martes, 30 de agosto de 2016

LA MÚSICA AYUDA A MANTENER LA MEMORIA



Joseph Castillo escucha sus canciones favoritas de Celia Cruz en su iPod. El hombre de 93 años padece de demencia y forma parte de Music&Memory, un programa para pacientes con Alzheimer y otras condiciones de salud relacionadas.

Por Christian Portilla
Especial/Miami Herald

Joseph Castillo, que antes pasaba el tiempo sentado sin hacer nada, ahora escucha las canciones favoritas de Celia Cruz en su iPod.

Joseph de 93 años, padece de demencia, forma parte de un programa para pacientes que tienen Alzheimer y otras enfermedades relacionadas. El programa se llama Music&Memory y pertenece al South Pointe Plaza, un hogar para ancianos y personas que no pueden valerse por sí mismas. El tratamiento busca despertar recuerdos a través de la música.

Castillo comenzó a recibir terapias en octubre en las mañanas y en las tardes, siete días a la semana, comenta Rachel Schuster, administradora de South Pointe Plaza. Rachel ha observado mejoras significativas en el comportamiento de Castillo.

“Antes del tratamiento Joseph estaba retraído y no era muy amigable, pero ahora tiene un comportamiento mucho más social y se ve más feliz”, dijo Schuster. “Muchos de nuestros residentes, especialmente los que tienen un estado avanzado de la enfermedad, tienden a aislarse y presentan problemas de comportamiento, algunos se pelean entre ellos, pero desde que comenzó el programa todos los residentes están más tranquilos. La música los ha cambiado”.

El Dr. Ranjan Duara, director médico de Mount Sinai Wien Center for Alzheimer’s Disease and Memory Disorders, afirma que la música puede estimular y ejercitar diferentes partes del cerebro. En su opinión la música y cualquier otro tipo de actividad que conecta a los pacientes ayuda a recordar. De hecho, los estudios han demostrado que la musicoterapia puede reducir la agitación, estimular los movimientos faciales y mejorar las habilidades motoras y verbales en pacientes con Alzheimer.

Según el Alzheimer’s Association, el número de personas mayores de 65 años con enfermedad de Alzheimer en el 2050 podría triplicarse de 5.2 millones a 13.8 millones.

Duara opina que la música puede tener un efecto beneficioso en algunas personas, pero aclara que los efectos de la terapia varían de caso en caso y que por lo general funciona mejor con pacientes nuevos.

“No creo que un tratamiento en particular sea la solución. Para algunas personas, puede que no funcione, pero para otras, puede tener algún efecto. Se trata de lograr que el individuo abandone el estado de apatía total y responda al estímulo. Cualquier cosa que haga que el individuo participe es útil”, dice Duara. “A los pacientes no les gustan mucho los cambios y siempre ponen un poco de resistencia pero, pero una vez que se incorporan a la rutina se abren a una nueva terapia. Desafortunadamente muchos de los pacientes no continúan la terapia y pierden la oportunidad. Es muy importante destacar que cuando se trata de demencia, la participación familiar es muy importante. Si la familia insiste y convierten la terapia en una rutina se podrán ver los beneficios”.

Dan Cohen, fundador de Music&Memory, compartió que la idea del programa la tuvo cuando pensó en lo que extrañaría la música si tuviera que vivir en un hogar de ancianos. Su experiencia en tecnología y rehabilitación profesional lo llevó a pensar en lo bueno que sería que los hogares de ancianos ofrecieran iPods con una selección de música específica para los residentes.

En estos momentos el programa Music&Memory se practica en muchas partes de los Estados Unidos, Canadá y Europa. Aproximadamente 56 pacientes residentes reciben la terapia junto con otros 900 que no son residentes permanentes.

El hijo de Castillo, el Dr. Elquis Castillo, dice que ha estado midiendo el comportamiento de su padre cada seis u ocho semana y que ha notado diferencias. Comentó que desde el inicio del programa ve cambios consistentes en su padre y que está mucho más positivo.

“Se conecta a un nivel más relacional”, dijo su hijo. “Le gusta la música latina y la espiritual. El no era el tipo de hombre que compraba discos o CD, pero ahora está más abierto a la música. Es algo que ha venido cultivando. Me doy cuenta cómo se le ilumina el rostro cuando escucha una canción que le gusta. Antes era más cerrado, pero ahora veo una apertura que nunca antes había visto”.

The Plaza Health Network Foundation se encargó de crear la librería de música y donó los iPod shuffles y los audífonos. Un coordinador de Music&Memory se encarga de curar las selecciones de música. Son de 15 a 20 canciones que están relacionadas con la historia y los antecedentes del paciente, incluyendo música en creole y en español para pacientes haitianos y latinos. Las listas de reproducción son personalizadas al gusto de los pacientes y se cambian cada tres meses.
La selección de música es el resultado de una serie de cuestionarios que se realiza con el paciente y los familiares para tener una idea del gusto musical. La enfermedad del Alzheimer deteriora la capacidad de recordar hechos y detalles pero por lo general no destruye los recuerdos más lejanos y profundamente almacenados en el cerebro. La música relacionada a la vida de la persona trae emociones asociadas a esos sonidos.

Cristina Rodríguez sabe lo importante que es establecer conexiones emocionales con los pacientes que sufren de demencia.

Ella y Lauren Koff son las fundadores de Mind&Melody, una organización sin fines de lucro que implementa programas de música en centros de atención geriátrica. Estas empresarias han desarrollado un sistema de codificación por colores en los teclados de los instrumentos, lo que permite que los participantes comiencen a tocar a los pocos días. El programa trabaja con centros en Miami, Júpiter, Boca Raton, Gainesville y Tallahassee y tiene cerca de 150 voluntarios que son los que imparten las clases.

“Es muy gratificante ver lo contentos que se ponen los voluntarios cuando los participantes responden a los estímulos porque se dan cuenta el valor que tiene ese trabajo”, dijo Rodriguez. “Desde la primera clase ya puedes ver los participantes respondiendo a los estímulos, pero es mucho más efectivo si la participación es semanal. La frecuencia es importante. Ayuda a crear las relaciones intergeneracionales entre ellos. Ha habido participantes que preguntan por los voluntarios y notan cuando estos no están”.

Lo más difícil, según Rodríguez, es mantener el programa funcionando pues depende mucho de los fondos de que se dispongan. En Miami, imparten clases en My New Oasis, Miami Jewish Health Systems, y Easter Seals Disability Services, pero necesita más voluntarios y unos $200,000 para comprar más instrumentos y ampliar el programa a otros estados.

“Tratar de crear una empresa es definitivamente un reto y a veces es muy duro pero ir y ver lo felices que se ponen los participantes es terapéutico para mí”, dijo Rodríguez. “Verlos contentos me hace feliz”.

El Nuevo Herald