viernes, 12 de junio de 2009

A raíz de la condena de un sacerdote

La reciente condena penal (aún no firme) de un sacerdote católico por delitos contra la honestidad, replantea la siguiente pregunta:
Si Dios llama al sacerdocio, ¿por qué hay entonces malos sacerdotes, incluso malos obispos?


Por el Dr. Jorge H. Sarmiento García


Para responderla, nada mejor que recurrir a lo que ha expresado sobre el punto el actual Pontífice Benedicto XVI.

1. Sin duda es posible que el sacerdote se introduzca casi a hurtadillas, sin haber sentido realmente vocación.

2. Pero también se puede “traicionar la vocación”, es decir, no vivirla de verdad.

3. Es curioso que Dios confíe en recipientes tan frágiles, que contrajese un riesgo enorme con la Iglesia pues se puso en unas manos que le traicionan una y otra vez, dejando la posibilidad de que aquéllos caigan y degeneren debido precisamente a su ineptitud, debiendo Dios, por tanto, sostener la Iglesia continuamente.

4. Así las cosas, por una parte es un consuelo que el Señor sea más fuerte que el pecado de las personas, pero, por otra, para los que se consagran a la vocación y creen haberla recibido, constituye un gran desafío dejarla crecer hasta madurar en comunión con Cristo.

El hecho de que a pesar de todo la Iglesia se mantenga, aunque sea a veces entre jadeos y suspiros, de que siga existiendo todavía, de que produzca grandes mártires y creyentes, personas que ofrecen su vida como misioneros, enfermeros, educadores, etc., demuestra de verdad que hay alguien que la sustenta: Dios, aunque otras confesiones y comunidades tienen muchos aspectos vivos del Señor.

Por eso es que al cristiano jamás se le ocurre abandonar la Iglesia, pues, en verdad, es su patria más íntima. Siempre hay personas y cosas molestas; ha habido desaciertos históricos y pueden existir contrariedades fácticas. Pero todas esas cosas no anulan la autenticidad de la Iglesia, por la sencilla razón de que procede de un lugar completamente distinto…


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