúan en primer plano la referencia a la dignidad de la persona, un principio fundamental que la fe en Jesucristo crucificado y resucitado ha defendido desde siempre, sobre todo cuando no se respeta en relación a los sujetos más sencillos e indefensos: Dios ama a cada ser humano de manera única y profunda. También la bioética, como toda disciplina, necesita de una referencia capaz de garantizar una lectura coherente de las cuestiones éticas que, inevitablemente, surgen frente a posibles conflictos interpretativos. En tal espacio se abre la remisión normativa a la ley moral natural. El reconocimiento de la dignidad humana, en efecto, como derecho inalienable halla su fundamento primero en esa ley no escrita por mano de hombre, sino inscrita por Dios Creador en el corazón del hombre, que cada ordenamiento jurídico está llamado a reconocer como inviolable y cada persona debe respetar y promover (cf. Catecismo de la Iglesia católica, nn. 1954-1960). Sin el principio fundador de la dignidad humana sería arduo hallar una fuente para los derechos de la persona e imposible alcanzar un juicio ético respecto a las conquistas de la ciencia que intervienen directamente en la vida humana. Es necesario, por lo tanto, repetir con firmeza que no existe una comprensión de la dignidad humana ligada sólo a elementos externos como el progreso de la ciencia, la gradualidad en la formación de la vida humana o el pietismo fácil ante situaciones límite. Cuando se invoca el respeto por la dignidad de la persona es fundamental que sea pleno, total y sin sujeciones, excepto las de reconocer que se está siempre ante una vida humana. Cierto: la vida humana conoce un desarrollo propio y el horizonte de investigación de la ciencia y de la bioética está abierto, pero es necesario subrayar que cuando se trata de ámbitos relativos al ser humano, los científicos jamás pueden pensar que tienen entre manos sólo materia inanimada y manipulable. De hecho, desde el primer instante, la vida del hombre se caracteriza por ser vida humana y por esto siempre portadora de dignidad, en todo lugar y a pesar de todo (cf. Congregación para la doctrina de la fe, Instrucción Dignitas personae sobre algunas cuestiones de bioética, n. 5). De otra forma, estaríamos siempre en presencia del peligro de un uso instrumental de la ciencia, con la inevitable consecuencia de caer fácilmente en el arbitrio, en la discriminación y en el interés económico del más fuerte.

Conjugar bioética y ley moral natural permite verificar de la mejor manera la referencia necesaria e insuprimible a la dignidad que la vida humana posee intrínsecamente desde su primer instante hasta su fin natural. En cambio, en el contexto actual, aun emergiendo cada vez con mayor insistencia la justa llamada a los derechos que garantizan la dignidad de la persona, se percibe que no siempre se reconocen esos derechos a la vida humana en su desarrollo natural y en los momentos de mayor debilidad. Una contradicción así evidencia el compromiso que hay que asumir en los diversos ámbitos de la sociedad y de la cultura para que la vida humana sea reconocida siempre como sujeto inalienable de derecho y nunca como objeto sometido al arbitrio del más fuerte. La historia ha demostrado cuán peligroso y deletéreo puede ser un Estado que proceda a legislar sobre cuestiones que afectan a la persona y a la sociedad pretendiendo ser él mismo fuente y principio de la ética. Sin principios universales que permitan verificar un denominador común para toda la humanidad, no hay que subestimar en absoluto el riesgo de una deriva relativista a nivel legislativo (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1959). La ley moral natural, fuerte en su propio carácter universal, permite evitar tal peligro y sobre todo ofrece al legislador la garantía de un auténtico respeto tanto de la persona como de todo el orden creado. Aquella se sitúa como fuente catalizadora de consenso entre personas de culturas y religiones distintas y permite avanzar más allá de las diferencias, porque afirma la existencia de un orden impreso en la naturaleza por el Creador y reconocido como instancia de verdadero juicio ético racional para perseguir el bien y evitar el mal. La ley moral natural "pertenece al gran patrimonio de la sabiduría humana, que la Revelación, con su luz, ha contribuido a purificar y a desarrollar ulteriormente" (cf. Juan Pablo II, Discurso a la plenaria de la Congregación para la doctrina de la fe, 6 de febrero de 2004).

Ilustres miembros de la Academia pontificia para la vida, en el contexto actual vuestro compromiso se presenta cada vez más delicado y difícil, pero la creciente sensibilidad ante la vida humana anima a proseguir con impulso cada vez mayor y con valentía en este importante servicio a la vida y a la educación en los valores evangélicos de las futuras generaciones. Os deseo a todos que continuéis en el estudio y la investigación, a fin de que la obra de promoción y de defensa de la vida sea cada vez más eficaz y fecunda. Os acompaño con la bendición apostólica, que de buen grado extiendo a cuantos comparten con vosotros este compromiso cotidiano.


domingo, 24 de enero de 2010

EL DIOS QUE BENEDICTO XVI VENERA JUNTO CON LOS JUDÍOS...

¿A qué Dios nos dice Benedicto XVI que adoremos, a Jesucristo o al diablo?


En el discurso que pronunció en la Sinagoga de Roma durante su visita el 17 de enero de 2010, Benedicto XVI hizo dos afirmaciones importantes: que los judíos adoran al mismo Dios que él y que cualquier antijudaísmo debe ser condenado. Estas son afirmaciones muy claras de que el judaísmo es "la verdadera religión" o, al menos, "una verdadera religión".

Surge necesariamente una pregunta: ¿a qué Dios se refiere Benedicto?

En el Evangelio de San Juan, los judíos que no aceptaron a Nuestro Señor Jesucristo como el Mesías le dijeron a Nuestro Señor que su padre era Dios. Pero Jesucristo les respondió:

Si Dios fuera vuestro padre, en verdad me amaríais. Porque yo procedo de Dios y vengo de él; pues no vine por mi propia cuenta, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis lo que digo? Porque no podéis oír mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre, el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir ... Cuando habla mentira, habla de lo suyo; porque es mentiroso y padre de mentira. Pero si yo digo la verdad, no me creéis ...

“El que es de Dios, oye las palabras de Dios. Por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios” (Juan 8: 42-47)

Comentando este último versículo, Cornelius a Lapide, SJ, afirma:

Cristo señala aquí la verdadera razón por la que los judíos no le creyeron: Porque no tienen a Dios como padre, sino al Diablo, a quien siguen y escuchan. Es como si Cristo hubiera dicho: 'Esta es la verdadera y principal razón por la que no me creéis: no habéis nacido de Dios, sino del Diablo, es decir, no seguís el espíritu y el instinto de Dios, sino que escucháis y seguís al Diablo. Los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios' (Romanos 8:14).

'Porque el Diablo ha cegado vuestros corazones con codicia, odio y envidia hacia mí, de modo que no escucháis las palabras de Dios que yo, como el Mesías de Dios, os anuncio; no queréis oírlas ni entenderlas. Por lo tanto, puesto que no sois hijos del Dios de la verdad, sino del diablo mentiroso, escucháis sus engañosas sugerencias y las obedecéis. Porque no queréis oír las verdaderas palabras de Dios que yo os enseño. (Commentaria in Scripturam Sacram, París: Ludovicum Vives, 1857, vol. 16, p. 451)

Aquí Nuestro Señor declaró que los judíos, como religión, son hijos del diablo. Puesto que sabemos que los judíos y el judaísmo actuales son la continuación de aquellos a quienes Nuestro Señor se dirigió en el pasaje anterior, los católicos fieles no pueden evitar preguntarse: ¿A qué Dios nos dice Benedicto XVI que adoremos, a Jesucristo o al diablo?

Ratzinger intercambiando confidencias amistosas con Riccardo Segni, rabino principal de Roma.

Ratzinger saluda a la prensa antes de entrar en la sinagoga.

Ratzinger pronunciando el discurso en el que dijo que los judíos adoran al mismo dios que los católicos



domingo, 17 de enero de 2010

DISCURSO DE BENEDICTO XVI A LA COMUNIDAD JUDÍA DE ROMA (17 DE ENERO DE 2010)


PALABRAS DE BENEDICTO XVI

EN SU VISITA A LA COMUNIDAD JUDÍA DE ROMA

Sinagoga de Roma

Domingo 17 de enero de 2010

“El Señor ha estado grande con ellos.
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres”
(Sal 126)

“Ved: qué dulzura, qué delicia
convivir los hermanos unidos”
(Sal 133)

Señor rabino jefe de la comunidad judía de Roma,

señor presidente de la Unión de las comunidades judías de Italia,

señor presidente de la Comunidad judía de Roma,

señores rabinos,

distinguidas autoridades,

queridos amigos y hermanos:

1. Al inicio del encuentro en el Templo mayor de los judíos de Roma, los Salmos que hemos escuchado nos sugieren la actitud espiritual más auténtica para vivir este particular y feliz momento de gracia: la alabanza al Señor, que ha estado grande con nosotros, nos ha reunido aquí con su Hèsed, el amor misericordioso, y el agradecimiento por habernos dado el don de encontrarnos juntos para hacer más firmes los vínculos que nos unen y seguir recorriendo el camino de la reconciliación y de la fraternidad. Deseo expresarle viva gratitud ante todo a usted, rabino jefe, doctor Riccardo Di Segni, por su invitación y por las significativas palabras que me ha dirigido. Agradezco también a los presidentes de la Unión de las comunidades judías de Italia, abogado Renzo Gattegna, y de la Comunidad judía de Roma, señor Riccardo Pacifici, las corteses palabras que han querido dirigirme. Me dirijo también a las autoridades y a todos los presentes, así como, de modo particular, a la comunidad judía romana y a cuantos han colaborado para hacer posible el momento de encuentro y de amistad que estamos viviendo.

Al venir entre vosotros por primera vez como cristiano y como Papa, mi venerado predecesor Juan Pablo II, hace casi veinticuatro años, quiso dar una decidida contribución a la consolidación de las buenas relaciones entre nuestras comunidades, para superar toda incomprensión y prejuicio. Mi visita se inserta en el camino trazado, para confirmarlo y reforzarlo. Con sentimientos de viva cordialidad me encuentro en medio de vosotros para manifestaros la estima y el afecto que el Obispo y la Iglesia de Roma, como también toda la Iglesia católica, albergan hacia esta comunidad y hacia las comunidades judías esparcidas por el mundo.

2. La doctrina del concilio Vaticano II ha representado para los católicos un punto firme al que referirse constantemente en la actitud y en las relaciones con el pueblo judío, marcando una etapa nueva y significativa. El acontecimiento conciliar dio un impulso decisivo al compromiso de recorrer un camino irrevocable de diálogo, de fraternidad y de amistad, camino que se ha profundizado y desarrollado en estos cuarenta años con pasos y gestos importantes y significativos, entre los cuales deseo mencionar nuevamente la histórica visita de mi venerable predecesor a este lugar, el 13 de abril de 1986; los numerosos encuentros que mantuvo con personalidades judías, también durante los viajes apostólicos internacionales; la peregrinación jubilar a Tierra Santa en el año 2000; los documentos de la Santa Sede que, tras la declaración Nostra aetate, han ofrecido valiosas orientaciones para un desarrollo positivo en las relaciones entre católicos y judíos. También yo, en estos años de pontificado, he querido mostrar mi cercanía y mi afecto hacia el pueblo de la Alianza. Conservo muy vivos en mi corazón todos los momentos de la peregrinación a Tierra Santa que tuve la alegría de realizar en mayo del año pasado, como también los numerosos encuentros con comunidades y organizaciones judías, de modo especial en las sinagogas de Colonia y Nueva York.

Además, la Iglesia no ha dejado de deplorar las faltas de sus hijos e hijas, pidiendo perdón por todo aquello que ha podido favorecer de algún modo las heridas del antisemitismo y del antijudaísmo (cf. Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo, Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah, 16 de marzo de 1998). Que estas heridas se cicatricen para siempre. Vuelve a la mente la apremiante oración del Papa Juan Pablo II ante el Muro del Templo, en Jerusalén, el 26 de marzo de 2000, que resuena verdadera y sincera en lo profundo de nuestro corazón: "Dios de nuestros padres, tú has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones: nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos hijos tuyos y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la Alianza".

3. El paso del tiempo nos permite reconocer que el siglo XX fue una época verdaderamente trágica para la humanidad: guerras sangrientas que sembraron más destrucción, muerte y dolor que nunca; ideologías terribles que hundían sus raíces en la idolatría del hombre, de la raza, del Estado, y que llevaron una vez más al hermano a matar al hermano. El drama singular y desconcertante del Holocausto representa, de algún modo, el culmen de un camino de odio que nace cuando el hombre olvida a su Creador y se pone a sí mismo en el centro del universo. Como dije en la visita del 28 de mayo de 2006 en el campo de concentración de Auschwitz, que sigue profundamente grabada en mi memoria, "los potentados del Tercer Reich querían aplastar al pueblo judío en su totalidad" y, en el fondo, "con la aniquilación de este pueblo (...), querían matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre" (Discurso en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 9 de junio de 2006, p. 15).

En este lugar, ¿cómo no recordar a los judíos romanos que fueron arrancados de estas casas, ante estas paredes, y con horrenda saña fueron asesinados en Auschwitz? ¿Cómo es posible olvidar sus rostros, sus nombres, las lágrimas, la desesperación de hombres, mujeres y niños? El exterminio del pueblo de la Alianza de Moisés, primero anunciado y después sistemáticamente programado y realizado en la Europa dominada por los nazis, aquel día también alcanzó trágicamente a Roma. Por desgracia, muchos permanecieron indiferentes; pero muchos, también entre los católicos italianos, sostenidos por la fe y por la enseñanza cristiana, reaccionaron con valor, abriendo sus brazos para socorrer a los judíos perseguidos y fugitivos, a menudo arriesgando su propia vida, y merecen una gratitud perenne. También la Sede Apostólica llevó a cabo una acción de socorro, a menudo oculta y discreta.

La memoria de estos acontecimientos debe impulsarnos a reforzar los vínculos que nos unen para que crezcan cada vez más la comprensión, el respeto y la acogida.

4. Nuestra cercanía y fraternidad espirituales tienen en la Sagrada Biblia —en hebreo Sifre Qodesh o "Libros de Santidad"— el fundamento más sólido y perenne, sobre cuya base nos hallamos constantemente ante nuestras raíces comunes, ante la historia y el rico patrimonio espiritual que compartimos. Escrutando su misterio, la Iglesia, pueblo de Dios de la Nueva Alianza, descubre su propio vínculo profundo con los judíos, elegidos por el Señor los primeros entre todos para acoger su palabra (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 839). "A diferencia de las otras religiones no cristianas, la fe judía ya es una respuesta a la revelación de Dios en la Antigua Alianza. Pertenecen al pueblo judío "la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, y los patriarcas; de todo lo cual procede Cristo según la carne" (Rm 9, 4-5) porque "los dones y la vocación de Dios son irrevocables" (Rm 11, 29)" (ib.).

5. Numerosas pueden ser las implicaciones que se derivan de la herencia común tomada de la Ley y de los Profetas. Quisiera recordar algunas: ante todo, la solidaridad que une a la Iglesia y al pueblo judío "a nivel de su misma identidad" espiritual, y que ofrece a los cristianos la oportunidad de promover "un renovado respeto por la interpretación judía del Antiguo Testamento" (cf. Pontificia Comisión Bíblica, El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana, 2001, pp. 12 y 55); la centralidad del Decálogo como mensaje ético común de valor perenne para Israel, la Iglesia, los no creyentes y la humanidad entera; el compromiso por preparar o realizar el reino del Altísimo en el "cuidado de la creación" confiada por Dios al hombre para que la cultive y la custodie responsablemente (cf. Gn 2, 15).

6. En particular, el Decálogo —las "Diez Palabras" o Diez Mandamientos (cf. Ex 20, 1-17; Dt 5, 1-21)—, que procede de la Torá de Moisés, constituye la antorcha de la ética, de la esperanza y del diálogo, estrella polar de la fe y de la moral del pueblo de Dios, e ilumina y guía también el camino de los cristianos. Constituye un faro y una norma de vida en la justicia y en el amor, un "gran código" ético para toda la humanidad. Las "Diez Palabras" iluminan el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, según los criterios de la conciencia recta de toda persona humana. Jesús mismo lo repitió en varias ocasiones, subrayando que es necesario un compromiso concreto siguiendo el camino de los Mandamientos: "Si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos" (Mt 19, 17). Desde esta perspectiva, hay varios campos de colaboración y testimonio. Quisiera recordar tres particularmente importantes para nuestro tiempo.

Las "Diez Palabras" exigen reconocer al único Señor, superando la tentación de construirse otros ídolos, de hacerse becerros de oro. En nuestro mundo, muchos no conocen a Dios o lo consideran superfluo, sin relevancia para la vida; así, se han fabricado otros dioses nuevos ante los que se postra el hombre. Despertar en nuestra sociedad la apertura a la dimensión trascendente, dar testimonio del único Dios es un servicio precioso que judíos y cristianos pueden y deben prestar juntos.

Las "Diez Palabras" exigen respeto, protección de la vida contra toda injusticia y abuso, reconociendo el valor de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. ¡Cuántas veces, en todas las partes de la tierra, cercanas o lejanas, se sigue pisoteando la dignidad, la libertad y los derechos del ser humano! Testimoniar juntos el valor supremo de la vida contra todo egoísmo es dar una aportación importante para un mundo en el que reine la justicia y la paz, el "shalom" deseado por los legisladores, los profetas y los sabios de Israel.

Las "Diez Palabras" exigen conservar y promover la santidad de la familia, en la cual el "sí" personal y recíproco, fiel y definitivo, del hombre y de la mujer abre el espacio para el futuro, para la auténtica humanidad de cada uno, y se abre, al mismo tiempo, al don de una nueva vida. Testimoniar que la familia sigue siendo la célula esencial de la sociedad y el contexto básico en el que se aprenden y practican las virtudes humanas es un servicio precioso que se ha de prestar para la construcción de un mundo de rostro más humano.

7. Como enseña Moisés en el Shemá (cf. Dt 6, 5; Lv 19, 34), y como afirma Jesús en el Evangelio (cf. Mc12, 29-31), todos los mandamientos se resumen en el amor a Dios y en la misericordia hacia el prójimo. Esta regla compromete a judíos y cristianos a practicar en nuestro tiempo una generosidad especial con los pobres, las mujeres, los niños, los extranjeros, los enfermos, los débiles, los necesitados. En la tradición judía hay un admirable dicho de los padres de Israel: “Simón el Justo solía decir: "El mundo se funda en tres cosas: la Torá, el culto y los actos de misericordia"” (Aboth 1, 2). Con la práctica de la justicia y de la misericordia, judíos y cristianos están llamados a anunciar y a dar testimonio del reino del Altísimo que viene, y por el que rezamos y trabajamos cada día en la esperanza.

8. En esta dirección podemos dar pasos juntos, conscientes de las diferencias que existen entre nosotros, pero también de que, si logramos unir nuestros corazones y nuestras manos para responder a la llamada del Señor, su luz se hará más cercana para iluminar a todos los pueblos de la tierra. Los pasos dados en estos cuarenta años por el Comité internacional conjunto católico-judío y, en años más recientes, por la Comisión mixta de la Santa Sede y del Gran Rabinado de Israel, son un signo de la voluntad común de continuar un diálogo abierto y sincero. Precisamente mañana, la Comisión mixta celebrará aquí, en Roma, su noveno encuentro sobre "La enseñanza católica y judía sobre la creación y el medio ambiente". Les deseamos un diálogo fecundo sobre un tema tan importante y actual.

9. Cristianos y judíos tienen en común gran parte de su patrimonio espiritual, rezan al mismo Señor, tienen las mismas raíces, pero con frecuencia se desconocen mutuamente. Nos corresponde a nosotros, respondiendo a la llamada de Dios, trabajar para que quede siempre abierto el espacio del diálogo, del respeto recíproco, del crecimiento en la amistad, del testimonio común ante los desafíos de nuestro tiempo, que nos invitan a colaborar por el bien de la humanidad en este mundo creado por Dios, el Omnipotente y el Misericordioso.

10. Por último, un pensamiento particular a nuestra ciudad de Roma, donde, desde hace cerca de dos mil años, conviven, como dijo el Papa Juan Pablo II, la comunidad católica con su Obispo y la comunidad judía con su rabino jefe. Que esta convivencia sea animada por un creciente amor fraterno, que se exprese también en una cooperación cada vez más estrecha para dar una contribución eficaz a la solución de los problemas y de las dificultades que se han de afrontar.

Invoco del Señor el don precioso de la paz en el mundo entero, sobre todo en Tierra Santa. Durante mi peregrinación de mayo del año pasado, en Jerusalén, ante el Muro del Templo, pedí a Aquel que todo lo puede: "Derrama tu paz sobre Tierra Santa, sobre Oriente Medio, sobre toda la familia humana; despierta el corazón de todos los que invocan tu nombre, para caminar humildemente por la senda de la justicia y la compasión" (Oración en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, 12 de mayo de 2009).

Nuevamente elevo a él la acción de gracias y la alabanza por este encuentro, pidiéndole que refuerce nuestra fraternidad y haga más firme nuestro entendimiento.

“Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
Aleluya”
(Sal 117).
 

jueves, 7 de enero de 2010

MENSAJE EN LA EPIFANÍA: LA HISTORIA DEL CUARTO REY MAGO

Con motivo de la fiesta de la Epifanía del Señor, el Papa Benedicto XVI nos muestra como maestros de humildad a los Magos que fueron a adorar a Jesús.
Por el Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber
Recordó el Papa que esa visita ya había sido predicha por el profeta Isaías cuando afirmó, siglos antes, que vendrían los reyes de las naciones para inclinarse ante él, y desde todos los confines de la tierra para depositar a sus pies sus tesoros más preciosos. Con la visita del Magos se cumple la profecía.
Estos personajes procedentes de Oriente, dice el Papa, son los primeros de la gran procesión de aquellos que, a través de todas las épocas de la historia, saben reconocer el mensaje de la estrella, saben caminar por los caminos indicados por la Sagrada Escritura y saben encontrar, así, a Aquél que es aparentemente débil y frágil, pero que en cambio es capaz de dar la alegría más grande y más profunda al corazón del hombre.
2) Para pensar
Hay una leyenda, que sin parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros.
Se cuenta que había un cuarto Rey Mago, que también vio brillar la estrella sobre Belén, y decidió seguirla. Y como regalo pensó ofrecerle un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda. Este rey mago con gusto las atendía, e iba dejándoles una perla, pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables que no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas.
Sucedió que cuando, por fin, llegó a Belén ya no estaban los otros magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo ya sin la estrella que antes lo guiaba. Y duró treinta años recorriendo la tierra y siguiendo ayudando a los necesitados que encontraba.
Hasta que un día llegó a Jerusalén y se enteró que ahí vivía Jesús. Pero era demasiado tarde, pues aquél niño, ya transformado en hombre, estaba siendo crucificado en ese momento.
Al rey mago, ya anciano, solo le quedaba una perla, pero ahora el Salvador había muerto. Pensaba que había fallado en su misión. Y se quedó en Jerusalén muy cansado y triste, disponiéndose a morir. Pero al tercer día se le aparece Jesús resucitado quien le dice: “Tú no fracasaste. Al contrario de lo que piensas, tú me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre, y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber; preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres de tu camino. ¡Muchas gracias por tantos regalos de amor! Ahora estarás conmigo para siempre, pues Yo te llevaré al Cielo en recompensa”.
3) Para vivir
Terminaba el Papa Benedicto XVI haciéndonos reflexionar sobre la realidad estupenda de que Dios nos conoce y está cerca de nosotros, de que su grandeza y poder no se expresan en la lógica del mundo, sino en la lógica de un niño inerme, cuya fuerza es sólo la del amor que se nos confía.
De la misma manera que los Magos, hay que saber seguir la luz de la estrella, a Cristo, pues la luz de Belén sigue resplandeciendo en todo el mundo. Que sepamos reconocerlo en el prójimo, tomando, como los Magos, un camino distinto por el que hemos venido hasta ahora, convirtiéndonos a Dios.


domingo, 3 de enero de 2010

EL ADVIENTO ROJO DE BENEDICTO

Este año, Benedicto XVI tuvo un Adviento particularmente ajetreado, ya que ofreció su apoyo al comunismo y al socialismo. 


De hecho, el 3 de diciembre de 2009, recibió en el Vaticano al presidente ruso Dmitri Medvédev (arriba). 


El 11 de diciembre, otorgó un honor similar al presidente vietnamita Nguyen Minh Triet.

Huelga decir que ambos mandatarios son comunistas y gobiernan regímenes que se oponen a la doctrina católica. Benedicto XVI los recibió a ambos sin imponer restricciones consistentes respecto a su ideología.

El 28 de noviembre, recibió en una prestigiosa audiencia a la presidente chilena Michelle Bachelet, socialista. 

Las nuevas elecciones presidenciales estaban programadas para el 13 de diciembre y el apoyo al candidato respaldado por el Partido Socialista, Eduardo Frey, era débil. Es difícil no pensar que la bienvenida “papal” a Bachelet buscaba influir en el electorado de ese país predominantemente católico. Dado que no se alcanzó la mayoría requerida en la primera vuelta de las elecciones, se ha programado una segunda vuelta para el 17 de enero. Es decir, el socialismo en Chile está aprovechando el apoyo del “papa” para obtener votos para su candidato.

Podrían hacerse comentarios similares sobre la cálida acogida que el “papa” brindó —también el 28 de noviembre— a Cristina Kirchner, la presidente socialista-populista argentina. 

Tras una contundente derrota en las elecciones parlamentarias de junio pasado, Kirchner tenía dificultades para que el Congreso aprobara sus leyes. Necesitando la aprobación de una importante reforma política que había propuesto, fue recibida por el “papa”. Cuatro días después, el 2 de diciembre, el Congreso aprobó su reforma.

Una vez más, parece indiscutible que obtuvo una ventaja política de esa visita. Tras su victoria, retomó sus actividades habituales, firmando otro acuerdo bilateral con el presidente venezolano Hugo Chávez, conocido comunista.

Se observa que la agenda de Benedicto XVI previa a la Navidad, en apoyo al comunismo y al socialismo, fue, en efecto, implacable.
 

martes, 15 de diciembre de 2009

INCULTURACIÓN Y PROGRESISMO EN LA “IGLESIA REVOLUCIONARIA”

Danzas aztecas en la capilla de Santa Vibiana, LA
En esta página puedes ver fotos de un espectáculo de piernas y barrigas con el pretexto de interpretar Danzas Aztecas en la Capilla de la Catedral de Santa Vibiana, en el centro de Los Ángeles, el 12 de diciembre de 2009, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, siendo ejecutada por el Ballet Folclórico Azteca de Flor de Mayo.

No estamos discutiendo si una presentación folklórica de este tipo es apropiada en sí misma. Nuestro punto es que es gravemente inadecuado que tal espectáculo tenga lugar en una iglesia católica frente al Altar, con el Santísimo Sacramento presente en el Tabernáculo. Es una profanación que los católicos deberían rechazar y reparar.

El gran Olvidado en todas las iniciativas de “inculturación” de la Iglesia post-conciliar es Nuestro Señor Jesucristo. Están tan preocupados por promover el "culto al hombre" que ignoran a Aquel a quien debe dirigirse toda la adoración y la solemnidad.

Puedes ver toda la actuación aquí .


Fotos de un video enviado por un lector.

lunes, 16 de noviembre de 2009

FOTO ESPECIAL (DE BAUTISMO)

Una foto asombrosa se transformó en un mensaje de fe en Despeñaderos

La foto del bautismo de Valentino Mora está recorriendo Internet, porque en el momento en que el padre Osvaldo Macaya le echa el agua bendita, el líquido que cae forma un rosario.

Esta historia se comenzó a escribir el 10 de este mes cuando en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de la localidad cordobesa de Despeñaderos se celebró el bautismo de Valentino, un bebé de poco más de un mes, hijo de Erica Mora, de 21 años y mamá soltera del pequeño.

En el momento en que Valentino pasó a la Pila Bautismal para recibir el sacramento del bautismo, Erica le pidió a la fotógrafa María Silvana Salles, que se encontraba en el lugar contratada por otros papás, que tomara una foto de su hijo como un favor, ya que la joven mamá no tenía forma de pagarle.

María Silvana, tiene 30 años, y hace dos meses abrió su estudio Fotoimagenes en el bulevar San Martín de Despeñaderos.

La fotógrafa, conmovida por el pedido de Erica, accedió a tomarle una foto a Valentino.

María Silvana trabaja con una cámara tradicional y debió enviar el rollo a revelar a una casa de fotos en Córdoba.

La sorpresa fue mayor cuando le enviaron las copias y Silvana advirtió que el agua derramada de la cabecita de Valentino formaba un perfecto rosario.

Silvana fue con la foto al padre Macaya porque no daba crédito a lo que veían sus ojos.

La foto del bautismo de Valentino ha despertado la fe en los pobladores de Despeñaderos que se acercan hasta la humilde casa de Erica Mora para tocar a Valentino.

El sacerdote, en diálogo con Cadena 3 contó qué significa para él esta foto: "La fotógrafa vino muy contenta y luego la noticia se desparramó por todo el pueblo. A mí mucho no me impactan esos signos, yo me quedo con los sacramentos".

"Justamente el Evangelio de esta semana dice: 'Esta generación perversa y malvada pide un signo y no le será dado otro porque tiene el signo de Jonás y aquí hay alguien más que Jonás, haciendo referencia a la muerte de Jesús en la Cruz para la salvación de todos'", explicó el padre Macaya.

Lo cierto es que este signo movilizó la fe de Despeñaderos, cuyos vecinos que pasan por el estudio de Silvana para comprar la foto como si se tratara de una estampita.

Por su parte María Silvana Salles en diálogo con Cadena 3 contó cómo vivió esta experiencia:

"A mí me contrataron para ir a sacar fotos a un bautismo y cuando llegué a la Iglesia esta chica me pidió si le podía sacar fotos también a su hijito, yo le dije que si.
Después mandé a revelar las fotos a Estudio A en Córdoba y cuando me llegan las fotos, me doy cuenta que hay un rosario. Cuando la veo me fui a hablar con el Padre (Macaya).
Me siento una elegida por haber sacado esa foto.
Mucha gente viene a verla incluso de otros pueblos.
Silvana dice que esto es "una señal de que hay que creer en Dios"


Fuente DIARIOC, 24/10/2009

Un envío de María de Elizalde





lunes, 9 de noviembre de 2009

20.000 PEREGRINOS EN PEREGRINACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS DE ZÁRATE-CAMPANA A LUJÁN

«Para renovar en nuestra sociedad argentina el realismo de la esperanza»
Por el Secretariado de Comunicación Obispado de Zárate-Campana
Con una espléndida tarde de sábado y una buena mañana de domingo, tal como ha venido haciéndose tradicional en estos últimos años, va cobrando una magnitud cada vez más grande la peregrinación popular de los partidos que componen la diócesis de Zárate-Campana a la Basílica de Luján, donde se encuentra la imagen de la Patrona del Pueblo Argentino. La columna de peregrinos, “como gran brazo del Paraná, como un río de vida” (dijo Mons. Sarlinga), salió de la ciudad de Zárate el sábado 7 a las 16, pasó por Campana a las 18 y luego de atravesar Los Cardales (en el partido de Exaltación de la Cruz) hizo su paso por Open Door y llegó, en la parte integrada por quienes más velozmente hicieron “el camino de fe”, hasta la Basílica de Luján, entre las 02 y 03 del domingo 7. Al trayecto trazado fueron incorporándose los peregrinos del partido de Baradero (quienes llegaron en ómnibus), del partido de Escobar y del partido de Pilar.
“Es un signo de la fe de nuestra gente, y del deseo de vivir en paz y fraternidad” dijeron algunos peregrinantes, entre los cuales se veía muchos jóvenes e incluso familias enteras. El carácter interinstitucional de este acontecimiento de fe se manifestó en la coordinación de la seguridad desde la dirección de culto de la Provincia de Buenos Aires, la participación de los municipios, la Defensa civil, de las distintas Jefaturas Departamentales, de la Cruz Roja y de los Bomberos voluntarios de los partidos, todos los cuales en todo momento acompañaron y asistieron a la larga hilera peregrinante (que alcanzó los 15 km a las 20 hs del día sábado). Las radios FM “Santa María” del Obispado, tanto de Campana como de Matheu transmitieron todo en directo e interconectaron a los peregrinos.

La peregrinación superó en mucho a las anteriores. Los cálculos de la policía local, considerando la continua hilera de fieles arrojó la presencia de unas 20.000 personas, dato considerable, dada la distancia desde Zárate hasta Luján, y que, habiendo nacido de modo espontáneo, “de la fe del pueblo”, viene aumentando a paso vivo precisamente en los últimos años, al punto que se ha debido prever una contención de carácter interinstitucional de la colaboración en la peregrinación, por lo cual se brinda asistencia espiritual, sanitaria y de acompañamiento y protección, sólo en el trayecto trazado de la peregrinación. Las autoridades civiles y eclesiásticas pidieron que todos ayuden a cuidar a feligreses y ciudadanos, solicitando “Ayudemos a cuidar a nuestros hermanos”.
Este año el lema ha sido: "Madre, ayúdanos a vivir la caridad en la verdad", con un sentido especial de reafirmar solidaridad, fraternidad y esperanza, y con la voluntad de poner en práctica la doctrina social de la Iglesia, que expresó últimamente la carta encíclica de Benedicto XVI, Caritas in veritate, la cual, desde su aparición, había sido estudiada propuesta para poner en práctica en distintos proyectos formativos, educativos y sociales de la diócesis de Zárate-Campana.
Quienes esperaban la llegada de las columnas de gente desde la Basílica pudieron ver que, al llegar a ésta, que tenía las puertas abiertas desde las 02 del domingo, los peregrinos fueron quedándose en el templo para rezar, muchos para confesarse (se veía que había confesores desde las 03 de la madrugada) y otros cumplían la promesa y partían, de modo de el templo iba reciclándose en la presencia de los fieles, los cuales lo llenaban por completo en un arco de varias horas. A las 06 tuvo lugar la misa central, concelebrada por el obispo de Zárate-Campana, Mons. Oscar Sarlinga, junto con numerosos sacerdotes de su diócesis.

Después de referirse brevemente a la historia del Milagro de Luján, el obispo enfocó la homilía en el desarrollo integral, en la necesidad de la esperanza y de la concordia para la integración social y para ponerse a caminar, y en la perspectiva del bien común, concepto clave de la doctrina social de la Iglesia. Citó al Papa Benedicto XVI cuando dijo que “se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos" cuando "se les priva de su fundamento trascendente" (Caritas in veritate, 56), es decir, cuando se olvida que "Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente" –dicho en la misma encíclica, n. 29, recordó-. Acto seguido acotó que la solidaridad, sin la cual no se puede construir una sociedad justa y una civilización digna, es principalmente una virtud para vivir en la vida concreta (también la económica y social) y que por eso puede también llamarse “caridad social”, y que expresa una idea viviente de unidad, cohesión en la libertad y colaboración. “Si una sociedad prescindiera de ella, se terminaría disgregando”, mencionó.
Dijo también Mons. Sarlinga que, en ese sentido, la solidaridad vivida de verdad, con justicia y paz, “incluso hasta que duela” la cual “todos nosotros que estamos aquí, los primeros, tenemos que esforzarnos por practicar” –agregó- es la que “nos ayudará a «poner mente, corazón, hombro y manos a la obra» con alegría, a superar divisiones, discordias, siendo todo ello algo tan necesario para construir una vida digna”.
Por último, terminó pidiendo a la Virgen de Luján por el pueblo argentino, por el sentido y la vivencia de la fe, por la paz y unidad en las familias, por el trabajo y la equidad y el desarrollo de nuestro país, nunca perdiendo la esperanza, “más aún, sobre todo contando en los corazones con una gran esperanza, porque si se la pierde, se pierde el motor de toda obra que mira hacia delante”. “Precisamos renovar cada día el realismo de la esperanza”, concluyó, ante la escucha atenta de la Basílica repleta.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

ANGLICANORUM COETIBUS (4 DE NOVIEMBRE DE 2009)


CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA

ANGLICANORUM COETIBUS

BENEDICTO XVI

SOBRE LA INSTITUCIÓN DE ORDINARIATOS PERSONALES

PARA ANGLICANOS QUE ENTRAN EN LA PLENA COMUNIÓN

CON LA IGLESIA CATÓLICA

En estos últimos tiempos el Espíritu Santo ha impulsado a grupos de anglicanos a pedir en varias ocasiones e insistentemente ser recibidos, también corporativamente, en la plena comunión católica y esta Sede apostólica ha acogido benévolamente su solicitud. El Sucesor de Pedro, que tiene el mandato del Señor Jesús de garantizar la unidad del episcopado y de presidir y tutelar la comunión universal de todas las Iglesias [1], no puede dejar de predisponer los medios para que este santo deseo pueda realizarse.

La Iglesia, pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo [2], fue instituida por nuestro Señor Jesucristo como «el sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» [3]. Toda división entre los bautizados en Jesucristo es una herida a lo que la Iglesia es y a aquello para lo que la Iglesia existe; de hecho, «contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» [4]. Precisamente por esto, antes de derramar su sangre por la salvación del mundo, el Señor Jesús oró al Padre por la unidad de sus discípulos [5].

Es el Espíritu Santo, principio de unidad, quien constituye a la Iglesia como comunión [6]. Él es el principio de la unidad de los fieles en la enseñanza de los Apóstoles, en la fracción del pan y en la oración [7]. Con todo, la Iglesia, por analogía con el misterio del Verbo encarnado, no es sólo una comunión invisible, espiritual, sino también visible [8]; de hecho, «la sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo, el grupo visible y la comunidad espiritual, la Iglesia de la tierra y la Iglesia enriquecida de bienes del cielo, no se pueden considerar como dos realidades distintas. Forman más bien una sola realidad compleja resultante de un doble elemento, divino y humano» [9];. La comunión de los bautizados en la enseñanza de los Apóstoles y en la fracción del pan eucarístico se manifiesta visiblemente en los vínculos de la profesión de la integridad de la fe, de la celebración de todos los sacramentos instituidos por Cristo y del gobierno del Colegio de los obispos unidos a su cabeza, el Romano Pontífice [10].

Efectivamente, la única Iglesia de Cristo, que en el Credo profesamos una, santa, católica y apostólica, «subsiste en la Iglesia católica gobernada por el Sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, aunque fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, impulsan hacia la unidad católica» [11].

A la luz de esos principios eclesiológicos, con esta constitución apostólica se ofrece una normativa general que regule la institución y la vida de los Ordinariatos personales para aquellos fieles anglicanos que desean entrar corporativamente en la comunión plena con la Iglesia católica. Esta normativa se integra con Normas complementarias emanadas por la Sede apostólica.

I.§ 1. Los Ordinariatos personales para los anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia católica son erigidos por la Congregación para la doctrina de la fe dentro de los confines territoriales de una Conferencia episcopal determinada, después de haber consultado a dicha Conferencia.

§ 2. En el territorio de una Conferencia episcopal pueden erigirse uno o más Ordinariatos, según las necesidades.

§ 3. Cada Ordinariato ipso iure goza de personalidad jurídica pública; es jurídicamente equiparable a una diócesis [12].

§ 4. El Ordinariato está formado por fieles laicos, clérigos y miembros de institutos de vida consagrada o de sociedades de vida apostólica, originariamente pertenecientes a la Comunión anglicana y ahora en plena comunión con la Iglesia católica, o que reciben los sacramentos de la iniciación en la jurisdicción del Ordinariato mismo.

§ 5. El Catecismo de la Iglesia católica es la expresión auténtica de la fe católica profesada por los miembros del Ordinariato.

II. El Ordinariato personal se rige por las normas del derecho universal y por esta constitución apostólica y está sujeto a la Congregación para la doctrina de la fe y a los demás dicasterios de la Curia romana según sus competencias. También valen para él las citadas Normas complementarias y otras eventuales normas específicas dadas para cada Ordinariato.

III. Sin excluir las celebraciones litúrgicas según el Rito Romano, el Ordinariato tiene la facultad de celebrar la Eucaristía y los demás sacramentos, la Liturgia de las Horas y las demás acciones litúrgicas según los libros litúrgicos propios de la tradición anglicana aprobados por la Santa Sede, con el objetivo de mantener vivas en el seno de la Iglesia católica las tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales de la Comunión anglicana, como don precioso para alimentar la fe de sus miembros y riqueza para compartir.

IV. Un Ordinariato personal está encomendado al cuidado pastoral de un Ordinario nombrado por el Romano Pontífice.

V. La potestad (potestas) del Ordinario es:

a. ordinaria: unida por el derecho mismo al oficio conferido por el Romano Pontífice, para el fuero interno y para el fuero externo;

b. vicaria: ejercida en nombre del Romano Pontífice;

c. personal: ejercida sobre todos aquellos que pertenecen al Ordinariato.

Dicha potestad se ejerce de manera conjunta con la del obispo diocesano local en los casos previstos por las Normas complementarias.

VI. § 1. Aquellos que han ejercido el ministerio de diáconos, presbíteros u obispos anglicanos, que responden a los requisitos establecidos por el derecho canónico [13] y no están impedidos por irregularidades u otros impedimentos [14], pueden ser aceptados por el Ordinario como candidatos a las sagradas órdenes en la Iglesia católica. Para los ministros casados se han de observar las normas de la encíclica de Pablo VI Sacerdotalis coelibatus, n. 42 [15], y de la declaración In June [16]. Los ministros no casados deben atenerse a la norma del celibato clerical según el canon 277, 1.

§ 2. El Ordinario, observando plenamente la disciplina sobre el celibato clerical en la Iglesia latina, pro regula admitirá sólo a hombres célibes al orden del presbiterado. Podrá pedir al Romano Pontífice, en derogación del canon 277, 1, que admita caso por caso al orden sagrado del presbiterado también a hombres casados, según los criterios objetivos aprobados por la Santa Sede.

§ 3. La incardinación de los clérigos se regulará según las normas del derecho canónico.

§ 4. Los presbíteros incardinados en un Ordinariato, que constituyen su presbiterio, deben cultivar también un vínculo de unidad con el presbiterio de la diócesis en cuyo territorio desempeñan su ministerio; deberán favorecer iniciativas y actividades pastorales y caritativas conjuntas, que podrán ser objeto de acuerdos estipulados entre el Ordinario y el Obispo diocesano local.

§ 5. Los candidatos a las sagradas órdenes en un Ordinariato se formarán junto a los demás seminaristas, especialmente en los ámbitos doctrinal y pastoral. Para tener en cuenta las necesidades particulares de los seminaristas del Ordinariato y de su formación en el patrimonio anglicano, el Ordinario puede establecer programas para desarrollar en el seminario o también erigir casas de formación, unidas a facultades de teología católicas ya existentes.

VII. El Ordinario, con la aprobación de la Santa Sede, puede erigir nuevos institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica y promover a los miembros a las sagradas órdenes, según las normas del derecho canónico. Institutos de vida consagrada provenientes del anglicanismo y ahora en plena comunión con la Iglesia católica pueden someterse por mutuo acuerdo a la jurisdicción del Ordinario.

VIII. § 1. El Ordinario, a tenor de la norma del derecho, después de haber oído el parecer del obispo diocesano del lugar, puede, con el consentimiento de la Santa Sede, erigir parroquias personales, para el cuidado pastoral de los fieles pertenecientes al Ordinariato.

§ 2. Los párrocos del Ordinariato gozan de todos los derechos y están sujetos a todas las obligaciones previstas en el Código de derecho canónico, que, en los casos establecidos en las Normas complementarias, se ejercen como mutua ayuda pastoral con los párrocos de la diócesis en cuyo territorio se encuentra la parroquia personal del Ordinariato.

IX. Tanto los fieles laicos como los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica que provienen del anglicanismo y desean formar parte del Ordinariato personal, deben manifestar esta voluntad por escrito.

X. § 1. El Ordinario es asistido en su gobierno por un consejo de gobierno, regulado por estatutos aprobados por el Ordinario y confirmados por la Santa Sede [17].

§ 2. El consejo de gobierno, presidido por el Ordinario, está compuesto al menos por seis sacerdotes y ejerce las funciones establecidas en el Código de derecho canónico para el consejo presbiteral y el colegio de consultores, y las especificadas en las Normas complementarias.

§ 3. El Ordinario debe constituir un consejo de asuntos económicos, según la norma del Código de derecho canónico y con las funciones establecidas por este [18].

§ 4. Para favorecer la consulta de los fieles, en el Ordinariato se debe constituir un consejo pastoral [19].

XI. El Ordinario debe acudir a Roma cada cinco años para la visita ad limina Apostolorum y, a través de la Congregación para la doctrina de la fe, en relación también con la Congregación para los obispos y la Congregación para la evangelización de los pueblos, debe presentar al Romano Pontífice una relación sobre la situación del Ordinariato.

XII. Para las causas judiciales, el tribunal competente es el de la diócesis donde tiene su domicilio una de las partes, a no ser que el Ordinariato haya constituido un tribunal propio, en cuyo caso el tribunal de apelación será el designado por el Ordinariato y aprobado por la Santa Sede. En ambos casos se tendrán en cuenta los distintos títulos de competencia establecidos por el Código de derecho canónico [20].

XIII. El decreto que erigirá un Ordinariato determinará el lugar de la sede del Ordinariato mismo y, si lo considera oportuno, también cuál será su iglesia principal.

Deseamos que estas disposiciones y normas nuestras sean válidas y eficaces ahora y en el futuro, no obstante, si fuese necesario, las constituciones y las ordenanzas apostólicas emanadas por nuestros predecesores, y cualquier otra prescripción también digna de particular mención o derogación.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 4 de noviembre de 2009, memoria de san Carlos Borromeo.

BENEDICTO XVI


NOTAS:

[1] Cf. Concilio ecuménico Vaticano II, constitución dogmática Lumen gentium, 23; Congregación para la doctrina de la fe, carta Communionis notio, 12; 13.

[2] Cf. Lumen gentium, 4; Unitatis redintegratio, 2.

[3] Lumen gentium, 1.

[4] Unitatis redintegratio, 1.

[5] Cf. Jn 17, 20-21; Unitatis redintegratio, 2.

[6] Cf. Lumen gentium, 13.

[7] Cf. ib.; Hch 2, 42.

[8] Cf. Lumen gentium, 8; carta Communionis notio, 4.

[9] Lumen gentium, 8.

[10] Cf. Código de derecho canónico, can. 205; Lumen gentium, 13, 14, 21, 22; Unitatis redintegratio, 2, 3, 4, 15, 20; Christus Dominus, 4; Ad gentes, 22.

[11] Lumen gentium, 8; Unitatis redintegratio, 1, 3, 4; Congregación para la doctrina de la fe, declaración Dominus Iesus, 16.

[12] Cf. Juan Pablo II, constitución apostólica Spirituali militum curae, 21 de abril de 1986, i 1.

[13] Cf. Código de derecho canónico, cann. 1026-1032.

[14] Cf. Código de derecho canónico, cann. 1040-1049.

[15] Cf. AAS 59 (1967) 674.

[16] Cf. Congregación para la doctrina de la fe, declaración del 1 de abril de 1981, en Enchiridion Vaticanum 7, 1213.

[17] Cf. Código de derecho canónico, cann. 495-502.

[18] Cf. Código de derecho canónico, cann. 492-494.

[19] Cf. Código de derecho canónico, can. 511.

[20] Cf. Código de derecho canónico, cann. 1410-1414 y 1673.