lunes, 8 de agosto de 2011

El trabajo muchas veces no es salud





Que alguien fallezca en su lugar de trabajo es algo muy poco frecuente; incluso es raro. La gente debe tener la gentileza de retirarse para morir. Debe desaparecer: jubilarse o ingresar en un hospital y reaparecer un día, de repente, para convertirse en tema de conversación en la cafetería: 'Por cierto, ¿te has enterado…?'


Por Jorge Mosqueira

El fragmento citado pertenece al tercer tomo de la trilogía Millennium, una saga policial escrita por el novelista sueco Stieg Larsson, convertido en arrasador best-seller a pesar de sus 2268 páginas. También se convirtió en un éxito cinematográfico a partir de 2010.

La ficción descubre aquello que la realidad oculta; ocultamos, para expresarlo con más precisión. En el relato, quien se desploma a la vista de todos es el equivalente a un gerente de área dentro de su oficina vidriada. Estaba a pocos días de jubilarse y sufrió un paro cardíaco.

Es verdad lo que reflexiona Larsson a través del narrador de su novela. En muy pocas ocasiones la muerte se hace presente en el lugar de trabajo. Excepto cuando se producen accidentes fatales, la gran mayoría cumpliendo tareas dentro de una fábrica, conduciendo por rutas, en obras en construcción o tareas de similar riesgo, pero aun en estos casos suele haber una derivación al hospital más cercano, donde se produce el desenlace. La aparición de la muerte en una oficina es verdaderamente excepcional, aunque los motivos que la hayan convocado pertenezcan al mismo ámbito donde se produce el hecho. Las oficinas son lugares donde la gente no se muere sino que, recuperando la cita, tiene la gentileza de retirarse para morir.

Es difícil tomar distancia del festival de emprendedores, caza de talentos, desarrollo de jóvenes profesionales, éxitos sorprendentes, visiones y misiones portentosas cuyas moradas habituales son, casi con exclusividad, las brillantes oficinas. Morirse en un lugar así parece un acto fuera de lugar, una impudicia.

Esto se debe a que la caída de un albañil desde un andamio es más visible, espectacular e indignamente menos significativa, pero las consecuencias de un sostenido estrés se manifiestan de otra manera, por lo general en privado, aunque también se trata de una agresión laboral con muchas víctimas.

Los médicos especialistas en este tipo de situaciones pueden aportar interesantes datos sobre el tema.

Alejandro Melamed, en su libro Empresas depredadoras, describe: "La existencia de presiones, y de estrés como consecuencia de ellas, es algo aceptado por los actores involucrados y documentado en los materiales corporativos de muchas de las empresas. Se lo considera como parte inherente al escenario del mundo de los negocios, algo natural de éste".

La naturalidad se desploma, como en la novela de Larsson, cuando la muerte -esa verdad universal e incuestionable- aparece en medio de las agitaciones cotidianas. Ya no hay modo de esconderlo, pero sí de prevenirlo.

Mientras tanto, hacer oídos sordos a las sirenas de alarma es, en la práctica, algo así como un suicidio en masa. Valga mencionarlo, aunque parezca de mal gusto, antes de olvidarlo nuevamente y dar vuelta, otra vez, la página.

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