viernes, 3 de diciembre de 2010

El odio contra la Argentina es el motor de esta tiranía

Ellos quieren las almas. Ellos quieren poder decirle a su amo, satanás: "Aquí tienes una nación verdaderamente corrompida. Lo hemos logrado. Es toda tuya."


Por Cosme Beccar Varela

En su discurso de homenaje a la batalla de la Vuelta de Obligado, la viuda de Kirchner dijo: “Hoy es necesario despojar nuestras cabezas de las cadenas culturales, más invisibles, pero más dañinas que los cañones" ("La Nación" 21/11/2010, pag. 12).

Está claro que para esta militante de izquierda es más importante destruir lo que resta de la cultura católica y tradicional en las almas de los argentinos que haber destruido las FFAA. Esto no fue sino un primer paso, lo mismo que todos los demás actos de tiranía, corrupción administrativa, confiscaciones y usurpación de poder cometidos desde que los Kirchner se encaramaron al poder en el 2003.

El hecho de que la viuda use su dinero mal habido para comprarse carteras, vestidos, fincas, departamentos y otros lujos, pasear por EEUU y Europa, no es incompatible con el odio visceral que tiene, como militante de izquierda, contra nuestra religión, nuestra moral y nuestra cultura.

Los lujos del mundo siempre han sido gozados por los tiranos usando para adquirirlos el poder que usurpan y la plata que roban. Que puedan disfrutar más o menos de esos placeres depende del grado de cultura que el tirano tenga. Entre los de izquierda, Trotzky, hombre culto e inteligente, era capaz de gozar más que Marx, que era una especie de salvaje intelectualizado o que Lenin, que era un burócrata en rebelión contra las clases altas.

En cuanto a la Sra. Kirchner, como puede colegirse con sólo mirarle la cara y verla actuar, es obvio que su capacidad de gozo de los refinamientos del mundo es ínfima, tal es su vulgaridad innata. Ella sólo puede sentir el placer de tener todo lo que el dinero puede comprar, pero eso no modifica un ápice su odio por toda forma de superioridad espiritual, intelectual, psicológica, cultural y tradicional, por encima de todo lo cual y dando sustento a esa jerarquía legítima, está Dios Nuestro Señor, objeto máximo de odio para esta clase de gente. Y en ese odio consiste la izquierda.

De esa estofa está hecha la muñeca que usurpa la presidencia y toda la "dirigencia" corrupta e inepta cuyo conjunto, más los cerebros neo-marxistas que por detrás de las bambalinas planean y mueven la máquina, han montado la peor tiranía de nuestra Historia.

Mientras quede un solo argentino que crea que Nuestro Señor Jesucristo es Dios, que existe una Moral objetiva que prohíbe el aborto, la fornicación, las prácticas homosexuales, el adulterio, la blasfemia, el robo, el abuso de poder, la agitación y el resentimiento sociales, el igualitarismo insolente, la tiranía, la privación de la libertad sin causa legítima, la mentira, la traición, el fraude, la corrupción de la niñez y de los adolescentes, la enseñanza de falsedades a la que llaman "educación" y la persecución de la Iglesia Católica, la izquierda querrá destruirlo o corromperlo.

Mientras haya un argentino que reconozca que esa Moral además de prohibir lo dicho y muchas otras cosas, ordena rendir culto a Dios según lo manda la Santa Iglesia Católica, venerar a la Santísima Virgen y a los santos, ser casto, generoso, valiente, laborioso, sincero, caballero, respetuoso, honrado, bondadoso, paciente y que protege la familia, la izquierda querrá destruirlo o corromperlo.

Mientras haya un argentino que crea que su alma es inmortal y que esta vida no es la Vida sino que estamos destinados a una vida eterna en el Cielo o en el infierno, la izquierda querrá destruirlo o corromperlo.

Mientras haya un argentino que rechace las mentiras del materialismo histórico, las opiniones "politically correct" y esté decidido a reconocer la verdadera Historia de la Cristiandad de la que formamos parte y a admirar a sus héroes y execrar a los asesinos de la revolución francesa, de la revolución bolchevique, de la guerra civil española, de la persecución masónica de los "cristeros" mejicanos, del terrorismo del siglo XX y de este siglo, toda forma de injusticia cometida con o sin guante blanco, y a llamar herejes a los herejes y cismáticos a los cismáticos, la izquierda querrá destruirlo o corromperlo.

Mientras todo eso esté firmemente en la cabeza de alguien, la agitadora viperina y llena de odio que usurpa la presidencia no descansará, ni ella ni sus mandantes y cómplices hasta no erradicarlo. Lo dijo claramente en el discurso que cito al comienzo de ese artículo.

Para eso ya en el 2005 el usurpador Kirchner dictó el decreto 1086 aprobando el Documento titulado "Hacia un Plan Nacional contra la discriminación. La discriminación en la Argentina", de casi 160 páginas, en el cual se exponen minuciosamente qué ideas y qué costumbres deben ser destruidas, por qué otras deben ser reemplazadas y la estrategia a seguir para lograrlo desde el poder. Trataré de transcribirlo (con la ayuda de un experto porque yo no sé cómo se hace) íntegramente en la Sección "Documentos" de este periódico para quien quiera leerlo, aunque desde ya advierto que su redacción es deliberadamente farragosa y confusa, pero las ideas destructivas están todas allí, inclusive un fuerte indigenismo que intenta destruir las raíces hispánicas de nuestra tradición, y si se presta atención se verá que el proyecto está en pleno curso de ejecución.

No les basta que sus arcas estén llenas hasta el tope con el oro mal habido que les permite gozar la vida hasta las heces, ni tener todos los resortes del poder en la manos. Ellos quieren las almas. Ellos quieren poder decirle a su amo, satanás: "Aquí tienes una nación verdaderamente corrompida. Lo hemos logrado. Es toda tuya."

Contra la tiranía que intenta esa maldita entrega deben luchar todos los argentinos de bien, hasta conseguir derrotarlo y substituirla por una Autoridad nacional que defienda lo que aún no cayó y restablezca la Argentina perdida. Si eso no se intenta, todas las demás formas de oposición, por loables que sean sus objetivos, están condenadas al fracaso porque dejan en pié el poder de la tiranía que es la causa de todos los males.

La Botella al Mar

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