viernes, 8 de abril de 2011

¿TRABAJA MUCHAS HORAS? VIGILE SU CORAZÓN

Las personas que habitualmente trabajan muchas horas pueden tener un riesgo significativamente mayor a desarrollar una enfermedad cardíaca, que son las que más vidas cobran en el mundo, dijeron científicos británicos.
 
Por Kate Kelland

Un estudio a largo plazo ha revelado que trabajar más de 11 horas al día incrementa el riesgo de sufrir una dolencia cardiaca en un 67 por ciento, frente a estar en el puesto de trabajo las habituales 7 u 8 horas al día.

En declaraciones el lunes, añadieron que estos hallazgos sugerían que la información sobre las horas de trabajo -usada junto a otros factores como la tensión arterial, la diabetes o el tabaquismo - podía ayudar a los médicos a averiguar el riesgo que tiene un paciente a tener un problema cardiaco.

Sin embargo, comentaron que aún no estaba claro si trabajar muchas horas era un factor en sí para contribuir al riesgo cardiaco, aunque sí actuaba como "favorecedor" de otros factores que pueden dañar al corazón, como hábitos alimenticios poco saludables, falta de ejercicio o depresión.

"Este estudio nos puede hacer pensar dos veces el viejo tópico de 'trabajar mucho no te mata'", dijo Stephen Holgate, jefe del consejo de medicina de sistemas y población en el británico Medical Research Council, que financió parte del estudio.

El trabajo, publicado en Annals of Internal Medicine, siguió a casi 7.100 trabajadores británicos durante 11 años.

"Trabajar mucho está asociado con un incremento significativo del riesgo de enfermedad cardiaca", dijo Mika Kivimaki, de la Universidad College London, que dirigió el estudio. Añadió que era una "llamada de atención a las personas que suelen sobrecargarse de trabajo".

"Considerando que incluir la medición de las horas de trabajo en la entrevista (del médico) es tan sencillo y útil, nuestra investigación presenta argumentos decisivos de que debería convertirse en una práctica", declaró.

Las enfermedades cardiovasculares como ataques al corazón o accidentes cerebrovasculares cobran unas 17,1 millones de vidas al año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Anualmente se gastan miles de millones de dólares en dispositivos médicos y fármacos para tratarlas.

Los hallazgos de este estudio respaldan investigaciones anteriores que muestran una relación entre las horas de trabajo y las enfermedades cardiacas.

Sin embargo, los científicos dijeron que los grandes trabajadores no deberían alarmarse necesariamente sobre la salud de su corazón.

"Las actuales evidencias sobre la prevención (de enfermedades cardíacas) ponen énfasis en la importancia de centrarse en el riesgo total, en lugar de en factores de riesgo individuales", dijo Kivimaki a Reuters Health en un correo electrónico.

"La gente que trabaja muchas horas debería tener un especial cuidado en seguir dietas sanas, hacer ejercicio suficiente y mantener dentro de los límites saludables la tensión arterial, los niveles de colesterol y el azúcar", agregó.

Reuters Health



UNA LUCHA DESDE EL VIENTRE

¿Qué sentimos o pensamos cuando pronunciamos la palabra vida? Algunos se sienten dueños, otros no se dan ni cuenta de que están vivos, otros, en cambio, darían su vida por un ideal.
 
Por Germán Díaz (*)

Nuestro Padre Dios nos vinculó perfectamente a su grandiosa obra creadora, concediéndonos el poder de ser cocreadores con él, posibilitando, en el ámbito del amor, la fecundación y el nacimiento de una nueva vida.

Ahora bien, ¿nos sentimos verdaderamente poseedores del poder de engendrar vida? Hemos logrado grandes avances a lo largo de la historia de la humanidad, hasta el punto de asumir la actitud soberbia de creernos casi dioses, manipulando la vida, extinguiéndola, controlándola, interrumpiéndola, decidiendo su futuro, cediéndola, vendiéndola, usurpándola… Dios, que lo ve todo, nos sigue enviando su soplo creador, su bendición, su primer y último misterio de vida. No obstante, ¿creemos que es un orgullo ser administradores de la vida que Dios pone en nuestras manos?

Cuidar la vida no significa decidir quién vive o quien no vive. Cuidar es animar, no dejar que le ocurra nada malo, ayudar a vivir, crear condiciones dignas, alegrarse con la vida, tener puestos los ojos en ella. Cuidar la vida es hacerse cargo, luchar para que sea mejor, crezca, madure, sea libre, feliz...

Hoy vivimos la paradoja de la defensa heroica de los animales. Varias corporaciones, países, organizaciones fomentan el cuidado, la reserva natural. Poquísimos, casi inexistentes, se animan a promocionar el derecho a la vida del niño por nacer. Hemos visto como algunos grupos ambientalistas ponen sus cuerpos, gomones y barcos entre los arpones de los cazadores y las ballenas. No he sabido de ninguna organización que se interponga entre el bisturí del médico y el feto inocente en el vientre de la madre. Hemos escuchado a señoras muy bien arregladas opinar: “No se puede permanecer indiferente a los miles de gatitos y perritos que mueren por año, víctimas del abandono. Para intentar reducir esta triste realidad, tratamos de concientizar a las personas sobre la tenencia responsable”. Seres humanos ocupados y comprometidos en la defensa del animal, una acción, por cierto, valiosa y ponderable, y, ante la sociedad, una actividad: justa, simpática, heroica. No se juzga con la misma vara a los católicos que rezan pacíficamente el rosario en la puerta de una clínica que practica habitualmente abortos. Esos católicos son avergonzados por defender la vida de un niño por nacer. Pero ser defensor de ballenas es muy “top”, queda bien, incluso está bueno que grandes líneas de supermercados me descuenten un “vueltito” por la causa ambiental. No es que piense que resulte ilícito defender ballenas, pero es mucho más grave la escena de niños descuartizados tirados en tachos de basura junto a desechos hospitalarios.

La vida del niño por nacer no corre la misma suerte de las ballenas, las tortugas, los tucanes... está sometida a la indiferencia, al escándalo de los medios, al silencio... Las leyes de países de avanzada protegen mejor a un osito panda que a un niño indefenso en plena gestación. Mientras tanto, vemos, escuchamos y convivimos con parejas que luchan por adoptar un hijo o que darían lo que sea por concebirlo. Esperan años, llenan “infernales” solicitudes, cualquier cosa con tal de obtener un hijo. Otros luchan victoriosos para poder matarlos legalmente.

Pero Dios no se cansa de enviarnos niños, no se corta la grandiosa fuerza creadora, por más que continuemos interrumpiendo su gracia. En ese cielo plagado de niños sin nacer, el Señor de la vida conversa con ellos y les cuenta cómo sería su vida si hubieran podido vivir.

(*) Religioso Salesiano. Lic. en Comunicación Social


martes, 5 de abril de 2011

LO NATURAL, LO DIGNO, LO DEGENERADO

Los escándalos actuales de tantos sacerdotes malos no son algo insólito entre los hombres del mundo sino la moneda corriente. ¿Qué podemos esperar de ciudades en las que los hombres se casan con los hombres? Peor, ciudades en las que dicen que eso es un derecho tan grande como casarse como Dios manda.


Por Mons. Andrés Morello

Se sienten ya las campanadas de la Pascua rompiendo el silencio sepulcral de la Pasión Cristo. La Sangre del Calvario y de la Sagrada Víctima alcanzó, en aquél supremo acto de amor y de dolor, la Redención posible de toda alma. La Redención posible, ese es el terreno en que se pasa toda la vida, en que los hombres le disputan a Dios o no el señorío sobre sí mismos.

Todo hombre fue creado para el Cielo, teniendo de Dios cuanto le pueda ser necesario para salvarse. En la vida de cada hombre, de las naciones, de las civilizaciones y del mundo queda plasmada la agradecida y serena aceptación de aquella Sangre redentora o su orgulloso rechazo. A eso queda reducida toda la historia humana, a besar las huellas del Cordero de Dios o a escupir su rostro como aquellos que quisieron su muerte.

Estamos en cercanías del Calvario redentor y de la Pascua verdadera. En esas cercanías se enrarece el ambiente de las noticias con casos escandalosos de sacerdotes, en varias partes del mundo, de moral degenerada.

La prensa disfruta del espectáculo de ver por tierra a quienes habrían de vivir y defender la virtud, de quienes personal e institucionalmente deberían atacar siempre los postulados del mundo.

¡Asombrosa es la rareza! Se queja indignado el mundo de que esos sacerdotes hagan los pecados que hace el mundo y que el mundo defiende. El mundo pide las libertades más amplias para las inmoralidades más degradantes que puedan concebirse a la vez que denigra a los sacerdotes inmorales y degradados porque hicieron esas inmoralidades.

Arrinconada por lo penoso y vergonzoso del espectáculo y por la burla social ¿Qué hace la Iglesia Oficial? Le pide perdón al mundo. Perdón al mundo en vez de pedirlo a Dios. Le pide perdón al mundo que propugna, defiende y propaga esos vicios, porque sus sacerdotes hicieron lo que el mundo hace.

¿Qué le ha pasado a ese Clero? Los siglos de la historia han enseñado siempre la misma verdad: Cada vez que disminuyó la marca en el termómetro de la Fe y del fervor religioso, inversamente creció el del paganismo y sus lacras. Esa es la realidad contemporánea.

Pero ¿Y el Clero? ¿No habrá de ser distinto en él? Claro que sí, a no ser que las órdenes fueran otras y sí lo fueron.

Desde Vaticano II (1964) la cantinela es la de la apertura al mundo. Esa es la diferencia. La Santa Iglesia siempre combatió los postulados del mundo y sus malas costumbres, siempre quiso convertirlo pero no en la pista de baile. Desde Vaticano II se implantó la costumbre de mundanizar al Clero para que el mundo no lo rechazara. “-Dejen la sotana y con ella la modestia religiosa; ya no haya distancias en el trato; ablanden las Reglas que les hacían llevar una vida más sufrida como sufrida fue la de Cristo; diarios, televisión, cine e internet porque hay que estar informado (aunque diga la Sagrada Escritura: “No hay nada nuevo bajo el sol”, Ecles. I, 10) y aunque el saber lo malo muchas veces induzca a hacerlo. Decía San Bernardo que saber lo malo no es saber sino ignorar.

Pusieron al Clero en el pantano y a dar brazadas; ahora huele, apesta y descompone.

Vayamos a los principios.

Todo está encerrado en la aceptación o en la negación del Pecado Original. Si no lo hubo todo es bueno, nada es malo, nada peligroso, no hay pasiones en desorden ni inclinaciones que haya que corregir; si en cambio sí lo hubo razón de más tuvo la Santa Iglesia de formar las virtudes en su Clero y mantenerlas en él con las prácticas y la disciplina de la vida sacerdotal y religiosa.

Aquí llegamos al título de este artículo: Lo Natural, lo Digno, lo Degenerado.

Lo Natural. Ya no hay natural en el hombre como salió de las manos de Dios. El Pecado Original no destruyó nuestra naturaleza como lo quiso Lutero pero sí la hirió, la degradó, le dejó inclinaciones que no son las de Dios (“Siento en mis miembros una ley contraria a la Ley de Cristo”, Rom. VII, 23); la privó de aquellos Dones gratuitos del Paraíso Terrenal (la inmortalidad, la ciencia infusa, el control de las pasiones) y la dejó herida en sus capacidades naturales (la ignorancia en la inteligencia, el desorden en las pasiones, la enfermedad y el cansancio en las fuerzas físicas, la voluntad debilitada para el bien).

Desde el pecado original ser bueno no es imposible pero supone lucha y esfuerzo (“Yo reduzco mi cuerpo a servidumbre”, I Cor. IX, 27; “Si alguien quiere venir en pos de Mi niéguese a si mismo”, S. Mt. XVI, 24). De allí que si la sociedad en la cual se mueve el hombre le ofrece un ambiente insalubre en su moral y lleno de malas ocasiones tanto más difícil será ser bueno aún valiéndose de los medios de la Gracia y del esfuerzo del combate cristiano.

¿Qué sucedería si quitáramos importancia a ese combate y la eficacia a los medios sobrenaturales?

No se vería la inmoralidad como un peligro, ni la ocasión como un riesgo, ni las armas servirían aún en el caso de usarlas.

Esto no es más que una foto del panorama actual de la Iglesia Oficial. Le dijeron al hombre y a su Clero: “- Tus inclinaciones son naturales, el mundo es bueno no le temas ni te apartes, tienes que estar informado, válete de los medios modernos que te ofrecen, tú también eres del mundo, vive como él, la maldad no está en la cosa, ni en la moda, ni en la costumbre sino en la intención que tu pongas”.

Han hecho con el cristiano y sobremanera con los sacerdotes y los religiosos, y esto durante los últimos cincuenta años, lo mismo que han hecho en ciertas democracias contemporáneas que parecen hacer todo lo posible para sucumbir: La destrucción y reducción sistemática de sus ejércitos. ¿Por qué decimos esto? ¿Por afán militarista? No señor, por sentido común. Todo cuerpo tiene anticuerpos que le defienden de los agentes patógenos y enfermantes que pueden atacarle. No atacar es ser pacífico, pero no defenderse o no estar preparado para hacerlo es suma imprudencia. No se trata de defenderse de la maldad del vecino, quien puede ser bueno, sino de aquél que eventualmente puede ser malo como toda la historia de los hombres lo enseña. Los países menos beligerantes de la tierra, como Suiza, tienen ejércitos eficaces, suficientes y bien pertrechados. ¿Qué buscamos decir? Buscamos poner un ejemplo entendible que podamos aplicar a nuestro tema. Vayamos a él.

¿Qué cualidades debe reunir un buen soldado?: Instrucción (en su inteligencia para saber su oficio); Ejercicio (saber ejecutar eficazmente lo aprendido); Vigilancia (de nada serviría lo anterior si el ataque le sorprendiera sin estar en guardia “cuando el hombre fuerte armado cuida su casa entonces están en paz las cosas que posee, si alguien más fuerte llegare y le venciere y le quitare las armas en las cuales confiaba entonces repartiría sus despojos”, S. Lc. XI, 21.22); Carácter (las virtudes que lo hacen recio y que rigen el uso de las armas).

Las mismas cualidades valen para el varón cristiano y sobre todo para el Clero, no por nada dijo el Patriarca Job “la vida del hombre sobre la tierra es milicia”, Job VII, 1: Instrucción en la Fe y Doctrina verdaderas que por oficio debe saber y enseñar (“Id y enseñad a todas las gentes”, S. Mt. XXVIII, 19); Ejercicio de las Virtudes que hacen y mantienen cristiano al hombre no permitiéndose nada que pudiera apartarlo de Dios (“no queráis amar al mundo ni nada de lo que hay en él” I S. Juan II, 15; Vigilancia, estar en guardia contra el error y las ocasiones malas “vigilad no entréis en tentación…porque la carne es flaca” S. Mc. XIV, 38); considerar que entre los hombres los hay buenos, frágiles y malos. No hay nada cristiano en las costumbres que enseña el cine y la televisión, nada modesto en las modas que inundan las ciudades, los solteros se portan como esposos y los esposos como solteros, los gobiernos dejan matar niños y olvidarse de los mayores, la única moral es la moral impositiva aunque los impuestos provengan de los lugares indecentes; ya no hay lugares indecentes si el Estado puso su sello de aprobación, no importa cuál sea el sujeto o el objeto del placer aunque sea el más aberrante; Carácter que es la reciedumbre necesaria para defender el bien de Dios, de su Iglesia y de las almas y sobreponerse a sí mismo ya que todo hombre carga el lastre del Pecado Original que juega a hacerle traición. Todo esto resumido hace lo Digno que es ser según Dios o lo Degenerado que es despreciar su Ley. Cuando el hombre no busca ser bueno ya no cae en las faltas de los hombres sanos sino en la corrupción de los degenerados.

Los escándalos actuales de tantos sacerdotes malos no son algo insólito entre los hombres del mundo sino la moneda corriente. ¿Qué podemos esperar de ciudades en las que los hombres se casan con los hombres? Peor, ciudades en las que dicen que eso es un derecho tan grande como casarse como Dios manda. Las ciudades contemporáneas pululan de vicios que hasta da pudor nombrarlos.

El mundo odia a los sacerdotes de sotana y de vida austera, reniega de los que le señalan sus desvíos y de los que le enseñan una vida casta.

Ese mismo mundo se rasga las vestiduras ante la conducta degradada de sacerdotes caídos en los desvíos a los que el mundo quiere dar derecho, como si les dijera: “¡Inmundos, hacéis lo mismo que nosotros!”.

No es al mundo a quien hay que pedir perdón sino a Dios por haber permitido e inducido tamaña degradación en los sacerdotes y religiosos. Les quitaron la instrucción, las virtudes, el celo y las armas y lloran ahora sus derrotas.

El Clero contemporáneo, sus sacerdotes y obispos no son más que un efecto natural de la destrucción sistemática y voluntaria de nuestra religión que ellos mismos hicieron, unos por indolencia y comodidad, otros por diabólica maldad.

Sólo el regreso inapelable a la verdadera Doctrina, a la Misa y Sacramentos de siempre, a la conducta intachable y virtuosa, a la vida de oración y a la oposición diametral a lo que el mundo quiere puede permitir que haya sacerdotes buenos y confiables (“porque no sois del mundo”, S. Juan XV, 19).

Esto es imposible de suyo dentro del ámbito de la misa nueva, de Vaticano II y sus reformas, ellos mismos no quieren las armas del Clero que ellos mismos destrozaron.

La corrupción cesa cuando cesan sus causas. Esto no es enfermedad de algunas células sino una infección generalizada de un organismo débil que no quiere usar los remedios adecuados.

En las cercanías de la Pascua no pidamos imposibles. No pidamos que se comporte bien el Clero modernista. No podría hacerlo con males y sin remedios. Pidamos que cese el modernismo que como virus infeccioso todo lo que toca lo contagia. Sólo los medios que mantuvieron en pié dos mil años al sacerdocio pueden seguir haciéndolo, el resto es ilusión.

Santas Pascuas.

Patagonia Argentina, abril 2 del 2010.
+ Mons. Andrés Morello.



ABORTO: EL NEGOCIO POLÍTICO MÁS SUCIO




La misión del gobernante es regir sabia y rectamente, con benevolencia, los destinos del pueblo; de ninguna manera, aprovecharse de la confianza de los ciudadanos para su lucro personal, ni para permitir o promover un río de sangre inocente, oficio más bien de bandidos.


Por Josefa Morales


En los estados occidentales, excepto honradas excepciones, se protege la práctica del aborto, convertida en el negocio más sucio que pensarse pueda, guiado por altos magnates del mundo del dinero a nivel mundial, todos o casi todos ellos, masones.

Según cifras oficiales recientes, en España se practicaron 111.482 abortos quirúrgicos en 2009. Porcentualmente, abortaron 2,9 españolas más que en 2008, si bien, como se preveía, descendió ligeramente el número de abortos por el descenso de mujeres inmigrantes y el consumo de la píldora del día después (la PDD, causante de abortos químicos).

El aborto es la mayor causa de mortalidad en España, muy por encima de los accidentes de tráfico. ¿Los políticos que promueven el aborto no se merecen los mismos calificativos que los causantes de los horribles holocaustos nazis y comunistas? La protección del aborto por ley no cambia los hechos, el aborto va contra la razón y la decencia. Votar a abortistas es colaboración pura y dura con el crimen.

Es preciso acabar con la barbarie abortista, asesina, ya. Como se comprueba en las multitudinarias manifestaciones contra el aborto, hay alarma social. Ponga atención el PP: hay que derogar esas leyes aquí y en todo el mundo civilizado. Los ciudadanos lo exigimos.



¿UNA REGIÓN CEREBRAL ESPECÍFICA PARA LA RELIGIÓN?, LA CIENCIA SE RINDE A LA EVIDENCIA


¿Qué sentido tendría que la evolución del cerebro preservara un espacio para la religión? ¿Sería este un espacio inútil? ¿No tiende la evolución a eliminar aquello que resulta ineficaz o accesorio, o es que en realidad es necesario y productivo?

La bioteología es una rama que ha desarrollado la neurobiología y que se dedica a analizar las partes del cerebro que se activan realizando diferentes actividades espirituales. Una de las conclusiones generalizadas de los diferentes estudios revela que algunas de esas partes del cerebro se activan solamente cuando se reza o se realiza una meditación profunda. La pregunta que se desprende es si desarrollamos primero esa cualidad que nos lleva a la religión o es la religión la que genera esta cualidad.

Desde el punto de vista de la neurobiología, ¿qué sentido tendría que la evolución del cerebro preservara un espacio tan sensible para la Religión? ¿Sería este un espacio inútil? ¿No tiende la evolución a eliminar aquello que resulta ineficaz o accesorio? ¿Es pues ese espacio ineficaz y accesorio, o necesario y productivo?

Lo cierto es que existe un consenso científico generalizado sobre las bondades que provoca la religión para la salud, así como sus ventajas. Un ejemplo de esta tendencia la confirma la entrevista que realizó el diario La Vanguardia al presidente del Comité de Bioética del presidente Barack Obama, Stephen L. Hauser. Hauser, la principal autoridad mundial en esclerosis múltiple se declara ateo, pero, a pesar de ello, habla de la importancia de ir a misa como uno de los tres aspectos más importantes a tener en cuenta para vivir con optimismo (a las que suma hacer ejercicio y no obsesionarse con preocupaciones).

“Eso es algo que está demostrado –afirma el director del centro de esclerosis múltiple de la Universidad de California-: ese estado [estar optimista] genera endorfinas que tonifican el sistema inmune, rebajan tu percepción de dolor… y así mejora tu cualidad de vida”.

Hauser habla de la importancia de intervenir en una sociedad excesivamente medicalizada: “Estamos excediéndonos: estamos medicalizando la vida. Los niños no han sido diseñados por la vida para estar horas sentados en un aula, y en el momento en que alguno lo lleva un poco mal, ¡le diagnosticamos hiperactividad y le medicamos…! Y nos dedicamos a diseñar medicamentos innecesarios”.

Un ateo que recomienda ir a misa

Hauser recomienda ir a misa como un elemento de mejora en la vida de la persona. Por lo tanto, el organismo está preparado para la religión y la religión, al mismo tiempo, genera beneficios para el individuo redundando a su vez en la sociedad.

Cabe preguntarse, por qué nuestra sociedad proyecta, pues, tantas críticas sobre la religión si en un nivel práctico y evolutivo se ha demostrado tan positiva. Todo ello sin entrar a valorar las virtudes sociales que provoca la religión como son la menor tasa de rupturas matrimoniales entre las parejas que practican una religión, la mayor participación en las organizaciones y en las escuelas, y la mayor implicación en las elecciones de sus representantes políticos, por ejemplo.


La huella de la religión en el cerebro

La Organización Mundial de la Salut (OMS) ha denominado el siglo XXI como el siglo de las enfermedades mentales. A pesar de que diversos estudios constatan que la religiosidad influye en estos enfermos, es ahora, recientemente, que la psiquiatría empieza a prestar atención a estos procesos que ocurren en el cerebro como consecuencia de altos grados de espiritualidad religiosa.

Es el caso de veinticinco estudiosos de prestigio internacional en el ámbito de la medicina que se reunieron la pasada semana en Ávila para celebrar el I Simposio Internacional de Psiquiatría y Experiencia Religiosa.

Uno de los expertos, el antropólogo Camilo José Cela Conde ha afirmado en declaraciones al diario El Mundo: “Estamos comenzando a entender cómo funciona nuestra mente en aspectos relacionados con lo espiritual como pueda ser la comprensión y el uso del simbolismo, pero aún estamos muy lejos de saber de qué manera maneja nuestro cerebro la atribución de formas concretas de espiritualidad como la de la fe religiosa”.

“Existen estudios empíricos –prosigue el Cela Conde- que indican que la fe reduce el estrés y mejora la calidad de vida de la persona, sobre todo cuando atraviesa momentos difíciles. Estas ventajas son indudables”. (ForumLibertas.com)



AHORRARSE EL PURGATORIO

Benedicto XVI nos acerca a la realidad más cercana e insoslayable: la trascendencia eterna de los actos realizados en esta vida.


Por José-Fernando Rey Ballesteros

El Demonio es un gran anestesista. Su oficio no se limita, como creen algunos, a ofrecerle al hombre placeres terrenos a cambio de su alma inmortal. También conoce el arte de amortiguar dolores y paliar angustias, arte que ejercita por el mismo precio y que, en muchas ocasiones, le ha rendido mejores resultados que el catálogo de orgías con que sedujo al mismísimo Fausto.

Un claro ejemplo de ello es el modo en que ha extirpado, en las conciencias de muchos católicos, el miedo a su propia existencia. En la magistral película «Sospechosos habituales» (Bryan Singer, 1995), Kevin Spacey sentencia ante un atónito inspector de policía: «La mejor estrategia del Demonio ha sido convencer a la gente de que no existe». De este modo, el hombre no se defiende de él, y le abre las puertas de par en par. El resto del trabajo, para Satanás, en un mero paseo triunfal.

En la misma línea de acción, el gran anestesista ha logrado infiltrar en muchas mentes «piadosas» el lenitivo que apacigüe la angustia provocada por el gran drama de la vida: la salvación del alma. Lo ha logrado con un argumento tan burdo como tranquilizador: «Dios, que es muy bueno, no permitirá que nadie se condene. Al final, todos se salvarán y nadie irá al Infierno». Una vez que este pensamiento se ha alojado en la conciencia, la vivencia de la fe se transforma radicalmente.

Eliminado, por la vía de la anestesia, el «problema» del más allá, la religiosidad se centrará en el «más acá», y todo el discurso religioso versará sobre las realidades terrenas. El hombre ya no tiene que preocuparse por su salvación eterna; ese asunto está solventado gracias a la bondad de Dios. Lo que debe hacer el hombre es esforzarse por transformar el mundo presente en un lugar más justo.

No es urgente, en adelante, hablar de Dios a quienes no creen, puesto que su salvación está garantizada; lo que es urgente es paliar sus necesidades temporales y aliviar sus sufrimientos. De este modo, hemos transformado el sentimiento religioso en una mera inquietud social, y hemos convertido a la Iglesia en una enorme y milenaria ONG. En resumen, hemos decapitado la Fe, amputando en ella todo lo que se eleve por encima de nuestras cabezas.

Por eso se agradece que el Papa, a quien Cristo ha encargado confirmarnos en la Fe, nos ayude a eliminar de nuestra sangre la anestesia inyectada por el Maligno y nos invite a levantar la vista hacia el verdadero drama de la Historia: la salvación. Refiriéndose a Santa Catalina de Génova, aprovechó la ocasión para impartir una valiosa catequesis sobre el Purgatorio. En una Iglesia en que, para multitud de cristianos, la curación del cáncer de un familiar se presenta como más urgente que la confesión sacramental que ayude a ese enfermo a evitar el Infierno, las palabras del Pontífice no dejan de ser un soplo de aire fresco derramado a través de la azotea. Como en la curación de aquel paralítico que vio perdonados sus pecados en Cafarnaúm, alguien tenía que levantar las losetas del techo, y el Papa no ha dudado en hacerlo. Ahora vemos el Cielo.

«En Catalina, en cambio, el purgatorio no está presentado como un elemento del paisaje de las entrañas de la tierra: es un fuego no exterior, sino interior. Esto es el purgatorio, un fuego interior. La Santa habla del camino de purificación del alma hacia la comunión plena con Dios, partiendo de su propia experiencia de profundo dolor por los pecados cometidos, en contraste con el infinito amor de Dios».

Esquivando la simpleza de considerar el Purgatorio como un lugar más allá de las nubes o bajo la corteza terrestre, Benedicto XVI nos acerca a la realidad más cercana e insoslayable: la trascendencia eterna de los actos realizados en esta vida. El pecado ciega el alma y la incapacita para el goce de las realidades divinas. Aún alcanzado el perdón en el Sacramento de la Penitencia, la herida infligida no será cauterizada sin el fuego. Y ese fuego es el deseo insatisfecho de la contemplación de Dios, el querer ver su Rostro por el deseo natural del alma y no poder gozarlo por la ceguera causada tras el pecado. El mismo dolor, que es dolor de amor y arrepentimiento, representado en forma de fuego, al abrasar el alma anhelante de la contemplación divina, la va purificando y eliminando en ella todo apego a las realidades de este mundo. Ese dramático proceso de purificación es lo que conocemos como Purgatorio.

Tras la escucha de las palabras del Pontífice, debería encenderse, en muchos cristianos, una llama de ese mismo fuego que los llevase a liberarse de las ataduras de este mundo. La oración frecuente, la contemplación asidua, la meditación diaria de las realidades divinas va, en esta vida, desprendiendo el alma de los apegos y urgencias de la tierra para vincularla amorosamente a los gozos del Cielo. Unida a la santa práctica del ayuno y la mortificación, esa oración será la que nos permita, ahora, realizar la purificación que, de otro modo, sería necesario llevar a cabo tras la muerte.

Pero, claro... ¿Cuántas personas, hoy día, están preocupadas por «ahorrarse» el Purgatorio?


lunes, 4 de abril de 2011

REFLEXIONEMOS SOBRE LA LIBERTAD



No vamos a hablar de la libertad en sentido político. Sino del uso de mi libertad para hacer lo que me pide el Señor.


Por Salvador Casadevall


Empecemos con unas preguntas: ¿Qué sufre el hombre actual?
¿Qué vive el hombre de hoy?
En la actualidad ¿qué se entiende por libertad?
Algunas personas entienden por libertad, hacer lo que se les antoja, hacer todo lo que quieren.
Porque soy un joven libre, porque soy un hombre libre, porque soy una mujer libre. Total no hago mal a nadie. Hago lo que quiero.

Otras personas le dan otro enfoque más interesado: libertad es poder hacer lo que me conviene.
Otros es hacer lo que hacen todos. Total, todo el mundo lo hace.
¿Por qué no lo voy a hacer yo? ¿Qué problema hay, de que yo ejerza la libertad haciendo lo que me place? ¿Por qué no puedo vestirme a la moda? Todos la llevan.

Y así cuando me quiero acordar y sin darme cuenta es normal que vaya enseñando el ombligo o la espalda, allí justamente donde cambia de nombre. Me pongo un arito en la lengua, otro en la nariz, otro...otro....
Todos lo hacen, todos lo llevan.

La libertad mal entendida no solo afecta a la persona que la ejerce mal, sino que también invade e hiere el ejercicio de la libertad de toda la sociedad.
No puedo ser un padre de familia si hago todo lo que se me antoja, si hago lo que me conviene, si hago lo que hacen todos y no lo que debo hacer como padre.

Esta actitud no solo produce estragos en él, como persona, sino que su familia es la primera en salir afectada en su vivir como familia. Los hiere a todos, los perjudica a todos.

El ejercicio de la libertad no es algo exclusivo, sino que es algo que también la ejerzo yo, para que cunda en los demás. Sea ejemplo a los demás.

Hoy, muchos nos creemos libres. Muchos nos creemos que gozamos de gran libertad pero sin embargo estamos esclavizados en muchas cosas.
¿Por qué? Porque la libertad mal entendida, esclaviza. Provoca en las personas esclavitudes.

Veamos algunas: la esclavitud de los instintos. Si vamos al diccionario dice: la actitud que emana hacía un fin sin previo conocimiento, sin reflexión previa.
Es lo que hacen todos los animales.
El gorrión hace su nido por instinto. Como lo viene haciendo desde el principio de los tiempos y lo seguirá haciendo así, hasta el fin de los tiempos.
El perro hace de perro y el caballo instintivamente hace de caballo. Seguir el instinto sin reflexionar, es hacer lo que hacen los animales.

El hombre es el único animal creado que sabe, que sabe.
Y por ello al instinto le debe poner el conocimiento, la reflexión.
Y todo el saber de lo que sé o saben otros.
Los hombres de hoy, nos nutrimos de todo lo aprendido por lo que vivieron antes. Por lo que otros aprendieron antes.

Si yo me dejo llevar por mis instintos, estoy retrocediendo en el tiempo al nivel animal.
No estoy aprovechando lo vivido enteramente por otros.
No estoy aprovechando en mi beneficio las experiencias vividas por otros.

La libertad es una facultad para que el hombre sea más hombre.
Para que el hombre sea menos esclavo y más libre.
La libertad es todo aquello que me hace crecer, que hago crecer.
Es la facultad para hacer el bien. Único camino para crecer y hacer crecer

La libertad le fue dada al hombre por Dios, no para hacer lo que quiere, sino para hacer lo que debe. Y el que hace lo que debe, siempre hace bien, enseña el bien, vive el bien.

Para ejercer plenamente la libertad necesitamos de la ley, que es el gran pedagogo para conducirnos. El hombre necesita de la conducción de la ley.
El hombre de hoy, frecuentemente, no tiene a la ley como conductora de sus actos.

Reconozcamos que somos pequeños, que necesitamos ir tomados de la mano del gran conductor, que para los cristianos hace centenares de años le fue dada a Moisés, unas tablas de la ley, que por sencillas y simples, son fáciles de entender, no tan fáciles de cumplir.

Pero que, quien las toma como conducción de vida, ese sí, es un hombre libre.
Ser libre no es hacer lo que quieras sin pensar: sino pensando por qué quieres hacerlo (Rosal Cortés)

La libertad supone responsabilidad. Ser libre es algo muy serio.
Ser responsable es ser capaz de dar siempre la respuesta adecuada a cada circunstancia, la respuesta correcta para que la vida siga discurriendo como debe.

Muchos creen que son libres porque hacen lo que quieren, y esto es vivir creyendo una gran equivocación que no sólo les daña a ellos mismos, sino que hace daño a la sociedad toda.
En rigor a la verdad, somos verdaderamente libres si hacemos lo que debemos, no lo que queremos.

Vienen a nuestra memoria unas lúcidas palabras del Premio Nobel doctor Heisemberg: “La libertad de volar consiste en el conocimiento de las leyes de la aerodinámica. De igual modo, la libertad en las decisiones de la vida sólo es posible por la adhesión a normas éticas, y quien pretenda despreciarlas, como si fuesen una coacción, pondría sólo desenfreno en lugar de libertad”. Nos atreveríamos a decir, por nuestra parte, que la verdadera libertad consiste de modo radical en asumir conscientemente el propio ser, tal como se nos es dado. Consiste sencillamente en amarlo; es entonces cuando la ley natural (es expresión de la dignidad y del valor de la persona humana, que se manifiesta tal cual es a través de ella) se asume espontáneamente, sin violencias, con libertad.
No es falta de libertad que el hombre acepte su ser tal cual es. Quien, en aras de la libertad, pretendiese andar sobre las aguas no conseguiría otra cosa que ahogarse. Si esto ocurre en el orden físico, lo mismo sucede en el orden moral. Cuando se incumple la ley natural, los efectos no son tan aparentes como cuando se incumplen las leyes físicas, pero no son menos destructores. .

La libertad sólo es libertad para la práctica del bien, de la verdad, de la justicia y de la belleza. Las leyes permisivas contra natura coartan la auténtica libertad, fomentan la depravación del hombre... Una libertad anárquica no es libertad. Libertad no es capricho, ni instinto, ni fuerza bruta. Una libertad no cimentada en la ley natural se destruye a sí misma, es libertinaje y anarquía..

La dignidad del hombre exige que viva en libertad. Por eso todo sistema político que garantice mejor la libertad será un factor de progreso. Pero si ese sistema no respeta los valores morales propios de la dignidad de la persona, la misma libertad queda frustrada, malgastada. Pues el sistema político no es un valor en sí mismo, sino un marco para que el hombre viva de acuerdo con su dignidad.

Una sociedad sana se construye sobre el cimiento de la libertad. Pero luego hay que aportar materiales que no dejen a la intemperie la dignidad del hombre; soluciones que no dejen abierta esa casa de todos a los vientos del egoísmo, de la injusticia o de la degradación. Porque aunque se edifique con toda libertad, si no se respetan los principios arquitectónicos fundamentales, la casa puede acabar hundiéndose hasta los cimientos.

Como debemos vivir haciendo el bien, soy libre si soy bueno, soy libre si soy responsable, soy libre si soy fiel a mi cónyuge, soy libre si cumplo con mis obligaciones en mi trabajo, en mi casa, en el lugar en que esté.
La libertad está en dar la respuesta madura que todo adulto debe y puede dar.

Si es así ¿por qué hay tantos que se creen libres siendo irresponsables?
Porque ser auténticamente un hombre libre complica la vida. Hay que hacer esfuerzo, hay que poner voluntad.
Si ser libre es hacer lo que debo, la mayoría de las cosas que hago, las hago porque me gustan, si hiciera lo que debo, la mayoría de las cosas que hago no las debería hacer.

Creerse libre porque hago lo que quiero es vivir en la ignorancia.
Y lo peor que le sucede al que tiene esta visión de la libertad es que en muchos casos al hacer lo que quiero me lleva a perder la libertad.
Que lo digan los que empezaron probando la droga por que querían, o bebiendo porque les gustaba o fumando porque les atraía. Cuando se quieren acordar son esclavos de la droga, del tabaco o del alcohol. Perdieron su libertad.

La libertad le fue dada al hombre por Dios para el bien, para hacer el bien y cuando la uso para el mal, para hacer algo malo, pierdo mi libertad.

Siempre termino perdiendo mi libertad.
Siempre termino siendo un esclavo de lo que, a lo mejor, inconscientemente, empecé porque quería gozar, porque quería pasar un rato agradable.



MONSEÑOR RUBÉN OSCAR FRASSIA: “LA CEGUERA DE TODOS”




Es importante reconocer que todos nosotros padecemos de una cierta “ceguera”: ceguera del corazón, ceguera de la voluntad, ceguera de los sentimientos, ceguera del apostolado, ceguera de la comodidad; que de alguna forma nos van como trabando, poniendo obstáculos…




Domingo 03 de abril de 2011 – 4º domingo de Cuaresma

Evangelio según San Juan 9, 1-41 (ciclo A)

Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento (…) escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?".
Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo" (…) El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo". Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.
Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".
Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?". El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?". Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando". Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él. (…)

La ceguera de todos

El relato del ciego de nacimiento es la historia de cada uno de nosotros, porque está imposibilitado de ver. Pero muchos hombres y muchas mujeres caminan, ven, pero no “ven” porque a veces algunos piensan que la realidad es sólo lo que se ve, sólo lo que se toca, sólo lo que se siente; y no se dan cuenta que estas cosas también son reales. Pero hay otras más reales todavía: las que son invisibles, las que son esenciales y éstas son las que dan el sustento y sentido a lo que se ve.

Por eso es importante reconocer que todos nosotros padecemos de una cierta “ceguera”: ceguera del corazón, ceguera de la voluntad, ceguera de los sentimientos, ceguera del apostolado, ceguera de la comodidad; que de alguna forma nos van como trabando, poniendo obstáculos, para que no se aligere más nuestra vida, para que no seamos más disponibles para el Reino. Todavía hay mucha opacidad en el corazón humano.

El encuentro de este ciego de nacimiento con Jesús, y que Jesús sana, no concluye en la sanación de la visión, sino que también Jesús le pide -en un segundo encuentro- la confianza de la fe. “¿Crees en el Hijo del hombre?” le preguntó Jesús y él respondió “¿quién es Señor para que crea en él”?; “Tú lo has visto. El que te está hablando”

Estos signos, estas ocasiones, estas mediaciones que Dios nos permite experimentar, nos transportan a aquello que es más puro, aquello que es lo principal: la fe en Él. El que cree en Jesucristo, el Mesías, el Enviado, Aquel que tiene la vida, Aquel que es capaz de dar el agua, Aquel que es capaz de dar la vista, Aquel que es capaz de resucitar, es Cristo el Señor y nosotros tenemos que pedirle “¡Señor, quiero ver!”, ¡Señor, aumenta mi fe!”, para que mis pasos sean más livianos, para que mi caminar sea más definido, para que el apostolado sea más contundente.

A veces decimos en la Iglesia “somos misioneros”, pero nadie puede ser misionero si primero no se encuentra con El. Cuando uno se encuentra con El, cuando es encontrado por El, experimenta el envío y así será posible la misión. La inquietud es que, si no tenemos fuerza para la misión, es porque todavía no lo hemos encontrado a Él.

Que el Señor nos de la visión y aumente nuestra fe. Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén



OBISPO MARCELO RAÚL MARTORELL: “MIENTRAS ESTOY EN EL MUNDO SOY LA LUZ DEL MUNDO”



La luz de Cristo no es solamente luz para la mente, sino para la plenitud de todos los aspectos de la vida humana. La vocación del cristiano consiste en reflejar esa luz que da sentido y fruto a la vida haciéndola resplandecer en sí mismo y contagiándola a otros, amando a Dios y haciéndolo amar por los demás.


Domingo 4 de Cuaresma (A)


“Mientras estoy en el mundo soy la luz del mundo” (Jn. 9, 5)

Uno de los temas centrales de la liturgia de hoy es el tema de la luz. Cristo es la luz del mundo y nosotros somos hijos de la luz. Quien sigue a Cristo no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Jesús muestra que Él es la luz y que da la luz a través del milagro en el que da la vista a un ciego de nacimiento. Se trata de un milagro que hace Jesús sin que se lo pidan, parte de su iniciativa y lo hace con un fin determinado: “mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado… mientras estoy en el mundo soy la luz del mundo” (Jn. 9, 4-5).

Jesús hace barro con su saliva y lo unta en los ojos del ciego y le pide que vaya a lavarse en la piscina de Siloé. El ciego, va en obediencia y fe a hacer lo que Jesús le ha pedido: “el ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía” (Jn. 9,7). La luz física dada a los ojos de este hombre es signo y medio de la luz que el Señor infunde en el espíritu, provocando en este hombre un acto de fe y adoración: ¿Crees tu en el Hijo del Hombre? (Ib. 35). “¡Creo Señor!, y se postró ante Él” (Ib. 38).

Todo cambiará en la vida del ciego de nacimiento. El hecho de ver -para alguien que ha estado siempre en tinieblas- es como volver a la vida. Significa comenzar una nueva existencia: nuevas percepciones, nuevos conocimientos, nuevas emociones y nuevas presencias. Al darle la vista en este milagro el Señor además le infunde la fe en el corazón. Una fe tan firme que se mantiene imperturbable frente a los insultos y el maltrato de los Fariseos. Una fe que permanece imperturbable, incluso, ante el hecho de verse amenazado y hasta expulsado de la sinagoga. En realidad, la fe es la luz que ilumina el corazón de este ciego de nacimiento, haciendo de su vida una vida nueva y que sin dejar de ser él, ahora es otro gracias a esa luz recibida de Jesús (Ib. 9).

Es notable que Jesús le dice: “ve a lavarte a la piscina de Siloé que significa El Enviado” (Ib. 9,7). En esto la Iglesia siempre ha visto una clara alusión al Bautismo, ir hacia el agua para recibir la salud plena, para recibir el don de la fe. Y ciertamente es la fe del bautismo la que muestra al hombre un camino nuevo, lleno de nuevas experiencias. También de esto nos habla el Apóstol San Pablo en la lectura de hoy: “En otros tiempos eran tinieblas ahora son luz en el Señor” (Ef. 5,8). Por medio del sacramento, el hombre pasa de las tinieblas del pecado a la luz de la vida en Cristo. Pasa de la ceguera espiritual al conocimiento de Dios mediante la fe, la cual ilumina toda la existencia humana dándole sentidos y orientaciones nuevos. La fe recibida en el sacramento nos hace ver la realidad desde la verdad, la justicia y la bondad de Dios. Quien se encuentra con Jesús, recibe su luz y la “vista” para ver las cosas con la mirada y desde la mirada de Dios.

Este hombre que había nacido ciego, en el que se manifestó la gloria de Dios, recibe luz en sus ojos y en su corazón, recibe la fe y se convierte en misionero y es capaz de dar un testimonio coherente y valiente a pesar de las dificultades que esto le acarrea. Así también, todo cristiano es hijo de la luz y debe dar testimonio de esa luz. El que recibe la luz debe convertirse a su vez en luz para los demás, y una luz que no se debe esconder. La luz de Cristo no es solamente luz para la mente, sino para la plenitud de todos los aspectos de la vida humana. La vocación del cristiano consiste en reflejar esa luz que da sentido y fruto a la vida haciéndola resplandecer en sí mismo y contagiándola a otros, amando a Dios y haciéndolo amar por los demás. La luz de Cristo nos hace percibir el amor de Dios, y la fuerza del Espíritu Santo nos hace contagiarlo a los demás y plasmarlo en las obras de la vida. Que Dios nos libre de la oscuridad de la vida, nos haga ver su luz y vivir como hijos de la luz.

Que María Madre de Cristo, luz del mundo, nos ayude en esta búsqueda de la luz.

+ Marcelo Raúl Martorell
Obispo de Puerto Iguazú



MONS. JOSÉ MARÍA ARANCEDO: LA LUZ Y LAS TINIEBLAS




Una imagen común en las Sagradas Escrituras para referirse al bien es el tema de la luz como signo de vida nueva. Las tinieblas, por el contrario, pertenecen al mundo del mal y la mentira, que se reflejan en esa otra imagen del “hombre viejo”.


Este tema adquiere en Cuaresma la importancia de un camino hacia la conversión. Hemos nacido para vivir en la luz, sin embargo, el mundo de las tinieblas mantiene un poder que debilita nuestra vida.

Este poder, por otra parte, no tiene un dominio absoluto frente al hombre porque ya ha sido vencido por Jesucristo. Esta certeza es la que le permite a san Pablo decir: “La muerte ha sido vencida, para agregar con cierto aire de desafío ¿Dónde está muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?, y concluir luego: ¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo! (1 Cor. 15, 55-57). Por ello antes de hablar de las tinieblas, siempre debemos hablar de la luz.

La Palabra de Dios en este domingo de Cuaresma nos presenta la escena de la curación del ciego de nacimiento que nos habla, precisamente, del tema de la luz. San Pablo, en la segunda lectura, recordándonos nuestra nueva condición a partir de la fe en Jesucristo nos dice: “Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, concluye, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad” (Ef. 5, 8-9). Esto significa que la vida cristiana, que nace de un encuentro vivo con Jesucristo, tiene que poder verse y dar frutos.

No se trata de algo interior que me satisface, sino de una Vida que viene a transformar mi conducta. La coherencia entre la palabra y el actuar es, para el cristiano, la consecuencia y exigencia de una fe hecha vida. La fuerza del cristianismo, por lo mismo, no proviene sólo de una doctrina sino del testimonio de una fe vivida.

El fruto de la luz es, decía san Pablo: “bondad, justicia y verdad”. Creo que en la realidad de estas tres palabras vividas como un todo, encontramos la expresión viva de una conducta cristiana. Cuando se las aísla y se busca justificarlas en sí mismas si referencia a las otras, nos encerramos en sus pequeñas razones. La justicia necesita de la verdad y ambas de la bondad, que es expresión de un amor que las trasciende en un gesto de misericordia. La bondad, por su parte, necesita de la verdad y de la justicia para no caer en un infantilismo de buenas intenciones; la verdad y la justicia, a si mismo, adquieren su madurez cristiana en la bondad que se convierte en signo de una vida nueva.

Cuántas personas se endurecen en sus verdades y no alcanzan a vivir la libertad y la alegría del amor, que es signo del “hombre nuevo”. San Juan, desde la vivencia de su encuentro con Cristo nos dice: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida, porque amamos a nuestros hermanos” (1 Jn. 3, 14).

Como vemos, a la vida cristiana sólo se la comprende plenamente desde la experiencia de un Evangelio hecho vida como gracia que se nos comunica y capacita para vivir su ideal. La Cuaresma nos predispone a este encuentro con Jesucristo para hacernos hijos de Dios y testigos de su Vida cuyo fruto es la bondad, la justicia y la verdad. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz



ARIZONA PROHIBIRÁ EL ABORTO POR MOTIVOS RACIALES O DE SEXO DEL FETO







Jan Brewer, gobernadora de Arizona, promulgó una ley que es la primera en Estados Unidos orientada a prohibir que se practique un aborto por motivo racial o de sexo.



El texto legal convierte en delito mayor en Arizona el realizar, practicar o financiar un aborto, si es solicitado por la raza o el sexo del feto o la raza de alguno de los padres. Legisladores republicanos promovieron la ley preocupados por los efectos de las cada vez más aceptadas técnicas genéticas para escoger el sexo y el color de la piel de los bebés mediante la fecundación in vitro.

El estatuto promulgado esta semana indica que las mujeres que se vayan a practicar un aborto deberán firmar una declaración por la que aseguran que no se están sometiendo al procedimiento presionado por motivos de la raza o sexo de su futuro hijo.

Los médicos deberán archivar esas declaraciones y aquel profesional de la salud que viole la nueva legislación incurrirá en un delito grave con penas de hasta tres años y medio de prisión.

También autoriza al padre del niño por nacer, si está casado con la mujer que tiene el aborto, a demandar al médico por daños y perjuicios.

Steve Montenegro, representante estatal republicano quien diseñó la legislación, señaló que la medida es necesaria y representa una importante declaración a favor de la vida y en contra de la discriminación.

Sin embargo, organismos como Planned Parenthood, criticaron la promulgación de la ley al señalar que no existen evidencias de que se cometan abortos selectivos en Arizona.

La organización proabortista reprochó a la gobernadora Brewer apoyar lo que calificó como una legislación específicamente diseñada por opositores al aborto y destinada a polarizar la opinión pública.



sábado, 2 de abril de 2011

CUANDO LOS ADOLESCENTES ESTÁN SOLOS

  
Hace poco comentábamos el caso de un niño que le pedía tiempo a su padre para jugar con él. El papá, muy ocupado en sus negocios le decía: -Ya vendré hijo y jugaremos. El niño veía a su padre como modelo de hombre trabajador, y le decía: -Quiero ser como tú…

Por Oswaldo Pulgar Pérez

Cuando el niño creció, se graduó y se casó, se invirtieron los papeles: El padre quería ver a su hijo y éste le contestaba: -Papá, tengo obligaciones, mi trabajo, mi mujer, mis hijos. Se cumplió, aunque de otra manera, el deseo de ser como el papá.

Traigo a colación este fenómeno cada vez más frecuente en los niños y adolescentes. En una encuesta realizada en Barcelona, España, por Pau Mari-Klose, un 34% de los adolescentes expresaron su deseo de pasar más tiempo con sus padres, un 27% no encuentra a ningún adulto cuando llega a su casa.

Un 12% reconoce que solo realiza actividades rutinarias con sus padres como ver la televisión, ir de compras o pasear y un 2% no comparte nada con ellos. El estudio también pone de relieve que un 17% de los padres mantienen una relación desganada con sus hijos adolescentes y que un 31% de los padres tienen una actitud autoritaria con sus hijos.

No podemos negar que la vida es complicada. Pero hay que sacar tiempo para lo importante. 41% de los papás reconocen que recurren, en alguna ocasión, a castigos físicos. También quedó claro que tienen mayor riesgo de caer en conductas indeseables los adolescentes con padres negligentes o autoritarios.

Por otra parte, un 73% de los adolescentes mantienen unas relaciones satisfactorias con sus padres a pesar de que ambos trabajan fuera. A veces, no damos a la adolescencia la importancia que tiene. En esa edad se fragua la personalidad que tendrá en el futuro. Hay que llegar antes, y si no después, pero hay que llegar.

Ciertamente es un problema de prioridades. Cuentan que un profesor de ética llegó al salón de clase con un frasco grande vacío. Comenzó a llenarlo de piedras grandes, y les dijo que ellas representaban lo más importante de la vida. Preguntó si estaba lleno, los alumnos dijeron que sí. Entonces vació una piedras más pequeñas, que representaban un nivel de menor importancia, que llenaron los espacios vacíos entre las grandes. Preguntó de nuevo si estaba lleno, y la respuesta fue unánime: -Ahora sí. Tomó un poco de arena que acabó de compactar los intersticios que dejaban las piedras. -¡Ahora sí! Todos exclamaron.

Acto seguido, un estudiante levanta la mano. Quiere decir algo. Se acerca al frasco con una lata de cerveza y la derrama sobre aquel mazacote de piedras y arena. El profesor le preguntó cuál era el mensaje que deseaba transmitir. –Muy sencillo, profesor. -Aunque tengas una vida muy complicada, siempre hay tiempo para tomarse…¡una cervecita!

Sabemos que no es fácil, pero los hijos lo necesitan. Un negocio puede ser exitoso y el resultado puede ser vivir con más comodidades. Pero es más importante que, cuando nuestros hijos sean independientes vivan mejor, no con lo que los padres le dieron, sino con los que los padres les enseñaron.


MORIR CON DIGNIDAD



Seamos consecuentes, ¿en qué se cifra la dignidad: en la vana felicidad, en el lucro, en la funcionalidad, en las relaciones interpersonales, en la utilidad, en la consciencia, en qué?

Por Vicente Franco Gil


Aceleradamente se aprobó la “ley de la muerte digna” en Aragón en el último Pleno de la vigente legislatura. Cuando las sensiblerías dan paso a la irracionalidad y encumbran el materialismo adoctrinador, entran en escena las decisiones erráticas.

Seamos consecuentes, ¿en qué se cifra la dignidad: en la vana felicidad, en el lucro, en la funcionalidad, en las relaciones interpersonales, en la utilidad, en la consciencia, en qué?

La dignidad humana no la puede sintetizar el propio ser humano, pues éste, desde la base de su imperfección congénita, nunca se puede declarar su juez. El sufrimiento, en sus más diversas facetas, es inmanente a la vida y no por ello se debe legitimar matar a persona alguna.

Acompañar en la muerte a nuestros semejantes sin obstinaciones, ni arteras manipulaciones ni comedidas alternativas, eso es integridad, una conducta limpia y virtuosa.

Las personas no somos objetos ni parámetros estadísticos, y en el sufrimiento podemos encontrar un valor trascendente. No creo que una sociedad en la que primen los criterios economicistas por encima de la esencia de la condición humana pueda prosperar.



TESTIMONIO DE ANDREA BOCELLI: PROTEGER LA FAMILIA Y LA VIDA

Cristo con su gracia nos impulsa a trabajar con diligencia y entusiasmo para acompañar a cada uno de los miembros de las familias en el descubrimiento del proyecto de amor que Dios tiene sobre la persona humana.


Por el Pbro. José Martínez Colín


1) Para saber

Hace unos días se celebró en Colombia, un Encuentro con los obispos responsables de las Comisiones de la “Familia y Vida”. Por ello, el pasado viernes 28 de marzo, el Papa Benedicto XVI les dirigió unas palabras en que afirmaba que la familia es el valor más querido por los pueblos de esas nobles tierras y es preciso promover la cultura de la vida y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados.
El Papa reconoció que aún se constata con dolor “cómo los hogares sufren cada vez más situaciones adversas provocadas por los rápidos cambios culturales…, por la pobreza, por programas de educación que banalizan la sexualidad y por falsas ideologías.”
Ante esos problemas el Papa invitaba a no “quedar indiferentes ante estos retos. En el Evangelio encontramos luz para responder a ellos sin desanimarnos. Cristo con su gracia nos impulsa a trabajar con diligencia y entusiasmo para acompañar a cada uno de los miembros de las familias en el descubrimiento del proyecto de amor que Dios tiene sobre la persona humana”.

2) Para pensar

Andrea Bocelli es un tenor italiano contemporáneo que, aun siendo ciego, es músico, escritor y productor musical. Es un cantante conocido internacionalmente que ha vendido más de 70 millones de discos en todo el mundo.
Nos da un valioso testimonio del valor de la vida en un video que ha tenido 60 mil visitas en YouTube.com (se titula "Andrea Bocelli cuenta una ‘pequeña historia’ sobre el aborto"). El tenor cuenta –mientras toca el piano– la historia de una joven embarazada que fue hospitalizada por “un simple ataque de apendicitis”. Los médicos tuvieron que aplicarle un poco de hielo en el estómago y cuando los tratamientos finalizaron le sugirieron que abortara al niño. Le dijeron que era la solución porque nacería con alguna discapacidad.
Pero esta valiente joven esposa decidió no abortar. Ella cuidaría de él, así que siguió adelante con el embarazo, y el niño nació. Agrega el tenor: “Pues bien, esa mujer era mi madre, y yo era el niño. Tal vez estoy parcializado, pero puedo decir que la decisión fue correcta".
Además, no nació ciego, sino que la vista la perdió debido a un glaucoma congénito y un accidente de fútbol que le produjo una hemorragia cerebral a la edad de 12 años. Pero no permitió que este acontecimiento destruyera su carrera, y siguió adelante con gran fuerza de voluntad. Incluso llegó a licenciarse en la Facultad de Derecho. Su pasión por la música le llevó superarse y llegar a ser un gran artista. Bocelli espera que su historia, además de ser un elogio para su madre, anime a muchas madres en una "situación difícil" que quieren salvar la vida de su bebé.

3) Para vivir

El Papa finalizaba alentando: “Ningún esfuerzo será inútil para fomentar cuanto contribuya a que cada familia, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, lleve a cabo su misión de ser… semillero de virtudes, escuela de convivencia constructiva y pacífica, instrumento de concordia y ámbito privilegiado en el que, de forma gozosa y responsable, la vida humana sea acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural. Vale la pena también continuar animando a los padres en su derecho y obligación fundamental de educar a las nuevas generaciones en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana.”