miércoles, 27 de abril de 2011

EPISCOPADO ESTADOUNIDENSE INSTA A LA CÁMARA DE REPRESENTANTES A DEFENDER LOS DERECHOS DE CONCIENCIA

La ley federal "no ha impedido que los emisores y compradores de servicios de salud, negocien un plan que sea coherente con sus convicciones morales y religiosas"

A través de un mensaje dirigido ayer a los miembros de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, el presidente del Comité de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (Usccb), el Cardenal Daniel DiNardo -quien es además Obispo de Galveston-Houston- instó a los representantes políticos a apoyar un proyecto de ley bipartidista que protegería los derechos de conciencia en el seguro de salud.

"Les escribo para instar su apoyo al H.R. 1179, Acto legislativo del 2011 que habla sobre el respeto a los derechos de conciencia. Este proyecto de ley bipartidista, introducido el 17 de marzo por los representantes Jeff Fortenberry (R-NE) y Dan Boren (D-OK), ayudaría a garantizar que la nueva reforma a la salud no se utilice para violar la libertad religiosa y el derecho de conciencia de quienes ofrecen y adquieren seguros de salud en la nación"; es lo que dice el Cardenal DiNardo al iniciar el mensaje que envió a los miembros de la Cámara estadounidense.

El purpurado, asimismo, señala que hasta ahora, la ley federal "no ha impedido que los emisores y compradores de servicios de salud, negocien un plan que sea coherente con sus convicciones morales y religiosas". Por ejemplo, continuó, para el caso de quienes trabajan para la Iglesia, "actualmente pueden comprar un plan que es consistente con las enseñanzas morales, sólo tienen que encontrar una aseguradora dispuesta a acoger sus preocupaciones morales".

Al respecto, el Cardenal DiNardo, también expresa su preocupación con que esta situación llegue a cambiar, especialmente con la implementación del "Patient Protection and Affordable Care Act" (PPACA) -ley de protección de Asistencia Asequible para el Paciente-. "Esta ley establece una nueva lista de ´los beneficios esenciales de salud´, que serán obligatorios para la mayoría de planes de salud en todo los Estados Unidos".

Dice el purpurado que el PPACA describe estos beneficios obligatorios "en términos generales tales como ´los servicios ambulatorios´, y ´medicamentos prescritos´", y que la planificación familiar en lo que se conoce como "servicios de prevención para las mujeres", incluiría los medicamentos y dispositivos aprobados por la ´Food an Drug Administration´ (FDA), para la anticoncepción; "incluyendo aquellos que pueden impedir la implantación o supervivencia del ser humano recién concebido, y por lo tanto, considerados como abortivos por la Iglesia católica", expone el Cardenal.

Al respecto, el Presidente del Comité de Actividades Pro-Vida del a USCCB, dice enfáticamente: "incluir un mandato para la anticoncepción, la esterilización y los medicamentos abortivos en los planes de salud, representa un obvio conflicto potencial con los derechos de conciencia".

En este sentido, continúa el purpurado, el PPACA, "arbitraria e inexplicablemente no protege a las muchas denominaciones religiosas -incluidas las que proporcionan la columna vertebral del sistema de salud sin fines de lucro en el país-, cuya enseñanza moral rechaza procedimientos específicos".

Con Información de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB). Gaudium Press



OEA: PERVERSIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS



La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, motor de la reingeniería social anticristiana: homosexualismo y aborto. Elogios al nuevo texto constitucional de México

Por Juan C. Sanahuja

El 1 de abril pasado, concluyó el 141º período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Pseudo derechos LGTBI

En su comunicado final la Comisión dice: “En este Período de Sesiones, la Comisión adoptó la decisión de dar un énfasis temático especial a los derechos de las personas lesbianas, gays, transgénero, bisexuales e intersexuales (LGTBI)”. Asimismo, la Comisión anuncia que durante los próximos meses se dedicará a estudiar la discriminación contra las personas LGTBI y que “ha aceptado la exhortación hecha por la Asamblea General de la OEA de junio de 2010 para elaborar informes sobre el estado de los derechos de las personas LGTBI en la región”.

Aborto como derecho, incluido en la salud reproductiva y en la salud materna

A continuación se lee en el documento: “En la audiencia sobre los Derechos Reproductivos de las Mujeres, la CIDH recibió información de parte de organizaciones de 12 países de la región acerca de los graves obstáculos que enfrentan las mujeres a través de las Américas en el ejercicio efectivo y pleno de sus derechos reproductivos. Por una parte, se recibió información sobre una interpretación restringida del derecho a la salud, excluyente de los derechos reproductivos en el marco de las políticas públicas de los Estados. Por otra parte, las organizaciones informaron a la CIDH sobre las consecuencias e impacto de leyes restrictivas sobre la interrupción legal del embarazo (…). Al respecto, la CIDH reitera que la salud reproductiva de las mujeres debe ocupar un lugar prioritario en las iniciativas legislativas y los programas de salud nacional y local en las esferas de prevención y protección. Esto conlleva el deber de analizar de forma pormenorizada todas las leyes, normas, prácticas, y políticas públicas que en su texto o en la práctica puedan tener un impacto discriminatorio en las mujeres en su acceso a servicios de salud reproductiva, y prevenir las consecuencias negativas que estas medidas pudieran tener en el ejercicio de sus derechos humanos en general. Los Estados están igualmente obligados a eliminar todas las barreras de derecho y de hecho que impiden a las mujeres su acceso a servicios de salud materna que ellas necesitan, así como la sanción penal por acudir a estos servicios. La CIDH asimismo recuerda a los Estados que el aborto terapéutico es reconocido internacionalmente como un servicio de salud especializado y necesario para las mujeres cuya finalidad es salvar la vida de la madre cuando ésta se encuentra en peligro a consecuencia de un embarazo; servicio cuya negación atenta contra la vida, la integridad física y psicológica de las mujeres”.

Forzar la legalización del aborto

En declaraciones a la prensa funcionarios de la CIDH, afirmaron que el objetivo de la comisión para este año es llegar a legalizar el aborto terapéutico en los países que tienen penalizado todo tipo de aborto: Chile, República Dominicana, Nicaragua y El Salvador. Ofende especialmente a los funcionarios de la CIDH, la Constitución de República Dominicana, vigente desde el 26 de enero de 2010 que reconoce el derecho a la vida desde la concepción y asimila el aborto a la pena de muerte (art. 37).

La Constitución mexicana

Por otro lado, la presidente de la CIDH, Dinah Shelton, manifestó a la prensa que la reforma constitucional de México es un modelo a seguir por otros países en la región, reconociendo que, entre otras cosas, la nueva constitución es más tolerante con los homosexuales.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) es un órgano autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA). La CIDH es una de las dos entidades del sistema interamericano de protección y promoción de los derechos humanos en las Américas. Tiene su sede en Washington, D.C. El otro órgano es la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José, Costa Rica.
La CIDH está integrada por Dinah Shelton (USA), Presidente; José de Jesús Orozco Henríquez (México), Primer Vicepresidente; Rodrigo Escobar Gil (Colombia), Segundo Vicepresidente; las Comisionadas Luz Patricia Mejía (Venezuela) y María Silvia Guillén (El Salvador), y los Comisionados Felipe González (Chile) y Paulo Sérgio Pinheiro (Brasil). El Secretario Ejecutivo es Santiago A. Canton (Argentina).

Fuentes: Comisión Interamericana de Derechos Humanos, anexo al comunicado de prensa 28/11 sobre el 141º periodo ordinario de sesiones, Washington, 01-04-11.

Noticias Globales



martes, 26 de abril de 2011

LA POSIBILIDAD CIERTA DE LA PASCUA

 
Quien se ha encontrado verdaderamente con la persona de Jesús no queda indiferente. Así le pasó a Pablo de Tarso, a Francisco de Asís, a Karol Wojtyla, a la Madre Teresa, a Cacho de la vuelta de la esquina y a Marta, la vecina.
 
Por el Prof. José Roberto Cosio

Pascua es la posibilidad de un encuentro personal con Jesús que habiendo muerto, ha vuelto a la vida. Aquella Pascua de hace dos siglos es la misma que estamos llamados a vivir en medio de la ciudad o el campo, en el trabajo, en cualquier estado de vida, en cualquier momento de la historia personal de cada uno. Es una experiencia posible y que es capaz de dar sentido a la vida y cambiarla para siempre. Es que quien se ha encontrado verdaderamente con la persona de Jesús no queda indiferente. Así le pasó a Pablo de Tarso, a Francisco de Asís, a Karol Wojtyla, a la Madre Teresa, a Cacho de la vuelta de la esquina y a Marta, la vecina.

Pascua no es una realidad del pasado que recordamos con cierta piedad o recogimiento. Es la experiencia de descubrir en nuestra propia vida que Jesús vive y actúa en medio de este mundo, hoy con evidentes signos de maldad. El Papa en la misa del Jueves Santo dijo que “hoy comprobamos de nuevo con dolor que a Satanás se le ha concedido cribar a los discípulos de manera visible delante de todo el mundo”. Es que las realidades que describen las categorías bíblicas son reales y si bien el mal actúa en el mundo, también Jesús resucitado sigue buscando encontrase con los discípulos y misioneros de este tiempo: los que ya lo son, los que serán discípulos y misioneros y los que sin saberlo ya están camino del encuentro.

La realidad de la pascua es la posibilidad cierta para cada uno de una “experiencia de Dios”. Pascua es la confirmación de que es posible encontrar a Jesús mientras vamos de camino por la vida, a la vuelta de la esquina, en una circunstancia de dolor, en algún paseo por la montaña, en otro que cree, en los sacramentos, en una misa, en la muerte de alguien que amas, en alguien que sufre o tiene necesidad, en la alegría de un nacimiento o al compartir la cruz de una enfermedad. Cristo se deja encontrar. Es más, quiere encontrarnos. El problema es que nosotros lo queramos encontrar a El y de que estemos disponibles y no ocupados y absorbidos por los 300 canales de video, por internet, por los chimentos del día, las novelas o la música que tiene nuestra mente alejada del pensar o el corazón atento a cosas y no a personas. No en vano se sostiene que los artistas por medio de la música provocan los cambios culturales en las sociedades. Es lo que siempre pienso cuando veo a tantos jóvenes con sus mp3´s, I-pods, Facebook, Twitter o sus celulares constantemente funcionando, atrapando sus mentes y corazones. ¿Es que estamos atrapados y aislados de Dios con tanto ruido en nuestros días? Y ¡ojo! No estoy diciendo que la tecnología es mala ni satánica. Me gusta la tecnología. Lo que pretendo decir es que la persona humana está hecha para que Dios sea lo primero y más importante. Cuando la llenamos de otra cosa, al final solamente queda el vacío y la frustración existencial.

No es posible la experiencia de Dios que pasa, que se acerca y se hace compañero de camino en el ruido, en el ensimismamiento de uno mismo, en la idolatría de las cosas materiales o en ese “estar volcado hacia afuera permanentemente” tan propio de nuestro tiempo. Dice la Palabra de Dios que El no se encuentra en el trueno, el relámpago o la tempestad, sino en la brisa suave, en la tranquilidad y el silencio, en la calma y en la paz, que nuestro tiempo a veces no nos deja vivir. Dios se hace “encontrable” en la profundidad del espíritu, en el silencio y en la apertura del corazón. ¿Cómo andamos de silencio, de interioridad y espiritualidad en nuestras vidas? ¿Cuánto tiempo dedicamos a la tele, a internet y a las cosas “Interiores”?

Si Cristo no resucitó, si la Pascua de Cristo fue una fábula, un lindo cuento y nada más, Pedro, Pablo, todos los discípulos mártires, los santos de todos los siglos, Juan Pablo II, Benedicto 16, el padre Pablo Domínguez (La Ultima Cima), los que hoy dejan todo para entrar a un convento o que dedican su tiempo rezar, a estudiar su fe o evangelizar, serían dignos de pena o incluso de burla. Los que creemos seríamos ilusos, locos o simplemente tontos. Por suerte siempre la iglesia ha tenido a lo largo de su historia a las mejores mentes, corazones y exponentes humanos. Es que Dios humaniza, plenifica y lleva la vida humana a sus mejores expresiones existenciales posibles.

En medio de tanto ruido que aturde, de tanta propuesta que nos dispersa, nos aliena y nos aparta de la búsqueda del sentido y el valor de la propia vida, Jesús sigue saliendo al encuentro de personas como en Emaús para decir: ¡estoy vivo! En una cultura que proclama que hay que tirar abajo los crucifijos, que niega el valor humano de la vida degradándolo al nivel de una cosa, Jesús nos sigue diciendo que El he dado su vida por todas las personas y por todas las dimensiones de la persona de todos los tiempos.

Feliz Pascua y ojalá que puedas tener la experiencia de Dios que pasa por tu vida dándole sentido porque cada uno ha nacido para algo y tiene algo valioso que brindar. Es mi bendición (bien-decir) para esta Pascua 2011.



lunes, 25 de abril de 2011

MONS. JOSÉ MARÍA ARANCEDO: DOMINGO DE PASCUA



En el Domingo de Pascua la Iglesia celebra la fuente de su existencia y de su vida. Ella nace de la persona y misión Jesucristo. No se trata del recuerdo de un hecho del pasado, sino de la actualización de un acontecimiento histórico que se realizó "una vez para siempre".



Este es el significado de la Pascua, la vida de Cristo es presencia actual para el hombre.

No recordamos a un muerto ilustre que nos dejó una enseñanza, sino que nos encontramos con la presencia viva de Jesucristo. Esta verdad de la fe es la que celebramos de un modo especial en la Misa de cada domingo, donde nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios y participar de la Resurrección de Jesucristo. No se trata, como vemos, de un recuerdo o reunión social, sino de actualizar y participar de la misma vida de Jesucristo. Esta convicción era tan fuerte en los primeros cristianos que decían: "no podemos vivir sin participar en la Misa del Domingo".

El hombre nuevo que nace de este encuentro pascual con Cristo está llamado a ser protagonista de un mundo nuevo. El triunfo de la Pascua no puede quedar encerrado en mi intimidad, sino que debe llegar a toda la creación. San Pablo decía: "Sabemos que la creación entera espera ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios" (cfr. Rom. 8, 19-23). Toda la vida del mundo, tanto en su naturaleza como en el hombre con sus relaciones humanas y sociales, está abierta y a la espera de este encuentro con Cristo que la libere y transforme, para dar a luz, así: "un nuevo cielo y una nuevo tierra" (Ap. 21, 1). La Pascua no es un hecho individual, sino que tiene proyecciones sociales y cósmicas. Esto nos habla de la responsabilidad del cristiano que no puede privatizar la riqueza de su fe, sino que debe vivirla, trasmitirla y comprometerse para que el mundo encuentre la verdad de esta Vida que le pertenece, porque Cristo ha venido a traerla para todos.

Como vemos, celebrar la Pascua es motivo de alegría y gratitud, pero también de compromiso ante el mundo de este obrar de Dios. ¡Qué triste el rostro de una Iglesia o de un cristiano que celebra el Misterio de la Pascua como una rutina litúrgica! Qué distinto es, en cambio, el rostro de una Iglesia y de un cristiano que viven en la liturgia ese "hoy" de Cristo, que desde su resurrección continúa comunicándonos su Vida como Alianza definitiva de Dios con el hombre. Anunciar que Cristo ha resucitado es el centro de nuestra fe y es motivo de esperanza para el hombre y toda la creación. Tan fuerte era para San Pablo esta verdad, que nos dice: "Si Cristo no ha resucitado es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes" (1 Cor. 15, 14).

Celebrar la Pascua es participar de la presencia de Jesucristo como principio de una Vida nueva que es, al mismo tiempo, semilla de un mundo nuevo. Esto es lo propio del tiempo de la Iglesia, predicar y testimoniar la realidad de esta verdad. Al concluir la consagración en la Santa Misa el sacerdote dice: Este es el Misterio o el Sacramento de nuestra fe. Por ello la celebración de la Santa Misa, en la que se actualiza la Pascua de Cristo, es fuente y culmen de la vida cristiana. Reciban de su Obispo junto a mis oraciones y bendición, los mejores deseos para vivir esta Pascua del Señor.

Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz



MIGUEL ESTEBAN HESAYNE: SALUDO PASCUAL 2011




¡Feliz Pascua!, nos saludamos con alegría inmensa. Con razón, porque Pascua es Jesús muerto y resucitado- Toda vez que hacemos comunión con la muerte y resurrección de Jesús, vivimos (celebramos) la Pascua de Jesús, en nuestra historia personal.


Al saludar con un “feliz Pascua” nos auguramos lo mejor que nos puede acontecer: transformar nuestra existencia terrenal en una “pascua” El saludo de Feliz Pascua tiene resonancia de eterna felicidad… Felicidad que vamos logrando en el más acá, si transitamos tras la huellas de Jesús de Nazaret, cuya plenitud gozaremos en el más allá. Por eso, la vida cristiana es búsqueda del Dios de Jesús y nuestra preocupación fundamental ha de ser encontrar a Dios. Y el mismísimo Jesús nos lo ha dicho: Yo soy el camino…quién me encuentra, encuentra a mi Padre (Jn.14.). La vida cristiana entonces es vida pascual… porque Jesús es nuestra Pascua.

¿Vivimos distraídos perdiendo la auténtica felicidad, perdidos en simples espejismos? Volvamos a Jesús y leamos su testamento que deja en vísperas de su Muerte en Cruz. Con la inmensidad de su amor a su Padre-Dios y a la humanidad entera, en la última Cena nos deja lo que hoy llamamos Misa o Eucaristía.

La Misa, no un es rito para cumplir un culto religioso. Es la Pascua de Jesús, es la comunión con su muerte y resurrección de Jesús. Es el acontecimiento pascual de Jesús presente, a través del tiempo del espacio, toda vez que un hombre común…sin importancia alguna, pero ordenado por Jesús a través de su Iglesia (sacerdote católico) celebra la Misa. La Pascua de Jesús se hace Pascua para nosotros hasta que llegue la plenitud de la historia humana en el acontecimiento final de la historia humana: la plenitud del Reino, Jesús resucitado en su triunfo definitivo junto al Padre Dios

Por eso, que el saludo de Feliz Pascua, en clave de Fe Cristiana, es un grito de alegría por el triunfo de Jesús y en El nuestro triunfo. Es una expresión de acción de gracias al amor de Dios que ha cumplido la promesa de que nos ha envía a su propio Hijo, hecho uno de nosotros en las entrañas de una mujer, la joven judía de Nazaret, no para condenarnos sino para salvarnos…Es la aceptación gozosa del proyecto de Dios de devolvernos la felicidad de la existencia humana perdida en Adam y recuperada con creces por la Pascua de Jesús a nuestro alcance personal y comunitario en cada Misa.

Por lo mismo, el saludo Pascual es una aclamación de opción de vida en seguimiento a Jesús para vivir sus enseñanzas a nivel personal, familia, social y político. Esta opción por Jesús y su Evangelio es nuestra Fe Cristiana que se hace historia humana cada vez que participamos de la Misa para morir al egoísmo de la injusticia y la violencia transformándonos en ciudadanos de un reino de solidaridad fraterna, miembros de la familia de Dios. No es sueño ni una ilusión religiosa. Es la posibilidad real de un mundo nuevo por el poder de la Pascua de Jesús que se nos ofrece en cada Misa y lo vamos haciendo realidad por el compromiso bautismal personal.

Los católicos sabemos, a la luz de la Fe Pascual, que la recreación de la sociedad argentina pasa por el compromiso de los bautizados coherentes con su Fe Pascual. Por eso, en la Vigilia Pascual renovamos nuestros compromisos bautismales y en cada Misa celebrada y participada con la intención pascual de Jesús, está a nuestro alcance el mismo poder de Dios re-creador del Hombre Nuevo. Vayamos a Misa no para cumplir con una ceremonia religiosa sino para transformarnos en discípulos de Jesús y testigos constructores de un mundo nuevo en una convivencia justa en fraterna solidaridad.

Con el saludo pascual, asumamos la responsabilidad de constructores de la Nueva Civilización del Amor, con sello de auténtica argentinidad. Pensar a nivel nacional y obrar en la dimensión personal que nos sea posible, con el pensamiento de Jesucristo (1).

( ) Recomiendo tener en cuenta que Jesús reúne discípulos para transformarlos en testigos de su Evangelio Cfr. Hechos de los Apóstoles Cap. 1. y el Documento Aparecida.



HOMILÍA DEL ARZOBISPO JORGE BERGOGLIO EN LA VIGILIA PASCUAL







¿Dónde está nuestro corazón: en la certeza que nos ofrecen las cosas muertas, sin futuro, o en esa alegría en esperanza de quien es portador de una noticia de vida?



Amanecía el domingo cuando estas mujeres que amaban tanto a Jesús fueron a visitar el sepulcro. Ese sepulcro frente al cual habían estado sentadas (cfr. Mt. 27: 61) el viernes anterior y contemplaron la sepultura del Señor; ese sepulcro del cual se alejaron porque comenzaba el descanso sabático prescripto por la Ley (cfr. Ju. 19: 42). Ese sepulcro clausurado por aquella piedra que José de Arimatea hizo rodar y a la cual la inquietud de una mala conciencia mandó asegurar y sellar (Mt. 27:66). Esa piedra clausuraba definitivamente las expectativas de salvación que habían creado la vida y la predicación de Jesús. Esa piedra, asegurada, sellada y custodiada por los guardias constituía un “mentís” a tantas promesas. Esa piedra proclamaba un fracaso contundente y esas debilitadas mujeres caminaban, tristes hacia ese monumento al fracaso.

Y luego Dios dice ¡Basta!, viene el terremoto y el Ángel del Señor con la fuerza relampagueante de una verdad nueva hace rodar la piedra en sentido inverso; se abre ese sepulcro ya vacío. Y le dice el Ángel a las mujeres: “no está aquí porque ha resucitado como lo había dicho”… entonces ellas recordaron, recordaron aquella chispita de esperanza a la que no le habían dado lugar en el corazón. De aquí en más, los seguidores de Jesús sabemos que más allá de un sepulcro siempre hay esperanza. Lo que no pudo la piedra de nuestra autosuficiencia lo sembró el poder de Dios en la carne escarnecida y renovada de su Hijo Jesús. Habían querido “asegurar” la muerte y –sin saberlo ni creerlo- aseguraron la vida a toda la humanidad.

Se dan distintos sentimientos ante esta piedra removida hacia atrás. Los guardias tiemblan de espanto y quedan “paralizados, como muertos”. Las mujeres están aterrorizadas pero el anuncio del Ángel las llena de alegría y “se alejan rápidamente del sepulcro”. A los guardias los paraliza su adhesión a la muerte; a ellas el anuncio de vida le colma la esperanza y les regala la alegría, esa alegría que las impele a salir corriendo para dar la noticia. La muerte paraliza, la vida impulsa a comunicarla.

Ellas son portadoras de una noticia: Jesús no había mentido, estaba vivo y lo habían visto. Los guardias, petrificados en su estrechez existencial, solo atinan andar el camino hacia la protección fugaz y coyuntural de la coima. Así continúa el texto bíblico: “Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: Digan así: sus discípulos vinieron durante la noche y robaron el cuerpo mientras dormíamos. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a Ustedes cualquier contratiempo. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna (Mt: 28: 11-15).

Contemplando los sentimientos opuestos que tenían las mujeres y los guardias, nos cabe la pregunta sobre nosotros, que estamos hoy aquí celebrando la Vida nueva, la que Jesús Resucitado nos ofrece y regala. ¿Qué nos atrae más: la seguridad clausurada del sepulcro o esa alegre inseguridad del anuncio? ¿Dónde está nuestro corazón: en la certeza que nos ofrecen las cosas muertas, sin futuro, o en esa alegría en esperanza de quien es portador de una noticia de vida? ¿Corremos en pos de la Vida con la promesa de hallarla en esa Galilea del encuentro o preferimos la coima existencial que nos asegura cualquier piedra que clausura y anula nuestro corazón? ¿Prefiero la tristeza o un simple contento paralizante, o me animo a transitar la alegría, ese camino de alegría que nace del convencimiento de que mi Redentor vive?

Moisés, antes de morir, reunió al pueblo y les dijo: “Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad (o) la muerte y la desdicha” (Deut. 30:15). Hoy también, en esta celebración litúrgica junto a Jesús Resucitado realmente presente en el altar, la Iglesia nos propone algo similar: o creemos en la contundencia del sepulcro clausurado por la piedra, la adoptamos como forma de vida y alimentamos nuestro corazón con la tristeza, o nos animamos a recibir el anuncio del Ángel: “No está aquí, ha resucitado” y asumimos la alegría, esa “dulce y confortadora alegría de evangelizar” que nos abre el camino a proclamar que Él está vivo y nos espera, en todo momento, en la Galilea del encuentro con cada uno.
Que el Espíritu Santo nos enseñe y ayude a elegir bien.

Buenos Aires, 23 de abril de 2011

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.



MONSEÑOR AGUER: EL TRIPLE SIGNIFICADO DE LA PASCUA




Con paciencia, con esfuerzo, con dolor –porque el misterio de la Cruz es insoslayable- podemos contribuir a una transformación de las cosas. Nos anima esta esperanza. Y esta esperanza es la que hoy nosotros compartimos cuando nos decimos, como yo les digo a ustedes, felices pascuas.


Texto completo de la alocución de Mons. Héctor Aguer:

Queridos amigos estamos celebrando una nueva Pascua y cuando, en un día como hoy, nos decimos o nos deseamos “felices pascuas” es importante que tengamos bien claro qué es lo que expresamos con ese saludo y cuál es el sentido profundo de nuestra celebración.

En realidad, lo que celebramos es el misterio de la Resurrección del Señor. Pero ese misterio no solamente considerado como un hecho real, histórico, que ha sido la clave de la historia humana sino también como algo que atañe concretamente a nuestra vida.

Por eso, cuando decimos “felices pascuas” o “Cristo ha resucitado”, que es lo mismo, estamos, en realidad, anunciando, proclamando, tres verdades de nuestra fe.

En primer lugar una verdad que atañe a Jesucristo mismo. El hecho de que, a través de la muerte, el Señor, en su santísima humanidad, entra en la gloria del Padre. La Resurrección de Cristo no es el retorno de Cristo a la vida que llevaba antes como, por ejemplo, en el caso de la resurrección de Lázaro o del hijo de la viuda de Naín, o de la hijita de Jairo, sino que Cristo entra en la dimensión definitiva, en el seno de la Trinidad. El hombre Jesucristo, la humanidad de Jesucristo, queda penetrada de la gloria de Dios y en Él se anticipa el fin de los tiempos. Él es la eternidad, Él es cielo, fuente de Vida eterna para todos los que creen en él.

Entonces estamos afirmando algo maravilloso, un acontecimiento único en la historia de la humanidad pero que es el principio de una edad sin fin a la cual los hombres estamos llamados a participar. Con la resurrección del Señor han comenzado “los últimos tiempos.

La segunda dimensión de esta afirmación “felices pascuas; Cristo ha resucitado” es nuestra propia transformación espiritual.

Ya la primera generación cristiana advirtió esto: que la Muerte y la Resurrección de Jesucristo son nuestra salvación, nuestra justificación. Que Cristo Resucitado nos comunica el Espíritu que nos da la vida de Dios.

Al decir que Cristo ha resucitado estamos diciendo que nosotros hemos resucitado con Él, hemos resucitado espiritualmente con Él. La vida cristiana, la vida en la gracia de Dios, es precisamente eso: es el efecto y la presencia en nosotros de la vida nueva de Cristo Resucitado, con su Espíritu.

Esto aparece claramente en los escritos del Nuevo Testamento y la liturgia y la tradición de la Iglesia lo expresan de un modo cabal al establecer que en la Vigilia Pascual, en la Noche de Pascua, encuentran su lugar más propio los sacramentos de la Iniciación Cristiana. En la Vigilia Pascual los catecúmenos reciben el bautismo, la confirmación y la eucaristía, y nosotros bautizados ya, renovamos nuestro compromiso bautismal para que esa vida que Cristo nos ha dado se manifieste concretamente en nuestras obras.

Pero hay una tercera dimensión de esta verdad de fe “felices pascuas; Cristo ha resucitado” que tiene que ver con el futuro de la humanidad y del cosmos; es el principio de la resurrección de los muertos, que será la transformación de nuestros cuerpos mortales y también la transformación del universo entero.

Esto es lo que se llama la dimensión escatológica de la Resurrección de Cristo. En el Credo afirmamos nuestra fe en que Jesús volverá al fin de los tiempos para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin. Creemos en un cielo nuevo y una tierra nueva, que no son obra del hombre sino obra de Dios. Este fin de los fines ha comenzado ya en el Señor Resucitado.

La Pascua, entonces, es una fiesta de alegría y de esperanza; pero no hay que creer que esa alegría y esa esperanza tiene que tener un efecto automático, casi mágico, en la vida de todos los días.

Por ejemplo: si nosotros, argentinos, que tenemos tantas razones para vivir atribulados, pensamos que por celebrar la Pascua todo va a cambiar, va a mejorar, y que el día de mañana estaremos todos más contentos y felices y las cosas se van a ir acomodando solas, seguramente nos estaríamos engañando.

Las cosas se pueden ir mejorando, ciertamente, y los cristianos tenemos esa esperanza, en la medida en que nosotros vivamos en plenitud esa vida nueva que nos trasmite Cristo Resucitado. En la medida en que la fe se proyecte con coherencia en la conducta.

Por eso sí, efectivamente, el cristianismo es una fuente de continua esperanza en la renovación del mundo, pero esa renovación del mundo pasa por nosotros, pasa nuestra fe, por la profundidad y el vigor de nuestra fe, pasa por la coherencia entre nuestra fe y la vida y pasa por nuestro compromiso público y social de dar pleno testimonio de la verdad cristiana.

Entonces sí, con paciencia, con esfuerzo, con dolor –porque el misterio de la Cruz es insoslayable- podemos contribuir a una transformación de las cosas. Nos anima esta esperanza. Y esta esperanza es la que hoy nosotros compartimos cuando nos decimos, como yo les digo a ustedes, felices pascuas.





MENSAJE PASCUAL 2011 DE MONS. OSCAR SARLINGA





Mensaje transmitido en el Hogar de la Paz y la Alegría, de las Misioneras de la Caridad (de las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta) en Zárate, el Domingo de Pascua 2011.




Queridos hermanos y hermanas, en especial queridas hermanas Misioneras de la Caridad:


Luego de haber bendecido en las celebraciones de ayer, en la Vigilia, el “Fuego nuevo”, el agua lustral, y de haber esperado gozosamente este día glorioso del Domingo de Resurrección con nuestros ojos puestos en el Rostro de Cristo, les expreso de corazón a todos ustedes el augurio pascual, con palabras de San Agustín: “Resurrectio Domini, spes nostra – la resurrección del Señor es nuestra esperanza” (1), y lo es porque el mismo Señor constituye nuestro “centro”, nuestra “finalidad”, nuestra alegría y plenitud:“(…) el Verbo de Dios, por medio del cual todo ha sido creado, se hizo Él mismo carne, hombre perfecto, para obrar la salvación de todos (…). El Señor es la finalidad de la historia humana, «el punto central de los deseos de la historia y de la civilización», el centro del género humano, la alegría de cada corazón, la plenitud de sus aspiraciones” (2).

Por difíciles que sean las situaciones que en nuestra vida la Providencia quiera o permita que vivamos, ¡nunca desesperemos!, Jesucristo ha resucitado, en la historia de los hombres, pero trascendiendo infinitamente la historia, para darnos luminosa esperanza, la que no defrauda (3), pues, como nos lo ha dicho hoy el Santo Padre Benedicto XVI en su Mensaje Urbi et Orbi, la resurrección de Cristo “(…) es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio (4).

La luz que deslumbró a los guardias atravesó el tiempo y el espacio. Muchos nos han precedido en este gozoso anuncio, que fue dado por primera vez a las mujeres que buscaban al Crucificado, a las que el Ángel indicó que Él, Resucitado de entre los muertos, “se adelantaría, los precedería en Galilea”(Cf Mt 28,5), porque Jesús siempre nos precede, y nos transmite lo que escuchó del Padre y nos ha dado a conocer a través de la Iglesia, de su enseñanza, de su amor, en plena fidelidad y con la permanente “novedad” del cristianismo, de modo que, como afirmara Juan Pablo II: “(…) en la historia de la Iglesia, « lo viejo » y «lo nuevo» están siempre profundamente relacionados entre sí. Lo « nuevo » brota de lo « viejo » y lo « viejo » encuentra en lo «nuevo» una expresión más plena”. Lo que tenía en vista el Papa era “(…) la preparación de la nueva primavera de vida Cristiana” que debería manifestar el Gran Jubileo, “ (…) si los cristianos son dóciles a la acción del Espíritu Santo” (5).

Pongamos atención a esto, “la docilidad a la acción del Espíritu Santo” es condición fundamental; razón por la cual, para obtener docilidad hemos de mirar a Cristo resucitado, a su Rostro, y no a cualquier otro rostro, pues, como también lo anunciara el mismo Juan Pablo II en Tertio Millenio adveniente, “(…) la Iglesia mira ahora a Cristo resucitado (…) En el rostro de Cristo ella, su Esposa, contempla su tesoro y su alegría. La Iglesia, animada por esta experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo, al inicio del tercer milenio: Él « es el mismo ayer, hoy y siempre » (Hb 13,8) (6).

Queridos hermanos, mantengamos viviente el don de la fe, la cual es, por un lado un don, un regalo divino, y por otro lado constituye, de nuestra parte, una respuesta, pues “(…) a Dios que nos da la revelación, le debemos la obediencia de la fe, la plena adhesión de la inteligencia y de la voluntad…” nos dice el Concilio Vaticano II (7). A la vez, transmitir la fe en el Resucitado es tarea, misión, de la Iglesia, en una “nueva evangelización”, con el realismo de la esperanza, con la conciencia de la existencia de mucho sufrimiento en el mundo, de la realidad de la miseria de muchos hermanos, de la persecución por causa la fe en Cristo en tantos países, y de tantas cosas más. Esto dicho, también con Juan Pablo II, quien confiaba en que al acercarse el tercer milenio, Dios estaba –misteriosamente- preparando una gran primavera cristiana (8), queremos hoy reafirmar nuestra esperanza en que nuestro Buen Pastor Resucitado nos guiará siempre, en todas las circunstancias históricas, teniéndonos fuerte de la mano, si somos dóciles al Espíritu. La próxima beatificación de S.S. Juan Pablo II, el Domingo de la Divina Misericordia (ocasión en que adheriremos en nuestra diócesis con distintos actos y celebraciones) será ya, también en el Misterio de Dios, un signo de primavera, entre tantos otros que vivimos y que quizá no siempre discernimos vívidamente.

El Bautismo hace de todos nosotros un pueblo Santo, nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia, la cual nos llama en este tiempo a la nueva evangelización y a la construcción de un «nuevo humanismo cristiano, integral y solidario», un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia, trascendente y no “naturalista” o meramente intrahistórico, humanismo que no es otra cosa que la realización de «la civilización del amor» a la que nos han llamado Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ojalá que en esta Pascua, y en la cercanía del acontecimiento que será el primer Congreso Nacional de Doctrina social de la Iglesia, lo asumamos, porque “(…) la Iglesia (…) tiene la intención de proponer a todos los hombres «un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia, un humanismo integral y solidario». Tal humanismo puede ser realizado si cada uno de los hombres y mujeres (…) sean en verdad seres humanos nuevos y artífices de una nueva humanidad, con la necesaria ayuda de la gracia divina” . La primacía de la Gracia será nuestra luz. La Santísima Virgen María nos guíe y acompañe en esta misión.

1) San Agustín, Sermo 261, 1.
2) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 45.
3) Cf San Agustín, Sermo 261, 1.
4) Benedicto XVI, Mensaje Urbi et Orbi de Su Santidad en la Pascua 2011.
5) Juan Pablo II, Carta apostólica Tertio Millenio adveniente, al Episcopado, al Clero y a los Fieles como preparación del Jubileo del Año 2000, III: La preparación del Gran Jubileo, Ciudad del Vaticano, 10 de noviembre del año 1994.
6) Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millenio ineunte, al concluir el Gran Jubileo del Año 2000, “Rostro del Resucitado”, n. 28.
7) Cf Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 5.
8) Cf Juan Pablo II, Enc. Redemptoris missio, n. 86.


domingo, 24 de abril de 2011

EL ENTUSIASMO DE LA FE Y EL ALTAR DEL DIOS DESCONOCIDO



Es necesario que volvamos a ser capaces de proponer un nuevo renacimiento, de crear una ilusión que tiene dos dimensiones: la del anuncio permanente de la Buena Nueva, la del convencimiento de que Dios te ama y te ha preparado una vida llena de felicidad…

En un reciente artículo en El País (sábado 16 de abril), Rafael Argullol, que es uno de los escasos intelectuales españoles fieles al pensamiento ilustrado y coherente con el mismo, ha hecho un exacto y brillante diagnóstico de nuestra sociedad. En él explica que caminamos hacia una humanidad sin ilusiones, donde los templos laicos pretendidos sucesores de la Iglesia están perfectamente deshabitados. En el horizonte ninguna fuerza es capaz de crear ilusión y lo único que mueve, lo único que es capaz de producirla, resulta la codicia. 

En este planteamiento, Argullol dedica una atenta mirada hacia el papel de San Pablo. En términos elogiosos de cómo consiguió que el cristianismo se desarrollara. Recuerda de él que fue un gran viajero y que llegó a recorrer 30.000 kilómetros, lo cual dado los medios de su tiempo significa que prácticamente estuvo siempre en camino. Argullol lo precisa, viajó solo o con algún discípulo a un promedio de 30 kilómetros por día. Dice de él que era un hombre de convicciones firmes, pero no un gran orador. Su fuerza de convicción hacia los demás surgía de su actitud y de su fe, que le dotaban de una enorme capacidad de persuasión. En realidad, San Pablo era un entusiasta de la buena nueva que transmitía. Este es un primer punto de reflexión. Si puede existir transmisión de la fe sin entusiasmo, sin capacidad de coger de la mano al otro y acercarlo a la contemplación del Gran Misterio, de crear estupor ante lo que se está presentando.

Argullol termina su artículo considerando que es posible “que ahora mismo a pesar de nuestra ignorancia se esté incubando el nuevo aspirante a ocupar el altar del dios desconocido, y que de la naturaleza de ese dios dependa que nos encaminemos a una edad oscura o rumbo hacia un renacimiento”. He aquí un gran punto de confluencia entre los cristianos y aquellos que sin serlo comparten el diagnostico sobre la realidad de nuestro tiempo y la necesidad de una nueva respuesta. San Pablo la aportó cuando dijo que él era y hablaba en nombre del dios desconocido al que los atenienses rendían culto.

La alternativa es clara. El cristianismo ha sido la fuente de todos los renacimientos europeos desde el inicio de los tiempos en que estos fenómenos se produjeron a partir del siglo IX. No se trata sólo de aquel que en mayor medida conocemos sino los que a lo largo de la Edad Media se fueron desplegando desde Inglaterra hasta la Lotaringia. Quizá el ultimo renacimiento europeo fue aquel que después de la Segunda Guerra Mundial dio lugar a lo que fue primero el mercado común, después la Comunidad Europea y ahora la Unión.

Es necesario que volvamos a ser capaces de proponer un nuevo renacimiento, de crear una ilusión que tiene dos dimensiones: la del anuncio permanente de la Buena Nueva, la del convencimiento de que Dios te ama y te ha preparado una vida llena de felicidad que debe de realizarse necesariamente a través de tu participación; y también en el plano estrictamente temporal la construcción de una sociedad mucho más humana, cuya tarea podemos compartir con hombres y mujeres de otras muchas creencias.

Editorial ForumLibertas



sábado, 23 de abril de 2011

DESPUÉS DE CUARESMA ¿TENEMOS DERECHO A QUEJARNOS?

 
Hay unas estadísticas que, con la reserva que éstas suponen, nos pueden ayudar a valorar los grandes bienes que tenemos, pues muchas veces solemos fijarnos en nuestras carencias…
  
Por el Pbro. José Martínez Colín
  
1) Para saber

Si tienes una comida en el refrigerador, ropa para cubrirte, un techo que te proteja y una cama donde dormir, eres más rico que el 75% de la humanidad.
Si tienes dinero en el banco y en la billetera y aún te sobran unas monedas, estás entre el 8% más rico en el mundo.
Si te despertaste ésta mañana con más salud que enfermedad, eres más afortunado que el millón de personas que sobrevivirá ésta semana.
Si nunca has experimentado el peligro de la guerra, la soledad de la prisión, la agonía de la tortura o los dolores del hambre, estás mejor que 500 millones de seres humanos.
Si en los últimos días pudiste ir a la iglesia sin miedo de ser hostigado, arrestado, torturado o asesinado, eres más afortunado que mil millones de habitantes de la tierra.
Si tus padres viven y aún están casados, eres un ser raro en el mundo.
Si puedes levantar la cabeza y sonreír, eres bendito porque la mayoría, aunque podría, no lo hace.
Si puedes leer este mensaje deberías ser feliz, pues no eres uno de los 2 mil millones de personas que no saben leer.

2) Para pensar

Pensando un poco, nos daremos cuenta de lo afortunados que somos y ser agradecidos. Si sólo observando los bienes naturales deberíamos llenarnos de agradecimiento, cuanto más si pasamos a un plano sobrenatural.
Después de Cuaresma, hemos de meditar sobre la obra de la salvación realizada por el Señor en la Cruz a favor nuestro, y ser cada vez más conscientes del gran bien que hemos recibido. Por la Redención, Cristo renueva nuestra vida y nos introduce en la intimidad de Dios experimentando su amor por nosotros. Contemplando a Cristo, nos damos cuenta de que todo ha sido por amorosa iniciativa divina. Cabría preguntarse, ¿quién ha podido merecer un privilegio semejante? Nadie es merecedor de tal don. Lo hemos recibido gratis.

3) Para vivir

El Papa Juan Pablo II, hace años, recordaba las palabras de Jesús: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mt 10, 8). Y nos invitaba a que así como hemos recibido gratis tan gran don, procuremos, por nuestra parte, dar gratis a los demás los bienes recibidos. El contemplar el gran amor de Jesús por nosotros desde la Cruz, nos ha de empujar a darnos también por los demás.
Y el primer don que hemos de dar es el de una vida santa, que dé testimonio del amor gratuito de Dios. Pero, para que nuestro amor a Dios y a los demás sea gratis, ha de ser desinteresado. Muchas veces, al prestar un favor o ayudar a alguien, se nos puede meter el egoísmo y esperar que nos regresen el favor o que, por lo menos, se nos reconozca el bien que hicimos. Pero hemos de aprender a dar absolutamente gratis. Y ese amor de Dios, hemos de saber compartirlo, hemos de saber darlo. Ojalá estos días de pascua, con la ayuda de Dios, aprendamos, de Él, a dar y a darnos de una manera gratis.


¿POR QUÉ "ADORAR" LA CRUZ?

Reflexiones del Pbro. Lic. José Antonio Marcone, VE para profundizar nuestros gestos religiosos.

Un amigo me hizo las siguientes preguntas: “Dado que la adoración es un acto específico que la creatura dirige sólo a la divinidad, ¿porqué entre los ritos del Viernes Santo está el de la adoración de la Cruz? ¿No se configura como un acto de idolatría? Entonces, ¿porqué usar esta terminología, que aparece como blasfema, contra el clarísimo primer mandamiento de la Biblia? ¿Porqué usar esta terminología que podría desviar a aquella parte del pueblo de Dios que no tiene instrumentos culturales suficientes para comprender que no se trata, en definitiva, de un culto dirigido a un objeto de madera? ¿Cómo nació este uso en la Iglesia Católica? ¿A qué época se remonta? Cada vez que participo en la celebración del Viernes Santo siempre afloran de nuevo estas preguntas. Mentalmente las resuelvo siempre diciéndome que se trata de un acto de veneración”. Para responder estos interrogantes he escrito este pequeño artículo.

1. ¿Qué entendemos por 'adoración'?

Quiero, ante todo, aclarar la terminología. La palabra adoración es genérica. Deriva del latín ad-orare, cuyo primer sentido es elevar una súplica. Después significa tener veneración por alguien, y de aquí, adorar. Ahora bien, como sucede con toda cosa genérica, requiere la especificación. Cuando la veneración se dirige a Aquel que tiene la excelencia absoluta, es decir, a Dios esta adoración se llama adoración de latría.

Por otro lado, Dios comunica su excelencia a algunas creaturas, aunque no según igualdad con Él, sino según cierta participación. Por eso veneramos a Dios con una veneración particular que llamamos latría, y a ciertas excelentes creaturas con otra veneración que llamamos dulía. Pero es necesario estar muy atentos, porque el honor y la reverencia son debidos solamente a la creatura racional. Por lo tanto, la dulía corresponde solamente a la creatura racional.

En consecuencia, en sentido estricto, tenemos una adoración de latría que es sólo para Dios y una adoración de dulía, para las creaturas. Vemos entonces que el sentido vulgar de la palabra adoración (que coincide con el último sentido de la palabra latina) se identifica con aquello que hemos llamado, con Santo Tomás de Aquino, ´adoración de latría´.

2. ¿Debemos adorar la cruz de Jesús con adoración de latría?

Santo Tomás se hace esta misma pregunta [1]. Nos referimos a la misma cruz de Jesús, aquella en la cual fue clavado. Esta es la respuesta: la adoración de latría solamente debe ser dirigida a Dios. La dulía (proviene de la palabra griega doûlos que significa siervo) debe ser dirigida solamente a las creaturas racionales. Pero a las creaturas materiales (´insensibles´, dice Santo Tomás) podemos presentarle honor y obsequio en razón de la naturaleza racional. Esto podemos hacerlo de dos modos: el primer modo es en cuanto la creatura insensible representa a la naturaleza racional; el segundo es en cuanto la creatura insensible está unida a la naturaleza racional.

“De ambos modos debe ser venerada por nosotros la cruz de Jesús -dice Santo Tomás. Del primer modo, en cuanto representa para nosotros la figura de Cristo extendido sobre la cruz. Del segundo modo, a causa del contacto que tuvo la cruz con los miembros de Cristo y porque fue bañada con su sangre. Por lo tanto -continúa diciendo Santo Tomás- de ambos modos la cruz es adorada con la misma adoración que recibe Cristo, es decir, adoración de latría”.

Debemos estar atentos a aquello que dice Santo Tomás. No damos a la cruz (objeto de madera) el culto de latría en cuanto objeto de madera sino en cuanto representa a Cristo y en cuanto estuvo en contacto con su cuerpo y con su sangre, es decir, en razón de Cristo. Esto quiere decir que la adoración de latría va dirigida a Cristo y no a un pedazo de madera. Dice el P. Fuentes respecto a esto: “Evidentemente el concepto clave es aquí la distinción, dentro de la adoración de latría (...), entre latría absoluta y latría relativa: latría absoluta es la que se da a una cosa en sí misma (por ejemplo, a Dios, a Jesucristo, etc.); latría relativa es la que se da a una cosa no por sí misma sino en orden a lo que es representado por ella (las imágenes). Por tanto, si bien la cruz no es adorada con culto de latría absoluta, sí lo es con el de latría relativa”[2].

Ahora bien, ¿qué sucede con las cruces que nosotros tenemos ahora? Estas cruces son imitaciones de la ´vera cruz´ de Jesús, cruces hechas de piedra, de madera o metal. La respuesta a esta pregunta pienso que aclarará un poco más nuestro tema.

3. ¿Debemos adorar las imágenes de Cristo con adoración de latría?

Partimos del punto que estas cruces de las cuales hablamos no son otra cosa que imágenes de Jesús, es decir, tratan de representar pictóricamente al Dios encarnado, al Verbo hecho hombre. Exponemos la doctrina de Santo Tomás respecto a la actitud que nosotros debemos tener hacia las imágenes pictóricas de Cristo.

Podemos considerar las imágenes en general en dos sentidos. Primero, en cuanto es una cierta cosa, hecha con un material determinado. Segundo, en cuanto es imagen de una realidad, la cual se configura como ejemplar o modelo de dicha imagen. En el primer sentido, esto es, en cuanto es una cosa cualquiera, a las imágenes de Cristo (y también a las cruces hechas actualmente; por ejemplo, de madera esculpida o pintada), no se les debe dar ninguna reverencia, porque solamente debemos dar reverencia a la creatura racional. Por lo tanto, a las imágenes de Cristo (y también a las de los santos), tomadas en este primer sentido, no debe brindárseles ni adoración de latría, ni dulía, ni siquiera veneración.

En el segundo sentido la cosa es diferente. Porque cuando yo me dirijo a una imagen en cuanto representa otra realidad y me la recuerda, no me estoy dirigiendo a la imagen misma sino a la realidad que representa. Es en este sentido que nosotros presentamos honor y obsequio a las imágenes de Cristo (y a las cruces). Por eso, en este sentido, damos a las imágenes de Cristo la misma reverencia y veneración que damos a la persona de Cristo. Y dado que a Cristo lo adoramos con adoración de latría, en consecuencia a su imagen debemos adorarla también con adoración de latría. Para ser más exactos digamos que también a las imágenes de Cristo las adoramos con latría relativa. Esto lo dice San Juan Damasceno bellamente: “Imaginis honor ad prototypum pervenit”, esto es, “el honor dado a una imagen se dirige y llega hasta el prototipo”.

Resumiendo: adoramos las imágenes de Cristo y las cruces en cuanto son símbolos de una realidad ulterior y divina. Por eso dice el Libro Ceremonial de los Obispos: “Entre las imágenes sagradas, la figura de la cruz ´preciosa y vivificante´ ocupa el primer lugar, porque es el símbolo de todo el misterio pascual. Ninguna imagen más estimada ni más antigua para el pueblo cristiano. Por la Santa Cruz se representa la pasión de Cristo y su triunfo sobre la muerte, y al mismo tiempo anuncia la segunda y gloriosa venida, según la enseñanza de los Santos Padres” (n. 1011).

4. Respuesta puntual a las preguntas

Podemos ahora responder puntualmente a las preguntas puestas al principio de este pequeño artículo.

1) “Dado que la adoración es un acto específico que la creatura dirige sólo a la divinidad, ¿porqué entre los ritos del Viernes Santo está el de la adoración de la Cruz?” Porque la Iglesia quiere que, a través de la cruz, que representa a Cristo y estuvo en contacto con Él, adoremos al que es hombre y Dios. Ella es el “símbolo por antonomasia de la pasión de Jesucristo” y “representa al mismo Jesucristo en el acto de su inmolación. Por eso debe ser adorada con una acto de adoración de ´latría relativa´ en cuanto imagen de Cristo y por razón del contacto que con Él tuvo”[3].


2) “¿No se configura como un acto de idolatría?” No, porque el culto de latría no va dirigido al pedazo de madera sino a Cristo.

3) “Entonces, ¿porqué usar esta terminología, que aparece como blasfema, contra el clarísimo primer mandamiento de la Biblia?” Esta terminología, teológicamente hablando, es correctísima. Se puede decir con toda propiedad ´adoración de la cruz´ porque se puede dar culto de latría relativa a un objeto insensible en razón de Cristo, que es Dios.

Respecto al problema bíblico es verdad que el primer mandamiento dice: “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto” (Éx.20,4-5). Pero en realidad “ese precepto no prohíbe hacer alguna escultura o imagen, sino que prohíbe hacerlas para ser adoradas. Por eso se agrega inmediatamente: ´No te postrarás ante ellas ni les darás culto´ (Éx.20,5). Y dado que el movimiento de adoración que se dirige a la imagen es el mismo que va dirigido y termina en la cosa, al prohibir la adoración de las imágenes lo que se prohíbe es la adoración de la cosa, semejanza de la cual es la imagen. Por lo tanto debe entenderse que ese precepto prohíbe la fabricación y la adoración de las imágenes que los gentiles hacían para adorar a sus dioses, es decir, a los demonios. Por eso, en el mismo paso de la Escritura, antes se dice: ´No habrá para ti otros dioses delante de mi´ (Éx.20,3)”[4]. Esto que acabamos de decir queda confirmado por el mismo Yahveh cuando manda a Moisés hacer la escultura de dos ángeles para que adornen el arca de la Alianza: “Harás dos querubines de oro macizo; los pondrás en los dos extremos del propiciatorio” (Éx.25,18). Si la prohibición fuese de hacer imágenes en absoluto, el primero en quebrantar dicha prohibición hubiese sido el mismo Dios. El mismo Dios, según vemos en este texto, manda hacer dos esculturas para ser veneradas.

Además hay que tener en cuenta que en el Antiguo Testamento esta prohibición de hacer y adorar imágenes adquiría un sentido especial porque el verdadero Dios se había revelado como un ser espiritual e incorpóreo y, por lo tanto, no era posible hacer alguna imagen corporal que expresara adecuadamente a ese Dios incorpóreo. “Pero dado que en el Nuevo Testamento Dios se hizo hombre, puede ser adorado en su imagen corporal”[5]. Por lo tanto, vemos que ni en el acto de adoración de la cruz ni en la terminología usada para expresarlo hay algo que se oponga a la revelación del Antiguo o del Nuevo Testamento. Al contrario, el Nuevo Testamento, al revelarnos la encarnación de Dios, nos autoriza a adorarlo en su imagen corporal.

4) “¿Porqué usar esta terminología que podría desviar a aquella parte del pueblo de Dios que no tiene instrumentos culturales suficientes para comprender que no se trata, en definitiva, de un culto dirigido a un objeto de madera?” El problema no es la terminología que, como dijimos, es correcta. Tanto la terminología como el tema en sí mismo podría explicarse de tal manera que todos lo entiendan, aún aquellos que tienen menos ´instrumentos culturales´. Hay muchos misterios en nuestra religión que no son fáciles de entender en el primer intento. Necesitan una explicación llena de ciencia y caridad, es decir, con la capacidad de adaptarse a las condiciones del oyente. Esa es la tarea de los pastores. Precisamente, uno de los problemas más graves de nuestro tiempo, como ya lo hacía notar el Papa Pablo VI[6], es el dramático alejamiento y posterior ruptura entre Evangelio y cultura. Por eso hace falta afrontar una evangelización profunda, que llegue hasta los fundamentos culturales de las distintas sociedades.

5) “¿Cómo nació este uso en la Iglesia Católica? ¿A qué época se remonta?” Pienso, junto con Santo Tomás, que este uso nació de los mismos apóstoles. Lo que Santo Tomás dice respecto a las imágenes de Cristo se puede aplicar, y con mayor razón, a la cruz misma de Cristo. Dice este santo: “Los Apóstoles, por el familiar instinto del Espíritu Santo, transmitieron ciertas cosas a las iglesias para que sean conservadas que no dejaron en sus escritos, sino que las han entregado a la sucesión de los fieles para que sean ordenadas como precepto de la Iglesia. Por eso dice San Pablo: ´Manteneos firmes y conservad las tradiciones en las cuales fuisteis instruidos, sea por medio de nuestra viva voz (es decir, oralmente), sea por medio de nuestra carta (es decir, transmitido por escrito)´ (2Tes.2,15). Y entre estas tradiciones recibidas oralmente está la de la adoración de la imagen de Cristo. De hecho se dice que San Lucas evangelista (que fue compañero de los apóstoles) pintó una imagen de Cristo, que se encuentra en Roma”[7].

Sin duda que ya las primeras comunidades cristianas adoraban la cruz, como es testigo aquel antiquísimo cántico que se dirige a la cruz como si fuese una persona y le atribuye poder para dar la salvación: O Crux, ave, spes unica. Hoc passionis tempore, auge piis iustitiam, reisque dona veniam. “Ave, oh Cruz, esperanza única. En este tiempo de pasión aumenta la justicia de los santos y a los culpables dales el perdón”. Los Santos Padres de los primeros siglos, como San Agustín y San Juan Damasceno, hablan del rito de la adoración de la cruz como algo ya consolidado en la Iglesia.

En el siglo IV Santa Elena, la madre del emperador Constantino, impulsada por esta devoción a la cruz de Cristo, se empeña en buscarla y la encuentra. Sin duda que este hallazgo de la ´vera cruz´ habrá estimulado muchísimo la devoción a ella.

FELICES PASCUAS!!!


¡CRISTO HA RESUCITADO VERDADERAMENTE!
¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

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viernes, 22 de abril de 2011

ESTUDIO: LOS OBESOS SON ASÍ POR CULPA DE SUS MADRES






La obesidad es una epidemia en los Estados Unidos, de eso no hay duda. Está matando a una enorme cantidad de personas y representa una pérdida enorme de dinero.


Por ejemplo, un paciente obeso gasta 443 dólares más en atención médica que un paciente que no tiene este desorden alimenticio. En total, eso representa para el estado miles de millones de dólares más en gastos por seguro médico.

Es por ello que muchos obesos intentan de todo, desde deportes exigentes hasta procedimientos quirúrgicos. Pero lo que ellos no saben es que, los que necesitan ser cuidados no son tanto ellos, sino sus madres. ¿Y eso por qué?

Para entender lo anterior debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que una mujer embarazada debe evitar a toda costa? Y la respuesta es simple: Lo mismo que todos deberíamos evitar, una dieta alta en carbohidratos (como azúcares) y grasas altamente saturadas.

Un estudio reveló que la dieta de una mujer embarazada puede alterar el ADN de su hijo, algo que se conoce como cambio epigenético, lo cual hace al hijo más susceptible a la obesidad. No importa si la madre es delgada o gorda, sino sólo lo que come mientras se encuentra en estado.

Esto quiere decir que tal vez deberíamos preocuparnos más e invertir en el alimento necesario y saludable que una mujer embarazada consume, y no dejarnos guiar tanto por sus “antojos de embarazo,” para de esa manera reducir el riesgo de que el ser que lleva dentro no sufra de una posible obesidad. Algo muy importante para tomarlo en cuenta, y aplicarlo cuanto antes.



LA PISCINA, EL CLORO Y EL MUERTO

Los refranes encierran sabiduría. Son "la experiencia" de los pueblos. Suelen ser concisos y transmiten un claro mensaje. El que titula este artículo es así: "Mientras no se saque al muerto de la piscina, de poco vale echarle cloro".

Por Oswaldo Pulgar Pérez

Quiere decir que si no vamos a la raíz de los asuntos, no los podremos solucionar. Pongamos un ejemplo. Uno de nuestros hijos no estudia, saca malas notas y nos tiene desesperados. El nerviosismo y la impaciencia empeoran las cosas. De nada servirán los regaños, los sermones, los consejos. Le entrarán por un oído y le saldrán por el otro.

Lo que servirá es llegar a la raíz de su falta de interés. El adolescente es como un volcán en ebullición. Comienzan las ansias de independencia, quieren solidificar su personalidad. Suelen ser antitodo: rebeldes, pero de los que no aportan soluciones.

Muchas veces no podremos hacer otra cosa sino esperar a que el tsunami se tranquilice. Los jóvenes a esta edad no les gusta dialogar. No les gusta ventilar sus problemas con los papás.

Prefieren ir a consultar con el amigo o la amiga más cercana. Lo malo viene cuando ese amigo o amiga más cercanos no son un dechado de virtudes. Serán mal aconsejados y pueden terminar mal.

Si invertimos tiempo para estar con ellos, será distinto. Hoy padecemos de "falta de comunicación". Pasa no solo en el hogar, también en las empresas. La falta de comunicación genera desconfianza ya que se empiezan a construir "castillos en el aire" que con una breve conversación, se desinflan.

A veces no sabemos escuchar. Pensamos solo en imponer nuestro criterio, para demostrar poder. Pero educativamente, no haremos nada. El cariño, demostrado en la capacidad de dialogar, es el bálsamo que lubrica las relaciones.

Veamos algunos consejos que pueden ayudar en el gobierno del hogar. Están tomados del libro "Surco" de San Josemaría Escrivá. Se refieren al gobierno y se pueden aplicar perfectamente al hogar:

"Autoridad no consiste en que el de "arriba" grite al de "abajo". Con esa caricatura de la autoridad, aparte de la falta de corrección, solo se consigue que quien manda se vaya alejando de sus subordinados. Por muy grandes que sean tu preparación y tu talento, debes oír a quienes comparten contigo esa tarea de dirección.

Los instrumentos más fuertes y eficaces, si se les trata mal, se mellan, se desgastan, se inutilizan. El buen pastor no necesita atemorizar a sus ovejas. Semejante comportamiento, es propio de los malos gobernantes. Por eso, a nadie le extraña que acaben odiados o solos.

Gobernar muchas veces consiste en "ir llevando" a la gente con paciencia y cariño. Cada uno es perfeccionable, pero no perfecto. Cuando tengas que mandar, no humilles. Actúa con delicadeza: respeta la inteligencia y la voluntad del que obedece.

El buen gobernante sabe que puede, ¡que debe! aprender de los demás. Ten paciencia, Los resultados no se obtienen en los primeros intentos. Las personas como las plantas, necesitan tiempo para madurar y crecer.

Debemos ser sinceros y claros; lo agradece todo el mundo. No es solución retrasar la solución de los problemas. "Se puede hacer daño, por temor a herir".

El hogar es una empresa, aunque con sus características peculiares. No lo podemos deshumanizar. Los animales no se pueden degradar, el hombre sí. Un tigre no puede destigrarse. Los hombres, en cambio nos deshumanizamos con facilidad. Para educar bien hacen falta tres requisitos: tiempo, cariño y firmeza.


miércoles, 20 de abril de 2011

UN CASO PRÁCTICO DE DISCRIMINACIÓN


 

El que sale siempre perjudicado es el niño, porque si la moral cristiana se considera perjudicial para los niños e inaceptable para el Estado, ¿cuántos años faltan para que se retire a los padres cristianos la custodia de sus hijos?

Por Isabel Costa Espluga

La generosidad de una familia inglesa que ya tiene cuatro hijos propios, les ha llevado además, a tener en acogida a 15 niños desde 1992 y por este motivo fueron alabados en su momento por los servicios sociales ingleses como personas amables y hospitalarias, que saben responder con sensibilidad a las necesidades de los niños.

Tras el paréntesis de algunos años, volvieron a ofrecerse como candidatos en 2007 pero algo había cambiado, porque según los servicios sociales de la ciudad de Derby, ya no reunían las condiciones de idoneidad. La razón no fue otra que, como cristianos practicantes, no podían tener una visión positiva de la homosexualidad, y por tanto, no hablarían a los niños a favor de esa tendencia sexual.

Al verse discriminados por ser cristianos pentecostales, acudieron a los tribunales, y han acabado por perder el caso ante el tribunal supremo porque según los jueces, hay un conflicto entre las leyes contra la discriminación por motivos religiosos, y contra la discriminación por orientación sexual, y para las familias de acogida, deben tener precedencia las que se refieren a la orientación sexual, porque consideran que los motivos religiosos son contrarios a los intereses del niño, ya que podría ser “infectado” por las ideas cristianas sobre ética sexual. Por eso fueron excluidos.

Cabría preguntarse si se seguiría esta misma argumentación en el caso de que fuera excluida una pareja homosexual, aduciendo que no tenía una visión positiva de la religión, lo cual podría ser perjudicial para un niño atraído por la fe.

En cualquier caso, el que sale siempre perjudicado es el niño, porque si la moral cristiana se considera perjudicial para los niños e inaceptable para el Estado, ¿cuántos años faltan para que se retire a los padres cristianos la custodia de sus hijos?

En realidad lo que ha pasado en esta sentencia es que los derechos de los homosexuales pasan por encima de la libertad de conciencia y de la libertad de expresión y de las convicciones de cada uno, porque lo que no se puede, es obligar a que uno tenga una posición necesariamente positiva de la conducta o de las ideas de un grupo minoritario, como si lo contrario fuera una ofensa.

¿Estaremos siendo testigos de una de una moderna inquisición secular? ¿o quizás a un decidido empeño para forzar a todos a aceptar un nuevo conjunto de “ortodoxias”, so pena de afrontar la condena como herejes sociales?. Al final resultará que la dictadura del relativismo no es una amenaza, sino ya una realidad.