El tema resulta interesante, ya que le brindó a Ratzinger la oportunidad de defender su propia noción sobre la Primacía Papal.
Sostuvo que el fundamento de la Iglesia no es el Papado, sino todos los obispos. Por lo tanto, el Papado debería estar al mismo nivel que los demás obispados. El Sumo Pontífice ya no debería estar por encima de los demás obispos, con una diferencia trascendental entre ellos, sino ser simplemente un punto central horizontal de unidad.
Así entendió la Primacía Papal en una Iglesia como comunión, una expresión que se hizo cada vez más frecuente en el “pontificado” de Benedicto XVI.
Reproducimos aquí el fragmento en el que defendió esta idea. Sin duda, arroja luz sobre los planes que tenía Ratzinger para transformar la Primacía Papal.
A continuación, la fotocopias de dos páginas del texto en italiano, y más abajo, la traducción.
“La Iglesia está formada por muchas iglesias en comunión entre sí; la red de comunión que la Iglesia forma así encuentra sus puntos fijos en los obispos: como continuación postapostólica del Collegium Apostolorum [Colegio de Apóstoles], son responsables de la pureza de la palabra y de la comunión.
Partiendo de esto, podemos comprender también el significado más antiguo de la Primacía del Obispo Romano... Simplemente significaba que el Obispo Romano de la sede de San Pedro era el punto central de orientación en la unidad de la comunión...
La Primacía del Papa no se entendía, por lo tanto, en sentido administrativo, sino que derivaba enteramente de una eclesiología eucarística. Esto significa... que Roma encarna la verdadera comunión y, por lo tanto, es el punto determinante de la relación horizontal, sin la cual una comunidad no puede seguir siendo verdaderamente ecclesia”.
Joseph Ratzinger, Il Concetto della Chiesa nel Pensiero Patristico en I Grandi Temi del Concilio, Roma: Paoline, 1965, págs. 154-155).



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