lunes, 30 de mayo de 2011

Monseñor Aguer cree que se busca legalizar el aborto por vía judicial




Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata y Presidente de la Comisión Episcopal de Educación Católica, manifestó su preocupación por considerar que se está avanzando en legalizar el aborto por la vía judicial y se refirió a declaraciones de la Jueza Carmen Argibay.

 


Destacó que esto sucedió en los Estados Unidos y que ahora diversas instituciones argentinas “han pedido a la Corte Suprema de Justicia de la Nación un pronunciamiento que convalide el fallo del Superior Tribunal de Justicia de Chubut que, en marzo del 2010, autorizó que se practicara el aborto a una menor que se encontraba en el quinto mes del embarazo. De hecho se produjo el asesinato de aquel niño pocos días después del fallo”.

Señaló que esa es “la punta de lanza para que un pronunciamiento de la Corte abra la puerta a la legalización del aborto. Al parecer la Corte resolvió ya el llamado de autos para dictar sentencia”.

De inmediato dijo que “ante esta perspectiva corresponde aludir a la posición ya declarada de algunos miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación” y comentó que recientemente leyó “un reportaje hecho a la Dra. Carmen Argibay en el cual ella renueva su conocida posición favorable a la legalización del aborto”.

“Llama la atención que una persona tan importante en el ámbito de la Justicia emplee argumentos tan falaces. Dice que el fondo de la cuestión consiste en que hay, en el caso del aborto y su legalización, dos derechos en pugna: uno es la vida de la mujer y el otro una esperanza de vida”, afirmó.

“La Dra. Argibay compara la vida de la mujer y la vida del niño poniendo a éste en una inferioridad de condiciones, como si no fuera ya realmente una vida humana sino sólo una esperanza de vida. Según su opinión se puede abortar porque el derecho de la madre es superior; ni siquiera alude a un peligro de vida. Es un caso gravísimo de discriminación, sobre todo porque la jueza reconoce que la Constitución protege la vida humana desde la concepción. Pero aquí se desliza en otro error. Dice que “el problema es que no sabemos cuándo empieza la concepción porque todo el mundo confunde fecundación con concepción”.

Mons. Héctor Aguer destacó que “al parecer, la destacada jurista se aferra a obsoletas teorías medievales. Porque lo que todo el mundo puede hoy saber, porque está avalado por certezas científicas irrefutables, es que en la unión del espermatozoide con el óvulo se da el origen de una nueva vida, de una vida plenamente humana. No será luego una persona humana si no empezó a serlo desde ese momento en que, por la unión de los dos gametos, el cigoto unicelular contiene toda la información genética que identifica a una persona. Coinciden, en efecto, fecundación y concepción”.

También sostuvo explicó que “la Dra. Argibay dice en este reportaje que en realidad en los tres primeros meses del embarazo lo que existe es una esperanza de vida muy frágil; sugiere entonces que en ese período se puede privilegiar el derecho de la madre, sobre todo porque al abortar ella no correría peligro. ¿Estará pensando quizá que el embarazo es una desgracia, un accidente, una maldición?

Probablemente considera que hay que hacer lugar a supuestos peligros para la vida psíquica y social de la madre. Sugiere también que a partir de los tres meses habría que privilegiar la vida del niño porque abortarlo sería peligroso para la madre. La frialdad de estas afirmaciones resulta escalofriante. Por otra parte, ¿no se da aquí un caso de prejuzgamiento?”.

Además señaló: “Si la Dra. Argibay va a tener que pronunciarse en virtud de su cargo respecto de este tema ¿no tendría que excusarse luego de dar sentencia, puesto que ya ha adelantado su juicio?”.

En el final de su reflexión semanal televisiva consideró que “nos preocupamos muchas veces de los proyectos legislativos que proponen la legalización del aborto, pero esta otra vía, la judicial, es también un verdadero peligro”. Y culminó con una última observación: “se alude nuevamente al presunto derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. La mujer es dueña de su cuerpo, pero no es dueña de la vida ajena. Ese pequeñísimo ser humano, que ha comenzado a vivir en su seno no es parte de la mujer, es alguien distinto del cuerpo de la madre, una realidad nueva. En la biología de la generación –decía el Beato Juan Pablo II– se inscribe la genealogía de la persona”.

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