miércoles, 1 de febrero de 2012

En toda celebración podemos descubrir la fidelidad de Dios

Uno de los valores humanos que debemos cuidar y cultivar es el de celebrar las cosas importantes de la vida. No hay persona viviente que no tenga algo que celebrar, que festejar, que rememorar. Todos tienen algún acontecimiento que es motivo de festejo. Se trata de rescatar lo que realmente nos ayuda a vivir.

Por Salvador Casadevall

Se trata de decir a los que nos conocen, de adentro o de afuera de nuestra familia: esto fue de gran significado para mí o para nosotros. Esto es, toda celebración. Es detenerse y destacar los que realmente nos ha marcado en la vida, nos ha ayudado a descubrir el sentido de nuestra vida.

Y el aniversario de nuestro casamiento es algo que vale la pena celebrar.
Es quizás, el paso más importante que un hombre y una mujer dan en su vida. Hasta aquel entonces eran seres individuales que vivían. Ahora también viven, pero ya no de a uno, sino de a dos.
Ensamblar dos vidas es cosa seria, por eso es el paso más decisivo en una forma de vivir.

Es una excelente oportunidad de ser agradecido al dador de todo, de dar gracias por lo vivido, por lo luchado, por lo conseguido: como personas, como esposos y como familia.
Es una excelente oportunidad de recordar el camino recorrido juntos y ponderar lo que estuvo bien y lo que no lo estuvo tanto. Porque todo ha ocupado un lugar en nuestro caminar.
Es oportunidad de renovar el ardor y los buenos propósitos que hicimos una y otra vez. Es oportunidad de quizás darle a nuestro amor una nueva pincelada, un nuevo matiz, una nueva y renovadora forma de ser.

El que no está contento con la vida, lo único que hace es durar. Para estar contento, activo y sentirse feliz hay que estar de novio con la vida.
Y el que está de novio, se pasa la vida celebrando.

El modo humano de celebrar es volver al origen, nunca puede uno desprenderse del origen en cualquier celebración.
Recordar que lo que hoy somos y vivimos nació de algo realizado en nuestro pleno uso de la libertad.

Decía Don Quijote:
La libertad es uno de los grandes dones que el cielo le dio al hombre.
Y al celebrarlo hoy, es volver a usar este don, es estar diciendo que volvemos a elegir, que volvemos a querer continuar por el mismo camino.
La fiesta y la celebración nos ayudan a renovar, a volver a encender el amor primero, intentando hacerlo actual y viviente.

Ante la fragilidad con que se rompen los matrimonios en nuestra sociedad de hoy, que gran peso, que gran imagen dan aquellos matrimonios que pueden celebrar sus 25 o 50 años de casados.
Dos que llegan juntos al final de su vida es la manera de hacer gozosa su ancianidad

Enriquece y nos hace crecer aquella fidelidad que es fruto de la confianza, del respeto mutuo, de aquellas relaciones recíprocas donde no cabe el engaño, todo es verdad, es sí cuando es sí y es no cuando es no. Cuando se descubre una relación de una confianza plena, donde se produce un equilibrio en el dar y el recibir, si uno es mínimamente inteligente, ha de considerarlo como un valor vital, porque crea vínculos estables, porque aprendemos a ser personas y porque gracias a esta fidelidad generosa abrimos espacios de convivencia y de diálogo.(Antonio Pedragosa)

Uno que ya ha celebrado sus 50 años de matrimonio ha vivido el valor de estas celebraciones.
Vivir las experiencias que nos ofrece la vida es obligación: sufrirlas o gozarlas, es opcional.

No podemos menos de recordar aquella misa de acción de gracias que celebró nuestro amigo Monseñor Domingo Castagna, obispo él, cuando festejamos los primeros 25 años de casados. Si hay algo que lamento es no tener la grabación de sus sabias palabras. Pero de todas ellas, quedaron grabadas en mi mente algunas que han sido para nuestra vida de esposos muy importantes.
En el final de su homilía nos dijo: Que Dios había sido fiel con Lydia y Salvador.

Nunca me había detenido a pensar en la fidelidad de Dios, hasta aquel instante. Y ello me llevó a reflexionar y a buscar el cómo nos había llegado esta fidelidad de Dios.

¡Y oh belleza! Nos había llegado a través de nuestros amigos, nos había ido llegando durante 25 años por intermedio de cada uno de aquellos que nos acompañaban y que llenaban la iglesia.
Ahí estaban consejos, ayudas, orientaciones, momentos vividos de preocupaciones y también de alegrías. Todos fueron usados por Dios y nosotros no nos habíamos dado cuenta.

¡Qué hermoso que estaban allí! Cada uno era la mismísima cara de Dios.
Eran la mismísima voluntad de Dios.

Salvador Casadevall
salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA...........para acompañar a vivir
Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2007 Programa “Día Internacional de la Mujer”
Galardonado con la Rosa de Plata-Buenos Aires 2007 Programa “Navidad”
Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2006 Programa “Día del Niño”
Mención especial Premio Magnificat-Buenos Aires 2005 Programa “Adultos Mayores”

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