sábado, 28 de enero de 2012

Saber vivir la tolerancia

Promover la tolerancia no es tolerarlo todo, porque es evidente que no se puede permitir todo.


Por el Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber

Es común que al vivir en sociedad nos encontremos con personas que piensan y actúan de modo diferente a nosotros. ¿Cuál ha de ser nuestra actitud ante ellas? Sobre todo, la de respetarlas. Es preciso aceptar que haya diversos modos de pensar, es decir, que haya un legítimo pluralismo.
Hay que saber que la tolerancia tiene su justa medida, tiene sus límites, pues no se puede tolerar todo. A nadie se le ocurre que haya que tolerar el robo, la violación o el asesinato. Hay acciones que son intolerables. Nadie cree que legislar una ley se le considere una grosera manifestación de intolerancia.

2) Para pensar

La tolerancia tampoco significa aceptar como verdaderas todas las opiniones, ni renunciar a poseer alguna verdad. Es más, precisamente en cuanto la persona está fundado en unos principios, es cuando aparece la tolerancia ante el error.
Esas verdades se descubren cuando conocemos al ser humano que lleva inscrita en su propia naturaleza un modo de ser determinado. Es la llamada “ley natural”. Actuar conforme esa ley natural le llevará a su perfeccionamiento. De ahí la importancia de conocer qué es el hombre y qué es lo que le conviene.
Cuando la Iglesia enseña que un modo de comportarse es bueno, significa que obrando de tal manera la persona se perfecciona. Y al contrario, cuando enseña que un modo de obrar es malo, es pecado, significa que esa manera de obrar nos perjudica en nuestro propio ser.
Podríamos decir que el hombre lleva inscrito en su ser un “código moral” que ha regulado a los pueblos a través de los siglos. Precisamente cuando el hombre no sigue esa ley natural” es cuando han venido las catástrofes de diverso género: llámense guerras, injusticias, muerte o destrucción.
Una comprobación de esa “ley natural” se tuvo cuando por primera vez llegaba un extranjero con los indígenas de Nueva Guinea, en el Pacífico Sur, en el año 1905. Era un misionero religioso, el padre Henry Buschoff. Los indígenas jamás habían tenido contacto ni con judíos ni con cristianos.
En cuanto el misionero les habló de los diez mandamientos, los jefes indígenas le dijeron que aquellos mismos mandamientos se los habían enseñado sus antepasados, y ya se los sabían pues procuraban vivirlos. Concluían los indígenas diciéndole: “Por eso mismo entendemos que tu religión, padre, es la verdadera y la aceptamos”.
Por ejemplo, así expresaban algunas de sus creencias:
* “Dodaw (Dios) no puede ser visto porque él no tiene cuerpo; él jamás morirá, ya que vive para siempre”
* “Tus ojos no deben detenerse mirando y deseando a la esposa de otro”
* “A los mentirosos Dodaw los borra de ese lugar hermoso y florido que él tiene reservado para los muertos”
* “Si un hombre le roba la esposa a otro, entre todos los vecino deben matarlos antes de que nazcan los hijos de aquella unión. De no hacerlo, los hijos crecerán y seguirán haciendo eso mismo que han hecho sus padres”

3) Para vivir

La tolerancia puede contribuir a resolver muchos conflictos y a erradicar muchas violencias. Sin embargo, es importante tener claro qué es la tolerancia, pues suele malentenderse.
Así pues, promover la tolerancia no es tolerarlo todo, porque es evidente que no se puede permitir todo. Si todo fuese permitido se caería en un caos completo y absoluto.
Aquí cabe recordar la actitud que recomendaba San Agustín: Odiar al pecado, pero amar al pecador.

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