viernes, 3 de febrero de 2012

Las TIC – “Tecnologías Informáticas Comunicacionales” toman estado público

El conocimiento total de la humanidad se duplica cada cinco años y en aumento. No hay cantidad de papel para imprimirlo. Por suerte tenemos el lenguaje electrónico y las memorias digitales que sí pueden almacenar este conocimiento y mantenerlo en “estado público” es decir a disposición de quien lo requiera.

Por Sergio Pellizza

Así como la cerámica o la escultura definieron a las antiguas culturas, el reloj con sus horarios distinguió a la Edad Media y las máquinas de vapor con sus vértigos, a la humanidad del siglo XIX, nuestro siglo XXI bien podría quedar representado por las computadoras. Su rápido desenvolvimiento y acelerada perfección han cubierto casi todos los órdenes de la vida moderna.

Ante esta novedosa y enigmática condición de la humanidad, su ciencia y sus tecnologías, el distinguido investigador J. David Bolter publicó en 1984 El hombre de Turing. La cultura occidental en la era de la computación (FCE, 1988). La obra de Bolter es un interesante y ameno acercamiento de la ciencia y las humanidades, que analiza las diversas influencias de la tecnología electrónica en la vida del hombre contemporáneo. Además, es una reflexión acerca de las razones que existen para incomodarnos o acostumbrarnos a ser comparadas con una computadora. Ya en tiempos de Descartes se comparo el intelecto humano con los mecanismos de un reloj, y más de un cacique de la Revolución industrial consideró al hombre como un mero engranaje de sus máquinas de vapor.

Bolter afirma que "la computadora es un medio de comunicación a la vez que una herramienta científica, por lo cual la pueden utilizar tanto los humanistas como los científicos". Estas páginas que el lector tiene en sus manos confirman que la prosa de Bolter se dirige tanto al experto en sistemas como al neófito navegante de pantallas de PC.

Cualquiera podrá confirmar aquí, no sin cierto alivio, que la memoria electrónica no atenta contra la memoria humana, de la misma forma como la Enciclopedie de Diderot y D´Alambert no arruinó ni la memoria ni la imaginación de los hombres del siglo XVIII. Esta nota es apenas un enunciado que aproxima a la cartografía que sirve para recorrer los jeroglíficos del lenguaje electrónico y comprender que los complicados signos que se conjugan en los oscuros laberintos de una máquina no limitan la magia de la palabra, ni la conformidad de la prosa imaginativa, ni la belleza de un poema. Creemos que si son útiles para divulgarla a la velocidad de la luz.

Los antiguos escritos tenían que copiarse laboriosamente a mano, y cuando menos hasta ya bien entrado el Imperio romano no fueron los cómodos libros que hoy ya conocemos, en los cuáles es fácil dar exactamente con la página deseada, sino más bien rollos de papiro en los que el lector debía hallar su camino hacia el pasaje que necesitaba. En los anacrónicos términos del procesamiento electrónico de datos, el rollo de papiro fue un instrumento de acceso lineal, lento como cinta magnética, en tanto que el libro se le puede abrir a voluntad, lo cual hace más accesible la información.

Cualquier erudito o filósofo de la Antigüedad dueño de una amplia biblioteca prefería memorizar lo más posible para evitarse la lata de buscar en los rollos. Por si fuera poco, las palabras de aquellas páginas se escribían sin dividirlas y había poca o ninguna puntuación. Para entender tales apiñamientos de letras los antiguos tenían que leer en voz alta. Así como casi todos nosotros debemos oír la música escrita para hallarle sentido, así también los antiguos sólo tomaban sentido a los textos valiéndose de sus oídos. Debido a que el sonido del lenguaje nunca se eliminó de la antigua lectura y escritura, Grecia y Roma siguieron siendo en gran medida culturas orales; en ellas los libros eran medios de preservar para provecho de generaciones futuras, las voces del pasado. Sin duda, "la civilización griega fue un reflejo del poderío de la palabra hablada".

En este aquí y ahora la palabra hablada y la escrita deben tomar estado público. Está perfecto que esté en los libros, pero tenemos un problema. El conocimiento total de la humanidad se duplica cada cinco años y en aumento. No hay cantidad de papel para imprimirlo. Por suerte tenemos el lenguaje electrónico y las memorias digitales que sí pueden almacenar este conocimiento y mantenerlo en “estado público” es decir a disposición de quien lo requiera.

Estamos en un momento de oportunidad especial. La implementación del Plan Nacional Conectar Igualdad nos está dando esa oportunidad al poner prácticamente al alcance de todos, la herramienta.

El tren del futuro educativo Santacruceño. Es nuestro modesto aporte para ayudar a tener contenidos correctos para poder efectuar lecturas correctas de esta compleja realidad. Es importante no solamente subirse, sino también avisar a los que no lo saben que este tren está pasando por Santa Cruz.

SON BIBLIOTECAS DIGITALES LO QUE TRASPORTA NUESTRO TREN DEL FUTURO EDUCATIVO SANTACRUCEÑO, Esto es lo que estamos haciendo y queremos ponerla a los alcances de todos y en todas partes.

Hay algo que sabemos: Donde hay bibliotecas compartidas para todos y en todas partes existen espacios para que se relacionen EDUCACIÓN Y CULTURA, ESCUELAS Y COMUNIDAD.

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