Por monseñor Carlo Maria Viganò
Expreso mi satisfacción por la respuesta del Consejo General de la Fraternidad San Pío X al Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Reafirma décadas de coherencia, sin ceder a las presiones y propuestas de la iglesia conciliar y sinodal. Tiene el mérito de demostrar ingeniosamente la paradoja de quienes, con palabras, predican el “diálogo” y la “inclusión”, pero en la práctica demuestran una doble moral según a quién se dirijan.
El padre Davide Pagliarani pide provocativamente a Tucho Fernández que conceda a la FSSPX la misma “flexibilidad pastoral” que ha demostrado en otros casos, a sabiendas de que el “pastoralismo” de los funcionarios sinodales es una pretensión retórica hipócrita.
Sus palabras evocan las del arzobispo Lefebvre a Pablo VI: “Hagamos la experiencia de la Tradición” (11 de septiembre de 1976). Se trata del “argumentum ex concessis”, una técnica retórica y lógica en la que un interlocutor utiliza las afirmaciones del oponente para construir su propio argumento, con el fin de refutar o demostrar que la postura del oponente es errónea.
El padre Pagliarani le recuerda a Tucho Fernández que la Compañía no pretende aceptar la hipótesis de un “mínimo común denominador” que suavice las obvias diferencias doctrinales; y que la tarea de la Jerarquía es salvaguardar la integridad del Depositum Fidei, no podarlo para evitar fricciones. Y precisamente en virtud de este principio, el Superior General demuestra lo absurdo de entablar un debate sobre el plano de la Caridad, ignorando la Verdad.
Una hermosa lección —muy elegante y no exenta de un toque de sana ironía— que recuerda a Tucho Fernández que el papel del Prefecto de la antigua Santa Inquisición no consiste en traicionar la fe en nombre de una unidad que solo puede fundarse única y exclusivamente en la integridad de la fe católica.
Si Tucho Fernández realmente cree que el enfoque pastoral tiene alguna posibilidad, debe demostrarlo actuando de manera coherente con lo que afirma, algo que Tucho, al igual que el cardenal Müller, descarta a priori, elevando el concilio Vaticano II a un fetiche intocable.
Ahora la pelota está en el tejado de Tucho y León. Lo único que pueden hacer es declarar un “cisma” y salvar así definitivamente a la Fraternidad San Pío X de cualquier contaminación por los errores de la iglesia conciliar y sinodal. El cisma existe: pero es el de una “iglesia” dispuesta a negar todos los dogmas católicos para salvar el superdogma conciliar y sinodal.
Como dije con esperanza en una entrevista reciente con Stephen Kokx: Tucho y León están ahora “acorralados”, o como dirían en Chiclayo: “Entre la espada y la pared”. Deo gratias.
+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo
Viterbo, 20 de febrero de 2026
Miércoles de Ceniza

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