El beato Laurentinus Sossius (en italiano: Lorenzo Sossio) nació en Valrovina, un pequeño pueblo cerca de Marostica, en 1480.
Su padre Giorgio era un humilde carbonero y, pocos días después de casarse con Maria dei Rosa, se vio obligado a marcharse para luchar como soldado en el ejército veneciano. A su regreso, después de nueve meses, se encontró con el niño nacido hacía apenas diez días. Inmediatamente el hombre cuestionó la fidelidad de su esposa y, tomado por la ira, tomó la espada para matar a la madre y al hijo.
Y aquí está el primer acontecimiento prodigioso relacionado con el pequeño: el recién nacido agarró la espada y exclamó: “Ah, padre, no quieras matar a tu esposa inocente, porque yo soy tu hijo, y ella me ha engendrado sin ofender tu honor”. El padre, confundido, tiró su arma y entró en razón.
Todo fue resuelto y la vida de la familia continuó tranquilamente hasta el trágico epílogo.
Era el 5 de abril de 1485, Viernes Santo. Lorenzino, en ese entonces era un niño de cinco años que se alejó demasiado de su casa y se perdió en el bosque. Los judíos lo encontraron, lo llevaron a una choza abandonada cerca de Ca’ Lugo y, después de haberlo despojado, lo crucificaron en el tronco de un roble. Según la fiscalía, buscaban una víctima para sacrificar en Pascua. Después del asesinato, habrían guardado la sangre de Lorenzino para otros ritos y habrían escondido su cuerpo bajo una alfombra de hojas, piedras y tierra.
La aldea de Valrovina, lugar donde nació Lorenzino
Pocos días después, un ermitaño, descubrió un pequeño brazo que salía del suelo y que apuntaba hacia el cielo, luego de escarbar en el lugar, encontró el cuerpo y dio la alarma.
Posteriormente, Lorenzino fue enterrado el cementerio del pueblo, donde su tumba irradiaba luz y estaba rodeada de flores silvestres. Su pequeño cuerpo martirizado se había convertido en objeto de veneración popular que fue aprobado por el Papa Benedicto XIV.
El santuario del Beato Lorenzino Sossio en Valrovina.
Después de este atroz crimen, la Fiscalía ordenó la expulsión de los judíos de Vicenza y de todo el territorio vicentino, decretada por el Dux de Venecia Marco Barbarigo 21 de abril 1486.
Posteriormente, se le concedió su conmemoración litúrgica el día 15 de abril. Fue declarado Beato por el Papa Pío IX el 5 de septiembre de 1867, confirmando su culto como Mártir.
Tras el conciliábulo Vaticano II, como en todos los demás casos de Ritual de Sangre, su culto comenzó a ser ignorado por la iglesia conciliar y a perder popularidad, aunque se conserva su veneración local, gracias a los fieles católicos.
La explicación de este “cambio de actitud” de la iglesia conciliar según Wikipedia:
El culto litúrgico de los bienaventurados fue abandonado de acuerdo con las disposiciones postconciliares.
De hecho, el proceso de “revisión crítica” del asunto por parte de la “Iglesia Católica” comenzó con la toma de conciencia de las posibles responsabilidades del catolicismo en el “holocausto”, debido a la propagación de “arquetipos antisemitas”. Desde esta perspectiva, entre otras cosas, el Concilio Vaticano II promovió el “diálogo interreligioso”, eliminó las oraciones antijudías de la liturgia del Viernes Santo y “revisó el martirologio” romano “a la luz del método histórico”.





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