lunes, 13 de diciembre de 2010

La mirada de María es la mirada de Dios

Me permito transcribir un artículo, muy actual y adecuado para estas fechas, de D. Emilio Palafox, sacerdote y escritor.


Por el Pbro. José Martínez Colín

¿Qué será lo mejor para el lector en la festividad de la Virgen de Guadalupe del 2010, que este año celebramos el domingo? Pienso que lo mejor es ofrecerle lo que hizo y nos dijo el Papa Benedicto XVI el pasado miércoles día 8, solemnidad de la Inmaculada Concepción. Hace falta mucha fortaleza -la fortaleza que nos presta la verdad de la fe cristiana- para celebrar año tras año en Roma, en plena vía pública la festividad de la Inmaculada.

El fundamento bíblico de esta verdad se encuentra en las palabras que el ángel dirigió a la joven de Nazaret: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1, 28). “Llena de gracia” es el nombre más hermoso de María, un nombre que le dio Dios mismo para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida.

“Ella nos mira como Dios la miró a ella, humilde muchacha de Nazaret, insignificante a los ojos del mundo pero elegida y preciosa para Dios”. Así lo afirmó el Papa Benedicto XVI, en su discurso pronunciado en la Plaza de España en Roma, durante el tradicional acto de veneración de la Inmaculada.

En esta cita anual muy querida a los romanos, pues la estatua de la Inmaculada se encuentra en pleno corazón de la ciudad, el Papa quiso subrayar que era un mensaje “de confianza”.

Aludiendo al “gran amor y devoción del pueblo romano” por la Virgen María, el Papa insistió sin embargo en que “es mucho más importante lo que recibimos de María, respecto a lo que le ofrecemos”.

Ella ofrece “un mensaje destinado a cada uno de nosotros, a la ciudad de Roma y al mundo entero. También yo, que soy el Obispo de esta Ciudad, vengo para ponerme a la escucha, no sólo por mí, sino por todos”, afirmó el Pontífice. “Ella nos habla con la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno. Su “mensaje” no es otro que Jesús, Él que es toda su vida”, añadió.

El Papa mencionó que siente dirigido a todos su mensaje: también a quien no piensa en ello, a quien hoy no se acuerda siquiera que es la Fiesta de la Inmaculada; a quien se siente solo y abandonado”. La mirada de María “es la mirada de Dios sobre cada uno. Ella nos mira con el amor mismo del Padre y nos bendice”.
“Aunque todos hablaran mal de nosotros, ella, la Madre, hablaría bien, porque su corazón inmaculado está sintonizado con la misericordia de Dios”.
María nos mira “no como un aglomerado anónimo, sino como una constelación donde Dios conoce a todos personalmente por su nombre, uno a uno, y nos llama a resplandecer de su luz”.
“La Madre nos mira como Dios la miró a ella, humilde muchacha de Nazaret, insignificante a los ojos del mundo pero elegida y preciosa para Dios”.
¿Quién mejor que ella sabe que nada es imposible para Dios, capaz incluso de sacar el bien del mal?”.
El Papa puso ante los presentes estas palabras en boca de la Virgen: “No temas, hijo, Dios te quiere; te ama personalmente; pensó en ti antes de que vinieras al mundo y te llamó a la existencia para colmarte de amor y de vida; por esto ha salido a tu encuentro, se ha hecho como tú, se ha convertido en Jesús, Dios-Hombre, en todo igual que tú pero sin pecado; se dio a sí mismo por ti, hasta morir en la cruz, y así te dio una vida nueva, libre, santa e inmaculada".

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