domingo, 19 de diciembre de 2010

Fin de Año enriquecido por la conciencia Navideña

El Fin de año se enriquece con el sentido que la Navidad le da a este tiempo de balance. Tiempo que alcanza su más alta sabiduría cuando se vive integrado con sus pares y potenciado por su pertenencia enraizada a su terruño.

Por Juan Carlos Córica

En la suma de sus vitales decisiones guiadas por la justa medida y la búsqueda de armonía con su pueblo y su nación.

Tiempo de balance y tiempo de recuperar el sentido de la vida en todas sus dimensiones y decidido a aplicarlo a su proyecto de vida. Dimensiones que tienen que ver con lo trascendental y lo terrenal. Dos dimensiones desde donde, los hombres, alcanzan esa tercera dimensión integradora por la que realiza y se realiza en la mayor plenitud. Herencia, experiencia, ciencia y conciencia.

Ser social, cultural y con sentido político. Ser en comunidad, que va siendo mientras hace, que piensa y decide, que dialoga y consensua. Encarnado en su doble condición de persona social. Que es y sabe que se alcanza la más alta sabiduría en unidad con su pueblo, aquerenciado y consustanciado con sus metas de orden superior. Guiándose para decidir cursos de acción, desde un sentido de justa medida y orientado a sembrar armonía sin dejar de buscar justicia. Un ser consciente de que el escenario de la realidad, donde lo que ocurre es producto de causas y concausas, debe ser administrado construyendo perspectivas que aseguren un sentido consistente por encima de abstractos fundamentalismos y absolutismos.

Tiempo Navideño propicio para darle a nuestra inteligencia el plus de la sabiduría. Darse cuenta que, “La Paciencia es la Pasión Domada”. Darse cuenta que “La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás; pero sólo puede ser vivida mirando hacia delante”. Darse cuenta que el hombre no es ni bueno ni malo, que posee las dos condiciones, pero que cuando deja de trabajar por el bien se convierte en un ser temible. Qué, “si quieres la paz, debes trabajar por la justicia”.

En el libro del Pueblo de Dios dice Isaías (58, 5-12), en el “Ayuno Agradable a Dios”:
¿Creen que el ayuno que me agrada consiste en afligirse, en agachar la cabeza como un junco y en acostarse con ásperas ropas sobre la ceniza? ¿Eso es lo que ustedes llaman 'ayuno', y 'día agradable al Señor'? Pues no lo es.
El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía; en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes.
Entonces brillará tu luz como el amanecer y tus heridas sanarán muy pronto. Tu rectitud irá delante de ti y mi gloria te seguirá.
Entonces, si me llamas, yo te responderé; si gritas pidiendo ayuda, yo te diré: 'Aquí estoy.'
Si haces desaparecer toda opresión, si no insultas a otros ni les levantas calumnias, si te das a ti mismo en servicio del hambriento, si ayudas al afligido en su necesidad, tu luz brillará en la oscuridad, tus sombras se convertirán en luz de mediodía.
Yo te guiaré continuamente, te daré comida abundante en el desierto, daré fuerza a tu cuerpo y serás como un jardín bien regado, como un manantial al que no le falta el agua.
Tu pueblo reconstruirá las viejas ruinas y afianzará los cimientos puestos hace siglos. Llamarán a tu pueblo 'reparador de muros caídos',
'reconstructor de casa en ruinas'.

Que el año que viene tu Fe se encuentre potenciada por mayores convicciones que las del año que termina.
¡¡¡ Feliz Navidad!!! ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!

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