lunes, 24 de enero de 2011

Benedicto XVI exhorta a una preparación meticulosa al matrimonio





“Hay solo un matrimonio, el cual es constitutivamente un vínculo jurídico real entre el hombre y la mujer; un vínculo sobre el que se apoya la auténtica dinámica conyugal de vida y de amor, afirmó el Santo Padre.



Benedicto XVI recibió el sábado en audiencia a los miembros de la Sacra Rota Romana en la cita anual, en ocasión de la inauguración del año judicial. El Papa en su discurso consideró “la dimensión jurídica que es innata y connatural en la actividad pastoral de preparación y admisión al matrimonio”, para intentar mostrar “el nexo que existe entre tal actividad y los procesos judiciales de nulidad matrimonial”. Por tanto, más que hablar del sentido pastoral, el Pontífice ha tratado la dimensión canónica de la preparación al matrimonio, el sentido jurídico que está inseparablemente unido al pastoral

Para el Santo Padre las cuestiones canónicas ocupan un lugar “modesto e insignificante en la preparación al matrimonio, en cuanto se tiende a pensar que los futuros esposos tengan poco interés en estas problemáticas reservadas a especialistas”. Por otra parte, señala el Papa, “es muy difundida la mentalidad, según la cual las ‘amonestaciones o proclamas matrimoniales’, que sirven para verificar que nada se opone a la celebración válida y lícita del matrimonio, constituyen sólo un acto exclusivamente de naturaleza formal”.

“Frente a la relativización subjetivista y libertaria de la experiencia sexual, la tradición de la Iglesia afirma, naturalmente, con claridad la índole jurídica del matrimonio, es decir, su pertenencia por naturaleza al ámbito de la justicia en las relaciones interpersonales. En esta óptica el derecho se entrelaza, en verdad, con la vida y con el amor”.

“No existe por tanto -explica el Papa- un matrimonio de la vida y otro del derecho: hay solo un matrimonio, el cual es constitutivamente un vínculo jurídico real entre el hombre y la mujer; un vínculo sobre el que se apoya la auténtica dinámica conyugal de vida y de amor. El matrimonio celebrado entre los esposos, aquel del que se ocupa la pastoral es el mismo del que se ocupa la doctrina canónica: son una sola realidad natural y salvífica”.

“El derecho a casarse, va visto en esta perspectiva. No se trata de una pretensión subjetiva que debe ser satisfecha por los pastores mediante un mero acto formal, porque está en juego el derecho natural de las personas a casarse. El derecho a contraer matrimonio, presupone que se pueda y se deba celebrarlo de verdad, es decir, en la verdad de su esencia, tal como enseñada la Iglesia. Nadie puede preciarse del derecho a una ceremonia nupcial.

Porque el derecho a casarse -explica Benedicto XVI- conlleva el derecho a celebrar un matrimonio auténtico. No se negaría por tanto un matrimonio allí donde evidentemente no existieran impedimentos para su ejercicio, es decir, se cumplieran la capacidad, la voluntad de los cónyuges, y la realidad natural del matrimonio. Un serio discernimiento en este aspecto dice el Papa podrá evitar que “impulsos emotivos o razones superficiales induzcan a los dos jóvenes a asumir responsabilidades que después no sabrían honorar”. El Pontífice ha dejado claro que “matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas y defendidas de cualquier tipo de equívoco sobre su verdad”.

En cuanto a la “preparación al matrimonio en sus diversas fases, descritas por el Papa Juan Pablo II en la Exhortación apostólica “Familiaris consortio”, tiene una finalidad que trasciende la dimensión jurídica”, afirma Benedicto XVI, pero no hay que olvidar nunca, que “el objetivo inmediato de tal preparación es el de promover la libre celebración de un verdadero matrimonio”.

Entre los medios para verificar que el proyecto entre los futuros esposos sea realmente conyugal el Papa ha destacado “el examen prematrimonial”, que tiene como principal finalidad jurídica constatar que “nada se opone a la válida y lícita celebración del sacramento matrimonial”. Se trata de una ocasión pastoral única, en la cual a través de “un diálogo pleno de respeto y cordialidad, el pastor intenta ayudar a las personas a ponerse seriamente delante de la verdad y a reflexionar sobre la propia vocación humana y cristiana del matrimonio”.

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