sábado, 25 de julio de 2026

25 DE JULIO: SAN CRISTÓBAL, MÁRTIR DE LICIA


25 de julio: San Cristóbal, Mártir de Licia, Asia Menor

(† 251)

En el siglo III, nació en Canaán un niño que comenzó a crecer y creció tanto que llegó a alcanzar los tres metros de altura, e incluso más. Para recoger cerezas, no necesitaba escalera; con el brazo extendido podía llegar a la copa de los árboles. No era delgado, sino corpulento y robusto. Tenía puños del tamaño de platos, brazos como ramas de roble y músculos de acero. Cualquiera que viera al gigante con su temible aspecto por primera vez, huía despavorido. Y al gigante se le conocía generalmente como Reprobus, que significa villano en griego. Sin embargo, este nombre no le hacía justicia, pues solo parecía peligroso por su tamaño. En su interior, era un hombre verdaderamente bondadoso.

Como la mayoría de la gente, Reprobus tenía una peculiaridad: solo quería servir al amo más poderoso. Lo buscó durante mucho tiempo hasta que creyó haberlo encontrado en un rey. El rey, naturalmente, se alegró de que Reprobus entrara a su servicio, pues reemplazó a todo un regimiento de soldados y ganó todas las batallas. Todo iba bien hasta que un día, al mencionarse el nombre del diablo en una conversación, el rey hizo la señal de la cruz. Inmediatamente, Reprobus preguntó qué significaba esa señal. El rey respondió que si hacía la señal de la cruz, Satanás no podría hacerle daño. El gigante reflexionó sobre esta respuesta durante un buen rato y finalmente concluyó que el diablo debía ser más fuerte, puesto que el rey le temía. Por lo tanto, partió en busca de Satanás para ofrecerle sus servicios.

Reprobo emprendió su viaje y pronto se encontraría con el diablo. Era una noche oscura en medio de un bosque tenebroso, y era la medianoche, anunciando la hora de las brujas. Entonces se desató una tremenda tormenta que doblegó los árboles hasta el suelo. Al mismo tiempo, una multitud de demonios apareció montada en animales que se parecían mucho a enormes jabalíes. Todos iban sentados al revés, aferrados a las colas de los jabalíes. Sin temor, Reprobo dejó que la horda pasara rugiendo a su lado, hasta que finalmente, montado en un poderoso jabalí de enormes colmillos, el diablo se plantó ante él, ansioso por tomar al gigante a su servicio. Inmediatamente, se fue junto al diablo, pero entonces, una simple cruz apareció junto al camino. Y cuando el diablo la vio, dio media vuelta y huyó, y todos los demonios huyeron con él, despavoridos. Reprobo se quedó solo ante la imagen de nuestro Señor Jesucristo y no sabía qué le estaba sucediendo.

Al amanecer, se cruzó con un ermitaño al que le contó sobre su aventura nocturna y le habló sobre su deseo de servir solo al más fuerte. El ermitaño, que era un hombre de Dios, le explicó que el crucificado era el más fuerte de todos y le dijo que uno lo sirve complaciéndolo en sus semejantes. Así, el gigante recibió instrucción cristiana, fue bautizado y, para servir al todopoderoso Señor Jesucristo en sus semejantes, desde entonces transportó viajeros sobre sus anchos hombros a través de un río sin puentes.

Una noche, un niño pequeño lo despertó y le pidió que lo llevara al otro lado del río. Al principio, el niño era ligero como una pluma. Pero con cada paso que daba el gigante, se volvía más y más pesado, hasta que finalmente le dijo: “¡Niño, casi no te puedo cargar! Siento como si el mundo entero estuviera sobre mis hombros”. Entonces Cristo, que era el niño, respondió: “Llevas más peso, porque yo soy el más fuerte, el que creó el Cielo y la tierra, y como me llevas, de ahora en adelante te llamarás Cristóbal, que significa portador de Cristo”.

La Tradición señala que, tras haberse encontrado con Dios hecho niño, San Cristóbal se dirigió a consolar a los cristianos perseguidos de Licia y Samos. Precisamente, en una de sus estancias en Licia, fue tomado prisionero por el rey Dagón, quien, bajo órdenes del emperador Decio, lo mandó torturar. Al resistirse a abdicar de su fe a pesar de ser torturado, se ordenó degollarlo. 

Reflexión:

Desde el siglo IV, San Cristóbal ha sido representado generalmente como un hombre de gran altura y fuerza, con el niño Jesús sobre los hombros, mientras cruza las aguas de un río apoyado en un bastón. En la baja Edad Media se popularizó la creencia de que bastaba mirar la imagen del santo y encomendarse a él para verse libre de todo peligro durante una travesía; y es así como San Cristóbal devino en patrón de peregrinos, viajeros, navegantes, motoristas y transportistas en general.
 
Oración:

Bendito San Cristóbal, tú que tuviste la gracia de llevar a Jesús sobre tus hombros, que tan fuerte y poderoso te sentías, y el Señor te hizo ver tu pequeñez y tu vida se llenó de luz, cuando descubriste como su fuerza y no la tuya, te hacía esta vez sí, verdaderamente fuerte. Glorioso San Cristóbal pide a tu amado Jesús, que nos libre de todo mal y a ti Señor que das la vida y la conservas, suplico humildemente, guardes hoy la mía en todo instante. Amén.
  

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