lunes, 24 de septiembre de 2012

Una fábula japonesa: Cultivar la honestidad


En tiempos donde lo importante parece ser los resultados, los logros, es importante no caer en el engaño de ofrecer flores falsas de apariencia, de mentira y corrupción.

Por el Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber

Hoy en día a veces se valora más la “astucia” que la honestidad. Importa muchas veces salirse con la suya sin importar cómo se haga, aunque se usen medios ilícitos. Y así, se encubren los hechos con la mentira y la deshonestidad, provocando una corrupción casi generalizada. Una fábula nos permitirá valorar la honestidad.

2) Para pensar

Se cuenta que hace muchos siglos, en el antiguo Japón, vivía el príncipe Kenso (que significa “El Prudente”). Estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, debía estar casado.
Entonces el príncipe decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería una digna emperatriz y las convocó al día siguiente para decirles la prueba.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, sintió tristeza porque sabía que su joven nieta, Mitsuko (que significa “Niña de luz”), desde niña tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe Kenso. Se asombró al saber que ella iría a la prueba y le preguntó: "Pero Mitsuko, ¿qué vas a hacer allá? Las muchachas más bellas y ricas estarán allí, no cometas una locura".
Mitsuko respondió: "No, querida abuelita, no estoy loca. Sé que soy pobre y que jamás seré escogida, pero es mi única oportunidad de estar un momento cerca del príncipe y eso me hará feliz".
Cuando Mitsuko llegó al palacio, allí estaban todas las muchachas con sus mejores ropas y valiosas joyas.
El príncipe anunció el desafío: "Según nuestras tradiciones, se valora mucho la paciencia para cultivar. Por eso daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida para ser mi esposa y futura emperatriz del Japón".
Pasaron tres meses y nada brotaba, aunque la dulce Mitsuko cuidaba con mucha paciencia y ternura su semilla. Sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse.
Aunque intentó todos los métodos, nada brotaba. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Pasaron los seis meses y nada, ni una flor asomó. Aún así, Mitsuko le comunicó a su abuela que regresaría al palacio sólo para estar cerca del príncipe unos momentos.
En la hora señalada llegó con su vaso vacío. Veía admirada a las otras pretendientes con su flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.
Llegó el príncipe y fue observando cada flor con mucha atención. Al final anunció que tenía a la ganadora: Su futura esposa sería aquella bella joven con su vaso vacío.
Todos se sorprendieron. Nadie entendía por qué la había escogido. Pero el príncipe Kenso explicó: "Esta joven, Mitsuko, a quien conozco desde niña, fue la única que cultivó la flor que la hace digna de ser emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles".

3) Para vivir

En tiempos donde lo importante parece ser los resultados, los logros, es importante no caer en el engaño de ofrecer flores falsas de apariencia, de mentira y corrupción. Vergüenza debería darnos contribuir a dañar la sociedad y a las personas. Al contrario, amemos la flor de la honestidad, pues si sabemos vivirla, más allá del interés egoísta, habremos hecho de la tierra un mejor lugar para vivir.

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