sábado, 23 de abril de 2011

Después de Cuaresma ¿Tenemos derecho a quejarnos?

 
Hay unas estadísticas que, con la reserva que éstas suponen, nos pueden ayudar a valorar los grandes bienes que tenemos, pues muchas veces solemos fijarnos en nuestras carencias…
  
Por el Pbro. José Martínez Colín
  
1) Para saber

Si tienes una comida en el refrigerador, ropa para cubrirte, un techo que te proteja y una cama donde dormir, eres más rico que el 75% de la humanidad.
Si tienes dinero en el banco y en la billetera y aún te sobran unas monedas, estás entre el 8% más rico en el mundo.
Si te despertaste ésta mañana con más salud que enfermedad, eres más afortunado que el millón de personas que sobrevivirá ésta semana.
Si nunca has experimentado el peligro de la guerra, la soledad de la prisión, la agonía de la tortura o los dolores del hambre, estás mejor que 500 millones de seres humanos.
Si en los últimos días pudiste ir a la iglesia sin miedo de ser hostigado, arrestado, torturado o asesinado, eres más afortunado que mil millones de habitantes de la tierra.
Si tus padres viven y aún están casados, eres un ser raro en el mundo.
Si puedes levantar la cabeza y sonreír, eres bendito porque la mayoría, aunque podría, no lo hace.
Si puedes leer este mensaje deberías ser feliz, pues no eres uno de los 2 mil millones de personas que no saben leer.

2) Para pensar

Pensando un poco, nos daremos cuenta de lo afortunados que somos y ser agradecidos. Si sólo observando los bienes naturales deberíamos llenarnos de agradecimiento, cuanto más si pasamos a un plano sobrenatural.
Después de Cuaresma, hemos de meditar sobre la obra de la salvación realizada por el Señor en la Cruz a favor nuestro, y ser cada vez más conscientes del gran bien que hemos recibido. Por la Redención, Cristo renueva nuestra vida y nos introduce en la intimidad de Dios experimentando su amor por nosotros. Contemplando a Cristo, nos damos cuenta de que todo ha sido por amorosa iniciativa divina. Cabría preguntarse, ¿quién ha podido merecer un privilegio semejante? Nadie es merecedor de tal don. Lo hemos recibido gratis.

3) Para vivir

El Papa Juan Pablo II, hace años, recordaba las palabras de Jesús: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mt 10, 8). Y nos invitaba a que así como hemos recibido gratis tan gran don, procuremos, por nuestra parte, dar gratis a los demás los bienes recibidos. El contemplar el gran amor de Jesús por nosotros desde la Cruz, nos ha de empujar a darnos también por los demás.
Y el primer don que hemos de dar es el de una vida santa, que dé testimonio del amor gratuito de Dios. Pero, para que nuestro amor a Dios y a los demás sea gratis, ha de ser desinteresado. Muchas veces, al prestar un favor o ayudar a alguien, se nos puede meter el egoísmo y esperar que nos regresen el favor o que, por lo menos, se nos reconozca el bien que hicimos. Pero hemos de aprender a dar absolutamente gratis. Y ese amor de Dios, hemos de saber compartirlo, hemos de saber darlo. Ojalá estos días de pascua, con la ayuda de Dios, aprendamos, de Él, a dar y a darnos de una manera gratis.

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