viernes, 12 de agosto de 2011

No a la adopción gay en Puebla




Doloroso y traumático para un menor de edad el haber sido abandonado por sus progenitores, como para exponerlo a sufrir maltrato físico y emocional al ser entregado en adopción a un homosexual o lesbiana. El asunto no es de homofobia, sino de sentido común.


Por J. Antonio Cuéllar



Mayor promiscuidad en su adolescencia o madurez, adicciones, desordenes psiquiátricos, tendencias suicidas y elevado número de enfermedades de transmisión sexual, son algunos de los problemas que especialistas aseguran podrían enfrentar menores adoptados por homosexuales y lesbianas. Si los señores y señoras legisladores locales están sentados en curules y perciben buenísimos salarios, no es por sus lindas caras, sino porque la sociedad así lo decidió al confiar en sus proyectos políticos, aunque parece que a los susodichos muy pronto se les olvidó. Hoy, quieren asestar duro golpe a los poblanos al aprobar “fast track” la Ley de Adopción de Menores, al abrir la posibilidad que un niño o niña puedan ser adoptados por homosexuales o lesbianas.

Lo que de inicio fue visto como algo bueno, y que tenía exclusivamente el objetivo de acortar el tiempo de las adopciones, sin poner en riesgo la seguridad e integridad de los menores abandonados, tal y como lo dijo en su momento la Presidenta del DIF, Martha Erika Alonso, no tiene porque terminar en un mal sabor de boca e indignación ciudadana. Los legisladores tienen la gran responsabilidad de perfeccionar el proyecto de ley para una mejor calidad de vida de los niños y niñas abandonados, y no lo contrario, y eso conlleva al análisis profundo y serio, máxime que se trata de algo delicado como es la vida de seres inocentes que han sufrido el desprecio de sus progenitores.

En el capítulo noveno del Código Civil para el Estado de Puebla, se aborda el tema de las adopciones. Y en el artículo 579, el cual se pretende reformar, señala lo siguiente: “Pueden adoptar los mayores de edad, en pleno ejercicio de sus derechos que satisfagan los requisitos que se señalan en el mismo ordenamiento y que tengan más de 16 años que el menor sujeto de adopción. Pueden ser adoptados los menores expósitos y los que legalmente sean declarados abandonados. Cuando los menores tengan más de 6 años deben ser informados ampliamente y obtener su consentimiento”, y en el artículo 580 se especifica: “Los cónyuges pueden adoptar, cuando los dos estén conformes en considerar al adoptado como hijo”. El espíritu de laadopción va encaminado a los cónyuges -hombre-mujer- ya que en Puebla no está aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo, como sucede en el Distrito Federal.

Y la propuesta de modificación, dice: “Pueden adoptar los cónyuges o personas solteras que tengan veinticinco años cumplidos y más de diecisiete años que el menor que se pretenda adoptar a la fecha del inicio del procedimiento especial de adopción y que satisfagan los demás requisitos señalados en este ordenamiento. El requisito de la diferencia de edad no es necesario en el caso de la adopción de hijos de uno de los cónyuges ni respecto de la adopción de incapaces”. Aquí, se diferencia el concepto de cónyuges al de personas solteras, lo que advierte la posibilidad a un homosexual de poder adoptar a un menor de edad, sin la necesidad de que haya un casamiento entre personas del mismo sexo, que estaría imposibilitado por las leyes de Puebla.

El buscar que un menor abandonado pueda contar con una familia segura, confiable y con valores, es plausible y debe respaldarse, pero no debe aceptarse ni permitirse que el niño o niña sean expuestos a que al ser adoptados corran el riesgo de ser víctimas de maltrato emocional o físico.

El asunto de la adopción no se circunscribe únicamente a la cuestión económica, va más allá, y eso es precisamente lo que los legisladores tienen que analizar. Votar por votar el proyecto de ley solo para quedar bien con la nueva clase gobernante es irresponsable, y en nada contribuye a generar un clima de seguridad y confianza por parte de los ciudadanos. Extraña la actitud adoptada por los legisladores del PAN, quienes en la teoría enarbolan la bandera del bien común y la defensa de la vida y de los derechos humanos y de los niños, cuando en la práctica están haciendo todo lo contrario. Y por parte de los legisladores del PRI, hicieron el compromiso de ser una oposición responsable, que en los hechos están muy lejos de cumplir. De los otros partidos, no es noticia que impulsen una cultura de la muerte, como sucedió en el Distrito Federal al aprobar los matrimonios gays, y que en Puebla la sociedad ha dado un rotundo no.

La Iglesia Católica – voz autorizada, por ser líder en el estado en el terreno espiritual, aunque no guste a algunos políticos y legisladores – a través del obispo auxiliar Eugenio Lira Rugarcía, ha externado su rechazo a que la ley de Adopción de Menores sea votada “fast track” y menos que se permita que las parejas gays puedan adoptar a los menores.

Hay razones de peso para oponerse a las adopciones gay, y que da George A. Rekers, profesor de Neuropsiquiatría y ciencias del Comportamiento en la Escuela de Medicina de la University of South Carolina, y que está dirigido a las políticas públicas relativas a sentencias de custodia infantil y adopción de menores, y que presenta estudio apoyado en estadísticas internacionales validadas por el Poder Judicial de varios países, en donde se permite la adopción de menores por gays, y dice:

1) La estructura y forma de vida de una pareja homosexual expone a los niños adoptados en un nivel de stress mucho mayor que el que se vive en una pareja heterosexual. Como es sabido, los niños entregados en adopción son mucho más vulnerables de por sí al stress, pues normalmente proceden de familias rotas, han sufrido en ocasiones abusos y tienen una carencial emocional muy grande. Además, la frecuencia de depresión, ideas suicidas, alteraciones del comportamiento y abuso de alcohol y drogas es mucho más frecuente en aquellos menores que viven con parejas homosexuales que las heterosexuales. Como consecuencia, la adopción por homosexuales empeoraría el stress de unos niños que ya son más susceptibles a problemas psicológicos que el resto de niños de su edad.

2) Las uniones homosexuales son mucho más inestables y más cortas que las heterosexuales, por lo que sería mucho más frecuente que se interrumpiera la adopción o esta fracasase. Se sabe que los cambios de una familia o casa a otra, afectan mucho a los niños adoptados, que sufren psicológicamente.
En otros estudios se estima una duración media de dieciocho meses en una unión homosexual, lo que no garantiza una estabilidad, necesaria para el bienestar del menor.

Y 3) La estructura de una unión homosexual hace que el niño carezca de todas las aportaciones positivas que sólo están presentes en las uniones heterosexuales. La pareja homosexual no puede aportar el modelo de padre y madre necesario para el desarrollo psicológico normal del niño, el significado de la relación marido-mujer.
Además, señala que niños adoptados por gays, sufren mayor estrés y tendencia suicida; trastornos psicológicos, principalmente afectivos, como depresión, trastorno de conducta, abuso de sustancias, intento de suicidio y consumación del mismo.

El estudioso, recopiló testimonios de hijos de padres homosexuales, la mayoría de éstos, reconoció haber padecido fuertes emociones, tales como miedo, ansiedad, aprehensión, vergüenza y enojo, al tratar de esconder o negar la homosexualidad de sus padres, así como la presión social a sobrenombres dolorosos y alteración de amistades.

Oscar Rivas, del Instituto Mexicano de Orientación Sexual Renacer, señala que en materia de adopciones lo que debe prevalecer es el derecho de los niños, sobre cualquier otro, y la ciencia tiene mucho que aportar en el debate de las adopciones gays. Ante todo se debe garantizar que los niños tienen derecho a tener un desarrollo integral y una convivencia sana para superar sus ya de por si es difícil condición de huérfanos y eso sin duda es el principal objetivo que debe tener el modificar artículos a las leyes de adopciones. Dice que las adopciones por parte de los homosexuales o lesbianas no crea condiciones de desarrollo integral y convivencia sana, que los menores requieren en etapas cruciales de crecimiento, desarrollo y formación.

Lo mínimo que deberían hacer los legisladores es emprender una consulta, antes de votarla en el pleno. ¡Señores y señoras legisladores dejen de calentar las curules con sus asentaderas y sean más responsables! Es cuánto.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sois un cancer.

Anónimo dijo...

MUY BIEN. NO HAGAS CASO DE LAS CRÍTICAS DEL LOBBY GAY.