lunes, 25 de febrero de 2019

¿POR QUÉ LOS CATÓLICOS QUE AMAN LA TRADICIÓN NO DEBEN USAR MALAS PALABRAS?

En los últimos años, el uso de malas palabras se ha extendido como un virus en nuestra sociedad. Entre los que tienen una afiliación religiosa débil o nula, esto no es una sorpresa, pero entre los católicos devotos que aman las liturgias tradicionales, es una realidad discordante. 

Por Anna Kalinowski

Como católicos que buscan defender las tradiciones de la Iglesia, debemos, como San Benito, elevarnos por encima de la degradación de la civilización que nos rodea.

Muchos de nosotros, especialmente los millennials, adoptamos sin pensar las costumbres del secularismo. ¡Qué trágica ironía es cuando los fieles cantan las palabras sagradas de la Santa Misa, solo para profanar blasfemias en bromas triviales momentos después! Ellos pronuncian profanidad con las mismas lenguas que, por la benevolencia de Dios, se han unido a los coros de ángeles para alabarle en la Santa Misa.

En las liturgias tradicionales, estamos inmersos en la gloria real de Dios en un grado inigualable, ya sea en la sociedad general o en las liturgias católicas dominantes. Caminamos por un camino real y, como dice el Evangelio, “a todo el que le ha sido dado mucho, se le exigirá mucho” 1. Los que amamos la tradición siempre debemos respetar los más altos estándares de cortesía y dignidad en nuestro discurso para glorificar a Dios y edificar su reino.

Desde sus primeros días en la Tierra, el hombre ha tratado de evaluar su posición en el orden de la creación. El salmista contempla con asombro el firmamento y declara:

“Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, 

la luna y las estrellas que allí fijaste,
¿Qué es el hombre para que en él pienses? 
¿Qué es el ser humano para que lo tomes en cuenta?” 2

El Espíritu Santo inspira al salmista a formular la incredulidad que todos sentimos cuando vislumbramos nuestra pequeñez en el orden de la creación. Las preguntas del salmista contienen una nota de desesperación, que amenaza con abrumar al hombre cuando siente el tremendo peso del infinito sobre sus hombros. Cuando el hombre ve este vasto esplendor del universo sin tener fe en el Creador, agacha la cabeza con abatimiento porque el infinito lo aterroriza, y se resigna a las filas de los animales, que no tienen que preocuparse por las cuestiones filosóficas. Este arrepentimiento se manifiesta hoy en día en teorías científicas pulidas que siempre se reducen a la misma premisa, a saber, que el hombre no es realmente nada extraordinario. Simplemente sucede que es el organismo que tiene la ventaja en el planeta Tierra. Los modernistas promulgan esta idea para ayudar a erigir una cultura post-cristiana de apatía que degrada la dignidad del hombre y el idioma que habla.

El Espíritu Santo no se demora en proporcionarle al salmista su respuesta. En el siguiente verso, el salmista escribe palabras emocionantes:

“Pues lo has hecho un poco menos que los Ángeles, y lo has coronado de gloria y honor, y lo entronizaste sobre las obras de tus manos” 3

Ser “un poco menos que los ángeles” no es una cosa pequeña, pero desde la Encarnación, la humanidad se ha visto elevada a un nivel sin precedentes. La liturgia, gran madre y maestra que es, lo explica en las oraciones de ofrenda de la Santa Misa:

“Por el Misterio de esta agua y este vino, 
haz que compartamos la divinidad 
de quien se ha dignado participar de nuestra naturaleza humana”. 4

La Segunda Persona de la Trinidad no se dignó convertirse en un ángel. Se dignó volverse humano. La humanidad es ese elemento de la Creación en el cual Nuestro Señor eligió abrazarse a Sí mismo, y por esta razón, es la única parte de la creación que ha recibido la dignidad de unirse a Dios mismo no simplemente por la deificación de la gracia, sino por la unión hipostática. * Cuando el hombre se da cuenta de que el Creador está atento a él, y de hecho lo mira, y en esta mirada consciente eleva su propia naturaleza, entonces el hombre debe reconocer la locura de degradarse deliberadamente con el uso de palabras vulgares.

Si consideramos estos pasajes de las Escrituras y la liturgia que hablan de coronas, gloria, honor y naturaleza divina como regalos para nosotros, podríamos encontrarnos recobrando el aliento ante el espléndido pensamiento de ello. El hombre ahora tiene una respuesta tangible a sus preguntas formuladas en el salmo. ¡Y qué respuesta! “Tu palabra poderosa salió del cielo, donde tienes tu trono real”. 5 

Myles Connolly captura bellamente el impacto que la contemplación de la Encarnación de Cristo puede tener en el hombre en su novela Mr. Blue cuando su protagonista declara:

Cuando Dios se hizo hombre, nos hizo a ti, a mí y al resto de nosotros, personas muy importantes […]… ¡Mis manos, mis pies, mi pequeño cerebro, mis ojos, mis oídos, todo importa más que todo el barrido de estas constelaciones! ... Dios mismo, el Dios para quien todo este despliegue de manchas del universo es como nada, Dios mismo tenía manos como las mías y pies como los míos, y ojos, cerebro y oídos. 6

El Sr. Blue entiende que dado que es imposible que Dios degrade su naturaleza, entonces debe ser cierto que en la Encarnación, Él elevó maravillosamente la nuestra. Al caer de rodillas en el Credo, el Último Evangelio y el Ángelus, recordamos la gran altura a la que nos ha impulsado la Encarnación. Hacemos estos signos externos de reverencia para mostrarnos a nosotros mismos ya los demás la magnitud profunda de nuestro llamado ante el Verbo Encarnado.

Cuando permitimos que las palabras groseras penetren nuestro discurso, hacemos muchos signos externos de mala educación, indignidad e irreverencia. No cancelemos nuestros actos de reverencia tan hermosamente instalados en la liturgia.

Toda la creación alaba a Dios, pero solo los hombres y los ángeles alaban a Dios con palabras. Debemos usar este raro don del habla para la Gloria de Dios. El Salmo 44 describe acertadamente el propósito fundamental de la lengua:

Mi corazón brota con una buena palabra; Yo declaro mis obras al rey; Mi lengua es la pluma de un escriba que escribe rápidamente. 7

La lengua humana funciona como una herramienta para que podamos alabar a Dios con "una buena palabra" que brota de nuestros corazones. Otro salmo dice: "Que mi boca se llene de alabanzas, de cantar tu gloria y tu grandeza todo el día". 8 Nuestras bocas no pueden ser llenadas de alabanza y blasfemias. Las buenas palabras no brotarán de nuestros corazones si damos cuartas partes a las palabras vulgares. Ya sea que hablemos sobre el Creador o solo sobre cosas creadas, debemos, en ambos casos, usar palabras reverentes, buenas palabras.

Como católicos, tenemos la responsabilidad de edificar el reino de Dios. Nuestras palabras funcionan como ladrillos. Debemos preguntarnos qué tipo de estructuras construimos con nuestras palabras. La Encarnación de Cristo, revelada y honrada tan profundamente en las liturgias tradicionales, es la luz que guía a los fieles por el camino estrecho. Nos deja en claro nuestra relación con el Creador y su creación. Comenzamos a ver con los ojos de Cristo, y nuestra comprensión de quiénes somos y cómo debemos actuar en nuestros asuntos diarios. El vacío inicial que sentimos cuando desechamos las expresiones vulgares se llenará rápidamente del derramamiento de la gracia que la extracción de estas palabras acomoda. Aquellos de nosotros agraciados con la elocuencia utilizaremos nuestras palabras para hablar de Cristo, como los arquitectos que construyeron en estilo gótico o barroco. Otros de nosotros preferimos un discurso simple más análogo a una iglesia románica simple. Cualquiera que sea el estilo de discurso que el Señor nos ha otorgado, podemos estar seguros de que estamos llamados a usarlo para construir un hermoso edificio para Él.

Cuando refinamos nuestro discurso, incluso aquellos que no conocen a Dios desearán escucharnos. Nuestras palabras los dibujarán con la suave fragancia de una rosa y la claridad nítida de un diamante. Aunque la belleza de una rosa o un diamante no habla explícitamente acerca de Dios, lo señala incansablemente. Si cultivamos nuestro discurso como un jardinero que cultiva sus rosas y lo pulimos, como un experto joyero que pule sus gemas, de hecho dirigiremos a la multitud que anhela la belleza a la fuente de la belleza. Poco a poco, ya no buscarán más nuestras voces, sino la voz de quien se dice: “ 
Sírvante a ti las criaturas todas, pues hablaste tú y fueron hechas, enviaste tu espíritu y las hizo, y nadie puede resistir tu voz. 9 Eventualmente, estas almas buscadoras se rendirán ante Él, el autor de toda hermosura, más bella en belleza que todos los hijos de los hombres con gracia derramados sobre sus labios. 10 Entonces diremos con Judith: "Enviaste tu espíritu, y fueron creados, y nadie puede resistir tu voz". 11



* Corregido del original. Gracias a Peter Kwasniewski por la corrección.

Fuentes:

[1] Lucas 12:48, Ignatius RSV
[2] Salmo 8: 3-4, Baronius Brev. (página 194)
[3] Salmo 8: 5-6, Baronius Brev.  El autor sustituyó la ortografía de Estados Unidos. (página 194)
[4] Ordinario de la misa, Misal de Baronio (página 925)
[5] Sabiduría 18:15, Ignatius RSV. Parafraseado por el autor.
[6] Mr. Blue por Myles Connolly, Cluny Media LLC (página 34)
[7] Salmo 44: 1, Baronius Brev. (página 394)
[8] Salmo 70: 8, Baronius Brev. (página 521)
[9] Judith 16:14, Baronius Brev. (página 414)
[10] Salmo 44: 2, Baronius Brev. Vol. I. Parafraseado por el autor. (página 395)
[11] Judith 16:14, Baronius Brev. (página 414)


OnePeterFive







domingo, 24 de febrero de 2019

EL ABORTO NO ES UN DERECHO… LO HAN CONVERTIDO EN UN DERECHO

Hay leyes que, aun obedeciendo a circunstancias sociales y tratando de resolver los conflictos de momentos históricos puntuales, son injustas. Solo cabe apelar a la cordura y esperar que la barbarie del aborto termine como en el pasado lo hicieron las injustas leyes sobre la esclavitud y el racismo.

Por Nicolás Jouve

Hay leyes que, aun obedeciendo a circunstancias sociales y tratando de resolver los conflictos de momentos históricos puntuales son injustas, antisociales y hasta crímenes contra la humanidad. Quien esto suscribe no es un jurista, aunque en las líneas que siguen aparecerán los nombres de ilustres doctores que sí lo son. Quien esto suscribe es un testigo de cómo muchas veces se construye la casa empezando por el tejado, sin un sólido fundamento científico, antropológico ni jurídico y se utilizan medios de ingeniería social para convertir en ley cualquier cosa.

¿Es un derecho la esclavitud?… Ahora no, afortunadamente, pero lo fue en la Grecia antigua. De hecho, Aristóteles lo consideraba como algo natural. Después lo fue en la Roma clásica, donde se reguló hasta el punto de negar a los esclavos el derecho a casarse o a ejercer la paternidad… También en el mundo árabe o en la Escandinavia medieval y ya no digamos en la colonización americana… donde la esclavitud llegó a convertirse en un gran negocio y los esclavos en pura mercancía, carentes de los más mínimos derechos, hasta la llegada de las tardías leyes abolicionistas de los siglos XVIII y XIX que, entre otras cosas, costaron miles de vidas y una gran guerra fratricida en los EE.UU.

¿Es un derecho la eugenesia?, es decir, la discriminación por razones genéticas. Yo creo que a nadie en su sano juicio se le ocurre mantener aquellas corrientes de la “eugenesia social” o maltusiana de finales del siglo XIX y principios del XX, que se propagaron por EE.UU. y Europa. Sin embargo, la eugenesia se convirtió en una corriente social y en su causa se llegó a la promulgación de leyes injustas e inmorales, que en aras de la pureza racial o la erradicación de las personas con defectos genéticos, o simplemente tenidas como de “peor calidad”, permitieron diversos modos de discriminación y todo tipo de abusos que quebrantaban los derechos humanos, como la esterilización, la prohibición a contraer matrimonio o el asesinato, como ocurriría en la Alemania nazi.

Ni la esclavitud, ni la eugenesia, ni el racismo, ni otros abusos de signo similar como la discriminación por razones de religión, los nacionalismos excluyentes o el aborto, sobre el que hablaremos a continuación, pueden considerarse un derecho. En algunos sitios y en algunos momentos se habrán regulado por ley todo este tipo de abusos contra la humanidad, pero no dejan de ser leyes injustas e ilegítimas, dado que para su legitimidad, además de otras consideraciones de carácter ético, harían falta dos elementos primordiales: el reconocimiento de que lo que se legisla es de “derecho natural”, y la verdad aportada por los “datos científicos”.

Respecto al “derecho natural” es algo que no tiene nada que ver con modas pasajeras o culturales, variables entre pueblos o épocas históricas. El profesor Andrés Ollero, catedrático de Derecho Constitucional y magistrado del Tribunal Constitucional coincide con el catedrático de Filosofía del Derecho Americano Ronald Dworkin (1931–2013), al reclamar el derecho natural del siguiente modo: “Todo parece confirmar la identificación entre lo que él llama ‘moralidad política’ y lo que cabría entender como ‘derecho natural’; en concreto: la existencia de unas exigencias jurídicas objetivas, que puedan garantizar un mínimo ético capaz de posibilitar una existencia realmente humana, teniendo como fundamento una determinada concepción del hombre, racionalmente cognoscible y argumentable”.

Respecto a los datos científicos, un par de ejemplos:

La eugenesia se basaba en la falacia de que muchos caracteres no deseados, de manifiesta influencia ambiental, eran genéticamente heredables. Muchas patologías son adquiridas, no heredadas, y de las diferencias entre las personas, aquellas que tienen que ver con el comportamiento, o las creencias religiosas, las costumbres sociales o incluso las antisociales, son fruto de las influencias y la educación y de los deseos personales, no de los genes. No somos esclavos de nuestros genes.

El segundo ejemplo es el del aborto, en el que se acumulan los errores y las falsedades respecto a la realidad biológica del no nacido: como negar que desde la fecundación existe una vida humana, un ser humano; o decir que el embrión es un amasijo de células, o que el hijo es una parte del cuerpo de la madre, etc. La genética, la embriología y los datos de la ciencia señalan que la vida se constituye con la fecundación, al formarse el cigoto, que es cuando se constituye una nueva identidad genética, y aparece una nueva realidad corporal y por tanto una nueva vida, independiente y genéticamente diferente a la madre [1].

Por lo tanto las leyes que ignoran estos datos u ocultan la dignidad de cada persona como un fin en sí mismo, como las que regularon la esclavitud, la eugenesia o el racismo, y ahora el aborto, al margen de las circunstancias históricas y sociales, o de la condición física o mental de las personas, ni son leyes naturales, ni se basan en los datos objetivos de la ciencia, por lo que no pueden considerarse ni justas ni legítimas.

Pronto hará 10 años de la llamada Declaración de Madrid, un manifiesto en defensa de la vida humana naciente, dado a conocer en rueda de prensa el 17 de marzo de 2009, con la inestimable ayuda de la organización HazteOir.org, que recibió la aprobación y adhesión de cientos de académicos, profesores de universidad, investigadores, médicos, altos cargos del Estado, directivos de entidades sociales, escritores, etc. Con relación a ello la doctora María Dolores Vila-Coro, jurista y Académica de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación señalaba -en relación con la primera ley del aborto de España, la de 1985- que “para que una ley sea justa; es necesario, que se fundamente en unos valores y principios de moralidad que la legitimen, sin ellos no será una verdadera ley […] Solo se puede despenalizar la muerte de un ser humano cuando hay conflicto entre dos bienes jurídicos del mismo rango: la vida de la madre y la vida del hijo» […] Por que despenalizado o no, el aborto es un delito que está en el Código Penal, que, en su versión anterior, vigente hasta 1985, aparecía tipificado en los Delitos contra las personas. Ahora está en el Titulo II, Del aborto, cambio que ha permitido la temeraria discusión de si el nasciturus era o no persona, para aminorar en la conciencia el efecto de su destrucción” [2].

En este argumento abundó el Comité de Bioética de España en su informe de junio de 2014 sobre el Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, a propósito de la frustrada reforma planteada por el ex-ministro de justicia Alberto Ruiz Gallardón. Tras una larga consideración sobre la confrontación de los derechos del niño y de la madre se señalaban las grandes deficiencias de la Ley vigente: la falta de consideración del no nacido como un bien jurídico, la necesidad de asumir la tutela y protección efectiva de los neonatos y la puesta en marcha de instrumentos necesarios para dar cobertura a las necesidades de las mujeres embarazadas, es decir, de la maternidad. Nada de esto ha cambiado en los casi diez años de la vigente ley del aborto.

La generalización de las leyes del aborto en los países occidentales propiciada e impulsada por la Organización de las Naciones Unidas –quien te ha visto y quién te ve-, no es más que el fruto de una época, una cultura, que pasará por su propia iniquidad. El papa Francisco lo expresó, como siempre de forma magistral, cuando en junio del año pasado se preguntaba por qué cada vez se ven menos enanos por la calle… y decía: “En el pasado siglo todo el mundo se escandalizaba por lo que hacían los nazis para curar la pureza de la raza. Hoy hacemos lo mismo, pero con guantes blancos”.

Dicho todo lo anterior solo cabe apelar a la cordura y esperar que la barbarie del aborto termine como en el pasado lo hicieron las injustas leyes sobre la esclavitud y el racismo.


[1] N. JOUVE, El Manantial de la Vida. Genes y Bioética. (Ediciones Encuentro, Madrid 2012).
[2] M. D. Vila-Coro, La vida humana en la encrucijada. Pensar la Bioética (Ediciones Encuentro, Madrid 2010).



Actuall


EL PAPA CLAUSURA LA CUMBRE ANTIABUSOS SIN AFRONTAR LA HOMOSEXUALIDAD EN EL CLERO

En la Sala Regia, tras la celebración de la Santa Misa, el Santo Padre Francisco pronunció un amplio discurso como conclusión del Encuentro sobre “La protección de los menores en la Iglesia”.

El Pontífice condenó estos “crímenes abominables” que involucran a millones de niños en el mundo, formas de abuso y explotación, detrás de las cuales se esconde la “mano del mal”, que “no perdona ni siquiera la inocencia de los niños”.

Incluso “un solo caso de abuso” en la Iglesia “representa ya en sí mismo una monstruosidad” y “será afrontado con la mayor seriedad”: “El eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar en ellos paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder”.

El Encuentro sobre “La protección de los menores en la Iglesia”, que reunió del 21 al 24 de febrero a patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos, superiores religiosos y responsables procedentes de todo el mundo para confrontarse acerca de la plaga de los abusos, se concluyó con el discurso de Papa Francisco.

Después de la Santa Misa – celebrada al igual que la Liturgia penitencial de la tarde del sábado 23 de febrero en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano – el Pontífice tomó la palabra para trazar con claridad los contornos de un fenómeno “abominable”, difundido históricamente en todas las culturas y sociedades: “Un problema que antes se consideraba un tabú” y que “todavía en la actualidad las estadísticas disponibles sobre los abusos sexuales a menores, publicadas por varias organizaciones y organismos nacionales e internacionales (…), no muestran la verdadera entidad del fenómeno, con frecuencia subestimado, principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados, en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar”.

Por eso ha crecido actualmente en la Iglesia la conciencia de que se debe no sólo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia… La Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.

La ira de Dios, traicionado y abofeteado


La ira de Dios, traicionado y abofeteado

“La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética”. Así la Esposa de Cristo debe ver reflejado en “la justificada rabia de la gente”, la ira “de Dios, traicionado y abofeteado por estos consagrados deshonestos”.

El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños.


Erradicar semejante brutalidad

El Papa Bergoglio recuerda a todos que el único modo para “vencer el espíritu del mal” pasa a través de la humillación, la acusación de nosotros mismos, la oración y la penitencia, siguiendo el ejemplo de Jesús. De este modo el “objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren”. Y para alcanzar es fin – prosiguió diciendo el Santo Padre – la Iglesia “tiene que estar por encima de todas las polémicas ideológicas y las políticas periodísticas que a menudo instrumentalizan, por intereses varios, los mismos dramas vividos por los pequeños”.

Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y de la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos.


Las declinaciones del mal

“Millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales”: un drama que se lleva a cabo, sobre todo, por mano de los “padres”, de los “parientes”, de los “esposos de esposas niñas”, de los “entrenadores”, de los “educadores”, y ante el cual “muy raramente las víctimas confían y buscan ayuda”, por “vergüenza”, “confusión”, “miedo a la venganza” y “desconfianza en las instituciones”. Un monstruo que “lleva a la amargura, incluso al suicidio, o a veces a vengarse haciendo lo mismo”.

En una nota al discurso del Papa, se citan datos de las organizaciones internacionales: según la OMS, en el año 2017, “hasta mil millones de menores en una edad comprendida entre los 2 y los 17 años han sufrido violencias o negligencias físicas, emotivas o sexuales. Los abusos sexuales (…), según algunas estimaciones de UNICEF en 2014, afectan a más de 120 millones de niñas, entre las que se registra el más alto número de víctimas”.

El Papa Francisco recuerda, de modo especial, el “turismo sexual”, una plaga que, según los datos del 2017 de la Organización Mundial del Turismo, ve cada año que “tres millones de personas emprenden un viaje para tener relaciones sexuales con un menor”; al igual que la pornografía, se realiza “con modalidades cada vez más horribles y violentas”.

La plaga de la pornografía ha alcanzado enormes dimensiones, con efectos funestos sobre la psique y las relaciones entre el hombre y la mujer, y entre ellos y los niños. Un fenómeno en continuo crecimiento. Una parte muy importante de la producción pornográfica tiene tristemente por objeto a los menores, que así son gravemente heridos en su dignidad.

Entre los pensamientos del Papa Bergoglio, los tantos pequeños víctimas del abuso de poder, una parte de la humanidad que abraza a ochenta y cinco millones de niños, “olvidados por todos: los niños soldado, los menores prostituidos, los niños malnutridos, los niños secuestrados y frecuentemente víctimas del monstruoso comercio de órganos humanos, o también transformados en esclavos, los niños víctimas de la guerra, los niños refugiados y los niños abortados”.


Siete estrategias para salvar a los niños

Ante tanta crueldad, ante todo este sacrificio idolátrico de niños al dios del poder, del dinero, del orgullo, de la soberbia, no bastan meras explicaciones empíricas; estas no son capaces de hacernos comprender la amplitud y la profundidad del drama. Una vez más, la hermenéutica positivista demuestra su proprio límite”; de ahí que el Pontífice mencione las “Best Practices” formuladas, bajo la guía de la Organización Mundial de la Salud, por un grupo de diez agencias internacionales. Se trata de un paquete de medidas llamado INSPIRE, es decir, “siete estrategias para erradicar la violencia contra los menores”, que deberán inspirar diversas dimensiones de atención en la Iglesia. Así como para la protección de “los menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico”. Un empeño para el cual se requiere una “seriedad impecable”.

“Deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso» (…). Tiene la convicción de que «los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la Iglesia socavando su credibilidad. En efecto, también la Iglesia, junto con sus hijos fieles, es víctima de estas infidelidades y de estos verdaderos y propios delitos de malversación»


Repartir de las propias faltas

Prosiguiendo en sus ocho puntos, el Papa Francesco habla de “una verdadera purificación”, porque “a pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios”. “El santo temor de Dios – prosigue – nos lleva a acusarnos a nosotros mismos – como personas y como institución – y a reparar nuestras faltas” sin “caer en la trampa de acusar a los otros, que es un paso hacia la excusa que nos separa de la realidad”.

En este contexto surge la importancia de la “formación”, es decir, “la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no sólo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado para los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad”.

Además, el Pontífice habla de “reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales: es decir, reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación”.

Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado (como ha sido costumbre en el pasado), porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo. De modo particular, desarrollar un nuevo y eficaz planteamiento para la prevención en todas las instituciones y ambientes de actividad eclesial.


Acompañar a las personas abusadas

El Pontífice reserva gran atención también al acompañamiento de las personas abusadas, porque “el mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción”.

Por lo tanto, la Iglesia tiene el deber de ofrecerles todo el apoyo necesario, valiéndose de expertos en esta materia. Escuchar, dejadme decir: “perder tiempo” en escuchar. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.


Mundo digital y turismo sexual

En los puntos 7 y 8, el Papa Bergoglio vuelve a reflexionar sobre el mundo digital y sobre el turismo sexual. Con atención especial con respecto al primero, insiste:

“Es necesario comprometernos para que los chicos y las chicas, de modo particular los seminaristas y el clero, no sean esclavos de dependencias basadas en la explotación y el abuso criminal de los inocentes y de sus imágenes, y en el desprecio de la dignidad de la mujer y de la persona humana”.
En esta perspectiva, reafirmando que “el delito no goza del derecho a la libertad”, el Pontífice recuerda las normas “sobre los delitos más graves” aprobadas por el Papa Benedicto XVI en el año 2010, donde fueron añadidos como nuevos casos de delitos «la adquisición, la retención o divulgación» realizada por un clérigo «en cualquier forma y con cualquier tipo de medio, de imágenes pornográficas de menores». Entonces se hablaba de «menores de edad inferior a 14 años», ahora pensamos elevar este límite de edad para extender la protección de los menores e insistir en la gravedad de estos hechos”.


Gracias al santo pueblo fiel de Dios


El Papa Francisco concluye su intervención agradeciendo “de corazón a todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos”; y “también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos”.

El santo Pueblo fiel de Dios, en su silencio cotidiano, de muchas formas y maneras continúa haciendo visible y afirmando con “obstinada” esperanza que el Señor no abandona, que sostiene la entrega constante y, en tantas situaciones, dolorosa de sus hijos. El santo y paciente Pueblo fiel de Dios, sostenido y vivificado por el Espíritu Santo, es el rostro mejor de la Iglesia profética que en su entrega cotidiana sabe poner en el centro a su Señor. Será justamente este santo Pueblo de Dios el que nos libre de la plaga del clericalismo, que es el terreno fértil para todas estas abominaciones.


Vatican News / InfoVaticana


LA APLICACIÓN QUE RASTREA A LAS MUJERES EN ARABIA SAUDITA

Una aplicación saudita para celulares que hace posible que los hombres rastreen y restrinjan los movimientos de las mujeres del reino enfrenta críticas debido a que un senador y algunos grupos de derechos humanos estadounidenses han exhortado a Apple y a Google a retirarla de sus plataformas.

Por Ben Hubbard

Las leyes de custodia sauditas les otorgan a las mujeres una situación jurídica similar a la de los menores de edad en muchas áreas de su vida. Todas las mujeres sauditas, sin importar su edad, tienen un “tutor” varón, por lo general su padre o su esposo, algunas veces su hermano o su hijo, quienes deben darles permiso para obtener un pasaporte, viajar al extranjero, someterse a ciertos procedimientos médicos o casarse.

La aplicación en cuestión, llamada Absher, fue lanzada en 2015 por el gobierno saudita. Permite que los hombres controlen a las mujeres bajo su custodia al otorgarles o revocarles el derecho a transitar por los aeropuertos, al rastrearlas por medio de sus credenciales de identificación o sus pasaportes. Los varones pueden activar notificaciones que los alertan con un mensaje de texto en cualquier momento en el que una mujer bajo su custodia pasa por algún aeropuerto.

Absher, que más o menos se traduce como “Sí, señor”, puede descargarse de las tiendas de aplicaciones Google Play y App Store de Apple, lo cual, según los detractores, hace a estas empresas de tecnología cómplices de la represión ejercida contra las mujeres sauditas.

La iniciativa de retirar a Absher de las plataformas recibió un impulso esta semana cuando el senador demócrata Ron Wyden, del estado de Oregon, lo exigió en una carta dirigida a ambas empresas.

“Ya no es noticia que la monarquía saudita quiere limitar y reprimir a las mujeres, pero las empresas estadounidenses no deben posibilitar ni facilitar el patriarcado del gobierno saudita”, escribió Wyden en la carta que fue publicada el 11 de febrero.

Al dirigirse a Tim Cook y a Sundar Pichai, los directores ejecutivos de Apple y Google, respectivamente, Wyden señaló que estas empresas estaban “facilitando que los hombres sauditas controlaran a los miembros de su familia y limitaran sus movimientos por medio de sus celulares”.

Solicitó que evitaran que sus empresas “fueran usadas por el gobierno saudita para simplificarles la aberrante labor de vigilancia y control de las mujeres”.

Los representantes de Apple y Google y el gobierno saudita no respondieron de inmediato a las solicitudes de hacer declaraciones. Un vocero de Google confirmó que la compañía está evaluando la aplicación para determinar si cumple con sus políticas.

Arabia Saudita tiene uno de los entornos más restrictivos del mundo para las mujeres, a pesar de que el gobernante de hecho del país, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, ha presionado para reducir algunas restricciones desde que su padre, el rey Salmán, ascendió al trono en 2015.

Desde entonces, el reino ha disminuido las restricciones al atuendo de las mujeres, ha ampliado la gama de sus campos de trabajo y ha comenzado a ofrecer clases de educación física para las chicas en las escuelas públicas. El año pasado, Arabia Saudita eliminó una prohibición muy arraigada que impedía a las mujeres conducir, medida que fue aclamada como un gran acontecimiento.


Sin embargo, los detractores mencionan que las mujeres sauditas no podrán lograr la igualdad mientras el reino mantenga sus leyes de custodia. Los funcionarios sauditas alegan que dichas restricciones están enraizadas en su cultura y son respaldadas por muchas personas dentro del reino.

Cuando le preguntaron acerca de este tema en una entrevista el año pasado, el príncipe heredero comentó que Arabia Saudita tenía que “encontrar alguna forma de manejar esto que no dañara ni a las familias ni a la cultura”.

Absher, la cual puede ser empleada por los ciudadanos sauditas y los residentes del reino, es en realidad un portal en línea por medio del cual tanto hombres como mujeres pueden tener acceso a una serie de servicios gubernamentales, desde el pago de multas de tránsito hasta la solicitud de una nueva credencial de identificación. El control de las mujeres es solo una de sus funciones.

La represión hacia las mujeres sauditas ocupó los encabezados el mes pasado cuando una chica saudita de 18 años, Rahaf Alqunun, se encerró en una habitación de hotel en el aeropuerto de Bangkok para evitar que la regresaran con su familia. Había escapado de su familia durante unas vacaciones en Kuwait y abordó un avión a Tailandia, pero fue detenida en el aeropuerto. Posteriormente, se le otorgó asilo en Canadá.

Otra mujer saudita que había salido del reino con destino a Australia describió cómo usó en secreto el teléfono de su padre para tener acceso a Absher y darse el permiso de viajar y poder salir del país sin ser detectada.

Los grupos de derechos humanos, incluyendo Amnistía Internacional y Human Rights Watch, desde hace mucho han hecho campaña para que se deroguen las leyes de custodia, pero el enfoque en Absher y su disponibilidad en las plataformas tecnológicas occidentales es reciente.

Hala Aldosary, una investigadora y activista saudita que reside en Estados Unidos, señaló que el retiro de la aplicación por parte de Apple y Google podría enviar un mensaje importante a dirigentes como el príncipe heredero, que han buscado formar sociedades con empresas globales de tecnología con el fin de mejorar sus economías.

“Sería muy significativo que las empresas de tecnología dijeran: ‘Son unos opresores’”, comentó Aldosary.

Sin embargo, retirar la aplicación no eliminaría las leyes de custodia del país, afirmó, y los hombres de todas maneras podrían cambiar la situación de sus familiares mujeres en línea o en las oficinas gubernamentales.

“Esta aplicación es un medio para un fin, pero no es el fin en sí”, señaló. “No obstante, sí facilita la vida de los tutores”.

Megan Specia colaboró con este reportaje.




sábado, 23 de febrero de 2019

CRISTO Y LAS RIQUEZAS

En tiempos donde todavía quedan quienes dicen que Nuestro Señor Jesucristo fue un ferviente enemigo de los ricos, es oportuno volver sobre este tema.

Por Gabriel Boragina ©

Muchas personas han encontrado y siguen encontrando conflictos entre sus principios morales y religiosos -por un lado- y la posesión de bienes materiales -por el otro-. Y en no pocas oportunidades la Iglesia católica se ha pronunciado también en dicho sentido, como -por ejemplo- con el actual pontificado de Francisco I. Pero, no sólo los católicos, sino otros cristianos también son unánimes en su condena a la riqueza como algo inmoral por sí mismo. Por eso, en tiempos donde todavía quedan quienes dicen que Nuestro Señor Jesucristo fue un ferviente enemigo de los ricos, será oportuno volver sobre este tema.

La prédica cristiana contra la riqueza debe -nos parece- ser entendida en su contexto temporal, para lo cual es importante conocer cuáles eran las circunstancias económicas que imperaban en tiempos de Cristo. En su vista, resulta necesario remontarse más atrás aún. Veamos entonces que dice la historia sobre aquellos tiempos:

"[…] la casa de Omri, mundana y exitosa como Salomón, también suscitó agrio resentimiento social y moral. Las grandes fortunas y las propiedades se acumularon. Se incremen­tó la distancia entre ricos y pobres. Los campesinos se endeu­daron, y cuando no podían pagar, se los expropiaba. Esta medida contrariaba el espíritu de la ley mosaica, aunque no contradecía taxativamente su letra, pues a decir verdad insiste sólo en que uno no debe desplazar los mojones de un veci­no" [1]

No hay noticias que estas lamentables circunstancias se hubieran modificado en tiempos de Cristo. A la inversa, parece que se habrían agravado. De allí, la insistencia del Señor frente a los ricos que amaban a sus riquezas. Esos ricos no lo eran por derecho propio, sino por explotación al pobre. Si encima amaban el producto del botín, tanto peor. Hay que entender que, desde los comienzos de la civilización hasta el siglo XVIII de nuestra era la economía mundial era una economía de suma cero (lo que ganaba uno era porque lo perdía otro u otros, y viceversa). En dicho contexto, toda riqueza era injusta. Y era riqueza todo lo que superara la mera supervivencia o poco más.

Si bien había monedas circulando por Palestina, tanto romanas como judías, ello no implicaba que todos tuvieran acceso a ellas. El grueso de las transacciones se celebraba a través de trueques, sobre todo entre la población más pobre.

Había, pues, dos pecados a condenar por Cristo: por el primero, ganar a costa de otro y, por el segundo, amar el botín más que al prójimo, e incluso, más que a uno mismo. Extrapolar aquellas condiciones económicas a nuestros tiempos actuales se mantiene vigente en cuanto a la segunda censura (amor a la riqueza, lo que presentemente se conoce como avaricia o codicia). En cuanto a la primera (economía de suma cero) sigue sucediendo en aquellos lugares (que son muchos por desgracia) donde no se aplica (o se lo hace escasamente) el sistema capitalista de producción. Y, en general, es la forma en que los gobiernos habitualmente operan, apropiándose de la riqueza producida por los particulares, a través de los impuestos y otros artilugios legales. Tomarlo en otro sentido -como, por ejemplo, una censura a cualquier tipo de riqueza- no sólo descontextualiza el texto bíblico, sino que desfigura la enseñanza cristiana.

"Los reyes se opusieron a la opresión de los pobres por la élite, porque necesitaban de los hombres pobres para sus ejércitos y sus cuadrillas de trabajo; sin embargo, las medi­das que adoptaron fueron débiles. Los sacerdotes de Siquem, Betel y otros santuarios eran asalariados, que se identificaban estrechamente con la casa real, se preocupaban por las ceremonias y los sacrificios y no demostraban interés —se­gún afirmaban sus críticos— por la angustia del pobre" [2]

Evidentemente la descripción del autor peca de poca claridad. Hemos de entender -empero- que esta angustia era económica y no de otro tipo, ya que la angustia económica lleva a la física. Pero, aparentemente, la elite oprimía físicamente a los pobres, probablemente reduciéndolos a la esclavitud, es decir, sin paga. En tanto, ha de suponerse que los reyes retribuían -de alguna manera- los servicios de los pobres en el ejército o en esas cuadrillas de trabajo. Si lo relacionamos con el párrafo anterior, hemos de concluir que esos pobres eran los ex-campesinos expropiados, o no. Sabemos que las deudas se pagaban con la cárcel. Incluso en la Biblia hay constancias de que así era. Es factible que, en otros casos, el deudor fuera reducido a la esclavitud, ya sea como siervo de su acreedor o vendido por este a terceros.

"En estas circunstancias, los profetas reaparecieron para expresar la conciencia social. […] Durante el gobierno de la casa de Omri, la tradición proféti­ca se fortaleció súbitamente en el norte gracias a la sorpren­dente figura de Elías. […] Como casi todos los héroes judíos, era de origen pobre y hablaba por ellos. […]Hacía milagros en beneficio de los pobres y se mostró suma­mente activo en periodos de sequía y hambre, cuando las masas sufrían" [3]

Si bien el historiador describe aquí tiempos muy anteriores a la aparición de Cristo en el mundo, cabe destacar que las circunstancias socioeconómicas de su época no eran muy diferentes e, incluso, lejos de experimentar progreso denotaron franco retroceso. Los profetas se encargaron de denunciar la explotación a los pobres. La economía era agrícola mayormente y ganadera en menor escala. Se comprende entonces que las sequías provocaran hambrunas recurrentes. Resulta lógico que Cristo se hubiera rebelado contra aquellas conductas y cosas, y enfocara su discurso adverso a los efectos malsanos de las condiciones sociales deplorables de su tiempo.

Examinando los Evangelios resulta notable, por ejemplo, el énfasis que se le dan a las comidas. Lo que en nuestro día es algo casi común y corriente para la mayoría de la gente (las típicas tres comidas diarias o cuatro si se cuenta la merienda) eran una rareza en tiempos bíblicos. No se comía varias veces al día y en ocasiones tampoco se comía todos los días. Sólo los ricos podían darse ese lujo. La parábola del mendigo Lázaro y el rico grafican -de algún modo- ese contexto. De allí que, en los Evangelios las comidas se presentan como ocasiones de grandes acontecimientos o eventos de suma importancia. Y a ellas concurrían muchas gentes.


[1] Paul Johnson, La historia de los judíos. Ediciones B, S. A., 2010 para el sello Zeta Bolsillo. Pág. 104-105
[2] Johnson, P. La historia…ibidem.
[3] Johnson, P. La historia…ibidem.


LA CRISIS DE LA MASCULINIDAD EN LA IGLESIA

La verdadera crisis del clero está relacionada con la homosexualidad, pero la homosexualidad es, en sí misma, un resultado contingente de la crisis de la masculinidad en los rangos clericales.

Por Paul Krause

Hay una crisis clerical, y todos lo saben. Algunos dicen que el problema está en la doctrina del catolicismo de un sacerdocio exclusivo, que inculca un espíritu de "elitismo" irredimible. Este "pecado de clericalismo" no es más que un medio para hacer al catolicismo más protestante e igualitario con respecto al sacerdocio. Otros dicen que el problema es el clero casto; otros aún, dicen que hay demasiados homosexuales cerrados, o incluso abiertos y activos, en las filas clericales y en los seminarios.

Los diversos problemas relacionados con la crisis dentro de los rangos clericales a menudo no pasan por alto una crisis más fundamental: una crisis que es sintomática de la cultura occidental más amplia, que ha arrancado el corazón de la Iglesia y su sentido de la misión. 

La verdadera crisis del clero está relacionada con la homosexualidad, pero la homosexualidad es, en sí misma, un resultado contingente de la crisis de la masculinidad en los rangos clericales. Y se dice que "la masculinidad es tóxica, mortal y que hay que superarla". Por el contrario, nuestra civilización decadente necesita un retorno a la verdadera masculinidad (que es la paternidad), que también restaurará la feminidad auténtica (que es la maternidad).

Dada la impotencia actual de la Iglesia, puede ser fácil ver y criticar una especie de hiperfeminidad en ella. La verdadera feminidad también se ha corrompido, precisamente porque la feminidad y la masculinidad están unidas dialécticamente. La feminidad auténtica no tiene que ver con la compasión sin sacrificio, el amor sin reproche, o la apertura sin estar dispuestos a aprender o escuchar, como se nos presenta hoy en día. Nuestra Madre es el brillante ejemplo de genuina feminidad porque es receptiva a la iniciativa masculina; estaba abierta a la paternidad divina en la Encarnación y se la podía ver haciendo sacrificios en nombre de su amor por Cristo, lo que la llevó al pie de la Cruz, donde otros se escondían con miedo y vergüenza.

La feminización actual de la Iglesia inculca una feminidad corrupta porque niega la receptividad a la verdadera masculinidad y solo ayuda y favorece a la cultura de la muerte en Occidente y la Iglesia. La paternidad inicia la vida. La maternidad -y la Iglesia es madre- recibe y da vida. La paternidad genera y protege la vida. La maternidad nutre la vida para hacerse fuerte y acepta el crecimiento hasta la edad adulta en lugar de tratar en vano de retener la infancia eterna. Masculinidad y feminidad, paternidad y maternidad, trabajan juntos. Uno necesita al otro y viceversa.

Dios es Padre, y como dice correctamente el Catecismo , "la paternidad divina es la fuente de la paternidad humana". Es este sentido de la paternidad que se ha evaporado en la Iglesia, y con ello el llamado a la aventura, la protección y el sacrificio. La sensación de hacer batalla ha sido reemplazada por el espíritu de "compromiso", que es un signo revelador de decadencia y aversión a la lucha y el sacrificio.

El apóstol Pablo nos dice que nos pongamos la armadura de Dios y luchemos. El lenguaje militar se extiende a lo largo de la Biblia y es una raíz de la identidad y tradición católica para los hombres. De hecho, muchas de las historias hagiográficas de los santos están llenas del llamado a la aventura, la confrontación con el mal y la guerra contra los espíritus oscuros.

Es chocante y triste considerar el declive y la caída del clero en este sentido.

Desde saltar a los mares tempestuosos y nadar hasta la orilla al ver a Cristo, ser encarcelado, naufragado y martirizado; Desde el viaje a nuevas tierras y la tala de árboles paganos con hachas hasta el llamado de las cruzadas y la bendición de los soldados mientras luchaban para detener la invasión musulmana, el clero pasó de exudar los más altos atributos de la masculinidad a convertirse en el principal cantante de kumbaya hipersensible e impertinente. Desde hombres y soldados hasta psicólogos afeminados ha contribuido con la trayectoria del desarrollo del clero en el siglo pasado.

En lugar de ponerse la armadura de Dios y confrontar a las fuerzas nefastas en el mundo, los clérigos invitan a los homosexuales practicantes a sus púlpitos a "dar testimonios de su fe" y corrompen y distorsionan a los otros feligreses para que acepten tales estilos de vida "intrínsecamente desordenados". Cuando tal pecado contaminó los santuarios de Dios en los días de Cristo, Él no pontificó a sus discípulos sobre la importancia de la tolerancia. En cambio, tomó el látigo y expulsó a los contaminadores.

En lugar de aventurarse en el oscuro desierto como soldados de Cristo para hacer tareas que los hombres siempre han hecho a lo largo de la historia, los clérigos hablan de "compromiso" y "paz" con fuerzas pérfidas y nefastas, como si la paz con Satanás fuera la máxima expresión del cristiano. Cuando fue tentado por Satanás, Cristo resistió. Echó fuera demonios, como lo hicieron los apóstoles, en lugar de tolerar la presencia de demonios y la esclavitud que causaron en otros.

El despojamiento del cristianismo, y la mutilación de los hombres en el cristianismo, es la crisis que ha destruido el sentido de la paternidad y el liderazgo filial, y con ello, el sentido de la severidad, lo justo y lo santo. 

No es ningún secreto que los hombres no están asistiendo a la iglesia. ¿Por qué deberían? Los altares y las bancas están adornados con carteles infantiles. El ambiente parece un aula de jardín de infantes, con pocos programas dedicados a la paternidad y la filiación, o incluso a la maternidad y la maternidad, para el caso. La mayoría de los programas para niños sirven para que, siendo ya jóvenes, se perpetúen en ese estado, descuidando prepararlos para la edad adulta y la necesidad de los arquetipos masculinos de iniciación y protección.

La Iglesia necesita hombres. Dios necesita a los hombres. Considere los grandes hombres de la Biblia y el carácter que exhibieron. Abrahán, Jacob, José, Moisés, Joshua, Gideon, Sansón, Isaías, Jeremías. Aventureros, jueces y guerreros, o, en otras palabras, hombres.

Cuando Cristo regrese, lo hará en gloria llameante. Él estará empuñando la espada de la justicia como el rey del mundo y justo juez de la humanidad. Dios siempre ha llamado a los hombres para que se conviertan en hombres, se embarquen en aventuras y luchen contra las tentaciones de los demonios. Si los hombres no responden al llamado, entonces, como Deborah, Santa Catalina de Siena y St. Hildegard de Bingen, las mujeres deben reprender a los hombres para que sean hombres.

El despojamiento del cristianismo ha afectado al clero y ha corrompido y comprometido gravemente el sacramento sacerdotal del que dependen los laicos. En lugar de ser hombres los que se unan a sus filas, son los chicos de voz suave, sensibles y blandos los que se presentan, sólo para no recibir crecimiento en la condición de hombre. Lejos de ponerse la armadura de Dios; vestirse para la batalla y empuñar las hachas, pancartas y espadas de la lucha cristiana, estos mansos "pastores" predican el "espíritu de compromiso" como el niño débil en el patio de recreo.

Ahora, más que nunca, la Iglesia necesita que los hombres aumenten sus filas y luchen por Dios como los santos de antaño. Con esa restauración, los hombres y las mujeres podrán una vez más peregrinar vigorosamente y con valentía a través del mundo hacia esa Jerusalén celestial.


Imagen: "El regreso del cruzado", Karl Friedrich Lessing (1808–1880).





LA REVOLUCIÓN ES INCOMPATIBLE CON EL CRISTIANISMO

No hay duda de que la idea de revolución, como también de progresismo, ha penetrado con profundidad en la teología católica. Hoy esta presencia está centrada, sobre todo, en la prioridad de la pastoral respecto a la doctrina.

Por Stefano Fontana

Me pregunto si el concepto de revolución encuentra acogida en la Doctrina social de la Iglesia, teniendo en cuenta que durante mucho tiempo los pontífices, en sus encíclicas sociales, condenaron el uso de esa expresión.

La revolución es contraria al concepto de orden, en el sentido de que la revolución conlleva siempre la destrucción de un orden. Ya sea una revolución doctrinal o política o de otro tipo, la revolución destruye el orden precedente al que, a veces, quiere sustituir por otro nuevo. ¿Por qué digo «a veces» y no siempre? Porque en la revolución hay un elemento que le impide pararse en un cierto orden nuevo, pero que la obliga a destruir cualquier orden. 


Una revolución coherente con su propia lógica no se sacia nunca. La revolución, de hecho, no es contraria a este orden, sino al orden. La revolución no tiene motivos sensatos para destruir este orden, porque siendo este -incluso en sus deficiencias- un orden, contiene en sí algo de lógico, de sensato, de racional, de justo. No existe un orden completamente equivocado porque entonces sería un desorden. La revolución, en cambio, lo considera completamente equivocado, sin sentido, ilógico: toda revolución está en contra de la lógica y de la verdad y, como consecuencia, se opone a todo orden, al orden en sí. El rechazo de la naturaleza humana, de moda hoy, no es el rechazo de un cierto orden antropológico, sino del orden antropológico como tal.

El orden nos pisa los talones y regula nuestro camino hacia adelante poniéndose, por tanto, también como final. Negar que tenemos un orden detrás comporta también negar que tenemos un fin delante. El orden que hay que alcanzar delante no puede contradecir el orden que está detrás, porque de ese recibe la dirección para poder ser, a su vez, un orden. La revolución rompe la relación entre el orden que nos precede y el orden que está delante: destruye el primero y reduce el segundo a puro arbitrio. Pero en el arbitrio no hay límite y, de hecho, no existen revoluciones que no hayan sido traicionadas. La revolución, por tanto, no instaura un nuevo orden sino un nuevo orden arbitrario, establecido por sus líderes, artificial, engañoso y destinado, a su vez, a ser destruido. Los regímenes que nacen de la revolución se derrumban como un castillo de naipes.

En cada revolución hay un alma gnóstica. La gnosis, de hecho, presenta sobre todo este carácter: no acepta ningún orden que la preceda porque limitaría la libertad y, por tanto, quiere destruir cada principio de realidad para remodelarlo según la autodeterminación. La gnosis no acepta la creación y la naturaleza y quiere dar vida a una nueva creación y a una nueva naturaleza. Todos los movimientos milenaristas, quiliásticos y mesiánicos han sido, a lo largo de la historia, revolucionarios en ese sentido. Al fin y al cabo, todas las herejías son revoluciones gnósticas. Todos los mecanismos políticos tienen un alma religiosa gnóstica. Toda la política moderna responde a estos criterios.

El concepto de revolución tiene un símil aparentemente más moderado: el progresismo. Este no quiere cambiar el orden de golpe, sino paso a paso. Su alma es, de todas formas, la misma que la de la revolución. También el progresismo funda el cambio sobre el rechazo de un orden que preceda y acabe por considerar mejor el nuevo, entendido cronológicamente. El progresismo es cronolátrico porque al no admitir un orden que dé sentido a nuestras intervenciones y que sea, por lo tanto, precedente y «finalístico», cada momento es como una pequeña revolución: el progresismo es una sucesión de micro-revoluciones cuyo sentido no se basa en construir un orden, sino en destruir el orden precedente y cada orden en cuanto precedente. Ello comporta también la destrucción de cada fin, dado que el fin nace de un orden precedente. El fin no nace a lo largo del recorrido, como querrían todas las formas de historicismo, sino que tiene que ser contenido en el orden precedente y por él indicado. Pensar que el fin surge a lo largo del recorrido es el alma del progresismo, pero también su principal refutación: el progresismo no sabe juzgar cuándo un paso hacia delante es verdaderamente un paso hacia adelante y cuando no. Más bien lo aprende a medida que se desarrolla, pero en base a criterios que son sólo operativos. La práctica como verdad es, por consiguiente, la última razón (no-razón) del progresismo.

No hay duda de que la idea de revolución, como también de progresismo, ha penetrado con profundidad en la teología católica. Hoy esta presencia está centrada, sobre todo, en la prioridad de la pastoral respecto a la doctrina. Con todos los peligros que esto acarrea. Creo que podemos afirmar que el concepto de revolución no puede encontrar acogida en la Doctrina social de la Iglesia.


InfoCatolica

viernes, 22 de febrero de 2019

SEAMOS HUMANOS, DERECHOS Y HUMANOS

La necesidad de dar la batalla cultural explicada en una sola foto: ¿queremos ser esto?
Tres hechos puntuales, en sí mismos tan mínimos y anecdóticos como independientes entre sí, cobran una particular relevancia si tenemos la capacidad de unirlos y pensar el modo en que los argentinos estamos poniendo en riesgo nuestro sentido de la humanidad.

Por Ariel Corbat

Sigamos el orden cronológico para exponer los sucesos:

1.- El sábado 16 de Febrero un niño de 9 años exhibiendo la réplica de un arma de fuego intentó robar una joyería de Moreno. El hecho quedó filmado por las cámaras de seguridad y luego de ser difundido su madre lo llevó a la Comisaría.

2.- El domingo 17 de Febrero se produjo la detención de dos "motochorros" en Vicente López, quienes resultaron ser Octavio Laje ( hijo de un diplomático) y Dante Casermeiro (hijo de Federica País). El que la conductora de televisión fuera madre del delincuente generó en las redes sociales comentarios condenatorios, lo mismo que su pedido de piedad, el cual fue duramente criticado; entre otros por el periodista Eduardo Feinmann.

3.- Del llamado "pañuelazo verde" con el que los partidarios del aborto irresponsable se manifestaron el 19 de Febrero, trascendió la foto de una niña disfrazada con pañuelos aborteros y pisando el muñeco de un bebé al que anudaron un pañuelo celeste al cuello. Obviamente la niña no pudo estar en esa manifestación política y pública por propia elección, sino llevada para ser exhibida por los adultos a cargo de su patria potestad.

Ante estos eventos, debemos reafirmar el entendimiento del delito como emergente cultural. Vuelve a ser obvio que la necesidad económica no es condición necesaria para inclinar persona alguna hacia el delito. También es evidente que está fallando la responsabilidad de los adultos en guiar la conducta de niños y jóvenes. Lo cual no es raro, pues tampoco los adultos estamos conduciendo nuestras vidas del modo en que deberíamos, y la prueba es que conformamos un país que no se rige estrictamente por las reglas que ha dictado para regirse. La tendencia a la anomia tiene costos y pasa facturas todo el tiempo.

Pero más allá de esas y otras consideraciones específicas dirigidas a la discusión por la Seguridad, entendida siempre como garantizar el estilo de vida propiciado por la Constitución Nacional, estos hechos nos permiten apreciar la crudeza de la batalla cultural que se libra en Argentina.

Cuando se exhibe como un ideal el matar vida incipiente, cuando se exacerban personas disfrutando que el hijo de alguien sea delincuente, cuando se quiere ver como irrecuparable a un nene que delinque, no solamente es penoso confirmar cuantos sentimientos miserables corroen nuestra sociedad; también debemos cobrar conciencia de ser una sociedad dañada y desorientada.

Nadie se confunda: Cuestionar que una madre pida piedad por su hijo, o querer extirpar de la sociedad a un chico, no es moralmente distinto que festejar abortos alegremente, de hecho es funcional a la cultura deshumanizada que pretende imponer la izquierda para la construcción de su "hombre nuevo", mezcla de autómata y bestia.

Tomemos conciencia que defender nuestra humanidad es abrazarnos a la racionalidad del estilo de vida que propone la Constitución Nacional, esa que aún malherida por todos los desaciertos del Siglo XX, el veneno de 12 años de totalitarismo kirchnerista y 3 años de insulso progresismo cambiemita, todavía sobrevive. Todavía.

Seamos humanos. Derechos y humanos, sin el verso izquierdista de los derechos humanos.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
www.plumaderecha.blogspot.com
Estado Libre Asociado de Vicente López


BERGOGLIO: "LOS QUE ATACAN A LA IGLESIA SON PARIENTES DEL DIABLO"

Si Bergoglio cree que con esta pataleta reiterada de compararnos con el 'gran acusador' puede hacernos mella o justificar la barbarie apocalíptica que está poniendo a la Iglesia boca abajo, pues peor para él.

Por María Ferraz


Los que exponemos a la luz, la verdad de los que violan la doctrina del Iglesia y promueven la profanación de Dios a través de sus sacramentos, no somos amigos del Diablo, sino que combatimos a los amigos del Diablo, o sea a los bergoglianos, maricas, masones, comunistas, liberales que han secuestrado a la Iglesia de Jesucristo para transformarla en un engendro deforme del Infierno. 

Pero la táctica de Francisco es enredar, liar y cargar contra los defensores de la catolicidad haciéndolos pasar como enemigos de Dios y de la misericordia. Dice que somos parientes del Demonio por atacar a la Iglesia denunciando los defectos "sin amor" (?), cuando en realidad la defendemos de los insidiosos errores, cuyos propagandistas -verdaderos bárbaros-, son él, como cabeza y el resto de su camarilla de demonios disfrazados con ropas clericales.

Además la Iglesia es santa y no tiene defectos. Se debe referir a los "defectos" (porque no se atreve a llamar a la homosexualidad clerical, rampante, por su nombre) de los sodomitas que la han infestado para crear un reino de maricas bajo un pseudo papa-rey, encubridor y protector de maricas.

En fin, si cree que con esta pataleta reiterada de compararnos con el 'gran acusador' puede hacernos mella o justificar la barbarie apocalíptica que está poniendo a la Iglesia boca abajo, pues peor para él.

Religión, la Voz Libre



Informa Associated Press:


El Papa Francisco dice que aquellos que están constantemente atacando a la iglesia están vinculados al diablo

Hoy miércoles, Francisco dijo a los peregrinos del sur de Italia que los "defectos" de la iglesia deben ser denunciados para corregirlos. Pero dijo que aquellos que lo hacen "sin amor" y se pasan la vida “acusando” a la iglesia son amigos o parientes del diablo. El Papa Francisco habló en vísperas de la cumbre del Vaticano sobre el abuso de clérigos y el encubrimiento por parte de la jerarquía de la iglesia

Los detractores, incluido un ex embajador del Vaticano en los Estados Unidos, lo han acusado de no tratar adecuadamente con los principales prelados y sacerdotes de quienes se sospechaba que eran abusadores.

El Papa Francisco no citó acusaciones específicas ni mencionó la cumbre en sus comentarios. Les dijo a los peregrinos que la Biblia llama al diablo el "gran acusador".

Añadió que "todos somos pecadores, algunos grandes pecadores". El Papa ha dicho que los atacantes de la Iglesia están vinculados al diablo (...)


UN RETO PARA LOS EVOLUCIONISTAS

La teoría de la evolución, popularizada por Charles Darwin [1], es sin duda una de las grandes mentiras de nuestro tiempo. Es una mentira que se enseña desde la más tierna edad en los colegios; se adoctrina a la población en el evolucionismo en todos los ámbitos educativos y culturales; y ha llegado a ser una parte fundamental de la cosmovisión de la inmensa mayoría de la gente en el mundo desarrollado. 

Por Christopher Fleming

El avance de esta mentira en el último siglo ha sido realmente espectacular, tanto como el catastrófico declive del cristianismo en Occidente, al que el primer fenómeno va unido. Hoy en día podemos decir, sin temor a equivocarnos, que posicionarse en contra del evolucionismo significa estar en una minoría muy pequeña. Los números importan, porque en este caso los números representan almas. ¡Cuántas almas se condenarán por creer en las mentiras del Demonio! Ojalá nadie creyera en las mentiras del evolucionismo, pero también debemos recordar que, aunque el 100% de las personas crean en una mentira, sigue siendo mentira.


Podemos demostrar que la teoría de la evolución es mentira, y esto es precisamente lo que pienso hacer con este artículo, igual que he hecho ya con otros artículos sobre el mismo tema. [2] Sin embargo, antes de proseguir, una advertencia: el poder de esta mentira no estriba principalmente en sus argumentos racionales, que no llegan a ser más que sofismos y conjeturas fantasiosas, sino en la fuerza de seducción que ejerce, especialmente sobre personas sensuales, alejadas de Dios. Nuestro Señor avisó que en los últimos tiempos, en los que estoy convencido que vivimos, llegarían falsos profetas. Animó a Sus discípulos a "estar atentos", a no dejarse engañar. (Marcos 13:5) La fuerza de seducción de la teoría de la evolución es muy grande para una persona que quiere prescindir de Dios, porque le permite justificar su rechazo de cualquier moral impuesta y vivir de forma autónoma. Es realmente la antesala del ateísmo, porque ataca la Palabra de Dios. Si crees las mentiras de Darwin, tienes que tirar las Sagradas Escrituras al cubo de la basura, porque ambas cosas son claramente incompatibles. Así razona el evolucionista: si el primer libro de la Biblia no es más que una bonita fábula, lo mismo serán todos los demás libros. Además, si resulta que lo que nosotros llamamos moralidad es una mera estrategia de supervivencia que ha evolucionado a lo largo de millones de años, quebrantar las leyes de conducta que impone cualquier sociedad no tiene nada de malo en un sentido objetivo. Toda moral se vuelve completamente subjetiva, y cada uno decide por sí mismo qué reglas seguir.

Conviene recordar que, a diferencia de los seguidores de cualquier falsa religión, que por ignorancia o falta de curiosidad no han conocido la verdad, no hay ateos de buena voluntad. San Pablo nos recuerda en su carta a los romanos que los ateos que niegan las pruebas de la existencia de Dios en Su creación "no tienen excusa". (Romanos 1:18). Esto hay que tenerlo en cuenta cuando hablamos con evolucionistas, especialmente si su fe en el evolucionismo apoya el ateísmo. El presente artículo va dirigido más bien a personas de buena voluntad, cristianos que no han recibido la fe tradicional de la Iglesia, sino una versión modificada, "adaptada" a la modernidad, para encajar con la teoría de la evolución. Es posible que un católico de hoy nunca le ha dado importancia a este asunto; o bien porque nunca le han hablado de la incompatibilidad entre el evolucionismo y la fe verdadera; o bien porque no se ha tomado la molestia de reflexionar sobre las consecuencias lógicas de lo que nos dice el Sistema sobre la evolución. Para todos los católicos dudosos, que aún creen en una evolución teísta, que piensan que Dios hizo lo contrario de lo que nos reveló y que todos los cristianos hemos estado engañados durante más de 19 siglos, propongo un reto.


El reto es en principio un experimento mental, pero si algún ingeniero quiere llevarlo a la práctica bienvenido sea. Consiste en transformar un coche en un avión. La idea es que si una máquina biológica, en este caso, un reptil, tipo dinosaurio pequeño, pudo transformarse en un pájaro, como afirman los evolucionistas, no debería ser imposible hacer algo parecido con una máquina hecha por el hombre. Hay varias condiciones que habría que respetar para lograr el reto.

Habría que hacer muchas pequeñas modificaciones al diseño del coche, y cada una de ellas le acercaría más a su transformación en un avión. Por poner un número concreto, serían 1000 pequeñas modificaciones.
Cada modificación tendría que ser tan pequeña que apenas sería visible a simple vista. Serían de este tipo: las ruedas delanteras tienen 1 centímetro menos de diámetro, o se añade un tornillo aquí o se quita de allí.
Ninguna modificación tendría que perjudicar en nada el funcionamiento del coche. Después de cada paso el coche funcionaría igual o mejor que antes.
Del paso 999 al paso 1000 el coche, ahora convertido en avión, despegaría y volaría. Si el avión no volara perfectamente no se lograría el reto. De nada sirve un avión que se estrella nada más despegar, o que es torpe en el aire. Tendría que volar con tanta facilidad como cualquier otro avión ahora en el mercado.
Es evidente que este reto no se puede lograr, por la misma razón que un reptil no puede transformarse en un pájaro. Las condiciones que he estipulado en el reto no son arbitrarias; se ajustan al proceso evolutivo descrito por Darwin en su libro El Origen de las Especies. En el capítulo sobre las transiciones entre especies, Darwin escribe:

“Si se pudiera demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo”.


Archaeopteryx, el supuesto eslabón entre reptiles y pájaros

Darwin describió pequeñas variaciones entre individuos de cada especie, y se dedicó a describir una supuesta descendencia común de todos los seres vivos, gracias a la acumulación de dichas variaciones. Con los conocimientos modernos en el campo de la biología molecular, especialmente en relación a la genética, se propuso que las mutaciones (errores en la transmisión del ADN entre generaciones) podrían ser el "motor" de los cambios necesarios para la evolución, desde los organismos unicelulares hasta el homo sapiens. Así nació el neo-darwinismo, la fusión de las ideas originales de Darwin con la biología molecular.

De momento, vamos a olvidar que las mutaciones no pueden ser la causa de la macro-evolución (el cambio de una especie a otra), porque, lejos de crear información necesaria para nuevos órganos y funciones biológicas, sólo DESTRUYEN información. Tras décadas de experimentación, los científicos no han podido verificar un solo ejemplo de una mutación que haya creado información genética nueva, algo que habría ocurrido incontables veces, de ser cierta la teoría de la descendencia común de las especies.

De momento, también vamos a olvidar que los millones y millones de años de los que hablan los evolucionistas son pura fantasía. En otros artículos me he dedicado a defender una Tierra joven, con no más de 10.000 años. Sin sus millones de años de una Tierra vieja, la teoría de la evolución es evidentemente imposible. Como el truco de un prestidigitador, al invocar millones de años, los darwinistas corren una cortina de humo delante de nuestros ojos. El tiempo en sí no puede ser una fuerza creadora, pero quieren que creamos en sus cuentos si todo ocurrió "hace mucho, mucho tiempo". La teoría de la evolución no es en sentido estricto un teoría científica, porque para serlo tendría que ser falsificable y observable. No es falsificable porque dicen que es algo irrepetible que ocurrió en el pasado, y no hay un solo experimento que se puede hacer para demostrar que pasó así. Tampoco es observable porque nos afirman que sólo pudo ocurrir a lo largo de espacios de tiempo larguísimos, y nadie puede hacer un experimento que dure millones de años. Es más bien una fábula que apoya una creencia religiosa materialista.

Si el relato evolucionista que hace Darwin, del cambio gradual de las especies mediante pequeñas variaciones aleatorias, fuera mínimamente plausible, habría que encontrar infinidad de formas transicionales; es decir, seres vivos que aún están en proceso de transformarse en otra especie, como el reptil a medio camino de convertirse en pájaro. El problema para la teoría, que ya es un secreto a voces en círculos académicos, es que dichas formas transicionales NO EXISTEN. Esto ya lo sabía Darwin en la segunda mitad del siglo XIX, y reconoció el problema, pero confiaba en que se encontrarían según avanzara la disciplina de la paleontología. No sólo no han aparecido, sino ya sabemos que nunca aparecerán. Ni siquiera haría falta cavar en la tierra buscando restos de animales de otros tiempos; bastaría con observar los que viven actualmente. Si hoy en día se observa que TODOS los animales están perfectamente adaptados a su medio y cumplen al 100% las funciones biológicas necesarias para su supervivencia, podemos afirmar que la teoría de la evolución es una gran mentira. Si todas las especies estuvieran en un estado permanente de cambio, tendríamos que observar cosas similares al hipotético dinosaurio que se transforma en pájaro; un bicho extraño, que ni corre ni vuela.

La razón por la que no observamos estos animales hoy en día es porque no sobrevivirían en la naturaleza. Según Darwin, un animal que no está perfectamente adaptado a su medio natural tiene menos posibilidades de sobrevivir y de pasar sus genes a la siguiente generación. Es por la supervivencia del más apto, un concepto clave en el darwinismo, que el evolucionismo se puede refutar. En otras palabras, la teoría de la evolución se refuta a sí misma.
Volviendo al reto, a cada paso de la transformación del coche en avión, el ingeniero se enfrenta a un dilema: o empeora el diseño del coche para que se acerque más a un avión, o mejora el diseño del coche, en cuyo caso se alejará más de ser un avión. Es imposible transformar el coche en avión mediante muchos pequeños pasos, sin perjudicar el funcionamiento original de la máquina. Cualquier ingeniero que sepa de lo que habla te dirá que un buen motor de un coche sería un mal motor para un avión. Hay varias razones; una es que el motor de un coche no está diseñado para funcionar a revoluciones muy elevadas durante mucho tiempo, sino para acelerar y mantenerse a unas revoluciones más bajas. Sin embargo, un avión está diseñado para funcionar a un 100% de su capacidad de revoluciones al despegar hasta llegar a su altitud de crucero y luego al 75% durante todo el tiempo restante de vuelo; si intentas esto con un motor de un coche lo quemas. Además, el motor de un avión tiene que soportar cambios fortísimos en la presión y la temperatura atmosféricas, mientras que el de un coche no. Es esto por sólo hablar del motor.

Es exactamente así para el reptil que supuestamente se convirtió en un pájaro. Si sus patas delanteras tuvieron que transformarse en alas, llegaría un punto en que le estorbarían para correr pero todavía no valdrían para volar. En este caso sería incapaz de escapar de los depredadores y de cazar su comida. Tendría cero posibilidades de transmitir sus genes y se extinguiría. Aparte de la transformación de las patas delanteras en alas, hay otros procesos transformativos, que igual se nos escapan a simple vista, que tendrían que ocurrir para pasar de un reptil a un pájaro. Entre ellos:

El metabolismo de los reptiles, animales de sangre fría, es muy lento, mientras que el de los pájaros, de sangre caliente, es altísimo.
Los huesos de los reptiles son densos y pesados, mientras que los huesos de los pájaros, para favorecer el vuelo, son huecos y ligeros.
Los pájaros tienen un sistema de respiración único en el reino animal, que consiste en un flujo unidireccional del aire. Todos los demás animales, incluidos los reptiles, respiran inhalando oxígeno y exhalando dióxido de carbono y en los pulmones el aire circula en dos direcciones: hacia dentro y hacia fuera. El diseño de los pulmones aviares es único y especialmente apto para volar, ya que obtienen un flujo constante de aire fresco. Es totalmente imposible que este diseño fuera el producto de la evolución, porque nunca podría existir un animal con unos pulmones a medias entre la respiración unidireccional y bidireccional.




Las plumas de los pájaros tienen un diseño complejísimo, especialmente pensado para el vuelo, y siempre han supuesto un auténtico misterio para los evolucionistas. Ellos afirman que las plumas se desarrollaron a partir de las escamas de los reptiles, que no son más que pliegues en la piel; es como decir que la catedral de Chartres se desarrolló a partir de una roca. No hay evidencia en el registro fósil de ninguna cosa intermedia entre las escamas y las plumas.
La única manera de superar estos problemas es rompiendo una de las reglas fundamentales del reto y de Darwin mismo: un salto brusco de un diseño a otro. Igual que un ingeniero competente sería capaz de reciclar las piezas de un coche para fabricar un avión, añadiendo otras piezas y cambiando drásticamente el diseño de la máquina, algunos evolucionistas, ante la falta absoluta de formas transicionales, han propuesto la idea del monstruo prometedor, un ser vivo que por un milagro del azar da un salto evolutivo, en lugar de pasar por el proceso gradual de pequeños cambios que describió Darwin. El primero en proponer esta teoría fue el geneticista Richard Goldschmidt en 1940. En su momento la idea fue universalmente ridiculizada por el mundo académico, no sólo porque contradice frontalmente la ortodoxia darwinista, sino porque en el fondo es recurrir a la magia para defender una teoría científica. A pesar de ser una idea tan risible, un intento desesperado por apuntalar una teoría que hace aguas, en 1977 Stephen Jay Gould, el evolucionista de mayor prestigio de los últimos tiempos, volvió a proponer la teoría del monstruo prometedor como la mejor explicación a la descendencia común de las especies.

El biólogo ateo Richard Dawkins, el profeta más beligerante de la religión evolucionista de nuestro tiempo, dijo que los organismos biológicos tiene la apariencia de haber sido diseñados. Por supuesto, como buen ateo, él cree que no fueron diseñados, que sólo lo parecen. Dawkins, con su fe ciega en el azar, cree que todos los seres vivos somos fruto de errores aleatorios que han ocurrido a lo largo de miles de millones de años. Siguiendo el principio de la navaja de Occam, que dice que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable, si los seres vivos tiene apariencia de haber sido diseñados, es lógico pensar que lo fueron. ¿Quién los diseñó? Dios. La respuesta la saben muy bien los ateos, y es precisamente por esta razón que se agarran a su absurda teoría de la evolución, a pesar de sus múltiples contradicciones. Espero que con este artículo haya abierto los ojos a algunos católicos que daban por hecho que la teoría de la evolución era una evidencia científica. Nada más lejos de la realidad. Es una gran mentira, una creencia supersticiosa, fabricada a conciencia y promovida hoy con el fin de destruir la fe en el Creador.


NOTAS

[1] La teoría de la evolución ha existido desde que el mundo es mundo. Los antiguos filósofos griegos, como Anaximandro (siglo VI A. de C) y Empídocles (siglo V A. de C.), creían en el cambio continuo de todas las cosas y la descendencia del hombre de otros animales.

[2] Una de las mejores refutaciones que he leído en español es el trabajo del argentino Juan Carlos Monedero, El Escarabajo Bombardero. Su trabajo en gran parte me ha inspirado a mí a escribir este.