viernes, 28 de octubre de 2011

Ojos que no ven, corazón que no siente. Hipocresía en nuestra sociedad




El siglo XX cargará para siempre con la iniquidad de la aceptación social del aborto, porque el aborto ha sido aceptado en nuestra sociedad nada menos que como un derecho de la mujer


Por Francisco Rodríguez Barragán


Nuestro mundo occidental se ha conmovido con el video que muestra a una niña china atropellada por un vehículo que, además de no detenerse a ver el resultado del accidente, continúa su marcha pasando sus ruedas traseras por encima de la chiquilla, que queda tirada en el suelo mientras otras personas pasan indiferentes, una mujer la retira de la calzada arrimándola al lateral hasta que llega otra que, al parecer, la atiende.

Aunque creo que es positivo nuestro movimiento de compasión, pone al descubierto nuestra hipocresía. Sentimos este hecho porque lo vemos, pero cada día son asesinados miles de niños en el vientre de sus madres y sus cuerpecitos arrojados a la basura o a la trituradora del Dr. Morín. Lo sabemos pero, como no los vemos, no lo sentimos.

Una escena tomada con cámara oculta en un abortorio, nos mostró a la médica que acababa de extraer un niño abortado y lo liaba aprisa en un paño, sin mirarlo; dijo que no podía soportar verlo.

Como dijo Julián Marías, el siglo XX cargará para siempre con la iniquidad de la aceptación social del aborto, porque el aborto ha sido aceptado en nuestra sociedad nada menos que ¡como un derecho de la mujer!

El oso pardo, el lince, el gato montés, la nutria o el bucardo, junto a trescientas especies de aves, reptiles y anfibios, son seres vivos protegidos por las leyes. Cazar a una hembra preñada, destruir una nidada del alimoche o del halcón peregrino, está perseguido por la ley, pero destruir una persona en las primeras etapas de su desarrollo, no está perseguido sino facilitado por las autoridades sanitarias.

En China existe el aborto selectivo de niñas, pero no he oído clamar contra ello a nuestras señaladas feministas. El niño que ha empezado a vivir dentro de su madre, no tiene derechos porque dicen que no es persona, pero nadie duda que la osa parda preñada tiene dentro un osezno o que los huevos que incuba el quebrantahuesos son pollos de quebrantahuesos, lo único que se pone en duda es que el ser que crece dentro de una mujer sea una persona.

Todos los métodos anticonceptivos prepararon el camino para una sexualidad sin responsabilidad, en la que la llegada imprevista de un nuevo ser pudiera ser eliminado sin problemas. Se introdujo la perversa diferencia entre hijo deseado y no deseado. Si no era deseado no había porqué amarlo. Si era deseado, entonces sí, salvo que viniera con algún problema, en cuyo caso tampoco era deseado. El niño en camino “legalmente” carece de derechos pero a la madre se le reconoce el derecho a abortar o a tener un hijo, cuando y como quiera. Pronto podrá elegirlo como se elige un vestido o un par de zapatos.

Lo mismo que enviar soldados a Libia o al Afganistán depende de lo que diga la ONU, la contracepción, el aborto, la esterilización, la ayuda humanitaria condicionada a la reducción de población y otras lindezas por el estilo, también salen de esa cada vez más inútil y nociva organización de las Naciones Unidas y sus conferencias sobre población, mujer o calentamiento global, en manos de “expertos” y organizaciones poderosas como la de Planificación Familiar, empeñada en reducir la población y exigir que todos los países reconozcan el aborto como derecho. De la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, ya ni se acuerdan.
El video de la niña china nos ha conmovido un poco, porque lo hemos visto. Los abortos, como no los vemos, pasan desapercibidos. Ojos que no ven, corazón que no siente, como dice el refrán.

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1 comentario:

estela maria errico dijo...

Por favor...¡DIFUNDIR!
Estela