lunes, 15 de junio de 2009

Sobre la enfermedad


Del libro del Misionero Jorge Bender en África el testimonio de un religioso Marista de 82 años.
En una revista encontré el testimonio de un religioso Marista de 82 años y quiero compartir con ustedes algunas de sus afirmaciones.


El hno. Basilio Santos se reconoce anciano, enfermo y lleno de achaques, pero igual tiene algunas cosas para proponernos. Dice: “esta última etapa de mi vida esta llena de gracias pues me ayuda a crecer en la oración, en el silencio, en la vida oculta, en el descanso, en la quietud para conmigo mismo y para prepararme al gran encuentro con Dios… A pesar que del punto de vista físico y mental perdí energías, espiritualmente estoy dando pasos y espero no quedar aquí”.

Después, en su sencillo relato, propone algunas recetas para la vida cotidiana que tienen mucha sabiduría: “Creo que con la sonrisa, las anécdotas, los recuerdos y las atenciones he conseguido acercarme a mis hermanos. Vale la pena ser sembrador de sonrisas. Me siento feliz y dedico tres horas por día a mi formación personal, cosa que no podía hacer cuando era más joven. Así mantengo la lucidez y fresca la materia gris”.

Más adelante nos comparte cuáles son sus preocupaciones más importantes en este momento. Las resumió en una pequeña lista que tiene sobre su escritorio para no olvidarlas. Van algunas de sus máximas:

• Nunca pensar que mi enfermedad y mi vejez sean las peores de todas;
• Nunca perder la confianza en mis esfuerzos ni en mis posibilidades;
• No vivir pensando en mi enfermedad y en mis limitaciones;
• No hacer de mis achaques argumento ordinario de mis conversaciones;
• No dejarme llevar por pensamientos pesimistas cuando siento la soledad;
• Nunca pensar que tengo más derechos que los otros por el hecho de estar enfermo;
• No procurar que también los otros deban sufrir por mis males y estén obligados a sentir pena por mi soledad;
• Estar siempre atento a los problemas y necesidades de los demás;
• Ser siempre un estímulo para aquellos que me rodean y cuidan de mí;
• Aceptar siempre con buen humor la ayuda de los otros;
• Mostrarme contento y amable con aquellos que me visitan;
• Hacer alguna cosa útil para los otros, aunque sea sólo una sonrisa, una mirada;
• Agradecer siempre, bendecir, alabar al Señor en mi oración.

Termina su testimonio con estas reflexiones: “Creo que la misión de los ancianos es mantener el optimismo y el buen humor. Nos compete ser testimonio de serenidad en un mundo en que toda la gente tiene prisa; estar abierto a los cambios; tomar parte en las iniciativas de los otros y animarlos… Los jóvenes quieren vernos testimonios del pasado e inspiradores del futuro. Traemos con nosotros un tesoro y, al mismo tiempo, un vacío para recibir los dones que otros nos ofrecen… El único deporte que podemos practicar es el buen humor. Esto nos libra de los resentimientos, de los miedos, de las angustias y temores. No podemos sembrar discordias y pesimismo, mucho menos ser aves de mal agüero…”.

Grande, Hno. Basilio! Quisiera conocerte y agradecerte personalmente este testimonio. Realmente pienso que eres un hombre de Dios, que estás viviendo sabiamente tu ancianidad. Aunque el desgaste físico sea una ley de la vida, esto no impide que este tiempo se pueda vivir como una gracia especial. Como un kairós de la vida.

Gracias a Dios, también en nuestra Provincia San Miguel tenemos hermanos ancianos y sabios. Quiero cerrar esta pequeña reflexión con la afirmación de uno de ellos, el Hno. Mariano Míkula: “Con tu ayuda, Jesús, puedo, quiero y me supero”. Y gracias a todos los hermanos que nos ayudan a vivir…”


Extraído de: Fray Jorge Alberto Bender, del libro en prensa “África no me necesita, yo necesito de África” Huellas de un misionero en tierra africana.
Edic. Amaltea - Santa Fe


Enviado por el DP César I. Actis Brú


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