Por Non Possumus
El domingo 28 de diciembre, en la parroquia San Nicolás de Chardonnet, durante la Misa, hacia el final del Credo, el Padre de la Rocque vino a buscarme y me pidió seguirlo hasta la sacristía. Con el fin de evitar el escándalo, obedecí. Una vez en su oficina, él me explicó que Monseñor de Galarreta lo llamó por teléfono. Monseñor le confirmó (pues él ya lo sabía) que se me envió una carta el pasado 8 de septiembre, en donde se me informaba mi expulsión de la Congregación de las Dominicas de Brignoles y, al salir de ella, el levantamiento de mis votos. Por consiguiente, debía dejar inmediatamente el hábito que llevaba indebidamente.
Asimismo, el señor cura previno a todos sus vicarios de ya no darme en adelante la comunión. Monseñor de Galarreta podrá, eventualmente, reducirme al estado laical con votos privados. Yo objeté que, según nuestras propias constituciones, solamente el Papa puede desligarme de mis votos. Entonces el Padre de la Rocque se enojó, indignado: “Desde hace cuarenta años, los religiosos y las religiosas de la Tradición gozan de la jurisdicción de suplencia, pero cuando se tiene una discrepancia con sus superiores, ¡ya no se reconoce esta jurisdicción!”
Entonces señalé mi voluntad de escribir a la Madre Generala. Y me enteré que fue a petición de ésta -que se quejó en Suresnes de la tolerancia del clero parisino respecto a mi persona- que a partir de ahora se me negara la comunión. El Padre de la Rocque agregó que, debido al estado de salud de mi madre, muy enferma y a la cual estoy cuidando desde hace un mes, tal medida podría matarla, por lo que se me tolerará todavía algunas semanas llevando el hábito, y que él podría darme la comunión en privado… con la condición de no hablar y pasar desapercibida. Le agradecí su solicitud, dejé la oficina y volví a mi lugar al final de la consagración. Más tarde, llevé a mi mamá a comulgar. Para mí, estoy excomulgada por la FSSPX.
En la fiesta del Santo Nombre de Jesús 2015.
Hermana Marie-Laetitia
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En Brignoles, “La ley del más fuerte es la mejor”
Las dos religiosas, entre ellas la Hermana Marie-Laetitia, dijeron explícitamente la razón de su desacuerdo. Ellas la escribieron también en su carta de septiembre pasado. Se trata de razones doctrinales. Se trata de cuestiones que tocan la Fe.
¿Cómo reaccionó la Superiora? La Superiora las expulsó, las castigó levantándoles sus votos y las calumnió calificándolas de perjuras. Esto en un primer momento. En el segundo momento, la Superiora se encarniza sobre su víctima persiguiéndola hasta la parroquia frecuentada por la Hermana Marie-Laetitia.
En realidad, la Superiora se niega a reconocer y admitir las razones que motivaron a las dos religiosas de emitir serias reservas que son fundadas. ¿Escuchó ella sus argumentos? ¿Los refutó por lo menos? ¿Se tomó el trabajo de responder la carta de las dos religiosas? ¡No que yo sepa!
Lo que es bastante desagradable, es que la Superiora manifiestamente trata de justificar la expulsión por otros motivos no doctrinales. “Miente, miente, que siempre algo queda”
Además, no se le pregunta a la Superiora si ella está o no de acuerdo con la religiosa. Sería suficiente que la Superiora reconozca y acepte que la religiosa tiene un grave caso de conciencia. Esto le daría crédito a la Superiora.
Veamos el lado bueno de las cosas: la Superiora ha reaccionado públicamente. Esto es bueno, en el sentido que se hace pública la forma de pensar de la Superiora: ¿dónde está la preocupación por las almas de las dos religiosas? Además la actitud de la Superiora es elocuente: esto denota en la Superiora una falta de Caridad. ¡Esta laguna en una Superiora, ligada a tal dureza nos da vértigo!
Ella está en las antípodas de la bondad, la dulzura y la firmeza de Monseñor Lefebvre.

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