13 de agosto: San Casiano, Maestro de escuela y mártir de Imola
(✟ 304)
Casiano era maestro en Imola, en el centro de Italia, alrededor del año 300, y enseñaba en los grados superiores. Enseñar a jóvenes de catorce años suele ser una experiencia agradable, porque estos jóvenes, aunque aún no se les considera hombres, poseen una inteligencia considerable que les permite mantener conversaciones interesantes. Sin embargo, los jóvenes suelen tener un líder al que siguen como ovejas ciegas. Si el líder es un buen hombre, todo va bien; pero si ese líder no es un buen hombre, tampoco lo serán sus seguidores.
Algo similar ocurrió con el santo maestro Casiano. Era un buen hombre que amaba a Jesucristo y vivía según los caminos mansos y humildes del Señor. Pocos sabían que era cristiano y era mejor que nadie lo supiera, porque de lo contrario lo habrían expulsado de la escuela. Entonces le habría sido imposible hacer el bien discretamente educando a los estudiantes no en el cristianismo en sí, sino en las virtudes cristianas: justicia, obediencia, paz, pureza y amor al prójimo. De vez en cuando también hablaba del único Dios verdadero y de Jesucristo. Los jóvenes de catorce años escuchaban con atención, y algunos de ellos encontraron así el camino hacia la verdadera fe.
Pero entonces, en el año 304, al maestro Casiano le asignaron una clase cuyo líder era un matón brutal y despiadado. Siempre tenía el control del grupo, por lo que era inevitable que la clase fuera un completo desastre. Ante tales circunstancias, el maestro no tenía más remedio que mantener a los alumnos bajo control y castigarlos severamente, pues un poco de orden es esencial, especialmente en la escuela.
Así, Casiano comenzó a ser acosado por los jóvenes rebeldes que se enfurecieron con él por sus enseñanzas y se produjeron terribles incidentes. El líder de los jóvenes incitaba continuamente a los demás alumnos y tramaba su venganza. El odiado maestro pronto pagaría las consecuencias, pues fue precisamente en ese momento cuando la tormenta de la persecución cristiana se acercó a la ciudad de Imola. Pronto se corrió la voz de que el maestro Casiano era cristiano y los alumnos decidieron ir a denunciarlo.
El maestro Casiano fue arrestado y llevado a juicio, y por negarse a renunciar a su fe cristiana, fue condenado a muerte. Con terrible crueldad, el juez entregó al condenado, atado de pies y manos, a sus alumnos para que lo torturaran. Lo que siguió fue una escena espantosa. El maestro fue atado a una columna y sometido a abusos atroces. Dirigidos por su líder, los muchachos atacaron a Casiano, escupiéndole, golpeándolo en la cabeza, las mejillas y los dedos, y pisoteándole los pies.
Finalmente, los muchachos tomaron los estiletes de hierro que se usaban para escribir en las tablillas y apuñalaron al mártir por todo el cuerpo hasta que su líder finalmente lo apuñaló en el corazón con uno de los estiletes. Este fue el terrible, pero glorioso final del maestro Casiano, quien oró por sus alumnos hasta el último momento.
Reflexión:
San Casiano prefirió morir antes que traicionar su fe y tampoco aceptó adorar los ídolos para salvarse. Su vida nos cuestiona hasta dónde somos capaces de llegar por defender nuestra fe y el nombre de Jesucristo, quien entregó su vida por nosotros.
Oración:
Oh San Casiano de Imola, fiel maestro y glorioso mártir,
que dedicaste tu vida a la noble tarea de enseñar y guiar las mentes de los jóvenes con paciencia y entrega. Tú que soportaste la incomprensión y el dolor, y respondiste con el perdón hacia tus propios alumnos, alcánzanos del Señor un corazón humilde y sabio. Danos paciencia sobrenatural para los días difíciles, concédenos claridad para transmitir no solo el conocimiento, sino también el respeto, la empatía y la fe. San Casiano, patrón de los maestros, acompaña nuestro diario caminar en la docencia y ruega por nosotros ante Cristo Nuestro Señor. Amén.

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