martes, 25 de enero de 2011

La hipocresía llevada al paroxismo



En tanto nos vayamos quedando sin buenos sacerdotes, sin muchos santos sacerdotes, el puente de unión entre el Cielo y la tierra irá debilitándose hasta desaparecer y con él, el Santo Sacrificio del que ya hablara el Profeta Daniel.


Por Dante Calori

¡Qué difícil se ha tornado sobrevivir en estos tiempos! Y no me refiero puntualmente al incremento sostenido de la inseguridad física, que lo es por cierto.
  
Quienes mantenemos inhiestos los principios fundamentales que sustentan nuestra existencia, los que sabemos y creemos firmemente en verdades inmutables y trascendentes, los que aún nos enorgullecemos de haber sido elegidos para nacer en una nación católica y que nuestros padres nos hayan heredado la verdadera fe, la única que salva el alma inmortal, los que comprendemos cabalmente y sin dobleces la razón de la Redención de nuestro Salvador, los que sufrimos por las falacias de un mundo que se ha empeñado en arrojarnos en los más profundos abismos, los que aún mantenemos la fe y la esperanza contra toda esperanza, los que, en síntesis, sabemos que esta es una vida de tránsito hacia la verdadera vida, un suspiro previo a la eternidad, estamos cada día que transcurre más agobiados y expuestos a la maldad intrínseca que rodea todo por doquier.

No es el caso de millones que habiendo recibido lo mismo, no asignan a estas cosas, la trascendencia y la importancia que involucra. Es tal el grado de masificación al que ha sido sometida la sociedad actual, que son muy pocos los que alcanzan a comprender el terrible peligro al que nos someten sin solución de continuidad.

Este mundo no está dispuesto a transar, no negocia, no respeta ni acepta un no por respuesta. O se hace lo que él quiere o nos destruye. No hay términos medios, o se es dócil a sus caprichos o no hay opción alguna. Y en ese mundo falaz y descreído, ateo y materialista, los roles son desempeñados por autómatas que, o se adaptaron previamente a las condiciones impuestas por el sistema en una plena y absoluta decisión de que así fuera, o simplemente porque fueron salidos de fábrica con la impronta de la matriz, algo así como un signo de origen.

En otras palabras, los que se venden al mejor postor y los que carecen de las luces necesarias para percatarse de la trampa.

En este juego perverso, los medios de comunicación cumplen una tarea preponderante en el arte de masacrar, destruir, mancillar, corromper, pervertir.
Si sus intereses transitan por el sendero de su beneficio, elevan, sostienen e impulsan y si por el contrario están enfrentados, no escatiman los métodos más abyectos e inmorales para alcanzar sus objetivos.

Esto no es nada nuevo. Lo han hecho y lo seguirán haciendo porque es su naturaleza. Así sobreviven, sin códigos, sin honor, sin lealtades, sólo intereses. Y si para ello es preciso lastimar, herir, desencantar, engañar, pues lo hacen sin remordimientos. Hoy estoy con vos porque me conviene y mañana en tu contra porque me conviene. El o los que no lo entienden así, no pueden permanecer en sus filas.

De ese modo nos encontramos a diario con huestes numerosas de escribidores, de relatores y de informadores en los medios gráficos, radiales y televisivos, que hacen gala de una notable capacidad de mimetismo con el sistema. Y lo más patético aún es que todos han sido paridos de la misma forma, y no precisamente por las vías naturales.

En estos días, la comunidad mendocina se vio una vez más inserta en una polémica que en otras épocas, unas decenas de años, unos cincuenta para ser más preciso, no sólo no hubiese existido sino que a nadie se le hubiera imaginado que fuera posible. Era la época en que todas las ovejas eran blancas y apenas aparecía la negra todo el mundo se percataba.
  
Ahora, que la mayoría es negra, la confusión es mayúscula. Sin dudas que por aquello de que las tinieblas no dejan ver la luz.

Un simple espectáculo tradicional del sur mendocino dio pie para que todos esos autómatas se pusieran en pie de guerra y generaran una vez más una polémica falaz e innecesaria. Entre lo que es bueno y lo que no lo es. Aborto si o aborto no, maridaje de maricones si o maridaje de maricones no. Y adonde no existía divergencia, ahora lo hay.

Cuando un grupo de artistas ignotos, pretendidamente “graciosos” y copiando “éxitos” ajenos tuvieron la genial idea de aprovechar que al mundo le encanta pegarle a los católicos, a la Iglesia, a los sacerdotes no progres, a sus Dogmas, ignorando que entre la muchedumbre había un digno hombre de Cristo que no pudo tolerar ni soportar ese vejamen sacrílego y de manera educada haciendo el legítimo uso de su sagrada investidura, puso las cosas en su lugar.

Hubo notables muestras de adhesión de la multitud y algunos desubicados, los de siempre, que tímidamente se rebelaron a la reacción del padre. Allí habría quedado la cosa si no fuera por los autómatas. Como las hienas que huelen la sangre a kilómetros de distancia, estos cirujas de la hediondez periodística vieron la ocasión de llevar más mugre a la sociedad y desparramarla por doquier.

No era su intención resaltar lo bueno y la conducta honorable de un sacerdote que se había sentido ultrajado en su castidad y dignidad. No, a ellos eso no les cierra, no los motiva, no los enaltece. Era un buen momento para podrir más la mente de los lectores y llevar más confusión a una sociedad y sobre todo a una feligresía que ya ni si siquiera entiende por qué es miembro de la Iglesia Católica.

Desde ese instante, una cohorte de “periodistas” se amancebaron y desde canales, radios y diarios, desparramaron la basura peor que lo hace el viento zonda. Y lo siguen haciendo. Sacaron de contexto palabras de explicación del sacerdote, ironizaron, se escandalizaron por sus dichos, se mofaron.

Cuando el buen sacerdote, con una claridad poco común de los sacerdotes de estos tiempos, explicó que la violación de la fe de un sacerdote es mil veces peor que la violación de un niño, estos sátrapas se lo tomaron como el hipócrita de Caifás ante la respuesta de Nuestro Señor y se rasgó las vestiduras, o más recientemente, cuando Monseñor Baseoto le respondió al obsceno Ginés García González sobre los riesgos de escandalizar a una de sus creaturas.

Jamás el sacerdote negó que la violación de un niño fuera algo monstruoso y diabólico, sólo que violar la fe de un sacerdote es algo infinitamente más grave. Esa es la técnica de estos malvivientes, formular preguntas comparativas para que si el incauto no es un avezado, caiga en la trampa.

Por si no lo saben y apuesto que así es, señores “periodistas”, el sacerdote católico es la obra más grandiosa que Dios ha dejado en este mundo. Él es el puente de unión entre el Cielo y la tierra. Le ha conferido Nuestro Señor la más sublime tarea que tenga criatura en este mundo en toda la historia, cosas que ni los ángeles ni la Santísima Virgen pueden hacer, repetir el Santo Sacrificio en la Cruz, en cada Misa en forma incruenta por el Misterio de la Transubstanciación, a lo largo de los siglos hasta su gloriosa venida, y por si eso fuera poco, además la potestad de perdonar los pecados.

Dos tareas divinas que cualquier católico debiera saber desde el momento de su primera comunión. Fue muy simple y exacta la respuesta del buen sacerdote. Esas estrellas que el diablo con su cola arrojó al mundo, son los sacerdotes que han sido violados en su fe. Un sacerdote que cae es algo tan espantoso y terrible porque con él condena a sus ovejas a la deriva y al peligro que este mundo les presenta.

Allí radica el porqué del ataque despiadado y sostenido del mundo contra los sacerdotes. En tanto nos vayamos quedando sin buenos sacerdotes, sin muchos santos sacerdotes, el puente de unión entre el Cielo y la tierra irá debilitándose hasta desaparecer y con él, el Santo Sacrificio del que ya hablara el Profeta Daniel cuando el hombre de perdición se siente en el lugar santo. La “abominación de la desolación” de la que nos alertara Nuestro Señor que llegaría después de la apostasía, o sea la pérdida de la fe.

¿Alguien puede discutir que la apostasía ya es una triste realidad?

Y con dolor vemos cómo hasta sus propios compañeros y superiores del Arzobispado, haciendo una vez más gala de su tibieza y su compromiso con el mundo, lo exponen a la jauría para que se regodeen con él. Entonces sí hay prensa para curas que ya hace tiempo largaron los “bofes” y se comprometieron con el mundo. Esos que siempre tienen espacio para que larguen todo su veneno y confunda más a la idiotizada grey.

Si, sin dudas que son tiempos muy difíciles para aquellos que nos hemos comprometido con la Verdad.

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