domingo, 4 de septiembre de 2011

La fuerza del perdón


Cuando rezamos el Padrenuestro, le pedimos a Dios que perdone nuestros pecado y, a la vez, manifestamos el propósito de perdonar a los que nos ofenden. Al pedir ser perdonados, pedimos también nuestra conversión, saber perdonar como Dios nos perdona.



Por el Pbro. José Martínez Colín


1) Para saber

¡Quién no quisiera acabar con el mal en el mundo! El Papa Benedicto XVI afirmaba que en ocasiones nos parece que el bien es más pequeño y débil que el mal. Pareciera que no puede hacerse nada. Pero realmente no es así, el bien es más poderoso y no sólo lo puede detener, sino incluso tiene la fuerza de vencerlo.
El Papa reflexionaba sobre la oración que hacía Abraham intercediendo por unas ciudades que iban a ser destruidas. En su oración, Abraham pide a Dios que por unos inocentes, perdone toda la ciudad apelando a su justicia divina. Cabe atender, dice el Papa, que no solo pide que sean perdonados los inocentes que ahí se encuentren, sino pide el perdón para todos.
La oración de Abraham, no solo es para librarlos del castigo, sino que los convierta, que a través del perdón transforme al pecador para que ya no haga el mal. Es ofrecerles una oportunidad a los malhechores para reconozcan su culpa dejándose salvar, para que ya no continúen haciendo el mal, sino que se conviertan en justos y así ya no merezcan el castigo.
“Es el perdón el que interrumpe la espiral del pecado”, concluye el Papa, y por ello el bien es más fuerte que el mal.

2) Para pensar

Hace tiempo ocurrió un suceso en Argentina que conmovió al país. La historia ocurrió en la localidad de Esquel, en la sureña provincia de Chubut. A una mujer, Ana María Suárez, le mataron a golpes a su hijo Mariano que contaba con 27 años. Habían aprehendido al asesino, un joven de 25 años llamado Fabián Chávez quien aceptó la culpa. Padecía de alcoholismo.
Procedieron a juzgarlo. El juicio se llevó a cabo, y en la misma sala del tribunal se encontraban ante el juez, la madre de Mariano, Ana María, y el asesino de su hijo. En un momento determinado, la madre, en pleno juicio, se puso de pie y se acercó al asesino de su hijo. Y, ante la sorpresa y expectativa de todos los presentes, lo perdonó públicamente, le regaló un rosario, le pidió acercarse a Dios y finalmente lo abrazó.
La mujer le dijo al asesino frente a todos: "Solamente la oración calma cada día mi dolor. Ayer cuando fui a la iglesia de San Cayetano, le oraba a la Virgen y pensaba que mi hijo está con Dios. Pero también pensaba en vos, que sos tan joven. No te voy a hacer daño. Sólo quiero darte esto", le dijo antes de entregarle un rosario.
"Solo Dios cura las heridas. Yo te perdono. Y si mi hijo te ofendió te pido perdón. Yo lo amaba y ahora quiero que vos no sufras. El destino que te toca me duele porque trabajo con jóvenes. En esta tierra hay mucha violencia. Y vos has sido víctima de ella desde que naciste. Es el amor el que también ayuda a curar las heridas", dijo la mujer y lo abrazó. Ante estas palabras, el acusado no pudo contenerse y estalló en llanto.

3) Para vivir

Cuando rezamos el Padrenuestro, le pedimos a Dios que perdone nuestros pecado y, a la vez, manifestamos el propósito de perdonar a los que nos ofenden. Al pedir ser perdonados, pedimos también nuestra conversión, saber perdonar como Dios nos perdona.
Que no falte en nuestra oración pedir ese perdón para nosotros y para todos, sabiéndolo encontrar siempre en el Sacramento de la Confesión. Vivamos siempre confiados en la misericordia divina.

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