En su libro Les Principes de la Theologie Catholique (Los Principios de la Teología Católica), el “cardenal” Ratzinger defendió que los obispos deben ser los representantes de los fieles.
Estos últimos, por la gracia del Bautismo, tienen la capacidad de interpretarlo todo. Por lo tanto, los obispos, en su enseñanza, no deben hacer más que expresar la voz de los fieles. En este sentido, los obispos tienen “una función plenamente democrática”, afirmó Ratzinger.
Arriba, la portada de Les Principes de la Theologie Catholique. Abajo, las fotocopias de los textos polémicos del mencionado libro y finalmente, la traducción del texto francés resaltado.
“Frente a la arrogancia de la élite intelectual, el Apóstol estableció la posición insuperable de la fe simple y el conocimiento que esta abre. Con la palabra “unción” se refiere a la catequesis del Bautismo y sus componentes centrales: Cristo, el Hijo de Dios, ungido por el Espíritu Santo y, por lo tanto, a la fe trinitaria. Este conocimiento común que proviene del Bautismo no está sujeto a ninguna interpretación superior, sino que es el criterio para la interpretación de cada persona. De esto vive la Iglesia, verdadera mensajera de la palabra en el sacramento y en la catequesis vinculada a él.
De esto se desprende claramente el deber de los obispos como representantes de la Iglesia en materia de teología. Su función como obispos no es añadir un instrumento más a la orquesta de los expertos. Su deber es, ante todo, ser la voz de la fe sencilla del pueblo y de sus afirmaciones en su sencillez innata, porque estas últimas tienen prioridad sobre la ciencia y corren el riesgo de ser relegadas cuando la ciencia se impone de forma absoluta. En este sentido, los obispos tienen una función plenamente democrática, basada no en estadísticas, sino en el don del Bautismo”.
Joseph Ratzinger, Les Principes de la Theologie Catholique, París: Tequi, 1982, págs. 371-372.



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