domingo, 19 de diciembre de 2010

Intelectuales contra la Iglesia


¡Cuánta parcialidad, cuánto manejo de datos, cuánta interpretación tendenciosa, cuánta ideología! Es verdad que hay fallas internas, que tratamos de corregir, pero ¿por qué tanto ensañamiento?


Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel



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Un grupo de intelectuales, políticos, líderes sociales, analistas y comunicadores acaba de publicar un libro que titularon La Iglesia contra México. Dicen que miembros de la jerarquía católica estamos contra nuestro país, porque nos oponemos al laicismo, al aborto, a la píldora anticonceptiva, al "matrimonio" y a la adopción entre personas del mismo sexo. Aducen que obstaculizamos programas de educación sexual en las escuelas, la cartilla para adolescentes que recomienda el condón, la pastilla de emergencia o del día siguiente, las campañas masivas de promoción del condón. Argumentan que pretendemos imponer nuestra moral en las políticas públicas y que haya una religión de Estado, haciendo que la legislación "se subordine a las llamadas leyes de Dios, que no son otras que las que dicta el Vaticano". Nos achacan encubrimiento de abusos sexuales por parte de clérigos. Dicen que por esto y por otras cosas, damos mala imagen y que nuestra Iglesia se ha debilitado ante el pueblo. ¡Cuánta parcialidad, cuánto manejo de datos, cuánta interpretación tendenciosa, cuánta ideología! Es verdad que hay fallas internas, que tratamos de corregir, pero ¿por qué tanto ensañamiento?
Por lo contrario, el pueblo sencillo nos aprecia, nos valora y nos tiene confianza. Con frecuencia vamos a las comunidades, sobre todo campesinas e indígenas, y nos reciben con vallas, confeti, collares de flores, vivas, saludos efusivos. Todos nos quieren saludar y nos agasajan con tortillas hechas a mano y un rico caldo de gallina de rancho. Nos comparten generosamente sus sencillas ofrendas y quieren sacarse fotos con nosotros. Yo regreso fortalecido, sobre todo cuando los medios de comunicación se solazan en difundir las fallas clericales, que tampoco se pueden negar, pero que se sobredimensionan. Los pobres y los que sufren siempre acuden con confianza en busca de ayuda. Los migrantes a donde con más seguridad se acercan es a nuestra Iglesia. Si estuviéramos en contra de México, no habría este cariño tan entrañable hacia nosotros. ¿Será esto lo que les causa encono?

JUZGAR

Dijo el Papa Benedicto XVI a los obispos de Brasil: "Vuestro deber como obispos, junto con vuestro clero, es contribuir a la purificación de la razón y al despertar de las fuerzas morales necesarias para la construcción de una sociedad justa y fraterna. Cuando, sin embargo, los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas lo exigieran, los pastores tienen el grave deber de emitir un juicio moral, también en cuestiones políticas.

Al formular estos juicios, los pastores deben tener en cuenta el valor absoluto de aquellos preceptos morales negativos que declaran moralmente inaceptable la elección de una determinada acción intrínsecamente mala e incompatible con la dignidad humana; tal elección no puede ser redimida por la bondad de cualquier fin, consecuencia o circunstancia. Por tanto, sería totalmente falsa e ilusoria cualquier defensa de los derechos humanos políticos, económicos y sociales que no incluyeran la enérgica defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Al defender la vida, no debemos temer la oposición e impopularidad, rechazando cualquier compromiso y ambigüedad que nos conformen con la mentalidad de este mundo. Sin la corrección ofrecida por la religión, la razón puede volverse víctima de ambigüedades, como sucede cuando es manipulada por la ideología, o pretende ser aplicada de una manera parcial, sin tener en consideración la dignidad de la persona humana" (28-X-2010).

ACTUAR

No debemos callar cuando se trata de defender el derecho a la vida y otros valores, inspirados en la revelación divina. No pretendemos imponer nuestro punto de vista; sólo exigimos libertad de presentarlo en la plaza pública. No anhelamos una religión de Estado, sino que éste sea realmente democrático y reconozca nuestro derecho a una más plena libertad religiosa, no sólo para ministros católicos, sino para todas las confesiones. No basta la libertad de credo y de culto; necesitamos libertad de expresión.

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