martes, 26 de abril de 2011

La posibilidad cierta de la Pascua

 
Quien se ha encontrado verdaderamente con la persona de Jesús no queda indiferente. Así le pasó a Pablo de Tarso, a Francisco de Asís, a Karol Wojtyla, a la Madre Teresa, a Cacho de la vuelta de la esquina y a Marta, la vecina.
 
Por el Prof. José Roberto Cosio

Pascua es la posibilidad de un encuentro personal con Jesús que habiendo muerto, ha vuelto a la vida. Aquella Pascua de hace dos siglos es la misma que estamos llamados a vivir en medio de la ciudad o el campo, en el trabajo, en cualquier estado de vida, en cualquier momento de la historia personal de cada uno. Es una experiencia posible y que es capaz de dar sentido a la vida y cambiarla para siempre. Es que quien se ha encontrado verdaderamente con la persona de Jesús no queda indiferente. Así le pasó a Pablo de Tarso, a Francisco de Asís, a Karol Wojtyla, a la Madre Teresa, a Cacho de la vuelta de la esquina y a Marta, la vecina.

Pascua no es una realidad del pasado que recordamos con cierta piedad o recogimiento. Es la experiencia de descubrir en nuestra propia vida que Jesús vive y actúa en medio de este mundo, hoy con evidentes signos de maldad. El Papa en la misa del Jueves Santo dijo que “hoy comprobamos de nuevo con dolor que a Satanás se le ha concedido cribar a los discípulos de manera visible delante de todo el mundo”. Es que las realidades que describen las categorías bíblicas son reales y si bien el mal actúa en el mundo, también Jesús resucitado sigue buscando encontrase con los discípulos y misioneros de este tiempo: los que ya lo son, los que serán discípulos y misioneros y los que sin saberlo ya están camino del encuentro.

La realidad de la pascua es la posibilidad cierta para cada uno de una “experiencia de Dios”. Pascua es la confirmación de que es posible encontrar a Jesús mientras vamos de camino por la vida, a la vuelta de la esquina, en una circunstancia de dolor, en algún paseo por la montaña, en otro que cree, en los sacramentos, en una misa, en la muerte de alguien que amas, en alguien que sufre o tiene necesidad, en la alegría de un nacimiento o al compartir la cruz de una enfermedad. Cristo se deja encontrar. Es más, quiere encontrarnos. El problema es que nosotros lo queramos encontrar a El y de que estemos disponibles y no ocupados y absorbidos por los 300 canales de video, por internet, por los chimentos del día, las novelas o la música que tiene nuestra mente alejada del pensar o el corazón atento a cosas y no a personas. No en vano se sostiene que los artistas por medio de la música provocan los cambios culturales en las sociedades. Es lo que siempre pienso cuando veo a tantos jóvenes con sus mp3´s, I-pods, Facebook, Twitter o sus celulares constantemente funcionando, atrapando sus mentes y corazones. ¿Es que estamos atrapados y aislados de Dios con tanto ruido en nuestros días? Y ¡ojo! No estoy diciendo que la tecnología es mala ni satánica. Me gusta la tecnología. Lo que pretendo decir es que la persona humana está hecha para que Dios sea lo primero y más importante. Cuando la llenamos de otra cosa, al final solamente queda el vacío y la frustración existencial.

No es posible la experiencia de Dios que pasa, que se acerca y se hace compañero de camino en el ruido, en el ensimismamiento de uno mismo, en la idolatría de las cosas materiales o en ese “estar volcado hacia afuera permanentemente” tan propio de nuestro tiempo. Dice la Palabra de Dios que El no se encuentra en el trueno, el relámpago o la tempestad, sino en la brisa suave, en la tranquilidad y el silencio, en la calma y en la paz, que nuestro tiempo a veces no nos deja vivir. Dios se hace “encontrable” en la profundidad del espíritu, en el silencio y en la apertura del corazón. ¿Cómo andamos de silencio, de interioridad y espiritualidad en nuestras vidas? ¿Cuánto tiempo dedicamos a la tele, a internet y a las cosas “Interiores”?

Si Cristo no resucitó, si la Pascua de Cristo fue una fábula, un lindo cuento y nada más, Pedro, Pablo, todos los discípulos mártires, los santos de todos los siglos, Juan Pablo II, Benedicto 16, el padre Pablo Domínguez (La Ultima Cima), los que hoy dejan todo para entrar a un convento o que dedican su tiempo rezar, a estudiar su fe o evangelizar, serían dignos de pena o incluso de burla. Los que creemos seríamos ilusos, locos o simplemente tontos. Por suerte siempre la iglesia ha tenido a lo largo de su historia a las mejores mentes, corazones y exponentes humanos. Es que Dios humaniza, plenifica y lleva la vida humana a sus mejores expresiones existenciales posibles.

En medio de tanto ruido que aturde, de tanta propuesta que nos dispersa, nos aliena y nos aparta de la búsqueda del sentido y el valor de la propia vida, Jesús sigue saliendo al encuentro de personas como en Emaús para decir: ¡estoy vivo! En una cultura que proclama que hay que tirar abajo los crucifijos, que niega el valor humano de la vida degradándolo al nivel de una cosa, Jesús nos sigue diciendo que El he dado su vida por todas las personas y por todas las dimensiones de la persona de todos los tiempos.

Feliz Pascua y ojalá que puedas tener la experiencia de Dios que pasa por tu vida dándole sentido porque cada uno ha nacido para algo y tiene algo valioso que brindar. Es mi bendición (bien-decir) para esta Pascua 2011.

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